Translate

Publicaciones

La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

jueves, 19 de abril de 2012

Sombras en el Imperio - Campaña de Arcana Mvndi Temporada 1 Capítulo 20

Acuerdo con los tribunos. Elena Geroclea.

Cneo Sulpicio Germánico
La cara de preocupación de Tito Cornelio convenció a Cayo Cornelio cuando el primero le pidió que pasearan juntos por el exterior del campamento para evitar oídos indiscretos. El tribuno se había convencido de la conveniencia de revelar lo que sabía a Cayo por sus últimas acciones, por las palabras del prefecto Apio Herminio y por la certeza de que Tiberio Julio era algo más que un simple médico. Para sorpresa -o no tan sorpresa- del legado, Tito habló de una "guerra en la sombra" que estaba teniendo lugar a su alrededor, más allá del entendimiento mundano, y que implicaba a los propios dioses. Según explicó, él tenía varios contactos en Mogontiacum y otros núcleos de población, algunos de ellos de la gens Cornelia más antigua, y colaboraba a requerimiento de los sacerdotes. Tales contactos no eran otra cosa que teúrgos de la rama Cornelia de Júpiter y por lo que pudo deducir Cayo, también teúrgos de los cultos de Marte y de Vulcano. Los teúrgos habían dedicado gran parte de los últimos meses a localizar los Caern germanos, sus lugares sagrados, intentando anularlos o destruirlos. Sin embargo, hacía unas pocas lunas que habían llegado nuevos enemigos a escena, de los que poco sabían, excepto que estaban intentanod utilzar los Caern de alguna forma y que muchos de ellos lucían armaduras azules muy resistentes y ajustadas; además, en ocasiones se hacían acompañar de extrañas sombras parecidas a la que se encerraba en la estatuilla de Tiberio. Tito también reveló que en las filas de la legión había otros colaboradores e incluso teúrgos que no dudarían en quitarle la vida si se enteraban de que había contado todo aquello, así que pidió la máxima discreción. Por supuesto, Cayo no tardó en compartir tales cofidencias con sus compañeros.

Más tarde tuvo lugar una reunión de Cayo con Lucio Mercio, Marco Linicio y con Cneo Sulpicio. Según palabras de Tito Cornelio, estos dos últimos eran los tribunos que más contactos tenían entre los germanos, y su colaboración sería fundamental para poder contactar con los bárbaros. El legado intentó ganarse el favor de ambos como ya había hecho anteriormente en alguna ocasión, pero la idea de reunirse a solas con los dos tribunos probó no ser demasiado buena y la conversación derivó en una casi violenta discusión. Antes de estropearlo todo irremediablemente, Cayo consiguió dar por terminada la reunión y dejarlo para una mejor ocasión.

Mientras tanto, Idara intentó averiguar más sobre Tito Cornelio siguiendo al tribuno en sus quehaceres, pero éste no dejó entrever nada sospechoso.

El día siguiente, Cayo Cornelio cambió de táctica y convocó juntos a todos los tribunos para tratar el estado de emergencia. Con sus dotes para el liderazgo se ganó a Vario Albino Balbo y a Quinto Marcio Melario. Marco Licinio Draco perdió los papeles en un momento dado, y tuvo que ser apaciguado por Cneo Sulpicio, que [pifia en carisma] por fin se mostró de acuerdo con el legado y lo respaldó en sus planes. Sulpicio sugirió contactar con los germanos Chatti, a cuya tribu pertenecía el poblado de Gameburg antes de que fuera arrasado, e intentar conseguir su colaboración contra los Tencteri , que sin duda eran los que estaban atacando el limes. Sulpicio se pondría inmediatamente a movilizar sus contactos.

Durante ese día y los siguientes empezó a llegar un goteo de huidos de los campamentos del limes. Algunos de los heridos, lucían muy mal aspecto: todo alrededor de los tajos y perforaciones sufridas se les habían puesto negras e hinchadas las venas y los capilares bajo la piel. A medida que pasaba el tiempo, la negrura se extendía. Parecía gangrena, pero no lo era. Tiberio Julio se aprestó a tratarlos lo mejor que pudo.

El día siguiente llegó una paloma con noticias del este. Los campamentos más orientales del Limes también habían sido atacados salvajemente y habían tenido que ser abandonados. Según Cneo Sulpicio, debía de tratarse de los germanos Hermunduri, que se habrían unido a los Tencteri. Contactaría también con sus hombres del este.

Cuando por la mañana Lucio Mercio se dirigió a reunirse con la esclava Kara donde ésta le había citado, no encontró a nadie. Cuando intentó averiguar su paradero, algún otro esclavo le informó que hacía tiempo que la mujer no aparecía por allí. Al decírselo a Tito Norbano, éste se mostró preocupado, y organizaron la búsqueda todo lo discretamente posible, pero sin resultado durante las siguientes jornadas.

Ese mismo día, Idara se encontraba rezando en el templo de Minerva junto a Claudia Valeria. Hacía varios días, desde que Tito Cornelio le había hablado a Cayo de los extraños aparecidos hace poco, que Idara le pedía a Minerva alguna revelación sobre sus enemigos, que parecían omnipresentes y poderosos en extremo. Y la diosa se la concedió por fin. Vio una caravana de carromatos, con hombres y mujeres de aspecto normal, pero todos ellos con al cara tapada por máscaras sonrientes en unos casos y tristes en otros. Entre los integrantes de la caravana, le llamó la atención una figura más pequeña que las demás, con el pelo canoso y apoyada sobre un bastón. La figura se giró hacia ella, mostrando una máscara plateada con gesto triste, y tras quedarse petrificada unos instantes, la señaló con el dedo. A continuación, unas palmadas en la mejilla despertaron a Idara de su inconsciencia. Cuando les contó a sus compañeros teúrgos su visión, ambos se mostraron confundidos, pero sin duda las máscaras indicaban algo relacionado con el teatro.

Casualmente, dos días después, alguien les informaba de una compañía de actores que llegaba a Mogontiacum. La preocupación de Idara fue mayúscula, y compartió con sus compañeros la visión que le había concedido Minerva. Por la noche fue a inspeccionar el campamento, teniendo buen cuidado de permanecer oculta. Sin embargo, se le puso el vello de punta cuando una anciana acompañada de una chica joven y rubia se detuvo en seco, se giró y miró fijamente hacia donde estaba ella. Idara salió corriendo, presa del temor, e insistió a sus compañeros en que había que acabar con aquella compañía teatral. La mayoría de sus componentes parecían griegos, incluida la anciana. Cayo y Lucio intentaron calmarla, y le dijeron que se encargarían por la mañana.

Esa misma noche, murieron dos de los heridos que habían llegado del limes con las heridas aparentemente gangrenadas. Y esa misma noche se levantaron sembrando el terror en el campamento. Las armas no parecían herirles, mientras ellos arañaban y mordían a todo el que se ponía por delante. Por suerte nadie resultó herido, y finalmente pudieron derrotarlos con fuego. Eran engendros generados por artes oscuras, sin ninguna duda, y a partir de entonces, decidieron quemar inmediatamente a todos aquellos que murieran a causa de heridas parecidas.

Por la mañana, Lucio partió al frente de una docena de legionarios para apresar a la anciana de la compañía e interrogarla. No opuso ninguna resistencia, y pidió ser acompañada por dos de sus nietos, Sofía y Heráclides. La muchacha era tan bella que turbó a Lucio, aunque no lo suficiente como para que no se diera cuenta de que la anciana llevaba un colgante con inscripciones idénticas a las del disco de Idara, y que de hecho parecía un fragmento de un disco prácticamente idéntico. Ya en el campamento, se reunieron en el pabellón de Cayo. Y sin ninguna resistencia, la anciana contestó a sus preguntas y les contó cuanto sabía, aunque en ocasiones de forma críptica. Su nombre era Elena Geroclea, nacida en Catsamba, un pueblo cerca de Cnossos, en Creta, hacía más de cien años. El colgante que llevaba había sido un regalo de su padre cuando todavía era muy pequeña, y según él, los símbolos que llevaba inscritos pertenecían al idioma de la antigua Atlántida; lo había encontrado en unas ruinas cerca de Cnossos. La mayoría de los presentes no conocía la leyenda platónica, y Geroclea la relató, enriquecida por historias de su padre. El símbolo de los círculos concéntricos partidos por la línea vertical no era sino el símbolo de la capital atlante, Atlantia, cuyo distrito más interior recibía el nombre de Telmapério. Relató la historia de la Estirpe de Oro y de cómo la Atlántida había caído en desgracia; también de cómo algunos de sus habitantes se salvaron refugiándose entre los humanos, haciéndose cada vez más poderosos y tiránicos. Aunque según le había contado su padre el último atlante había sido un rey de los Tartesios, en el sur de Hispania, Elena estaba segura de que todavía existían, por cosas que había visto a lo largo de sus muchos años; se había encontrado con Taumaturgos, y ella misma había aprendido algo de Areté de algunos filósofos; aquello la había llevado a relacionarse con gente que se movía en oscuros círculos y estaba segura de que en alguna ocasión había dado de refilón con algún fiel atlante. Quizá fuera por el Areté, no lo sabían, pero la anciana también mostraba ciertas dotes de videncia, y por eso había reconocido a Idara como la elegida de Minerva, incluso en la visión, identificó el destino de Lucio que lo abocaría a la muerte, y pudo percibir que Cayo había sido atacado por un atlante maldito en el pasado.

Era bien entrada la tarde cuando la anciana acabó de relatar sus historias, y al salir de su asombro, ordenaron a los esclavos traer algo de comer. Idara se convenció por fin de que la intención de Minerva al mostrarle a la anciana era que obtuviera información sobre sus enemigos. Por desgracia, el asunto parecía más importante, de lo que nunca habrían sospechado. Por la Piedra Negra de Júpiter Óptimo Máximo y la Lechuza de Minerva Ergane, ¿qué era lo que pretendían aquellos atlantes, si es que realmente procedían de la Tierra Sumergida?

jueves, 12 de abril de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 7

Bastión de Tormentas. Cienrocas. Llega el Rey.

Llegaron a Bastión de Tormentas con el sol ya oculto tras el horizonte. Sin sus pabellones de torneo, perdidos en el naufragio de la galera de los Raer, no podían establecer un campamento en el campo de justas, así que se dirigieron a la posada que les había recomendado Orten Lugus, El Árbol Verde, en el pueblo de Cienrocas, uno de los circundantes de Bastión. Aunque varios de los presentes en la sala reaccionaron negativamente ante el Halcón y la Espada de los Seabreeze, el propietario Lyle Brewer no pareció advertirlo y les dio unas habitaciones en el tercer piso. Precisamente unos caballeros las habían dejado el día anterior sin dar explicaciones. También les informó de que se esperaba que el comienzo del torneo se postergara un par de días, pues la comitiva del rey Robert viajaba más lentamente de lo previsto. Era una suerte, quizá aquello permitiría que los Seabreeze heridos se recuperaran completamente antes de empezar las justas.

Bastión de Tormentas

Tras comer algo y retirarse a la intimidad de sus aposentos, Megara aprovechó para discutir airadamente con Ancel, y de paso también con Jeremiah, mientras lady Madelyne intentaba poner paz. La muchacha estaba hirviente de odio por el compromiso que habían acordado a sus espaldas con el capitán mercenario Jhorgo. Amenazó incluso con suicidarse, hasta que sus hermanos fueron capaces de calmarla y convencerla de que ningún modo iban a llevar a cabo aquel trato realizado bajo coacción.

Jeremiah había dado por perdido al sirviente Lond y la guardia que debía escoltarlo hasta Bastión de Tormentas hacía ya casi un mes, así que por la mañana se dispuso a conseguir caballos y armaduras junto a Breon. Sin embargo, la búsqueda resultó de lo más frustrante: una multitud de caballeros y guerreros había acudido a la disputa del torneo y prácticamente habían acabado con todas las existencias de armeros y cuadras. Todo lo que pudo conseguir Jeremiah fue un palafrén. Cuando se encontraban de regreso a la posada, se encontraron con Orten Lugus, que ya había llegado a Bastión. El noble fue muy amable y tras fracasar con un par de tratantes de caballos que conocía, les sugirió acudir a visitar a lord Richard Horpe, cuyo pabellón se encontraba en el campo interior de la fortaleza; si no se equivocaba, había visto que tenía caballos más que de sobra en su campamento. A Jeremiah no le hacía gracia la idea, pues los hombres con los que habían tenido problemas en su parada en Villasal habían lucido el blasón de las tres mariposas de los Horpe, pero no les quedaba otro remedio. Lord Richard los recibió, aunque torció el semblante al identificar su blasón. Con esfuerzo y con la ayuda de Orten pudieron convencer al noble para que les vendiera un par de destreros a un precio razonable, y tras dar las gracias a Lugus, intentaron hacerse con buenas armaduras. Esto sí que probó ser del todo punto imposible: la mercancía de Harmann, el herrero de Bastión, estaba muy solicitada y no tenía ninguna posibilidad de proporcionarles lo que pedían en un plazo de dos días.

Durante ese día y el siguiente, tras realizar las formalidades necesarias para inscribirse en el torneo, los Seabreeze tendrían diferentes encuentros (provocados y fortuitos) en el pueblo de pabellones instalado en el campo interior de Bastión. Visitaron a los Tudbury, que también tenían esperanzas puestas en su progresión en el torneo para hacer frente a sus desgraciadas cosechas. También visitaron el pequeño pabellón del grueso ser Aeron Staedmon, con la exigua representación de su familia, y que iba acompañado de Jocel, el hermano pequeño de Ancel y Jeremiah. El muchacho se alegró sobremanera al ver a sus hermanos y hermana, derramando lágrimas de felicidad. Ser Aeron no era una persona demasiado apreciada en su familia, y Ancel se arrepintió de haber enviado a su pequeño hermano con un caballero que a todas luces se excedía en la comida y no se preocupaba de mantener sus armas con filo. Sin embargo, el cerebro del Staedmon no iba a juego con sus dotes físicas, y funcionaba perfectamente: les habló de los rumores que circulaban sobre las acciones de los Seabreeze, de la ausencia de los Wylde y los Raer, y les previno contra los Dondarrion, los Horpe y algunos más. Poco después se tropezaron con una compañía de la Casa Dondarrion; lord Beric, vestido de púrpura y con el relámpago dorado en el pecho, les dirigió palabras poco amistosas, recordando un roce que su padre había tenido hacía unos años con lord Jeron. Al parecer, durante la guerra del usurpador, el Seabreeze había arrebatado la gloria que de otra manera habría correspondido a lord Berthas Dondarrion con maniobras poco honorables. Por eso no le había extrañado oír el repugnante ataque que los Seabreeze habían dirigido recientemente sobre pobres gentes indefensas. Aunque intentaron hacer entrar en razón a lord Beric, éste se despidió con desprecio. Más tarde ese mismo día hicieron acto de aparición por fin los Raer. Según les dijo lord Edgar, una inoportuna enfermedad de su hijo bebé y de su esposa lo había retenido más de la cuenta, y también por eso había acudido con pocos hombres. Efectivamente, la participación de los Raer en el cuerpo a cuerpo iba a ser meramente testimonial, pues lord Edgar sólo había traído consigo a tres caballeros, y el resto eran hombres bisoños de su guardia.

Tras despedirse de lord Edgar y volver a la posada, se sorprendieron al encontrar un "presente" en su habitación. Un pequeño paquete envuelto en tela y con el nombre de Ancel escrito sobre ella. Al desenvolverlo, extrañados, apareció una exótica y bella daga, profusamente trabajada y con la empuñadura de vidriagón. Un análisis más detallado reveló que la empuñadura estaba hueca y podía abrirse. Dentro de ella había un pequeño vial con una sustancia transparente e inodora; habrían apostado que era agua si no hubiera sido por su extraña envoltura. Berormane guardó el frasquito con cautela, por si se trataba de alguna sustancia extraña; necesitaría consejo o materiales adecuados para investigarla.

El día siguiente, durante el desayuno, el grupo trabó contacto con otros dos caballeros dornienses alojados en la posada: ser Gennady Shanin y ser Bryan Telson. Ser Gennady probó ser una persona bastante odiosa, mientras que ser Bryan estuvo muy amable, aunque expresó su antipatía hacia Jeremiah, porque la una de las noches anteriores éste había estado tonteando con Lidda, una de las cortesanas por las que Bryan sentía algo más que aprecio. Sin embargo, las palabras amables surgieron por fin, y Bryan no tardó en decidir que los Seabreeze podrían ser buenos aliados en su lucha: reveló que se encontraba con Shanin porque éste poseía a Escorpión, una espada que debía haber sido su herencia familiar, y le fue arrebatada a su padre por unos asaltantes que lo asesinaron, seguramente el propio Shanin y sus compañeros. Los personajes, sospechando de todo y de todos, no llegaron a confiar del todo en las palabras de Telson, así que le respondieron con evasivas, lo que provocó la ira contenida del joven, que se marchó con gesto de contrariedad.

Finalmente, dos días después de lo previsto, las trompetas y heraldos anunciaron la llegada de la comitiva real. El rey Robert viajaba en lo alto de su carruaje, saludando a la plebe con sus manazas, mientras reía estentóreamente. La reina Cersei iba junto a él, bella como un amanecer, con sus rizos rubios, sus ojos verdes y su generoso escote. Los caballeros de la guardia real los escoltaban, magníficos en sus armaduras y capas níveas. Muchos otros nobles y desconocidos viajaban en la comitiva, y además, centenares de criados con libreas de los Baratheon, Lannister, Arryn y muchos otros. Al poco rato, los pregoneros anunciaban que la fiesta de inauguración tendría lugar el día siguiente.

Ancel y sus compañeros aprovecharon aquella tarde para ir a visitar a los Fell, cuyos estandartes habían visto en la lejanía en el poblado de pabellones. Le preocupaba qué efecto podrían haber causado en su futura familia política los rumores sobre la matanza de campesinos...

miércoles, 4 de abril de 2012

Sombras en el Imperio - Campaña de Arcana Mvndi Temporada 1 Capítulo 19

Edelweiss. Problemas en el limes.

Tiberio presentó a sus acompañantes, el legionario Marco, que se había hecho merecedor de toda clase de honores, y la germana Lora, que lo había guiado hasta allí a través de los bosques. Tras una ligera inspección, pudieron ver que la germana lucía un colgante tallado con la forma del pez de los cristianos. De hecho, la muchacha afirmó que era la principal razón por la que quería ir a Roma: reunirse con otros cristianos en el sur, lejos de las tierras paganas del norte.

Caern Germano
Cuando el médico contó los hechos acontecidos en Gameburg, la preocupación cundió entre los presentes. Al interrogar a Lora acerca de aquella gente, ella les contó que les había hecho un favor a "unos romanos", mostrándoles el lugar donde se encontraba un Caern, uno de los lugares sagrados germanos que todavía no habían sido destruidos en las guerras con Roma. A cambio, "los romanos" le habían prometido llevarla a Roma lo antes posible. Cornelio y los demás le preguntaron si podría guiarlos a ellos hasta el Caern, a lo que Lora respondió negativamente, insistiendo en que tenían que llevarla a Roma. La vehemencia con que increpaban a la germana para que les hablara más del lugar y los presuntos romanos la asustó y salió corriendo, aunque no tardó en ser detenida por los legionarios del exterior. Después de conseguir apaciguarla, la llevaron a la casa que habitaban Idara, Lucinda, Sexto Meridio y los demás en el exterior del campamento, a la espera de una mejor ocasión. En algún momento posterior, el grupo mantuvo una conversación junto a Cneo Servilio y Sexto Meridio sobre la posibilidad de que los susodichos Caerns fueran lugares donde se pudiera enaltecer o canalizar el poder de alguna manera.

A continuación pasaron a ocuparse de los asuntos del campamento. El legionario Marco Arrio, que tan valientemente había ayudado a Tiberio tenía el brazo gangrenado. Con todo el dolor de su corazón, el médico tuvo que amputárselo hasta la mitad del húmero. El legionario se portó como un valiente, pero por desgracia tendría que abandonar las filas del ejército: ya no sería capaz de llevar el escudo.

Cornelio mantuvo junto a Lucio Mercio una nueva conversación con el prefecto del campamento Apio Herminio, con el que en apariencia consiguieron establecer una relación de confianza. Herminio elaboraría una lista con nombres de confianza para nombrar a los once centuriones que se habían perdido en la expedicion a los bosques. Por supuesto, Lucio sería uno de tales centuriones. Lucio también intentó conseguir algo de información de su nuevo colega de armas Tito Norbano, pero Herminio no conocía al sujeto.

Cuando Idara acompañaba a Lora a su casa de alojamiento, pudo observar con sus entrenados sentidos cómo un grupo de legionarios les seguía más o menos abiertamente, pero que no servían más que como una distracción para los verdaderos perseguidores, varias personas vestidas discretamente y confundidas con la gente. Les observaban. Tras dejar a Lora en casa, Idara y Claudia Valeria se marcharon a un templo de Minerva a elevar sus oraciones y quizá recibir inspiración de algún indigitamenta.

A primera hora del día siguiente, Lucio se encontró con la esclava Kara. Al decirle que iba de parte de Tito Norbano, ella no puso buena cara, e incluso insultó al legionario. Según ella no era la mejor presentación, pero accedió a hablar con Lucio. Según le dijo la mujer, la información que pedía Lucio sobre los tribunos iba a costarle cara, pero le diría todo lo que pudiera averiguar en un plazo de tres días, junto a la poza de las truchas, al sur del campamento junto al río. También esa mañana, al despertar Idara y los demás, se dieron cuenta de que Lora había desaparecido; no había signos de violencia y lo más probable es que hubiera escapado, así que varios salieron en su busca.

Tiberio, por su parte, estaba preocupado por la poción que había prometido en su carta a Cornificia. Al comentar el tema con Galeno, éste, sorprendentemente, respondió que sí era posible hacer algo así, pero necesitaba un ingrediente que no sería fácil de encontrar: los pétalos de una flor que los germanos llamaban Edelweiss, y que sólo crecía en las montañas más altas. El lugar más cercano donde podrían encontrarla sería en las cumbres de los Alpes Helvéticos, y rápido, pues la primavera ya había empezado y era la época de floración. El problema era el desplazamiento hasta allí. Ahí entró en juego Sexto Meridio y los teúrgos de Mercurio, cuyo dios les proporcionaba medios para desplazarse en el espacio y en el tiempo, aunque a un alto coste para ellos, y en cualquier caso necesitarían a alguien que conociera bien la zona de destino. En una coincidencia aparentemente sobrenatural, cayeron en la cuenta de que el gladiador que habían encontrado en los bosques, Lucares, era Helvético y conocía algunas de las estribaciones norteñas de las montañas.

Cornelio inspeccionó a los nuevos reclutas que querían unirse a la legión, y entrevistó a los aspirantes a nuevos centuriones según la lista que le había entregado previamente Apio Herminio. La mañana siguiente se llevó a cabo la ceremonia de investidura de los centuriones, y a lo largo del día comenzaron a llegar mensajeros procedentes de los castra del Limes (límite) romano al norte de Mogontiacum. Estaban siendo atacados por fuerzas organizadas que no habían percibido a tiempo, y las guarniciones los estaban abandonando. Los mensajeros hablaban de hordas de germanos, de bestias y sombras. Cayo Cornelio se reunió urgentemente con los tribunos, el primipilus y Apio Herminio, y se estableció un plan de acción.

Para tratar el problema del desplazamiento a los Alpes en busca del Edelweiss, Tiberio se reunió con Lucio, Idara, Cneo Servilio y Sexto Meridio. Este último había contactado con su compañero Nicomedes Stoltidis, que había aceptado, pero no sabía cuánto tardarían en llegar los teúrgos necesarios. Por otro lado, se podría intentar realizar el viaje con menos teúrgos de Mercurio, pero necesitarían un medio para proporcionar el poder necesario al oficiante del ritual. Tras barajar sin mucha convicción las posibilidades de los Caern e incluso de Zenata, Lucio sugirió la posibilidad de utilizar el disco de Idara, y ésta confirmó que, cuando entraron en la cripta de la Villa de Gades, el disco le había permitido canalizar algo de su interior para abrir la puerta. Lo intentarían cuando Stoltidis llegara al campamento.

Tras la reunión de Cayo con los tribunos, uno de ellos, Tito Cornelio Escauro, crispado y tenso, se quedó en la tienda del legado. Le pidió permiso para hablar, y Cayo se lo concedió. Según el tribuno, había algo muy importante que tenía que decirle.


Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 6

Jhorgo triunfante. Villasal.

Escudo de la casa Dannett
Pocas horas antes de amanecer, la desazón comenzó a crecer en el grupo. Berormane fue interpelado por el contramaestre Ojoverde y por el médico de a bordo, Rogen Ríos, uno de los pocos miembros de la tripulación oriundos de Poniente. A ambos les había gustado la labor del maestre atendiendo a los heridos a bordo (incluso tuvo que cortar la pierna de uno de ellos, y la operación fue todo un éxito). Le ofrecieron un puesto en su compañía si quería acompañarles. Contestó dando largas. Este y varios otros signos a su alrededor daban a entender que se estaba fraguando un motín a bordo de la Dama del Viento. A cierta parte de la tripulación no le gustaba que su capitán se hubiera vuelto contra sus aliados por interés personal. La dificultad consistía en averiguar quién apoyaba la rebelión, y si era lo suficientemente fuerte como para derrocar al capitán y sus fieles, si los tenía.

Melina vino a empeorar un poco más las cosas. La muchacha trató de convencer a ser Breon para huir de allí o unirse a la tripulación temporalmente y volver a ser libre. Cuando el caballero de la cabeza de león dio una respuesta negativa, la chica, tras un ligero berrinche, se dirigió a hablar con el capitán. El contenido de la conversación no trascendió.

Entendiendo la urgencia de su situación, Ancel decidió mover ficha, y se dirigió junto con el maestre a hablar con Ojoverde y Rogen. Intentó sonsacar más información a la pareja, pero no tuvo tiempo de mucho. Un grito del capitán hizo que se dispararan los escorpiones de a bordo, atravesando a Rogen, decapitando a Ojoverde y alcanzando a algunos otros. El motín fue deshecho sin empezar. Ancel vio la oportunidad de aprovecharse de la situación, presionando al capitán aludiendo a la falta de información y seguridad que tenían a bordo. Pero estiró demasiado de la cuerda, y ésta se rompió. Jhorgo Darr rescindió unilateralmente el pacto que había acordado con Jeremiah y desarmó e hizo prisioneros a los Seabreeze y sus acompañantes. Hizo dar la vuelta al barco, ante la desesperación de todos. Al insistir en arreglar la situación, Darr exigió más: una carta firmada por Ancel y Jeremiah y con el sello de los Seabreeze, por la que se comprometían a proporcionarle a cambio de sus servicios 100 dragones de oro al año, unas cuantas hectáreas de tierra y alojamiento para sus hombres, y a la boda con Megara dos meses después del torneo de Bastión de Tormentas. Los Seabreeze no tuvieron más remedio que acceder a sus peticiones. Contento a más no poder, el capitán viró de nuevo y los condujo sanos y salvos al pequeño embarcadero del pueblo de Villasal, a un día de Bastión de Tormentas. Los esperaría allí para hacer el viaje de retorno tras el torneo. La comitiva Seabreeze todavía conservaba sus armas y la jaula de halcones, pero los caballos y vehículos se habían perdido en la galera hundida. Para colmo, Jeremiah y Breon habían resultado heridos durante el abordaje, y no sabían si podrían recuperarse antes de que empezaran las pruebas.

En el pequeño pueblo había una posada de buen tamaño, El Gran Ciervo, que se encontraba bien provista de clientes. Muchos viajeros acudían al torneo desde el norte y el este. Cuando entraron a la posada, poco a poco fue haciéndose el silencio cuando los parroquianos vieron el halcón y la espada de los Seabreeze en sus ropas. No obstante, la comitiva era lo suficientemente grande para que no les causaran problemas. Berormane se distanció de sus compañeros para comprar suministros y material. La posadera, Marta Taverner, le proporcionó todo lo que estaba en su mano, pero para comprar caballos y carruajes, debería acudir al viejo Tom, cerca de allí. Así lo hizo.

El viejo Tom resultó ser un viejecillo bastante agradable que no pudo proporcionar al maestre más que dos piojosos pencos y un par de carros desequilibrados. Pero serían suficientes para un día de camino, y se los pagó a un precio razonable. El dicharachero Tom también habló sobre lo que se oía últimamente por la zona: el miserable ataque de los Seabreeze a los Dannett y cómo el joven Adham los expulsó con valentía, la más que probable ausencia de lord Stannis del torneo, la reaparición del famoso Caballero Zorro en las inmediaciones, la proliferación de bandidos... también mencionó a un tal Ruben Piper, prometido de Iris Dannett, y el hecho de que ésta había desaparecido sin dejar rastro; hizo bromas sobre el pánico que debía de haberle entrado a la muchacha cuando la prometieron con aquel viejo gordo. Tom también habló con desprecio de un grupo de Hermanos Juramentados de la Guardia de la Noche que había pasado por allí hacía un par de días hacia Bastión de Tormentas.

Mientras tanto, en la posada, las tres muchachas que hasta la entrada de los Seabreeze habían atendido las mesas riendo y contorneándose, atendieron a los nuevos clientes con frialdad y algo de temor. Los murmullos proliferaban y cada vez más eran los que miraban descaradamente al grupo, para vergüenza de lady Madelyne e irritación de los demás. Breon, harto de tanta tontería, se levantó e increpó a los presentes, negando que las historias que pululaban por allí fueran ciertas. La mayoría de los presentes lucían en sus ropas las tres mariposas negras de los Horpe, y un hombretón enorme se levantó para encararse al caballero.

Tras unos momentos de tensión, consiguieron calmar los ánimos, y la mitad de los clientes de la posada salió de allí, para disgusto de la posadera Marta, que no obstante no dijo nada. Con la posada ya medio vacía, un hombre se acercó a ellos. Lucía el cáliz plateado sobre fondo de sable de la casa Lugus, y se presentó como Orten Lugus, segundo hijo de su padre lord Konrad. Le acompañaba su hermano mayor, ser Naton, que se acercó reluctantemente a la mesa de los Seabreeze. Orten se mostró interesado en la historia del presunto ataque de los Seabreeze y aunque insistió en que parecía haber pruebas sólidas de los hechos, se mostró amable con ellos y les dio un voto de confianza. Acto seguido pasaron a hablar del torneo, y las esperanzas que su casa había depositado en su hermano Naton. Se habían retrasado en su viaje a Bastión de Tormentas por una inoportuna enfermedad de su padre, pero confiaban en llegar a tiempo para inscribirse. Los Seabreeze invitaron a los Lugus a acompañarles en el camino, pero éstos se negaron. No podían dejar que los vieran acompañando a unos presuntos asesinos, y a pesar de que podía ser una injusticia, Orten les pidió que lo comprendieran. Además, les recomendó una buena posada en la aldea cercana a Bastión, Cienrrocas: El Árbol Verde, donde podrían encontrar comida y quizá otros placeres.

Así que en cuanto volvió Berormane, el grupo partió hacia Bastión de Tormentas, con Jeremiah, Breon y Garett descansando de sus heridas de la mejor forma posible sobre los carros. Si no había imprevistos, llegarían a Bastión de Tormentas al atardecer.

A mediodía, tuvieron un encuentro con dos mensajeros reales que se dirigían hacia el este, y cuando éstos vieron el blasón de los Seabreeze reaccionaron con la misma actitud de los demás. Sin duda, esos rumores les iban a causar problemas. A pesar de todo, los mensajeros fueron aceptablemente correctos y les preguntaron por su tardanza en la inscripción. Les recomendaron no entretenerse más, y preguntaron también por las casas Raer y Wylde. A pesar de haber contestado con cuervos afirmativamente a la invitación, no habían acudido todavía a Bastión de Tormentas. Esto preocupó todavía más a los Seabreeze.

Al atardecer, por fin avistaron la silueta de la titánica fortaleza recortada en gris sobre la bruma, alzándose sobre el estruendo del fiero oleaje.


viernes, 30 de marzo de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 5

¿Piratas? Rebelión a bordo.

El capitán Virren comenzó a rugir órdenes desde el puente, sobre el sonido de los truenos y las olas. En la cubierta de remeros, el cómitre comenzó a percutir su tambor de manera acelerada, y la galera giró bruscamente a estribor, hacia la costa y los arrecifes. Pero las galeras enemigas estaban muy cerca. Breon no tardó en ver el primer proyectir encendido salir describiendo una parábola hacia su barco, que por suerte falló por poco. Enseguida salió otro despedido del segundo barco, y éste sí acertó sobre el palo de trinquete, llevándose por delante el mastelero. Proyectiles de escorpión comenzaron a silbar a su alrededor, pequeñas lanzas tremendamente mortíferas, capaces de atravesar cuerpos con armaduras como si fueran de mantequilla.


La nave comenzó a describir un semicírculo que, con suerte, la alejaría del peligro de los arrecifes y quizá de sus perseguidores. Pero, de repente, dio un fuerte bandazo que la dejó casi horizontal y enfilada directamente hacia la costa. La corriente y los vientos la llevaban a su antojo; sin duda, algo le debía de haber sucedido al timonel en el castillete de popa. Varios remos se rompieron y las jarcias atraparon a varios de los marineros. Cuando la galera rozó un arrecife con la proa, Jeremiah esquivó justo a tiempo una de las botavaras que estuvo a punto de arrojarlo por la borda.

Intentaron subir junto al capitán al castillete de popa para intentar conttrolar el barco de nuevo, y un nuevo bandazo estuvo a punto de dar con ellos en el mar. Finalmente, lograron subir y efectivamente, allí estaba el timonel clavado al soporte del timón atravesado por un proyectil de escorpión que, de paso, había destrozado una cuarta parte de la rueda.

Con gran esfuerzo, entre el capitán y los dos caballeros pudieron enderezar el rumbo. Virren emprendió una arriesgada maniobra de giro que lo llevó directamente hacia una de las galeras enemigas mientras la tripulación se afanaba por disparar sus propios escorpiones; afortunadamente, el oleaje lo ayudó a esquivar la nave rival, y de repente se encontraron a popa de los navíos de velas negras, liberados. Pero no iba a durar mucho; tenían el viento en contra, y los enemigos no habían sufrido apenas daños, ni en el casco ni en los remos, mientras que ellos habían perdido al menos la cuarta parte de estos últimos y tenían una vía de agua en la bodega.

Tras dar la orden a los remeros de que dejaran de bogar, ya caída la noche y con el tiempo más tranquilo se aprestaron para el abordaje. Pero éste no llegó. Las dos naves enemigas se situaron una a cada lado de su galera, rodeándoles, y al poco rato oyeron una voz procedente de una de ellas, enaltecida con un alzavoz myriense: les demandaba la entrega en un bote de Jeremiah y Megara Seabreeze y de Melina Raer.

Tras pensarlo un rato, Jeremiah se embarcó con Berormane para negociar con los extraños, pero no fueron recibidos a bordo; el capitán quería a Megara y Melina, y no a un maestre. No les quedó más remedio que volver. De vuelta al barco, disfrazaron a dos de las damas de compañía como si fueran las dos muchachas nobles, y tras infundirles valor de la mejor forma posible, Jeremiah partió con ellas en un bote. Esta vez sí que fueron subidos a bordo, y el caballero se encontró cara a cara con el capitán, un hombre bajito y recio, con calvicie incipiente y una perilla bien recortada, que les recibió con una falsa sonrisa en el rostro. Tras evaluar un momento a sus prisioneros, se presentó como el capitán Jhorgo Darr. Iba escoltado por dos hombres más altos, caballeros en apariencia: ser Munn y ser Quinton. Alto y espigado el primero, con una ligera espada braavosi al cinto, ancho y fuerte el segundo.

El capitán hizo pasar a Jeremiah a su camarote, y puso a buen recaudo a las muchachas. En el camarote tampoco había ningún blasón ni símbolo incriminador: sólo un candelabro con tallas de grifos en los posavelas. Jhorgo parecía saber mucho acerca de quién viajaba a bordo del galeón de los Raer, y preguntó a Jeremiah por qué había acudido con dos muchachas que no eran ni Melina ni Megara, lo que sorprendió al caballero. Los dos espadachines que acompañaban al capitán llevaron la mano a sus espadas. Sin embargo, los siguientes minutos presenciaron una elocuencia fuera de lo habitual en Jeremiah [sacrificio de un punto de destino para imponerse automáticamente en la intriga]. Era indudable que el capitán estaba ansioso por conseguir prosperar en poniente. El Seabreeze no sabía lo que sus actuales patrones le habían ofrecido, pero él lo nombraría caballero al instante y haría oficial un compromiso con su hermana Megara. Los ojos de Jhorgo centellearon con codicia. Ser Munn y ser Quinton, que rebullían incómodos, serían los testigos. Ambos se miraban, incómodos. Ser Munn mostró su desacuerdo a Jeremiah alegando que Jhorgo no era digno de pertenecer a la caballería, pero el Seabreeze prestó oídos sordos. En una rápida ceremonia, Jhorgo quedó armado caballero y acordó poner su barco al servicio de los Seabreeze, al menos de momento. No obstante, no admitiría ninguna pregunta sobre sus actuales empleadores. Ser Munn decidió poner fin a aquello y atacó a Jeremiah, mientras Quinton hacía lo propio con el capitán, que retrocedió se defendió como buenamente pudo. Desde luego, su capacidad con la espada y su forma de luchar no eran dignas de un caballero. Tras una encarnizada lucha con el estilo braavosi de ser Munn y con el más brutal de ser Quinton, Jeremiah pudo imponerse a ambos sufriendo sólo heridas superficiales. Jhorgo murmuró en voz baja..."lord Casper no va a mostrarse muy contento, no señor". No pareció darse cuenta de que Jeremiah lo había escuchado. Éste sólo conocía a un lord Casper: lord Casper de la casa Wylde, con los que los Seabreeze ya habían tenido problemas en el pasado. Prefirió guardar silencio.

Después de recuperar la compostura, el capitán salió a hacer el anuncio a la tripulación. Varios de ellos no se mostraron de acuerdo y tuvieron que abandonar la embarcación en un bote tras algunos momentos tensos.

Amparándose en la oscuridad, consiguieron traspasar a la tripulación de la galera Raer medio hundida, y con una velocidad endiablada embistieron a la otra galera. Impactaron de lleno, y un cruento combate se estableció entre las dos tripulaciones. En ambas había varias decenas de guerreros muy competentes. Breon fue malherido, y Jeremiah también hubo de retirarse al cabo de unos minutos a ser atendidos por el maestre Berormane, pero por fortuna los enemigos ya estaban quebrantados y se tiraban al mar o huían en botes. La victoria fue costosa, pero fue victoria al fin y al cabo. Entre los cadáveres descubrieron varios blasones sin importancia, ocultos bajo túnicas o sobrevestes sin escudo, pero uno en concreto les llamó la atención: el remolino de la casa Wylde en el pecho de un joven y orgulloso caballero al que le habían amputado un brazo y había muerto en el acto.

Tras incendiar la galera destrozada, continuaron su marcha hacia Bastión de Tormentas, con un esperanzado e insistente ser Jhorgo Darr, que parloteaba sin cesar sobre adoptar la galera en llamas como su blasón, y acerca de cuándo se haría oficial su compromiso con Megara. Jeremiah era un hombre de honor, pero casar a su hermana con aquel petimetre no era una opción.

jueves, 22 de marzo de 2012

Sombras en el Imperio - Campaña de Arcana Mvndi Temporada 1 Capítulo 18

Caos en Gameburg. Reencuentro.

En el campamento de Mogontiacum, Cayo Cornelio, viéndose en urgente necesidad de aliados, convocó al praefectus castrorum, Apio Herminio, para mantener una conversación con él. En apariencia, el prefecto era un hombre de firmes convicciones inquebrantables en cuanto a su deber para con la legión, y no le había sentado nada bien la irresponsabilidad del nuevo legado, saliendo a buscar legionarios en plena noche. Cornelio le explicó que no había salido a buscar a cualquier persona, sino al propio médico personal de la hermana del emperador, que se encontraba bajo su tutela y del que se sentía responsable. Con ese argumento, Herminio pareció relajarse y comprender mucho mejor la motivación del legado.

Lucio Mercio buscó a Tito Norbano con el fin de que el hermano de Mitra le proporcionara toda la información que pudiera sobre los tribunos de la XXIIª. Norbano no le pudo decir demasiado, pero entre susurros le habló de una esclava, Kara, que quizá le podría informar mejor. Debido a su estatus, la mujer tenía fácil acceso a las dependencias de los tribunos. Sin tardanza, Lucio buscó a Idara y le encargó localizar a la esclava lo más rápido que pudiera.

Mientras, en Gameburg había caído la noche de nuevo y todo discurría tranquilo en el exterior de la casa donde Tiberio Julio, el centurión y otro legionario se encontraban prisioneros. Pero bien entrada la noche, se desató el caos. Varias figuras aparecieron de los lindes del bosque, sembrando el caos entre los germanos con extraños sortilegios que se semejaban en mucho a los poderes que Júpiter concedía a sus teúrgos. Pronto aparecieron en escena bestiales sombras que parecían enormes lobos caminando sobre dos patas. Se enfrentaron a los recién llegados. Aprovechando el escándalo, Tiberio y sus compañeros pudieron escapar. Se dirigieron hacia la casa del líder de los germanos, el tal Ulric. Pero un enorme monstruo lobuno los detuvo, mató al centurión e hirió al legionario. Para colmo, Tiberio pudo ver que en escena habían aparecido nuevos actores: figuras altas con armaduras ajustadas y lacadas en azul, acompañadas de sombras muy parecidas a la encerrada en su talismán. Ésta casi desagarra su mente al exigirle que la liberase. Por suerte, el médico pudo aguantar la presión, y por pura suerte y con la ayuda de Júpiter pudo escapar junto al legionario herido e introducirse en la espesura. Allí permaneció hasta que todo se calmó y amaneció. Al parecer, no quedaba nadie en el campamento, así que volvieron allí para hacerse con provisiones y tratar de encontrar posibles pistas de lo que había pasado. En una de las casas, un movimiento les llamó la atención. Resultó ser una muchacha germana, de nombre Lora, que chapurreaba latín. "¿Me llevaréis ahora a Roma? Os he ayudado, como me dijisteis". El entendimiento con la muchacha fue poco menos que imposible, en parte motivado por el shock que había sufrido por lo acontecido aquella noche. Así que, tras hacerse con algunas provisiones y calmar su hambre y sed, y tratar el maltrecho brazo del legionario, se encaminaron hacia el suroeste junto con la muchacha.

Aquella noche, en el campamento, un centurión despertó a Cornelio: desde la selva, el viento traía extraños sonidos que parecían voces ominosas en extremo. La mitad del campamento se encontraba encaramado a la empalizada intentando discernir algo en la oscuridad. De repente, un potente temblor de tierra lo sacudió todo. Fueron unos minutos terribles, y casi toda la empalizada se derrumbó. Algunos legionarios resultaron heridos, aunque al cabo de un rato todo volvió a la normalidad. El viento ya no traía sonidos.

Por la mañana, un exhausto Cornelio cruzó junto su escolta el puente sobre el Rhin para encontrarse con la delegación germana.

No apareció nadie. Decidieron volver al campamento; se encontraban cruzando el puente de vuelta cuando Idara llamó la atención de sus compañeros: dos figuras habían aparecido en el claro. Marco Meridio, uno de los legionarios, ejerció de traductor. Los dos hombres hablaron atropelladamente sobre un ataque a los poblados y sombras extrañas que lo arrasaban todo. La preocupación se instaló en el rostro de Cornelio.

Tiberio consiguió establecer por fin una ligera conversación con Lora. No pudo hacerse con información relevante, pero ella le preguntó si la llevaría a Roma si a cambio los guiaba a Mogontiacum a través de la selva. Tiberio respondió con promesas vagas, pero fue suficiente, y emprendieron el camino hacia la ciudad.

Durante la tarde, Idara se dedicó a buscar a la esclava Kara. Trabó amistad con una prostituta, una tal Verinia, que le indicó dónde vivía la mujer y además se mostró de acuerdo en ofrecer sus servicios como informadora a la legión. Acto seguido corrió a informar a Lucio de su éxito.

Bien entrada la noche, los guardias dieron la alarma: tres figuras se acercaban por el puente. Tres figuras que resultaron ser Tiberio y sus acompañantes, que fueron recibidos con gran regocijo por el resto del grupo.

martes, 6 de marzo de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 4

Intrigas en Quiebramar. Hacia Bastión de Tormentas.

Loren Ashur, capitán de la Guardia de Halcones
Nada más recibir las inquietantes nuevas, Ancel se dirigió a hablar con Vanna Ashur para ver si la Myriense podía darle algo de información al respecto. No sabía nada, pero recomendó al primogénito de Quiebramar visitar en el puerto a la propia Jana Alyr, la posadera, y a una tal Pyranys, esposa del comerciante lyseno Giradh. Ambas se habían mostrado muy receptivas a la posibilidad de ser los ojos y oídos que necesitaba Ancel.

Ante la propuesta del mayor de los Seabreeze, el grupo decidió bajar al puerto para poder convesar discretamente durante el camino acerca de las noticias. Ancel planteó la posibilidad de que lord Jeron hubiera ordenado el ataque a los Dannett por algún motivo oculto, algo de lo que Jeremiah no quiso ni oír hablar. Se negaba a creer que su padre pudiera ordenar la matanza de simples campesinos.

Llegados al puerto, no tardaron en localizar al menudo Reman Khoros, que se encontraba rugiendo órdenes en el quinto y último de los muelles. Un barco mercante se había hundido, bloqueando el malecón, y dos galeras de los Raer trataban de remolcarlo fuera del puerto, ante la impaciencia del antiguo capitán. Cuando Reman los vio acercarse, dejó al cargo a su primer ayudante Alfrett, y se reunió con ellos. Tras las cortesías habituales, en el interior de sus "oficinas", les informó con el ceño fruncido de preocupación de los últimos rumores que habían llegado al puerto: los Seabreeze eran acusados de atacar algunas aldeas Dannett. Cuando le interrogaron acerca del origen de tales rumores, Khoros señaló un barco en uno de los malecones, un mercante procedente del Rejo, comerciantes de vino que al parecer habían hecho escala en Arcos Altos.

Mientras Jeremiah, Berormane y Breon se dirigían a hablar con los comerciantes, Ancel se disculpó y se marchó para hablar con Jana y Pyranys. Los primeros no obtuvieron demasiada información nueva. Según les dijo el capitán Algar, unos soldados de los Dannett habían llegado a Arcos Altos mientras ellos se encontraban varados allí, y habían propagado la historia. Tras comprarle un barril de vino dorado por un precio razonable, se marcharon.

Entre tanto, Ancel había llegado a la posada. En algunas mesas se hizo el silencio y se giraron miradas serias hacia él, lo que le confirmaba que el rumor se había expandido ya por allí. Jana no tardó en reunirse con él, para servirle una bebida. Entablaron una conversación trivial mientras la situación volvía a la normalidad, en la que la posadera llamó "lord" a Ancel, quizá con toda la intención. Pronto se reunieron en la trastienda del edificio, donde se encontraron más estrechos de lo que el Seabreeze habría preferido. El olor de Jana lo embriagaba, y sus brillantes labios eran absolutamente deseables. Desechó tales pensamientos de su cabeza; estaba prometido y no quería hacer tonterías. Con enrevesadas y sutiles palabras, llevando a cabo su habitual juego de seducción, Jana acordó convertirse en persona de confianza de Ancel ("mejor tumbada que sentada"), a cambio de algo: había llegado a sus oídos que había un comerciante nuevo en el puerto, alguien que quería abrir una segunda posada. El caso es que Jana llevaba tiempo pensando en abrir un segundo establecimiento, y pidió a Ancel que la beneficiara en aquello. El noble aceptó. Acto seguido se dirigió a hablar con la desconocida lysena Pyranys, pero cuando iba a salir de la posada, un hombre se levantó en una de las mesas, donde se encontraba tomando una bebida con tres compañeros, todos ellos marinos. Casualmente eran hombres de los Dannett al servicio de alguno de los comerciantes del puerto, y el que se había levantado vertió acusaciones muy graves sobre los Seabreeze. No obstante, no era rival para la capacidad oratoria de Ancel, y éste acabó aplastando las argumentaciones de su rival y haciendo valer su inocencia a ojos de los presentes. Salió en busca de la lysena.

Pyranys se encontraba en el Azul Oscuro, el barco de su marido. Éste se encontraba supervisando las obras de la casa que estaban construyendo al oeste del puerto. La lysena y Ancel mantuvieron una conversación larga pero infructuosa, ya que el noble no vio el momento de pedirle sus servicios como espía. Sin embargo, sí que le confirmó que su marido tenía intención de construir una posada en el puerto, lo que confirmaba las palabras de Jana.

De vuelta en Quiebramar, Breon no tardó en encontrarse en los jardines con Melina Raer. Como siempre, vigilada de lejos por Lyonel. Ella aprovechó para coquetear de nuevo con el caballero. Esta vez la conversación fue un paso más allá, y llegaron a hablar incluso de boda. Melina afirmó que quizá si ser Breon la llevaba a ver a su padre y pudieran hablar a solas, estaba segura de que él aceptaría a Breon como yerno. La idea de que Melina estaba enamorada de él y poder casarse con ella comenzó a tomar forma peligrosamente en la mente del brusco caballero.

Por la tarde, Ancel por fin decidió que no podía esperar más para ganarse a Loren Ashur. Así que se dirigió a los aposentos del myriense. Al llegar, en el interior se podían oir fuertes gritos. Se trataba del propio Loren y de Vanna, su esposa. «¡Si estás vivo es gracias a esta malnacida, no lo olvides!» —decía Vanna. «¡Fuimos expulsados!¡Por tu culpa!» —exclamaba el hombre. Cuando se calmaron un momento, Ancel llamó a la puerta, y Vanna salió como una centella. El noble pasó para encontrarse con un ceñudo Loren Ashur. Tras un poco de charla intranscendente, el Seabreeze reveló al capitán de la guardia todo lo que su padre le había hecho sufrir de niño, sus depravaciones y vicios secretos. Ancel había puesto todas sus esperanzas en que Loren no supiera de tales costumbres, y para su gran suerte así era. El capitán de la guardia escuchaba a Ancel, incrédulo. No podía ser que su señor, otrora orgulloso y valiente guerrero, fuera capaz de tales perversiones. Loren pidió una segunda versión de la historia, así que Ancel convocó a su presencia a lady Madelyne. Mientras la esperaban, Loren preguntó a Ancel si su esposa Vanna también sabía algo de aquello, a lo que Ancel respondió negativamente, mintiendo lo mejor que pudo. Una vez llegó, la señora de los Seabreeze no hizo sino confirmar punto por punto la historia de su hijo, e incluso la potenció, relatando los malos tratos y vejaciones que sufrió durante años a manos de lord Jeron. Tanto Madelyne como Ancel estaban sorprendidos de que Loren no supiera nada de aquello, aunque lo sospechara. Pero el hombre parecía sincero, sentado en la silla con semblante abatido. Demandó que lo dejaran solo, y así lo hicieron. Ancel confiaba en que aquello alejara un poco al myriense de su padre, y por tanto lo acercara más a él. Cuando se marchaban, Ashur le dijo a Ancel que esperaba que no le hubiera mentido respecto a la implicación de Vanna; Madelyne había mencionado a la myriense al contar su historia, lo que contradecía la negación previa del noble; Ancel se dio cuenta de su error, pero esperaba que aquello no influyera en las decisiones de Loren.

A continuación, Ancel se dirigió a ver a Vanna rápida y discretamente. Le informaron de que la myriense había salido del castilllo. Al poco rato se encontró con ella en el camino del puerto. Había ido a ver a Jana y a Pynarys para olvidarse un poco de su marido. Vanna expresó su extrañeza por el hecho de que Ancel no hubiera adoptado da la lysena como agente de confianza. Quitándole importancia a tal cuestión, Ancel puso a Vanna sobre aviso de todo lo que había pasado con Loren.

Durante todo ese tiempo, Jeremiah visitaba habitualmente a su padre, y éste le comentó en una de sus conversaciones que Loren ya no pasaba tanto tiempo con él. Lord Jeron le pidió a su hijo que vigilara las conversaciones de su hermano con Loren y con cualquiera en el castillo, y le mantuviera puntualmente informado. Jeremiah evitó el tema como pudo, incapaz de traicionar la confianza de su hermano. De hecho, cuando Madelyne se dirigía a los aposentos de Loren para secundar la historia de su primogénito, Jeremiah se encontró con ella y vio que se dirigía a los aposentos del myriense, donde también se encontraba Ancel. El caballero no hizo ningún intento de escuchar la conversación para informar a su padre, lo que probaba su estricto código y la lealtad a su hermano.

Por la noche, Jeremiah organizó una cena con los capitanes de las cuatro galeras Raer que se encontraba en el puerto. La intención era sondearlos para seleccionar a aquel de ellos que mostrara una menor lealtad a sus patrones para llevarlos a Bastión de Tormentas. Finalmente, eligieron precisamente al que menos bebió de los cuatro, el capitán Virren.

Durante el resto del día y el día siguiente, Loren no salió de sus aposentos, ni siquiera para asistir al entrenamiento de los Halcones, cosa que se producía en muy raras ocasiones. Jeremiah se dirigió a hablar con él, y el myriense lo recibió. El Seabreeze se sorprendió de lo serio y ojeroso que se encontraba el myriense. Éste le respondió que no se sentía demasiado bien, y aprovechó para hacerle varias preguntas sobre su padre y su hermano. Jeremiah respondió con toda sinceridad, extrañado, y acto seguido se marchó en busca del maestre Berormane. Éste se dirigió sin tardanza a los aposentos de Loren para darle algún remedio a su falta de sueño. Pero se encontró con un Loren agresivo, que cerró la puerta tras él y le lanzó veladas amenazas. El myriense sabía que Berormane era un hombre de Ancel, y le amenazó para que le contestara con toda la sinceridad posible. Le preguntó acerca de su opinión de Ancel y de lord Jeron, y le hablara de los planes de ambos. Vanna también apareció de algún lugar en la oscuridad, a la espalda de Berormane, y lo ametralló a preguntas. Preguntas sobre Ancel, los Seabreeze, sus cuervos, un desconocido para Berormane cuervo blanco, sobre lady Madelyne, sobre Reman Khoros... Haciendo uso de toda su capacidad y elocuencia, Berormane consiguió dejarles la firme impresión de que era fiel a Ancel por una causa justa, y de que su lealtad estaba fuera de toda duda. Además, consiguió sortear con éxito varias preguntas-trampa de Vanna.

Cuando estuvieron seguros de la sinceridad de Berormane, los Ashur se relajaron y se disculparon. Según contaron, alguien había estado enviando cuervos al exterior desde el otro extremo de la isla, y del primero de quien habían sospechado había sido del maestre, claro. Berormane no tardó en informar del hecho al heredero de los Seabreeze.

Sin embargo, no había tiempo para más. La mañana siguiente se produjo la partida de los Seabreeze y su séquito hacia Bastión de Tormentas. Reman Khoros y los demás se despidieron de ellos deseándoles toda la suerte del mundo e instándoles a que dejaran muy alto el pabellón Seabreeze. Lord Jeron no hizo acto de aparición, y Loren Ashur era una sombra recortada contra los oscuros nubarrones en la Torre de las Tormentas.

El viaje en barco hacia Bastión de Tormentas no era el más tranquilo del mundo, desde luego. El primer día una tormenta considerable azotó su curso, pero el capitán Virren probó su capacidad y los condujo con ritmo firme hacia el oeste. El segundo día las tormentas siguieron azotándolos y haciendo vomitar a los más bisoños en travesías marítimas. Cuando el mar se tranquilizó por fin, un grito desde la cofa los alertó:

— ¡Barcos a babor! ¡Velas negras y sin blasón! ¡Y se acercan a velocidad de combate!

— ¡¡Piratas!! —gritó alguien.

Virren comenzó a rugir órdenes. "¡Todo a estribor!" "¡Cómitre, velocidad de combate!". El contramaestre Devon repetía sus palabras una segunda vez. El barco giró bruscamente, pero los dos navíos rivales se acercaban muy rápido, con el viento a favor. Dos proyectiles salieron despedidos de ambas naves, que resultaron ser galeras de tamaño considerable. Una roca falló por poco, pero la otra impactó en el palo de trinquete y lo dejó maltrecho, reduciendo su velocidad. Además, girando a estribor se acercaban peligrosamente a la costa, donde los arrecifes les esperaban con sus afilados bordes.

Agarrado a la borda, Breon observaba a los enemigos. «Que me aspen si esas galeras son barcos piratas» —pensó. «Si hasta van en formación. Si eso son piratas, yo soy una linda damisela». Una sonrisa empezó a perfilarse en su rostro, ante la perspectiva de la inminente lucha.

jueves, 23 de febrero de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 3

Los Tudbury. Retorno a Quiebramar-

Roben Tudbury
La fama del algodón cultivado por los Tudbury había llegado lejos en los años anteriores, y Ancel sugirió a su tío Ser Meryn la posibilidad de establecer un mercado en Quiebramar donde su familia pudiera establecer una ruta de exportación a las ciudades libres. Ser Meryn contestó que no le parecía mala idea, pero los últimos años de penurias habían hecho que en lugar de algodón cultivaran nabos, y ni éstos crecían con fuerza últimamente. Era un proyecto que deberían dejar para el futuro.

Ya entrada la noche, Jeremiah posó los ojos en una de las sirvientas, con la que compartió su lecho. Durante el tonteo, salió a colación el nuevo y flamante escudero de Jeremiah, Regar Tudbury. La muchacha afirmaba que ese joven traía la mala suerte allí donde iba: su madre había muerto en el parto, y desde su llegada los Tudbury no habían vivido más que desgracias y estrecheces. El caballero desechó los comentarios, propios de una sirvienta ignorante.

Mientras tanto, Berormane trató de averiguar algún dato más de relevancia sobre las circunstancias en que lord Tom había sido presuntamente envenenado. Habló con el maestre Areos mientras ser Maras cantaba, y con ser Rodren mientras Breon narraba con toda la fuerza de sus pulmones el episodio de la caza del león del que había adoptado su blasón. Ambos se mostraban de acuerdo en que no habían sucedido acontecimientos de especial importancia hacía cinco o seis años, aparte de los típicos conflictos fronterizos por los campos de cultivo y el agua de riego. No obstante, un dato que le dio Areos le llamó la atención: la muerte de Liriel, la hija de ser Stevron, en un desgraciado accidente de equitación. Ser Rodren era quien la había encontrado, cerca del Vado Blanco, al este del castillo. Liriel era una excelente y apasionada amazona desde muy pequeña, y aquella había sido una de sus primeras salidas a cabalgar fuera del castillo. La habían encontrado al día siguiente con el cuello roto, al parecer estrellada contra un tronco. Sin embargo, en su caballo no habían encontrado ni una sola herida ni lesión. Un hecho sumamente desgraciado para ser Stevron y su esposa, Maryn Wagstaff, muerta al dar a luz a su hijo Regar (el nuevo escudero de Jeremiah).

La cena concluyó, y todos se retiraron a sus habitaciones. No tardaron en llamar a la puerta de las habitaciones de Ancel. No era otra que su abuela, lady Herena, acompañada por su hija, la madre de Ancel, Madelyne. La anciana se mostraba airada en grado sumo, y habló a Ancel en un tono de reproche que el muchacho nunca había oido hasta entonces. Su abuela fue muy dura con él, llamándole necio y riñéndole por cómo estaba llevando la situación con su padre lord Jeron. Madelyne le había informado de la situación y se había sorprendido de que su nieto, al que todos admiraban por su presunta inteligencia, fuera en realidad tan estúpido. ¿Acaso no se daba cuenta de que su padre podría desheredarlo en cualquier momento? Lady Herena dio tres lecciones que consideraba fundamentales a su nieto, siempre hablándole en tono de reproche aleccionador: "aparenta ser débil cuando seas fuerte, y fortaleza cuando seas débil", "no demuestres nunca tus sentimientos", y "el que tiene el ejército, tiene el poder". Esta última era una clara alusión a la Guardia de Halcones de Quiebramar, cuyo capitán, Loren Ashur, era leal sin ambages a lord Jeron Seabreeze. Si el señor de los Seabreeze maniobrara en contra de su primogénito, éste no contaría con ninguna protección, aparte, quizá, de su hermano y ser Breon. Tenía que poner remedio a aquello cuanto antes, pues sus informadores en Quiebramar ya la habían puesto sobre aviso de las maquinaciones que lord Jeron empezaba a llevar a cabo. Acto seguido, dejó que su nieto le diera un ligero beso y con un apretón confortador en su hombro, se marchó junto con Madelyne.

Durante el desayuno del día siguiente, ser Stevron llevó a Regar ante ser Jeremiah y lo puso oficialmente a su servicio. Berormane compartió a continuación con el resto del grupo lo que había descubierto sobre el envenenamiento de lord Tom y el accidente de la niña Liriel. Todos reaccionaron con incredulidad, pero con cautela. Tras un breve intercambio de impresiones, decidieron investigar en la medida de lo posible el extraño episodio de la niña. Según les explicó el maestre Areos, el encargado actual de las cuadras, un tal Uñasnegras, era en aquellos tiempos el mozo encargado de atender los caballos de Liriel. No perdieron el tiempo, y no tardaron en encontrar a Uñasnegras en los establos. El muchacho, sorprendido y aterrado ante la intrusión se negó a hablar al principio, pero Jeremiah y Breon podían ser muy expeditivos cuando querían. La intimidación surtió su efecto, y Uñasnegras les dijo cuanto sabía: había ensillado el caballo de Liriel aquella tarde, y pronto tuvo que ensillar otro para el muchacho Lothar, que salió tras ella. Ambos jugaban juntos habitualmente, así que no le dio importancia. Desde luego, no creía que existiera nada amoroso entre ellos, ya que Lothar contaba por aquel entonces con tan sólo siete u ocho años. El olor del orín de Uñasnegras resbalando por sus pantalones era intenso. Lo dejaron tranquilo. Al salir, una figura insolente los miraba, risueño; no era otro que Lukkan, el compañero de juergas de Roben Tudbury. Les preguntó qué podía llevar a aquellos gallardos caballeros a intimidar a un simple mozo de cuadras de aquella manera, lo que le ganó miradas torvas y respuestas despectivas. Lukkan se encogió de hombros y entró en los establos.

Roben y su séquito se encontraban en el patio interior preparando su equipaje y los caballos, partían inmediatamente. Ancel se dirigió a hablar con su tío, ante la sardónica mirada de éste. Intentó conversar sobre el pasado, para averiguar dónde y cómo se encontraba su tío hacía cinco o seis años, pero no obtuvo ninguna información de relevancia. A excepción de lo que ya sabía, el profundo desprecio que Roben sentía por sus hermanos y primos.

Tras despedirse de Roben, salieron sin tardanza hacia el lugar donde había tenido lugar el desgraciado accidente de Liriel. El paso del tiempo había borrado ya cualquier huella. Areos insistía en que el paraje estaba prácticamente igual que hacía un lustro; ni un árbol había sido cortado, quemado o plantado. Les mostró el árbol contra el que Liriel apareció muerta, según ser Rodren. A escasas docenas de metros del Vado Blanco. Al otro lado del río se extendían antiguos campos de algodón donde todavía se percibían los estragos que había causado el fuego; un incendio de hacía años que según lord Tom debían de haber provocado sus vecinos, los Lonmouth. Desde luego, si la niña era tan buena como decían montando a caballo, era muy raro que a pleno día, en un terreno llano y con pocos árboles, con un caballo en perfectas condiciones y que llevaba años montando, hubiera sufrido tal percance. Algo no cuadraba. Areos les comentó que lo mismo había pensado él en su momento, pero ante la falta de evidencias, se había admitido el accidente.

Según el mozo de cuadras, que se había mostrado muy reticente a darles información, Lothar había partido junto con Liriel, así que se dirigieron a hablar con él. El muchacho era una verdadera rata de biblioteca, y siempre se escabullía en cuanto podía para leer un libro. Lo encontraron enterrado entre los libros del maestre Areos. Al preguntarle sobre Liriel, Lothar bajó la cabeza, compungido y con lágrimas asomando a sus ojos; pero respondió balbuceando evasivas. No cesaba de repetir que deberían hablar primero con su padre, ser Rodren. Por mucho que insistieron su respuesta siguió siendo la misma, así que, acompañados del muchacho, se dirigieron a las estancias donde ser Rodren se encargaba de los asuntos de intendencia del castillo. El caballero se mostró reticente, incluso hostil al principio, dirigiendo miradas suspicaces a todos. Pero finalmente pudieron convencerle de que no emplearían la información para malos fines ni estaban buscando problemas a los Tudbury. Les contó lo que Lothar decía que había visto. El niño había presenciado toda la escena de lejos, pues llegó unos minutos después de Liriel. Dos jinetes se encontraban junto al Vado Blanco, tapados con tapas y capuchas sin blasón, y una tercera figura cogía de las riendas al caballo de Liriel, aparentemente tratando de calmar su encabritamiento. La muchacha ya yacía muerta estrellada contra el tronco. Lothar, presa del pánico, salió al galope y se perdió durante toda la noche entre las arboledas. El día siguiente, ser Rodren lo había encontrado cerca del lugar de los hechos, y el muchacho lo condujo hasta la niña muerta. Ser Rodren y lord Tom habían mantenido el episodio en secreto para que sus enemigos no supieran que los habían visto, y también para proteger al pequeño Lothar de posibles represalias.

Ante tal situación, decidieron que lo mejor sería alejar a Lothar de Caparazón Recio una buena temporada. Y qué mejor forma de alejarlo que adoptándolo como escudero de ser Breon. El caballero se mostró reticente ante la evidente falta de capacidades marciales y físicas del niño, pero aceptó por salvarle la vida. Lothar protestó tímidamente, pero su padre lo acalló pronto. Ser Rodren sólo temía la reacción que iba a tener su esposa Alyse, pero lidiaría con ella.

Después de despedirse de todos y preparar el equipaje, partieron de vuelta a Quiebramar, con la sensación de que la visita había sido, en su mayor parte, estéril. Sin embargo, habían descubierto hechos que merecerían una posterior revisión por su parte. Antes de su partida, alguien preguntó por el mozo Uñasnegras, que había desaparecido. Otro hecho inquietante que por el momento, debería quedar sin revelar.

De vuelta a Quiebramar, quedaban diez días por delante hasta su partida hacia Bastión de Tormentas. Berormane aprovechó para seguir adiestrando cuervos, y los demás para prepararse para el glorioso torneo. Las visitas de Ancel a lord Jeron no hacían más que engendrar cada vez más odio entre ambos, mientras que las de Jeremiah enorgullecían a su padre, que se preguntaba "por qué no había nacido él el primero". En una de sus escapadas al Halcón Plateado, Jana informó a Jeremiah de que lo único que había sucedido realmente interesante había sido el paso por el puerto de un extraño grupo, que se hacía llamar La Compañía Audaz, a cuyo frente iba un hombre extraño con un yelmo con cuernos de carnero, un hombre con cadenas de maestre pero que ya había dejado de parecerlo, una especie de septon y ¡un dothraki! Desde luego, un grupo pintoresco. Jeremiah intentó averiguar algo más sobre ellos, pero sin éxito.

Ancel, por su parte, mantuvo varias conversaciones con Loren Ashur para, como le había dicho su abuela, intentar ganárselo. No parecía hacer demasiados progresos. Durante una de tales conversaciones, que mantuvieron en el patio de armas, un estruendo a la espalda de Ancel llamó su atención. Por pura suerte, él y Ashur consiguieron esquivar un enorme tronco de madera que se les vino encima. En el patio se veían heridos y muertos por doquier. Uno de los trabuquetes con los que la nueva unidad de ingenieros se entrenaba se había quebrado y sus piezas habían salido despedidas hacia todas partes. Ancel, extremadamente irritado, rugió en busca del responsable, el jefe de ingenieros Mooton, y lo apabulló de tal modo que creía que el hombre se iba a echar a llorar. No estaba seguro de si había sido un accidente o un hecho provocado, así que en adelante se anduvo con mil ojos.

La inquietud de Jeremiah iba en aumento con cada día que pasaba sin recibir noticias de Lond, que había partido en busca de un buen caballo a Bastión de Tormentas. Un par de días antes de la salida hacia el torneo, Berormane llegó con un cuervo procedente de Caparazón Recio. Las noticias no eran buenas: al parecer, la casa Dannett acusaba a los Seabreeze de haber atacado un par de aldeas de sus campesinos por motivos desconocidos. Varios campesinos habían aparecido muertos. La casa Dannett era la propietaria de Arcos Altos, el puerto más cercano a Quiebramar, y de sus tierras colindantes, incluyendo el pequeño castillo de Redhill. Evidentemente, ningún Seabreeze había ordenado la matanza de campesinos Dannett... ¿o sí?

martes, 7 de febrero de 2012

Mapas de Batalla para Canción de Hielo y Fuego

A estas alturas, todos sabréis que Canción de Hielo y Fuego incluye un capítulo entero dedicado a las reglas para la representación de batallas durante el juego. Además, son unas reglas estupendas; se adaptan perfectamente al resto de aspectos del juego, permiten que los personajes interactúen fluidamente con las unidades militares (poniéndose al frente de ellas o permaneciendo independientes), y son lo suficientemente sencillas para simular de forma ágil cualquier conflicto excepto los más grandes en los que se verían implicadas decenas de unidades.

Sin embargo, ni el juego ni ningún suplemento proporcionan material extra para representar el campo de batalla o las unidades implicadas, así que ni corto ni perezoso, decidí abrir el photoshop y crear yo mismo ese material. El resultado lo incluyo a continuación.

Todas las imágenes están pensadas para ser impresas en una hoja adhesiva y pegarla sobre un cartón del gramaje adecuado (personalmente, recomiendo los que se usan habitualmente para las contraportadas de las encuadernaciones en gusanillo). Los hexágonos superpuestos en la imagen representan un área de 10x10 metros, el área que, según el juego, ocupa una unidad de infantería de 100 hombres o una unidad de 20 efectivos de caballería (los estándares de las reglas). También se incluye una plancha de fichas con diferentes iconos representando los distintos tipos de fuerzas incluidos en el juego, y un número distintivo para poder identificarlas con facilidad. Las fichas tienen una pequeña flecha en la parte superior, que se puede utilizar para determinar el encaramiento. Además se incluyen contadores de estado de la unidad y de formación.

Pinchando sobre cada una de las imágenes siguentes se puede descargar la imagen original en alta resolución. Las imágenes de alta resolución tienen el tamaño correspondiente (A3 ó A4) y 300 puntos por pulgada. Más abajo se ofrece una descripción más detallada de cada una.




Capas Base

Estas imágenes están pensadas para servir como base al terreno de combate. De momento sólo he creado la base de hierba, pero en el futuro planeo crear las bases de nieve y de desierto.

Base de hierba en tamaño A4
Se pueden imprimir varias bases de este tamaño en varias hojas A4
para superponerlas y formar campos de batalla del tamaño deseado.
Una base de tamaño A4 representa un campo de batalla de
aproximadamente 120x190 metros, suficiente para pequeñas
escaramuzas.
[ imagen original - A4 - 300ppp ]


Base de hierba en tamaño A3
Esta capa base es de un tamaño doble a la anterior, preparada para imprimirse
en una hoja A3, de manera que una sola hoja tiene el doble de hexágonos
y representa un campo de batalla de aproximadamente 190x240 metros.
[ imagen original - A3 - 300ppp ]



Elementos

Las imágenes de elementos están pensadas para que éstos sean recortados y colocados sobre la capa base según las necesidades del campo de batalla.

Elementos 1: Edificios, bosques y terreno abrupto
La primera hoja de elementos incluye los referidos a castillos, fortificaciones
y poblados, bosques densos y dispersos y algunos hexágonos de terreno abrupto.
Entre las edificaciones se puede encontrar un castillo grande, un castillo normal,
un castillo pequeño, una mansión y una torre. Además, un molino, una posada,
un templo (iglesia cristiana, pero puede servir como cualquier otra cosa) y casas
con las que se pueden formar aldeas, pueblos y demás.
[ imagen original - A4 - 300ppp ]


Elementos 2: Colinas, Rocas y terreno abrupto
La segunda hoja de elementos incluye colinas de distintas formas y tamaños,
que pueden recortarse y superponerse para formar colinas personalizadas. Cada
hexágono de colina tiene un pequeño número en la esquina inferior derecha que
indica su nivel de elevación. Una unidad podrá moverse entre hexágonos que sólo
disten un nivel de elevación. Moverse entre hexágonos con una diferencia de más
de un nivel queda a discreción del director de juego. Además, hay varios hexágonos
representando terreno abrupto y rocas.
[ imagen original - A4 - 300ppp ]


Elementos 3: Lagos, Ríos y Puentes
La tercera hoja de elementos es la dedicada a masas de agua: lagos, pozas,
ríos, puentes y costa se encuentran representados aquí. Como en el caso de
las anteriores, se pueden recortar y combinar como sea necesario para formar
el campo de batalla a voluntad.
[ imagen original - A4 - 300ppp ]


 
Fichas de Unidad

En esta hoja se incluyen fichas de varios colores distintos para representar los diferentes bandos participantes en la batalla. Además, he incluido una amplia variedad de iconos para representar los tipos de unidad como se crea conveniente, y cada ficha incluye un número distintivo en la parte inferior derecha para poder identificarla en la hoja donde se encuentren anotadas sus características. Cada ficha tiene una flecha en el lado superior para indicar el encaramiento de la unidad.
También hay fichas para representar el estado, la formación y las penalizaciones que cada unidad tenga en cada momento.



Bueno, pues por el momento eso es todo. Espero que encontréis estos recursos de utilidad para vuestras partidas y, por supuesto, cualquier sugerencia o crítica será bienvenida.


miércoles, 1 de febrero de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 2

Preparativos. Los Tudbury.


Los Seabreeze: lord Jeron, lady Madelyne, Ancel, Jeremiah, Breon de Rocagrís, Berormane, Megara y Melina Raer

Al atardecer, Jeremiah subió a los aposentos de su padre para informarle de las nuevas acerca del torneo que se iba a celebrar en Bastión de Tormentas. Lord Jeron intentó que la tristeza no se reflejara en su rostro, pero no tuvo éxito. Añoraba la acción y los torneos, y su maldita parálisis le impedía acudir. Dio su bendición a su hijo, instándole a que dejara bien alto el pabellón de los Seabreeze ante lord Renly y su majestad. Y también le recomendó que enviara por delante a Lond, el amo de cuadras, a Bastión de Tormentas para que le eligiera un buen destrero para el torneo. Así lo hizo Jeremiah, enviándolo acompañado de tres guardias halcones.

Ancel y el maestre Berormane se plantearon alquilar pasaje en un barco mercante, quizá en el de Voredin Ryth, pero ante los precios y los inconvenientes de espacio, optaron por usar uno de los barcos de guerra de la escuadra que sus banderizos, los Raer, tenían destacada en Quiebramar.

Durante la cena, Megara -hostil como siempre últimamente con Ancel- quiso informarse acerca de los rumores de un torneo en Bastión de Tormentas. Ante la confirmación de sus hermanos, les reprochó que no hubieran avisado antes al resto de la familia y les preguntó si pensaban llevar con ellos a Melina y a ella misma. Por supuesto, la respuesta fue afirmativa, y Megara no pudo ocultar una sonrisa soñadora.

Tras la cena, Breon fue abordado por Melina Raer en los pasillos del castillo. La joven iba acompañada de su guardián Lyonel, y se mostró muy cariñosa y seductora con Breon a pesar de la habitual brusquedad de éste. El caballero se sintió extremadamente halagado cuando la joven le pidió que la representara en el torneo que se había anunciado, pero por respeto a los Seabreeze (ya que Melina era su pupila), decidió obtener antes el permiso de Jeremiah y Ancel para llevar una prenda de la muchacha. Los hermanos se lo concedieron.

Esa misma noche, Berormane envió un cuervo a Caparazón Recio para avisar a los Tudbury de la visita que los Seabreeze iban a hacerles.

La mañana siguiente, Breon hizo una de sus escapadas habituales a la posada mientras Ancel y Berormane recorrían el puerto inspeccionando los trasiegos e intentando obtener información de terceros sobre el capitán de la flota Raer, Deros Tormenta. La mayoría no conocía al bastardo de la casa Raer, pero algunos sí que habían alcanzado a escuchar algunas habladurías sobre sus hazañas marítimas. De hecho, se decía que los piratas habían dejado de azotar los mares circundantes de Merth y Olara gracias a la fama de "Deros el Domaolas". Breon -que buscaba a Jana Alyr insistentemente con la mirada- y Voredin Rytn acababan de encontrarse en la sala común de la posada cuando hicieron su aparición Ancel y Berormane. Tras una charla intranscendente, Ryth no tardó en preguntar a Ancel si había tomado ya su decisión acerca de los... "negocios" sobre los que habían hablado el día anterior. Tras intentar sin mucho éxito obtener algo más de información del gordo comerciante, Ancel optó por dar un "no" como respuesta; lo último que necesitaba en la delicada posición en que se encontraba era que lo incriminaran en asuntos ilegales.

De vuelta al castillo, Berormane se dirigió a los aposentos de Vanna Ashur para charlar por primera vez en serio con la myriense acerca de sus contactos y del establecimiento de una posible red de espías por toda la isla. Vanna se mostró en todo momento muy críptica con todo lo que tuviera que ver con ella: todavía guardaba hacia Berormane cierta animosidad y bastante desconfianza. La conversación derivó hacia Ancel; la myriense preguntó al maestre acerca de la opinión que le merecía y de su lealtad: si permanecía fiel a los preceptos de los maestres o por el contrario los traicionaba otorgando toda su lealtad a una persona -refiriéndose claramente al heredero de Quiebramar-. Berormane dudó unos instantes, pero finalmente contestó que sin duda era fiel a las enseñanzas de la Ciudadela y seguía sus preceptos. Al parecer, no era lo que Vanna deseaba oir, y la mujer dio bruscamente por terminada la conversación.

Mientras tanto, Jeremiah y Breon salieron al patio de armas para entrenarse con la Guardia de Halcones, a las órdenes de Loren Ashur. El propio Loren se emparejó con Breon, que no dio tregua al myriense. Descargó un poderoso golpe sobre el muslo de Ashur, que éste no pudo detener. Cayó al suelo ante la sorpresa de los guardias que entrenaban. Aunque se le notaba herido en su orgullo, Ashur se giró restando importancia al asunto y ordenando que continuara el entrenamiento. Acto seguido, se retiró del patio con una leve cojera.

Esa tarde, Melina y Breon dieron un paseo por los jardines -bajo la cercana vigilancia de Lyonel y la más lejana de Garrett-. El caballero aceptó la prenda de la muchacha para su representación en el torneo, y se sintió cada vez más embriagado por su olor y su personalidad. Una tormenta estalló, y se refugiaron bajo unas tupidas enredaderas. Melina se quejó del clima:

  —Aquí siempre llueve, ser Breon, y las tormentas me producen un gran desasosiego. He oído que en el sur, en Dorne, siempre brilla el sol. Vos habéis viajado mucho por allí, ¿no es cierto? —su sonrisa era arrebatadora—. Ah, ¡cómo me gustaría ver todo aquello! ¡Y cómo echo de menos mi hogar! Si al menos pudiera visitarlo una vez...

A duras penas, ebrio de su aroma y su mirada, Breon se dijo a sí mismo que estaba tratando de utilizarlo, y respondió con gran brusquedad a sus insinuaciones, cosa de la que se arrepintió casi al instante, cuando los ojos de Melina se nublaron con lágrimas y lo miró reprobadoramente. Ambos se callaron y miraron hacia la Torre de las Tormentas, donde un rayo iluminó en una balconada cubierta a lord Jeron en su silla palanquín, a Loren Ashur y a una figura encapuchada irreconocible bajo la cortina de agua.

La misma escena alumbrada por el relámpago pudieron ver Ancel y su madre desde uno de los ventanales de la torre del homenaje. Ancel se dirigió a ver a su padre. Cuando llegó a sus aposentos, un guardia le detuvo en la puerta. Su padre solía utilizar a los pocos soldados que quedaban de los tiempos de la rebelión de Robert, alrededor de una docena, a modo de sirvientes personales y confidentes. El mayor de ellos era Loren Ashur. Cuando le permitieron entrar, el myriense se encontraba junto a lord Jeron, que como siempre que hablaba con Ancel no podía evitar un destello de desprecio en sus ojos. Ancel le habló del torneo, de la oportunidad que suponía para su casa la participación de Jeremiah, y de su fiesta de compromiso, para la que necesitaban dinero. Como siempre, su padre le respondió con desprecio, y Ancel no le respondió con menos, aludiendo a su desastrosa gestión en los años pasados y a su escasa valía como señor de los Seabreeze. La conversación se hizo cada vez más violenta, hasta que Ancel se despidió con una frase cortante que hizo hervir la sangre de su señor padre. Como casi siempre.
El día siguiente cargaron el equipo en la Dulce Tempestad, la galera de guerra de los Raer que los llevaría hasta el pequeño puerto de Arcos Altos, en el continente. Tras un día de navegación y tres días de viaje aburrido entre una fina lluvia a través del noreste de las Tierras de la Tormenta, llegaron a la vista de Caparazón Recio y la pequeña aldea que se extendía a sus pies, Villa Tortuga. Un gran río pasaba anexo a la aldea, donde un pequeño puerto comercial bullía de actividad.

Tres jinetes salieron a su encuentro, vestidos con sobrevestes verdes con la pechera de los Tudbury, la tortuga en el losange amarillo. El cabecilla se presentó como ser Rodren, y los condujo a través de la aldea hasta el castillo. Caparazón Recio era un castillo pequeño pero altamente funcional y robusto. Apenas tenía áreas al aire libre, sino que había sido construido a modo de la concha de una tortuga, con bóvedas y cúpulas de piedra diseñadas para rechazar los pesados proyectiles de catapultas y trabuquetes. Las más anchas columnas que jamás habían visto sujetaban todo el complejo. Un ingenioso sistema de espejos de plata batida que en su día debían de haber costado una fortuna hacía que el lugar no fuera oscuro como boca de lobo.

La comitiva de los Seabreeze fue alojada en amplios aposentos donde pudieron asearse y descansar antes de la cena. Mientras el resto se entregaba al descanso, Berormane se encontró con el anciano maestre Areos, interesándose por el estado de salud de lord Tom Tudbury, enfermo desde hacía varios años. Areos se encogió de hombros y negó con la cabeza: las fiebres ocasionales y la tos sanguinolenta seguían haciendo mella en lord Tudbury, sin que él supiera que hacer para aliviarlas. Ambos se dirigieron al lecho donde lord Tom descansaba. Berormane lo inspeccionó, sin esperanzas de encontrar nada allí donde Areos llevaba años. Sin embargo [¡Tirada de 25!], no tardó en detectar ciertas irregularidades en forma de estrías en las uñas y un tono amarillento casi invisible en la lengua que le resultaban extrañamente familiares. Y de repente recordó de sus años de estudiante los efectos de un veneno llamado Lirio Negro, procedente de Essos, que eran sorprendentemente parecidos a aquellos síntomas. Para Berormane no cabía duda: lord Tom había sido envenenado accidentalmente o a propósito hacía cinco años (los años con síntomas de enfermedad). Debía de haberlo resistido, pero seguramente su organismo habría quedado tan debilitado que desarrolló la enfermedad llamada tos pálida. Areos se mostró sorprendido sobremanera, y se sentó, abrumado por la revelación. Tras tranquilizarse un poco, ambos maestres se dirigieron a la sala principal para tomar parte en la cena.

Mientras tanto, Ancel, Jeremiah, y Megara, junto con su madre Madelyne y ser Breon, se habían ido encontrando poco a poco con sus primos y tíos de camino a la cena o en el salón. Saludaron a su tía Lisbeth, que se abrazó con alegría a Madelyne, y a su marido ser Maras Ethen "el Ruiseñor"; abrazaron a su abuela lady Herena y a sus primas Rya y Selise, las hijas de ser Meryn, hermano de Madelyne y heredero de Caparazón Recio; besaron también a la mujer de ser Meryn, Lyara, y a sus tíos abuelos, ser Nalon y Varyn; en el salón se encontraron también con su primo ser Stevron, el maestro de armas, al que acompañaban sus hijos Eryn, Regan y el muchachito Regar; el hijo y nietos de Varyn, el callado Tomas,la dulce Alyse y el joven y atractivo Ricken, también los saludaron; la adusta mujer de Tomas, Syra de la casa Trant, iba acompañada de su nieto, el hijo de Alyse y ser Rodren -el caballero que los había escoltado hasta el castillo-, el niño Lothar, tímido y retraído. También saludaron a la educada septa Lorelay, al anciano maestre Areos, al lacónico ser Samtar "el Mudo", y al apuesto y galante ser Ewan Rogers. Y también a su tío Roben, apodado "la Oveja Negra" por el resto de la familia. Roben los saludó con afectación pero con aparente sinceridad, y durante la cena dio muestras de su descaro y su desprecio por cuantos estaban a su alrededor. En particular, la septa Lorelay miraba al techo y se abrazaba a sí misma cada vez que Roben decía alguna inconveniencia, casi siempre con matices sexuales. Al lado de Roben se sentaba un tal Lukkan, un hombre que parecía el compañero de juergas perfecto para el noble, que, haciendo honor a su apodo, vestía totalmente de negro. No obstante, lucía gran cantidad de joyas y adornos de oro que no pasaron desapercibidos para Ancel. Tantos adornos contrastaban con la austeridad de la cena, que no fue demasiado abundante. Como les informó ser Meryn, estaban atravesando una mala época de cosechas: las plagas y la sequía parecían haberse cebado con las tierras de los Tudbury; la gente no pasaba privaciones todavía, pero si no conseguían una cosecha abundante pronto, iban a tener muchos problemas. Ancel comprendió que sería imposible que su familia materna le prestara dinero para la fiesta de compromiso, así que se abstuvo de pedirlo. Al final de la cena, todos brindaron emocionados por el compromiso de Ancel con Elora Fell y por los caballeros Seabreeze y Tudbury que iban a participar el en glorioso torneo de Bastión de Tormentas. Algunos de los asistentes, entre ellos Roben y Lukkan, empezaron a insistir a ser Maras que hiciera honor a su apodo y que cantara alguna canción; éste se negó al principio, arrebolado, pero unas palabras al oido de su esposa Alyse lo convencieron. El caballero resultó tener una voz límpida y potente que, a pesar de su fama, nunca dejaba de sorprender a su familia. Pronto, todos se movían al son de "Las lluvias de Castamere", para regocijo de ser Ewan Rogers, que bailaba sobre una mesa haciendo burla de los Lannister.

Tras una breve conversación con ser Stevron, Jeremiah lo convenció para adoptar a su hijo Regar como escudero. Stevron tenía muchas esperanzas depositadas en el muchacho, que por otra parte tenía muchas opciones de heredar Caparazón Recio si ser Meryn no tenía otro hijo (su primogénito Varyn había muerto varios años antes de unas fuertes fiebres), y así se lo hizo saber a Jeremiah, que se comprometió a adiestrar y cuidar al muchacho como si fuera su propio hijo.

Ancel, por su parte, mantuvo una larga conversación con su tía Lisbeth, interesándose por la situación de su hermano Roben. Sin duda, él estaba en posesión de fuertes sumas, cuando lucía tal cantidad de torques y anillos. Lisbeth afirmaba que Roben no les ayudaría en sus estrecheces, y que aunque lo hiciera, no creía que Meryn fuera a aceptar su dinero, pues procedía de "fuentes sucias". No sabía en qué negocios andaba metida la Oveja Negra, pero tampoco quería saber más. Ancel se retiró a su asiento, pensando en qué clase de negocios andaría metido su tío.

Mientras contemplaba la feliz escena a su alrededor y la canción de ser Maras se hacía más atrevida, Berormane meditaba cómo revelar a los Seabreeze la noticia del envenenamiento de lord Tom.