He aquí el reparto de Personajes Jugadores para la nueva temporada de El Día del Juicio.
Patrick Sullivan.
Doctor en filosofía, 35 años.
Intelectual despistado en busca de la Verdad, últimamente se ha visto envuelto en acontecimientos extraordinarios que le han hecho replantearse sus convicciones.
Sigrid Olafson.
Anticuaria, 47 años.
Ecologista y erudita habla varios idiomas. Perfeccionista y muy crítica, es atractiva aunque la traiciona un ligero aire de superioridad.
Robert McMurdock.
Ejecutivo y químico, 34 años.
Es uno de los mayores filántropos del noreste de los Estados Unidos, creador de varias ONGs y director ejecutivo de Chemicorp, una de las mayores empresas químicas del mundo.
Tomaso Belgrano.
Modelo y gourmet, 34 años.
El atractivo de Tomaso es innegable, hijo de inmigrantes italianos gusta siempre de ir vestido de forma elegante y guardar sus formas de caballero.
Derek Hansen.
Director de la CCSA en NY, 40 años.
Luchador incansable por los derechos sociales, Derek es un coleccionista compulsivo de mapas antiguos que odia la violencia y trata por todos los medios de solucionar los conflictos a su alrededor, con una fortuna fuera de lo común por lo general.
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Publicaciones
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La Santa Trinidad La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas. |
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Los Seabreeze Una campaña de CdHyF "Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros. |
domingo, 10 de abril de 2016
El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 1 - Capítulo 3
La Subasta (y III)
Por la mañana, Sigrid se dirigió a la cafetería a desayunar con Ramiro del Hierro, el hombre del que estaba separada -aún no divorciada-. El día anterior habían intercambiado opiniones sobre la subasta y la anticuaria noruega estaba interesada en la opinión de su ex marido. La conversación pronto derivó a misterios esotéricos, de los que Ramiro era un gran aficionado.
No había transcurrido mucho tiempo cuando Sigrid se dio cuenta de que la guapísima mujer que había pasado la noche con Patrick se encontraba sentada en la barra, mirándolos y escuchándolos con todo el descaro del mundo. Al cruzar la mirada, la mujer se acercó y se autoinvitó a la mesa de la pareja. Se presentó como Dulce da Silva, anticuaria portuguesa. Al parecer, ella también había hecho alguna clase de pacto con Dan Simmons, y les explicó que se le llamaba "el hombre malo" por una buena razón; sin embargo, se mostró críptica sobre esto. También mencionó a Patrick, del que dijo que tenía "mucho potencial esotérico", significara eso lo que quiera que significara.
Una vez que la mujer acabó su copa se marchó sin ceremonias. La conversación había revelado a Sigrid cosas muy interesantes. Ramiro, preocupado por la seguridad de su ex mujer (a la que todavía amaba) y de los amigos de ésta, decidió sincerarse: afirmó que hacía poco se había convertido en "Bibliomante", capaz de percibir y manejar de forma limitada el poder oculto en los libros. Podía acceder al significado de las cosas, a la verdadera realidad. Sigrid no salía de su asombro. Al parecer, había todo un submundo que era capaz de canalizar distintas clases de poder para conseguir realizar algo parecido a "hechizos" o "sortilegios". El problema es que se necesitaban actos, objetos u alguna otra cosa con el significado suficiente para el aporte de la energía necesaria. En su caso, los libros muy antiguos y/o importantes eran los que le proveían del significado necesario para poder generar lo que él llamaba "cargas". Las "cargas" eran cuantos de poder, necesarios para la relización de efectos "alteradores de la realidad". Que Ramiro supiera, al menos había dos tipos distintos de "magos" (odiaba esa palabra), aunque le constaba que debían de existir muchos más: los Bibliomantes, como él, y los Cliomantes, cuyo poder procedía de lugares con significado histórico. Atendiendo a su intensidad, las cargas podían ser más o menos poderosas. Alguien con una carga realmente poderosa podría alterar la misma estructura de la realidad. Estas eran las que proporcionaban el verdadero poder.
También reveló que tanto Paul Van Dorn como Emil Jacobsen eran Bibliomantes, y muy poderosos. Y ambos querían conseguir el libro llamado "De Occultis Spherae" a toda costa.
Sigrid tenía miles de preguntas que hacer, pero Ramiro siguió contando a su ritmo: para adentrarse en los caminos de los adeptos había que perder la cordura, perder el foco de la realidad. Él se perdió, y se obsesionó, y por eso su relación con Sigrid se deterioró tanto. Pero la guía de Emil lo sacó del agujero y le permitió aprender a manejar su nueva situación. Tras poner en orden sus pensamientos y sus opiniones, Sigrid le relató a Ramiro el extraño sueño de Patrick que hizo que el grupo llegara a reunirse. Ramiro, sombrío, expresó su opinión: el tal Patrick debía de tener un gran poder latente. Y que no deberían contar a nadie sus sueños, porque sin duda se encontrarían con gente que querría dominar al profesor y usarlo en su propio beneficio. Y la primera candidata, desde luego, parecía ser la mujer portuguesa.
Durante la comida, Sigrid relató a sus compañeros toda la conversación con Ramiro, y cómo parecía que se habían metido de lleno en medio de un conflicto ocultista de grandes proporciones.
Y llegó el segundo día de la subasta. Se pujó fuerte por varios objetos, cuya valoración siguió sorprendiendo a Sigrid, pues ella los tasaba por precios mucho más bajos.
Poco rato después, reunidos con Ramiro, éste les contó que ciertos efectos mágicos producían fenómenos antinaturales como frío intenso o variación de la percepción del tiempo. Es posible que ese frío fuera lo que Patrick sintió en el vestíbulo del hotel la primera vez que entraron.
Por la noche, las pesadillas de Patrick volvieron con toda su intensidad. Se despertó al oír un grito en el pasillo. Hacía un frío cortante a pesar de la climatización de las habitaciones. Malcolm y Sigrid despertaron también en sus habitaciones. Era Ramiro el que gritaba en el pasillo. Sigrid se asomó rápidamente y pudo ver a Ramiro contra una pared con todo el brazo derretido y gritando de puro dolor. Enfrente se encontraba Dan Simmons, lanzando a un tío contra la puerta sin esfuerzo aparente. Detrás de Simmons salía uno de sus hombres con un cuchillo. Delante, tenían a otro hombre y a una mujer de unos cincuenta años y por el otro lado del pasillo venían otros tres. La mujer, que llevaba una pistola, disparó contra Dan; ¡¡¡y este no hizo otra cosa que reír!!! En ese momento Malcolm abrió la puerta y el hombre de Simmons empezó a correr hacia los que tenía enfrente. La mujer, tirando la pistola, empezó a gritar y un rictus de ira desatada le deformó el rostro. Mientras intentaba gesticular, el secuaz de Simmons se rajó un brazo con el cuchillo y tocó a la mujer con la mano. Al instante, ésta se llevó las manos a la cara y cayó al suelo entre gritos de dolor mientras Malcolm descargaba su cargador sobre ella. Por el otro lado tres hombres vestidos de negro se acercaban. Uno de ellos, africano, miró a Sigrid con los ojos inyectados en sangre mientras otro buscaba algo en su bolsillo. Sigrid cerró la puerta y empezó a escuchar disparos. Patrick pudo ver a un hombre con una uzi humeante y a Dan Simmons chorreando sangre, antes de cerrar la puerta. Malcolm gritó ¡alto! al tipo, pero éste no hizo ningún caso, así que disparó contra el más cercano, el tipo con la mano en el bolsillo. Le dio en la pierna y se derrumbó en el suelo, cayéndosele una caja del bolsillo. Al ver esto, el africano gritó y se abalanzó sobre Malcolm, mientras el compañero de la mujer sacaba a su vez una pistola. Dan Simmons pasó como una exhalación ante Malcolm y destrozó al de la uzi con un fuerte golpe. El hombre del cuchillo volvió a herirse en el brazo y se abalanzó contra el africano; pero éste se revolvió, lo cogió del cuello, y el secuaz de Malcolm empezó a gritar y a deformarse horriblemente. Malcolm recibió un disparo en el antebrazo izquierdo y se desmayó.
A los pocos momentos se hizo el silencio por fin, y Patrick y Sigrid se asomaron. Había varios cuerpos tirados por el suelo. La mujer de la pistola llamaba especialmente la atención porque ya no parecía tener rostro, sino que tenía una película de piel cubriéndole toda la cara. Otro hombre tenía los huesos crecidos de forma antinatural. Dan Simmons cogió en brazos a Malcolm y se dirigieron rápidamente a la enfermería. Al pasar delante del negro vieron que tenía varios disparos en la espalda. "Alguien nos ha ayudado, pero no sé quién"-dijo Simmons. También llevaron a Ramiro a cuestas a la enfermería, su brazo parecía estar totalmente inútil. Según él, el negro debía de ser uno de los que los ocultistas llamaban "labracarnes'", que obtenían su poder al automutilarse.
Más tarde haría su aparición la policía, pero se limitaron a tomar nota y a tomar declaración a los testigos. Sorprendentemente, no se interesaron por los cuerpos deformados, que llevaron a la morgue sin hacer más preguntas. Algo olía claramente a podrido en todo aquello. El grupo decidió dormir en la misma habitación haciendo guardias, para más seguridad.
Y así llegó el tercer día de subasta, con Malcolm y Ramiro llevando sus brazos en sendos cabestrillos.Tras reunirse un rato, volvieron a la subasta, que tenía sesión matinal. En la sala habían sido añadidas ciertas cámaras de vídeo y sensores que el día anterior no estaban y que pasaban desapercibidos, camuflados en objetos. Pero la experiencia de Malcolm en tales materias era extensa, y no tardó en identificarlos.
Los objetos más importantes ese día fueron:
Sigrid abrió los ojos. Se encontraba en una camilla al lado de una ambulancia. A ella se acercó una enfermera, que le preguntó si se encontraba bien. Al responderle que creía que sí, la enfermera mudó la expresión amable de su rostro en otra de absoluta seriedad:
—Pues entonces ya sabes... —se llevó el dedo índice a los labios— sssssshhh....
Un médico hizo lo mismo con Patrick cuando despertó. ¿Dónde demonios se habían metido? ¿Quién era esa gente?
Por la mañana, Sigrid se dirigió a la cafetería a desayunar con Ramiro del Hierro, el hombre del que estaba separada -aún no divorciada-. El día anterior habían intercambiado opiniones sobre la subasta y la anticuaria noruega estaba interesada en la opinión de su ex marido. La conversación pronto derivó a misterios esotéricos, de los que Ramiro era un gran aficionado.
No había transcurrido mucho tiempo cuando Sigrid se dio cuenta de que la guapísima mujer que había pasado la noche con Patrick se encontraba sentada en la barra, mirándolos y escuchándolos con todo el descaro del mundo. Al cruzar la mirada, la mujer se acercó y se autoinvitó a la mesa de la pareja. Se presentó como Dulce da Silva, anticuaria portuguesa. Al parecer, ella también había hecho alguna clase de pacto con Dan Simmons, y les explicó que se le llamaba "el hombre malo" por una buena razón; sin embargo, se mostró críptica sobre esto. También mencionó a Patrick, del que dijo que tenía "mucho potencial esotérico", significara eso lo que quiera que significara.
Una vez que la mujer acabó su copa se marchó sin ceremonias. La conversación había revelado a Sigrid cosas muy interesantes. Ramiro, preocupado por la seguridad de su ex mujer (a la que todavía amaba) y de los amigos de ésta, decidió sincerarse: afirmó que hacía poco se había convertido en "Bibliomante", capaz de percibir y manejar de forma limitada el poder oculto en los libros. Podía acceder al significado de las cosas, a la verdadera realidad. Sigrid no salía de su asombro. Al parecer, había todo un submundo que era capaz de canalizar distintas clases de poder para conseguir realizar algo parecido a "hechizos" o "sortilegios". El problema es que se necesitaban actos, objetos u alguna otra cosa con el significado suficiente para el aporte de la energía necesaria. En su caso, los libros muy antiguos y/o importantes eran los que le proveían del significado necesario para poder generar lo que él llamaba "cargas". Las "cargas" eran cuantos de poder, necesarios para la relización de efectos "alteradores de la realidad". Que Ramiro supiera, al menos había dos tipos distintos de "magos" (odiaba esa palabra), aunque le constaba que debían de existir muchos más: los Bibliomantes, como él, y los Cliomantes, cuyo poder procedía de lugares con significado histórico. Atendiendo a su intensidad, las cargas podían ser más o menos poderosas. Alguien con una carga realmente poderosa podría alterar la misma estructura de la realidad. Estas eran las que proporcionaban el verdadero poder.
También reveló que tanto Paul Van Dorn como Emil Jacobsen eran Bibliomantes, y muy poderosos. Y ambos querían conseguir el libro llamado "De Occultis Spherae" a toda costa.
Sigrid tenía miles de preguntas que hacer, pero Ramiro siguió contando a su ritmo: para adentrarse en los caminos de los adeptos había que perder la cordura, perder el foco de la realidad. Él se perdió, y se obsesionó, y por eso su relación con Sigrid se deterioró tanto. Pero la guía de Emil lo sacó del agujero y le permitió aprender a manejar su nueva situación. Tras poner en orden sus pensamientos y sus opiniones, Sigrid le relató a Ramiro el extraño sueño de Patrick que hizo que el grupo llegara a reunirse. Ramiro, sombrío, expresó su opinión: el tal Patrick debía de tener un gran poder latente. Y que no deberían contar a nadie sus sueños, porque sin duda se encontrarían con gente que querría dominar al profesor y usarlo en su propio beneficio. Y la primera candidata, desde luego, parecía ser la mujer portuguesa.
Durante la comida, Sigrid relató a sus compañeros toda la conversación con Ramiro, y cómo parecía que se habían metido de lleno en medio de un conflicto ocultista de grandes proporciones.
Y llegó el segundo día de la subasta. Se pujó fuerte por varios objetos, cuya valoración siguió sorprendiendo a Sigrid, pues ella los tasaba por precios mucho más bajos.
- Un yelmo griego alcanzó un precio altísimo, tras pujar por él Dan Simmons, Freddy y James Hamilton.
- La katana de Miyamoto Musashi comenzó la subasta en 600.000$. Pujaron por ella los japoneses Shugo Nakato y Shiro Takeda, Dan Simmons y una tal Jennifer Zaraya, una mujer que habían conocido en la fiesta y que iba acompañada de dos hombres, Alex y Turner, que como más tarde se enterarían, formaban el grupo llamado Arcadia 3. Finalmente, Jennifer consiguió la katana por 4.100.000$. Dan Simmons tenía todo el rato una sonrisa en la boca, parecía estar divirtiéndose mucho.
- Un ankh dorado, reliquia faraónica del siglo VII a.C. también fue adquirido por Arcadia 3.
- El manuscrito Voynich. Por él pujó mucha gente, pero sobre todo Joan Dos Santos, Lisa Gander, Dan Simmons y Martín del Pozo. Este último fue quien se lo quedó, por una suma astronómica.
- El mapa de Platón, que presuntamente mostraba el camino a la Atlántida. En su primera puja, Dulce da Silva lo adquirió por varios millones de dólares, aplastando todas las otras ofertas.
Poco rato después, reunidos con Ramiro, éste les contó que ciertos efectos mágicos producían fenómenos antinaturales como frío intenso o variación de la percepción del tiempo. Es posible que ese frío fuera lo que Patrick sintió en el vestíbulo del hotel la primera vez que entraron.
Por la noche, las pesadillas de Patrick volvieron con toda su intensidad. Se despertó al oír un grito en el pasillo. Hacía un frío cortante a pesar de la climatización de las habitaciones. Malcolm y Sigrid despertaron también en sus habitaciones. Era Ramiro el que gritaba en el pasillo. Sigrid se asomó rápidamente y pudo ver a Ramiro contra una pared con todo el brazo derretido y gritando de puro dolor. Enfrente se encontraba Dan Simmons, lanzando a un tío contra la puerta sin esfuerzo aparente. Detrás de Simmons salía uno de sus hombres con un cuchillo. Delante, tenían a otro hombre y a una mujer de unos cincuenta años y por el otro lado del pasillo venían otros tres. La mujer, que llevaba una pistola, disparó contra Dan; ¡¡¡y este no hizo otra cosa que reír!!! En ese momento Malcolm abrió la puerta y el hombre de Simmons empezó a correr hacia los que tenía enfrente. La mujer, tirando la pistola, empezó a gritar y un rictus de ira desatada le deformó el rostro. Mientras intentaba gesticular, el secuaz de Simmons se rajó un brazo con el cuchillo y tocó a la mujer con la mano. Al instante, ésta se llevó las manos a la cara y cayó al suelo entre gritos de dolor mientras Malcolm descargaba su cargador sobre ella. Por el otro lado tres hombres vestidos de negro se acercaban. Uno de ellos, africano, miró a Sigrid con los ojos inyectados en sangre mientras otro buscaba algo en su bolsillo. Sigrid cerró la puerta y empezó a escuchar disparos. Patrick pudo ver a un hombre con una uzi humeante y a Dan Simmons chorreando sangre, antes de cerrar la puerta. Malcolm gritó ¡alto! al tipo, pero éste no hizo ningún caso, así que disparó contra el más cercano, el tipo con la mano en el bolsillo. Le dio en la pierna y se derrumbó en el suelo, cayéndosele una caja del bolsillo. Al ver esto, el africano gritó y se abalanzó sobre Malcolm, mientras el compañero de la mujer sacaba a su vez una pistola. Dan Simmons pasó como una exhalación ante Malcolm y destrozó al de la uzi con un fuerte golpe. El hombre del cuchillo volvió a herirse en el brazo y se abalanzó contra el africano; pero éste se revolvió, lo cogió del cuello, y el secuaz de Malcolm empezó a gritar y a deformarse horriblemente. Malcolm recibió un disparo en el antebrazo izquierdo y se desmayó.
A los pocos momentos se hizo el silencio por fin, y Patrick y Sigrid se asomaron. Había varios cuerpos tirados por el suelo. La mujer de la pistola llamaba especialmente la atención porque ya no parecía tener rostro, sino que tenía una película de piel cubriéndole toda la cara. Otro hombre tenía los huesos crecidos de forma antinatural. Dan Simmons cogió en brazos a Malcolm y se dirigieron rápidamente a la enfermería. Al pasar delante del negro vieron que tenía varios disparos en la espalda. "Alguien nos ha ayudado, pero no sé quién"-dijo Simmons. También llevaron a Ramiro a cuestas a la enfermería, su brazo parecía estar totalmente inútil. Según él, el negro debía de ser uno de los que los ocultistas llamaban "labracarnes'", que obtenían su poder al automutilarse.
Más tarde haría su aparición la policía, pero se limitaron a tomar nota y a tomar declaración a los testigos. Sorprendentemente, no se interesaron por los cuerpos deformados, que llevaron a la morgue sin hacer más preguntas. Algo olía claramente a podrido en todo aquello. El grupo decidió dormir en la misma habitación haciendo guardias, para más seguridad.
Y así llegó el tercer día de subasta, con Malcolm y Ramiro llevando sus brazos en sendos cabestrillos.Tras reunirse un rato, volvieron a la subasta, que tenía sesión matinal. En la sala habían sido añadidas ciertas cámaras de vídeo y sensores que el día anterior no estaban y que pasaban desapercibidos, camuflados en objetos. Pero la experiencia de Malcolm en tales materias era extensa, y no tardó en identificarlos.
Los objetos más importantes ese día fueron:
- El codex Seraphinianus. En palabras de Ramiro, ese libro era una joya para los ocultistas. Pujaron algunos conocidos de Sigrid, John Legard, Angel y amir, Frederic Turan, y un invitado nuevo, Simeón Bar Yohai, un anciano que ya habían visto a ratos solitario en la cafetería. Turan resultó vencedor de la puja.
- El diario secreto de Helena Blavatsky. La puja estuvo entre Dulce, el Hombre Malo, Marc Tolens y Paul van Dorn. Dulce lo consiguió; parecía que la mujer tenía un flujo de ingresos ilimitado.
- La Caja del Toc-Toc. Ivanov ofreció 500.000$, se le notaba realmente interesado. Uno de los pujadores miró a otro de forma extraña, tras lo cual, Ivanov y el segundo pujador quedaron atontados y no siguieron pujando. John Legard fue el ganador.
*****
Sigrid abrió los ojos. Se encontraba en una camilla al lado de una ambulancia. A ella se acercó una enfermera, que le preguntó si se encontraba bien. Al responderle que creía que sí, la enfermera mudó la expresión amable de su rostro en otra de absoluta seriedad:
—Pues entonces ya sabes... —se llevó el dedo índice a los labios— sssssshhh....
Un médico hizo lo mismo con Patrick cuando despertó. ¿Dónde demonios se habían metido? ¿Quién era esa gente?
FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA
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sábado, 9 de abril de 2016
El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 1 - Capítulo 2
La Subasta (II)
Las invitaciones que había conseguido Sigrid les permitieron ser admitidos en el Hotel Excelsior sin ningún problema, en habitaciones separadas.Tras dejar las maletas dieron una vuelta por el vestíbulo y la cafetería del hotel. Sigrid y Malcolm ingresaron en la cafetería VIP mientras Patrick se quedó en el vestíbulo.
Sorprendentemente -o no tanto-, Sigrid se encontró en la cafetería con Ramiro del Hierro (su ex marido, también tratante de antigüedades y diletante) y se lo presentó a Mal. Ramiro se encontraba allí en representación de Emil Jacobsen (de Londres). El nombre no era desconocido en absoluto para Sigrid: ella también había trabajado representando a este importante anticuario/comerciante en diferentes transacciones. En el pub estaba también Paul van Dorn, archi-rival de Emil Jacobsen, con un hombre de nariz aguileña y perilla que desconocido para Sigrid. Era extraño que Van Dorn acudiera en persona a la subasta, rara vez lo hacía. No obstante, ambos (Paul van Dorn y Emil Jacobsen) parecían tener bastante interés en los objetos subastados.
Patrick conoció a Daniel Simmons, al parecer el cabecilla de una organización llamada "la Representación", y a su ayudante Juan, que en un momento dado lo sacó del cerco que distraídamente habían preparado en la sala unos matones con chupas de cuero, tatuajes y mala pinta. También conoció a un tal Dante DiMaio, que era italiano y parecía devoto cristiano. Algo le abultaba claramente en el pantalón (¿una pistola?). De repente Patrick sintió un escalofrío y Dante echó mano a su presunta arma. Miró seriamente a su alrededor, y Sullivan pudo ver que algunos de los presentes en la sala se comportaban de forma similar a Dante y se miraban extrañados entre sí. Algo raro había pasado, indetectable para la mayoría de los asistentes.
Otros asistentes interesantes eran Jack "Lovejoy" Lambert (un erudito británico), Angel y Amir (hermanos gemelos afroamericanos que destilaban sensualidad), Marc Archer (tartamudo viejo conocido de Sigrid), Alexei Ivanov (anticuario ucraniano que buscaba la caja "toc toc" y venía en representación de "alguien desconocido"), Shiro Takeda (del cual se decía que había hecho un pacto con el diablo porque los años no pasaban por él y porque siempre conseguía los objetos que deseaba), Dan McNichols (niño rico apasionado de los objetos antiguos), Sarah Geller y Audrey Chang.
Patrick entabló conversación con una mujer guapísima, que le sedujo al instante. Tenía acento portugués y más tarde averiguaría su nombre: Dulce da Silva. Tuvieron una breve charla sobre asuntos esotéricos, y Patrick averiguó, o más bien recordó, que fue el filósofo griego Platón el primero que mencionó la Atlántida. Dulce cortó la conversación tajantemente -nunca había tenido intención de mantenerla, la verdad-, advirtiendo a Patric que no se interesase tanto por lo oculto, que aún estaba a tiempo de evitar trabar contacto con ese submundo. A continuación se marchó sin más.
También charlaron con Marc Archer, el anticuario tartamudo. Al principio conversaron amistosamente, pero Marc expresó vehementemente su desprecio por la gente que tenía fe en lo oculto. Ofendido, Patrick perdió los nervios y se puso a gritar y a discutir acaloradamente con Marc. A los pocos momentos aparecieron los guardias de seguridad del hotel y les invitaron a abandonar la cafeteria. Marc se retiró a hablar con Sigrid y sus compañeros anticuarios en una mesa, mientras murmuraba que el tipo de las greñas y la barba estaba loco. Patrick se acodó en la barra del bar para relajarse con la bebida, y allí volvió a encontrarse con Dulce. Volvieron a charlar y esta vez Patrick se sinceró más y le contó parte de sus sueños; ella le preguntó muy seria si había tenido tratos con demonios últimamente, lo que Patrick negó, aturdido y sin dar crédito a sus oídos.
Desde la mesa, Malcom Y Sigrid pudieron ver cómo la hermosa y misteriosa mujer portuguesa cogía de la mano a Patrick y ambos se marchaban juntos. Se dirigieron a la habitación de Dulce. Al parecer Pat le había caído simpático. Ella se desnudó y sólo se dejó encima un colgante. Le hizo el amor como una pantera y al llegar al clímax, Patrick sintió como si le arrebatasen una parte de vida, una sensación no del todo placentera.
Por la noche el grupo acudió a la fiesta que se celebraba en la Sala Royal.
Nada más entrar los abordó Jane Sawyer, una mujer de 40 y pocos, mediana edad, bien vestida, con clase, que los había estado observando desde que ingresaron en el hotel. Les habló de una organización a la que ella pertenecía. Al parecer, sus miembros pretendían que la reencarnación del mundo fuera lo mejor posible. También les dijo que eran los encargados de mantener el equilibrio, de que nadie tuviera demasiado poder como para desequilibrar la balanza. Más tarde averiguarían que la organización de la que hablaba, y a la que pertenecía, se denominaba la Nueva Inquisición y que la controlaba un tal Alex Abel.
A los pocos minutos también los abordó un tal Louis Lamar, insistiendo en que se pensaran si querían entrar a formar parte de la Nueva Inquisición. El grupo no entendía tanta insistencia ni qué intenciones había detrás de que su interés. En la fiesta pudieron intercambiar impresiones con otros miembros de esa organización: Duncan Arcen, Muresh Tilak (superatractivo, hindú), y Huong Yin Suan (una joven vietnamita). Decidieron reunirse con ellos en la terraza para hablar de la proposición de unirse a su organización. Allí les explicaron que se dedicaban a controlar cierta parte del mundo que se escondía a los ojos de los demás. Perseguían a aquellos que comercializaban con niños, que practicaban sacrificios, etc. Los únicos requisitos al ingresar en sus filas era el secreto de todas sus actividades y la obediencia fiel a su líder, Alex Abel.
De nuevo en la fiesta, Duncan Arcen, abogado de profesión y aficionado a las antigüedades y a la historia, le dijo a Sigrid que estaría interesado en ver su biblioteca y que él mismo poseía una rica en ejemplares de leyendas antiguas. Le dio una tarjeta a Sigrid. En la tarjeta aparecía la dirección de Weiss, Crane & Associates. Más tarde, Malcom mencionaría la conexión de su pasado a Weiss, Crane & Assocs. revelando la desconfianza que le despertaban -y su odio visceral hacia ellos-. Sigrid le dijo a su vez que había hablado con un tal Duncan, que al parecer trabaja para el bufete.
Casualidad o no, el grupo habló después con Ramiro, que les dijo que Emil le había prevenido contra una nueva organización llamada Nueva Inquisición que quería cambiar el mundo. Dijo también que al parecer estaban utilizando la subasta como centro de reclutamiento, y que se habían acercado a él para proponerle unirse a ellos. Durante la fiesta también pudieron ver cómo Jane Sawyer y el resto de miembros de la Nueva Inquisición conocidos arrinconaban a un hombre contra la pared y éste quedaba inconsciente aparentemente sin que nadie lo tocara.
¡Qué suene la música!
La fiesta continuó y Patrick, que había trabado buena relación con los gemelos Angel y Amir, se acercó a ellos para intentar sacar mas información. De súbito, al acercarse a los gemelos, vio toda la sala más bella, más luminosa, más brillante. La música sonaba maravillosamente, la fiesta le embriagaba. A los pocos momentos, Malcolm sintió lo mismo, y también se dejó llevar por el ambiente. Angel y Amir eran unos animadores casi sobrenaturales (o quizá no "casi"...). Ambos dejaron de tener control de sus cuerpos hasta que se hizo la hora de retirarse, agotados.
El robo
En mitad de la noche, de madrugada, Patrick y Malcolm se despertaron violentamente en sus camas, con un fuerte dolor de cabeza por la resaca. Sonaba ruido fuera. Entreabrieron las puertas de sus habitaciones y fuera vieron cómo un grupo de hombres con abrigos de cuero largo y unas mochilas estaban cogiendo el ascensor. Malcolm acudió rápidamente a la habitación de Sigrid para comprobar si se encontraba bien, y no tardó en reunirse con ellos Patrick. Sigrid preguntó a sus compañeros sobre los acontecimientos de la noche anterior. Los dos coincidieron en que algo muy raro había pasado en la fiesta, algo que les hizo desinhibirse completamente y perder el control.
Mientras Malcolm y Sigrid retomaban su sueño, Patrick, presa de su insomnio habitual, salió a pasear por el hotel. Al bajar vio a uno de los hombres con abrigo de cuero que salía por la salida de emergencia. Curioso, se acercó y se asomó, pero no vio nada. Al momento oyó unos pasos acercándose por detrás; al girarse vio a un tipo con el pelo largo y una uzi en la mano que le miraba tras unas gafas graduadas y le disparó dándole en la pierna. Tras derribarlo, se marchó precipitadamente. Más tarde, en la enfermería, se enterarían de que eran un grupo que había intentado robar los objetos de la cámara acorazada del hotel, pero la policía les aseguró que ya habían dado con ellos y se encontraban entre rejas.
El día siguiente a mediodía recibieron la visita de Jane Sawyer y Louis Lamar para ver si ya tenían una respuesta a su demanda de reclutamiento. Les contaron que se habían hecho cargo de la Cábala Rahjab, una organización de ocultistas que resultaron no ser otros que los gemelos Ángel y Amir. El descontrol de la fiesta de la noche anterior lo habían causado ellos, y no les había quedado más remedio que expulsarlos del hotel. Ante la reticencia del grupo, ampliaron el plazo de la respuesta hasta la medianoche.
La Subasta
Por la tarde comenzó la subasta, entrando en puja los objetos que a priori eran menos atractivos. Sigrid consiguió hacerse sin mucho esfuerzo con un pergamino con una historia rúnica por 2300$.
Respecto al resto de objetos: un jarrón de la dinastía Ming se subastó por unos 600.000$, mientras que Sigrid estimaba su valor real en unos 3.000$. Por él compitieron duramente un viejecillo que habían visto solitario en una mesa de la cafetería VIP y Dan Simmons. Por una Daga de los Borgia llena de joyas , Dan Simmons y Angel pujaron para comprarla por 100.000$, mientras que estimaban su valor en, como máximo, 6.000$. Había algo allí que se les escapaba, y con toda la descabellada información que habían averiguado en los últimos dos días, no les extrañaba.
Por la noche, el trío se reunió con los miembros de la Nueva Inquisición. La respuesta a su propuesta fue afirmativa. Accedieron a unirse a sus filas. Y les dejaron claro que de la Nueva Inquisición sólo se podía salir "con los pies por delante".
Esa noche Patrick soñó con un hombre de color que tenía cuerdas en su mano y lo manejaba a él como un títere, lo que sembró dudas respecto a la decisión que habían tomado.
Ataque a Dan Simmons
Se despertaron sobresaltados al oír lo que parecían disparos en el pasillo. Al abrir ligeramente la puerta, vieron el inmenso cuerpo de Dan Simmons. Dos hombres le estaban disparando. Sin aparentemente preocuparse por los disparos, cogió a uno y lo arrojó como un pelele contra la pared. Al otro lo lanzó con un fuerte golpe al final del pasillo y acabó con la espalda rota. A este último lo reconocieron: se trataba de Huong Yin Suan (la chica vietnamita de la Nueva Inquisición). Algunas puertas de habitaciones contiguas estaban abiertas y sus huéspedes muertos. Pudieron oír cómo Dan Simmons comentaba algo como: "no esperaba que fueran tan agresivos..."
Al poco rato recibieron la llamada de Jane Sawyer para directamente preguntarles si se veían capaces de matar a Daniel Simmons: "parece ser que ha habido problemas por ahí, y su nombre es Dan Simmons. Es un elemento muy peligroso, más de lo que esperábamos. Ahora pertenecéis a la Nueva Inquisición, intentad encargaros de él". Viendo lo que habían visto, los PJs contestaron que no se veían capaces de encargarse de él. Era demasiado fuerte. A partir de ahí, la noche sería bastante movida.
El mendigo nuevamente
De madrugada, se produjo un escándalo en la calle. Desde una ventana del hotel Malcolm vio al mendigo con el que había hablado días atrás discutiendo con el agente de seguridad de la puerta del hotel: "Sois unos hijos de puta ¿Crees que no sé lo que le hicisteis a Cindy? Ese hijo de puta de Abel, eso que ha montado en el hotel, el cabronazo se la ha jugado bien."
Malcolm bajó rápidamente, mientras el mendigo todavía maldecía. Rápidamente se lo llevó lejos del hotel, a un bar cercano. Tras beber algo, la reacción del mendigo fue inicialmente negativa: "Esto va a acabar muy mal. Eres secuaz de Abel, ese puto negrata... putos nazis, no les gusta algo y enseguida lo liquidan con sus labracarnes". Tras unos cuantos gritos, empezó a sincerarse; dijo que posiblemente había sido un labracarnes el que había matado a su hija. Abel había matado a su "Cindy", su querida Cindy. Tras tranquilizar al mendigo, Malcolm volvió al hotel. A las pocas horas, el guarda que había intentado echar al mendigo apareció muerto. Tenía multitud de cuchillos clavados por todo el cuerpo aleatoriamente, y en la frente tenía clavada la navaja que Malcolm ya había visto usar al mendigo en una ocasión anterior.
El trato con Dan Simmons
Poco después, también de madrugada, hablaron con Simmons, que les confió que le apodaban con el sobrenombre de el Hombre Malo, pero que el mote no tenía una explicación obvia, sino que era una larga historia. Les ofreció protección a cambio de deberle un favor. Tambión dijo que si aún no habían firmado nada con la Nueva Inquisición era posible que aún no estuviera todo perdido.
Sobre las 4 de la mañana llamaron a la habitacion. Era Juan Martínez, que venía de parte de Daniel Simmons. Traía un papel con un contrato escrito para que el grupo lo firmara ¡usando su sangre como tinta!. Tras mucho hablarlo y pensarlo, decidieron firmar. A cambio, simplemente "le deberían un favor". Interesados por esta forma de hacer las cosas, Juan les explicó que desde que estaba con Simmons llevaba ya unos 2.000 contratos firmados...
Sorprendentemente -o no tanto-, Sigrid se encontró en la cafetería con Ramiro del Hierro (su ex marido, también tratante de antigüedades y diletante) y se lo presentó a Mal. Ramiro se encontraba allí en representación de Emil Jacobsen (de Londres). El nombre no era desconocido en absoluto para Sigrid: ella también había trabajado representando a este importante anticuario/comerciante en diferentes transacciones. En el pub estaba también Paul van Dorn, archi-rival de Emil Jacobsen, con un hombre de nariz aguileña y perilla que desconocido para Sigrid. Era extraño que Van Dorn acudiera en persona a la subasta, rara vez lo hacía. No obstante, ambos (Paul van Dorn y Emil Jacobsen) parecían tener bastante interés en los objetos subastados.
Patrick conoció a Daniel Simmons, al parecer el cabecilla de una organización llamada "la Representación", y a su ayudante Juan, que en un momento dado lo sacó del cerco que distraídamente habían preparado en la sala unos matones con chupas de cuero, tatuajes y mala pinta. También conoció a un tal Dante DiMaio, que era italiano y parecía devoto cristiano. Algo le abultaba claramente en el pantalón (¿una pistola?). De repente Patrick sintió un escalofrío y Dante echó mano a su presunta arma. Miró seriamente a su alrededor, y Sullivan pudo ver que algunos de los presentes en la sala se comportaban de forma similar a Dante y se miraban extrañados entre sí. Algo raro había pasado, indetectable para la mayoría de los asistentes.
Otros asistentes interesantes eran Jack "Lovejoy" Lambert (un erudito británico), Angel y Amir (hermanos gemelos afroamericanos que destilaban sensualidad), Marc Archer (tartamudo viejo conocido de Sigrid), Alexei Ivanov (anticuario ucraniano que buscaba la caja "toc toc" y venía en representación de "alguien desconocido"), Shiro Takeda (del cual se decía que había hecho un pacto con el diablo porque los años no pasaban por él y porque siempre conseguía los objetos que deseaba), Dan McNichols (niño rico apasionado de los objetos antiguos), Sarah Geller y Audrey Chang.
Patrick entabló conversación con una mujer guapísima, que le sedujo al instante. Tenía acento portugués y más tarde averiguaría su nombre: Dulce da Silva. Tuvieron una breve charla sobre asuntos esotéricos, y Patrick averiguó, o más bien recordó, que fue el filósofo griego Platón el primero que mencionó la Atlántida. Dulce cortó la conversación tajantemente -nunca había tenido intención de mantenerla, la verdad-, advirtiendo a Patric que no se interesase tanto por lo oculto, que aún estaba a tiempo de evitar trabar contacto con ese submundo. A continuación se marchó sin más.
También charlaron con Marc Archer, el anticuario tartamudo. Al principio conversaron amistosamente, pero Marc expresó vehementemente su desprecio por la gente que tenía fe en lo oculto. Ofendido, Patrick perdió los nervios y se puso a gritar y a discutir acaloradamente con Marc. A los pocos momentos aparecieron los guardias de seguridad del hotel y les invitaron a abandonar la cafeteria. Marc se retiró a hablar con Sigrid y sus compañeros anticuarios en una mesa, mientras murmuraba que el tipo de las greñas y la barba estaba loco. Patrick se acodó en la barra del bar para relajarse con la bebida, y allí volvió a encontrarse con Dulce. Volvieron a charlar y esta vez Patrick se sinceró más y le contó parte de sus sueños; ella le preguntó muy seria si había tenido tratos con demonios últimamente, lo que Patrick negó, aturdido y sin dar crédito a sus oídos.
Desde la mesa, Malcom Y Sigrid pudieron ver cómo la hermosa y misteriosa mujer portuguesa cogía de la mano a Patrick y ambos se marchaban juntos. Se dirigieron a la habitación de Dulce. Al parecer Pat le había caído simpático. Ella se desnudó y sólo se dejó encima un colgante. Le hizo el amor como una pantera y al llegar al clímax, Patrick sintió como si le arrebatasen una parte de vida, una sensación no del todo placentera.
Por la noche el grupo acudió a la fiesta que se celebraba en la Sala Royal.
Nada más entrar los abordó Jane Sawyer, una mujer de 40 y pocos, mediana edad, bien vestida, con clase, que los había estado observando desde que ingresaron en el hotel. Les habló de una organización a la que ella pertenecía. Al parecer, sus miembros pretendían que la reencarnación del mundo fuera lo mejor posible. También les dijo que eran los encargados de mantener el equilibrio, de que nadie tuviera demasiado poder como para desequilibrar la balanza. Más tarde averiguarían que la organización de la que hablaba, y a la que pertenecía, se denominaba la Nueva Inquisición y que la controlaba un tal Alex Abel.
A los pocos minutos también los abordó un tal Louis Lamar, insistiendo en que se pensaran si querían entrar a formar parte de la Nueva Inquisición. El grupo no entendía tanta insistencia ni qué intenciones había detrás de que su interés. En la fiesta pudieron intercambiar impresiones con otros miembros de esa organización: Duncan Arcen, Muresh Tilak (superatractivo, hindú), y Huong Yin Suan (una joven vietnamita). Decidieron reunirse con ellos en la terraza para hablar de la proposición de unirse a su organización. Allí les explicaron que se dedicaban a controlar cierta parte del mundo que se escondía a los ojos de los demás. Perseguían a aquellos que comercializaban con niños, que practicaban sacrificios, etc. Los únicos requisitos al ingresar en sus filas era el secreto de todas sus actividades y la obediencia fiel a su líder, Alex Abel.
De nuevo en la fiesta, Duncan Arcen, abogado de profesión y aficionado a las antigüedades y a la historia, le dijo a Sigrid que estaría interesado en ver su biblioteca y que él mismo poseía una rica en ejemplares de leyendas antiguas. Le dio una tarjeta a Sigrid. En la tarjeta aparecía la dirección de Weiss, Crane & Associates. Más tarde, Malcom mencionaría la conexión de su pasado a Weiss, Crane & Assocs. revelando la desconfianza que le despertaban -y su odio visceral hacia ellos-. Sigrid le dijo a su vez que había hablado con un tal Duncan, que al parecer trabaja para el bufete.
Casualidad o no, el grupo habló después con Ramiro, que les dijo que Emil le había prevenido contra una nueva organización llamada Nueva Inquisición que quería cambiar el mundo. Dijo también que al parecer estaban utilizando la subasta como centro de reclutamiento, y que se habían acercado a él para proponerle unirse a ellos. Durante la fiesta también pudieron ver cómo Jane Sawyer y el resto de miembros de la Nueva Inquisición conocidos arrinconaban a un hombre contra la pared y éste quedaba inconsciente aparentemente sin que nadie lo tocara.
¡Qué suene la música!
La fiesta continuó y Patrick, que había trabado buena relación con los gemelos Angel y Amir, se acercó a ellos para intentar sacar mas información. De súbito, al acercarse a los gemelos, vio toda la sala más bella, más luminosa, más brillante. La música sonaba maravillosamente, la fiesta le embriagaba. A los pocos momentos, Malcolm sintió lo mismo, y también se dejó llevar por el ambiente. Angel y Amir eran unos animadores casi sobrenaturales (o quizá no "casi"...). Ambos dejaron de tener control de sus cuerpos hasta que se hizo la hora de retirarse, agotados.
El robo
En mitad de la noche, de madrugada, Patrick y Malcolm se despertaron violentamente en sus camas, con un fuerte dolor de cabeza por la resaca. Sonaba ruido fuera. Entreabrieron las puertas de sus habitaciones y fuera vieron cómo un grupo de hombres con abrigos de cuero largo y unas mochilas estaban cogiendo el ascensor. Malcolm acudió rápidamente a la habitación de Sigrid para comprobar si se encontraba bien, y no tardó en reunirse con ellos Patrick. Sigrid preguntó a sus compañeros sobre los acontecimientos de la noche anterior. Los dos coincidieron en que algo muy raro había pasado en la fiesta, algo que les hizo desinhibirse completamente y perder el control.
Mientras Malcolm y Sigrid retomaban su sueño, Patrick, presa de su insomnio habitual, salió a pasear por el hotel. Al bajar vio a uno de los hombres con abrigo de cuero que salía por la salida de emergencia. Curioso, se acercó y se asomó, pero no vio nada. Al momento oyó unos pasos acercándose por detrás; al girarse vio a un tipo con el pelo largo y una uzi en la mano que le miraba tras unas gafas graduadas y le disparó dándole en la pierna. Tras derribarlo, se marchó precipitadamente. Más tarde, en la enfermería, se enterarían de que eran un grupo que había intentado robar los objetos de la cámara acorazada del hotel, pero la policía les aseguró que ya habían dado con ellos y se encontraban entre rejas.
El día siguiente a mediodía recibieron la visita de Jane Sawyer y Louis Lamar para ver si ya tenían una respuesta a su demanda de reclutamiento. Les contaron que se habían hecho cargo de la Cábala Rahjab, una organización de ocultistas que resultaron no ser otros que los gemelos Ángel y Amir. El descontrol de la fiesta de la noche anterior lo habían causado ellos, y no les había quedado más remedio que expulsarlos del hotel. Ante la reticencia del grupo, ampliaron el plazo de la respuesta hasta la medianoche.
La Subasta
Por la tarde comenzó la subasta, entrando en puja los objetos que a priori eran menos atractivos. Sigrid consiguió hacerse sin mucho esfuerzo con un pergamino con una historia rúnica por 2300$.
Respecto al resto de objetos: un jarrón de la dinastía Ming se subastó por unos 600.000$, mientras que Sigrid estimaba su valor real en unos 3.000$. Por él compitieron duramente un viejecillo que habían visto solitario en una mesa de la cafetería VIP y Dan Simmons. Por una Daga de los Borgia llena de joyas , Dan Simmons y Angel pujaron para comprarla por 100.000$, mientras que estimaban su valor en, como máximo, 6.000$. Había algo allí que se les escapaba, y con toda la descabellada información que habían averiguado en los últimos dos días, no les extrañaba.
Por la noche, el trío se reunió con los miembros de la Nueva Inquisición. La respuesta a su propuesta fue afirmativa. Accedieron a unirse a sus filas. Y les dejaron claro que de la Nueva Inquisición sólo se podía salir "con los pies por delante".
Esa noche Patrick soñó con un hombre de color que tenía cuerdas en su mano y lo manejaba a él como un títere, lo que sembró dudas respecto a la decisión que habían tomado.
Ataque a Dan Simmons
Se despertaron sobresaltados al oír lo que parecían disparos en el pasillo. Al abrir ligeramente la puerta, vieron el inmenso cuerpo de Dan Simmons. Dos hombres le estaban disparando. Sin aparentemente preocuparse por los disparos, cogió a uno y lo arrojó como un pelele contra la pared. Al otro lo lanzó con un fuerte golpe al final del pasillo y acabó con la espalda rota. A este último lo reconocieron: se trataba de Huong Yin Suan (la chica vietnamita de la Nueva Inquisición). Algunas puertas de habitaciones contiguas estaban abiertas y sus huéspedes muertos. Pudieron oír cómo Dan Simmons comentaba algo como: "no esperaba que fueran tan agresivos..."
Al poco rato recibieron la llamada de Jane Sawyer para directamente preguntarles si se veían capaces de matar a Daniel Simmons: "parece ser que ha habido problemas por ahí, y su nombre es Dan Simmons. Es un elemento muy peligroso, más de lo que esperábamos. Ahora pertenecéis a la Nueva Inquisición, intentad encargaros de él". Viendo lo que habían visto, los PJs contestaron que no se veían capaces de encargarse de él. Era demasiado fuerte. A partir de ahí, la noche sería bastante movida.
El mendigo nuevamente
De madrugada, se produjo un escándalo en la calle. Desde una ventana del hotel Malcolm vio al mendigo con el que había hablado días atrás discutiendo con el agente de seguridad de la puerta del hotel: "Sois unos hijos de puta ¿Crees que no sé lo que le hicisteis a Cindy? Ese hijo de puta de Abel, eso que ha montado en el hotel, el cabronazo se la ha jugado bien."
Malcolm bajó rápidamente, mientras el mendigo todavía maldecía. Rápidamente se lo llevó lejos del hotel, a un bar cercano. Tras beber algo, la reacción del mendigo fue inicialmente negativa: "Esto va a acabar muy mal. Eres secuaz de Abel, ese puto negrata... putos nazis, no les gusta algo y enseguida lo liquidan con sus labracarnes". Tras unos cuantos gritos, empezó a sincerarse; dijo que posiblemente había sido un labracarnes el que había matado a su hija. Abel había matado a su "Cindy", su querida Cindy. Tras tranquilizar al mendigo, Malcolm volvió al hotel. A las pocas horas, el guarda que había intentado echar al mendigo apareció muerto. Tenía multitud de cuchillos clavados por todo el cuerpo aleatoriamente, y en la frente tenía clavada la navaja que Malcolm ya había visto usar al mendigo en una ocasión anterior.
El trato con Dan Simmons
Poco después, también de madrugada, hablaron con Simmons, que les confió que le apodaban con el sobrenombre de el Hombre Malo, pero que el mote no tenía una explicación obvia, sino que era una larga historia. Les ofreció protección a cambio de deberle un favor. Tambión dijo que si aún no habían firmado nada con la Nueva Inquisición era posible que aún no estuviera todo perdido.
Sobre las 4 de la mañana llamaron a la habitacion. Era Juan Martínez, que venía de parte de Daniel Simmons. Traía un papel con un contrato escrito para que el grupo lo firmara ¡usando su sangre como tinta!. Tras mucho hablarlo y pensarlo, decidieron firmar. A cambio, simplemente "le deberían un favor". Interesados por esta forma de hacer las cosas, Juan les explicó que desde que estaba con Simmons llevaba ya unos 2.000 contratos firmados...
viernes, 8 de abril de 2016
El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 1 - Capítulo 1
La Subasta (I)
Domingo
Sigrid Olafson
Malcolm 'Mal' Waite
Patrick Sullivan
Lunes
Martes
Miércoles
Después volvió el sueño recurrente, pero situándose en el vestíbulo del hotel y con un libro en las manos. El libro desaparecía de repente, y despertaron gritando. Esta experiencia les unió aún más; algo les estaba pasando y no sabían qué era, algo que también les unía al extravagante profesor Sullivan.
Finalmente llegaron las invitaciones para la subasta. En el Hotel pudieron ver publicada la lista del material que iba a ser subastado, por supuesto no accesible al público general. Y efectivamente, no fue grande su sorpresa al ver en la relación de objetos algunos de los que habían sido robados en Yale.
El material que se subastaba era el siguiente:
El diario secreto de Helena Petrovna Blavatsky era el único libro que no se encontraba entre los robados de Yale.
El Codex Seraphinianus y El manuscrito Voynich eran ambos dos códices escritos en clave y que nadia había conseguido descifrar nunca, ambos en la lista de los desaparecidos en la biblioteca de Beinecke.
Domingo
Sigrid Olafson
Al atardecer, Sigrid se encontraba ante su ordenador transcribiendo viejas historias, cuando su hija Esther la llamó por teléfono para decirle que estaba asustada: había entrado un hombre extraño en la tienda que la familia poseía en Madrid, y de la que Esther, de 20 años, había quedado encargada. Tras tranquilizar a su hija reprimiendo su propia inquietud, Sigrid recordó que tenía pendiente una llamada a la academia militar de Westpoint, donde estudiaba su hijo Daniel. El muchacho parecía muy nervioso, y tras tirarle un poco de la lengua, reconoció que estaba un poco inquieto; al parecer sus compañeros reclutas estaban comportándose de forma rara, no sólo con él, sino en general. Sigrid no le concedió mayor importancia, al fin y al cabo, se trataba de adolescentes.
Una vez que terminó de conversar con su hijo siguió con su búsqueda de información a través de Internet; al cabo de unos minutos le llamó poderosamente la atención un pequeño icono en una página desconocida, que parecía una runa nórdica. El icono daba acceso a una página de noticias: "AntiquitiesOverTheWorld.net". Resultó ser una página muy exclusiva donde se anunciaba que el siguiente jueves en el hotel Excelsior habría una gran subasta de objetos donados desde colecciones particulares. También había un hilo de discusión en los foros donde vio un mensaje: [b][i]"joder, a ver si esto tiene algo que ver con el saqueo de la biblioteca…"[i][b]. Interesante.
A Sigrid le picó la curiosidad, así que realizó una búsqueda exhaustiva. Finalmente pudo leer que en la Universidad de Yale habían saqueado la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos. Por su profesión, Sigrid conocía bastante bien esta biblioteca, y le extrañó no sólo que la hubieran saqueado, ya que la seguridad era muy estricta, sino el secretismo que parecía rodear el robo. Decidió hablar con sus contactos y colegas: Mark Archer y varios más. Y tomó la decisión de acudir a la subasta. Aconsejada por sus colegas, decidió que sería buena idea contratar un guardaespaldas para que la acompañara al evento, y en la guía telefónica encontró un nombre: Malcolm Waite – Seguridad. Distraída como siempre, sin mirar la hora que era, llamó al tal Malcolm para contratarlo; quedaron en verse en su despacho al día siguiente.
Quedaba un cabo suelto, y era que a la subasta sólo podía accederse por invitación. Sin embargo, Sigrid movió hilos y, tras solicitarla, recibiría una invitación para asistir a la subasta varios días después.
Malcolm 'Mal' Waite
Mal se encontraba, como cada día, entrenando en el gimnasio junto con su sparring y amigo, Joe Lender, con el que ese día se ensañó demasiado sin intención. Después del combate, su entrenador y también amigo Travish McNamara (de mirada inquietante debido al parche que lucía en el ojo que le faltaba), le contó algo muy extraño: había oído decir por las calles que iba a pasar algo gordo. Al insistir en que le contara más, Travis soltó la lengua: se lo había dicho unos minutos antes un mendigo en el bar, que aunque borracho, parecía argumentar de una manera bastante lúcida. Lo más extraño fue que Travis no supo decirle nada más, porque tras mencionar al mendigo pareció sufrir un lapsus mental. Pero seguro que no era un simple olvido, porque había olvidado incluso que había mencionado al mendigo, incluso que había tenido alguna conversación con él. O Travis se hacía viejo o algo extraño estaba pasando.
Ya fuera del gimnasio, Malcolm se dirigió al bar para intentar averiguar más cosas sobre lo que le había dicho su amigo. Tras una breve conversación con el barman y un parroquiano averiguó hacia dónde se había ido el sintecho. Salió a la calle a buscarlo, y lo encontró tirado en un callejón. A duras penas pudo hablar con él, y el viejo mencionó que había perdido a su hija Cindy. Empatizando con el pobre hombre, Malcolm le contó a su vez cómo murió su hija y el mendigo le dio un dato revelador: "parece obra de un labracarnes" —dijo. ¿Un labracarnes? ¿Qué demonios era eso? Cuando más interesante se estaba poniendo la conversación, Malcolm quedó inconsciente de forma extraña. Despetó a los pocos minutos y el anciano ya no estaba allí. Inquietante.
Siguió buscándolo durante horas, pero sin éxito. Así que sumido en una pequeña depresión tras rememorar los acontecimientos relacionados con la muerte de su hija en la conversación con el mendigo, se dirigió al bar a echar unos tragos. Al poco rato y 3 whiskies sonó su teléfono móvil, bien entrada la noche. La llamada era de una mujer que preguntaba si estaba disponible para ser contratado como "guardaespaldas no oficial" en una subasta durante la próxima semana. Mal no estaba muy sobrio, así que decidió citar a su interlocutora (Sigrid) al día siguiente en su despacho.
Patrick Sullivan
Patrick, profesor de filosofía, volvía paseando de dar clase y se encontraba bastante cansado; así que fue directo a la cama. No obstante, le atemorizaba dormirse, porque hacía un tiempo que venía teniendo sueños nada agradables.
Se cambió de ropa, pues estas semanas estaban siendo más duras de lo normal. Cada mañana tenía que lavar el pijama, porque se levantaba empapado en sudor; los sueños eran cada vez más intensos y más reales, tenía que hacer algo para que dejaran de atormentarle, pero no sabía qué. Hasta que intentó algo que le dio la solución; bebiendo un poco y metiéndose algo de droga en el cuerpo, dormía sin problemas....
Esa noche estaba más cansado de lo habitual, había sido un día duro. Cenó una lasaña congelada y se puso a ver la televisión. Sin apenas darse cuenta cayó rendido en el sofá, y el sueño volvió....más nítido que nunca: se encontraba junto a dos personas que no había visto en su vida, una mujer de unos 40 años, y un hombre de unos 50 pero todavía en forma. Estaban protegiéndose las espaldas unos a otros, rodeados por enemigos; sólo que estos enemigos eran invisibles, unas sombras sin forma. Se encontraban en un vestíbulo de un hotel ostentoso, rodeados por una jauría de ellas, que revoloteaban a su alrededor. Cada uno de ellos portaba un libro antiguo en sus manos; la primera en intentar leerlo fue la mujer, y al deshacerse en sus manos no pudos soportarlo, el pánico se hizo dueña de ella, empezó a rasgarse la cara con las uñas mientras gritaba de dolor y de auténtico horror. El hombre también intentó leer el libro que sostenía, que se deshizo en polvo igual que el de la mujer. Acto seguido él también fue presa del horror y cayó al suelo llorando de angustia. Por último fue el turno de Patrick y, cuando se disponía a leer el libro, un frío gélido se apoderó de su corazón absorbiendo todo el aire que entraba por sus pulmones... justo en ese momento se despertaba bañado en sudor y con un dolor punzante en el pecho....
Cada día el sueño era más intenso, cada día dormía menos, tenía que conseguir que los sueños no se apoderasen de él.
Lunes
Por la mañana, y con el malestar de la resaca, Malcolm se reunió con Sigrid. Ella le contó los detalles de lo que necesitaba (protección durante la semana que durase la subasta) y acordaron una tarifa por los servicios. Durante la conversación afloraron ciertas tiranteces entre Malcolm y Sigrid, ya que la anticuaria se apercibió de que Mal estaba resacoso, y el despacho, aunque espartano, no estaba "pulcro y ordenado", cosa con la que Sigrid era extremadamente maniática.
Cuando la conversación estaba llegando a su final, llamaron a la puerta. No era otro que Patrick, que había acudido allí por un impulso inexplicable, y que les habló del sueño en el que Malcolm y Sigrid también aparecían. Aunque reticentes al principio con el peculiar profesor, no pudieron sentirse intrigados por todo aquello que les contó, y decidieron dejarle acompañarlos.
Acudieron al Hotel Excelsior, en cuya planta ático se iba a celebrar la subasta. En el vestíbulo, Patrick rememoró el sueño de una manera realmente vívida. Al intentar alojarse en recepción les dijeron que no quedaban habitaciones libres. Tras echar una ojeada, Patrick volvió al vestíbulo. Un frío intenso lo envolvió y sintió como si el tiempo se detuviera. Tenía la sensación... no, la certeza, de que todo el mundo lo observaba fijamente. Todo pasó tan súbitamente como llegó. Cuando preguntó a Sigrid, a Mal y a algunos de los presentes, todo el mundo lo negó; nadie había mirado a Patrick.
Llevaron a cabo las primeras pesquisas en la Biblioteca de Nueva York. Mal también estaba intrigado, después de lo que le había dicho el mendigo, y acompañar a esta pareja de momento podía revelarle información de utilidad. Descubrieron que la mayoría de los libros de la subasta procedían del tesoro de Hitler y que Sotheby's era la empresa encargada de gestionar el evento.
Tras esto, se retiraron a dormir. Malcolm se pasó un rato por el gimnasio antes de irse a casa.
Martes
El día siguiente viajaron a Yale, a investigar el robo de la colección de libros raros. En la Biblioteca les contaron cómo había sido el robo, pero en ningún momento les dieron detalles sobre qué era lo que habían sustraído. Malcolm intentó obtener esta información de la policía, pero sin éxito. Sigrid, haciendo uso de sus habilidades, consiguió que el director de la Biblioteca les proporcionase la lista de los libros desaparecidos.
También buscaron información sobre la runa que Sigrid había encontrado en Internet y que fue la que le guió hasta la información de la subasta. Resultó que también estaba relacionada con el tesoro perdido de Hitler, no era sino uno de muchos símbolos esotéricos nazis.
Durmieron en un hotel, donde Malcolm y Patrick compartieron habitación. Para su angustia, Mal experimentó el mismo sueño que atormentaba a Patrick, salvo que visto desde su punto de vista. El temor se apoderó de él. Esto le convenció definitivamente de permanecer con Sigrid y Patrick, seguro que así obtendría respuestas a las preguntas que le habían estado acosando desde la muerte de su hija.
Miércoles
Por la mañana temprano regresaron a Nueva York.
La noche siguiente, Sigrid y Malcolm durmieron en casa de ella, y continuando con la serie de hechos extraños, ambos tuvieron el mismo sueño. Una figura en unos muelles, sangre en el suelo y una silueta en penumbra que los miraba llevándose un dedo a la boca y susurrando “ssshhhhhhh...”.
Después volvió el sueño recurrente, pero situándose en el vestíbulo del hotel y con un libro en las manos. El libro desaparecía de repente, y despertaron gritando. Esta experiencia les unió aún más; algo les estaba pasando y no sabían qué era, algo que también les unía al extravagante profesor Sullivan.
Finalmente llegaron las invitaciones para la subasta. En el Hotel pudieron ver publicada la lista del material que iba a ser subastado, por supuesto no accesible al público general. Y efectivamente, no fue grande su sorpresa al ver en la relación de objetos algunos de los que habían sido robados en Yale.
El material que se subastaba era el siguiente:
- Manuscrito de la Vulgata. Escrito en el siglo V por San Jerónimo, este es uno de los dos únicos manuscritos originales que se conservan.
- La Caja del Toc-Toc.
- El diario secreto de Helena Blavatsky. En teoría una joya del ocultismo, un texto iluminado por seres primigenios que revelaron a Madame Blavatsky el secreto del origen de la humanidad y de las otras tres razas ancestrales (atalantes, lemuritas y muanos)
- El manuscrito Voynich.
- De Occultis Spherae, un antiguo libro venerado por muchos ocultistas.
- El Codex Seraphinianus.
- El mapa de Platón.
- Ankh dorado. Reliquia faraónica del siglo VII adC.
- La katana de Miyamoto Musashi.
- Multitud de jarrones y vasijas de distintas dinastías chinas y japonesas.
- Yelmos, cetros, dagas, y partes de armadura de la Edad Media.
- Pergaminos celtas, escritos rúnicos, adornos escandinavos.
El diario secreto de Helena Petrovna Blavatsky era el único libro que no se encontraba entre los robados de Yale.
El Codex Seraphinianus y El manuscrito Voynich eran ambos dos códices escritos en clave y que nadia había conseguido descifrar nunca, ambos en la lista de los desaparecidos en la biblioteca de Beinecke.
jueves, 3 de marzo de 2016
Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 34
Hacia el norte (V). Abandonando el camino
Una vez reunidos fuera de Ashrakän tuvieron que planear su próximo movimiento. El badir y su contingente habían seguido su camino hacia el norte, dirigiéndose a Torre del Sol con los carromatos que presuntamente contenían a los elfos cautivos. El grupo decidió continuar su camino la noche siguiente, y utilizaron el resto del día para descansar. Volvieron a compartir de nuevo el sueño de la multitud en los Santuarios, pero esta vez se grabó en ellos sólo una ligera sensación, pues la experiencia onírica se había difuminado aún más que en las últimas veces. No obstante, Symeon despertó sobresaltado, acuciado por una sensación nueva: habría jurado que justo antes de despertar, un animal lo estaba olfateando a la altura de la sien. No tardó en relacionar tal sensación con los extraños sabuesos sombríos que habían visto por primera vez en su anterior sueño.
Poco después del anochecer continuaron su camino, hasta que en un momento dado algo llamó la atención de Daradoth: un jinete se erguía en lo alto de una loma lejana, tenuemente iluminado por la luz de la luna y las estrellas (no tan tenuemente para los ojos élficos, por supuesto). Era imposible que un jinete humano los viera desde aquella distancia, así que siguieron unos minutos más por el camino. El ojo experto de Yuria la ayudó a percibir que el ejército que les precedía había tenido algún tipo de problema: un trozo de lo que sin duda era una rueda de carromato se encontraba tirado a un lado del camino, y para ella era evidente que el ejército se había tenido que detener y había avanzado mucho menos de lo que habría podido. Se encontraban más cerca de la loma, y Daradoth pudo percibir, sobrecogido, que el jinete de su cima no era tal; ni siquiera era humano. La figura correspondía sin duda a la de un centauro, que observaba los alrededores con atención. Pocos momentos después, el centauro desaparecía de lo alto del cerro.
Decidieron acampar para no acercarse más al contingente del badir, y Daradoth se adelantó para investigar el lugar donde se había encontrado el centauro, varios kilómetros hacia el noreste. Tras varias horas de búsqueda, pudo detectar algunas huellas del ser mítico, pero pronto las perdió.
Mientras Daradoth estaba ausente, el grupo aprovechó para descansar. Al cabo de un par de horas, Taheem despertaba a Symeon: el vestalense tenía un rostro de gran preocupación, pues estaba seguro de haber notado varios animales, probablemente lobos, alrededor del grupo, acechando. La experiencia de Taheem, unida a la sensación que el errante había tenido la noche anterior, hicieron fruncir el ceño a éste. Aún mostró más preocupación, cuando Yuria se agitó violentamente y se despertó con un gemido de terror. No tardó en recordar por qué se había despertado tan violentamente: en el sueño, un ser que no podía ver sino sólo sentir, pero que estaba segura de que era parecido a un lobo enorme, la perseguía, gruñendo y aullando; justo cuando creía que la iba a atrapar se había despertado. Symeon se convenció de que los extraños sabuesos que habían visto en el sueño habían sido enviados para encontrarlos, y todos aceptaron su sugerencia de mover el campamento inmediatamente, confiando en que Daradoth los encontrara más tarde. Y así fue, aunque no sin esfuerzo por parte del elfo, que tardó un par de horas en reunirse con ellos.
Después de descansar, pasado el mediodía volvieron al camino, que se internaba ya en terreno accidentado, con lomas y colinas alrededor. A media tarde, dos jinetes con uniforme aparecían desde detrás de un recodo. Y detrás de esos dos, tres más. Nada más ver al grupo sofrenaron sus caballos a varias docenas de metros de distancia. La comitiva se detuvo unos instantes, pero siguieron caminando despacio y alerta. Tras realizar una evaluación rápida, tocar los pomos de sus cimitarras y hablar en voz baja entre ellos, sucedió lo inesperado: volvieron grupas y se alejaron rápidamente, desapareciendo detrás del recodo de nuevo. ¿Habrían ido en busca de ayuda? Si era así, debían actuar rápido. Salieron del camino, internándose en las colinas de los alrededores siguiendo una diagonal que divergía poco a poco de la vía. No tardaron en oír sonidos de cuernos en la lejanía. Al cabo de unas horas, Daradoth subió a un cerro para otear los alrededores; y se sobresaltó cuando vio una patrulla de exploradores a menos de cien metros que no lo habían detectado pero que se dirigían directamente hacia donde él se encontraba, sin duda con la intención de observar los alrededores desde esa misma cima. El elfo corrió lo más rápido que pudo para reunirse con sus compañeros y alejarse de allí, poniéndose a salvo; los cuernos redoblaron sus bramidos, amenazadores.
Una vez se sintieron a salvo, volvieron a subir a una loma y observaron los alrededores con ayuda del catalejo de Yuria. Los ojos expertos de la ercestre pudieron detectar una pauta en las pocas patrullas que era capaz de avistar: todas se dirigían hacia un punto de confluencia hacia el norte, quizá obedeciendo a las llamadas de los cuernos que se escuchaban.
Decidieron proseguir camino campo a través, pero pronto tuvieron que desistir, pues el terreno se hacía casi imposible de atravesar por los barrancos y acequias. Viraron hacia el oeste y remontaron una colina que los llevaría de nuevo a la vera del ahora tortuoso camino principal.
Tras caminar varias horas, anocheció justo cuando se encontraban al pie del promontorio. Mientras el resto del grupo montaba el campamento, Daradoth decidió acercarse al lugar tras las colinas donde se percibía el resplandor que suponían procedente de las hogueras del ejército del badir. Tras esquivar con ciertas dificultades a los guardias y exploradores apostados, pudo llegar a un lugar que ofrecía una buena vista del contingente. Habían aprovechado el risco de la falda de una de las colinas, montando una fuerte guardia de soldados y perros alrededor de los carromatos. El elfo decidió retirarse sin arriesgarse más.
Al amanecer levantaron el campamento. Y pudieron ver a lo lejos una treintena de jinetes que aparecían en la cima de la colina, y al menos media docena más por el camino. Por suerte se habían alejado ya, e internándose a través de unos campos de maíz pudieron permanecer ocultos a la vista de los enemigos. Dadas las dificultades en las que se encontraban, decidieron abandonar los caballos y quedarse sólo con las mulas, que les permitirían atravesar terrenos mucho más abruptos. Y así continuaron, a través de las colinas, barrancos y cultivos, evitando el camino.
Tras varias horas de dura caminata, acamparon de nuevo. Al atardecer, pudieron ver cómo un jinete se recortaba claramente sobre un cerro contra la luz del horizonte, bajaba del caballo, comprobaba alguna cosa, y continuaba su camino. La noche transcurrió tranquila, sin sobresaltos por primera vez en mucho tiempo.
viernes, 12 de febrero de 2016
Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 33
Hacia el norte (IV). Ashrakän
La noche siguiente volvieron a tener el sueño común de la multitud en Creä. Pero el sueño era… distinto. Las figuras estaban menos definidas, y sus rostros no eran claros como otras veces. Los santuarios que se alzaban en lo alto de la colina también eran distintos, eran menos detallados, por decirlo de alguna manera. Aquí y allá se notaba que una torre no era como debía ser, o que faltaba alguna estatua. La multitud no se giró hacia ellos como otras veces, al parecer incapaz de detectarlos.
La noche siguiente volvieron a tener el sueño común de la multitud en Creä. Pero el sueño era… distinto. Las figuras estaban menos definidas, y sus rostros no eran claros como otras veces. Los santuarios que se alzaban en lo alto de la colina también eran distintos, eran menos detallados, por decirlo de alguna manera. Aquí y allá se notaba que una torre no era como debía ser, o que faltaba alguna estatua. La multitud no se giró hacia ellos como otras veces, al parecer incapaz de detectarlos.
El día siguiente apareció una patrulla de exploradores desde el sur con un par de perros cuyos ladridos se podían oír a distancia; el grupo decidió apartarse hasta que se alejaron hacia el norte. Poco después, comenzaban a ver las primeras granjas en el camino hacia Ashrakän. El paisaje había cambiado en pocos días de un terreno abrupto y escarpado a tierras aplanadas y llenas de cultivos.
La noche transcurrió tranquila; la única incidencia fue que Symeon despertó inquieto al haber sentido la llamada de ayuda en el mundo onírico una vez más. Continuaron el camino el día siguiente, y a media mañana, las granjas ya se habían convertido en una visión habitual. A mediodía llegaban a la vista de una parada de postas entre una agrupación de granjas que formaban un trasunto de aldea. Ante la posada de la parada de postas había un soldado clavando algo en un tablón. Al pasar por delante, Daradoth, que iba acompañado en vanguardia por Faewald, se giró discretamente y pudo ver lo que el hombre estaba clavando: los retratos (preocupantemente actualizados) de él mismo y de sus compañeros. El elfo no se detuvo para evitar delatarse más, pero cambió unas palabras con Faewald, que dio la vuelta y se reunió con el resto del grupo más rezagado, instándolos a volver por donde habían venido para evitar que los reconocieran. Varios cientos de metros hacia el sur, el soldado que minutos antes había estado clavando sus retratos en el tablero los superaba, cabalgando al galope por el camino. Poco después giraban de nuevo hacia el norte y se reunían de nuevo en medio de un campo de frutales con Daradoth. Acordaron que a partir de entonces acamparían de día y viajarían de noche, así que se dispusieron a descansar.
Volvieron a compartir el sueño de la turba ante los santuarios, y en esta ocasión los cambios fueron aún más acusados; los congregados eran poco más que borrones en sombras, y los santuarios (para el experto ojo de Yuria) estaban definitivamente incompletos e inexactos; no obstante, algo nuevo apareció en el sueño: varios sabuesos enormes, aunque también poco definidos y borrosos. Uno de ellos se detuvo durante unos segundos ante Galad, husmeando a su alrededor, pero por suerte pasó de largo. En ese momento un destello llamó su atención desde una de las torres de los santuarios. La centaura lady Merediah los observaba fijamente, y su voz resonó en sus mentes, suplicándoles ayuda. Antes de que pudieran reaccionar, Merediah giró bruscamente la cabeza, como si hubiera visto algo, y desapareció. En su lugar apareció una figura encapuchada, algo borrosa; no les dio tiempo a ver más, pues Daradoth y Faewald los despertaron en el mundo de vigilia.
| Dogo Onírico |
Continuaron el camino por la noche, con Daradoth agudizando su oído con sus habilidades sobrenaturales. Gracias a ello, pudo oír en la lejanía el ladrido de un perro, y una voz que instaba a otra persona a callarlos. Sin duda alguna, uno de los grupos de exploradores que los buscaba. Evitaron acercarse a ellos desviándose del camino por una vaguada en el lado derecho. Dieron un gran rodeo durante varias horas, y tras superar un campo de maíz pudieron ver varios focos de luz: varias decenas de hogueras ardían en la distancia, revelando la presencia de un gran campamento. Volvieron atrás y pasaron el resto de la noche y el día siguiente a salvo entre los cultivos.
La siguiente noche, Daradoth se acercó para investigar el campamento; en efecto, era el contingente que habían visto viajando hacia el norte unos días atrás, que se había detenido en el cruce del camino del norte con el que llevaba a la ciudad de Ashrakän. Sin embargo, los vagones que escoltaban no se encontraban en el campamento. Debían de haberse dirigido a la ciudad. El elfo volvió para informar a sus compañeros, y decidieron que esa misma noche intentarían rodear el ejército por el sur a través de los campos de granjas para entrar en Ashrakän. Pero no contaban con la presencia de perros en las granjas, y que muchas de ellas tenían cercados para evitar que el ganado vagara libremente o que las cosechas fueran saqueadas. Todo ello, unido a las evidentes dificultades que planteaba moverse por la noche con poca luz y una reata de varias mulas y percherones, convirtieron el paseo nocturno en una empresa harto difícil. Un par de granjeros, padre e hijo, los descubrieron; por suerte, Daradoth pudo dormirlos con sus sortilegios y calmar a los perros que los acompañaban. No obstante, los ruidos alarmaron a los guardias del campamento, que se acercaron peligrosamente al grupo. Así que decidieron volver hacia atrás una vez más, y pasar el día a cubierto. Meditaron sobre otra opción: rodear al ejército acampado por el norte; pero el terreno allí estaba compuesto de colinas escarpadas, y si se adentraban allí tendrían que dejar atrás los caballos con seguridad, y posiblemente alguna mula.
Por suerte (o por desgracia, no lo sabían muy bien), la noche siguiente el ejército ya no estaba allí. Habían levantado el campamento y se habían marchado, moviéndose claramente hacia el norte. El grupo tomó entonces el camino que conducía a la ciudad. Tras rodear un par de cerros y recorrer un par de kilómetros la avistaron; Ashrakän se levantaba sobre un par de las colinas que componían el paisaje allí, visible gracias a varias almenaras que ardían en su perímetro y que aparentemente marcaban los puestos de guardia. Se dividieron en parejas mientras el resto del grupo esperaba a una distancia prudencial con la impedimenta: Symeon y Taheem entraron por un lado y Galad y Yuria por otro. Evitaron a los guardias y entraron en la ciudad ya entrada la noche. Afortunadamente, pudieron encontrar a quien les vendiera algo de mercancía: forraje y comida para diez días, y también maquillaje para disimular su aspecto. Acto seguido, se dirigieron a una taberna en busca de rumores; en el camino hacia allí, Yuria se dio cuenta de que había desaparecido de su cinturón su bolsa de monedas, y maldijo su distracción. En la taberna, se enteraron de unos chismorreos sin importancia (por ejemplo, que la hija del Señor de Torre del Sol era un poco “ligera de cascos” y había metido en líos a más de un noble local), pero otros los inquietaron un poco más: se decía que el badir había apresado a varios elfos, y que se dirigía al norte con ellos; había seguido su camino aquella misma mañana.
viernes, 29 de enero de 2016
Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 32
Hacia el norte (III)
Continuaron camino hacia Torre del Sol. Symeon aprovechó para hablar durante un largo rato con Taheem, exponiendo sus (inquitantes) ideas sobre el hecho de que los Errantes deberían adoptar una actitud más agresiva y dejar de lado su aversión a las acciones armadas. Después, aprovechando el descanso para comer, hizo un aparte con Galad, para que lo tomara en confesión, pues se sentía culpable por sus nuevas ideas sobre la violencia y su pueblo. El paladín, sabedor de la experiencia que Symeon había tenido hacía unas semanas en el mundo onírico, aprovechó para pedirle que le dejara inspeccionarlo a fondo en busca de posibles marcas como la que el propio Galad había lucido en su espalda y que gracias a su Fe en Emmán había desaparecido, dejando sólo una cicatriz. Symeon no lucía ninguna marca en su piel, pero algo llamó la atención de Galad: el errante tenía un halo de color negro alrededor del iris de los ojos, que definitivamente no debería estar allí; no parecía gran cosa, pero no pudo por menos que inquietar a ambos.
La noche discurrió tranquila y continuaron su viaje temprano. Al atardecer, Taheem expresó en voz alta una nueva duda que le había acosado durante todo el día: opinaba que quizá sería mejor desviarse y llegar al río Ládtarim, para bajar hacia el sur y pasar a través del lago Írsuvil al reino de Sermia. La travesía por el río sería rápida y con suerte podrían esquivar los controles, si es que de hecho los había. Tras discutirlo largo rato, decidieron postergar la decisión hasta el día siguiente. Pero no llegarían a votar, pues la noche no fue tan tranquila como la anterior en absoluto. Ya mientras estaban discutiendo alrededor de la hoguera sobre qué camino sería mejor tomar, Daradoth había sentido como se erizaba el vello de su nuca en una conocida sensación que delataba la utilización de poder arcano, y en este caso debía de tratarse de algo bastante intenso. Después de compartirlo con los demás, durmieron haciendo como siempre turnos de guardia. En la guardia que Daradoth hacía junto a Torgen y Gedastos, Symeon comenzó a agitarse en sueños y a murmurar palabras ininteligibles. A los pocos segundos, se movía violentamente y los demás se acercaron rápidamente; sin embargo, no les dio tiempo a hacer nada, pues Symeon despertó por sí mismo, bastante alterado. Al principio, el errante no recordaba qué era lo que lo había perturbado tanto, pero poco a poco fue recordando; había oído, o más bien sentido, una llamada desgarradora de ayuda, y también había visto ante sí el rostro de la lady centaura suplicándole que fuera a buscarla; acto seguido, Symeon sufrió una especie de tirón que lo alejó bruscamente de lady Merediah; salió del vagón donde ella se encontraba encerrada, que se alejó a su vez, y de algunos individuos que lo rodeaban, y despertó. Con palabras atropelladas, explicó lo que había visto a sus amigos. Apenas había acabado de describir la experiencia, Daradoth detectó un movimiento en su visión periférica. Todos empuñaron sus armas cuando cinco figuras encapuchadas, cinco sombras a todas luces no humanas, aparecieron en la oscuridad de la noche. El combate fue brutal, y muy difícil; Daradoth acabó cayendo extenuado, y Symeon fue malherido antes de que Taheem acabara con la última de las Sombras con la ayuda de Yuria, que utilizó el dispositivo escupefuego de los enanos; sin embargo, antes de que acabara el combate, Galad y Gedastos cayeron dormidos, arrastrados sin duda contra su voluntad al Mundo de los Sueños. Symeon, con una herida que lo mataría en el mundo real sin ayuda, hizo acopio de toda su capacidad y consiguió entrar físicamente al Mundo Onírico [punto de destino]. Allí se encontró con sus amigos, y consiguió cerrar su herida. Pero a los pocos instantes hacían acto de aparición tres figuras en escena; dos de ellas cambiaban su aspecto continuamente, lo que denotaba cierta falta de control, pero la tercera era una presencia bien definida y protegida por una capucha. Symeon oyó una voz en su mente, una voz conocida de tiempos pasados, que lo instaba a marcharse de allí junto a sus amigos; y así lo hicieron, volviendo al mundo real ayudados por un empujón de procedencia desconocida (aunque no tan desconocida para Symeon).
El grupo al completo había sufrido heridas de diversa gravedad. Gracias a los poderes de Galad, las habilidades médicas de Yuria consiguieron estabilizarlas y partir rápidamente, alejándose del lugar hacia las sombras de la noche. El vello de la nuca de Daradoth volvió a erizarse cuando habían recorrido unos pocos cientos de metros; la sensación provenía sin duda del lugar donde habían acampado. Apretaron un poco más el paso, alejándose de allí.
Descansaron en un bosque apartado del camino. Allí hicieron uso de la colección de hierbas que llevaban encima para acabar de reponer fuerzas, y ya refrescados, volvieron hacia el camino, pasando por el lugar donde habían acampado; las cenizas de la hoguera habían sido revueltas, y leves huellas podían verse aquí y allá: alguien había estado intentando encontrarlos. De hecho, Daradoth, que marchaba en vanguardia, descubrió un grupo de exploradores ataviados con el escudo del badir enfrascados en labores de rastreo a la vera de la maltrecha calzada. Se escondió rápida y silenciosamente, y volvió junto a sus compañeros, con los que compartió la información. Desafortunadamente, el elfo no había sido todo lo sigiloso y rápido que creía, y un quedo ruido delató la presencia de intrusos en el bosque. Haciendo uso de sus habilidades, Galad pudo detectar al menos a media docena de enemigos en las inmediaciones. Y enseguida se empezaron a oír los ladridos de perros en la lejanía. No podían permanecer allí ni un minuto más. Con miradas cómplices, actuaron rápidamente. Mientras el resto se escabullía en la vegetación, Galad, Daradoth y Gedastos se lanzaban a la carga para intentar abatir al intruso que el paladín había detectado más cerca. Al llegar, el explorador se había encaramado a un árbol y empuñando una ballesta, alcanzó a Gedastos en el torso, derribándolo. Estuvo a punto de dar la voz de alarma, pero no tuvo el tiempo suficiente: Daradoth realizó un salto sobrenatural entre las ramas y su hoja alcanzó al hombre en pleno corazón, matándolo instantánea y discretamente. Pero los perros se acercaban más, y su número aumentaba. Tenían que pensar en una distracción, y ésta fue proporcionada por el ingenio que los enanos habían fabricado para Yuria. Por fortuna el viento era favorable al grupo, que se situó a sotavento y, en pocos segundos, el fuego escupido por el artefacto saltaba de árbol en árbol, formando un incendio de dimensiones considerables. Eso les proporcionó la cobertura que necesitaban para dejar a sus enemigos atrás y salir al camino de nuevo más hacia el norte. A media tarde llegaban a la vista de la primera granja que anunciaba la proximidad de la ciudad de Ashrakän. La granja estaba calcinada, así que decidieron pasar de largo sin más. Poco después, algo llamaba su atención: una pira humeante bastante grande cercana a la calzada. Unos pocos restos daban a entender que el ejército que marchaba por delante había quemado a varios soldados en ella. Como bien sabían ya, generalmente en el Imperio Vestalense los restos mortales de la gente de pocos recursos eran incinerados. Aquello no parecía otra cosa que una pira mortuoria, no había signos de nada más; Daradoth expresó su sospecha de una posible epidemia que estuviera afectando al contingente que les precedía.
Al día siguiente tuvieron un agradable encuentro con una caravana de mercaderes que se dirigía hacia el sur. Por precaución, varios de ellos, los más reconocibles, se quedaron fuera del camino para que no hubiera problemas. Los mercaderes volvían hacia Creá después de jugosos negocios en Ashrakän. Les hablaron del ejército con el que se habían cruzado, pero no les revelaron nada que no supieran ya.
Mäs tarde llegaban a la vista de otra granja algo apartada del camino pero en perfecto estado, a la que Symeon y Galad se acercaron, pues la herida de Gedastos no tenía buen aspecto y necesitaban remedios con los que tratarla. En la granja les recibió una pareja muy agradable, que no dudó en proporcionarles una cataplasma con la que tratar a Gedastos y en invitarlos a tomar algo de agua, pan y queso. Al preguntarles por la granja calcinada, la pareja les habló de los propietarios, los Hashikh, que habían sido acusados de ser herejes emmanitas. En ese momento, se incorporó a la conversación Yashedh, el hijo mayor de los granjeros, que afirmó con rabia que aquella acusación era una maldita patraña y que los que debían ser quemados sin piedad eran los clérigos del Fuego Purificador. La vehemencia del muchacho contrastó con el gesto de terror de sus padres, que intentaron callarlo por todos los medios. Una vez calmados los ánimos, los granjeros aceptaron las ollas que les ofrecía Symeon como pago por la cataplasma, y el paladín y el errante se despidieron agradecidos.
viernes, 8 de enero de 2016
Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 31
Hacia el norte (II)
El grupo al completo excepto Symeon se alejó rápidamente del camino en cuanto vieron aparecer la vanguardia del ejército y lo identificaron como tal. Encontraron refugio en un pequeño barranco excavado por un riachuelo a un par de kilómetros. Fue el errante, con sus habilidades de ocultación, quien pudo ver el ejército en todo su detalle; los vagones que viajaban en el seno de la columna de infantería, fuertemente custodiados, lucían varios ventanucos enrejados y abiertos, pero le fue imposible saber qué contenían.
Tras el paso del contingente, Symeon se reunió con el resto y les explicó con todo lujo de detalles lo que había visto y sus sospechas de que los vagones debían de albergar prisioneros. Estaba empezando a oscurecer, así que decidieron pasar la noche en la ribera del riachuelo. En su turno de guardia, Daradoth pudo oír una conversación entre Taheem y Sharëd mantenida en quedos susurros: en ella, Sharëd exponía sus dudas a Taheem acerca de su presencia allí y el destino que les esperaba acompañando al elfo y los demás; el más joven de los hermanos creía que debían separar su camino del del resto de la comitiva, y volver con los errantes del campamento en el desierto, donde los necesitaban y serían más útiles, y no embarcarse en una aventura de final tan incierto. Daradoth decidió no intervenir.
La mañana siguiente volvieron al camino, y trataron de trabar contacto con los vestalenses del campamento que Symeon había visto en el bosquecillo del este. Tras serias dificultades para ganarse la confianza o, al menos la curiosidad, de los vestalenses, consiguieron trabar contacto con ellos. Les recibió el líder del campamento, Rakheem, a todas luces un antiguo soldado, extrañado por su presencia allí. Les explicó que el campamento lo componían varias familias de refugiados de las aldeas del sur que habían sufrido la brutalidad de los Inquisidores, quemando a sus familiares y amigos en piras, como bien sabían ya los personajes; el propio Rakheem había sido uno de los soldados al mando de los miembros del Fuego Purificador, uno de tantos militares asqueados con aquellas matanzas indiscriminadas; además, eran exterminios ritualizados que se hacían claramente al servicio de aquellos extraños clérigos de piel pálida como el alabastro que habían venido acompañando al Ra’Akarah, donde se sacrificaba a niños, mujeres y ancianos, y cuya finalidad Rakheem no alcanzaba a comprender; así que algunos de los soldados habían desertado y ayudado a escapar a cuantas familias pudieron, formando aquel campamento al que de tanto en tanto todavía llegaban algunos que se habían podido librar de las piras gracias a la ayuda de sus hombres. El antiguo soldado lucía una quemadura en el antebrazo y la mano derechos que se había provocado al rescatar a un niño de una de las piras y que daba fe de sus palabras. Después, debido a los carruajes, el peso de los suministros y la cantidad de gente que albergaban, habían decidido internarse en el bosque y esperar una buena ocasión para iniciar la marcha hacia no sabían muy bien dónde.
Conmovidos por la historia, el grupo ofreció su ayuda a Rakheem, que la aceptó de buen grado; Galad se dedicó a curar a aquellos que lo necesitaban, y Yuria colaboró en la reparación de los carros, ofreciendo consejos sobre cómo mejorar su estructura y las ruedas. Taheem y Sharëd también se emplearon a fondo, ayudando en cuanto pudieron.
Rakheem también les informó de algo que los inquietó: según la versión oficial, el Ra’Akarah no estaba muerto, sino que en última instancia, un arcángel de Vestán se había encarnado en la persona de la esposa del Supremo Badir, lady Sarahid, y había salvado su vida con la ayuda de una poderosa Reliquia guardada en los Santuarios. Y ahora el Mesías se encontraba a salvo en el interior de los Santuarios, reponiéndose de sus heridas. El grupo negó esta versión y narró la suya propia, evitando los detalles de su participación en los hechos, e intentando convencer a los vestalenses del hecho de que habían visto al Ra’Akarah muerto sin ningún género de dudas; con suerte, conseguirían que su versión se propagara. Sin embargo, la descripción de Sarahid como un arcángel de Vestán y la utilización de una reliquia de los Santuarios para salvarlo eran unos detalles que no podían dejar de tenerse en cuenta...
Al anochecer, se despidieron de Rakheem y el campamento; pero no así Sharëd, que expresó ante su hermano y el grupo el deseo de quedarse con sus compatriotas para poder ayudarlos y luego volver al campamento de los Errantes, donde también se encontraría Valeryan, con suerte. Movido por su hermano, Taheem también expresó sus dudas acerca de aquel viaje, afirmó que habría sido más conveniente para su futuro (el del grupo) haberse unido a lady Ilaith y no en aquella precariedad en la que estaban sumidos en ese momento. Yuria y Symeon intentaron convencerlo de que la lucha contra la Sombra no había hecho más que empezar, y que igual que habían encontrado un posible aliado en Ilaith podrían convencer a otros en el futuro para unirse a su lucha; pero no lograron convencer a Taheem, que prefirió quedarse junto a su hermano y ser realmente útil ayudando a los que lo necesitaban. Con pesar, el grupo se despidió de los hermanos que tanto les habían ayudado, y reanudó su camino.
Los siguientes dos días transcurrieron en silencio, con el grupo conmovido en cierta medida por las afirmaciones que había hecho Taheem. Sin embargo, a mitad de mañana de la segunda jornada, recuperaron en cierta medida el buen humor: un hombre se acercaba corriendo a paso vivo hacia ellos desde el sur; Daradoth sonrió cuando reconoció a Taheem, que pronto los alcanzó: finalmente, las palabras de Yuria y los demás lo habían convencido para acompañarlos y ayudarles en su lucha contra la Sombra; saludos emocionados rubricaron sus palabras.
Durante el viaje, siguieron teniendo el sueño recurrente de la multitud en la explanada ante los Santuarios. En algunas ocasiones el sueño era inocuo y la multitud simplemente les ignoraba, pero otras veces , en cierto momento la turba se giraba hacia ellos y les miraba acusadora. La noche de la misma jornada en la que Taheem se reunió de nuevo con el grupo tuvieron el sueño de nuevo, y esta vez más vívido y peligroso: la multitud se giró a mirarles, como siempre, y les señaló mientras gritaba improperios con una voz demoníaca; promesas de muertes horribles salieron de miles de bocas que hablaban como si fueran una sola, y a continuación sintieron la presencia. Una presencia que varios de ellos recordaban haber sentido en una de las tormentas oscuras mientras atravesaban el desierto acercándose a Creá, una presencia física impresionante, que transmitía un frío y un empuje intensos y que sólo podía pertenecer a un ente de una malignidad extrema y una potencia ultraterrena. Algunos fueron presa del terror mientras el cielo en el sueño se fundía en el más oscuro de los negros nocturnos. Afortunadamente, gracias a las habilidades de Symeon y los poderes de Galad, el grupo consiguió despertar antes de que la entidad apareciera; ya en el mundo de vigilia, pudieron ver cómo otro de los torbellinos negros se había formado y se acercaba hacia ellos; levantaron el campamento a toda prisa y se pusieron en marcha en el frío de la noche, recuperando el sueño a la mañana siguiente.
La preocupación cundía en el grupo, pues habían notado que en las últimas ocasiones en las que se habían visto aquejados por el sueño, aquellos que se encontraban de guardia (incluyendo a Daradoth, que como elfo necesitaba dormir mucho menos) habían sido forzados a dormir, aparentemente. Así que decidieron probar a hacer uso del talismán de Yuria, pasándolo a aquellos que tuvieran que hacer guardia y que no se vieran afectados negativamente por él. Pero el talismán resultó ser inútil, pues la noche siguiente volvieron a encontrarse todos en el sueño, aunque la multitud los ignoró, afortunadamente.
Forzados a rebajar el paso para no alcanzar al ejército que marchaba por delante de ellos, el viaje se haría aún más largo. Y tras varias noches de ausencia de sueños o de multitudes que los ignoraban, finalmente una de las noches la turba se giró hacia ellos en idéntico ademán acusador, señalándoles y jurando su muerte. Aunque la mayoría del grupo consiguió salir del sueño rápidamente ayudados por Symeon y Galad, Yuria quedó atrapada, aterrada por la presencia que cada vez se hacía más fuerte, hasta que se convirtió en una enorme sombra que se alzó sobre los santuarios y que apartaba violentamente a la multitud. La enorme sombra se presentó ante ella como Khamorbôlg, uno de los kaloriones, y la tocó. En el mundo de vigilia, el cuerpo de Yuria se convulsionaba violentamente mientras el grupo gritaba desesperado y a Symeon le era imposible conciliar el sueño para ir a buscarla. Finalmente, con un esfuerzo supremo y de nuevo con la ayuda de los poderes de Galad, Yuria consiguió zafarse del toque helado y ardiente de la presencia y despertar, aunque destrozada físicamente por la experiencia.
Con Yuria postrada en una parihuela durante varios días, llegaron a una encrucijada: a la izquierda una señal indicaba el camino hacia Belezeth, el de la derecha conducía a la fortaleza Sar’Kalidh y el del centro se dirigía a Torre del Sol. Fue este último el que tomaron , siguiendo los pasos del ejército que les precedía y con la esperanza de llegar a la Quebrada de Irpah para poder salir del Imperio Vestalense.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 30
Hacia el norte
| El camino hacia Irpah |
Era urgente que tomaran una decisión, pues no podían quedarse donde estaban indefinidamente. Haciendo unos cálculos a ojo de buen cubero, Symeon estimó que si se dirigían hacia el norte, tendrían por delante un viaje de aproximadamente mes y medio a pie sobre un camino de calidad irregular hasta el inicio del valle que daba acceso a la Quebrada de Irpah, donde esperaban poder burlar la vigilancia vestalense de la fortaleza de Sar’Sajari y encontrarse con los ejércitos del Pacto de los Seis. Ya sin esperanzas de reunirse con Meravor y su troupe, no lo postergaron más y partieron al día siguiente, a pie y con las mulas cargadas con la impedimenta.
El camino hacia el norte era con diferencia el menos transitado de los que salían de Creá, y aunque se cruzaron con varios grupos de viajeros e incluso de soldados, no tuvieron problemas durante las primeras jornadas. Al inicio de la tercera jornada llegaban a la primera aldea a la vera del camino, a cuya altura se había establecido un control del ejército vestalense. Sin apenas tiempo de discutir, Yuria se alejó del camino junto a Sharëd tratando de rodear el control, Daradoth decidió esconderse y utilizar sus habilidades de subterfugio para franquear el paso sin ser visto y los demás continuaron por el camino. Una providencial sombra recortada contra el sol [punto de destino para evitar la horrible muerte de Yuria y Sharëd] puso al grupo sobre aviso de la presencia de los horribles Corvax en las inmediaciones. Tras unos minutos de una tensión casi insoportable, el enorme pájaro acabó alejándose y pudieron atravesar el control.
Symeon, Taheem y Galad, mientras tanto, decidieron entrar en la aldea para ver si podían conseguir suministros. En el pueblo se alzaba un campamento de “refugiados”, gente aterrorizada por la muerte de su Mesías y que había encontrado allí un descanso a manos de un grupo clérigos vestalenses. Además, pudieron conversar con un buhonero que había agotado ya prácticamente sus existencias, pero que les habló de lo horrible que había sido la situación en Creá, con centenares, si no miles, de personas suicidándose en los acantilados de la parte norte de los Santuarios. El viejo comerciante también les comentó el caos que se había apoderado de los alrededores de la ciudad en los días siguientes a la caída; aquella aldea sería pasto de disturbios si no fuera por los militares vestalenses, que habían conseguido imponer la paz. Lo más sorprendente fue que también les dio algo de información sobre los ástaros que habían huido de Creá; según lo que se comentaba, habían dado caza a aquellos traidores en las granjas que quedaban a unas pocas horas hacia el sur, incendiando un par de ellas en el proceso; habían descubierto a varios elfos acompañando a los soldados, y todavía se estaban llevando a cabo batidas para encontrar a los supervivientes. Aquella debía de ser la razón por la que la zona era sobrevolada por los grandes cuervos negros. La noticia dejó helados a los compañeros.
Horas más tarde continuaron su periplo hacia el norte. El buhonero también les había advertido del estado del camino entre un par de puntos, así que intentaron apresurarse en los tramos que se conservaban mejor.
La quinta jornada, con el camino ya casi despejado de viajeros, pudieron oír claramente los cascos de un numeroso grupo de caballos. Bajaron la cabeza y se apartaron a la vera del camino para dejar pasar a una docena de jinetes encabezados por un Inquisidor con paso apresurado. Apenas repararon en ellos. Dos jornadas más tarde, una columna de unos dos centenares de jinetes apareció desde el sur. Al frente de la columna podían verse varios oficiales, un Inquisidor, un Guardián del Paraíso (los clérigos fanáticos del Ra’Akarah) y la sombra de uno de los Susurros. Volvieron a salir del camino, esta vez escondiéndose tras una pequeña arboleda de encinas.
Poco después llegaban a la segunda aldea del camino, con el preceptivo control militar, un poco menos numeroso que el anterior. Volvieron a repetir la operación, con Daradoth rodeando el control; aunque habían tomado precauciones, el día era nublado y un enorme Corvax apareció de repente sobre el elfo. Éste desenvainó su espada, seguro de que el animal y sus jinetes lo habían avistado, preparado para ejecutar uno de sus hechizos; pero para su sorpresa (y gran alivio), tras dar un par de giros sobre su posición, el ave se elevó de nuevo sobre las nubes y no volvió a aparecer.
La tarde del noveno día llegaban a la vista de Feravah, una de las residencias del badir de Ahgherek. Feravah no era en absoluto una aldea, sino una pequeña ciudad, que se extendía desde la falda de las colinas al este del camino hasta varios centenares de metros al oeste. En lo más alto se podía distinguir la casa solariega del badir, una pequeña fortaleza, con varios pendones ondeando. A los pocos minutos, uno de los enormes pájaros negros aparecía desde el sur y aterrizaba en la fortaleza o sus inmediaciones. El control a la entrada de la ciudad fue bastante intenso, y Daradoth, como siempre, lo evitó dando un rodeo antes de ser advertido. No debían de llegar muchos viajeros desde Creá, como ya suponían, y los guardias les pidieron noticias de Creá y la situación. El grupo les hizo creer que eran peregrinos de camino hacia Mrísta, y que hacía muchos días que habían abandonado Creá. Poco después conseguían alojarse en una discreta posada con unos precios desorbitados, y con esfuerzo hacerse con cuatro caballos percherones, forraje y comida. No hubo manera de encontrar un carro, pero dado el precio al que les cobraron los viejos caballos y el forraje, no sabían si habrían podido permitirse comprar uno. Mientras se encontraban negociando por los caballos, algo llamó la atención del grupo (y de media ciudad): tres Corvax alzaban vuelo desde algún lugar cercano a la casa solariega del badir y emprendían vuelo hacia el sur. Symeon pudo escuchar cómo el comerciante susurraba: “por fin se marchan”.
Por la noche, en la posada, Symeon y Galad tuvieron un extraño sueño. En sus respectivas ensoñaciones, se encontraban en una gran plaza desconocida, rodeados de una enorme multitud bajo un cielo nublado. De repente, la multitud se giró para mirarlol, aterradoramente sincronizada, y el cielo se despejó total e instantáneamente. Una sensación extraña sacudió sus cuerpos y al punto despertaron, aturdidos. Desde luego, aquello no podía ser algo natural, y ambos compartieron todos los detalles en busca de alguna cosa que explicara el hecho, sin éxito.
Continuaron el camino durante varias jornadas, y una de las noches en la que dormían al raso, todos compartieron el mismo sueño. Se encontraban en medio de una multitud que aclamaba al Ra’Akarah a plena luz del día; de súbito, la multitud se giraba a mirarlos, silenciosa y amenazante y el claro día se convertía en la más oscura de las noches. La turba gritó, con una voz estruendosa que los aplastó como un alud: “¡La cosa no va a quedar así! ¡Os odio profundamente! ¡Os atraparé en vuestros sueños!”. La multitud se abalanzó sobre ellos, atrapándolos; por suerte, las habilidades de Symeon en el Mundo Onírico le permitieron despertar del trance y, aunque aturdido, consiguió despertar también al resto del grupo, algunos de los cuales sufrían ya un dolor incómodo que les hacía torcer el gesto.
Yuria fue la que mejor reaccionó al despertar, y la primera que notó la suave brisa que procedía del oeste. Mirando con más atención, se le encogió el ánimo; en lontananza podía divisar la formación de una tormenta oscura como la que les habían aquejado en su viaje a través del Imperio. Se apresuró a avisar al resto, que recogieron rápidamente y pusieron en marcha a las mulas. Por suerte, la tormenta no parecía moverse hacia ellos y pudieron alejarse sin más problemas. Al cabo de aproximadamente una hora, en vista de que la tormenta no se aproximaba, decidieron hacer otro alto para poder dormir las horas de sueño que les quedaban mientras Daradoth hacía guardia; al poco rato, la brisa volvía a levantarse, y el elfo notaba sin duda que la tormenta se acercaba; despertó a todo el mundo de nuevo y se pusieron en marcha. Una vez en pie y moviéndose, volvieron a dejar a la tormenta atrás sin más problemas.
Un par de jornadas más tarde, llegaban a la vista de otra aldea. Esta vez no tuvieron problemas, pues la aldea no estaba sólo desierta, sino también quemada. Y se veían piras en una explanada cercana. Al acercarse vieron que, efectivamente, se había despejado un amplio terreno para dar cabida a varias docenas de piras donde se había quemado a gente, y Symeon hizo notar que estaban dispuestas siguiendo el patrón de una estrella de once puntas. Como bien sabía Daradoth, el número once era un número muy relacionado con la Sombra: once kaloriones, cada uno con once Apóstoles, los once rostros de Kôrvegar y las once Sendas Oscuras… invocando la protección de Ammarië, el elfo se unió al resto del grupo, que había descubierto una especie de círculo o quizá de espiral trazada en el centro de la explanada, ya medio borrada.
Tres días más tarde, la escena se repetía en una nueva aldea sembrada también de piras siguiendo el diseño de la estrella de once puntas. La diferencia era que cerca de las piras se había producido sin duda un combate: una multitud de buitres y de cuervos señalaba una concentración de cadáveres de vestalenses y de algunos clérigos; y además, un Corvax y un par de sus jinetes yacían inertes y medio devorados. Según Yuria, era evidente que allí se había producido un enfrentamiento entre los Corvax y los soldados vestalenses; el cuerpo del gran pájaro se encontraba atravesado por multitud de saetas y algunos vestalenses lucían heridas causadas por su pico o sus garras; además había evidencias claras de que en el combate habían participado varios de los ingentes cuervos. Aquello debían de ser buenas noticias.. ¿o no?
Varios días después, por la noche, volvieron a compartir el mismo sueño de la multitud. En esa ocasión, a Symeon le costó un poco más despertarlos, y además se había vuelto a comenzar a formar la tormenta oscura… El errante comenzaba a temer que los estuvieran acechando a través del Mundo Onírico, y que las tormentas se formaran cuando los encontraban, y así transmitió sus sospechas al resto. Deberían vigilar su sueño a partir de entonces.
Pocos días después, a media tarde, ya con el camino despejado de viajeros, con los que se cruzaban sólo un par de veces al día, pudieron ver el humo de varias fogatas. Los árboles eran más tupidos a los lados del camino, así que Symeon se acercó subrepticiamente. Evitando la vigilancia de un hombre que se encontraba en lo alto de un árbol armado con un arco corto, llegó a la vista de un pequeño campamento, con varias tiendas, donde algunos niños jugaban en los alrededores, mujeres se encontraban despedazando conejos y varios hombres reparaban la rueda de un carro. El errante volvió junto al resto del grupo y les explicó lo que había visto. Pero no les dio tiempo a decidir qué hacer, pues al punto comenzaron a oír cascos de caballos, y por uno de los promontorios lejanos apareció la vanguardia de una larga columna de jinetes. Saliendo rápidamente del camino se camuflaron entre la vegetación y al poco podían avistar que, procedente del sur, se acercaba al menos una división de caballería y otra de infantería vestalense. Un pequeño ejército. Los estandartes anunciaban a todas luces que el hombre musculoso y bien parecido que guiaba la columna debía de ser el badir de Ahgherek; además de por guardias y oficiales, iba acompañado de un grupo de hombres muy pálidos entre los que se encontraba el anciano calvo que acompañaba al Ra’Akarah a su llegada a Creá (y que había intentado maldecir, o algo parecido, a Galad en los jardines de los Santurarios). También iban en la columna un grupo de inquisidores, varios clérigos y un grupo de miembros del Fuego Purificador. Otra cosa que llamó la atención del grupo fue que, más o menos en el centro del contingente viajaban varios vagones cerrados fuertemente custodiados.
jueves, 22 de octubre de 2015
Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 29
Fango y fuego. Anhelando el retorno.
Ni mucho menos se encontraban a salvo todavía. Los maleantes les habían ayudado a salir de Creá, pero ahora se encontraban en campo abierto rodeados de miles de kilómetros de enemigos. Y la búsqueda de los herejes que habían asesinado al Ra’Akarah se había puesto en marcha. Normalmente, dada la distancia a la que se encontaban del núcleo urbano de Creá, no les había supuesto mucho esfuerzo pasar desapercibidos y alejarse sin problemas; pero estas ilusiones dieron al traste en cuanto vieron aparecer el primer Corvax (uno de los enormes pájaros de ojos rojos y garras como cuchillas que cabalgaban los hechiceros extranjeros) a no mucha altura sobre ellos.
Pronto apareció el segundo monstruo volador, y no tuvieron más remedio que permanecer ocultos en la vegetación de las marismas hasta la caída de la noche. Incluso en alguna ocasión tuvieron que sumergirse en las enfangadas aguas, al creer que habían sido avistados. Sin embargo, algo sí debieron de divisar los enemigos, porque a las pocas horas, el olor a humo los alertó; los vestalenses estaban prendiendo fuego a la vegetación para, aparentemente, hacer salir de las marismas a posibles fugitivos. Esto los decidió a ponerse en marcha de nuevo, agotados, empapados, picados por sanguijuelas y mosquitos y con barro hasta en los rincones más recónditos de sus cuerpos. Una noche y un día enteros pasaron en las marismas huyendo de los vestalenses, los cuervos y algún que otro susurro que Symeon pudo detectar a tiempo; Gedastos fue picado en la mano por un escorpión, y tuvieron que hacerle una cura de urgencia. Por fin, la segunda noche salieron de las marismas depués de haber dado un gran rodeo y Daradoth los guió hacia la calzada sur, mientras intentaban librarse del barro seco y la humedad. Multitud de perros se oían aquí y allá, y por fin se integraron en el gentío; una multitud numerosa salía de Creá, después de haber visto frustrado su sueño de conocer al Ra’Akarah; en ocasiones se podían ver cuerpos tumbados que no supieron distinguir si dormían o habían perdido la vida. La calzada estaba flanqueada pro guardias a intervalos irregulares, y pudieron ver cómo un grupo de éstos interrogaba violentamente a un puñado de viajeros, derivando pronto en golpes y amenazas. Esquivando a las patrullas montadas, consiguieron atravesar la calzada y dirigirse hacia el noroeste, hacia el pueblo de Shaïr, para intentar hacerse con algunos camellos y luego partir hacia Esthalia.
Tras dos jornadas de camino llegaban al pueblo, que para su frustración se encontraba ya fuertemente vigilado, con guardias que interrogaban a los sospechosos en el camino que lo atravesaba. Sólo Taheem y Sharëd entraron para conseguir comida y transporte. Al cabo de un par de horas se reunieron de nuevo con el grupo, con cara de frustración. No habían podido conseguir ni un solo camello, pues la demanda era tal que había acabado con las existencias, y la comida estaba controlada y a precios prohibitivos, aunque habían conseguido suministros para varias jornadas. Pero a todas luces insuficiente; andando y con la comida (y sobre todo, la escasa agua) de la que disponían era imposible que encararan el viaje al oeste con garantías si no viajaban por las rutas principales.
Decidieron buscar una ruta alternativa y dirigirse hacia la calzada norte, un camino más modesto y peor conservado, donde esperaban poder encontrarse con Meravor, la compañía y los niños que Symeon había puesto bajo su custodia. Una vez allí, preguntaron a los lugareños si habían visto pasar un circo, pero al parecer nadie había visto ni rastro de él. Sin embargo, después de muchos intentos infructuosos, un viajero que abandonaba Creá les dijo que estaba convencido de que el circo había salido de la ciudad por la salida sur. Todos se miraron, preocupados, ya que Meravor les había asegurado que su intención era partir hacia el norte.
Ante el bloqueo de todas sus posibilidades, decidieron enviar a Symeon de nuevo a Creá para intentar conseguir monturas y comida. Tras muchas dificultades, negociaciones estériles y pagos descabellados, Symeon consiguió comprar bastante comida y una reata de cuatro mulas. Dadas las circunstancias, no estaba nada mal. Durante su estancia en la ciudad, el errante también se había enterado de que el Shaikh y el Sumo Vicario habían unido fuerzas en la búsqueda de los terroristas que habían atentado contra el Mesías, y que muchísima gente (familias enteras) se había suicidado después de los acontecimientos. No obstante, once días habían pasado ya desde el ataque al Ra’Akarah, y la situación parecía haberse calmado un poco.
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