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miércoles, 3 de agosto de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 44


Intentaron investigar la situación en Harudel. Para ello, Ezhabel se adelantó y los demás la siguieron a cierta distancia. Cada vez se sentían más incómodos, sobre todo la semielfa, más adelantada, hasta que llegó un momento en que no pudo soportar la sensación de malestar y de inquietud. Ésta se hizo tan intensa que tuvo incluso repercusión física y llegaron a sentir arcadas. Tuvieron que alejarse. Algo horrible seguía en la ciudad.

Acamparon para pasar la noche, con los apóstoles de Selene turnándose con ellos en las guardias. Por la noche no dejaron de oir susurros y extraños vientos. El lobo de Leyon no dejaba de gruñir, inquieto. El Palio había dejado su impronta en el lugar.

Por la mañana, a petición de Selene, decidieron viajar a Lainirial para ver cómo se encontraba el reino de Ezhabel, y por extensión, toda Doranna. Pero sus planes se vieron frustrados cuando al poco rato Ayreon recibió un contacto por canalización desde la Torre Emmolnir, que le transmitió una sensación de necesidad y urgencia. Demetrius, ahora con Mandalazâr, pudo abrir un portal a la Torre. Allí los recibieron Randor y Jasafet. Les contaron que había dos razones para la llamanda: una era que las mujeres de Demetrius se habían puesto de parto a la vez la noche anterior, y la segunda era que todos los paladines de Emmolnir habían sentido de una u otra forma cómo algo intentaba cortar su conexión con Emmán, su fuente de poder. Supusieron que era cosa de Urion. Afortunadamente, muy pocos paladines, cuatro o cinco, habían sido afectados gravemente por el suceso. Ahora se encontraban en tratamiento.

Las mujeres de Demetrius estaban en sus aposentos, atendidas por comadronas de los pueblos cercanos y de la propia torre, y estaban pasando por un trance difícil, las mujeres les informaron de que todos los alumbramientos se habían complicado, llevando muchas horas y perdiendo bastante sangre. También les relataron que durante la pasada noche, las tres mujeres habían tenido unos sueños muy vívidos, y habían hablado mientras dormían, al parecer negándose a acompañar a alguien a algún sitio, y suplicando que no les hicieran daño. Pasaron varias horas de espera y de estremecimientos debido a los fuertes gritos de las mujeres parturientas. En uno de los arrebatos de dolor, Eltahim provocó una onda de perturbación en la realidad, así que el grupo decidió hacer algo antes de que aquello fuera a más. No era normal lo que estaba sucediendo. Tras varias ideas infructuosas, Ayreon pidió ayuda a Selene para entrar en el mundo de los sueños. Un par de guardianes se encontraban en el mundo onírico. Saltaron sin tardanza a la dimensión onírica buscando los sueños de las embarazadas, junto con las apóstoles Shaera y Märgere. Los encontraron, y las tres esferas oníricas se encontraban flanqueadas por dos esferas más pequeñas cada una. Y apostadas al lado, tres bestias oníricas y tres figuras encapuchadas con túnicas rojo sangre y bastones idénticos entres sí. Apóstoles de Urion. Cada uno de ellos parecía haber creado una extraña membrana rojiza alrededor de las esferas más pequeñas, que debían de ser las representaciones oníricas de los nonatos. Selene empuñó una Daga Negra, ante la sorpresa de Ayreon. Y aún otra. Había tomado dos de ellas de sus arcones guardados en Emmolnir. Con el poder de las dos Dagas, de las apóstoles, de Ayreon y de la propia Selene no tardaron en liquidar o haer huir a las bestias oníricas y los acólitos de Urion. Pero no sin pérdidas, pues Shaera desapareció tras una explosión cegadora. Finalmente consiguieron destruir las extrañas membranas justo a tiempo para evitar a nuevos apóstoles que llegaban a la escena. Una voz rugió tras ellos: "¡Esto no va a quedar así!". Precipitadamente, volvieron al mundo de los sueños y a trompicones, al mundo de vigilia.

Llantos de niños los recibieron. Los partos se estaban produciendo.

Las tres mujeres de Demetrius dieron a luz el mismo número de hijos y sexos: tres parejas de gemelos niño y niña. Desde luego, no se trataba de una paternidad usual. La alegría se desbordó. Eltahim, Loryn y Azalea se encontraban fuera de peligro, aunque agotadas. Se improvisó una fiesta que llegó a todos los rincones de la torre.

Mientras la gente bailaba y reía, un mensajero susurró algo al oido del padre Ibrahim. Éste se acercó rápidamente a Ayreon y le transmitió la mala noticia: algún sirviente había encontrado a Atîr, su mujer, muerta en sus habitaciones. Ciego de dolor, Ayreon corrió junto a sus amigos a sus aposentos. Al parecer, Atîr se había suicidado en la bañera cortándose las venas, y estaba sumergida en agua carmesí con la mirada perdida. Fueron imposibles los intentos de los paladines por curarla. Ayreon se convenció de que Urion había debido tener algo que ver con aquello, pero su complejo de culpa no se aliviaba por ese hecho. La alegría por los nacimientos pronto se trocó en tristeza por la muerte.

Ayreon pasó un día aislado con el cuerpo de su mujer y hermanastra. Todos intentaron hablar con él, pero no pudieron hacerlo antes de pasar una jornada completa. Lo consolarion y le expresaron sus sentimientos. Unziel apareció a las pocas horas, y tras una breve conversación le hizo una extraña pregunta: le preguntó si confiaba ciegamente en la fidelidad de Atîr. Ayreon no quiso contestar ni escuchar más, y despidió al hermano. Pero pasadas unas horas, con la cabeza más fría, fue a visitarlo y reanudó la conversación. Unziel le habló de que Atîr se veía a escondidas con Aryatar, el hijo del rey de Ercestria, y él los había descubierto por pura casualidad en los jardines. El semblante de Ayreon se ensombreció. ¿Era posible que el hijo que esperaba Atîr no fuera suyo?

El día siguiente, Selene se despidió de ellos. Se marchaba para buscar a Shaera, perdida en la dimensión onírica durante el enfrentamiento con los apóstoles. Ayreon le deseó suerte y un pronto regreso. Una de las tres Dagas Negras quedaría en la Torre, y otras dos las llevaría Selene consigo.

Al atardecer se celebraron las exequias de Atîr. El funeral fue muy emocionante, y lágrimas se vertieron por doquier.

La mañana siguiente, tras una larga reunión, decidieron que su próximo paso sería viajar a Lainirial para averiguar la situación allí y a sugerencia de Cirandil, llevar una parte del ejército élfico a Haster. Otro de los temas tratados durante la reunión fue el de la capacidad de aislar del poder a otros que había obtenido Urion. Se reveló el aislamiento de que había sido víctima Selene, y Adens intervino diciendo que había miembros de su hermandad que eran capaces de hacer algo parecido a lo que describían, aunque él nunca lo había presenciado y mucho menos realizado. Interesante información.

Al volver a sus aposentos, Demetrius recibió un contacto mental de Heratassë. Su situación no era la mejor, el ejército enano había sido separado en varios grupos más pequeños y aunque habían llegado los Alas Grises -vaya, vaya- para ayudarlos, la Sombra también había conseguido disgregarlos en parte y ahora se encontraban asediados en la fortaleza enana de Ygzâr. Por alguna razón desconocida, el dragarcano le pidió a Demetrius que, si era posible, acudieran a la fortaleza llevándole una pequeña cantidad de galvorn, el durísimo metal azulado. El bardo asintió, aunque no sabía cómo lo conseguiría; en ese momento, se acordó de las minas al sur de Haster por las que la Sombra había negociado con Ercestria; quizá allí hubiera alguna veta de aquel extraño material. ¿Para qué lo querría Heratassë?

Tras prepararlo todo en un tiempo muy breve, partieron a Doranna. Demetrius abrió un nuevo portal hacia Harudel y allí llevaron caballos y equipo para viajar a Lainirial. Una semana de camino les esperaba. Al inicio del viaje, atravesaron pueblos abandonados por completo (tanto por causa de la guerra como por la niebla del Palio), y a medida que fueron avanzando las aldeas se iban poblando más y más. Llegando ya a la frontera de Lainirial, la población se normalizó. Mucha gente caminaba en su misma dirección, dirigiéndose al este, huyendo de los desastres. En casi todos los pueblos por los que pasaban veían algunos elfos predicando a multitudes. Su discurso era siempre igual: el mundo se encontraba viviendo un sueño que se había tornado pesadilla y había que despertar de él, pues no merecía la pena seguir viviéndolo. La muerte era ese despertar. Se hacían llamar los Soñadores, y debía de tratarse de los miembros del movimiento apocalíptico del que les había hablado Trelteran en su anterior visita. En un pueblo más allá de la ciudad de Galanárta pudieron presenciar un tumulto: elfos matando elfos. Y los Soñadores estaban implicados. La guardia hacía lo que podía, pero se veían superados por la situación. No tuvieron más remedio que seguir.

Finalmente, llegaron a Eradath. Allí les recibió Hassler, el paladín, que rápidamente contó a Ayreon que Seline y Oden habían desaparecido. Parecía obvio que habían desertado, porque se habían llevado sus armas y habían dejado el resto de sus pertenencias. También informó del descontento general de sus compañeros paladines ante el abandono al que se creían destinados. Sería buena idea hacer retornar a los paladines a Emmolnir, y Ayreon se mostró de acuerdo. Hassler podría quedarse en Eradath junto a Rimenn, el paladín que multiplicaba el grano.

Antes de entrar a la sala del Consejo, tuvieron un breve encuentro con Aldarien y Carontar, encargados de vigilarlo todo en su ausencia, pero tan rápido que apenas les dio tiempo de informar sobre alguna novedad. Cuando se reunieron con Treltarion, se encontraban presentes varias personalidades nuevas: lord Enthalior, lord Cargalan, algunos de los hijos y nietos de Natarin y ¡lady Angrid! Parecía ser la genuina Angrid, ya que no recordaba nada de lo que había sucedido en los últimos meses. Rughar y Cirandil informaron pertinentemente a su señor, y todos tuvieron la oportunidad de contar su historia. Los hijos de Natarin y Enthalior habían acudido allí huyendo de desastre en que se había convertido la parte occidental de Doranna. Todos felicitaron al grupo cuando les contaron lo referido al Palio y la retirada de la niebla. Treltarion, por su parte, informó de que el movimiento apocalíptico conocido como Los Soñadores se había convertido en un verdadero problema y estaban haciendo todo lo posible por contenerlo. Repartiendo grano entre la gente habían conseguido mitigar su impacto.

Tras la exposición de la situación, el grupo expuso su necesidad de partir a Haster con un contingente de tropas. Se acordó que podrían marchar con cinco mil elfos que se repondrían reuniendo las guarniciones de los pueblos cercanos, más tranquilos desde el reparto de grano.

Leyon se reunió con Terwäranya, pidiéndole información sobre los Soñadores. Ella no sabía mucho, apenas había salido del templo últimamente. La acompañó e hicieron el amor; Leyon se sentía cada vez más cercano a ella. Y por fin había llegado el momento de viajar a Haster y reclamar lo que era suyo por derecho.

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