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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

jueves, 26 de junio de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 27

Tras dejar en ruinas la mansión de Antonov, los hombres de Von Klausen transportaron al grupo hasta la península de Crimea, donde Polaris tenía una base cerca del puerto militar de Sebastopol. Allí, Thomas y el grupo se encontraron por fin con Von Klausen. Sin dudarlo, compartieron con el alemán (casi) todo lo que les había sucedido las últimas semanas; le hablaron de UNSUP, de la trama conspiranoica en la que estaban metidos, de los seres demoníacos, del uranio y los hechos extraños en África. Von Klausen permaneció escéptico ante muchos de los hechos, pero les creyó en lo que respectaba a UNSUP y sus influencias. De hecho, hacía tres días él mismo había sufrido un atentado contra su vida del que salió ileso por pura suerte. Además, toda su colección de reliquias antiguas y esotéricas había sido robada; y sus medidas de seguridad no eran moco de pavo, alguien había utilizado medios muy avanzados para poder apoderarse de ellas. Lo único que le quedaba estaba guardado en una caja fuerte en un banco de Berlín. Ante la mención de tal colección, Mulder abrió mucho los ojos y los oídos.

Ante la insistencia del grupo y sobre todo de Mulder, von Klausen les reveló cuáles eran las reliquias que le quedaban: una Biblia Negra, el Manuscrito Voynich, y la que consideraba la estrella de su colección: un diario secreto de la campaña africana de Napoleón, del que conocían su existencia sólo un puñado de personas. Thomas, por su parte, expuso a von Klausen la necesidad de reunirse con Novikov y los demás en San Petersburgo en un plazo de dos semanas, a lo que el alemán accedió reticentemente.

El siguiente paso que dieron fue viajar a Berlín, para consultar los libros de von Klausen en el Staatbank de la capital alemana. Los incunables resultaron ser una valiosa fuente de información sobre rituales infernales y datos ocultos sobre la estancia de Napoleón en Egipto. Sobre todo les llamó la atención un pasaje, que se incluye a continuación:

El Cairo, 28 de Julio de 1798
Una victoria gloriosa. Los mamelucos no eran rival para nuestros valientes y disciplinados soldados. Las Grandes Pirámides fueron testigo de una victoria espléndida que será registrada en los anales de la Historia. Egipto no tardará en caer, y después Siria y Oriente Medio. Los ingleses tiemblan ante nuestro avance, y hacen bien, pues no podrán detenernos. Ahora es tiempo de pausa y de iniciar la búsqueda. Sulkowski me aconseja establecer un campamento con los sabios al pie de la pirámide más cercana al río; así lo haré.
Si mi búsqueda tiene éxito, me convertiré sin duda en el digno sucesor de Alejandro, y colmaré a mis fieles de riquezas. Desde luego, Sulkowski confía en ello. No obstante, aunque ha probado su lealtad en combate, ese aire de misterio y de distancia del polaco me repele. Espero que esté en lo cierto en cuanto a sus suposiciones. El equipo que hemos traído ha ido en detrimento del número de soldados, y eso puede ser un error fatal.

El Cairo, 31 de Julio de 1798
La búsqueda prosigue a buen ritmo. La primera de las pirámides contempla un gran campamento al que hemos incorporado a buena parte de la población local. Según Sulkowski, los cristianos coptos sienten especial curiosidad por nuestras actuaciones y podrían llegar a ser un problema, pues se muestran bastante hostiles. Pero con diez mil buenos soldados en la zona, no entiendo qué es lo que hay que temer.
Eso sí, debo aprovisionar la tropa del este, para ello los víveres de Tebas [… datos de logística áridos y aburridos…]

El Cairo, 5 de Agosto de 1798
¿Acaso esta búsqueda está condenada al fracaso? Me he obsesionado demasiado, y mi falta de atención ha hecho que ese maldito Nelson haya acabado con nuestra flota. Brueys ha probado ser un inepto, y si no hubiera muerto en la batalla yo mismo le habría quitado la vida.
Para colmo, diez de los sabios han fallecido en un accidente esta mañana. Pero la recompensa merece la pena…

El Cairo, 10 de Agosto de 1798
A pesar de que siento que estamos cerca, hemos de partir ya. La búsqueda sigue siendo infructuosa, pero no puedo dejar que los Otomanos cierren nuestra retaguardia. La tropa del este se ha portado bien, y el norte está asegurado, pero nuestro siguiente paso debe ser cruzar el canal y pacificar palestina y Siria, como estaba previsto. No quiero desviarme de los deseos del Directorio.
Dejaré a Sulkowski y a Lombard al mando de un regimiento y de los sabios más aptos para la búsqueda. Espero que tengamos noticias suyas pronto.

Durante su estancia en Berlín, O'Hara recibió una llamada de la Fundación von Klausen: de la propia Edith von Klausen, sobrina de Jürgen. Para sorpresa de Thomas, la mujer le dijo que por desgracia su tío había fallecido en un accidente y que ahora el dinero que manejaba el financiero pertenecía a la Fundación y deberían celebrar una reunión urgentemente. Sin saber muy bien qué hacer o decir, O'Hara se disculpó diciendo que llamaría en otro momento porque estaba muy ocupado. Después recibió otra llamada de Friedrich Müller (otro miembro del consejo de la fundación), que le informaba más o menos de lo mismo. Al parecer Jürgen estaba siendo víctima de un complot de su propia familia. Tras poner la información en común y superar la incredulidad y la ira iniciales, acordaron que lo mejor sería celebrar una cita en 48 horas en la sede de la Fundación, en Frankfurt, y así lo acordó Thomas con Edith mediante la preceptiva llamada telefónica.

McNulty, por su parte, recibió una llamada del Sinn Feyn, que deseaban pedirle un favor. Tras hablar con su mujer y su hijo y comprobar que estaban bien, Jonas accedió y realizó junto a Finnegan un viaje relámpago a Bruselas. Allí se encontró con un viejo conocido, John Green, que le dio un sobre. Cuando más tarde lo abrió, se quedó helado: en el sobre había una foto de Jürgen von Klausen y el encargo de acabar con su vida. Finnegan compartió con Jonas su inquietud y su desconfianza acerca de von Klausen, y este último aprovechó el viaje y la intimidad que les proporcionaba para relatar a Jack la verdad sobre su vida pasada: su pasado terrorista, y su más reciente pasado como asesino al que incluso habían contratado para acabar con el propio Finnegan. Los lazos entre los dos se estrecharon así un poco más. McNulty telefoneó a Arthur Sullivan, intentando averiguar quién había contratado a su organización para acabar con von Klausen; lo único que le pudo dar Sullivan fue un número de cuenta; más tarde, McNulty proporcionaría el número de cuenta a O'Hara y éste descubriría que la cuenta se encontraba a nombre de Westchester Associates. También hizo una llamada a Novikov; si no acababa con la vida de von Klausen necesitaría sacar a su familia de Belfast lo antes posible, para lo cual pidió ayuda al ruso. Éste contestó afirmativamente, y que le indicaría qué hacer lo antes posible.

Mientras tanto, Jessica recibía por teléfono la respuesta de Ben Katzowitz a una petición de información con la que éste le advirtió de que von Klausen había participado años atrás en actividades de grupos neonazis. Y que Polaris había incurrido en varios casos de crímenes de guerra que habían quedado impunes. O'Hara tambíen recibía una llamada informativa de Novikov en la que le informaba de que más de la mitad de World Interlaced pertenecía a empresas relacionadas con von Klausen, un hecho inquietante como poco.

Cuando se reunieron de nuevo, Jessica hizo un aparte con McNulty, y le contó lo del pasado neonazi de von Klausen, que deberían vigilarlo pero le parecía que podían fiarse de él. Tras unos momentos de indecisión (Jonas se sintió seriamente tentado a cumplir el encargo del Sinn Feyn hasta el último momento) McNulty se reunía con Jürgen y le revelaba todo lo que había pasado durante el viaje, incluido el encargo de matarle. Von Klausen llegó incluso a sonreír, ante la cantidad de amenazas que de repente se cernían sobre su persona. Agradeció profundamente su sinceridad a Jonas y le dijo que no quedaría sin recompensa. El irlandés le pidió a cambio la puesta a salvo de su familia; por supuesto, Jürgen le dijo que haría todo lo que pudiera, pero Gran Bretaña no era como Ucrania o África, y había que resolver ciertos asuntos diplomáticos o ser extremadamente sigilosos en la operación.

Al poco, McNulty recibía la llamada de Novikov. En Edimburgo había dos helicópteros, dos pilotos y dos hombres esperando su llegada y sus instrucciones. Le había resultado imposible conseguir algo más, pero allí los tenía a su entera disposición.

A las pocas horas, se aireó en televisión una entrevista que von Klausen había concedido poco después del accidente a una periodista, así que anularon los planes de la reunión en la Fundación, porque ya no tenía razón de ser. Al intentar contactar con los sobrinos del alemán, éstos no dieron señales de vida. En la conversación que derivó después, McNulty sugirió a von Klausen que O'Hara sería un director perfecto para su fundación, y que debería considerarlo. Lejos de rechazar la idea, el magnate alemán la aceptó casi inmediatamente, para sorpresa de todos. Pronto tomaría las medidas necesarias.

El día siguiente, McNulty se despidió de los demás, diciendo que debía partir hacia Edimburgo para rescatar a su familia. No pidió ayuda. No obstante, a pesar de ello, el resto del grupo al completo le exigió aceptar su compañía e ir todos juntos; Jonas no pudo evitar dejar escapar alguna que otra lágrima ante la lealtad de aquellos compañeros que, sin duda, se habían convertido en sus amigos.

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 10

Acusados. El juicio por combate
Mientras el grupo estaba discutiendo la conveniencia de ser acompañados o no por el presunto ex-maestre, una potente voz los conminó a salir inmediatamente del vagón donde se encontraban. Al salir, se sorprendieron al ver que se encontraban rodeados por una veintena de capas doradas, cuyo capitán les instó a dejar las armas y les informó de que estaban arrestados por alta traición. Todos suspiraron, sabiéndose víctimas de otro tejemaneje de sus enemigos. Por su parte, el enjuto individuo que había estado hablando con ellos se había escabullido a un lugar discreto y permanecía observando la escena desde una distancia prudencial.

Fueron conducidos hasta la Fortaleza Roja, donde tras unas horas de espera daría inicio el juicio. Cuando entraron al salón del Trono, no pudieron evitar encogerse ante la presencia de todos los allí reunidos. El rey, la reina, el consejo del rey al completo, los Lannister, la Guardia Real, muchos de los nobles presentes en Desembarco del Rey y una pequeña multitud de plebeyos a los que se había permitido la entrada. El rey Robert parecía hastiado de todo aquello, todo lo contrario que los Seabreeze, que sentían que en aquel momento se jugaban no sólo el futuro de su casa, sino también de sus vidas. El Gran Maestre Pycelle pasó a exponer los motivos por los que se encontraban allí: alta traición por tráfico de Fuego Valyrio e intento de atentar contra la vida del rey.

Las acusaciones y las alegaciones en defensa de los Seabreeze llegaron largo tiempo. Ancel llevó el grueso de las conversaciones, como no podía ser de otra manera, y durante el proceso se hizo evidente (para aquellos expertos en esas lides) que todo aquello no era sino obra de lord Baelish. Largo rato se debatió sobre la inocencia o culpabilidad de los Seabreeze, y muchos fueron los testigos implicados, entre ellos el propio Roben Tudbury, que nunca llegó al muro gracias a la intervención de Meñique, o de Orten Lugus, un viejo conocido de la casa.

Cuando la acusación llegó a un punto muerto y quedó en la palabra de los Seabreeze contra la de todos los demás, se hizo evidente que se requerían medidas desesperadas para que no fueran condenados a vestir el negro o algo peor. Jeremiah y Breon exigieron un Juicio por Combate. Entonces fue cuando el rey Robert empezó a mostrar algo de interés, incorporándose en su asiento, y expresó su acuerdo con tal idea. Tras consultar unos momentos el consejo real, la acusación y el propio rey, se aceptó el Juicio por Combate, pero el delito era de tal calibre que el combate se dirimiría en un Juicio a Siete. Siete guerreros que apoyarían a los Seabreeze se enfrentarían a siete campeones de la acusación. Tenían dos días para recabar los apoyos que necesitaran.

Tras mucho intentar buscar apoyos, los Seabreeze consiguieron finalmente la ayuda de Ser Loras Tyrell y de lord Beric Dondarrion. Sin embargo, les faltaba un guerrero para completar el grupo de siete, y no había mucha gente que pareciera dispuesta a apoyarles. Finlamente consiguieron el séptimo guerrero nada más y nada menos que en la persona de Ser Barristan Selmy, el lord Comandante de la Guardia Real, por motivos que no venían a cuento.

Llegó así el momento en el patio de armas de la Fortaleza Roja, ante una multitud enardecida. Jeremiah, Breon, Ancel, Allyster, Loras, lord Beric y Ser Barristan se enfrentarían a los guerreros de la acusación: Ser Gregor Clegane la Montaña, Ser Jaime Lannister, Ser Aron Santagar, Ser Jacelyn Bywater, Ser Lothor Rykker y los Kettleback, Osfryd y Osmund. Lo malo es que Jeremiah se encontraba gravemente herido de la refriega en el burdel, y ser Allyster también tenía algunas contusiones que dejaban a los Seabreeze en una aparente inferioridad.

Pero cuando empezó el combate, se demostró que ambos grupos no se encontraban en condiciones tan dispares. Ser Barristan se enfrentó a La Montaña, Breon a Jaime Lannister, Jeremiah a Jacelyn Bywater, Ancel a ser Lothor Rykker, Allyster a Osfryd Kettleback, Loras a Osmund y lord Beric a Ser Aron Santagar. Tras unos minutos de tanteo, La Montaña se lanzó rugiendo hacia ser Barristan, que pareció sucumbir a sus potentes golpes; pero el anciano caballero era un hombre de amplios recursos y pronto dio la vuelta al combate. Breon no pasó apenas dificultades ante Jaime Lannister, que recibió en un par de ocasiones fuertes golpes del mandoble del caballero de Rocagrís. Por su parte, Ancel se deshacía de ser Lothor y lord Beric de ser Aron, mientras que ser Loras pasaba serios apuros con ser Osmund y Allyster con ser Osfryd. Jeremiah, a pesar de sus heridas, resistió como una roca ante ser Jacelyn, y finalmente, con la ayuda de los que habían triunfado en sus enfrentamientos individuales, el grupo de la acusación cayó derrotado. Para frustración de Breon, ser Jaime no llegó a morder el polvo, sino que salvó los muebles resistiendo hasta que todos sus compañeros estuvieron derrotados o rendidos. En ese momento, el matarreyes, que había sufrido dos feas heridas del espadón de Breon, hizo un gesto de impotencia e histriónicamente manifestó su rendición. Con esto, el grupo de los Seabreeze se alzaba con la victoria, entre los vítores del público, y gestos divididos de aprobación y rechazo entre los nobles congregados.



De vuelta en el Salón del Trono, los Seabreeze recibían -de nuevo- las efusivas felicitaciones del rey Robert y las más discretas de lord Varys. Y también las disculpas del Gran Maestre y de los nobles que habían dudado de ellos; no así de lord Petyr Baelish, que había encontrado alguna excusa para encontrarse ausente de la ciudad en ese momento, pero que manifestó sus disculpas mediante una nota que leyó el Gran Maestre. Restablecido el honor de los Seabreeze, los mejores maestres se asignaron para restañar las heridas de los combatientes, y el viaje de la comitiva real al norte seguiría los planes establecidos: el día siguiente sería el día de la despedida, como estaba previsto.

jueves, 15 de mayo de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 9

Preparativos para el viaje
Jeremiah y Vanna llegaron primero a la posada. La mujer se encontraba bastante malherida, así que Ancel decidió salir en busca de un maestre junto a uno de sus guardias. Al poco de salir Ancel llegó Allyster, que había evitado miradas indiscretas moviéndose por callejuelas secundarias; le acompañaba Roslyn, la joven muchacha que había sacado del burdel. Tras interesarse por el estado de los heridos, dejó a Roslyn con ellos y bajó a la sala común de la posada, para vigilar el entorno; la decisión probó ser acertada, pues al poco hacían acto de aparición tres individuos que traerían problemas.

A los tres individuos los pudo ver Breon desde la distancia, pues volvía del conflicto en el burdel acompañado por Garrett. Tres jinetes armados y con armadura descabalgaban frente a la posada y entraban apresuradamente, dejando los caballos al cuidado de un cuarto individuo, un muchacho que tenía toda la pinta de ser un escudero. El caballero del león se acercó al chico, y le interrogó acerca del propósito de sus compañeros allí; el escudero se estremeció visiblemente, y claramente mintió al decir que no lo sabía, así que Breon decidió amenazarlo violentamente, desenvainando su espada. El chico fue presa del terror y huyó entre las patas de uno de los caballos; Breon, impulsivamente, lanzó un mandoble al cuello del animal y lo derribó, pero no fue suficiente para atrapar al escudero. La gente en la calle se detuvo, mientras el resto de caballos se encabritaba.

Mientras tanto, en el interior, uno de los individuos se había acercado al posadero y hecho un aparte con él en la trastienda, mientras los otros dos permanecían apoyados en la barra, observando la sala con aire de superioridad; al parecer, ninguno reparó en Allyster. Pasaron unos momentos hasta que se pudo oír el jaleo que Breon había armado en el exterior. Los dos tipos de la barra desenvainaron y salieron precipitadamente del local mientras el resto de gente se agolpaba en puerta y ventanas para poder ver la calle, cosa que Allyster aprovechó para acercarse sigilosamente a la trastienda. Entró con la espada en la mano y precuación, y menos mal que fue así, pues el tipo que se había llevado al posadero estaba esperándole tras la puerta. Un destello en la hoja del presunto caballero lo delató. El combate fue difícil, pero el reducido espacio de la estancia redundó en favor de Allyster, que con un arma mucho más ligera acabó abatiendo a su enemigo; el posadero, por su parte, había permanecido apartado y tembloroso en una esquina; según dijo, el tipo había preguntado por su grupo, pero no le había dicho nada de interés; Allyster no sabía si fiarse, pero finalmente decidió dejar en paz al hombre.

En el exterior, los dos hombres que habían salido de la posada se habían enfrentado a Breon y Garrett. Resultaron ser bastante diestros con sus espadas, y el resultado de la lucha, aunque favorable a los Seabreeze, fue costoso, pues Garrett sufrió varias heridas bastante feas.

El escándalo no pasó desapercibido, y cuatro capas doradas acudieron a los pocos momentos a la posada, mientras Allyster, Breon y Garrett subían rápidamente a sus habitaciones. Al llegar los guardias, todos se pusieron en tensión, pues si estaban a sueldo de Meñique seguro que iban a tener muchos problemas. Afortunadamente no fue así, y tras una tensa conversación en la que el oficial de los guardias interrogó a los Seabreeze acerca de las muertes de la planta baja y la calle, éstos les convencieron de que todo había sido en legítima defensa y no sabían por qué habían sido atacados. Los capas doradas parecieron satisfechos con la explicación y se marcharon sin poner más problemas. Ancel, que ya había vuelto, sugirió abandonar la posada y trasladarse al campamento donde la comitiva real se estaba congregando para partir hacia Invernalia; todos se mostraron de acuerdo y pronto, las habitaciones de los Seabreeze quedaron vacías, Jeremiah compraba un lujoso vagón para el viaje (de tal manera que la dificultad de las tiradas de recuperación para Vanna y Jeremiah se reduciría a 12), y establecieron su campamento en el propio vagón, junto a los demás viajeros. Una vez en el campamento, Jeremiah contrató los servicios de un buen maestre de otra casa, que también viajaría con ellos (5D en curación). Breon, por su parte, hizo todo lo posible por ponerse en contacto con Varys antes de partir, pero no tuvo éxito en sus intentos, el eunuco parecía esquivarlo.

En el campamento, Allyster mantuvo una interesante conversación con Roslyn, que le proporcionó bastante información. La muchacha había llegado hacía pocos días al burdel, y todavía la estaban adiestrando cuando Allyster la sacó de allí. Su conocimiento de la puerta secreta por la que había escapado el grupo de hombres encapuchados se debía a que el día anterior había visto aparecer por ella a varios hombres: uno de ellos coincidía enteramente con la descripción de lord Petyr Baelish, y otro con el Gnomo, Tyrion Lannister; Meñique iba describiendo al Gnomo el burdel, y después le presentó a las chicas, para que eligiera las que más le gustasen. Respecto a los hombres que habían torturado a Vanna, no podía decir demasiado porque siempre iban encapuchados fuera de la habitación donde la retenían; sólo pudo decir que uno tenía el labio superior partido y le faltaban un par de dientes (y que había intentado violarla, y lo habría conseguido si no hubiera sido por la intervención de la señora Lysa), y otro tenía una cicatriz en ceja y ojo, y un lunar asqueroso en la mejilla.

El día siguiente, apareció ante su vagón un hombre maduro y enjuto, casi completamente calvo y de nariz aguileña. Las miradas más perspicaces pudieron ver que en el cuello lucía señales como las que dejaban las cadenas de maestre, pero no llevaba la cadena en sí misma. Se encontró con Breon y Vanna, y se presentó con la frase "vengo de parte de un amigo común, que se disculpa por no haber podido acudir, ser Breon". Acto seguido, se ofreció a prestarles su servicios, acompañándoles en su viaje hacia el Norte. Esto desató una discusión en el grupo, entre los que eran partidarios, junto a Breon, de que el tipo les acompañara en el viaje, y los que se oponían frontalmente, como Vanna, que no se fiaba de él. Según la mujer, había establecido unas palabras clave para las comunicaciones con Varys, y el extraño no tenía ni idea de ellas, así que no confiaba en que el eunuco lo hubiera enviado realmente.

jueves, 8 de mayo de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 26

Tour por Europa(II). Asalto en Ucrania
La siguiente parada prevista era Arabia Saudí. Allí deberían encontrarse con el príncipe Mohab ben Azir. Como Thomas no había podido hacerse con él en ningún momento, volvió a intentarlo una y otra vez. Ante la imposibilidad de pasar la barrera de secretarias que contestaba al teléfono, O'Hara decidió dejar un mensaje alarmista sobre las inversiones del príncipe, para intentar que éste fuera quien le llamara. Al poco tiempo recibía una llamada entrante, pero no del príncipe en persona, sino de uno de sus asesores, Tarek ben Mezir. Éste se mostró preocupado por el mensaje que Thomas había dejado, y dijo que no entendía nada, porque el príncipe se encontraba reunido en aquellos momentos con el "socio" de O'Hara, el señor Croix-Parker. Thomas colgó rápidamente al oír aquel nombre, pero Mezir volvió a llamarle. Bien pensado, si le había revelado aquella información abiertamente, el asesor no debía de estar en el ajo, así que Thomas descolgó. Mezir se mostró extrañado por todo aquello, y compartió con Thomas la descofianza que albergaba sobre ciertos argumentos que Croix-Parker había presentado ante el príncipe. O'Hara se convenció poco a poco de que Tarek podía serle de utilidad para llegar al príncipe, pero transcurridos unos minutos de conversación, la comunicación se cortó de repente. Intentó volver a hacerse con el asesor por todos los medios, pero no le fue posible; en su lugar, otro de los asesores se ofreció a tratar con él, disculpando a Mezir, que no parecía estar localizabel. O'Hara decidió no insistir.

Mulder y el padre Estepháneos, entre tanto, buscaban desesperados en internet información sobre el De Occultis Spherae, sin éxito. Lo que sacaron en claro fue que alguien se había dedicado concienzudamente a borrar cualquier rastro de información que hubiera podido quedar acerca del libro en la red. Las pistas conducían a dominios cerrados, páginas abandonadas o mensajes inexistentes.

La situación del príncipe Mohab no era nada clara, así que el grupo decidió hacer escala en Suez, donde habían quedado un par de días más tarde con Dimitri Kupchenko. Thomas llamó al potentado lituano para ver si podían adelantar la cita, y éste, con su estentórea voz característica, le confirmó que ya se encontraba en un helicóptero sobre el Mar Rojo y llegaría a Suez a medianoche. Quedaron en el hotel Coleridge a esa hora más o menos.

En el hotel, el grupo tomó posiciones alrededor de la casi desierta cafetería por si surgía algún imprevisto, pero demostraron no ser necesarias; Kupchenko llegó procedente del helipuerto de la azotea con un par de gorilas y sin ningún contratiempo a la mesa donde le esperaban Thomas y Jessica. El lituano se quedó obnubilado con la agente del FBI, y no cesó de lanzarle cumplidos y lascivas miradas durante todo el encuentro. Cuando Thomas le expuso la situación, Kupchenko se mostró receptivo y afirmó que confiaba en él para sus inversiones, no dejaría que Campbell le comiera el coco; a lo que se mostró más reticente fue a la reunión en San Petersburgo con "ese bastardo de Novikov". Como condición para asistir a la reunión, pidió sucintamente a Jessicar salir esa noche a cenar, y ella no tardó en aceptar. La noche acabó con Kupchenko y la mujer haciendo el amor en su habitación de hotel. Tras la bebida y el sexo, el lituano se quedó dormido profundamente, cosa que Jessica aprovechó para registrar sus pertenencias. En la cartera llevaba varias tarjetas extrañas a las que hizo fotos con su móvil, y en el correo electrónico del móvil del hombre también encontró cosas interesantes: un correo de Ekanem Anouh, un señor de la guerra nigeriano, que esperaba un envío que no había llegado en plazo; un correo de Ruslan Antonov (el cliente ucraniano de O'Hara), en ruso, al que le hizo fotos; y mensajes de varios árabes, entre ellos el príncipe Mohab, que se mostraba descontento con los servicios de Kupchenko.

Tras la reunión con Kupchenko y su promesa de acudir a la reunión de San Petersburgo, decidieron viajar a Azerbayán, donde se encontrarían de nuevo con Hans Haller. Lo del príncipe Mohab no estaba nada claro y no querían arriesgarse a llegar a Arabia Saudí a ciegas, como les había pasado en Mónaco.

Durante el vuelo, Jessica compartió con el resto la información que había obtenido de las pertenencias de Kupchenko. Novikov tradujo el mail de Antonov; en el mensaje, el ucraniano daba las gracias a Kupchenko por algún negocio desconocido, y le invitaba a acudir a Ucrania para "discutir sobre el asunto". Las tarjetas fotografiadas, por otra parte, correspondían a clubes exclusivos de ultramillonarios, pero había una en concreto que Novikov no conocía. Mulder le echó un vistazo, y sin lugar a dudas reconoció el símbolo: era la antigua llama y cruz invertida del Club Fuego Infernal, con un diseño más moderno. El ansia de conocimiento del canadiense se agitó en su interior, al descubrir que una secta que se creía desaparecida podía continuar viva. Por supuesto, compartió la información con los demás, y además dio alguna información extra sobre el Club, como que se dedicaban a realizar ritos de magia sexual. Cuando Jessica oyó esto, recordó que durante la noche con Kupchenko, éste parecía rejuvenecer unos veinte años cuando se acercaba al éxtasis...

En Azerbayán aterrizaron en el complejo montañoso de Novikov, y allí les recibió Hans Haller, que dijo tener buenas noticias para McNulty. Parecía que iba a ser capaz de devolverle sus recuerdos. Y así fue, tras un proceso bastante doloroso, el irlandés recuperó la memoria y durante unos minutos permaneció en estado de shock.

Tras comer algo, Novikov los condujo a la armería, donde se pertrecharon con equipo que creían que les sería útil. Entre otras cosas, les proporcionaron dos inhaladores que hacían que las capacidades físicas aumentaran hasta ser comparables a las de los soldados de la Sección S. Finnegan y Jessica los guardaron en sendos bolsillos, mientras Hans Haller les advertía que no abusaran de las dosis, pues podían llegar a ser letales para el organismo.

El próximo paso que decidieron dar fue ir a reunirse con Ruslan Antonov. Novikov volvió a sugerirles mucha precaución en el encuentro. Tras arreglar el ruso la entrada de uno de sus aviones a Ucrania, el grupo partió hacia Kaniv, la ciudad relativamente cercana a Moscú, en cuyas afueras se encontraba la mansión de Antonov, anexa al río Dnieper. O'Hara se puso en contacto con Antonov, intentando concertar una cita en territorio neutral, pero el ucranio insistió en hacer de anfitrión y que la reunión fuera en su casa, así que Thomas no tuvo más remedio que acceder.

La mansión tenía varias hectáreas de terreno vallado. Decidieron que, por seguridad, se separarían. Thomas, Jonas y Mulder entrarían en la mansión, mientras que Jack y Jessica esperarían fuera, observando a través de binoculares por si surgía algún imprevisto. En la mansión, los tres visitantes fueron cacheados y tras comprobar que no llevaban armas, Antonov salió en persona a recibirlos. Acto seguido, fueron conducidos a su despacho en el piso superior y tomaron asiento. La mansión parecía una fortaleza, con tanto guardia repartido por allí. Cuatro guardias tomaron posiciones a su alrededor, y de una puerta lateral hicieron acto de aparición dos figuras conocidas, al menos para McNulty: una de ellas no era otro que Sergei Yurikov, y el otro era el viejo alemán que había secuestrado en una ocasión a John Gibbons en un helicóptero para luego lanzarlo al vacío. En ese momento se hizo evidente la trampa. Varios seguros de subfusiles sonaron cuando los guardias empuñaron las armas. Mientras Antonov hablaba sobre la tración de los PJs a la Compañía y cómo pronto el orden mundial cambiaría para dejar paso a los individuos realmente competentes, Mulder consiguió [punto de relato] hacer una llamada para poner sobre aviso a Finnegan. Mientras tanto, Thomas recibía una llamada en su móvil de un número desconocido, y con una actitud confiada y condescendiente, Antonov y los demás le permitieron cogerlo e incluso salir al balcón a atenderla (vigilado en todo momento, eso sí). Thomas apenas pudo disimular su sorpresa cuando reconoció la voz con fuerte acento alemán que le hablaba desde el otro lado de la línea: Jürgen Von Klausen. El alemán le contó que habían intentado atentar contra su vida y había averiguado que el suegro de O'Hara estaba por medio. Al preguntarle dónde estaba y responderle Thomas que en la mansión de Antonov, Von Klausen se sorprendió y con palabras disimuladas le preguntó si estaba en problemas; cuando O'Hara contestó afirmativamente, el alemán le dijo que no colgara el teléfono, que iba para allá. Así que Thomas tuvo que disimular durante el jaleo que se formaría los siguientes minutos, hasta que Von Klausen apareciera.

En el exterior, Jack y Jessica decidieron darse un chute de los inhaladores que les había proporcionado Novikov y saltando la valla con facilidad corrieron a una velocidad endiablada hasta la casa. No les costó encargarse de los guardias que había en el exterior, y de una poderosa patada que arrancó la puerta de entrada de sus goznes se precipitarion al vestíbulo de la planta baja. Allí, varios guardias apostados les dispararon, sin acierto. Los siguientes minutos se desató el caos en la casa: guardias empezaron a aparecer de todas partes mientras Jack y Jessica los cosían a balazos con sus pistolas y los subfusiles conseguidos de los propios guardias. Cuando el efecto del primer chute del inhalador desapareció, ambos consumieron un segundo (de un total de tres cada uno). Mientras tanto, arriba, Thomas podía ver cómo llegaban dos de los helicópteros negros de UNSUP y aterrizaban en el patio posterior, entre la mansión y el río. Yurikov, Antonov y el alemán salieron del despacho por una puerta trasera, y los guardias se quedaban custodiando a McNulty, O'Hara y Mulder con una tensión evidente, mientras abajo se oían los disparos, y los veinte hombres de UNSUP que habían llegado en los helicópteros pertrechados para una acción militar se acercaban a la casa. Pocos segundos después, Antonov y compañía subían a un helicóptero y el aparato remontaba el vuelo, alejándose.

Jack saltó por una de las ventanas posteriores de la cocina para evitar ser tiroteado por los guardias del interior, todo para encontrarse rodeado de tipos con uniforme y cascos que le apuntaban con subfusiles ordenándole que levantara las manos. Sin pensarlo, volvió a saltar, de espaldas, por la misma ventana y se metía en el interior de la casa. Sin darse cuenta, como por el contrario sí lo hizo Thomas en el balcón de arriba, que tres helicópteros se acercaban a lo lejos desde el otro lado del río y soltaban unas estelas de luz a toda velocidad, que no podían ser otra cosa que misiles. Al otro lado del teléfono, alguien le recomendó a O'Hara que se pusieran a salvo, y éste se lanzaba hacia el interior gritando "¡cuerpo a tierra!"; así lo hicieron sus compañeros, no así los guardias que en su mayoría resultaron destrozados por las explosiones. En la planta baja, el infierno se desató en torno a Jack, al que le cayó un trozo de techo encima; su pánico a las explosiones, unido al bajón que sufrió al pasarse el efecto del inhalador, hicieron que quedara hecho un ovillo entre los escombros y el fuego.

Los hombres de Von Klausen no tardaron en hacer acto de aparición, así como McNulty y los otros, ensordecidos por el ruido. No tardaron en liquidar o rendir a los pocos guardias que habían dejado Jack y Jessica y en encargarse del resto de los hombres de UNSUP que no habían exterminado los misiles. Un alemán, el líder del grupo de hombres armados, entró gritando el nombre de O'Hara en la casa, y el grupo no tardaba en ser conducido a los helicópteros y puesto a salvo hacia el oeste, mientras atrás quedaban las ruinas ardientes de la mansión de Antonov. Tanto los uniformes de los paramilitares como los helicópteros, llevaban un símbolo que Jessica y McNulty reconocieron como el escudo cruzado de los Polaris, un ejército privado que al parecer era propiedad del tal Von Klausen...

miércoles, 30 de abril de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 8

Rescate por la fuerza
Por la mañana, poco después de que el grupo hubiera decidido organizar una visita al burdel del que les había hablado ser Allyster, un guardia de palacio llegó a la posada donde se hospedaban. Traía órdenes de la casa real por las que se instaba a Ser Breon a presentarse lo antes posible ante Ser Osmund Kettleback. Breon se dirigió hacia la Fortaleza Roja sin tardanza. Allí se encontró con que ser Osmund había reunido un grupo variopinto de caballeros, y pronto averiguó el por qué. Ser Osmund los convocó enseguida para darles a conocer el porqué de su presencia allí. El Lord Consejero de la Moneda les había encargado partir hacia Punta Zarpa Rota para escoltar un envío que debía incorporarse al tesoro real. Por algún motivo desconocido, el barco que lo transportaba había encallado y se requería una escolta de aguerridos caballeros que lo llevara a salvo hasta Desembarco del Rey. Lord Baelish había dado órdenes a Kettleback para que seleccionara aquellos que creyera mejores entre los caballeros de Desembarco del Rey, así que todos los allí presentes debían sentirse orgullosos de haber sido elegidos.

Mientras tanto, Ancel se había quedado con la mosca detrás de la oreja... ¿a qué venía que justo en aquel momento convocaran a Breon a palacio? ¿Y precisamente un Kettleback? Aquello le olía muy mal. Al enterarse de que Breon partía acompañando a un grupo de caballeros hacia el este, se le hizo evidente que se trataba de una argucia para separar a Breon de ellos, así que se despidió de los demás y salió rápidamente al encuentro del grupo de caballeros. Mientras tanto, Allyster, Jeremiah y los dos guardias partían hacia el burdel "Las Zorras Rojas" para ver qué podían averiguar.

Antes de entrar al burdel, Allyster contrató a tres tipos de mala catadura para que metieran follón y distrajeran la atención. Y así lo hicieron. Cuando Allyster y Jeremiah accedieron al burdel había un guirigay intenso en el piso superior, al que se accedía por unas escaleras abiertas y un pasillo también abierto que daba a la planta baja. Como habían sospechado, había una fuerte presencia armada en el interior. Tres tipos se giraron hacia ellos, aparentemente reconociéndolos, para impedirles el paso. Varios tipos del piso superior también desenfundaron armas, y lucían armaduras, con lo que el grupo se encontraría en desventaja, pues habían decidido acudir sin ellas para no llamar la atención. Una puta se abalanzó sobre Allyster con un puñal, rozándole; cuando éste le preguntó dónde se encontraba Vanna y ella no contestó, la degolló sin miramientos. Mientras tanto, en la escalera, Jeremiah y uno de sus guardias se enfrentaban a tipos con armadura; el guardia no tardó en retroceder ante los potentes golpes enemigos, y Allyster acudió a ayudar a Jeremiah, que ya lucía una fea herida en el costado. Entre Allyster y el segundo de los Seabreeze consiguieron abrirse paso hasta el piso superior, no sin que el último sufriera otra herida en el hombro, que le dejó el brazo inerte. Al llegar arriba, pudieron ver cómo un hombre encapuchado rodeado de mujeres y un par de tipos armados atravesaban la puerta de la habitación del fondo; pero varios enemigos les cortaban el paso. Justo en ese momento, Sandor Clegane, el Perro, salió de una de las habitaciones laterales, curioso por lo que sucedía. Allyster le pidió ayuda, pero Clegane prefirió no intervenir; eso sí, dejó inconsciente de un codazo a un tipo que acudía presto al combate, pero acto seguido volvió a entrar en su habitación.

Mientras tanto, hacía rato que Ancel había dado alcance al grupo de Osmund Kettleback, y reclamó que Ser Breon debía volver a Desembarco del Rey con él. Ser Osmund intentó rebatirle, pero no era rival para la verborrea de Ancel, ni para su estatus social. Tras unas cuantas palabras amenazadoras, Kettleback optó por no enfrentarse a aquel joven lord y dejó marchar a Ser Breon. En un abrir y cerrar de ojos se plantaron ante el burdel, en el que se oían claramente sonidos de combate. Breon se precipitó al interior y subió las escaleras justo en el momento en que Jeremiah recibía su segunda herida. La llegada del caballero del león decantó ya el combate definitivamente a favor del grupo, que se abrió camino apresuradamente hacia la habitación del fondo. No obstante, Allyster vio por el rabillo del ojo que en una de las habitaciones laterales había una mujer atada a una silla, con un saco en la cabeza y llena de manchas de sangre. Sin duda, era Vanna. Así que entró en la habitación y entregó la mujer a Jeremiah, que la puso a salvo. Pero un movimiento llamó su atención: dando una patada a la mesa de un rincón, reveló la figura de una chica, poco más que una niña, llorando desconsolada. La muchacha decía llamarse Roslyn, y hablaba entre sollozos, asustada al extremo. Allyster decidió llevársela.

Cuando reventaron la puerta y entraron en la habitación del fondo, allí no había nadie. Sin duda, habían atravesado algún tipo de puerta secreta, pero por más que buscaban no encontraban nada. Fue Roslyn la que señaló un rincón donde en un armario se abría un doble fondo. Se notaba que la muchacha quería que la sacaran de allí, y colaboró con ellos todo lo que pudo.

Allyster y Breon entraron en el pasadizo: una estrecha escalera bajaba hasta un pasillo, al fondo del cual se podía ver un ligero resplandor. Se apresuraron hacia delante. De repente, una figura se cortó contra el resplandor, y arrojó algo hacia ellos. El destello de una pequeña redoma de vidrio se hizo evidente para Allyster, que corrió hacia atrás, al igual que Breon. A sus espaldas, todo estalló en una llamarada de fuego verde, mientras se arrojaban al suelo. Por suerte habían podido retroceder a tiempo, o la figura no había tenido la suficiente fuerza para alcanzarles con el recipiente. El calor era insoportable, y el fuego tardaría mucho en extinguirse, así que decidieron salir y volver a la posada. Breon tuvo un encuentro con los guardias de la ciudad, pero al reconocerlo como caballero no le pusieron demasiados problemas. En la posada, se reunieron con Jeremiah, Vanna y Ancel, que habían llegado hacía un rato. La mujer lucía bastante mal aspecto y había recibido bastante castigo físico, pero había conseguido no revelar nada (o al menos, eso creía ella), y con los cuidados adecuados, sanaría.

viernes, 25 de abril de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 25

Tour por Europa(I). Novikov revelado.
Durante el (poco) tiempo que duró el viaje a Sicilia, se entabló una conversación muy interesante entre el grupo y Novikov, donde el ruso reveló parte de su pasado y su naturaleza. Les dio mucha información sobre la Corporación, y ante la petición de una prueba de buena voluntad, de la explicación de su rencor hacia la Corporación, él contestó sucintamente: "arrepentimiento y penitencia", dijo. Mulder también explicó las razones de su estancia allí, cómo lo habían dejado inconsciente en Abu Simbel al estar tras la pista del De Occultis Spherae, y de la revista donde se enteró de su existencia, Nuevo Amanecer. La sorpresa fue evidente en los ojos de Finnegan y Estepháneos, y éste sacó de entre los plieges de su ropa el ejemplar que Jack le había confiado. La sorpresa de Mulder entonces no fue menor que la de ellos. El canadiense mantuvo una conversación con el padre Estepháneos, interesadísimo por lo que el sacerdote pudiera decirle, y la conclusión era que había un fondo de verdad en los horribles rituales descritos en las fotocopias de mala calidad. Mulder no sabía arameo, y por ello hizo que Esthepháneos le tradujera todo el texto.

Interesado, Novikov tomó la revista unos minutos, para echar un vistazo a su contenido. Y algo inquietó sobremanera a los personajes. El ruso no movía los ojos a pesar de estar evidentemente leyendo. Ahora que se fijaban, sus ojos parecían extrañamente muertos. Sin embargo, las miradas expertas de Finnegan y McNulty ya se habían apercibido de la extraña capacidad de Novikov de ser consciente de todo lo que le rodeaba, aunque lo tuviera fuera del ángulo de visión. Era evidente que el ruso era mucho más de lo que aparentaba, y no estaban seguros de que aquello fuera del todo bueno. McNulty no pudo estar callado, fiel a su naturaleza, y bombardeó a preguntas a Novikov hasta que éste se mostró molesto y con un golpe distraído destrozó la mesilla que tenía a su lado. Al darse cuenta de lo que había hecho, Novikov pareció compungido y disculpándose, se ausentó durante unos minutos.

De vuelta, Novikov insistió en la importancia del hecho de que la fortuna de los clientes de O'Hara no cayera en manos de UNSUP y también en que les ofrecería toda la ayuda posible para impedirlo. Además, podían contar con su ayuda en el futuro, y eso debería bastar para dar una prueba de buena voluntad a McNulty. También expresó de nuevo su satisfacción por que Mulder no se hubiera pasado a las filas de UNSUP (al parecer, Novikov tenía un concepto de Mulder que ni éste mismo entendía muy bien). Volvieron a tratar el asunto de la Corporación; Novikov les dijo que se trataba de una organización muy antigua, y que no siempre había tenido la forma que tenía en aquel entonces. Les habló también distraídamente de sus recuerdos. De sus recuerdos del emperador Napoleón y la batalla en Austerlitz, de su estancia en Alemania y la Rosacruz de Oro, de Aleister Crowley y la Golden Dawn. Por desgracia, sus recuerdos eran insoportablemente leves y fragmentados. Algo le había pasado que había destrozado sus recuerdos anteriores a la década de los 60. Pero si lo que decía era verdad, aquello significaba que Novikov tenía al menos doscientos años de vida, muy probablemente más. Y para rubricar sus palabras, el ruso se desabrochó la camisa. La parte de su torso a la vista era un desastre de cicatrices y heridas que removían el estómago. Además, su hombro izquierdo dejaba ver el principio de unas extrañas planchas de metal que revelaban sin lugar a dudas la naturaleza biónica de su brazo izquierdo.

Cuando el grupo salió de su asombro, Novikov volvió a abrocharse y les preguntó sobre su estancia en la Corporación. Al mencionar lo del viaje al Tíbet, él les preguntó si estaban seguros de que viajaban al Tíbet, y no al paraje de Tunguska, donde le constaba que UNSUP poseía una base. Ellos contestaron que no podían estar seguros, evidentemente.

El viaje se alargó un poco más porque hicieron un rodeo para aterrizar en algún lugar de Azerbayán. Allí, Novikov poseía un complejo donde trabajaban varios científicos, e hicieron un alto para que Hans Haller se quedara al mando de un equipo. Con suerte, dijo, en breve podrían recuperar la memoria de McNulty.

Al reanudarse el vuelo, intentaron descansar. Sorprendentemente, Finnegan durmió a pierna suelta; las pesadillas ya no turbaban su sueño, al parecer. Al despertar recordaría de nuevo el sueño del paisaje africano con la gente corriendo y el hongo nuclear, pero no había sido lo suficientemente vívido como para despertarlo. Agradeció con toda su alma el descanso.

Mientras Thomas hacía la ronda de llamadas a sus clientes, McNulty se dirigía a pedir disculpas a Novikov por su actitud hostil del inicio. Además, le pidió protección para Sally, que había quedado en poder de UNSUP. A pesar de que Novikov llevaba todo el vuelo bebiendo un whisky tras otro, el alcohol no parecía afectarle. Pero el gesto de McNulty le gustó, y sirvió para que, casualmente, el ruso se sincerara un poco más. Novikov le habló de sus fragmentados recuerdos sobre el incidente de Tunguska, que contrariamente a la creencia popular no se había tratado de un meteorito, y del archipiélago de Nueva Zembla, donde a mediados del siglo XX se había hecho detonar la mayor bomba atómica hasta la fecha, la bomba del Zar. Con una voz que contagió un abismo de tristeza a McNulty, le habló de las muertes de miles de pesonas inocentes en ambos incidentes (a pesar de que Nueva Zembla se suponía deshabitada), ambos experimentos que él mismo ordenó. Mulder, que había despertado hacía unos pocos minutos, se incorporó discretamente a la conversación, preguntando de nuevo por Aleyster Crowley y el diabolismo, que creía relacionado con el libro que perseguía. Novikov le respondió que de hecho Crowley no era diabolista, sino todo lo contrario, en tiempos fue enemigo de la Golden Dawn, fundó la Thelema y aunque se relacionó con el Club Fuego Infernal escribió de hecho el Liber Samekh, para invocar a los ángeles custodios, opuestos a los demonios. Mulder absorbió la información, ávido de conocimientos y con una curiosidad creciente. Volviendo a su conversación inicial, Novikov aseguró a McNulty que haría todo lo que pudiera por su amiga Sally.

Aproximándose a Sicilia, Novikov quiso a explicar a Thomas quién era en realidad su cliente Nicola Ferretti. El magnate de empresas de motor y de transporte no era otro que Il Signore Ferro, uno de los más influyentes capos de la mafia siciliana. Thomas ya lo había sospechado en el pasado, pero aun así la información lo inquietó, debido a sus prejuicios para con la ilegalidad. Antes de aterrizar, Novikov le pidió un favor a Thomas: el ruso le dijo que debía citar a sus clientes a una reunión en San Petersburgo en el plazo de tres semanas; podía usar la excusa que le pareciera mejor, y revelar que él era quien convocaba la reunión, cualquier cosa, pero era necesario que acudieran en la fecha acordada. O'Hara le prometió que haría todo lo que estuviera en su mano.

Después de aterrizar en el aeropuerto de Palermo, se encontraron con problemas para salir, porque no habían pensado en la documentación necesaria. McNulty, Finnegan y Mulder habían sido desprovistos de sus pasaportes y tuvieron que recurrir a diversos contactos para que les dejaran entrar de urgencia en el país. Una vez dentro, alquilaron un coche y se dirigieron a la mansión de Nicola Ferretti o, mejor dicho, Il Signore Ferro. La mansión era todo lo hortera que se podía esperar de un mafioso, y también tan fuertemente vigilada como cabía esperar. Después de ser desarmados, los llevaron a presencia de Ferretti. El italiano se mostró amable, como siempre que hablaba con Thomas. Le habló sin embargo de una extraña llamada que había recibido del señor Campbell alertándole contra su yerno, y Thomas le habló de UNSUP, de la Corporación y sus planes. Ferretti pareció creerlo todo, y habló de la competencia que esos malditos de World Interlaced (filial de UNSUP) le estaban haciendo. Por supuesto, O'Hara podía contar con seguir controlando su paquete de inversiones, y además acudiría a la reunión con Novikov, aunque no le hacía gracia desplazarse a terreno no neutral. Además, llegaron a un acuerdo extra: si O'Hara -o sus compañeros- era capaz de acabar con World Interlaced, o al menos con sus negocios en Europa, le podría pedir el favor que quisiera (que no estuviera fuera de su alcance, por supuesto). Extremadamente satisfecho, el grupo se retiró de nuevo al aeropuerto.

La segunda parada en el viaje era Mónaco. Aunque a Thomas le inquietaba sobremanera no haber podido hacerse con ninguno de los secretarios de la familia real. Los que habían contestado al teléfono le habían respondido con preguntas esquivas. Intentarían entrar en el principado y encontrarse con alguno de ellos en persona. Ya más preparados en el aspecto documental, pudieron salir del aeropuerto sin apenas problemas, aunque desarmados. Jessica sabía de un contacto que les proveería armas fuera del aeropuerto. Montecarlo era un hervidero de gente, un caos, porque precisamente el día siguiente tendría lugar el Gran Premio de Fórmula 1. Pagaron una pequeña fortuna por alojarse en uno de los hoteles-casino de la ciudad, y al día siguiente tomaron posiciones entre el público del circuito. Algo que les extrañó mucho fue que para acceder al recinto no hubiera controles de armas, y eso empezó a alimentar las sospechas del grupo de que algo malo iba a ocurrir. En un momento dado, en el palco de personalidades hicieron acto de aparición el príncipe Alberto y su familia al completo. Para decepción de Thomas, entre las personalidades que los acompañaban se encontraban el propio Bertrand Campbell y Merten Jund. Por pura suerte, Thomas se apercibió de que uno de los guardias de seguridad se movía a una velocidad sobrehumana durante un momento; ¿sección S en el circuito? Ante la imposibilidad de tener un encuentro con algún miembro de la familia o sus secretarios, y ante la presencia de gente de UNSUP allí, Thomas se resignó a tachar Mónaco de su lista de clientes y marcharse hacia Francia. Además, todo aquello era muy raro, y si había un atentado, preferían no estar presentes, así que volvieron rápidamente al avión. La segunda parada resultó en fracaso.

La tercera parada era Marsella. Thomas había quedado allí con Berenice Girard, una de sus mejores clientes y antigua amante. Ella también le había hablado de una extraña llamada del señor Campbell acusando a Thomas de haber perdido la cabeza, pero la desechó al hablar con éste. Thomas estaba deseando ver a Berenice, no podía evitar sentir un fuerte sentimiento de protección hacia ella; quizá todavía la quería. En el vuelo, Mulder tuvo una conversación subida un poco de revoluciones con Thomas. Al erudito canadiense le cargaba la actitud incrédula de O'Hara en cuanto al aspecto ocultista de todo lo que les estaba pasando, y así se lo hizo saber. No obstante, la intervención contemporizadora de Finnegan contribuyó a que los ánimos se calmaran y no llegara la sangre al río.

En el hotel donde Thomas había quedado con mademoiselle Girard pasaba el tiempo, y la mujer no aparecía. Thomas rebullía preocupado, hasta que sonó su teléfono. Berenice le advirtió de que su coche estaba siendo seguido por un par de automóviles negros y estaba dando rodeos para despistarlos, sin éxito. Thomas acordó encontrarse con ella en un paraje transitado de la ciudad donde realizarían un cambio de vehículo. Salieron rápidamente y el plan salió a la perfección. Cruzándose en una pequeña callejuela, Berenice salío precipitadamente del rolls donde se encontraba y que conducía un chófer y subió al coche del grupo. Los dos coches negros continuaron siguiendo al rolls y ellos continuaron en dirección contraria, directos al aeropuerto. Berenice soltó un suspiro de alivio y dio un beso a Thomas, peligrosamente cerca de sus labios. Algo en él se agitó, pero lo contuvo rápidamente, presentándola al resto del grupo. Berenice, aunque madura, era realmente atractiva y llevaba una cruz celta al cuello, algo de lo que se apercibió rápidamente Mulder. Interesado por el aspecto oculto del culto druídico, Mulder le preguntó acerca del colgante; ella contestó que era ecologista a ultranza, y le gustaba el concepto del culto druídico a la naturaleza, eso era todo.

Ya en el avión, Berenice les contó que Bertrand Campbell había insistido mucho para que acudiera a Mónaco a encontrarse con él, hasta que no tuvo más remedio que "mandarlo a la mierda". Así que el suegro de O'Hara no debía de encontrarse muy contento. Cuando Novikov y Thomas le hablaron de la reunión en San Petersburgo y el posible peligro en el que se encontraba tras haber rechazado a Campbell, Girard decidió permanecer con ellos al menos hasta que se celebrara la reunión.

jueves, 10 de abril de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 24

Huida. ¿Hay esperanza aún?
Nota: en esta sesión se produjo la incorporación de dos nuevos PJs: Jessica Pujol, en sustitución de Joey Mitnick, y Michael Mulder.

Durante los primeros segundos de caída, el terror fue patente en los rostros de McNulty y Finnegan. Éste último tenía experiencia militar, pero sólo en el cuerpo de infantería, y nunca había saltado en paracaídas. Además, para empeorar las cosas, al saltar del avión y abrirse su campo de visión, vieron que dos cazas se encontraban escoltando a la nave de transporte, que por su parte sufría alguna que otra sacudida en su rumbo; quizá los disparos de Jonas estaban haciendo mella en su estructura. Por suerte, pronto se sobrepusieron a la situación [punto de relato], y mantuvieron la calma y el equilibrio suficiente para realizar un descenso bastante digno. No podían abrir los paracaídas demasiado pronto, pues corrían el riesgo de que los pilotos de los cazas los detectaran y quizá les dispararan, así que mantuvieron la presencia de ánimo suficiente para esperar a abrir los paracaídas hasta que la comitiva de aviones se hubo perdido entre las nubes. Con una sacudida, los paracaídas se abrieron y pudieron concentrarse en el punto en que aterrizarían.

Timofei Novikov

Allá abajo podían ver que se dirigían directamente a un gran lago que era alimentado y a su vez alimentaba a un gran río. Alrededor del río se extendía un gran desierto, y en ambos extremos del lago se podían ver sendas poblaciones. Con ayuda del viento, decidieron dirigirse a la parte norte del lago, más o menos a mitad de camino entre las dos ciudades. Aterrizaron en un pequeño bosque, y aunque tuvieron la mala suerte de que McNulty se magulló un costado contra una rama, no tuvieron mayor problema que unos cuantos moratones y dolores aquí y allá. Eso sí, a los pocos segundos de tocar tierra el cosquilleo que notaban en el cuerpo desde que habían sido reclutados por la Corporación se hizo un poco más intenso. Haciendo caso omiso y dando gracias por seguir vivos, se acercaron al lago y se refrescaron en el agua, donde Jack, agotado por la falta de sueño y el subidón de adrenalina, pudo descansar unos instantes.

Con su agudo oído, Jonas pudo oír a los pocos minutos cómo dos vehículos se acercaban en la distancia. Decidieron adentrarse en la espesura, aunque se acercaran así a la carretera que bordeaba el lago. Poco después podían oír dos explosiones y el sonido inconfundible de un automóvil accidentado. Decidieron separarse y acercarse a la carretera desde dos ángulos distintos. A mitad de camino, Jack no pudo evitar quedarse dormido y confundir los sueños (extrañísimos, por cierto) con la realidad, pero se sobrepuso, y aunque llegaría un poco más tarde que McNulty, lo consiguió. Por su parte, Jonas llegaba el primero a la vista de una violenta escena. Una furgona se había salido de la carretera, y otros dos se encontraban parados en ella, cerca del primero, con varias personas conversando entre ellas. El vehículo accidentado lucía un costado destrozado, sin duda debido a los efectos del bazooka sobre el que se apoyaba una de las figuras presentes. Había dos grupos bien diferentes de personas: desde el oeste había llegado un coche con tres pasajeros: dos de ellos hombres vestidos con ropa normal y gafas de sol y una mujer morena y muy bella, a todas luces occidental anunque vestida con ropas típicas del medio oriente, que empuñaba una pistola y conversaba con uno de los hombres del segundo grupo, cuyo vehículo, un moderno todoterreno, había llegado desde el este. Los integrantes de este segundo grupo eran claramente de etnia árabe, aunque vestidos al modo occidental, y amenazaban con sus armas a uno de los pasajeros del vehículo accidentado, que gritaba algo ininteligible en árabe. Mientras tanto, los dos tipos con gafas de sol sacaban del vehículo accidentado a otro hombre inconsciente, rubio y a todas luces occidental. Los otros dos pasajeros de la furgona accidentada no parecían haber logrado sobrevivir al incidente. En ese momento llegó Jack a la escena, y decidió que lo mejor era dejarse ver para intentar obtener ayuda de los occidentales. Sin embargo, los extraños se mostraron bastante hostiles y cuando encañonaron a Finnegan Jonas tuvo que intervenir, gritando que volaría la cabeza de la mujer si le hacían algo a su amigo. Tras unos momentos de tensión, sucedió algo inesperado: el superviviente de la furgona, que hasta entonces había permanecido de rodillas parloteando en árabe con sus atacantes, se convirtió en una sombra borrosa; moviéndose a la velocidad del rayo no tardó en dejar inconsciente a un occidental y dos árabes, ante la estupefacción de los demás. Sin duda, se debía de tratar de uno de aquellos engendros de la Sección S (como más tarde lo confirmaría el tatuaje en el lóbulo de la oreja). Finalmente, consiguieron abatir al monstruo y eso facilitó la interacción entre Jonas y Jack y los extraños. Los árabes no resultaron ser sino egipcios y, para más detalles, coptos, hecho del que se dieron cuenta al observar los crucifijos parecidos a ankhs que colgaban de sus cuellos. Por su parte, los occidentales decían ser agentes de la CIA, al menos la mujer.

Tras las presentaciones tuvo lugar una conversación que alivió sobremanera a Jonas y Jack. La mujer de la CIA, que se presentó como Jessica Pujol, les dijo que estaban en Egipto, a mitad de camino entre Abu Simbel y Asuán, y se encontraba allí por encargo de Ben Katzowitch para rescatar al hombre rubio inconsciente de las garras de un grupo terrorista. Habían tenido una suerte inmensa: cuando Jessica llamó a Ben comentándole el encuentro con los dos irlandeses, éste confirmó sus identidades y le encargó acompañarlos hasta algún punto seguro. Por otro lado, los coptos conocían al padre Saledh Medhat, y cuando se enteraron de que Finnegan y McNulty habían tratado con él recientemente, les preguntaron por su paradero, porque poco después de que el padre hubiera vuelto de Boston había partido hacia República Centroafricana y ya no habían vuelto a saber nada de él.

Mientras tanto, el rubio inconsciente que habían rescatado de la furgona, recuperó la consciencia. Michael Mulder, que así se llamaba, vio la escena y se preocupó. Lo último que recordaba era estar en Abu Simbel tras la pista de un antiguo libro del que le habían hablado en un museo de Tel Aviv. Y ahora le dolía todo el cuerpo y se encontraba entre extraños de pinta peligrosa. Intentó ser lo más discreto posible, pero McNulty reparó en sus ligeros movimientos. Todos se acercaron, ávidos de saber quién era aquel extraño. Tras convencerlo de que se encontraba entre amigos y no tenía nada que temer, Mulder les explicó lo que recordaba. A los pocos minutos, el sonido de varios vehículos acercándose por la carretera les decidió a ponerse en marcha y salir de la carretera, cruzando el desierto hacia el norte.

Entre tanto, en San Petersburgo, Thomas había continuado con su viaje junto a Novikov, Lindon, los guardaespaldas, Hans Haller y el padre Estepháneos. En un momento dado del viaje, Estepháneos entró en una especie de trance, repitiendo una letanía en voz muy baja. Thomas se preocupó, pero los demás le explicaron que era normal, que le sucedía frecuentemente (estos episodios se correspondían con los contactos oníricos que tenía con Jack). Durante las largas horas que duró el desplazamiento hasta Arkangelsk, donde Novikov poseía un aeropuerto privado, el ruso habló de la situación en Europa, de cómo se había enrarecido el clima desde el brutal atentado en Brooklyn, que había supuesto un retroceso del comercio a nivel mundial. Los franceses estaban especialmente preocupados, porque haciendo caso omiso de sus amenazas, la República Centroafricana y algunos otros países de África habían cortado las exportaciones de Uranio sin dar demasiadas explicaciones, e incluso se habían producido secuestros de personal de empresas francesas encargadas de la explotación de las minas. Se rumoreaba que muchos otros países africanos iban a detener sus exportaciones de Uranio y otras materias, y las bolsas estaban entrando en pánico total. Por otra parte, había movimientos ultranacionalistas e incluso nacionalsocialistas en Ucrania, Austria y Grecia que estaban contribuyendo a agravar la situación y no le gustaban en absoluto.

En otro punto del viaje, Novikov recibía una llamada: no era otro que Bertrand Campbell. El ruso puso el manos libres para que todos pudieran escuchar. Para sorpresa de Thomas, o quizá no, Campbell aconsejó a Novikov que no se fiara de los consejos de su yerno, si es que se encontraba con él. Parecía haberse vuelto loco y estaba dilapidando las fortunas de sus clientes; trató de concertar una cita con Novikov para tratar personalmente con él, a lo que el ruso aceptó sin intención de acudir. Por otro lado, informaron a Thomas de que Nueva York ya se encontraba en manos de UNSUP y sus títeres ultraderechistas, y Novikov también le preguntó por uno de los clientes de Campbell & Weber: un tal Michael Mulder. Thomas lo recordaba de refilón, un muchacho joven con una gran fortuna heredada del fallecimiento prematuro de sus padres. Según Novikov, Mulder podría serles de gran ayuda en su cruzada en caso de encontrarlo. Thomas, sin embargo, no podía dejar de pensar en la llamada de Bertrand Campbell; si el viejo estaba llamando a toda su cartera de clientes, tenía muy poco tiempo para reaccionar y hablar con todos. Por suerte, con los recursos de Novikov de su lado aún tenía alguna posibilidad de cortar los hilos de su suegro.

Ya en Arkangelsk, Novikov recibió una llamada que prefirió atender en privado. Thomas no pudo evitar aguzar el oído aun a riesgo de ser descubierto [punto de relato] y pudo oír a Novikov dirigirse con extremado respeto a un tal Okada-san. No podía tratarse sino de Yuzo Okada, uno de los tres miembros más importantes de la Yakuza japonesa y subsecretario del departamento de exportaciones de Japón. Novikov se mostraba especialmente solícito, lo que convenció a O'Hara de que el ruso debía tener negocios importantes con el nipón.

Por fin, Jonas y Jack pudieron contactar con O'Hara a través de sus contactos en la CIA. Acordaron encontrarse en Luxor, ya que iban hacia el norte, y hacia allí partió el grupo de Rusia en un avión ultramoderno de tecnología claramente restringida al círculo de UNSUP. Cuando la aeronave superó la frontera egipcia, fue interceptada por dos cazas, que lo conminaron a detenerse; sin embargo, se libraron de ellos con una facilidad pasmosa. El avión era una maravilla tecnológica, sin duda. Conforme se acercaban a Luxor, el cosquilleo en el cuerpo de McNulty y Finnegan se fue convirtiendo en un dolor agudo e insoportable, así que no tuvieron más remedio que quedar en un punto alejado varios kilómetros de la ciudad. Con gran alegría por parte de los personajes, ambos grupos se encontraron y, sin tardanza, Haller procedió a sacar los nanobots de los cuerpos de Jonas y de Jack. La agonía fue tremenda cuando el polvillo gris salió de sus lagrimales, y el alivio grande.

Poco después, a raíz de una de las bromitas de McNulty, Jessica agarraba el paquete de éste con fuerza, haciendo que se doblara sobre sí mismo. La mujer exigió más respeto, y McNulty decidió que quizá no estaría mal mostrarse más comedido en su presencia.

El asunto más urgente para el grupo era sin duda poner a salvo a sus familias. McNulty contactó con sus amigos del Sinn Feyn que le prometieron que mantendrían a su mujer y su hijo a salvo, y Mulder decidió poner en acción sus contactos en Europa para ayudar a poner a salvo a James Finnegan, Fred Mullendore y el doctor McEnroe; y tras unas cuantas llamadas prometió dinero a varias personas y aunque no se acababa de fiar tranquilizó a Jack. Y por su parte, Mulder también expuso la que era su mayor preocupación: prácticamente todo su capital se encontraba controlado por Campbell & Weber, y si era verdad que ahora trabajaban para UNSUP, podía perderlo todo en un momento. Con la ayuda de un portátil de última generación y [punto de relato] el login de uno de sus compañeros de empresa, O'Hara consiguió sacar el capital de Mulder de las garras de Campbell y Weber, y distribuirlo entre varios fondos de inversión (uno del propio Novikov), poniendo así a salvo su fortuna.

El siguiente paso, según Thomas, debía ser partir hacia Palermo para contactar con el primer cliente de su lista, Nicola Ferretti, y evitar que Bertrand Campbell lo convenciera de dejar su guía y poner así su capital en manos de UNSUP. Deberían llevar a cabo un pequeño tour por Europa para asegurar que el capital de sus clientes no caía en las sucias manos de la Corporación...

miércoles, 2 de abril de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 7

La búsqueda de Berormane. Problemas en Lecho de Pulgas.
Tras la búsqueda infructuosa de Berormane, poco antes del amanecer Allyster se dirigió a presentarse ante Aron Santagar para empezar su guardia en la Fortaleza Roja. Sin embargo, antes de llegar a la vista de la fortaleza, el maullido de un gato asustado puso al caballero alerta; y eso le salvó de la emboscada que tres individuos le habían preparado: dos tipos encapuchados se habían acercado sigilosamente por su espalda, y el mendigo que había en la siguiente esquina sacaba en esos momentos un cuchillo de entre los pliegues de su ropa. Esquivado el primer ataque de uno de los encapuchados, aprestó sus armas, ante lo cual, los tres individuos huyeron hacia las sombras de los callejones anexos.

Cuando Allyster se presentó ante Santagar y éste vio que el caballero tenía una costilla rota debido al torneo del día anterior, lo disculpó de la guardia. Allyster prefirió no relatar el incidente que había tenido lugar unos minutos antes. Acto seguido, volvió a reunirse con los Seabreeze, evitando las calles solitarias.

Ancel, Jeremiah y Vanna se dirigieron a retirar el cadáver de Regar de las tiendas de las Hermanas Silenciosas. En un sitio discreto celebraron una pequeña ceremonia oficiada por el septon Gebriel, de los Cressey, y pagaron a un comerciante para que llevara el cadáver en su caravana a tierras de los Tudbury. La tristeza de Jeremiah sólo era comparable a su rabia en aquellos momentos. También enviaron un cuervo a los Tudbury informando de la muerte del muchacho, pero sin mencionar la implicación de Jaime Lannister en todo aquello.

Mientras Allyster y Jeremiah empleaban varias horas en la infructuosa búsqueda de Berormane, Allyster le explicaba a Vanna discretamente su pasado con Meñique y la relación que les unía en aquel momento. El caballero no se fiaba de lo que quiera que lord Baelysh tuviera preparado para ellos.

En una de las Tiendas de Curación donde se encontraban los cadáveres de dos maestres calcinados, uno de ellos podía coincidir con la descripción de Berormane, pero los Seabreeze enseguida desecharon tal posibilidad, pues la cadena del maestre no lucía el eslabón de Obsidiana del que Berormane se habia mostrado tan orgulloso en el pasado.

Mientras la mayoría de ellos volvía a la posada evitando las calles solitarias, Jeremiah se dirigió a las cocinas de la Fortaleza, con la intención de encontrarse con alguna sirvienta. No lo tuvo difícil, y al poco se encontraba retozando con una rolliza aunque bonita cocinera. La chica le reveló que efectivamente sirvió la comida en los aposentos del Gran Maestre el día que Berormane desapareció, y en sus aposentos se encontraba otro maestre que coincidía con su descripción. Ambos parecían bastante airados por alguna discusión que acababan de tener. Pero no pudo confirmar que el maestre más joven saliera o no de aquella parte del castillo. Cuando más tarde Jeremiah salía de las cocinas, un gordo cocinero se acercó a él, y resultó no ser otro que Varys. Éste le aconsejó tener cuidado con las preguntas que hacía, y le advirtió que "los aparentemente más desvalidos podían ser la gente más peligrosa". El Señor de los Rumores también dio a Jeremiah "recuerdos para Vanna", y además le dio una información como regalo: "Berormane entró en los aposentos de Pycelle, pero nunca volvió a salir".

La información de Jeremiah fue recibida con rostros serios por los demás cuando la compartió. Excepto por Vanna, que había salido un tiempo antes a "encargarse de unos asuntos"; lo que la mujer quería era conseguir algunos venenos en el mercado negro. Pero no fue una buena idea. En una de las plazas del Lecho de Pulgas anexas al punto de trapicheo, Vanna sintió cómo un dardo se clavaba en algún punto de su cuerpo y todo se volvía borroso en segundos; sólo alcanzó a ver a un individuo correr hacia ella y a continuación un estallido en su cabeza que la hizo descender a la oscuridad de la inconsciencia.

En algún momento indeterminado, Vanna recuperaba la consciencia con una bolsa de tela en la cabeza que la mantenía en la oscuridad, atada de pies y manos mientras alguien le hacía preguntas y la golpeaba. La mujer los entendía a duras penas, pero alcanzaba a entender algo sobre "el eunuco" e información intercambiada. Negó a todo lo que le respondían mecánicamente, hasta que perdió la consciencia de nuevo.

Preocupados por la ausencia de Vanna, se dedicaron a buscarla por la noche en las casas de salud, sin éxito. Tras despuntar el día, Allyster decidió meterse en el Lecho de Pulgas disfrazado; allí, con sus habilidades para el callejeo y el soborno, consiguió sacarles a dos contrabandistas que al atardecer del día anterior había habido un altercado en una plaza entre una mujer y dos tipos. Tras compartir unas cervezas con los tipos y soltar unas cuantas monedas más, uno de ellos le dijo que los asaltantes le sonaban de haberlos visto habitualmente en el burdel Las Zorras Rojas.

Ancel, por su parte, se dirigió a hablar con lord Varys para averiguar si sabía algo de su amiga. El eunuco se mostró consternado por la desaparición de Vanna, y dejó caer que si él no sabía nada de aquello, "sólo podía ser obra de una persona". No dijo la persona, pero para Ancel se hizo evidente de quién hablaba. Varys le dijo con gesto triste que si Vanna no se encontraba muerta o fuera de la ciudad a aquellas alturas, intentara encontrarla en alguna casa de placer...

jueves, 20 de marzo de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 6

Ambiciones enfrentadas. El Torneo de despedida.
Por la mañana, el grupo se dio cuenta de que Berormane no había aparecido por la posada en toda la noche y gran parte de la tarde del día anterior. La preocupación cundió entre ellos, pero la justa celebrando la despedida del séquito real se iba a celebrar a mediodía, y Allyster y Jeremiah debían debía prepararse para ella. Aun así, Ancel fue a hablar con el Gran Maestre Pycelle, pues la última vez que alguien había visto a Berormane había sido yendo a visitar al anciano. El Gran Maestre lo recibió en sus estancias, pero lo único que alcanzó a decirle en su decrepitud fue que Berormane había partido a media tarde y ya no había vuelto a saber nada de él; le había hablado de unos experimentos para desarrollar una forma de curación nueva, pero no había sido muy claro. El Gran Maestre le pareció a Ancel un hombre senil pero muy amable, y despidiéndose, se marchó.

Durante toda esa mañana, el muchacho Regar, el escudero de Jeremiah al que Jaime Lannister había golpeado con el guantelete el día anteior a modo de lección, se mostró con dolor de cabeza, mareado y tambaleante, pero no concedieron mucha importancia a tales síntomas, eran relativamente normales después del golpe que había recibido. Al no estar Berormane presente tampoco podían hacer mucho más.

Varys provocó un encuentro con Vanna haciendo uso de uno de sus disfrazes esa mañana. El eunuco le transmitió su desagrado acerca de los "pajarillos" que la mujer tenía revoloteando por Desembarco del Rey. Conversaron largo y tendido sobre el reino, las lealtades respectivas y la confianza. Según Varys, los pajarillos de Vanna permanecerían enjaulados mientras no estuviera seguro al cien por cien de cuáles eran sus intenciones para con el rey y el reino. A pesar de todo, Varys se mostraba respetuoso y agradecido con Vanna por aquella ocasión en que se habían encontrado en el pasado de ambos, y por tal motivo le concedía un trato de especial favor; con cualquier otro habría sido mucho más despiadado. La cercanía del torneo hizo que tuvieran que interrumpir su interesante convesación, así que Varys citó a Vanna en el bosque de dioses de la Fortaleza Roja al término de la competición.

Durante los preparativos de la justa, Ancel habló con Allyster, pues quería conocer más detalles de la filiación e intenciones generales del caballero. Por ello también se informó de datos de interés sobre la casa Coldwater: lord Royce estaba casado ahora con su tercera esposa, mucho más joven que él; sus dos primeras esposas habían muerto ambas dando a luz a respectivos hijos. Además, eran banderizos de los Royce y sus tierras se encontraban cerca de la casa Baelish. Allister era el tercero de los hijos de lord Royce. Ancel no pudo sino empatizar con el curtido caballero, pues ambos eran hijos repudiados por sus progenitores y sus caracteres no diferían mucho. Eso sí, los detalles de los problemas de ser Allyster con su padre no salieron a la luz.

Y comenzó el torneo. Tanto Jeremiah como Allyster pasaron la primera ronda, y justo antes de la segunda Regar se empezó a encontrar mareado. Jeremiah lo puso al cuidado de Ancel, y juntos se dirigieron a buscar un maestre que pudiera mejorar su estado. En la segunda ronda, Jeremiah tuvo la mala suerte de encontrarse con ser Barristan Selmy enfrente. El lord comandante de la Guardia Real lo descabalgó con la segunda lanza.

Mientras Ancel y Regar se encaminaban hacia una tienda para ver a algún maestre, el muchacho se desplomó. Una septa que se encontraban cerca se acercó al instante. Enseguida se mostró preocupada e informó a Ancel de que el muchacho no respiraba. Éste pidió a voces un maestre, y enseguida acudió uno, un maestre maduro y con la túnica inmaculada. Durante unos minutos interminables intentaron reanimar al muchacho por todos los medios, hasta que el maestre, con aire sombrío se levantó e informó al señor Seabreeze que la herida de la cabeza debía de ser más grave de lo que había parecido en un principio. Con una tristeza extrema, Ancel recogió a su primo con delicadeza y lo llevó a la tienda de las hermanas silenciosas.

Un guardia enviado por Ancel informó a Jeremiah del estado de su escudero. El caballero, que acababa de ser descabalgado por ser Barristan, se apresuró hacia el lugar donde yacía el joven Tudbury y a donde ya había llegado Vanna. Ésta, Ancel y Jeremiah velaron al muchacho durante largo rato, mientras el mediano de los Seabreeze elevaba sus oraciones y visualizaba intermitente a Jaime Lannister golpeando a su querido escudero.

Mientras todo esto sucedía, poco antes de su propia participación en el torneo, Allyster vio a sus compañeros de armas reunidos y riendo en un rincón del muro exterior, así que se dirigió hacia allí, intrigado. Cuando llegó, no le costó ver que uno de ellos tenía el puño ensangrentado y un par lucían salpicaduras de sangre en sus vestimentas. Al preguntarles, los tipos, un poco borrachos, le dieron información algo fragmentada. Al parecer, bajo la supervisión de uno de los Kettleback, habían estado sacándole información a un maestre a base de golpes. A Allyster no le costó mucho sumar dos y dos y suponer que el maestre en cuestión debía de ser Berormane y que el Kettleback que fuera debía de estar siguiendo órdenes de Meñique. El caso es que se acercaba la participación de Allyster en el torneo y no podía prolongar más la conversación, pero los hombres le dijeron que se encontrarían en la posada de la Cruz de Bronce, por si luego quería unirse a ellos.

En su segundo cruce, Allyster fue descabalgado por Osfryd Kettleback, de una manera bastante violenta. El caballero Coldwater quedó inconsciente en la caída y la lanza le rompió una costilla. Despertó al cabo de una media hora en una tienda de maestres y, sobreponiéndose al dolor, salió. Tras buscar a los Seabreeze sin éxito, se dirigió a la posada donde le habían dicho sus compañeros que estarían. Pero cuál no sería su sorpresa cuando se acercaba a la pequeña plaza donde se encontraba el edificio y vio una columna de humo alzarse sobre las casas. Donde se había encontrado la pequeña posada ahora se alzaba una columna de fuego y humo que los vecinos estaban intentando controlar. Varios cadáveres calcinados se habían dispuesto en un lugar cercano, y varias septas, septones y maestres trataban a los muchos heridos. La sospecha que había ido formándose en su mente se materializó: al dar las descripciones de los soldados, un par de testigos le dijeron que sí, que se encontraban dentro y seguramente habían muerto. Según le contaron, había habido una reyerta muy fuerte con los hombres que él describía implicados, y que a raíz de eso el fuego se había extendido rápidamente. Qué casualidad, y qué apropiado, pensó Allyster.

Ancel y Jeremiah, guiados por el dolor, se dirigieron a intentar ver al rey, susurrando palabras de justicia y venganza. Por los pasillos de la Fortaleza Roja, Ancel fue increpado por una extraña voz. Al girarse, no vio a otro que a Tyrion Lannister, el gnomo. En una breve conversación, el hombrecillo mostró su curiosidad por la ascendente estrella Seabreeze y emplazó a Ancel para una futura conversación durante el viaje hacia el Norte. Los Seabreeze no tenían el cuerpo para ironías ni bromas, así que cuando el gnomo expresó sus condolencias y les dijo que estaba seguro de que había sido un accidente, se despidieron bruscamente. A continuación fueron recibidos por ser Aron Santagar, que se disculpó en nombre del rey, pues éste estaba muy ocupado para recibirles. Pero les aseguró que expondría su caso ante el rey, lo que debería bastar de momento. A continuación, Jeremiah se ausentó para pasar el día de burdel en burdel y ahogar su dolor en alcohol y mujeres.

Poco tiempo después, Vanna se encontraba con Varys de nuevo en el Bosque de Dioses. La mujer lo había meditado y decidió ponerse bajo la "tutela" de lord Varys (por el momento, aunque esto no lo dijo en voz alta, por supuesto). El eunuco esbozó una amplia sonrisa de satisfacción y tomaron las medidas para enlazar a los pajarillos de Vanna con los de Varys.

Allyster volvió a la Fortaleza, donde se reunió con Ancel. Por seguridad, salieron a dar un largo paseo por las calles de la ciudad mientras conversaban. El caballero reveló toda la información que había descubierto al señor Seabreeze. Berormane seguramente había sufrido una paliza y a en aquellos momentos quizá ya estuviera muerto, a manos de gente que ya había muerto a su vez. Sospechaba que a instancias de lord Petyr Baelish; no sabía qué era aquello tan valioso que Berormane pudiera conocer, pero estaba bastante seguro de lo demás. Allyster hizo saber también a Ancel que no quería acabar como sus compañeros de armas, y eso era lo que lo había motivado a informarle de todo. Quizá era hora de cambiar lealtades, y los Seabreeze le habían parecido trigo lo suficientemente limpio para ello.

Cuando Jeremiah volvió poco después del amanecer y fue informado de todo, los Seabreeze y su séquito se dedicaron a la búsqueda de su querido maestre, que de momento no dio ningún resultado. Sin embargo, a raíz de las conversaciones que había tenido con Allyster, de información proporcionada por Vanna y de sus propias averiguaciones, Ancel sospechaba que el Gran Maestre Pycelle quizá no había sido todo lo sincero que le había parecido en un principio en la conversación sobre Berormane...

jueves, 13 de marzo de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 23

Cambio de filas (III) ¿Hacia el Tíbet?
Aprovechando unos momentos de intimidad, el grupo charló sobre su situación actual y la posibilidad de escapar del complejo, pero tal cosa se les antojaba imposible. Dadas las medidas de seguridad que habían podido ver, no querían ni imaginar qué medidas habían permanecido invisibles a sus sentidos. Además, lo que fuera aquello que les habían implantado les dejaba muy poco margen de maniobra. No obstante, a pesar de todo, ese escaso margen ya era algo a lo que aferrarse.



Durante un par de jornadas Jonas, Jack y Thomas intentaron sondear a los pocos miembros presentes de la Sección S en el complejo, tratando de averiguar qué podía esperarles en el misterioso lugar del Tíbet donde parecía que iban a sufrir el proceso de transformación. Sin embargo, no obtuvieron prácticamente ninguna información de utilidad, pues ninguno de ellos recordaba exactamente qué había pasado durante el viaje; la mayoría tenía recuerdos febriles y difusos, y otros no recordaban nada en absoluto.

Tras mucho insistir, Joey consiguió que le concedieran acceso a la sala central de computación. Aunque por un tiempo limitado de treinta minutos. Ese tiempo fue suficiente para que Joey dejara un acceso abierto al sistema que podría emplear más adelante —siempre que no lo descubrieran, claro—. Ante la insistencia del informático de la conveniencia de contar con su colega Lucas, se celebró una reunión entre el primero, Lilly y Thomas, y se acordó que Lucas sería transportado al complejo lo antes posible.

La preocupación de McNulty respecto a Sally aumentaba a cada hora que pasaba. La periodista estaba encantada con su nuevo estatus, y se mostraba a favor de todos los preceptos de la Compañía.

Por su parte, Jack no durmió ni diez minutos seguidos durante esos días. Como resultado, sus nervios y su irascibilidad iban en aumento. En cuanto cerraba los ojos, las pesadillas de traición y muerte que acudían a su mente eran intensísimas. Algo en su interior le decía que debía de huir de allí aun a costa de su propia vida, pero no podía dejar a sus amigos atrás.

El tercer día, Merten Jund apareció ante el grupo anunciando "una grata sorpresa". La sorpresa no era ni más ni menos que el retorno de John Gibbons a su compañía. Sin embargo, no les costó mucho esfuerzo detectar algo raro en Gibbons. Su comportamiento era, por decirlo de alguna manera, postizo, muy tenso, a pesar de que, según les había dicho Jund, le habían encargado la misión de proteger al señor O'Hara. Jonas hizo notar al resto del grupo el leve pero inquietante destello que brillaba en el centro de sus pupilas, y cuando bromeó con John de forma ligeramente ofensiva como en él era habitual, el ex político le asestó un puñetazo a una velocidad imposible para un humano. La mandíbula del irlandés se partió y su cabeza giró en un peligroso ángulo; cayó al suelo inconsciente en el acto. Por suerte, la tecnología médica de UNSUP era avanzadísima y en pocas horas se encontraba como nuevo. John recibió una reprimenda de Merten Jund, pero en su interior se regocijaba por haber hecho que McNulty se tragara varios dientes.

Poco después, Thomas acordaba con el gestor de su cliente italiano, Nicola Ferretti, una cita para diez días vista.

El día siguiente, a McNulty le dieron una gran sorpresa. Lilly le condujo a presencia de su "mujer" (recordemos que no llegaron a casarse) Rachel y de su hijo Patrick. Entre sollozos y la frialdad inicial de Rachel, Jonas abrazó a su hijo, quien tras unos instantes dubitativos, se lo devolvió. Con palabras cortantes, McNulty descubrió que Rachel había estado una temporada su hermano Liam y todavía se veían de vez en cuando. Pero a medida que la conversación fue transcurriendo, la frialdad de Rachel se fue diluyendo y, derrumbándose, acabó abrazando a Jonas y preguntando qué era lo que pasaba. Tras besarse, McNulty la tranquilizó contándole una milonga que implicaba a la CIA y algunas operaciones especiales. Rachel pareció convencida y calmada con la explicación, y transcurridas pocas horas, la familia de McNulty volvía a Irlanda —o eso era lo que Lilly le aseguró—.

Jack seguía sin poder dormir más de unos pocos minutos seguidos, y se notaba en su aspecto y en sus modales. La noche anterior, en su sueño, Kostas Estephaneos le había preguntado incontables veces por su paradero. Jack había intentado proyectar el lugar donde se encontraba por todos los medios posibles, pero aparentemente el padre Estephaneos no aprehendía lo que él quería darle a entender. Su cuerpo estaba llegando al límite, podía sentirlo. Por la mañana, recibió una llamada de su hermano James al teléfono que UNSUP les había proporcionado; Fred le había dado el número, y estaba muy preocupado. Tranquilizándole lo mejor que pudo, colgó.

Joey recibió la llamada de Lucas. Éste le comentó que le llamaba a instancias de dos tipos muy extraños que le habían pegado una pequeña paliza que ni siquiera había visto venir cuando intentó huir golpeándolos. Cuando se hubo tranquilizado, los dos tipos le dijeron que venían de parte de su amigo Joey, que necesitaba que se reuniera con él. Joey confirmó la versión, contestando además a varias preguntas secretas que tenían pactadas, así que Lucas accedió y en pocas horas llegaría a Lagos.

Thomas también tuvo su ración de sorpresa: en un momento dado del día lo reunieron con su mujer, Anne. Según le dijo ella, la Compañía la había tratado bien, pero no sabía dónde se encontraba Jennifer. Thomas prefirió ocultarle la verdad, y enviarla a Nueva York para que se reuniera con su hermana y su hijo en Bronx.

Pocas horas después de que su mujer subiera al avión de la Compañía que la conduciría a Nueva York, Thomas recibía la llamada de uno de sus clientes europeos, el ruso Timofei Novikov. Éste exigió a Thomas a encontrarse con él en San Petersburgo en 48 horas; a pesar de que O'Hara intentó por todos los medios retrasar tal encuentro, no pudo hacerlo y tuvo que plegarse a las exigencias de su cliente, que por otra parte, era uno de los más poderosos, con claros lazos con el gobierno ruso y la antigua estructura del KGB. Thomas se apresuró a informar a Leopold de la cita, para que en la Compañía no sospecharan de él. Leopold se mostró incluso satisfecho de que hubiera ocurrido tal cosa, al fin y al cabo lo que querían era que O'Hara se reuniera con sus clientes europeos lo antes posible.

A medianoche, Jack no pudo soportar más las pesadillas, y salió a dar un paseo por el muelle. Allí, tuvo un breve encuentro con Sally, que se encontraba radiante ante su inminente partida hacia Nueva York; más adelante se encontró con Dorothy St. James, que tampoco podía dormir, según sus palabras. Ella le preguntó si era un hombre religioso, a lo que Finnegan decidió que era mejor contestar negativamente (una mentira que consideraba necesaria). A instancias de Dorothy, los médicos del complejo sedaron fuertemente a Jack, lo que le permitió dormir un par de horas sin sobresaltos.

De madrugada, Lucas Miller llegaba al complejo de UNSUP, y pocos minutos después, Joey decidió que no podía soportarlo más. Tomó la decisión de arriesgarse e intentar acabar con la Compañía. Abrió el sistema desde dentro, de manera que todos sus colegas hackers pudieran acceder durante el tiempo que fuera posible. Pero tal acción expuso demasiado al grueso informático; en pocos segundos fue detectado y agentes de la Compañía lo rodeaban. Un disparo acabó al instante con su vida. Pero fiel a sus convicciones, había conseguido abrir el sistema unos segundos; con suerte, alguien habría conseguido descargar información comprometedora que contribuyera al fin de UNSUP o de quien quiera que estuvieran al cargo de aquello.
El día siguiente Merten Jund y Leopold informaron al grupo del desgraciado "accidente" de Joey. La información no les cogió por sorpresa, porque ya sabían que Joey estaba a punto de intentar algo, pero no pudieron evitar la pena al pensar en el informático. Lucas fue sometido a interrogatorio, y cuando demostró que no tenía nada que ver con la intrusión de Joey fue puesto en libertad y asignado al grupo.
Por la mañana, Gibbons hizo un aparte con Jonas y Thomas para pedir disculpas por su comportamiento y el tremendo golpe que había propinado al primero, pero por otra parte confesó que deseaba hacerlo otra vez y que prefería evitar la tentación, así que se marchó apresuradamente, dejando a sus interlocutores perplejos por su actitud. Era evidente que aquel no era Gibbons, al menos no del todo.

...
Dos días después, Thomas llegaba a San Petersburgo para encontrarse con Novikov, acompañado de Gibbons y otro agente de la sección S como guardaespaldas. Una limusina le esperaba en el interior de la pista privada donde había aterrizado su avión. Desde el interior, una voz le invitó a subir al coche. En ese momento, la cabeza del agente de la sección S reventó, ante la sorpresa de O'Hara. Gibbons sacó una pistola con rapidez excepcional, pero no fue suficiente; un segundo disparo lo alcanzó y cayó al suelo, salpicando abundante sangre. Thomas fue arrastrado al interior del coche, donde se encontraba Novikov, dos tipos que debían ser sus guardaespaldas y, al otro lado, ¡¡¡Hans Haller!!!. Norikov, en inglés con fuerte acento ruso, le recomendó tranquilizarse, mientras uno de los tipos a su lado sacaba el móvil de Thomas de su bolsillo y lo introducía en un artilugio de metal. El propio Hans Haller empuñó un pequeño y extraño aparato ante el rostro de Thomas, mientras los dos guardaespaldas lo sujetaban. O'Hara comenzó a sentir un extraño y molestísimo picor en sus lacrimales y retinas, que pronto devino en un intensísimo dolor. Cuando estaba seguro de que no lo soportaría más, el dolor se detuvo, y todo lo que pudo ver fue que por sus lacrimales había salido un extraño polvillo gris, pegado al aparato que Haller empuñaba. Según le informó el científico, aquello no eran sino nanobots que UNSUP les había inyectado, y que eran los causantes de los extraños dolores de cabeza. Poco después llegaban a la mansión de Novikov, donde se reunieron con Louis Lindon y el padre Kostas Estephaneos. Tras una breve bienvenida, todos se dirigieron a varios vehículos militares que les permitirían desplazarse por si a UNSUP se le ocurría hacer acto de aparición.
...


Y mientras tanto, Jonas y Jack partían en un avión militar de transporte, presuntamente con rumbo hacia el Tíbet. Previamente habían sido sedados en una habitación del complejo. Por suerte, hubo efectos no deseados: McNulty no hacía mucho que había sido tratado en uno de los tanques de rejuvenecimiento de UNSUP. Seguramente por ese motivo, las hormonas de curación todavían estaban activas en su organismo, lo que hizo que pudiera vencer el sopor provocado por el potente anestésico suministrado mediante goteros. Arrancándose la vía, pronto estuvo lo suficientemente despejado como para incorporarse y hacer lo propio con la de Jack. Entre los dos redujeron a su vigilante, aunque no así al doctor que los supervisaba, que huyó a través de una de las puertas, suponían que la que conducía al morro del enorme aeroplano. Así que, sin pérdida de tiempo, decidieron dirigirse a cola, por la puerta del extremo justamente contrario, no sin que antes McNulty hiciera un par de disparos y destrozara alguna puerta para intentar despresurizar el interior. Tras un par de encontronazos llegaron a la bodega de carga, donde encontraron varios paracaídas y abrieron la rampa de lanzamiento. Tragando saliva, se lanzaron al vacío...