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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

jueves, 28 de febrero de 2019

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 22

La Asamblea de Eskatha (X). Maniobras. Una extraña enfermedad.
El día siguiente, la delegación de Undahl recibía las visitas de Mírfell por la mañana, y de Ëvenlud por la tarde.

Rakos Ternal, Príncipe Comerciante de Undahl
Reaccionando a las reuniones del príncipe Rakos Ternal, el grupo convocó a reunión también a ambas delegaciones; de Mírfell no obtuvieron respuesta alguna, lo que les dejó bastante claro cuales eran las preferencias de Verthyran Kenkad. La princesa Diyan Kenkad de Ëvenlud sí respondió al llamado, y la mañana siguiente se reunirían con ella.

Por la noche, Symeon entró al Mundo Onírico para intentar controlar el entorno, como siempre. Levantó algunas guardas alrededor de la sede de Tarkal intentando dificultar la visión del mundo de vigilia desde esa realidad, y mientras realizaba el proceso, detectó varias veces en el límite de su visión figuras que aparecían y desaparecían sin que le diera tiempo a verlas directamente. Eso le preocupó, lo que le indujo a darse toda la prisa de la que fue capaz para despertar y marcharse. 

Poco después esa misma noche, el príncipe Nercier envió un mensaje a la sede para avisar de que Undahl le había convocado a una reunión, y pidiéndoles consejo de si era buena idea acudir o no. Le respondieron recomendándole que acudiera para intentar sonsacar toda la informacion que pudiera, pero que tomara todas las precauciones de las que fuera capaz.

La reunión con Ëvenlud no aportó demasiado: Diyan les informó de que Rakos les había ofrecido negocios y muchísima riqueza a cambio de su apoyo total, pero no lo haría, consideraba en plena vigencia su trato con Ilaith. Esto reconfortó en parte al grupo, que había temido estar perdiendo aliados.

Esa misma tarde Rakos se reunía con la delegación de Trapan, e Ilaith y el grupo con la delegación de Adhëld. Igual que las veces anteriores, el príncipe Wontur Serthad y su séquito se mostraron hostiles y con actitud orgullosa. A pesar de sus muchos esfuerzos por suavizar la situación no lograron nada; Wontur no quería tomar partido por ninguna parte, y todo lo que quería era mantener el statu quo de la Confederación; habían permanecido siglos en una supuesta neutralidad (tanto internamente a la Confederación como hacia los países extranjeros), y no estaban de acuerdo en deshacer ese equilibrio.

Esa noche, el Mundo Onírico apareció tranquilo a los ojos de Symeon. Ni siquiera pudo ver los pálidos pájaros que parecían vigilar la zona continuamente. Realizó su visita de rutina a Nirintalath y después de comprobar que la burbuja de obstrucción de visión estaba intacta, estableció una alarma en el perímetro.

La siguiente jornada por la mañana recibieron un mensaje de Jasireth Derthad. Según les decía, el príncipe Knatos había enviado órdenes para que un número importante de sus tropas empezara a desplazarse hacia Eskatha. No sabía muy bien qué podía significar aquello, pero la anciana les aseguró que el príncipe Knatos estaba convencido de apoyar a Ilaith en las asambleas que se avecinaban, así que en teoría no existían motivos para preocuparse. Por otro lado, esa misma mañana, Undahl se reunía con la delegación de Krül.

Poco después de mediodía, sonaban las campanas del hemiciclo. Con las delegaciones reunidas, se anunció formalmente que Progerion Onethas había sido erigido Príncipe Comerciante de Bairien. "Por fin"—pensaron todos. Unas horas después, una de las primeras medidas que Progerion adoptó fue convocar a reunión a Eudorya como representante de Nímthos, dando así la impresión [no tan] tácita de que la apoyaba en su reivindicación como Princesa Comerciante. A partir de ahí, todas las delegaciones reclamaron encuentros con Progerion, a quien el grupo aconsejó postergar lo más posible las reuniones tanto con Undahl como con Tarkal; él se mostró totalmente de acuerdo, con la intención de no revelar sus demasiado pronto.

Otra noticia llegó a oídos del grupo por la tarde, una que les causó una inquietud extrema: el príncipe Nercier Rantor había caído enfermo y se encontraba guardando reposo. No pudieron evitar que les vinieran a la mente los recuerdos del padre de Valeryan y los otros nobles fronterizos que habían enfermado debido a algún tipo de influencia de los vestalenses desde el Mundo Onírico. Los síntomas eran prácticamente idénticos, y Nercier se había reunido con Undahl apenas un par de días antes. Convocaron una reunión de urgencia para tratar el tema. Symeon entraría al mundo de los sueños desde algún punto lejano de la ciudad para investigar qué podía suceder. Salió hacia la otra parte de la ciudad acompañado de Taheem y Galad. Cuando se acercaban al río, media docena de figuras encapuchadas les salieron al paso armadas con ballestas, instándoles a bajar de los caballos. Tras unos instantes de tensión e intentando escudarse en los animales, los tres salieron corriendo, confiando en la suerte para no ser heridos de gravedad. Symeon fue alcanzado por dos saetas y Taheem sufrió una herida menor hasta que pocos minutos después encontraban una patrulla de la guardia que les auxilió. Afortunadamente, Tarkal contaba con expertos que reconocieron enseguida el veneno utilizado en las armas y suministraron los antídotos necesarios. Afortunadamente, un par de días de reposo bastarían para recuperarse.

Para mayor consternación del grupo, el día siguiente llegó un mensaje de Ëvenlud en el que informaban de que Diyan Kenkad había caído enferma. Una más. La princesa ya les había advertido en la reunión que habían celebrado la mañana anterior de que no se encontraba del todo bien, y ahora empezaron a preocuparse de verdad. Dos príncipes aliados que se habían reunido con Undahl habían caído enfermos, lo que indicaba que estaban maquinando algo semejante a lo que ya había sucedido en el sur de Esthalia hacía meses. Tenían que ponerle remedio de algún modo, o sería imposible para Ilaith conseguir sus objetivos en la Asamblea.

Cuando Symeon y Taheem se recuperaron, el grupo decidió llevar a Nercier Rantor a su sede para ver qué podían hacer. Llevaron a cabo el traslado discretamente y con todo tipo de precauciones, y ya en la sede hicieron varias intentonas para hacer reaccionar al príncipe de Mervan. Lo intentaron con el aro-collar de Yuria, sin éxito; Daradoth y Galad también hicieron uso de sus habilidades sobrenaturales, pero todos sus intentos fueron asimismo infructuosos.

Al amanecer del día siguiente, una nueva noticia llegaba a la sede: parte de la delegación de Undahl había embarcado la noche anterior y se había ausentado de Eskatha. Según se enteraron por los ujieres, Rakos Ternal había solicitado permiso para marcharse por un plazo no superior a una semana debido a "asuntos internos". Aquello les olió a chamusquina, pero ya no tenía remedio. Dieron órdenes al dirigible que llevaba el búho de ónice para que se dirigiera al noroeste, hacia Undahl, e informara de cualquier cosa fuera de lugar que sucediera.

Esa noche decidieron que Symeon, ya recuperado, entraría de nuevo al Mundo Onírico para tratar de ayudar al príncipe Nercier. Lo sacaron de la sede en un carromato cerrado y fuertemente (pero discretamente) escoltado para evitar nuevas emboscadas. El errante entró en el Mundo Onírico desde un lugar discreto en los bosquecillos de las inmediaciones de la ciudad, custodiado por sus compañeros. Se acercó a la sede de Tarkal, donde todo parecía estar como siempre, excepto por una cosa: a través de los muros translúcidos e inestables de la representación onírica del edificio, pudo ver claramente un bulto de luz pálida. Se trataba de Nercier, cuyo ser onírico aparecía claramente definido y con un resplandor plateado. Symeon se acercó a él con precaución; era muy extraño que alguien apareciera tan definido allí inconscientemente. Dos figuras aparecieron y desaparecieron de nuevo en el límite de su visión, así que decidió apresurarse. Un vistazo rápido reveló algo fuera de lo normal en la sileta del príncipe: en lo que correspondería a su pelo en el mundo de vigilia, aparecía una pequeña "esquirla brillante", como una aguja que emitiera un potente fulgor plateado. Tras evaluar un momento sus opciones e intentar retirarla sin éxito, dos presencias aparecieron claramente definidas al lado del errante. Haciendo gala de sus más considerables habildades, Symeon despertó al instante e informó a sus compañeros de lo que sucedía. Poco menos que volaron a la sede de Tarkal. Allí, una inspección rápida reveló que, efectivamente, Nercier tenía ligada al pelo una pequeña esquirla de metal; la retiraron al punto. El príncipe no pareció mejorar en los minutos siguientes, pero era todo lo que podían hacer por el momento; confiaban en que aquello le ayudaría.

Daradoth instó al grupo a acudir a la sede de Ëvenlud y realizar la misma inspección en Diyan Kenkad. Su hermana Melara los recibió, y les permitió pasar cuando le explicaron atropelladamente lo que ocurría; efectivamente, encontraron el mismo tipo de esquirla en el cabello de la princesa, y procedieron a retirarlo, informando de ello a Melara. La mujer puso cara de preocupación cuando le transmitieron sus sospechas de que la delegación de Undahl había debido de ser la responsable de aquello. Para regocijo del grupo, Melara profirió fuertes palabras contra Rakos Ternal y su séquito, afirmando poco más o menos que "aquello era una declaración de guerra". Volvió a expresar su gratitud a Ilaith y los demás antes de despedirse.

El día siguiente se reunieron con la delegación de Ladris, cuyo príncipe, Deoran Ethnos, también empezaba a mostrar síntomas de enfermedad. Repitieron el proceso y retiraron la esquirla de su pelo. Deoran abrió mucho los ojos debido a la sorpresa, y después de superar su incredulidad les mostró su agradecimiento. Algunos sonrieron; aquello, contra lo que había pretendido Undahl, estaba uniendo cada vez más a las delegaciones a la causa de Ilaith. Deoran y Yuria establecieron un plan de acción par defender las islas donde Ladris explotaba la kregora, y poco después recibían noticias del dirigible que habían enviado a explorar hacia el nororeste. Informaron de que habían detectado en Trapan un movimiento de tropas importante hacia el sur. Semejante a lo que les había informado Jasireth en Armir. Se miraron, inquietos; Yuria pensó para sus adentros que quizá habrían tenido que desplazar aún más unidades hacia Eskatha.

A mediodía se propagó por la ciudad la noticia de que Eudorya había sido arrestada y encerrada por Dorias, acusada de traición. Pocas horas más tarde, llegaba a Tarkal la invitación para reunirse con la delegación de Nímthos y su príncipe en funciones, Dorias Athalen. Un problema más.

Por la noche, de madrugada, varios guardias de algunas delegaciones daban voz de alarma. Un considerable ejército se acercaba a la ciudad desde el sur; un ejército en el que gran parte de los efectivos no usaban antorchas y que pronto alguien informaría de que estaba compuesto por elfos oscuros y minotauros, además de por humanos. Aproximadamente una hora más tarde, otros exploradores informaban de ejércitos que llegaban desde el este y el oeste, con el estandarte de Nímthos. Y durante todo el episodio las campanas de la ciudad habían permanecido silenciosas, lo que indicaba una clara connivencia de Dorias y la guardia de la ciudad con lo que estaba pasando. Y lo que era peor, indicaba también que las legiones de Nímthos debían de ser leales al hermano de Gisaus...



miércoles, 6 de febrero de 2019

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 21

La Asamblea de Eskatha (IX). Recomponiendo la Confederación.
Con los Mediadores ya ausentes, todas las delegaciones se retiraron a sus respectivas sedes.

Esa misma noche Tarkal recibía la visita de un mensajero de Undahl, que portaba la petición del príncipe Rakos Ternal para que Ilaith y él se reunieran a solas en terreno neutral. Por descontado que el grupo no se mostró de acuerdo con un encuentro en el que Ilaith no fuera escoltada por la debida protección, y enviaron al mensajero de regreso con una respuesta: la reunión se celebraría, pero la noche del día siguiente, en una de las salas del Hemiciclo, y con la compañía de media docena de consejeros por cada parte. El emisario no tardaría en volver para confirmar que el príncipe Ternal aceptaba la propuesta sin más negociación.

El mariscal Loreas Rythen
Tras esto, Symeon se dispuso a realizar una visita relámpago al Mundo Onírico. Sabía que era peligroso, pues ya sabía de la presencia de al menos uno de los kaloriones, y seguramente habrían llenado el lugar de trampas; así que inentó que su entrada no llevara más de unas pocas décimas de segundo. Y esto le llevó a provocar un efecto nuevo: de alguna manera, pudo ver durante unos instantes el Mundo Onírico desde el mundo de vigilia, sin necesidad de entrar en él. Aparentemente, el Mundo de los Sueños estaba tranquilo, solo perturbado por la presencia de cuatro o cinco de los pájaros bidimensionales y pálidos que había podido ver ya en alguna ocasión, y que identificaba como vigilantes o alarmas.

Poco más tarde Galad se reunió con Eudorya, que lo abrazó estrechamente. Se notaba que las últimas horas habían sido de gran tensión para la joven, que aprovechó para relajarse brevemente en los  brazos de su amado. Pronto pasó a comentarle los problemas que habían surgido. El más importante de ellos era su tío Dorias, el hermano de Gisaus, que había empezado a maniobrar para hacerse con el principado de Nímthos. De hecho, la guardia de la ciudad había obedecido las órdenes de ella la noche anterior gracias sin duda al apoyo de su tío en ese momento. Ella intentaba maniobrar para vencer a su Dorias, pero le resultaría muy difícil sin algo de ayuda externa, y la opción más clara para prestar aquella ayuda pasaba por el respaldo más o menos explícito de Progerion. El apoyo de Ilaith se vería más como una ingerencia indeseada por parte de Nímthos, pues gran parte de la guardia de la ciudad y de los comerciantes de su delegación culpaban a la princesa de Tarkal de todo lo que había pasado en las últimas jornadas, incluyendo la muerte de los dos príncipes comerciantes más importantes de la Confederación.

Delsin Aphyria
La noche anterior, el mariscal Rythen y Delsin Aphyria habian convocado una reunión de la delegación de Tarkal al completo con carácter de urgencia, y esta se celebró por la mañana a primera hora. El objeto del encuentro era plantear los problemas que se derivarían de la nueva situación en Eskatha y la adopción de medidas para hacerles frente. Galad aprovechó para exponer los problemas que Eudorya le había planteado la pasada noche, y todos coincidieron en que deberían poner toda la carne en el asador para que Progerion se alzara con el liderazgo de Bairien lo antes posible; Ilaith ya tenía a su gente trabajando en ello, y en pocas horas, con sutiles maniobras políticas, se asegurarían de dar a conocer el apoyo de Krül y Korvan a su causa. A continuación, Loreas Rythen planteó el verdadero motivo por el que había convocado la reunión: la posibilidad de que sus enemigos (ya fueran políticos o seguidores de la Sombra) intentaran hacerse con el control de la ciudad (o de la Confederación) por la fuerza. Por ello, el mariscal expuso como medida preventiva traer sus propias tropas a Eskatha para contar con apoyo en caso de que estallara un conflicto abierto. Todos se mostraron de acuerdo en que sería una media muy sensata, y procedieron a planificar los movimientos de sus unidades; finalmente, se decidió que movilizarían la legión de veteranos destacada en la frontera con Mervan y a los cuarenta paladines de Emmán asentados en la capital —en Tarkal el ejército no se organizaba en legiones como en Esthalia, sino en divisiones parecidas a las de las tropas ercestres, pero se habló con equivalencia a legiones para establecer un baremo común—. Enviarían por delante del ejército un dirigible de exploración con el búho de ónice para dar cuenta de la situación en el paso de Mervan a Nímthos, que informara a la vez a las tropas y a ellos mismos.

En la reunión posterior con Nercier Rantor y su séquito en la que compartieron sus planes, este (junto con el duque Estigian) decidió que movilizaría una legión de sus propias tropas para acompañar a la legión de Tarkal. Así contarían en total con dos legiones de buenos soldados. El dirigible pronto informó de la ligereza de la guarnición en el paso de Mervan a Nímthos, y de que las legiones no tendrían problema en atravesarlo rápidamente. Estimaron que las legiones tardarían aproximadamente una semana en atravesar Mervan y un par de jornadas más en llegar a Eskatha. Pero a eso habría que sumarle unos dos o tres días para que los halcones mensajeros de Nercier llegaran a sus lugartenientes en la frontera con Tarkal y permitieran el paso de las tropas de Ilaith. En la reunión, la delegación esthalia también mostró su asombro por el episodio acontecido con los Mediadores, y ratificaron su intención de ayuda a Tarkal.

También se reunieron con Korvan. A sugerencia del mariscal y de Yuria, Karela Cysen embarcaría dos legiones para intentar acceder a Eskatha por vía marítima en caso de que hubiera problemas. El duque Estigian también ofreció la ayuda de una escuadra de carabelas esthalias, que por supuesto sería más que bienvenida; la escuadra se uniría a las tropas de Korvan en uno de sus puertos.

Vanius de Krül mostró su convencimiento de que Progerion no tendría demasiados problemas en hacerse con el liderazgo del principado de Bairien. Finalmente no había tenido que testificar en contra de Agiond, y de hecho este lo había enviado al Imperio Vestalense como su emisario, con lo que quedaba claro que había confiado en él como sucesor.

La noche siguiente tuvo lugar la reunión con el príncipe Rakos Ternal y los seis consejeros de Undahl acordados; entre ellos se encontraba la elfa oscura, Helitzzë, y el minotauro, Hrarrh'Snagh. Symeon, por su parte, entró al Mundo Onírico en el punto de la reunión, y allí se encontró con que una figura ya estaba esperando; no pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de que no era otra que la elfa oscura (a la que sus compañeros veían a su vez en el mundo de la vigilia, cosa que el errante ignoraba). Esta sonrió a Symeon levemente, dando a entender que también estaba allí para vigilar y no quería otro enfrentamiento; así que mientras la reunión tenía lugar, los dos guardaron una prudente distancia y una estrecha vigilancia del entorno. En el mundo de vigilia, el príncipe de Undahl no tardó en exponer sus pretensiones: quería hacerse con la gerencia de la Confederación, y si para ello tenía que cubrir a Ilaith de oro (o de kregora), lo haría en pro de evitar un enfrentamiento directo. Varias veces tuvo que negarse Ilaith a someterse a los designios de Undahl; en un momento dado, el minotauro se levantó, amenazante, y resoplando con su estentórea voz afirmó que "no eran enemigo para el Cónclave". Daradoth se levantó, encarando al mastodonte con un gesto que esperaba más tranquilo de lo que sentía por dentro; debió de ser así, pues transcurridos unos segundos tensos, ambos volvían a sentarse. Finalmente, tal y como habían previsto, no se llegó a ningún tipo de acuerdo y ambas delegaciones volvieron a sus sedes sin más incidentes; Rakos mantuvo su oferta abierta hasta el momento en que se tuvieran que enfrentar abiertamente en el Hemiciclo. Más tarde, cuando Symeon compartió con ellos que se había encontrado con Helitzzë en el Mundo Onírico, trataron de encontrar explicación al hecho de que también se encontrara en el mundo de vigilia; así que supusieron que la elfa del Mundo Onírico debía de haber sido seguramente la kalorion Selene. Se miraron unos a otros, preocupados...¿por qué no había hecho nada entonces para atacarles?

Poco después Galad se reunía con uno de los eunucos de Eudorya a petición de esta. El eunuco le dijo que deberían reunirse con el teniente Velyas, pues la futura princesa sabía que su tío Dorias se había reunido en secreto con él. La guarnición de la ciudad se hallaba dividida en dos cuerpos: el oriental y el occidental, cada uno comandado por un capitán. Velyas pertenecía al cuerpo oriental, bajo el mando del capitán Ayluras; esto hizo temer al grupo que Dorias ya contaba con el apoyo del cuerpo occidental y que el hermano de Gisaus trataba de hacerse con el control del cuerpo oriental sublevando a sus oficiales. El día siguiente, tras superar varias dificultades para encontrarse con el teniente, consiguieron drogarlo mediante las hierbas que Symeon había conseguido hacía varias jornadas. Las drogas le soltaron la lengua, y se mostró abiertamente partidario de Dorias, a quien consideraba un hombre bastante generoso; Eudorya era poco más que una adolescente, y además mujer, así que Velyas tenía claro quién debía hacerse con las riendas del principado. Dorias ya le había hecho saber que deseaba su colaboración para controlar a la guarnición oriental, como se habían temido.

Por la noche se reunieron con Progerion para informarse sobre sus progresos con los comerciantes de Bairien. El joven se mostró convencido de que no le llevaría más de un par de días hacerse con el control del principado, pues su hermano Surelion se había mostrado colaborador y quedaban pocos obstáculos por delante.

Mientras tanto, las órdenes de Nercier ya habían llegado a su principado, y las tropas habían emprendido su marcha hacia Nímthos precedidas por el dirigible, que informaba puntualmente a través del búho de ónice.


jueves, 24 de enero de 2019

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 44

En Busca de Derek (VI). Reencuentro y Comunión.
Apagaron las luces del despacho —que alguien había dejado permanentemente encendidas—, para provocar los fenómenos que ya habían experimentado la anterior ocasión en que se habían encontrado allí. Un móvil con la linterna boca abajo y en su mayor parte obstruida fue la única iluminación que se permiriteron para que Patrick fuera capaz de manipular y consumir el Polvo de Dios.

Nada más apagar las luces, Tomaso, Sigrid y Pierre, los únicos presentes junto a Patrick, comenzaron a percibir movimientos "fantasma"; cada vez más intensos conforme pasaban los segundos y los minutos. El profesor de filosofía abrió rápidamente una de las bolsitas y consumió el polvo que contenía. Su mente comenzó a expandirse, y los seres que se movían en las sombras se hicieron más presentes; no solo los seres, sino todo su entorno. Su comprensión de la realidad se afinó.

Mientras tanto, los demás sentían cómo la temperatura iba descendiendo cada vez más, y en alguna ocasión incluso sintieron algo o alguien respirando en su nuca. La oscuridad empeoraba sus sensaciones, y un ligero murmullo, como un viento ahogado, comenzó a ser omnipresente.

Una segunda dosis siguió a la primera, y Patrick entró en otro nivel de consciencia, con su mente operando a niveles que suponía que nadie había igualado jamás. Fue consciente no solo de la materia a su alrededor, sino también de la energía; unos ligeros pulsos le indicaban que era capaz de percibir la vibración de las más minúsculas partículas subatómicas. Pero todavía no se veía capaz de alterarlas, y por eso, a la segunda dosis le siguió una tercera, que hizo que su mente se derramara fuera de su cuerpo, que "evolucionara"; era la única palabra que podía ligeramente aproximarse a lo que sentía y percibía. Era capaz de sentir la vibración primordial de todas las cosas, la energía de la que estaban compuestas.

Y al fin, la detectó. Al principio no le llamó la atención, porque la diferencia era nimia, pero sobre la vibración normal, común a toda la materia y la energía de nuestro mundo, detectó una segunda distinta, ligeramente más amplia, muy ligeramente. Comprendió que había allí una realidad que no pertenecía al universo "normal". Y las criaturas que parecían moverse en las sombras estaban compuestas enteramente de esa vibración. La luz parecía interferir con aquella amplitud, de manera que esta se atenuaba en un ambiente iluminado, pero se liberaba cuando la radiación lumínica se cortaba, por eso aquellos seres se manifestaban rápidamente al hacerse la oscuridad. La vibración estaba presente en toda la universidad, pero mucho más en el despacho del profesor Nicholas; y el hecho de que los fenómenos que estaban sintiendo se hubieran reproducido también en su apartamento, indicaba que aquel extraño fenómeno debía haber sido provocado de alguna manera por el profesor, quizá a su vuelta de Canadá. Los sentidos expandidos de Patrick también le revelaron que aquel sonido que para sus compañeros parecía un viento de fondo, en realidad eran voces amenazantes que hablaban en un idioma totalmente desconocido.

Algo tocó el hombro de Tomaso. Algo extremadamente frío. El italiano lanzó un manotazo que se perdió en el aire; la inquietud se hacía cada vez más patente, y el grupo era prácticamente incapaz de estar quieto y en silencio.

Siguiendo el rastro de las criaturas, Patrick pudo por fin detectar una especie de dimensión invertida, imperceptible para las capacidades normales, que vibraba enteramente con aquella amplitud exótica, una dimensión donde el tiempo parecía transcurrir en un extraño bucle sin fin y que sin duda se mantenía al margen de las leyes físicas de nuestro mundo. Debía de ser a esa dimensión a la que Derek y el profesor Nicholas habían accedido. Un dolor intenso recorrió el cuerpo de todos cuando Patrick intentó  alterar sus vibraciones para hacerlos entrar en aquella dimensión paralela. Un segundo intento alteró a sus compañeros de tal manera que les hizo perder todo contacto con la realidad al anular todos sus sentidos. Pero por fin, un tercer intento consiguió alterar la amplitud de onda de los cuatro y con ello, acceder al extraño mundo del bucle temporal.

Los cuatro se encontraron de repente como estudiantes en un aula de la Universidad. Se miraron, conscientes de que sus cuerpos habían rejuvenecido, y también de quiénes eran ellos en realidad. Pero esta consciencia de sus identidades se desvaneció a los pocos minutos, en los que pasaron de ser el grupo de perseguidos por las fuerzas del submundo ocultista a un simple grupo de estudiantes con sus propias vidas y problemas. Una vida pasó. Esposas, maridos, hijos, nietos, pérdidas, fracasos y éxitos sucedieron a lo largo de los años, hasta que finalmente Sigrid, Patrick, Tomaso y Pierre murieron.

Y volvieron a encontrarse en la Universidad. Esta vez, Tomaso como un técnico de mantenimiento, Sigrid como profesora, Patrick y Pierre de nuevo como estudiantes. Todos se miraron, conscientes de nuevo de sus verdaderas identidades pero también con todos los recuerdos de la vida que acababan de vivir, que les abrumaba. Y sólo eran los recuerdos de una vida; Derek, por su parte, llevaba vividas más de un centenar.

Patrick estimó que la consciencia de sus verdaderas identidades no iba a prolongarse más allá de unos diez minutos, así que consumió rápidamente tres dosis de Polvo de Dios que volvía a tener en su poder. E intentó encontrar a Derek expandiendo su consciencia, sintiendo las frecuencias de todos los habitantes de aquella dimensión. Pero no tuvo éxito, y paralelamente a la pérdida de efecto de la dosis, todos se fueron sumergiendo en la profundidad de sus nuevas vidas. Una nueva vida y una nueva muerte transcurrió, junto con los seres queridos y odiados asociados, sus experiencias, traumas y alegrías.

Y de nuevo, todos en la Universidad. Las lágrimas afloraron a sus rostros al recordar las vidas pasadas, que no desaparecían. Patrick lloró al recordar a su nieto asesinado, Sigrid sintió su corazón romperse al recordar el accidente de automóvil que había acabado con su hermano y sus hijos, y Tomaso estuvo a punto de no recuperarse cuando recordó su muerte y la de su esposa a machetazos por una rebelión en el sureste asiático.

Dos vidas más tuvieron que vivir antes de que Patrick, apenas consciente de cuál era su verdadera identidad, decidiera consumir cuatro dosis del Polvo y por fin encontrara a Derek in extremis. Cada vez se les hacía más difícil reaccionar a los nuevos inicios y aprovechar los breves minutos de lucidez que se les concedían; la tensión mental era casi insoportable. Supusieron que Derek no debía de recordar quién era en realidad desde hacía mucho. Pero Patrick por fin lo había encontrado, y eso tenía que contar; ya era tarde para reunirse con él y sacarlo de allí en aquella iteración, pero el profesor de filosofía pudo, por pura intuición, alterar la vibración del grupo y la de Derek y el profesor Nicholas para que en el siguiente reinicio todos aparecieran juntos.

Y así sucedió.Tras una nueva vida, todos se encontraron de nuevo en un aula de la universidad. Patrick, Tomaso, Sigrid, Derek, Pierre Lesnes y Pierre Nicholas se encontraban en la escena. Derek como profesor, Nicholas como adjunto y el resto como estudiantes otra vez (aunque con el añadido de que todos pertenecían a la misma organización secreta que Derek y Nicholas). Pero al principio no pudieron sino mirar al infinito, con las mentes totalmente agotadas por sus respectivas experiencias. Patrick fue el primero en reaccionar y consumió rápidamente otras cuatro dosis de Polvo de Dios. En ese instante, todos los estudiantes que los rodeaban se levantaron, sus figuras extrañamente borrosas. Todos se giraron a mirar a Patrick, horripilantemente inmóviles y callados. Al cabo de unos segundos, varios de ellos, cada vez más, empezaron a moverse lentamente hacia el profesor. Afortunadamente, Tomaso, Sigrid, Pierre, e incluso, para su sorpresa, Derek, reaccionaron y recordaron sus verdaderas identidades. Todos corrieron a ayudar a Patrick, rechazando como podían a los extraños y apáticos enemigos. Uno de los estudiantes logró tocar ligeramente al profesor, que sintió un frío entumecedor y parte de su mente sumirse en la oscuridad; pero su mente era muy fuerte ahora gracias al Polvo de Dios, y con ayuda de Sigrid consiguieron rechazar al atacante. Sus cuatro compañeros establecieron como pudieron un círculo de contención sobre sillas y pupitres que pudo dar a Patrick el tiempo necesario para revertir el proceso que les había llevado allí, y retornarlos al "mundo real"; justo a tiempo, pues Derek y Sigrid ya habían empezado a diluir su personalidad en la de su nueva vida.

Con una súbita inspiración y una intensa punzada de dolor, como si hubieran vuelto a nacer, todo se calmó. Los seis se encontraron alrededor de la mesa del despacho del profesor Nicholas, cada uno sentado en una silla. Alguien se apresuró a encender la luz, aunque con los restos de la dosis consumida, Patrick se dio cuenta de que de alguna manera, la vibración extraña había desaparecido del entorno y ya no era necesario iluminar el lugar.

Sigrid se echó a llorar, Tomaso se cogió la cabeza con las manos, algo parecido hizo Pierre, y Derek se quedó prácticamente en estado vegetal al recordar  todo lo que había pasado y perdido. Patrick sintió como las lágrimas afloraban a sus ojos, pero haciendo uso de todas sus triquiñuelas mentales (y también las sobrenaturales recientemente aprehendidas) se pudo sobreponer y encargarse de que sus compañeros no cayeran en el pozo de la más absoluta locura. Pudo hacer reaccionar a todos excepto a Derek, que tenía la mirada perdida, y al profesor Nicholas, en un profundo estado de catatonia. Lo más rápidamente que pudieron avisaron a una ambulancia que recogería al profesor, y ellos salieron hacia el hotel, ya reunidos con el resto de sus compañeros que habían estado vigilando fuera del despacho. Mientras se dirigían hacia allí, Sigrid encontró la esquirla del monolito que Derek había cogido de la caja fuerte del profesor Nicholas, y la guardó. Patrick la miró reprobadoramente, pero prefirió ignorar el hecho por el momento.

Tres días más tarde, tras cambiar un par de veces de hotel, Derek reaccionaba. A mediodía, un grito desgarrador rompió su silencio, y a continuación comenzó a proferir un murmullo apenas inteligible. Recordaba entre lágrimas y sollozos hechos de sus vidas pasadas, seres queridos que había perdido para siempre, a su esposa Cindy, con la que había vivido hasta casi los ciento diez años y a la que había amado con locura, otras muchas esposas, hijos, nietos, hermanos que nunca habían existido en el mundo fuera del bucle, pero que para él habían sido tan reales como el sillón sobre el que se encontraba. Su estado provocó una pequeña reacción en cadena en Tomaso, Pierre y Sigrid, que revivieron sus vidas "ficticias" y rompieron en un callado llanto. Patrick intentó consolarlos, y a los pocos minutos se encontraron reunidos en un círculo el propio Patrick, Sigrid, Tomaso, Derek y Pierre. El primero fue quien empezó a hablar, racionalizando todo lo que les había ocurrido y sentando las bases para una larguísima conversación que se alargó más de veinte horas en la habitación de hotel. Algo extraordinario debió de pasar durante aquella tertulia en la que los participante se turnaron para dormir en cortos intervalos, y durante la que compartieron gran parte de las experiencias que cada uno había vivido en el bucle temporal. Derek, que había vivido más de un centenar de vidas fue el que más aportó, hablando de su accidente de avión durante el que habían tenido que recurrir al canibalismo, de su etapa de astronauta cuando orbitó la luna, de la misión a Marte, de cuando llegó a presidente quitando de en medio a varios rivales políticos, del hijo que llegó a ser premio Nobel... Algo hizo que el grupo entrara en una sintonía sobrenatural de empatía [Punto de Destino], que disparó su comprensión y su sinceridad. Todos se trataron como si se hubieran conocido de toda la vida, como hermanos, revelando secretos, alegrías y traumas. Durante el devenir de la madrugada pudieron notar cómo se establecía entre ellos un vínculo, un vínculo especial que no podían entender pero que estaban seguros de que los uniría aún más y los haría más fuertes. Lo podían sentir ahí, en el límite de su percepción, vibrante; a partir de entonces, cada uno de ellos ocuparía para siempre un rincón de la mente de los demás, y sería consciente de las sensaciones del resto. Al filo de las ocho de la mañana, Derek selló el vínculo, cayendo por fin en un profundo y tranquilo sueño, aparentemente liberado del sufrimiento abrumador que le había aplastado desde que habían salido del bucle. Uno por uno, todos cayeron en un profundo sueño reparador, tranquilos en su plácida unión.

Después de casi veinte horas de sueño, Derek reunió a Sigrid, Tomaso y Patrick y uno por uno les dio un abrazo. Los cuatro se fundieron en un sentido abrazo al final, rubricado por las palabras de Derek:

 —Sois parte de mi familia ahora, y espero que no nos separemos nunca más; nos necesitamos. Juntos, no podrán vencernos —unos minutos de silencio siguieron, disfrutando de la compañía mutua. Era evidente que Derek nunca podría recuperarse del todo del trauma que le había supuesto aquella experiencia, pero harían todo lo posible, y lo imposible, por ayudarle.

Una vez hubieron recuperado fuerzas con un copioso desayuno, pusieron en antecedentes a Derek de todo lo ocurrido mientras había estado atrapado en el bucle temporal. Tras una larga conversación, el grupo decidió que la prioridad ahora no era Dulce da Silva ni los atlantes, sino recuperar el De Occultis Spherae, y así lo harían. Así que Derek llamó sin dilación a Dulce, afirmando que no podrían acudir a Lisboa en un tiempo indeterminado; no quiso dar más detalles para "no ponerla en peligro", y Dulce tendría que confiar en él.

Por otra parte, Sigrid compartió unos hechos extraños que habían sucedido hacía dos noches en su habitación. Estaba segura de que una presencia se había manifestado y había estado observándola, y la achacaba a la tenencia de la esquirla de monolito. Decidieron que esa noche la guardaría Patrick.

Poco después se trasladaban de nuevo a París, a la sede de los Hijos de St. Germain, y se encontraban con Anne Rush. La anciana, en compañía de los gemelos Favre, pareció detectar el cambio ocurrido en el grupo, pero debido a los problemas más importantes que la acuciaban, decidió ignorarlo. Se reunieron rápidamente y los puso en antecedentes: Pascal Weber, oriundo de Alemania y líder de la célula de Europa Central de los Hijos de St. Germain, había desaparecido sin dejar rastro en Polonia mientras se dirigía desde Varsovia hacia Gdansk. Su último contacto había sido desde la capital polaca, antes de ponerse en camino. No iba solo, evidentemente, porque con él viajaban varios Hijos más y miembros de confianza del ejército polaco y del servicio secreto alemán. Que Anne supiera, los únicos que tenían constancia de que el libro operaba en poder de Weber eran los gemelos Favre, allí presentes, pero de alguna manera la información había debido de trascender.

Tras explicar el problema, Anne pasó a exponer la solución que parecía más sencilla: Sigrid debería aprender el ritual Encontrar el Tomo Perdido y utilizar sus nuevas habilidades Bibliománticas para intentar localizar el libro; ella era la única capaz de hacerlo, pues Anne no era Bibliomante y el ritual debía realizarlo alguien que hubiera sido previamente propietario del libro. Para ello, Anne había convocado a París a Steve McAllan, Bibliomante de los Hijos en Reino Unido. El hombre, un escocés bonachón en apariencia, enseñó el ritual a Sigrid en pocas horas, y el paso siguiente debería ser que Sigrid estableciera una nueva Biblioteca que sustituyera a la que había perdido en Suecia y que le proporcionara las cargas necesarias para llevar a cabo el ritual varias veces (Encontrar el Tomo Perdido daba una idea de la dirección en la que se encontraba el libro, pero no la localización ni la distancia exacta, así que, previsiblemente, tendrían que llevarlo a cabo varias veces).

La localización que Sigrid eligió para su nueva biblioteca Bibliomántica fue el sótano de su tienda de antigüedades en Madrid, y allí se trasladarían al día siguiente, una vez que hubieran descansado. Esa noche llegó a la sede de los hijos la "secretaria" de John Tradtford, Andrea Bauer, acompañada de una docena de hombres armados; Anne los había contratado para acompañar al grupo y así que contaran con algo de protección en la búsqueda del De Occultis. Dos de los hombres fueron rechazados por Patrick cuando vio en sus auras que eran demasiado corruptos para acompañarles. Así que el grupo partió hacia Madrid acompañado de Pierre Lenes, Andrea Bauer y diez guardaespaldas.

Durante las siguientes tres jornadas, Sigrid procedió a establecer su Biblioteca reformando el sótano de la tienda, utilizando los cincuenta libros que había rescatado de Oslo y comprando los mil libros necesarios para la significación del hecho. Preparó también su biblioteca de viaje con diez libros de valor considerable pero no exagerado en los que almacenó sus respectivas cargas menores. El resto del grupo se encargó de comprar los materiales necesarios (que no eran fáciles de encontrar) para ejecutar el ritual una media docena de veces.

La Biblioteca de Madrid

Con todo el ajetreo Sigrid se dio cuenta de que llevaba algún tiempo sin revisar a fondo su correo electrónico. Y al hacerlo, encontró un mensaje de unos cuantos días de antigüedad que había enviado Ramiro del Hierro, su todavía marido. En él, Ramiro expresaba su alegría por tener noticias de Sigrid y saber que se encontraba sana y libre después de la explosión. Pedía disculpas también por su silencio y aparente desaparición, pero no tenía más remedio que mantener un perfil bajo, porque Emil Jacobsen así lo había ordenado: las autoridades gubernamentales de EEUU y posiblemente de otros países estaban siguiendo cualquier pista que les permitiera encontrar a todos aquellos que tuvieran alguna relación con la explosión del Excelsior o con los coleccionistas Jacobsen y Van Dorn. Incluso este último había optado por retirarse a algún lugar anónimo temporalmente. Y dudaban de que las intenciones del gobierno persiguieran objetivos meramente informativos, así que contactaría de nuevo por correo en cuanto pudiera, pero no podía arriesgarse a que lo detectaran, y menos después de "lo que había pasado con los Omega Prime"... Sigrid arqueó una ceja al leer esto.


jueves, 10 de enero de 2019

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 43

En Busca de Derek (V). De nuevo en Burdeos.
Poco después de que Robert empezara a trabajar en la destilación del Polvo de Dios, Tomaso recibió una llamada de Fredo, uno de sus contactos en Italia que se encargaba de proveer de todas las provisiones y material necesario a la mansión de su abuelo, donde se hallaban escondidas su hermana Andrea, los hijos de esta (sus sobrinos), y la familia de Derek. Un escalofrío recorrió la columna vertebral del italiano cuando se dio cuenta por la débil voz de su amigo que este se encontraba herido de gravedad. En quedos susurros, Fredo solo pudo articular palabras entrecortadas:

 —Tomaso... ten cuidado... va a por ti, va a por ti... ten mucho cuidado... —acto seguido se cortaba la comunicación.

Paolo Belgrano
Preocupado, Tomaso llamó inmediatamente a la mansión, donde le contestó la esposa de Derek, Maggie. Según le contó, no habían visto a su hermana ni a su cuñado desde esa misma mañana, algo extraño ahora que lo pensaba, pero no se habían alarmado por ello. Los niños sí que se encontraban a salvo en la mansión, por suerte. Por la noche la pareja seguía sin aparecer, así que Tomaso pidió que pusieran una denuncia en la policía; Maggie le confirmó que lo harían rápidamente. Cuando compartió la información con el resto del grupo, todos expresaron su preocupación.

Robert anunció, con el laboratorio ya listo, que necesitaría aproximadamente cinco días para producir unas veinte dosis de Polvo, y se puso a ello con fruición.

El día siguiente recibieron sin esperarlo una llamada de Anne Rush. La anciana se mostraba preocupada, y les instó a que acabaran lo que tenían entre manos lo antes posible, pues según les informó, el agente que tenía que entregar el De Occultis Spherae al conde St. Germain en Polonia, había desaparecido en algún punto de ese país. Cuando Sigrid se enteró de este asunto, sintió que se la llevaban los demonios; ya le había dicho a "la vieja" que debía ser ella y no otro quien llevara el libro en persona al conde. Anne les aseguró que habían tomado multitud de precauciones, y su agente no viajaba solo en absoluto, sino escoltado por un nutrido grupo de personas, entre ellos incluso varios militares. Para apagar la urgencia de Anne Rush por su retorno, Tomaso le aseguró que estaban a punto de rescatar a Derek y de conseguir una cierta cantidad de Polvo de Dios de "un contacto". La anciana se interesó al punto por tal contacto y por la posibilidad de tener una provisión de Polvo de Dios, y con la promesa de volver en cuanto pudieran, Tomaso se despidió de ella. Acto seguido, el propio Tomaso y Patrick se reunieron con Pierre Lesnes, el Hijo de St Germain que les acompañaba y que hacía tanto tiempo había "raptado" (en realidad, salvado) a Esther, la hija de Sigrid. Le pidieron por favor que no revelara que el verdadero productor del Polvo de Dios era Robert, y sorprendentemente Pierre les aseguró que no tenían de qué preocuparse; comprendía la importancia de mantener el secreto y sus labios estaban sellados en todo lo que respectara al Polvo de Dios. A no ser que fuera extremadamente necesario hacerlo, claro.

En el devenir de todas las conversaciones, Sigrid no pudo evitar detectar un deje evidente de celos de Pierre Lesnes hacia Francis Kittle —el antiguo activista y ahora agente de la CCSA— respecto a su hija Esther. Frunció el ceño, esperando que aquello no acarreara nuevos problemas.

Tomaso decidió acudir a confesarse a la parroquia más cercana. Allí, tras tomarle confesión, el sacerdote le pidió que se quedara para charlar un rato a solas, y así lo hizo. Según le explicó el padre Sebastien, llevaba muchos años siendo sacerdote y al parecer había desarrollado una habilidad innata para detectar a individuos con capacidades "fuera de lo normal". El cura le propuso tomar los votos y entrar a formar parte de la Iglesia, dada la información que le proporcionaba el aura de Tomaso. No obstante, este rechazó la amable invitación y mencionó al padre Jan Borkowski, para sopresa del padre Sebastien. Al preguntarle su opinión sobre el sacerdote polaco, Sebastien aseguró con fruición que Borkowski le parecía una de las personas más buenas que había conocido en su vida y, además, tocado por la Gracia como Tomaso.

Mientras el párroco narraba uno de sus encuentros con el padre Jan, Tomaso se apercibió de dos individuos que accedían a la iglesia. Ambos iban vestidos con trajes negros de corte excelente, pero eso era solo un detalle. Lo importante, y que dejó a Tomaso helado hasta el tuétano, era que uno de ellos era ¡Paolo, su propio hermano, desaparecido tantos años atrás! Y estaba en un estado de forma excelente. Con voz queda, Tomaso pidió a su interlocutor que tuviera mucho cuidado con los recién llegados y que por favor no revelara que él había estado allí. El padre Sebastien asintió, comprendiendo la situación rápidamente, y permitió a Tomaso escabullirse a través de la sacristía y las estancias anexas del clero.

Mientras tanto, en el hotel, Sally llamaba la atención del grupo sobre una noticia que había surgido en medios esotéricos: en ella se afirmaba que el Vaticano había cerrado sus fronteras por algún suceso extraño y desconocido. Dos días más tarde, los medios de comunicación más serios confirmarían una parte de la noticia: el Vaticano cerraba sus fronteras, pero por una extraña enfermedad contagiosa que al parecer había traído un misionero. Sin embargo, en los medios esotéricos ya se afirmaba que las fronteras se habían cerrado porque uno de los conventos de la Santa Sede había caído extrañamente bajo un manto de oscuridad y se comentaba que los residentes y personas cercanas habían comenzado a comunicarse en una lengua muy extraña que parecía poseer a sus hablantes. No hizo falta mucho para que el grupo atase cabos y relacionara los hechos con la lengua Alter.

De vuelta de la iglesia, Tomaso llamó a su primo el padre Dominic Bonelli de Boston para preguntarle por su madre y para advertirle que tuvieran cuidado porque Paolo había vuelto a aparecer después de casi treinta años. Aprovechó para confirmar de nuevo que Jan Borkowski se había marchado al Vaticano junto con Daniel, el hijo de Sigrid poseído por la lengua Alter.

Mientras Tomaso compartía la reaparición de su hermano con el resto del grupo, Jonathan se apartó de la ventana para llamar la atención de todos. Su ojo experto había detectado las pautas para asegurar que varios individuos se encontraban vigilando el hotel, y muy seguramente a ellos específicamente. Lo dispusieron todo para trasladarse de hotel. Con un poco de dinero no hubo problema para que les permitieran salir a través de las cocinas. Antes de dejar la habitación, Jonathan señaló a gente nueva que había revelado a los anteriores; Tomaso confirmó que uno de ellos era su hermano, Paolo. Patrick intentó visualizar su aura, pero no lo consiguió, así que decidieron marcharse sin más tardanza. Accedieron al lobby del hotel y se dirigieron discretamente al pasillo que les daría acceso a las cocinas; mientras lo hacían, algunos de ellos reconocieron en uno de los mostradores de recepción a la enorme figura de Dan Simmons, que conversaba con algunos miembros del personal del hotel; se apresuraron aún más, esquivando la atención del Hombre Malo. Realmente se notaba la ausencia de la protección que les proporcionaba Derek... A partir de entonces no pasarían más de 48 horas en ningún hotel, Pierre y Jonathan protegerían a Robert en el laboratorio; Sally y Esther se quedarían en el hotel y el resto (Patrick, Sigrid, Tomaso y Francis) se movería por la ciudad para no ser un blanco fácil.

El séptimo día, mientras se desplazaban con su coche alquilado desde un punto a otro de Burdeos, un todoterreno se cruzó de repente en su trayectoria, y Patrick no pudo esquivarlo de ningún modo. El impacto fue fortísimo, y varios transeúntes sufrieron los efectos del accidente cuando su vehículo volcó y se estrelló contra la terraza de un restaurante. Dos hombres salieron del todoterreno después de que Tomaso y Francis salieran de su coche. El italiano disparó, con la mala fortuna de impactar en una mujer inocente que se encontraba cerca; el escarabajo mecánico de Sigrid la salvó de ser alcanzada por las balas de los extraños, y finalmente, tras un intenso tiroteo lograron abatirlos. Mientras llegaba a la escena un segundo todoterreno sacaron del coche a un conmocionado Patrick y se alejaron rápidamente de allí, con el corazón encogido al ver que habían provocado la muerte de varias personas y quizá de algún niño. Atravesando un par de centros comerciales y algunas callejuelas no tardaron en despistar a cualquier perseguidor que pudiera vigilarlos. Y entonces recibieron la llamada de Pierre: el francés les instaba a acudir al laboratorio, porque se había congregado mucha gente allí y parecía que iban a intentar entrar a la fuerza. Afortunadamente, los desplazamientos del grupo siempre se habían mantenido cercanos al laboratorio por si sucedía algo así, y no tardaron en llegar al lugar, en una discreta calle de la ciudad. Varios vehículos se habían detenido en las inmediaciones del local y una pequeña multitud se encontraba rondándolo; se trataba evidentemente de varios grupos sin conocimiento mutuo, y todos se encontraban algo indecisos.

De repente, se produjo una explosión moderadamente potente en el laboratorio, y pocos segundos después sus amigos salían corriendo por una puerta lateral aprovechando el humo y la confusión que se había creado en el lugar. Todos los allí concentrados comenzaron a moverse; unos salieron corriendo tras Robert y los demás, y otros se apresuraron a subir a los coches para salir derrapando en su búsqueda. El grupo se acercó a uno de los vehículos que todavía no se había puesto en marcha; el único ocupante bajó del coche sin oponer mucha resistencia, encañonado por Francis y Tomaso. Mientras Sigrid conducía (Patrick tenía un fuerte dolor de cabeza producto del accidente) Francis concertaba un lugar de reunión utilizando los teléfonos seguros. Tras esquivar a varios enemigos sin mayores problemas gracias a las habilidades onirománticas de Pierre, el grupo se reunía de nuevo apretujados en el todoterreno. De vuelta al hotel se trataron las heridas de Patrick y Francis, de mayor consideración que las demás, y Robert reveló que había podido sintetizar 18 dosis del Polvo; el resto del komerievo no utilizado lo había guardado, evidentemente.

A continuación se entabló una conversación sobre el curso de acción más conveniente, y decidieron que inentarían el rescate de Derek en el despacho del profesor Nicholas. Con suerte, la influencia del profesor haría que desde allí pudieran acceder a donde fuera que se hubieran metido Derek y él. Se infiltraron en la universidad por la noche y no tardaron en acceder al despacho; como siempre, las luces estaban encendidas; las apagaron, confiando en que aquello facilitara el tránsito de Patrick a la realidad alternativa o lo que demonios fuera aquello que se había llevado a Derek...


jueves, 20 de diciembre de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 20

La Asamblea de Eskatha (VIII). El Conflicto de los Mediadores.
Durante los tres días que transcurrieron hasta la llegada de los Mediadores, el grupo trabó contacto con los testigos que se habían levantado arrepentidos en la asamblea (y de los cuales solamente quedaban tres además de Suarren y Toreban, pues dos se marcharon de vuelta a sus tierras temiendo represalias contra sus seres queridos). Toreban acabó abandonando Eskatha también, ya reunido felizmente con su hija, agradeciendo a Symeon haberle hecho arrepentirse sinceramente y su trato los últimos días.

El Medidor Eyr'Mattren
Los tres Mediadores tomaron los lugares preeminentes en las mesas de los ujieres tras el estrado, y se llevó a cabo la primera sesión bajo su supervisión. Daradoth le daba vueltas al asunto: si los Mediadores habían acudido allí, era porque juzgaban que lo que estaba a punto de pasar tendría efectos en el devenir de la historia de Aredia, o porque tenía algún tipo de importancia metafísica para el mundo... sintió ganas de sonreir, sabiéndose protagonista de un acontecimiento tan importante, pero pronto pasaron cuando uno de los Mediadores cruzó su fría mirada gris con él.  

Agiond fue el primero en hablar; el príncipe de Bairien hacía gala de una retórica y una oratoria exquisitas, aunque no tan emocionante como las de Ilaith, que había probado ser una oradora de un nivel inigualable para los presentes. No obstante, el discurso fue sólido y sin dudas: Agiond aseguró que hacía muchos años que él mismo no se encargaba de la gestión del complejo de Asyra Sottran —cuya creación simplemente intentó emular los placeres proporcionados en Asyr Esthos, el complejo de placer de Undahl—, y que en todo ese tiempo lo había dejado en manos de un tal Torusan Erkall, uno de sus hombres de confianza. Ya había ordenado arrestar a aquel hombre y cesar la actividad depravada de la isla. Se mostró indignado por el trato que le había sido dispensado, a él, que llevaba más de dieciocho años como gerente, dedicando su vida a la prosperidad de la Confederación. Los Mediadores escucharon el discurso atentamente, intercalando de vez en cuando preguntas a las que Agiond contestaba con toda amabilidad, con su pinta de anciano bonachón.

Keriel y Delsin expresaron luego su preocupación, pues no contaban con ese tipo de argumentación por parte de Agiond, que parecía haber sido bien recibida por los Mediadores y por gran parte de los presentes.

Después de Agiond tomó la palabra Gisaus, que también se mostró escandalizado por las acusaciones que se habían hecho contra su persona. Aseguró que sus continuas visitas a Bairien se debían exclusivamente a las partidas de caza que organizaba con Agiond y huidas a lo más profundo del Valle del Bairien, donde ponían a prueba sus capacidades cinegéticas. No dejó de aprovechar el momento para recordar veladamente que él era el anfitrión de aquel cónclave, y que las consecuencias que podría tener una falsa acusación podían ser catastróficas.

A continuación tomaron la palabra los expertos en leyes de Bairien y de Nímthos, que soltaron largas diatribas seguidas muy atentamente por los Mediadores y los altos ujieres, pero mucho menos por el resto del hemiciclo.

Aquella noche, Symeon detectó de nuevo en el Mundo Onírico un gran número de balizas, que tuvo que deshacer otra vez, con gesto aburrido. Pero pocos instantes después de terminar su trabajo, una figura hizo acto de aparición: una mujer de largo cabello negro, ojos de belleza indescriptible y un fulgor plateado, que sin duda era el yo onírico de la kalorion Selene. Por suerte, no pasó ni un latido de corazón antes de que el errante reaccionara y despertara al mundo de vigilia. Aquello sí que era algo muy preocupante. Al punto, avisó al resto del grupo de la presencia de la comandante de la Sombra, con el correspondiente gesto de preocupación de Daradoth, Galad y Yuria.

Mientras tanto, Galad se había encontrado (casi como cada noche) con Eudorya. La muchacha se mostraba preocupada por  las acusaciones que se habían vertido contra su padre, pero mucho más por el temor de que fueran ciertas; el paladín hizo todo lo posible por convencer de tal cosa a su amada, y la muchacha pareció aceptar tal hecho. Llegado el momento, tendría que tomar el mando de Nímthos, y cuanto antes lo aceptara, mejor para todos. Como casi siempre, se despidieron con un beso.
El día siguiente saltó la sorpresa cuando hizo acto de presencia en la mansión de Tarkal un ujier; traía el mensaje de que la siguiente sesión se retrasaba al menos veinticuatro horas por la necesidad de deliberación de los Mediadores. Todos se extrañaron, pero los juicios de los Mediadores eran tan poco frecuentes que no estaban seguros de que aquello no entrara dentro de la normalidad. Por otro lado, los dos testigos más importantes, Serthas Ónethas y Nemaros Cernad, no despertaron esa mañana. Intentaron hacerles reaccionar por todos los medios, pero se encontraban en una especie de estado comatoso del que no podían salir. Symeon expresó su sospecha de que aquello no podía ser cosa sino de Selene, que justamente había llegado la noche anterior al Mundo Onírico de Eskatha. Si era así, tendrían que proseguir el juicio sin ellos, o arriesgar a Symeon en una misión suicida en el Mundo Onírico para tratar de recuperarlos.

El grupo aprovechó para reunirse con Progerion al anochecer, pues Keriel había sugerido que quizá sería buena idea que él mismo testificara, acusando a su padre bajo juramento. Progerion se mostró contrario a aquella idea, reservándola como último recurso en caso de que todo lo demás fallara. No podía arriesgarse a parecer un traidor a su propia familia y que los comerciantes de Bairien le retiraran su favor.

Esa noche Yuria se despertó sobresaltada al sentir un leve pero incómodo cosquilleo en su cuello. Ya lo había sentido otras veces, cuando el collar que le había regalado su padre la había protegido de algún encantamiento o hechizo. Sin duda, había vuelto a pasar. Se levantó rápidamente, para comprobar que todo estuviera bien. Abrió la puerta de sus aposentos y salió al pasillo. No había ni rastro de los dos guardias que tenían que estar a ambos lados de su puerta (ni de los que tenían que formar en el resto de habitaciones del pasillo), y se detuvo en seco al ver a pocos metros de distancia a Aznele Ereben —la paladín de Olara—, vestida con un camisón y que se giró también sorprendida al escucharla. Yuria abrió mucho los ojos cuando Aznele levantó una mano hacia ella, susurrando algo ininteligible, y acto seguido notaba un cosquilleo en el cuello bastante más intenso que el anterior. La paladín se quedó congelada unos instantes, aparentemente sorprendida; esos preciosos momentos fueron aprovechados por Yuria para atrancar la puerta de su habitación y dar la voz de alarma por las ventanas; a los pocos minutos el edificio hervía de soldados apresurados a ayudar a su comandante, que rápidamente impartió órdenes.

Los guardias que debían haber estado vigilando ante las puertas de las habitaciones de los miembros de la delegación fueron encontrados minutos después, desperdigados y dormidos en los más variopintos lugares. Aznele se encontraba a su vez dormida en su cama, y juraba no recordar nada de lo que Yuria relataba. Una detección de enemigo por parte de Galad no reveló nada raro en la mujer, y tampoco parecía ser presa de ningún hechizo en aquel momento. Más tarde mantuvieron una conversación en la que discutieron las posibilidades de que Aznele hubiera sido, o bien suplantada, o bien poseída.

El día siguiente los ujieres convocaron de nuevo a las delegaciones para continuar con las sesiones del juicio a Agiond y Gisaus. Los testigos que quedaban fueron interrogados por las dos partes, y los Mediadores escucharon atentamente. Escucharon sin hacer ni una sola pregunta, cosa que extrañó al grupo, pues el primer día habían estado realmente activos al respecto. Sin embargo, ninguno de los testigos que quedaba con capacidad para exponer su testimonio podía implicar directamente a Agiond o a Gisaus sin mentir; aunque Suarren juró que era el propio Agiond quien proporcionaba las contraseñas para entrar a la isla, eso no demostraba que estuviera enterado de las depravaciones que allí se producían. Seguro que Nemaros o Serthas habrían podido dar testimonios mucho más determinantes, y si su incapacidad era cosa de Selene, ¿a qué clase de trato habría llegado Agiond con los aliados de la kalorion (presumiblemente Rakos y la delegación de Undahl)? La sesión concluyó con un sabor amargo para los partidarios de Ilaith.

Esa noche, Symeon se arriesgó. Tras entrar al Mundo Onírico, accedió al nivel siguiente: la Dimensión de los Sueños, donde los sueños de todos los seres sentientes del mundo se mostraban como pequeñas estrellas a modo de enorme galaxia. Con mucho esfuerzo, consiguió realizar la proeza de encontrar el sueño de Serthas Ónethas, el hermano de Agiond. Efectivamente, como había sospechado, alguien lo había manipulado: la esfera de cambiante superficie se encontraba rodeada de una especie de cadenas translúcidas que debían de ser las que impedían que Serthas despertara. Parecía que el propio sueño debilitaba las cadenas con el tiempo, pero no sabía cuánto aguantarían todavía. Intentó romperlas, hacerlas desaparecer, retorcerlas y doblarlas, pero no consiguió nada a pesar de sus titánicos esfuerzos. Agotado, decidió retirarse y volver al sueño normal, agradecido por que Selene no hubiera hecho acto de aparición.

En una nueva reunión de madrugada, el resto del grupo decidió que en la sesión del día siguiente, si no tenían la suerte de que los testigos despertaran, debería testificar Progerion para implicar directamente a su padre; no les quedaba más remedio que arriesgarse si querían convencer a los Medidadores.

*****

La delegación de Tarkal intercambió miradas de extrañeza al iniciarse la sesión del día siguiente: en la mesa presidencial solamente se sentó uno de los tres Mediadores: Eyr'Mattren. Todos los presentes se miraron, confundidos, hasta que uno de los altos ujieres anunció que el juicio sería presidido por Mattren en solitario y que debía continuar.

Keriel Danten subió al estrado, donde realizó un alegato previo explicando la extrañeza de la situación de los testigos más importantes, y anunciando que iban a llamar a testificar a un nuevo sujeto. Pero antes de que pudiera decir el nombre de Progerion, Eyr'Mattren se puso de pie y la interrumpió:

 —No será necesario interrogar a ningún nuevo testigo —dijo con estentórea voz—. Tengo los datos suficientes para emitir un veredicto —Keriel se retiró del estrado, inclinándose respetuosamente.

Un ligero murmullo se propagó por la sala. Muchos no entendían lo que estaba sucediendo. El Mediador prosiguió:

 —Príncipe Agiond, príncipe Gisaus, habéis cometido la...

Un potente golpe en la puerta del hemiciclo le interrumpió. Un segundo golpe hizo que los ujieres retirasen el tablón que la atrancaba y que un tercer golpe la abriera bruscamente. Entraron al hemiciclo los otros dos Mediadores, Nyr'Sontaras y Nyr'Vuredan.

Los tres jueces supremos empezaron a discutir en idioma ancestral, desconocido por todos los presentes. Solo Symeon y Daradoth entendían algunas palabras sueltas, el primero gracias a su conocimiento del idioma minorio, emparentado con el ancestral, y el segundo por sus ligeros conocimientos de este último. La discusión pareció ir subiendo de tono mientras los recién llegados bajaban las escaleras del hemiciclo hasta quedar a media altura, no muy lejos de donde se encontraba sentada la delegación de Tarkal. Lo poco que entendieron el elfo y el errante fue que Mattren hablaba de ser un Eyr, que los Nyr no podían socavar su autoridad, y que lo que les había ocurrido no era normal.

Con un silbido de metal, los Nyr sacaron sus espadas en un visto y no visto. Daradoth, que estaba prevenido para aquel momento, saltó haciendo uso de sus capacidades sobrenaturales. Tomó prestada una espada de uno de los ujieres y cargó contra el llamado Vuredan. Mientras tanto, dos detonaciones asustaron a todos los que se encontraban alrededor de Yuria; uno de los proyectiles disparado por sus pistolas rompió una de las costillas del Mediador Sontaras. Eso permitió a Mattren desenvainar a su vez y cargar contra ellos en un silencio estremecedor. Cuando Daradoth descargó un golpe contra Vuredan, que se había girado hacia él, un destello cegador hizo que perdiera la visión durante varios instantes. A una velocidad endiablada, Eyr'Mattren  y Nyr'Sontaras, herido por la bala de Yuria, descargaron varios golpes el uno contra el otro, con los destellos cegadores correspondientes; finalmente Mattren se impuso y derribó a su contrincante. Estentóreamente lo "declaró culpable" y clavó su espada en su cuerpo; con un nuevo destello mucho más fuerte que los que ya se habían producido y que dejó temporalmente invidentes a muchos en la sala, Sontaras desapareció por completo. Por su parte, Yuria corrió hacia Vuredan, que estaba arrinconando a Daradoth; sacó el colgante de su cuello y tocó la nuca del Mediador con él; este cayó fulminado al instante, para sorpresa de todos los testigos de la escena. Mattren se detuvo, asimilando lo que había ocurrido, y se acercó lentamente, mirando fijamente con esos horribles ojos grises a Yuria. Y repitió la acción que había realizado con Sontaras: anunciando que encontraba a Vuredan culpable, clavó su espada en el pecho del caído, que también desapareció tras un violento estallido cegador. Con un gesto de asentimiento hacia Yuria y Daradoth, comenzó a bajar las escaleras y a hablar de nuevo a todos los reunidos allí:

 —Esto no cambia mi decisión. Agiond, Gisaus, sois declarados culpables de los cargos presentados y, lo que es peor, ¡¡culpables de mentir a un Mediador!! —hizo una pausa y miró alrededor—; y la pena por mentir a un mediador es la muerte.

Un murmullo incontrolable se adueñó de la sala, mientras Agiond y Gisaus mostraban su sorpresa y mucha gente que se había sentado de nuevo mientras los ujieres tomaban posiciones se levantaba para dar su opinión. Eudorya lloraba, lágrimas resbalaban por sus mejillas, pero su gesto era serio, de una determinación de hierro. Rakos Ternal intentó encontrar argumentos para intentar hacer cambiar de opinión al juez.

No obstante, por mucho que la gente gritara y quisiera hacer cambiar de opinión a Mattren, la sentencia de un Mediador era inquebrantable. A continuación, este dio órdenes para que los ujieres construyeran un cadalso en la plaza ante el hemiciclo, y para que los culpables quedaran bajo la custodia de Ilaith en la sede de Tarkal. En veinticuatro horas se ejecutaría la sentencia.

Custodiados hasta la sede de Tarkal, Agiond y Gisaus intentaron negociar desesperadamente con Ilaith un acuerdo para que los dejara marchar. Pero la princesa comerciante se mostró impermeable a las peticiones de ambos y no podía arriesgarse a incumplir las órdenes de un Mediador, así que los arrojó al calabozo, diciéndoles que deberían afrontar las consecuencias de sus actos. Yuria redobló la vigilancia esa noche, y dio órdenes para que la gente permaneciera despierta el máximo tiempo posible.

La noche no fue tranquila; cuando cundió el rumor de lo que había pasado en la Asamblea, estallaron disturbios por toda la ciudad e incluso volaron algunas antorchas hasta el interior de la sede de Tarkal. Afortunadamente, los soldados de Nímthos consiguieron restablecer el orden entrada la madrugada. Galad supuso que Eudorya habría dado las órdenes y de ese modo habría mantenido la lealtad de los guardias del principado, evitando su rebelión.
Aparte de los disturbios y los problemas, la sede de Tarkal recibió la visita de varias delegaciones a lo largo de la noche. Krül, Undahl, Nímthos, y algunas más. Rakos, el príncipe de Undahl, pidió a Ilaith que dejara escapar a los prisioneros, no podían permitir que murieran unos príncipes, era demasiado. Ilaith no accedió a ninguna petición, pero se comprometió a reunirse al día siguiente con todos los príncipes para pedir de nuevo piedad a Eyr'Mattren. Y así lo hizo, pero no sirvió de nada, porque Mattren se mantuvo firme en su sentencia.
Así que, con una multitud reunida en la plaza silbando y abucheando, el Mediador subió al cadalso y les dirigió unas palabras, hablando de la gravedad de mentir a un Mediador y la necesidad de afrontar las consecuencias de las acciones realizadas. La gente fue callando poco a poco, hasta hacerse un silencio sepulcral. En silencio, Mattren ejecutó la sentencia cortando las cabezas de Agiond y Gisaus. Eudorya ya era una roca a esas alturas, asqueada por lo que había descubierto de su padre y su "tío". El silencio apenas se rompió mientras la gente de la plaza se retiraba cabizbaja.

Una vez tranquilos, Mattren respondería a las preguntas de Daradoth y Yuria en deferencia a la ayuda que le habían prestado y que posiblemente le había salvado la vida. El elfo y la ercestre le preguntaron por lo que había sucedido entre él y sus compañeros, y les explicó que Sontaras y Vuredan no habían detectado las mentiras de Agiond y Gisaus igual que lo había hecho él, y eso sí que era algo insólito. Por su parte, el grupo intentó que Mattren se interesara por la presencia de uno de los kaloriones allí y por el conflicto entre Luz y Sombra que se estaba produciendo, pero el Mediador no pareció querer profundizar en esos temas. Se despidió y se marchó, caminando.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 19

La Asamblea de Eskatha (VII). Ilaith revelada.
Ilaith continuó su vehemente discurso anunciando la comparecencia en el estrado de dos testigos que podrían corroborar sus acusaciones, testigos que acudían allí por propia voluntad como resultado de su arrepentimiento.

Agiond Ónethas, Príncipe de Bairien
Debido a la gravedad de los cargos presentados, el gerente de los ujieres, Quelius Vorodel, anunció la suspensión de la Asamblea hasta la resolución del peliagudo asunto planteado por Tarkal.  El día siguiente se celebraría una sesión extraordinaria en la que comparecerían los testigos anunciados por Ilaith. Evidentemente, en aquellas condiciones Agiond no estaba legitimado para ejercer como gerente de la Confederación, y habría que despejar todas las dudas al respecto antes de continuar con asuntos de índole menos grave. La delegación de Tarkal partió del hemiciclo ante el silencio de gran parte de las otras delegaciones y las increpaciones de la otra parte.

Esa tarde Ilaith recibió un gran número de visitas, interesadas en obtener más información sobre el asunto. Una de esas visitas fue del hijo menor de Agiond, Surelion, que acudió con la intención de llegar a un acuerdo amistoso con la princesa de Tarkal y no llegar así a "un juicio que perjudicaría a toda la Confederación". Ilaith lo miró con suficiencia y negó cualquier posibilidad de pacto que no incluyera la renuncia de Agiond como gerente de la Confederación y príncipe de Bairien; Surelion, como último cartucho, prometió a Ilaith que le conseguirían en monopolio sobre el comercio de kregora de la Confederación. Sin embargo, juzgando que eran promesas que Agiond no sería capaz de cumplir (y porque, después de todo, la princesa tenía objetivos mucho más elevados), Ilaith despidió a Surelion rechazando su propuesta. Este se marchó lamentando lo que iba a ocurrir los siguientes días. En la conversación que siguió a su marcha, el grupo planteó alternativas para evitar que Agiond nombrara a Surelion y no a Progerion como su sucesor, pero deberían ser tratadas más adelante conforme se desarrollaran los acontecimientos.

Tras una noche tranquila en el Mundo Onírico, el día siguiente el grupo se aprestó a acudir al hemiciclo tomando fuertes medidas de seguridad tanto para los testigos como para sí mismos. La tensión se podía palpar en el ambiente, y un leve gesto de negación de Surelion fue suficiente para confirmarles que su padre no había aceptado ni de lejos las condiciones de Ilaith.

En el estrado, Keriel Danten, la experta en leyes de Tarkal, tomó la palabra y presentó los cargos contra Agiond y todo aquel que se descubriera implicado en escándalo de Asyra Sottran. A continuación tomó la palabra Meravor, que llamó al estrado a los testigos, y los dos comerciantes acudieron escoltados por los maestros de esgrima Taheem y Khain Malavailos. Daradoth sonrió cuando gran parte de los presentes llamó la atención sobre las runas falmor que lucían sus compañeros y que los acreditaban como consumados maestros del arte de la espada.

Suarren, que todo el tiempo había estado bajo una fuerte custodia (al igual que Torevan) fue el primero en hacer acto de presencia en el estrado que ocupaba el centro del hemiciclo. Cuando el comerciante de Mírfell relató con todo lujo de detalles la clase de depravaciones que se producían en aquella isla bajo la protección de Agiond Ónethas, la sala fue quedando poco a poco en silencio; aunque muchos de los presentes no podían creer lo que contaba, otros muchos se miraban asombrados por lo que estaban oyendo; el asombro no tardó en dar paso al horror cuando Suarren habló de las cosas terribles que se hacían en la isla relacionadas con niños y bebés. En algunas ocasiones, la gente lo increpaba, pero los ujieres consiguieron mantener el orden hasta que el comerciante concluyó su alegato y contestó a las preguntas de Ilaith y su séquito. Torevan no pudo sino corroborar todo lo que había contado Suarren, aunque él mismo no había cometido actos de una depravación tan enorme como el arrepentido mírfellense.

Con la sala por fin en silencio, fue Galad el que tomó la palabra. Increpó a los allí presentes alegando a su integridad moral y su conciencia, y animó a los que conocían la isla y posiblemente disfrutado de ella a que se arrepintieran y reconocieran su existencia y sus propios errores [Punto de destino]. El paladín brilló con la Gracia de Emmán, mientras unas voces celestiales coreaban cada una de sus palabras en los oídos de todos los presentes; la delegación de Undahl rebulló incómoda, mirándose preocupados. Tal Gracia Divina, unida a su propia vehemencia y prolijidad, caló en los corazones de casi todos los presentes, algunos de los cuales incluso derramaron lágrimas.

Un comerciante se levantó, y luego otro, y otro, y otro, y aún otro más, hasta contabilizar un total de cinco. Algunos de ellos llorando, todos con un gesto de pesadumbre, se acercaron al estrado cuando Galad los invitó a bajar, secundado por Meravor y felicitándolos por haber tomado la decisión correcta. Serenos Rythad de Krül, Meben Eleas de Adhëld, Esthass Ónenos de Bairien y Nemaros Cernad de Nimthos bajaron uno tras otro al estrado. Y por fin, el de mayor rango entre los cinco que se habían levantado: Serthas Ónethas de Bairien, ¡el propio hermano de Agiond! Este intentaba guardar la compostura, pero era evidente que nunca habría esperado que su hermano reaccionara de aquella manera; la sorpresa, unida a la conmoción que en él mismo habían causado las palabras de Galad, resultaban en una expresión casi de dolor en su rostro. El silencio más absoluto se hizo en el hemiciclo cuando los cinco arrepentidos se congregaron en el estrado, relatando sus experiencias y acusando a Agiond de ser el responsable de todo aquello. Nuevas exclamaciones de asombro y rabia se alzaron en el hemiciclo cuando Nemaros Cernad lanzó una nueva acusación hacia Gisaus Athalen, el príncipe de Nímthos, afirmando que disfrutaba muy a menudo de los placeres que la isla ofrecía. La delegación de Nímthos pareció reaccionar ante aquella ofensa, y en un efecto dominó, el caos volvía a adueñarse de la sala durante unos minutos, acusando a Ilaith de haberse rodeado de individuos que acabarían con siglos de paz en la Confederación; mientras tanto, Agiond reclamaba consejo de su séquito. La elfa oscura y la delegación de Undahl en general guardaban silencio, mirando apreciativamente al paladín de Emmán. Un par de delegaciones intentaron abandonar la sala, indignadas por la situación, y los ujieres tuvieron incluso que arrestar a Dorias Athalen, el tío de Gisaus, que había roto a insultar muy gravemente a Ilaith.

Symeon tomó a continuación la palabra, para exponer el tema de la reunión entre Agiond y Robeld de Baun, el marqués de Arnualles del Reino de Esthalia. Acusó a Bairien de querer abrir la Confederación a una potencia extranjera poniendo en peligro su integridad, confiando en que aquello pondría a más delegaciones de su lado.

A continuación los ujieres cancelaron la sesión, convocando otra el día siguiente para que Agiond y Gisaus pudieran plantear su defensa. Esa misma noche, los comerciantes arrepentidos de Krül y Adhëld se apresuraron a retornar a sus tierras temiendo represalias contra sus familias; por su parte, Nemaros, Serthas y Esthass prefirieron permanecer en Eskatha bajo la protección de Ilaith.

Symeon repitió su rutina en el Mundo Onírico y detectó de nuevo otra de las "balizas" que emitían una especie de zumbido casi imperceptible. No le costó destruir la baliza, pero no pudo evitar quedarse con la sensación de que algo nuevo se escapaba de su percepción.

El día siguiente se celebró la sesión donde Agiond y Gisaus defenderían su inocencia. La sesión fue muy breve. Para sorpresa de todos, Agiond realizó un alegato muy breve:

 —Ante la ignominia sufrida, reclamo la presencia de los Mediadores para someter a su Justicia este asunto. Ta'er ka'er toriendhei —la antigua fórmula en idioma ancestral para convocar a juicio a los Mediadores resonó durante algunos segundos en el silencio del hemiciclo.

Yuria e Ilaith se miraron, sorprendidas por lo que acababa de pasar. Como cualquier persona sobre la faz de Aredia, la ercestre conocía las palabras, pero no les había dado más crédito que el que se daba a cuentos de viejas y a antiguas leyendas; pero aquí, en el Brazo Sur, la población estaba más unida a las antiguas tradiciones, y por lo visto lo que contaban las historias sobre los Mediadores era cierto después de todo. Tras las palabras de Agiond, los ujieres suspendieron la sesión en espera de que algún Mediador acudiera a la llamada; según la tradición, deberían esperar hasta diez días a que alguno de ellos se manifestara; pasado ese plazo, si ninguno se había personado allí, significaría que el asunto no era de su incumbencia y el juicio seguiría los derroteros normales.

Pasaron tres días.

Durante aquellas jornadas, la delegación de Tarkal recibió visitas de las otras delegaciones, unas confiadas, otras preocupadas. Algunas se ofrecían a actuar de intermediarios para resolver aquel asunto, otras querían simplemente convencer a Ilaith de algo. También se reunieron con los aliados, los esthalios, Mervan y Korvan, tranquilizándolos y asegurándoles que todo saldría bien.

La tercera noche, Symeon se sorprendió al descubrir ¡treinta y ocho balizas! en el Mundo Onírico. Por supuesto, las deshizo todas, aunque no había forma de estar seguro de haberlas descubierto todas.

Por fin, una mañana temprano, algunos soldados acudieron a la delegación con la noticia que ya se propagaba como la pólvora por toda la ciudad: nada menos que ¡¡¡tres!!! Mediadores habían hecho acto de aparición en las puertas del hemiciclo, donde habían sido recibidos por los ujieres.

Pronto fueron convocadas todas las delegaciones al hemiciclo, donde en un sitio preeminente habían tomado asiento los recién llegados. El que parecía el líder de los tres dijo llamarse Eyr'Mattren, y presentó a sus compañeros Nyr'Sontaras y Nyr'Vuredan (como algunos de ellos sabían, los prefijos indicaban algún tipo de división entre los extraños jueces). Afirmó que velarían por la Justicia del asunto tratado, y que todos deberían acatar su decisión. El grupo sintió algo de decepción al principio, pues los Mediadores no eran las figuras impresionantes que habían imaginado, pero su forma de hablar y de moverse, las rutilantes espadas que lucían, los ojos de un gris sobrenatural, la imposibilidad de determinar sus edades y las pequeñas balanzas de oro soldadas a sus muñecas acabaron por convencerlos de que estaban ante seres extraordinarios con los que sería bueno extremar las precauciones. A sugerencia de Daradoth, Galad invocó su capacidad para detectar "enemigos", y contra todo lo esperado, al paladín le fueron revelados como adversarios los Mediadores Sontaras y Vuredan. Aquello sí que era un problema inesperado...


miércoles, 21 de noviembre de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 18

La Asamblea de Eskatha (VI). La Asamblea comienza.
El sueño de Galad relacionado con la familia Athalen comenzó con él en forma de cuervo sobrevolando una extensa llanura, hasta que se fijó en una manada de leones preponderante sobre toda la fauna de la región.

La manada de leones era suprema, y ningún otro ser vivo osaba cuestionar su status. Hasta que finalmente, las hienas se organizaron. En un tiempo muy corto no quedaba ningún león vivo para disputar el territorio a los grandes cánidos. Y una vez que acabaron con los leones, las hienas comenzaron a matarse entre sí, sin piedad, de forma cruel. La más poderosa de ellas fue asesinada por un cónclave de sus descendientes, y entonces, de repente, cayó la noche; y desde las sombras aparecieron los lobos. Un grupo de enormes lobos blancos aulló hasta hacer que casi le estallaran los tímpanos a Galad. Aullaron tan fuerte que las propias estrellas se apagaron y la oscuridad se adueñó de todo. Con un leve parpadeo, las estrellas volvieron a alumbrar la escena; los lobos habían desaparecido y la hiena muerta vivía de nuevo, fuerte, poderosa. Uno a uno, asesinó y devoró a todos sus congéneres. El cuervo que era Galad, agotado de volar, cayó finalmente al suelo mientras la enorme hiena se avalanzaba sobre él.

Temprano por la mañana comentaron el sueño y sacaron en conclusión que debía de haber algo sobrenatural en el pasado de la familia Athalen, aunque no sabían qué podría ser. Intentaron averiguar si durante la toma de poder de Gisaus habían sucedido hechos escabrosos, pero si así había sido, Nimthos había preservado muy bien sus secretos.

El paladín y Yuria se dirigieron esa mañana a visitar al príncipe Nercier Rantor para apaciguar los ánimos después de la tensión con la que había acabado la anterior reunión y afianzar su alianza. Insistieron en la importancia de que el enemigo no era el rey o la reina, sino el arribista marqués de Arnualles, y se emplazaron de nuevo la madrugada siguiente para celebrar una nueva reunión con los esthalios que limara asperezas.

Poco después, la delegación de Evenlud llegaba a la sede de Tarkal, convocados de nuevo por Ilaith. Tras una intensa negociación, la princesa les concedió una participación del 10% (más una posterior del 1%) sobre las minas de oro que habían descubierto recientemente en los montes Darais (y que se encontraban explotadas por los enanos de Nezar, aunque tuvo buen cuidado en no revelar este dato). A cambio, Diyan Kenkad apoyaría a Ilaith en su aspiración a la gerencia de la Confederación. Evidentemente, la princesa de Evenlud sospechaba de que Ilaith le hubiera concedido tanto simplemente por apoyarla para ser gerente, e imaginaba que algo más entraba en sus planes, pero prefirió no cuestionar más sus motivos, al menos de momento. Por otra parte, el contrato que se firmó fue bastante complejo, y se añadieron muchísimas cláusulas; casi de refilón se añadió una cláusula que obligaba al apoyo militar en caso de que los yacimientos o recursos de uno u otro principado se encontraran bajo amenaza; este punto fue muy celebrado por Ilaith, Delsin y Ernass.

Una vez que Diyan y su séquito se hubieron marchado, el grupo pasó a discutir con el resto de los miembros de la delegación de Tarkal la estrategia a seguir en la Asamblea; no les quedaría más remedio que pedir la "Palabra de Urgencia" si querían asegurarse de hablar antes que los demás para exponer los hechos; el problema es que si más Principados solicitaban lo mismo, el orden de palabra se asignaría por sorteo; esperaban que no fuera así.

Esa noche se canceló la reunión que Delsin había acordado con Mírfell para celebrar una nueva reunión entre los esthalios del duque Estigian, Mervan y Tarkal. Unas palabras contemporizadoras de Daradoth permitieron que los ánimos se apaciguaran y se renovaran las buenas intenciones de los allí reunidos. Se trató de nuevo el tema del marqués de Arnualles y el apoyo de Ilaith a Esthalia y la Luz, abriendo la posibilidad de establecer un frente común en el futuro.

En el Mundo Onírico Symeon no tardó en percibir que el círculo de aviso que había puesto alrededor de la sede de Tarkal había desaparecido, y volvía a haber presente una baliza de aviso. Con los conocimientos adquiridos la vez anterior no le fue difícil deshacer de nuevo la baliza; pero no fue lo suficientemente rápido como para protegerse de la presencia que apareció a los pocos instantes; el recién llegado lo retuvo durante unos momentos de angustia hasta que el errante consiguió despertar al mundo de vigilia. No le fue posible reconocer a la figura, pues tanto el extraño como el propio Symeon mantuvieron perfectamente sus camuflajes. Por la mañana volvió a entrar al Mundo Onírico; ya no había nadie allí, así que estableció de nuevo un círculo de aviso. Poco después observó la presencia de un pájaro blanco de aspecto bidimensional que volaba a gran altura; en cuanto fijó su mirada en él, el pájaro se detuvo en seco en el "aire" y tras un brevísimo instante de pausa durante el que quedó suspendido, salió como un rayo en dirección norte. Symeon intentó seguirlo, pero el "pájaro" —que como averiguaría más tarde debía de tratarse de un "guardián de zona"— viajaba extremadamente rápido y al llegar al océano prefirió no continuar, recordando los avisos de su maestro Norren sobre su peligrosidad en el Mundo Onírico.

Y por fin, el día siguiente a mediodía, la Asamblea de Eskatha comenzó. Entre toques de campanas y trompetas las delegaciones fueron acudiendo al Hemiciclo ordenadamente, tomando posesión de sus respectivas bancadas; además se habían habilitado dos bancadas extra para los ástaros del Pacto de los Seis y para la delegación esthalia. Los ujieres ("funcionarios" compartidos por todos los principados) se encargaron de que toda la ceremonia  discurriera sin incidentes y con la grandiosidad que se requería. Finalmente, Agiond Ónethas, como gerente de la Confederación, subió al estrado para dar el discurso de apertura; la delegación de Tarkal, con el grupo incluido, cruzó los dedos para que no aprovechara para exponer ningún tema que perjudicara a sus intereses.

Afortunadamente no fue así y el príncipe de Bairien se ciñó al protocolo, exponiendo datos de la Confederación en conjunto y los logros más destacados de ese año. También pidió disculpas por su tardanza en acudir a la capital, alegando motivos de salud, y manifestó sus buenos deseos para la Asamblea. A continuación ascendieron al estrado los diferentes príncipes comerciantes presentando sus resultados. Ilaith maquilló los suyos a la baja, prescindiendo de los datos de los nuevos metales y las nuevas minas de oro, todo lo contrario que Rakos Ternal. Los resultados de Undahl llamaron la atención de todos los allí reunidos por su extraordinario crecimiento gracias al comercio de Kregora; algunos los recibieron con admiración, y otros con envidia. Con aquellos resultados, Undahl se situaba como el segundo principado más rico después de Nimthos. Rakos no parecía preocupado por las ampollas que pudiera levantar, incluso parecía regodearse... no parecía una maniobra muy prudente. Pero la presencia de un minotauro y una elfa oscura en su bancada (habilitada especialmente para la enormidad del humanoide astado) le daban una confianza de la que posiblemente hubiera carecido de otro modo.

Poco después del cierre de la sesión, Meravor y Yuria se dirigieron en privado a las oficinas de los ujieres para pedir la Palabra de Urgencia para Tarkal en la sesión del día siguiente.

Esa tarde, Iliaith se reunió con sus aliados más cercanos: decidieron que tanto Mervan como Korvan pedirían también la Palabra de Urgencia para contrarrestar posibles peticiones similares de sus enemigos y tener más posibilidades de exponer sus peticiones antes que ellos, y así lo hicieron.

El día siguiente, el ujier encargado de las formalidades para abrir la segunda sesión de la Asamblea golpeó con su bastón en el suelo para reclamar la atención de los presentes. Con gesto adusto, anunció que "por primera vez desde hacía más de un siglo" nada menos que seis principados habían solicitado la Palabra de Urgencia. La delegación de Tarkal rebulló incómoda casi al completo. Con la ceremonia pertinente, se procedió al sorteo de los turnos de palabra haciendo uso de las bolas de colores que presidían el estrado de los oradores, y que representaban a los diferentes principados confederados. Unos pocos minutos de tensión desembocaron en un resultado extraordinario para los intereses de Tarkal, pues el orden de palabra quedó fijado así: 1.Tarkal, 2.Nimthos, 3.Bairien, 4.Undahl, 5.Mervan, 6.Korvan.

Por tanto, Ilaith subió al estrado para tomar la palabra. Y puso toda la carne en el asador: con gesto grave y haciendo uso de todo su saber estar y diplomacia, anunció:

 —...pues uno de nuestros Príncipes, precisamente el primero entre nosotros, está atentando contra toda norma de moralidad y principios básicos de la dignidad humana...

Se refería claramente al príncipe Agiond, cuyo rostro permaneció impasible durante todo el alegato, todo lo más con alguna ligera muestra de estupefacción cuando Ilaith habló de la isla Asyra Sottran y las depravaciones que se llevaban a cabo allí. Muchos de los allí reunidos se escandalizaron por la magnitud de lo que implicaban las descripciones de Ilaith, algunos indignados y gritando que aquello no eran más que injurias sin sentido. Estas voces se acallaron cuando Ilaith aseguró que contaba con testigos que en breve subirían a presentar su testimonio bajo juramento y sin coacción, y cuando solicitó el cese en el cargo de Agiond y su renuncia como Príncipe de Bairien.

Un caos controlado se adueñó de la sala. Alguien increpó a Ilaith:

 —¡¡¡Embustera!!!, ¡tú eres la que está carcomiendo los cimientos de la Confederación!

Los ujieres tuvieron que hacer uso de toda su autoridad para imponer de nuevo el orden en la sala.