Translate

miércoles, 3 de agosto de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 47


La mañana trajo consigo graves novedades. Ayreon recibió la visita de una circunspecta Banallêth a primera hora de la mañana. Había habido problemas durante la noche. Algunos de los nobles de palacio se encontraban inconscientes y unos cuantos muertos. Habían fallecido durante la noche. El asunto era gravísimo, la propia lady Lerna, antigua emperatriz daarita, era una de las muertes. La ciudadela era un caos. Las noticias habían corrido como la pólvora y las tensiones estaban haciéndose más manifiestas. Por doquier se alzaban voces contra elfos y hidkas, sobre todo por parte de los arcángeles daaritas y ciertos cuerpos de guardia radicales. Gritos y lloros desgarradores se podían oír aquí y allá. Soldados y guardias corrían de un lado a otro, llevados por las novedades. Sirvientes y criados eran enviados frenéticamente a diferentes destinos. El palacio era un caos.

A lo largo de la mañana se fueron enterando de las bajas: cuatro paladines habían muerto (afortunadamente Muren no era uno de ellos), lady Lerna estaba muerta, lord Agiran en coma, lord Randor también en coma, y Naelon. Ninguno de los muertos o comatosos presentaba signos de violencia física ni heridas de ningún tipo. Lo peor para el grupo fue enterarse de que Leyon era uno de los residentes de importancia de palacio en estado comatoso. Todos fueron hacia allí. El heredero al trono respiraba débilmente y daba la sensación de que iba a dejar de hacerlo en cualquier momento. Ayreon hizo todo lo que estuvo en su mano, pero no fue capaz de detectar en él ningún mal que pudiera remediar.

Demetrius se dirigió a ver a lady Lerna, a cuyas habitaciones le fue impedido el paso por los arcángeles. El bardo encargó a un sirviente que le diera recado de que estaba allí a Beltan. El noble daarita franqueó el paso de Demetrius a los aposentos. Unas cuantas damas de compañía lloraban a los pies de la cama donde su emperatriz yacía sin vida. Por medio del poder de Mandalazâr intentó "ver" el momento y el autor de la muerte. Sólo vio a Lerna muriendo sola en la cama. Si había sido un asesinato, desde luego distaba mucho de haberse consumado por medios naturales. Tras la visita, se encaminó al circo para ver si allí estaba todo bien. Mientras caminaba por el patio de armas, pudo ver cómo multitud de tropas de lord Turkon se movilizaban, tomaban posiciones en el bastión interior y penetraban en el palacio. Ezhabel se apercibió del extraño movimiento de tropas y se apresuró a entrar en palacio.

Los sirvientes convocaron a los nobles y al grupo a la sala del Trono. Lord Turkon los reclamaba a todos ellos. El palacio rebosaba de guardias de Turkon, que parecían encontrarse casi en cada puerta, en cada pasillo.

Cuando Ayreon, Ezhabel y Adens llegaron a la sala del Trono, Turkon se hallaba sentado en él -cosa que nadie había osado hacer hasta entonces-, entre Ylma, Maraith y Dorlen. Beltan y Robeld de Baun se encontraban en la sala con cara de pocos amigos. Lavion y Aarod también se encontraban allí, junto con algunos nobles menores más. Como en el resto del castillo, la sala estaba atestada con guardias de Turkon, que superaban al menos por el doble a los guardias imperiales de Robeld de Baun.

Turkon expuso sus intenciones: la situación en Haster se estaba yendo de las manos de todo el mundo y consideraba que era necesaria una mano firme. Según él, la mano fime más capaz de todas las allí reunidas era la suya propia. Tal afirmación dio paso a discusiones, gritos y amenazas. Pero la mayoría de los allí presentes se mostraba de acuerdo, sobre todo aquellos que veían a los elfos y los hidkas con desconfianza. A punto estuvo Robeld de desenvainar a Tôrkom, que por primera vez en mucho tiempo portaba dentro de palacio. La mayoría de los asistentes iban armados, cosa que en la sala del trono y en el recinto de palacio estaba prohibida. El antiguo príncipe del Kaikar mantenía que lo hacía todo por la Luz y para defenderlos de la Sombra. Esta afirmación provocó una risa irónica en Ayreon, que mencionó abiertamente la fama de colaborador con la Sombra de Turkon. Éste se enojó sobremanera y defendió sus argumentos con vehemencia, obteniendo la mayoría de los apoyos. Se decidió que sería él el regente de Haster en ausencia de un emperador, pero algunas voces todavía se oían alzándose indignadas. Todo el mundo fue despedido excepto Ayreon, con el que Turkon hizo un aparte.

Mientas todo lo anterior acontecía, Leyon despertó de su estado de coma [punto de destino]. Enterado por medio de los guardias de lo que sucedía, se encaminó a la sala del Trono. Por los pasillos se encontró con Demetrius, quien después de ver que todo seguía bien en el circo había vuelto a palacio, y con Ezhabel, que salía de la sala del Trono. El bardo y la semielfa se alegraron sobremanera al verle recuperado. Según Leyon, no recordaba nada de la noche pasada, y lo único que tenía todavía era "un fuerte dolor de cabeza".

Entre tanto, en la sala del trono, lord Turkon insistió en que Ayreon no dudara de su afilicación a la Luz. Su flirteo con la Sombra en el pasado había sido una desastrosa y desafortunada equivocación de la que estaba profundamente arrepentido. Esperaba "de todo corazón" que Ayreon y sus compañeros le apoyaran mientras durase el vacío de poder de Haster. El paladín se marchó, poco convencido de la fiabilidad del nuevo regente.

Leyon y Demetrius se reunieron con Robeld de Baun, para aconsejarle que mantuviera un nutrido grupo de guardias en palacio, por si acaso había que recurrir en algún momento a la fuerza de las armas. Un sirviente apareció con el anuncio de que Turkon reclamaba a Leyon a su presencia. Demetrius y Robeld de Baun le acompañaron. Turkon intentó conciliar posturas con los tres, pero Leyon se mostró sumamente hostil con él y se marchó de forma no muy correcta. Durante el camino a sus aposentos, Leyon sugirió tácitamente a Robeld la posibilidad de dar un "golpe de estado", pero el antiguo caballero esthalio lo desestimó, al menos de momento, considerándolo muy arriesgado con el palacio lleno de guardias de Turkon y arcángeles.

Poco después, Banallêth convocaba a Ayreon a los jardines, donde le dio otra noticia impactante: doce mediadores habían muerto o habían quedado en coma también durante la noche. También había muerto lord Eyrag de Larth, el líder del campamento de caballeros esthalios. Las malas noticias parecían no tener fin. Además, alguien había descubierto de alguna manera la forma de ponerse en contacto con ella, y a través de sus espías y con los más variopintos métodos le estaban haciendo llegar mensajes cuyo contenido venía a decir más o menos en todos los casos que "habría mucho dolor si la ceremonia se celebraba".

Demetrius sostuvo una conversación con Beltan. Ahora que lady Lerna había muerto, el control de los arcángeles y de las tropas daaritas recaía en la media docena de Padres Santos (senadores) daaritas reunidos en Haster. Intentó averiguar sus motivaciones y si realmente apoyaban a Turkon en sus decisiones. Tras esto, el bardo se reunió con Leyon para visitar a uno de los Padres Santos, Xandor Ereith. De la conversación se desprendió que los daaritas de momento permanecían neutrales y que hablarían largo y tendido con el emperador una vez elegido para ver cuál iba a ser su papel a partir de entonces.

Cuando Ayreon informó al resto del grupo sobre los Mediadores muertos y los mensajes que estaba recibiendo Banallêth, tuvieron una larga conversación sobre la conveniencia de cancelar la ceremonia. Se decidieron a cancelarla. Durante la discusión sintieron una pequeña canalización de poder, y descubrieron una runa espía en una de las patas de la mesa. La quemaron sin tardanza. Justo cuando llamaban a la puerta. Uno de los guardias de Robeld de Baun apareció para informarles de que lord Daxar Emaryll había llegado con otro mediador, con lord Vairon, con lady Ylma y con lady Maraith a palacio.

No tardaron en ser convocados a presencia de lord Turkon. En una mesa se encontraban sentados lord Daxar y su compañero mediador Uirtan Hal'Rith, y los nobles Ylma, Dorlen y Maraith. Lord Vairon se encontraba a la izquierda de Daxar, y no cesó de susurrarle cosas al oído. Turkon ya no se encontraba sentado en el trono, sino de pie y visiblemente incómodo. A su lado se encontraba lord Tarkos, entre otros nobles menores, al parecer haciendo las veces de consejero. En una mesa opuesta a la de los mediadores se encontraban sentados Mahmad el'Dari -blanco como la leche, nervioso-, Al'Ahedh y Erhey. El grupo compareció ante los mediadores. Éstos les hicieron varias preguntas sobre qué pensaban que había pasado, qué sospechas tenían, si pensaban que había algún kalorion entre los presentes... inquiridos al respecto, finalmente Demetrius apuntó a lord Tarkos como un posible kalorion, con el consiguiente temblor y tartamudeo del noble con pinta de pajarillo. También llegaron a acusar a Turkon de ser un posible kalorion, y el noble se encogió visiblemente ante la mirada de lord Daxar.

Tras la comparecencia del grupo fueron llegando a la Sala del Trono, o mejor dicho, a la Sala del Juicio, el resto de habitantes del castillo. Los Padres Santos daaritas acusaron a Leyon y Demetrius como principales sospechosos del incidente, evidentemente por intereses en la sucesión. Hoid y Hanion Bexer también fueron convocados, parecían aterrorizados. Fueron interrogados acerca de si lo que había sucedido esa noche entraba dentro de las posibilidades de los poderes de los bardos. No pudieron sino asentir. Tras muchas preguntas, acusaciones, amenazas y defensas los mediadores encontraron "culpables de sospecha" (de momento no se aplicaría la pena capital, aunque sí tortura) a Hoid Bexer, a lord Tarkos como posible kalorion y a Mahmad el'Dahri como responsable de los vestalenses en la ciudad, ya que todo el asunto tenía la impronta de los Susurros de Creá. Los tres fueron arrestados y encarcelados en los calabozos subterráneos de la torre noroeste.

Al terminar el juicio, Demetrius se dirigió a los mediadores para decirles que pretendía cancelar la ceremonia debido a que, como Naelon había caído en coma, no sería justo celebrar la ceremonia sin él. A esto, y ante la desmesurada sorpresa de Demetrius, Daxar respondió:

 —Sea. El pretendiente Naelon es considerado indigno y condenado a muerte. Urtan, la ejecución es tu tarea.

El segundo mediador se ausentó en el acto. Naelon ya estaba muerto. Realmente los mediadores habían perdido la cabeza. Todos se quedaron de piedra. Si a alguien le quedaban dudas de la locura de los Jueces, esta sentencia las disipó definitivamente. Evidentemente, a Demetrius no le quedó más remedio que mantener la ceremonia en el día establecido.

Volvieron a sus habitaciones para poner en orden sus ideas y superar juntos el trance. Al poco rato apareció Ylma, que con el rostro contrito se disculpó por haber traído los mediadores a Haster. No sabía lo que realmente pasaba con ellos. Se disculpó ante Leyon por la ejecución de su tío; parecía sinceramente arrepentida. Más tarde Banallêth convocó a Ayreon discretamente a través de un sirviente para hablar en privado. Había recibido un nuevo mensaje que decía más o menos: "la Luz necesita una nueva guía; dejaos iluminar o abrazad la oscuridad eterna". Mientras Ayreon conversaba con su hermana, Dorlen, que había venido acompañando a lady Ylma, aprovechó para hablar con Demetrius. La toma de poder de Turkon no había sido fortuita: lord Tarkos le había aconsejado el día anterior que preparase sus tropas para una contingencia, y el día siguiente, cuando las tensiones estallaron tras las muertes, le instó a hacerse con el poder. Algo debía de saber el apocado noble.

Llegaba el atardecer, y con él, la temida noche. Decidieron ir a los calabozos para intentar sonsacar a Tarkos lo que supiera. Esa planta de los calabozos estaba en su mayor parte abandonada y en mal estado. Sólo tres celdas se encontraban en buenas condiciones, con puertas de roble macizo reforzadas con tachones de acero y una mirilla en el centro para poder hablar con los prisioneros una vez abierta. Los tres acusados se encontraban en la celda más aislada, y el pasillo ante su puerta se encontraba custodiado por un mediador del que el grupo no conocía el nombre. El hombre se mostró inflexible. Lord Daxar había dado órdenes de que los prisioneros no podían recibir visitas, y por más que los personajes lo intentaron no pudieron conseguir traspasar la formidable barrera que suponía el mediador. Sin embargo, se resistían a marcharse; cualquier información podía ser crítica de cara a evitar más muertes y que la ceremonia de coronación llegara a buen puerto.

No hay comentarios: