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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

martes, 29 de mayo de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 10

Noticias de Quiebramar. El gran combate.

Vanna Ashur,
nuevo PJ

Al poco de su eliminación en el torneo, Jeremiah recibió la visita de lord Garth Herston. Muy diplomático, el señor le ofreció consuelo por su derrota y expresó lo injusta que le parecía, para acto seguido pasar al verdadero motivo de su visita, que no era sino ofrecer al Seabreeze la mano de su hija en matrimonio. Por desgracia, Brenda Herston no se encontraba en Bastión de Tormentas para el torneo, así que tendrían que presentarse más adelante. Tras las respectivas cortesías, Ancel habló con su hermano sobre la tal Brenda: se trataba de una mujer que había dejado la juventud atrás, viuda de su primer marido, un Brax creía recordar. Y por otro lado, recordaba que no era en absoluto agraciada, cosa que pareció decepcionar todavía más a Jeremiah.

Los pavoneos de Jeremiah parecían haber tenido éxito entre las muchachas de Bastión, pues la mañana siguiente tuvo un encuentro -aparentemente fortuito- con una joven tan bella que le dejó sin aliento. Decía llamarse Maryn, hija de lord Eddan Hasty, y se mostró extremadamente amable y compungida por la eliminación del joven Seabreeze. Quizá Maryn no tenía la belleza arrebatadora de Lidda o de su propia hermana Megara, pero su pelo rubio, sus pecas en las mejillas, sus ojos y su sonrisa no tardaron en embriagarlo. Cuando la muchacha se despidió, caminando con sus dos damas de compañía, apartó su mirada de ella, entrando en el juego de seducción, pero ya no se la podría sacar de la cabeza en todo el día. Más tarde, hablando con Ancel, éste le informó de lo que sabía: la tal Maryn no podía ser otra que Maryn Tormenta, la hija bastarda de lord Eddan. Aunque vivía en el castillo como una hija más del noble, Ancel le aconsejó que no debería ser su primera opción de a la hora de contraer matrimonio.

En la eliminatoria del mediodía, Breon fue descabalgado en la segunda lanza por ser Arys Oakheart. Los Seabreeze se quedaban sin representación en la competición más importante. Deberían emplearse a fondo en el cuerpo a cuerpo, era su única oportunidad de ganar dinero y notoriedad.

A lo largo de todo ese día, Ancel mantuvo largas conversaciones con los Lugus [tirada 27 cautivar], y estableció un principio de amistad con Orten, que no con Naton, cuya única preocupación parecía ser entrenar y mejorar sus habilidades marciales. También visitó a lord Estermont y recibió un par de veces la visita de lady Orlanna con su hija Aranette; aunque la paciencia de la mujer estaba al límite, la sutil labia e inmejorables maneras de Ancel consiguieron apaciguarla. También se celebró la primera sesión clasificatoria para la final del Gran Combate Cuerpo a Cuerpo, que los Seabreeze superaron sin dificultades ante una casa menor de las Tierras de los Ríos. Pero el hecho más destacado no fue la clasificación de los Seabreeze, sino la muerte de Langley Woods, un miembro del séquito de los Lugus (prometido de Marita Lugus), que fue herido durante la competición, aparentemente sin importancia; sin embargo, durante la noche sufrió una agonía parecida a la que había padecido Adham Dannett. Por Bastión de Tormentas comenzaron a surgir rumores de venenos, conspiraciones y asesinatos.

El día siguiente amaneció con una peculiar noticia, aparte del deceso de Woods: los Hermanos de la Guardia de la Noche habían sido atacados por desconocidos, y habían tenido que ser defendidos por la guardia de Bastión. A requerimiento de Jeremiah, los Seabreeze hicieron una "visita de cortesía" a lord Eddan Hasty. Por desgracia, lord Eddan se encontraba ausente, pero Jeremiah aprovechó para llevar a cabo su verdadero propósito allí, que era entablar unos momentos de conversación con Maryn. La muchacha —que se encontraba en compañía de Emma Hasty, la sobrina de lord Eddan— incluso le dio en secreto una prenda para que la llevara durante el cuerpo a cuerpo. Mientras Jeremiah se encontraba con Maryn, Ancel conversó con ser Bonifer Hasty, apodado "el Bueno" por su gran devoción a los Siete. El caballero les comentó que quizá recibieran en breve la visita de lord Eddan, pues hacía algún tiempo que había enviudado y Megara había causado una impresión muy grata en él. Los pretendientes de la joven Seabreeze se habían multiplicado desde su presentación en la fiesta, y día sí día también recibía flores y notas de sus admiradores. Agradeciendo a ser Bonifer su atención, se retiraron; Ancel se mostró de acuerdo en que la belleza y candidez de la muchacha Maryn eran arrebatadoras, pero expresó sus reservas acerca de la conveniencia de acordar un compromiso con una muchacha bastarda. Quizá pudieran llegar a un acuerdo de esponsales con la joven Emma, que aunque menos agraciada que Maryn era hija legítima y por tanto una opción más válida. Jeremiah apenas escuchaba, embriagado todavía por el perfume de Maryn.

La noche del séptimo día de torneo, un sirviente despertó a Ancel y al resto de Seabreeze de su descanso. Alguien había llegado a la posada preguntando por Ancel y lady Madelyne. Al bajar, se encontraron con una mujer que había dejado en un rincón su capa empapada y tenía un cuenco de caldo entre sus manos. Los Seabreeze se sorprendieron al reconocer a Vanna Ashur, la dama de compañía de lady Madelyne que se había quedado en Quiebramar. La esposa de su capitán de la guardia, agotada, traía noticias urgentes. Les contó que hacía aproximadamente una semana su marido la había convocado precipitadamente a sus aposentos. Allí, Loren le contó en un susurro que lord Jeron había decidido desheredar a Ancel, y que él se había opuesto a tal decisión. El señor de los Seabreeze se había tomado muy a mal tal desencuentro con el que consideraba su camarada de mayor confianza en Quiebramar, y ahora temía algún tipo de represalia. Además, los cuervos que se habían enviado desde el otro extremo de la isla eran correspondencia entre lord Jeron y los Wylde. Alguien con los conocimientos de un maestre había debido de estar ayudando a lord Jeron. No había acabado Loren la última frase cuando algunos de los miembros de la guardia de halcones entraron violentamente y amenazaron a la pareja con sus armas. Arrestaron a Loren y a ella la dirigieron hacia los calabozos; por pura suerte pudo escapar burlando a sus captores, y con la ayuda de Jana Alyr consiguió pasaje en un mercante que la llevó hasta Cienrocas. Durante el viaje, Vanna se maldijo mil veces por no haber visto venir aquello; había recibido algún informe del comportamiento extraño de lord Jeron y sus compañías, sí, pero no los había juzgado lo suficientemente importantes.

Las noticias fueron como un jarro de agua fría para el grupo. Si realmente Jeron había decidido desheredar a Ancel ahora era Jeremiah el heredero legítimo. Todas las miradas se dirigieron hacia él; cuando dejó claro que apoyaría a su hermano en todo, pasaron a discutir cuál sería su plan de acción. Era evidente era que necesitaban más información de la situacion, así que esperarían a la finalización del torneo, ya cercana, para realizar su próximo movimiento. Ahora, todo lo que podían hacer era descansar lo máximo posible.

El día siguiente se produjo la llegada de los guardias Tudbury que escoltaban al muchacho que en teoría había sido testigo de los ataques a las aldeas Dannett. Ser Meryn Tudbury mandó llamar a los Seabreeze tan pronto como llegaron. Los hombres ya se encontraban en el campo de justas dispuestos a afrontar la final del Gran Combate, así que fueron lady Madelyne y Vanna las que acudieron al encuentro con los Tudbury. Cuando llegaron, vieron que uno de los guardias se encontraba postrado en un camastro y dos más lucían heridas varias; habían sido atacados de camino, por bandidos salidos de la espesura. Por su parte, el muchacho estaba tan traumatizado que no hablaba más que con palabras sueltas, aterrorizado por cualquier movimiento brusco a su alrededor. Vanna y lady Madelyne pidieron que las dejaran a solas con él, para intentar calmarlo.

Mientras tanto, en el campo de justas, los heraldos y músicos convocaban a la multitud a presenciar el Gran Combate Cuerpo a Cuerpo. Las ocho casas clasificadas para el evento se dispusieron en círculo según el número que les había tocado en sorteo. Así, a la derecha de los Seabreeze se encontraban los Buckler con ser Brus a la cabeza, y a la izquierda los representantes reales con Sandor Clegane, Thoros de Myr y algunos Lannister. Más allá de los Buckler se encontraban los Swann, con ser Donnel y ser Dorian espléndidos en sus armaduras blancas y negras. A la derecha de los Swann, los Estermont, con ser Aemon y su hijo ser Alyn. A la izquierda del Perro y sus compañeros se encontraban los representantes de los Tyrell, y más allá los Dayne dornienses, en cuyas filas peleaba ser Gerold Dayne, Estrellaoscura, lo cual era un acontecimiento pues no se prodigaba en torneos. Cerrando el círculo, opuestos a los Seabreeze, se encontraba el grupo variopinto de caballeros dornienses capitaneado por ser Gennady Shanin en compañía de Bryan Telson. Lord Renly dedicó una alentadora arenga a los participantes, y explicó las normas del combate, insistiendo mucho en que se trataba de un duelo a primera sangre y no toleraría inquinas ni juego sucio. Cuando acabó de hablar, los cuernos sonaron, dando inicio al combate. Imprevisiblemente, el rey Robert arrojó el pichel del que estaba bebiendo su cerveza, y con la sangre inflamada por los cuernos de guerra cogió su martillo y se arrojó a la arena, gritando estentóreamente. Apartó a uno de los Lannister y se incorporó al grupo de Sandor Clegane y Thoros de Myr, cargando inmediatamente contra los Seabreeze, concretamente hacia Jeremiah. Un combate a primera sangre no era ni mucho menos como un combate a muerte, y eso posibilitó la progresión de los Seabreeze en la competición. Jeremiah dejó fuera de juego al propio rey y al Perro, lo que le valió rugidos de admiración por parte del público. El resto de casas se dividió, luchando a diestro y siniestro con los que estaban a su lado. El combate fue tremendo, con numerosos envites y lances espectaculares, para regocijo de los presentes. En un momento dado, Gennady Shanin quedó al alcance de ser Breon, que no dudó en atacarlo para ayudar a Telson a recuperar su herencia. Sin embargo, sus golpes fueron suficientes para eliminar a Shanin pero no para dejarlo fuera de combate, así que mientras éste se retiraba, Telson se emparejó con Breon y ambos llevaron el combate hacia ser Gennady, fingiendo a continuación un accidente. Shannin quedó inconsciente y Telson quedó eliminado por Breon; acto seguido, el joven cogió la espada del caído y se marchó del combate. Ancel, por su parte, llegó al cara a cara con Estrellaoscura y con un golpe de suerte increíble dejó fuera de la lucha al dorniense, que tras mostrar una gran sorpresa inicial, mostró una sonrisa de felicitación. El Seabreeze no se lo creía, le parecía imposible haber vencido a un guerrero famoso en todo Poniente. Pero había que seguir.

Al cabo de una hora y media sólo quedaban en pie cinco contendientes agotados: Donnel y Dorian Swann, uno de los compañeros dornienses de ser Gennady, Breon y Ancel. Ancel fue abatido por el dorniense, mientras Breon resistía ante los Swann. Cuando el dorniense se acercó hacia el combate, ser Donnel salió a su encuentro. Breon se encargó de ser Dorian mientras el dorniense caía bajo los golpes certeros de ser Donnel. Entre jadeos y arrastrar de pies, finalmente se encontraron Breon y el último de los Swann. La gente no podía creer estar contemplando un combate tan apasionante, y gritaron, enfervorizados. "¡Mataleones!" gritaban unos. "¡Ser Donnel!¡Swann!" gritaban otros. Los dos caballeros se tantearon, recuperando el aliento. Finalmente, ser Donnel lanzó su espada como un relámpago plateado hacia el pecho de ser Breon. Pero éste, girando sobre sí mismo, evitó la estocada y descargó un golpe con todas las fuerzas que le quedaban sobre el hombro del Swann, que cayó al barro sin aliento. Las gradas se vinieron abajo entre gritos de "¡Mataleones!" y "¡Seabreeze!". Cuando todo se calmó, lord Renly proclamó sin tardanza a la casa Seabreeze como campeona. Breon apenas podía levantar los brazos cuando se reunió con sus compañeros, alborozados por la victoria. El campo de justas se inundó con la voz de la multitud, enardecida por el magnífico espectáculo ofrecido.

viernes, 18 de mayo de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 9

Una muerte dolorosa. Eliminatorias

Esa misma noche recibieron la visita de los hermanos Lugus felicitándoles por el resultado de su inocencia en el juicio por combate. Además, Naton Lugus parecía muy interesado en las evoluciones de su entrenamiento; sin duda, su visita servía también para estudiar cuán diestros eran con la lanza y la espada. Orten les informó de que Adham Dannett debía de haber sufrido una herida, o que quizá estaba enfermo, pues sus alaridos de sufrimiento inundaban el campamento de Bastión.

En el Cónclave de Maestres se produjeron las primeras intervenciones de los reunidos y la habitual discusión sobre si había que dar por terminado el verano. Berormane recibió el consejo de hablar con el maestre de Bastión de Tormentas, el viejo Morelan; si él no tenía el equipo de laboratorio que necesitaba, no lo tendría nadie. También consiguió otros datos de interés: según le dijeron, el maestre Dorren había viajado durante bastante tiempo por el continente de Essos, y que últimamente se había visto al maestre Willen muy cercano al archimaestre Marwyn; esos tres debían ser los que más conocimientos atesoraban sobre las artes ocultas.

Al abandonar el cónclave, Berormane no pudo evitar escuchar los desgarradores gritos de Adham Dannett, y se dirigió a su pabellón para intentar ayudar. Al principio fue recibido con hostilidad, pero los Dannett finalmente aceptaron su ayuda. No obstante, Berormane no pudo hacer nada que mejorara los cuidados del maestre Ferris y el joven heredero acabó perdiendo la vida. El maestre de los Seabreeze volvió ya de mañana cabizbajo a la posada, y explicó todo el episodio a sus compañeros. Acto seguido, se dirigió a dormir, agotado.

Tras comprobar que Lidda no había hecho aún acto de presencia desde que había dejado plantado a Jeremiah, los Seabreeze compitieron por la mañana en la primera eliminatoria de cetrería, donde Jeremiah cayó eliminado y Ancel consiguió pasar a duras penas a la siguiente eliminatoria. Tras ello, recibieron la visita de varios caballeros y enviados, entre ellos su hermano Jocel, informándoles de la muerte de Adham Dannett.

A mediodía, Berormane despertó y bajó a tomar algo a la sala común del Árbol Verde. Allí se encontró con tres Hermanos Juramentados de la Guardia de la Noche, que sin lugar a dudas debían de ser los mismos de los que le había hablado el viejo Tom en Villasal. Le llamó la atención la daga de obsidiana que uno de ellos llevaba en su talabarte, aunque no era como la que habían encontrado en la habitación; la suya tenía la empuñadura de vidriagón, mientras que la del hombre de negro lucía la hoja de ese material. Aun así, se acercó, interesándose por el origen del arma. Lo único que sacó en claro fue que se la quitó al cadáver de un salvaje más allá del Muro. Tras una breve conversación sobre la labor de reclutamiento de los Hermanos e interesarse por la situación en el norte, se despidieron.

Durante todo el día, los Seabreeze se mostraron cercanos y receptivos a los Estermont, intentando concretar las propuestas de matrimonio que lord Eldon les había sugerido durante la fiesta de bienvenida. Los Tarth también se mostraron muy amables, pero los Seabreeze no se fiaban demasiado de ellos.

Por la noche, tras la siguiente sesión del cónclave, Berormane consiguió hablar con Morelan, que le dirigió a su vez al maese Nullon, el encargado del almacén del castillo. Siguiendo sus indicaciones, Berormane se adentró en el ala oeste de Bastión de Tormentas, recorriendo varios pasillos oscuros que le hicieron perderse más de una vez. En cierta ocasión, pudo ver que bajo una vieja puerta de una remota estancia, se filtraba un hilillo de luz. Al detenerse, creyó oir una risa. Efectivamente, no había duda, era una risita placentera de mujer. Curioso, siguió escuchando, y se quedó helado cuando reconoció la voz de la propia Reina, que suspiraba de placer, mientras mencionaba el nombre de su hermano gemelo Jaime. La certeza de lo que estaba ocurriendo tras la puerta le aceleró el corazón hasta que casi se le salió por la boca, así que se apresuró a alejarse de allí y borrar aquello de su mente. Finalmente, tras un par de extravíos más, dio con maese Nullon, que le proporcionó todo lo que necesitaba para investigar el contenido de la redoma.

En la eliminatoria de cetrería que tuvo lugar la siguiente mañana, Ancel fue eliminado de un plumazo, y Willas Tyrell fue profusamente aplaudido por los fantásticos lances que sus aves proporcionaron al público. Expresiones de decepción se oyeron aquí y allá: los Seabreeze, conocidos en todo Poniente por la calidad de sus halcones, habían caído eliminados a la primera de cambio. Ancel y Jeremiah no pudieron evitar oír cómo algunos de los presentes mencionaban competiciones anteriores donde habían visto a lord Jeron hacer gala de una habilidad suprema y cómo les había decepcionado este año la falta de competencia a los Tyrell.

Por la tarde, en la segunda eliminatoria de la justa, tanto Jeremiah como Breon superaron a sus rivales sin demasiado esfuerzo. Mientras tanto, Ancel aprovechó para hablar con lord Eldon Estermont, sugiriéndole solapadamente que quizá podrían combinarse en un ataque a los Wylde. Lord Eldon no dio una respuesta definitiva, emplazando a Ancel para después del torneo, pero no parecía desagradarle la idea.

De vuelta a la posada, Breon comentó con sus compañeros una reciente conversación que había mantenido con Bryan Telson por la que había acordado que los Seabreeze le ayudarían a recuperar su espada Escorpión. Tal anuncio no fue nada bienvenido por Ancel y Jeremiah, sobre todo por este último, al que no le gustaba que Breon hablara en nombre de todos ellos. Tras esto, no tardó en aparecer Orlanna Shreeve, acompañada de su caballuna hija Aranette. La mujer insistió en el matrimonio de Aranette con Jeremiah. Ante la mención de la magnífica dote que podían pagar, Ancel y lady Madelyne se mostraron más interesados; Jeremiah, horrorizado, no contestó, pero evitó acercarse a la fea muchacha más de lo necesario. A partir de entonces, el menor de los Seabreeze intentaría por todos los medios exhibirse para conseguir otra prometida entre todas las nobles reunidas en Bastión.

Esa noche, Melina convenció una vez más a Breon para que salieran a solas a dar un paseo. Una vez fuera de la posada, se encontraron con dos guardias Raer que al parecer habían estado haciendo señales a la muchacha: informaron de que lord Edgar quería verla cuanto antes. Las reticencias de Breon no fueron nada para el poder de convicción de la muchacha, y volvieron a caminar hasta el pabellón de lord Edgar, que recibió a su hija con un abrazo. El señor de los Raer les informó de su retorno inmediato a Escollera, para reunirse con su mujer y su hijo. Los ojos de Melina se humedecieron para consternación de Breon; quería acompañar a su señor padre para ver a su familia de nuevo. Breon se conmovió, pero aquello era más de lo que estaba dispuesto a arriesgar; no podía permitirlo. Melina lloró, gritó, susurró y sonrió intentando que su padre ignorara a Breon y la llevara con él. Al principio, lord Edgar sugirió a Breon que dejara a los Seabreeze y lo sirviera a él, pero pronto desechó la idea; después, sus guardias sacaron las armas con la intención de hacer prisionero a Breon, pero lord Raer pronto abandonó también esa idea, entrando en razón. Cualquiera de aquellas ideas derivaría en un conflicto con los Seabreeze y no lo deseaba, así que se sobrepuso a la pataleta de Melina y la envió de vuelta a la posada con ser Breon, después de despedirse y encomendar al caballero que cuidara bien de ella. Breon quedó gratamente impresionado con el carácter y actitud de lord Edgar, y le prometió que protegería a su hija de todo mal. Acto seguido, volvieron a la posada entre los rezongos de la muchacha. Por suerte, su ausencia volvió a pasar desapercibida.

La mañana siguiente recibieron la visita de ser Meryn Tudbury, su tío. Traía un mensaje que había llegado con un cuervo desde Caparazón Recio. Al parecer, cerca del castillo su primo Stevron había encontrado un niño que decía ser superviviente de la masacre de una de las aldeas Dannett y que vio lo que pasó. Sin dilación, los Seabreeze enviaron uno de sus Cuervos a Stevron Tudbury para que enviara al niño a Bastión de Tormentas acompañado de varios guardias.

Por la tarde, tuvo lugar la tercera eliminatoria. Jeremiah se enfrentó a ser William Rykker, y aunque tras las tres lanzas ambos siguieron a lomos de sus caballos, lord Renly dio como vencedor a ser William, acabando con el sueño de Jeremiah de ganar la justa. Breon, por su parte, se enfrentó a ser Estor Ryger y al igual que había ocurrido con Jeremiah, ninguno de los dos fue descabalgado tras la tercera lanza; no obstante, dos fuertes impactos de Breon sobre la coraza de su contrincante le valieron la decisión positiva de lord Renly, quedando como único representante Seabreeze en la competición.

viernes, 4 de mayo de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 8

La Fiesta de... ¿Bienvenida? ¡Empieza el torneo!

Los Fell se mostraron correctos, y Ancel paseó con Elora por el paseo exterior de Bastión. La muchacha se mostró receptiva a las explicaciones del Seabreeze y una vez aclarada la situación, la conversación derivó a los preparativos de su boda. Dejadas atrás las reticencias que los rumores habían provocado, Elora se mostró entusiasmada ante la perspectiva de la gran ceremonia.

Elora Fell, prometida de Ancel
La mañana anterior al comienzo del torneo, Berormane entró en Bastión para presentarse ante los archimaestres que iban a auspiciar el cónclave de maestres paralelamente a la competición. Habló con la mayoría de los archimaestres Benedict, Ebrose, Perestan, Cetheres, Agrivane, Gallard y Marwyn el Mago, en una presentación rutinaria. No obstante, el archimaestre Marwyn fue especialmente cáustico con él, recordando los momentos de decepción de Berormane cuando fue asignado a una casa menor. El maestre de los Seabreeze también aprovechó para intentar hacerse con el equipo necesario para analizar el líquido que contenía el vial que había salido de la empuñadura hueca de la extraña daga de obsidiana que alguien había dejado en la cama de Ancel. Pero no tuvo suerte, ninguno de los maestres a los que preguntó había acudido allí con tal impedimenta. Debería seguir intentándolo más adelante.

Al anochecer, Melina desplegó todas sus artes para convencer a Breon de que la llevara a ver a su padre, y así hablar de su posible boda. El atractivo y las sibilinas palabras de la muchacha probaron ser demasiado para el caballero, que aceptó sin dudarlo. Al reconocer a Melina, los guardias los dejaron pasar al pabellón de lord Edgar sin problemas; cuando llegaron, el señor de los Raer se encontraba reunido con lord Galor Lonmouth y algunos más cuyos escudos Breon no supo reconocer. Lord Edgar se mostró amable en todo momento, hablando con paciencia de la concesión de la mano de su hija, de la valía de ser Breon y de los problemas que últimamente habían acuciado a los Seabreeze. Regresaron antes de que nadie notara su ausencia.

Esa misma noche, un achispado Jeremiah tuvo un roce muy excitante con Lidda, la más bella de las chicas de la Primavera Jade. Sin embargo, percibiendo el carácter problemático de la mujer, prefirió llevarse a la cama a otra de ellas. No sin obtener de Lidda una enigmática promesa de cita a la que debería acudir por la mañana. Jeremiah acudió, expectante, pero la mujer no apareció. Si estaba jugando con él, debería darle un buen escarmiento. Más tarde esa misma mañana, Jeremiah compró un rico vestido y adornos para su hermana Megara como le había prometido en un momento anterior.

El día siguiente, a mediodía, tuvo lugar la ceremonia de presentación de los participantes en las justas y sus respectivos séquitos y compañeros en el combate cuerpo a cuerpo. El recibimiento de los Seabreeze no fue demasiado bueno. Aquí y allá se levantaban en el público voces disonantes, abucheos y murmullos. Los rumores del ataque a los Dannett les habían hecho mucho daño. Cuando instantes más tarde desfilaron los Dannett, un clamor de hurras y vítores les acompañó. Los Seabreeze mantuvieron la compostura como pudieron, y finalmente el acto concluyó sin ningún altercado.

Un par de horas más tarde tenía lugar la fiesta de recepción de los participantes. Un gran número de casas nobles de Poniente habían acudido al llamado, y al llegar los Seabreeze, la sala principal del enorme castillo se encontraba atestada. Lady Madelyne iba del brazo de Ancel, mientras Megara llegaba del brazo de Jeremiah. La visión de la joven hermana de los Seabreeze causó una honda impresión en los presentes. El vestido verde esmeralda que Jeremiah le había comprado junto con las joyas que portaba, la convertían en una jovencita espectacular. Sus ojos, su cabello, su cara ligeramente pecosa, sus curvas, causaron una honda impresión en todos los hombres presentes, y parte de las mujeres. Los Seabreeze no tuvieron ninguna duda de que gran parte de los encuentros que tuvieron en los minutos subsiguientes eran debidos a la presencia de su hermana. Hasta entonces, Ancel y Jeremiah la habían visto sólo como una niña, pero lo cierto es que se había convertido en una mujer que quitaba el aliento. Los primeros en acercarse a ellos ante la reticencia general fueron los Fell, cuyas bromas relajaron un poco la tensión. A continuación acudieron los Estermont; Alyn Estermont miraba a Megara de arriba abajo sin ningún tipo de pudor ni discreción. Lord Eldon llegó incluso a proponer a lady Madelyne el matrimonio de Alyn con Megara, y de su nieta Dorase con Jeremiah. Halagados, los Seabreeze contestaron que lo pensarían seriamente. Lord Eldon no pareció complacido con la respuesta, pero se retiró educadamente. Mientras tanto, Berormane mantenía una interesante conversación con lady Olenna Tyrell, la Reina de Espinas, que prácticamente lo acorraló junto a sus guardias gemelos para poder hablar a solas. Lady Olenna le preguntó acerca de la situación de los Seabreeze, y mencionó el episodio en el castillo de los Tudbury, pidiéndole información acerca de la situación de lord Tom. Berormane se sorprendió al comprender que lady Olenna debía de tener informadores incluso en Caparazón Recio, y le contó todo lo que sabía. La madre de lord Mace Tyrell también sugirió solapadamente que su Casa pagaría bien por los servicios de un maestre tan capacitado como él, a lo que Berormane se negó diplomáticamente. Por último, lady Olenna acabó mencionando una remota y según ella disparatada, posibilidad que se le había ocurrido de repente: un matrimonio entre su nieto Willas y Megara Seabreeze. Cuando Berormane transmitió la posibilidad a Ancel, a éste se le pusieron los ojos como platos: casar a su hermana con el heredero de Altojardín no era ninguna tontería; pero por supuesto, de momento quedaba descartado: los Seabreeze no podrían hacer frente a la dote que demandarían los Tyrell por tal matrimonio.

Poco después, la reina Cersei en persona se acercó a ellos, con algunas damas de su séquito. La conversación transcurrió en el filo entre la cortesía y la aversión. Evidentemente, a Su Majestad no le agradaba que hubiera otra mujer en la sala rivalizando con su belleza. La reina, siempre sonriente y bellísima, les recomendó que tuvieran mucho cuidado con quién se acercaba a aquella "maravillosa niña recién florecida", en clara referencia al rey Robert. Poco rato después, entablaban conversación con lord Beric Dondarrion, que a pesar de su rencor confesado a los Seabreeze, se acercó obnubilado por la muchacha. Cuando lord Beric se dio por satisfecho con su cortejo, entró en acción un participante más peligroso, si cabía: lord Oberyn Martell, la Víbora Roja de Dorne. Lord Oberyn probó ser extremadamente seductor, y a punto estuvo de alejarse un par de veces a solas con Megara. Por suerte, los Seabreeze se mostraron inflexibles y no dejaron que se retiraran a ningún reservado.

Breon también tuvo su encuentro personal cuando Sandor Clegane, el Perro, se acercó para entrar de lleno en una competición de bravuconadas acicateadas por el vino consumido.

Durante toda la estancia previa en los salones, Jeremiah y Ancel fueron perseguidos insistentemente por lady Orlanna Shreeve, una noble menor acompañada de su marido y de su caballuna hija. Con su voz de pito insistía en lo buen partido que era su hija Aranette. Intentó por todos los medios establecer una alianza matrimonial con los Seabreeze, pero éstos consiguieron darle largas.

Finalmente, los heraldos anunciaron el comienzo del banquete y los invitados accedieron al comedor principal. La comida fue abundantísima y bastante divertida. Sin embargo, cuando se estaban haciendo los brindis finales en honor de los participantes y se mencionó el alto honor que obtendría el ganador, una voz se alzó: era Adham Dannett. El muchacho presentó su caso ante el rey Robert, que a instancias de su esposa, lo escuchó. Tras realizar las acusaciones formales sobre el ataque salvaje que sus campesinos habían sufrido, varios de los presentes testificaron a favor y en contra de los Seabreeze, sin ninguna prueba concluyente. Así que finalmente, Adham demandó un juicio por combate, que le fue concedido. Adham Dannett y Jeremiah Seabreeze se enfrentarían al día siguiente en el primero de los duelos de la justa, que serviría como juicio. Los Dannett se retiraron, altivos, con Adham tambaleándose un poco; este hecho llamó la atención de Ancel, que se había fijado en que el muchacho apenas había bebido nada.

La velada transcurrió de forma fría a partir de entonces hasta que el rey Robert gritó, lanzó un par de risotadas e invitó a todos a beber. Alguien aprovechó la ocasión para presentar al rey a un comerciante braavosi, Maiyo Vierro, que comerciaba con un fuerte licor llamado cheldarro. De inmediato se estableció una competición, y el licor probó ser lo que el braavosi había prometido. Todos los participantes, incluyendo al rey, acabaron totalmente borrachos.

Y la mañana siguiente por fin empezó el torneo. Cuando Jeremiah y Adham Dannett se presentaron ante el rey, el Seabreeze se fijó en que su rival parecía sufrir los síntomas de una resaca intensa, o quizá se encontraba enfermo. Sin embargo, como el joven parecía tan decidido a justar, prefirió no decir nada. El conflicto fue breve. En la primera lanza, Jeremiah descabalgó sin esfuerzo a Adham, que ya no pudo levantarse, aquejado de fuertes temblores. Sus familiares se lo llevaron rápidamente, sin dejar que los Seabreeze se acercaran a él. El rey no tuvo más remedio que declarar a los Seabreeze inocentes de todos los cargos a los ojos de los dioses. La mayoría de la multitud prorrumpió en vítores y el torneo pudo continuar. Breon tuvo que enfrentarse a un caballero errante -previo gasto de un punto de destino pues tuvo mala suerte en el sorteo y habría tenido que enfrentarse a ser Aemon Estermont, uno de los mejores- con un águila en su escudo, y tras ser casi descabalgado en las primeras dos lanzas, pudo derribarlo con la tercera.

A mediodía, cuando se hizo definitiva la ausencia de los Wylde del torneo, decidieron enviar un cuervo a Loren Ashur para que estuviera muy atento a los movimientos que lord Gawen pudiera llevar a cabo.

jueves, 19 de abril de 2012

Sombras en el Imperio - Campaña de Arcana Mvndi Temporada 1 Capítulo 20

Acuerdo con los tribunos. Elena Geroclea.

Cneo Sulpicio Germánico
La cara de preocupación de Tito Cornelio convenció a Cayo Cornelio cuando el primero le pidió que pasearan juntos por el exterior del campamento para evitar oídos indiscretos. El tribuno se había convencido de la conveniencia de revelar lo que sabía a Cayo por sus últimas acciones, por las palabras del prefecto Apio Herminio y por la certeza de que Tiberio Julio era algo más que un simple médico. Para sorpresa -o no tan sorpresa- del legado, Tito habló de una "guerra en la sombra" que estaba teniendo lugar a su alrededor, más allá del entendimiento mundano, y que implicaba a los propios dioses. Según explicó, él tenía varios contactos en Mogontiacum y otros núcleos de población, algunos de ellos de la gens Cornelia más antigua, y colaboraba a requerimiento de los sacerdotes. Tales contactos no eran otra cosa que teúrgos de la rama Cornelia de Júpiter y por lo que pudo deducir Cayo, también teúrgos de los cultos de Marte y de Vulcano. Los teúrgos habían dedicado gran parte de los últimos meses a localizar los Caern germanos, sus lugares sagrados, intentando anularlos o destruirlos. Sin embargo, hacía unas pocas lunas que habían llegado nuevos enemigos a escena, de los que poco sabían, excepto que estaban intentanod utilzar los Caern de alguna forma y que muchos de ellos lucían armaduras azules muy resistentes y ajustadas; además, en ocasiones se hacían acompañar de extrañas sombras parecidas a la que se encerraba en la estatuilla de Tiberio. Tito también reveló que en las filas de la legión había otros colaboradores e incluso teúrgos que no dudarían en quitarle la vida si se enteraban de que había contado todo aquello, así que pidió la máxima discreción. Por supuesto, Cayo no tardó en compartir tales cofidencias con sus compañeros.

Más tarde tuvo lugar una reunión de Cayo con Lucio Mercio, Marco Linicio y con Cneo Sulpicio. Según palabras de Tito Cornelio, estos dos últimos eran los tribunos que más contactos tenían entre los germanos, y su colaboración sería fundamental para poder contactar con los bárbaros. El legado intentó ganarse el favor de ambos como ya había hecho anteriormente en alguna ocasión, pero la idea de reunirse a solas con los dos tribunos probó no ser demasiado buena y la conversación derivó en una casi violenta discusión. Antes de estropearlo todo irremediablemente, Cayo consiguió dar por terminada la reunión y dejarlo para una mejor ocasión.

Mientras tanto, Idara intentó averiguar más sobre Tito Cornelio siguiendo al tribuno en sus quehaceres, pero éste no dejó entrever nada sospechoso.

El día siguiente, Cayo Cornelio cambió de táctica y convocó juntos a todos los tribunos para tratar el estado de emergencia. Con sus dotes para el liderazgo se ganó a Vario Albino Balbo y a Quinto Marcio Melario. Marco Licinio Draco perdió los papeles en un momento dado, y tuvo que ser apaciguado por Cneo Sulpicio, que [pifia en carisma] por fin se mostró de acuerdo con el legado y lo respaldó en sus planes. Sulpicio sugirió contactar con los germanos Chatti, a cuya tribu pertenecía el poblado de Gameburg antes de que fuera arrasado, e intentar conseguir su colaboración contra los Tencteri , que sin duda eran los que estaban atacando el limes. Sulpicio se pondría inmediatamente a movilizar sus contactos.

Durante ese día y los siguientes empezó a llegar un goteo de huidos de los campamentos del limes. Algunos de los heridos, lucían muy mal aspecto: todo alrededor de los tajos y perforaciones sufridas se les habían puesto negras e hinchadas las venas y los capilares bajo la piel. A medida que pasaba el tiempo, la negrura se extendía. Parecía gangrena, pero no lo era. Tiberio Julio se aprestó a tratarlos lo mejor que pudo.

El día siguiente llegó una paloma con noticias del este. Los campamentos más orientales del Limes también habían sido atacados salvajemente y habían tenido que ser abandonados. Según Cneo Sulpicio, debía de tratarse de los germanos Hermunduri, que se habrían unido a los Tencteri. Contactaría también con sus hombres del este.

Cuando por la mañana Lucio Mercio se dirigió a reunirse con la esclava Kara donde ésta le había citado, no encontró a nadie. Cuando intentó averiguar su paradero, algún otro esclavo le informó que hacía tiempo que la mujer no aparecía por allí. Al decírselo a Tito Norbano, éste se mostró preocupado, y organizaron la búsqueda todo lo discretamente posible, pero sin resultado durante las siguientes jornadas.

Ese mismo día, Idara se encontraba rezando en el templo de Minerva junto a Claudia Valeria. Hacía varios días, desde que Tito Cornelio le había hablado a Cayo de los extraños aparecidos hace poco, que Idara le pedía a Minerva alguna revelación sobre sus enemigos, que parecían omnipresentes y poderosos en extremo. Y la diosa se la concedió por fin. Vio una caravana de carromatos, con hombres y mujeres de aspecto normal, pero todos ellos con al cara tapada por máscaras sonrientes en unos casos y tristes en otros. Entre los integrantes de la caravana, le llamó la atención una figura más pequeña que las demás, con el pelo canoso y apoyada sobre un bastón. La figura se giró hacia ella, mostrando una máscara plateada con gesto triste, y tras quedarse petrificada unos instantes, la señaló con el dedo. A continuación, unas palmadas en la mejilla despertaron a Idara de su inconsciencia. Cuando les contó a sus compañeros teúrgos su visión, ambos se mostraron confundidos, pero sin duda las máscaras indicaban algo relacionado con el teatro.

Casualmente, dos días después, alguien les informaba de una compañía de actores que llegaba a Mogontiacum. La preocupación de Idara fue mayúscula, y compartió con sus compañeros la visión que le había concedido Minerva. Por la noche fue a inspeccionar el campamento, teniendo buen cuidado de permanecer oculta. Sin embargo, se le puso el vello de punta cuando una anciana acompañada de una chica joven y rubia se detuvo en seco, se giró y miró fijamente hacia donde estaba ella. Idara salió corriendo, presa del temor, e insistió a sus compañeros en que había que acabar con aquella compañía teatral. La mayoría de sus componentes parecían griegos, incluida la anciana. Cayo y Lucio intentaron calmarla, y le dijeron que se encargarían por la mañana.

Esa misma noche, murieron dos de los heridos que habían llegado del limes con las heridas aparentemente gangrenadas. Y esa misma noche se levantaron sembrando el terror en el campamento. Las armas no parecían herirles, mientras ellos arañaban y mordían a todo el que se ponía por delante. Por suerte nadie resultó herido, y finalmente pudieron derrotarlos con fuego. Eran engendros generados por artes oscuras, sin ninguna duda, y a partir de entonces, decidieron quemar inmediatamente a todos aquellos que murieran a causa de heridas parecidas.

Por la mañana, Lucio partió al frente de una docena de legionarios para apresar a la anciana de la compañía e interrogarla. No opuso ninguna resistencia, y pidió ser acompañada por dos de sus nietos, Sofía y Heráclides. La muchacha era tan bella que turbó a Lucio, aunque no lo suficiente como para que no se diera cuenta de que la anciana llevaba un colgante con inscripciones idénticas a las del disco de Idara, y que de hecho parecía un fragmento de un disco prácticamente idéntico. Ya en el campamento, se reunieron en el pabellón de Cayo. Y sin ninguna resistencia, la anciana contestó a sus preguntas y les contó cuanto sabía, aunque en ocasiones de forma críptica. Su nombre era Elena Geroclea, nacida en Catsamba, un pueblo cerca de Cnossos, en Creta, hacía más de cien años. El colgante que llevaba había sido un regalo de su padre cuando todavía era muy pequeña, y según él, los símbolos que llevaba inscritos pertenecían al idioma de la antigua Atlántida; lo había encontrado en unas ruinas cerca de Cnossos. La mayoría de los presentes no conocía la leyenda platónica, y Geroclea la relató, enriquecida por historias de su padre. El símbolo de los círculos concéntricos partidos por la línea vertical no era sino el símbolo de la capital atlante, Atlantia, cuyo distrito más interior recibía el nombre de Telmapério. Relató la historia de la Estirpe de Oro y de cómo la Atlántida había caído en desgracia; también de cómo algunos de sus habitantes se salvaron refugiándose entre los humanos, haciéndose cada vez más poderosos y tiránicos. Aunque según le había contado su padre el último atlante había sido un rey de los Tartesios, en el sur de Hispania, Elena estaba segura de que todavía existían, por cosas que había visto a lo largo de sus muchos años; se había encontrado con Taumaturgos, y ella misma había aprendido algo de Areté de algunos filósofos; aquello la había llevado a relacionarse con gente que se movía en oscuros círculos y estaba segura de que en alguna ocasión había dado de refilón con algún fiel atlante. Quizá fuera por el Areté, no lo sabían, pero la anciana también mostraba ciertas dotes de videncia, y por eso había reconocido a Idara como la elegida de Minerva, incluso en la visión, identificó el destino de Lucio que lo abocaría a la muerte, y pudo percibir que Cayo había sido atacado por un atlante maldito en el pasado.

Era bien entrada la tarde cuando la anciana acabó de relatar sus historias, y al salir de su asombro, ordenaron a los esclavos traer algo de comer. Idara se convenció por fin de que la intención de Minerva al mostrarle a la anciana era que obtuviera información sobre sus enemigos. Por desgracia, el asunto parecía más importante, de lo que nunca habrían sospechado. Por la Piedra Negra de Júpiter Óptimo Máximo y la Lechuza de Minerva Ergane, ¿qué era lo que pretendían aquellos atlantes, si es que realmente procedían de la Tierra Sumergida?

jueves, 12 de abril de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 7

Bastión de Tormentas. Cienrocas. Llega el Rey.

Llegaron a Bastión de Tormentas con el sol ya oculto tras el horizonte. Sin sus pabellones de torneo, perdidos en el naufragio de la galera de los Raer, no podían establecer un campamento en el campo de justas, así que se dirigieron a la posada que les había recomendado Orten Lugus, El Árbol Verde, en el pueblo de Cienrocas, uno de los circundantes de Bastión. Aunque varios de los presentes en la sala reaccionaron negativamente ante el Halcón y la Espada de los Seabreeze, el propietario Lyle Brewer no pareció advertirlo y les dio unas habitaciones en el tercer piso. Precisamente unos caballeros las habían dejado el día anterior sin dar explicaciones. También les informó de que se esperaba que el comienzo del torneo se postergara un par de días, pues la comitiva del rey Robert viajaba más lentamente de lo previsto. Era una suerte, quizá aquello permitiría que los Seabreeze heridos se recuperaran completamente antes de empezar las justas.

Bastión de Tormentas

Tras comer algo y retirarse a la intimidad de sus aposentos, Megara aprovechó para discutir airadamente con Ancel, y de paso también con Jeremiah, mientras lady Madelyne intentaba poner paz. La muchacha estaba hirviente de odio por el compromiso que habían acordado a sus espaldas con el capitán mercenario Jhorgo. Amenazó incluso con suicidarse, hasta que sus hermanos fueron capaces de calmarla y convencerla de que ningún modo iban a llevar a cabo aquel trato realizado bajo coacción.

Jeremiah había dado por perdido al sirviente Lond y la guardia que debía escoltarlo hasta Bastión de Tormentas hacía ya casi un mes, así que por la mañana se dispuso a conseguir caballos y armaduras junto a Breon. Sin embargo, la búsqueda resultó de lo más frustrante: una multitud de caballeros y guerreros había acudido a la disputa del torneo y prácticamente habían acabado con todas las existencias de armeros y cuadras. Todo lo que pudo conseguir Jeremiah fue un palafrén. Cuando se encontraban de regreso a la posada, se encontraron con Orten Lugus, que ya había llegado a Bastión. El noble fue muy amable y tras fracasar con un par de tratantes de caballos que conocía, les sugirió acudir a visitar a lord Richard Horpe, cuyo pabellón se encontraba en el campo interior de la fortaleza; si no se equivocaba, había visto que tenía caballos más que de sobra en su campamento. A Jeremiah no le hacía gracia la idea, pues los hombres con los que habían tenido problemas en su parada en Villasal habían lucido el blasón de las tres mariposas de los Horpe, pero no les quedaba otro remedio. Lord Richard los recibió, aunque torció el semblante al identificar su blasón. Con esfuerzo y con la ayuda de Orten pudieron convencer al noble para que les vendiera un par de destreros a un precio razonable, y tras dar las gracias a Lugus, intentaron hacerse con buenas armaduras. Esto sí que probó ser del todo punto imposible: la mercancía de Harmann, el herrero de Bastión, estaba muy solicitada y no tenía ninguna posibilidad de proporcionarles lo que pedían en un plazo de dos días.

Durante ese día y el siguiente, tras realizar las formalidades necesarias para inscribirse en el torneo, los Seabreeze tendrían diferentes encuentros (provocados y fortuitos) en el pueblo de pabellones instalado en el campo interior de Bastión. Visitaron a los Tudbury, que también tenían esperanzas puestas en su progresión en el torneo para hacer frente a sus desgraciadas cosechas. También visitaron el pequeño pabellón del grueso ser Aeron Staedmon, con la exigua representación de su familia, y que iba acompañado de Jocel, el hermano pequeño de Ancel y Jeremiah. El muchacho se alegró sobremanera al ver a sus hermanos y hermana, derramando lágrimas de felicidad. Ser Aeron no era una persona demasiado apreciada en su familia, y Ancel se arrepintió de haber enviado a su pequeño hermano con un caballero que a todas luces se excedía en la comida y no se preocupaba de mantener sus armas con filo. Sin embargo, el cerebro del Staedmon no iba a juego con sus dotes físicas, y funcionaba perfectamente: les habló de los rumores que circulaban sobre las acciones de los Seabreeze, de la ausencia de los Wylde y los Raer, y les previno contra los Dondarrion, los Horpe y algunos más. Poco después se tropezaron con una compañía de la Casa Dondarrion; lord Beric, vestido de púrpura y con el relámpago dorado en el pecho, les dirigió palabras poco amistosas, recordando un roce que su padre había tenido hacía unos años con lord Jeron. Al parecer, durante la guerra del usurpador, el Seabreeze había arrebatado la gloria que de otra manera habría correspondido a lord Berthas Dondarrion con maniobras poco honorables. Por eso no le había extrañado oír el repugnante ataque que los Seabreeze habían dirigido recientemente sobre pobres gentes indefensas. Aunque intentaron hacer entrar en razón a lord Beric, éste se despidió con desprecio. Más tarde ese mismo día hicieron acto de aparición por fin los Raer. Según les dijo lord Edgar, una inoportuna enfermedad de su hijo bebé y de su esposa lo había retenido más de la cuenta, y también por eso había acudido con pocos hombres. Efectivamente, la participación de los Raer en el cuerpo a cuerpo iba a ser meramente testimonial, pues lord Edgar sólo había traído consigo a tres caballeros, y el resto eran hombres bisoños de su guardia.

Tras despedirse de lord Edgar y volver a la posada, se sorprendieron al encontrar un "presente" en su habitación. Un pequeño paquete envuelto en tela y con el nombre de Ancel escrito sobre ella. Al desenvolverlo, extrañados, apareció una exótica y bella daga, profusamente trabajada y con la empuñadura de vidriagón. Un análisis más detallado reveló que la empuñadura estaba hueca y podía abrirse. Dentro de ella había un pequeño vial con una sustancia transparente e inodora; habrían apostado que era agua si no hubiera sido por su extraña envoltura. Berormane guardó el frasquito con cautela, por si se trataba de alguna sustancia extraña; necesitaría consejo o materiales adecuados para investigarla.

El día siguiente, durante el desayuno, el grupo trabó contacto con otros dos caballeros dornienses alojados en la posada: ser Gennady Shanin y ser Bryan Telson. Ser Gennady probó ser una persona bastante odiosa, mientras que ser Bryan estuvo muy amable, aunque expresó su antipatía hacia Jeremiah, porque la una de las noches anteriores éste había estado tonteando con Lidda, una de las cortesanas por las que Bryan sentía algo más que aprecio. Sin embargo, las palabras amables surgieron por fin, y Bryan no tardó en decidir que los Seabreeze podrían ser buenos aliados en su lucha: reveló que se encontraba con Shanin porque éste poseía a Escorpión, una espada que debía haber sido su herencia familiar, y le fue arrebatada a su padre por unos asaltantes que lo asesinaron, seguramente el propio Shanin y sus compañeros. Los personajes, sospechando de todo y de todos, no llegaron a confiar del todo en las palabras de Telson, así que le respondieron con evasivas, lo que provocó la ira contenida del joven, que se marchó con gesto de contrariedad.

Finalmente, dos días después de lo previsto, las trompetas y heraldos anunciaron la llegada de la comitiva real. El rey Robert viajaba en lo alto de su carruaje, saludando a la plebe con sus manazas, mientras reía estentóreamente. La reina Cersei iba junto a él, bella como un amanecer, con sus rizos rubios, sus ojos verdes y su generoso escote. Los caballeros de la guardia real los escoltaban, magníficos en sus armaduras y capas níveas. Muchos otros nobles y desconocidos viajaban en la comitiva, y además, centenares de criados con libreas de los Baratheon, Lannister, Arryn y muchos otros. Al poco rato, los pregoneros anunciaban que la fiesta de inauguración tendría lugar el día siguiente.

Ancel y sus compañeros aprovecharon aquella tarde para ir a visitar a los Fell, cuyos estandartes habían visto en la lejanía en el poblado de pabellones. Le preocupaba qué efecto podrían haber causado en su futura familia política los rumores sobre la matanza de campesinos...

miércoles, 4 de abril de 2012

Sombras en el Imperio - Campaña de Arcana Mvndi Temporada 1 Capítulo 19

Edelweiss. Problemas en el limes.

Tiberio presentó a sus acompañantes, el legionario Marco, que se había hecho merecedor de toda clase de honores, y la germana Lora, que lo había guiado hasta allí a través de los bosques. Tras una ligera inspección, pudieron ver que la germana lucía un colgante tallado con la forma del pez de los cristianos. De hecho, la muchacha afirmó que era la principal razón por la que quería ir a Roma: reunirse con otros cristianos en el sur, lejos de las tierras paganas del norte.

Caern Germano
Cuando el médico contó los hechos acontecidos en Gameburg, la preocupación cundió entre los presentes. Al interrogar a Lora acerca de aquella gente, ella les contó que les había hecho un favor a "unos romanos", mostrándoles el lugar donde se encontraba un Caern, uno de los lugares sagrados germanos que todavía no habían sido destruidos en las guerras con Roma. A cambio, "los romanos" le habían prometido llevarla a Roma lo antes posible. Cornelio y los demás le preguntaron si podría guiarlos a ellos hasta el Caern, a lo que Lora respondió negativamente, insistiendo en que tenían que llevarla a Roma. La vehemencia con que increpaban a la germana para que les hablara más del lugar y los presuntos romanos la asustó y salió corriendo, aunque no tardó en ser detenida por los legionarios del exterior. Después de conseguir apaciguarla, la llevaron a la casa que habitaban Idara, Lucinda, Sexto Meridio y los demás en el exterior del campamento, a la espera de una mejor ocasión. En algún momento posterior, el grupo mantuvo una conversación junto a Cneo Servilio y Sexto Meridio sobre la posibilidad de que los susodichos Caerns fueran lugares donde se pudiera enaltecer o canalizar el poder de alguna manera.

A continuación pasaron a ocuparse de los asuntos del campamento. El legionario Marco Arrio, que tan valientemente había ayudado a Tiberio tenía el brazo gangrenado. Con todo el dolor de su corazón, el médico tuvo que amputárselo hasta la mitad del húmero. El legionario se portó como un valiente, pero por desgracia tendría que abandonar las filas del ejército: ya no sería capaz de llevar el escudo.

Cornelio mantuvo junto a Lucio Mercio una nueva conversación con el prefecto del campamento Apio Herminio, con el que en apariencia consiguieron establecer una relación de confianza. Herminio elaboraría una lista con nombres de confianza para nombrar a los once centuriones que se habían perdido en la expedicion a los bosques. Por supuesto, Lucio sería uno de tales centuriones. Lucio también intentó conseguir algo de información de su nuevo colega de armas Tito Norbano, pero Herminio no conocía al sujeto.

Cuando Idara acompañaba a Lora a su casa de alojamiento, pudo observar con sus entrenados sentidos cómo un grupo de legionarios les seguía más o menos abiertamente, pero que no servían más que como una distracción para los verdaderos perseguidores, varias personas vestidas discretamente y confundidas con la gente. Les observaban. Tras dejar a Lora en casa, Idara y Claudia Valeria se marcharon a un templo de Minerva a elevar sus oraciones y quizá recibir inspiración de algún indigitamenta.

A primera hora del día siguiente, Lucio se encontró con la esclava Kara. Al decirle que iba de parte de Tito Norbano, ella no puso buena cara, e incluso insultó al legionario. Según ella no era la mejor presentación, pero accedió a hablar con Lucio. Según le dijo la mujer, la información que pedía Lucio sobre los tribunos iba a costarle cara, pero le diría todo lo que pudiera averiguar en un plazo de tres días, junto a la poza de las truchas, al sur del campamento junto al río. También esa mañana, al despertar Idara y los demás, se dieron cuenta de que Lora había desaparecido; no había signos de violencia y lo más probable es que hubiera escapado, así que varios salieron en su busca.

Tiberio, por su parte, estaba preocupado por la poción que había prometido en su carta a Cornificia. Al comentar el tema con Galeno, éste, sorprendentemente, respondió que sí era posible hacer algo así, pero necesitaba un ingrediente que no sería fácil de encontrar: los pétalos de una flor que los germanos llamaban Edelweiss, y que sólo crecía en las montañas más altas. El lugar más cercano donde podrían encontrarla sería en las cumbres de los Alpes Helvéticos, y rápido, pues la primavera ya había empezado y era la época de floración. El problema era el desplazamiento hasta allí. Ahí entró en juego Sexto Meridio y los teúrgos de Mercurio, cuyo dios les proporcionaba medios para desplazarse en el espacio y en el tiempo, aunque a un alto coste para ellos, y en cualquier caso necesitarían a alguien que conociera bien la zona de destino. En una coincidencia aparentemente sobrenatural, cayeron en la cuenta de que el gladiador que habían encontrado en los bosques, Lucares, era Helvético y conocía algunas de las estribaciones norteñas de las montañas.

Cornelio inspeccionó a los nuevos reclutas que querían unirse a la legión, y entrevistó a los aspirantes a nuevos centuriones según la lista que le había entregado previamente Apio Herminio. La mañana siguiente se llevó a cabo la ceremonia de investidura de los centuriones, y a lo largo del día comenzaron a llegar mensajeros procedentes de los castra del Limes (límite) romano al norte de Mogontiacum. Estaban siendo atacados por fuerzas organizadas que no habían percibido a tiempo, y las guarniciones los estaban abandonando. Los mensajeros hablaban de hordas de germanos, de bestias y sombras. Cayo Cornelio se reunió urgentemente con los tribunos, el primipilus y Apio Herminio, y se estableció un plan de acción.

Para tratar el problema del desplazamiento a los Alpes en busca del Edelweiss, Tiberio se reunió con Lucio, Idara, Cneo Servilio y Sexto Meridio. Este último había contactado con su compañero Nicomedes Stoltidis, que había aceptado, pero no sabía cuánto tardarían en llegar los teúrgos necesarios. Por otro lado, se podría intentar realizar el viaje con menos teúrgos de Mercurio, pero necesitarían un medio para proporcionar el poder necesario al oficiante del ritual. Tras barajar sin mucha convicción las posibilidades de los Caern e incluso de Zenata, Lucio sugirió la posibilidad de utilizar el disco de Idara, y ésta confirmó que, cuando entraron en la cripta de la Villa de Gades, el disco le había permitido canalizar algo de su interior para abrir la puerta. Lo intentarían cuando Stoltidis llegara al campamento.

Tras la reunión de Cayo con los tribunos, uno de ellos, Tito Cornelio Escauro, crispado y tenso, se quedó en la tienda del legado. Le pidió permiso para hablar, y Cayo se lo concedió. Según el tribuno, había algo muy importante que tenía que decirle.


Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 6

Jhorgo triunfante. Villasal.

Escudo de la casa Dannett
Pocas horas antes de amanecer, la desazón comenzó a crecer en el grupo. Berormane fue interpelado por el contramaestre Ojoverde y por el médico de a bordo, Rogen Ríos, uno de los pocos miembros de la tripulación oriundos de Poniente. A ambos les había gustado la labor del maestre atendiendo a los heridos a bordo (incluso tuvo que cortar la pierna de uno de ellos, y la operación fue todo un éxito). Le ofrecieron un puesto en su compañía si quería acompañarles. Contestó dando largas. Este y varios otros signos a su alrededor daban a entender que se estaba fraguando un motín a bordo de la Dama del Viento. A cierta parte de la tripulación no le gustaba que su capitán se hubiera vuelto contra sus aliados por interés personal. La dificultad consistía en averiguar quién apoyaba la rebelión, y si era lo suficientemente fuerte como para derrocar al capitán y sus fieles, si los tenía.

Melina vino a empeorar un poco más las cosas. La muchacha trató de convencer a ser Breon para huir de allí o unirse a la tripulación temporalmente y volver a ser libre. Cuando el caballero de la cabeza de león dio una respuesta negativa, la chica, tras un ligero berrinche, se dirigió a hablar con el capitán. El contenido de la conversación no trascendió.

Entendiendo la urgencia de su situación, Ancel decidió mover ficha, y se dirigió junto con el maestre a hablar con Ojoverde y Rogen. Intentó sonsacar más información a la pareja, pero no tuvo tiempo de mucho. Un grito del capitán hizo que se dispararan los escorpiones de a bordo, atravesando a Rogen, decapitando a Ojoverde y alcanzando a algunos otros. El motín fue deshecho sin empezar. Ancel vio la oportunidad de aprovecharse de la situación, presionando al capitán aludiendo a la falta de información y seguridad que tenían a bordo. Pero estiró demasiado de la cuerda, y ésta se rompió. Jhorgo Darr rescindió unilateralmente el pacto que había acordado con Jeremiah y desarmó e hizo prisioneros a los Seabreeze y sus acompañantes. Hizo dar la vuelta al barco, ante la desesperación de todos. Al insistir en arreglar la situación, Darr exigió más: una carta firmada por Ancel y Jeremiah y con el sello de los Seabreeze, por la que se comprometían a proporcionarle a cambio de sus servicios 100 dragones de oro al año, unas cuantas hectáreas de tierra y alojamiento para sus hombres, y a la boda con Megara dos meses después del torneo de Bastión de Tormentas. Los Seabreeze no tuvieron más remedio que acceder a sus peticiones. Contento a más no poder, el capitán viró de nuevo y los condujo sanos y salvos al pequeño embarcadero del pueblo de Villasal, a un día de Bastión de Tormentas. Los esperaría allí para hacer el viaje de retorno tras el torneo. La comitiva Seabreeze todavía conservaba sus armas y la jaula de halcones, pero los caballos y vehículos se habían perdido en la galera hundida. Para colmo, Jeremiah y Breon habían resultado heridos durante el abordaje, y no sabían si podrían recuperarse antes de que empezaran las pruebas.

En el pequeño pueblo había una posada de buen tamaño, El Gran Ciervo, que se encontraba bien provista de clientes. Muchos viajeros acudían al torneo desde el norte y el este. Cuando entraron a la posada, poco a poco fue haciéndose el silencio cuando los parroquianos vieron el halcón y la espada de los Seabreeze en sus ropas. No obstante, la comitiva era lo suficientemente grande para que no les causaran problemas. Berormane se distanció de sus compañeros para comprar suministros y material. La posadera, Marta Taverner, le proporcionó todo lo que estaba en su mano, pero para comprar caballos y carruajes, debería acudir al viejo Tom, cerca de allí. Así lo hizo.

El viejo Tom resultó ser un viejecillo bastante agradable que no pudo proporcionar al maestre más que dos piojosos pencos y un par de carros desequilibrados. Pero serían suficientes para un día de camino, y se los pagó a un precio razonable. El dicharachero Tom también habló sobre lo que se oía últimamente por la zona: el miserable ataque de los Seabreeze a los Dannett y cómo el joven Adham los expulsó con valentía, la más que probable ausencia de lord Stannis del torneo, la reaparición del famoso Caballero Zorro en las inmediaciones, la proliferación de bandidos... también mencionó a un tal Ruben Piper, prometido de Iris Dannett, y el hecho de que ésta había desaparecido sin dejar rastro; hizo bromas sobre el pánico que debía de haberle entrado a la muchacha cuando la prometieron con aquel viejo gordo. Tom también habló con desprecio de un grupo de Hermanos Juramentados de la Guardia de la Noche que había pasado por allí hacía un par de días hacia Bastión de Tormentas.

Mientras tanto, en la posada, las tres muchachas que hasta la entrada de los Seabreeze habían atendido las mesas riendo y contorneándose, atendieron a los nuevos clientes con frialdad y algo de temor. Los murmullos proliferaban y cada vez más eran los que miraban descaradamente al grupo, para vergüenza de lady Madelyne e irritación de los demás. Breon, harto de tanta tontería, se levantó e increpó a los presentes, negando que las historias que pululaban por allí fueran ciertas. La mayoría de los presentes lucían en sus ropas las tres mariposas negras de los Horpe, y un hombretón enorme se levantó para encararse al caballero.

Tras unos momentos de tensión, consiguieron calmar los ánimos, y la mitad de los clientes de la posada salió de allí, para disgusto de la posadera Marta, que no obstante no dijo nada. Con la posada ya medio vacía, un hombre se acercó a ellos. Lucía el cáliz plateado sobre fondo de sable de la casa Lugus, y se presentó como Orten Lugus, segundo hijo de su padre lord Konrad. Le acompañaba su hermano mayor, ser Naton, que se acercó reluctantemente a la mesa de los Seabreeze. Orten se mostró interesado en la historia del presunto ataque de los Seabreeze y aunque insistió en que parecía haber pruebas sólidas de los hechos, se mostró amable con ellos y les dio un voto de confianza. Acto seguido pasaron a hablar del torneo, y las esperanzas que su casa había depositado en su hermano Naton. Se habían retrasado en su viaje a Bastión de Tormentas por una inoportuna enfermedad de su padre, pero confiaban en llegar a tiempo para inscribirse. Los Seabreeze invitaron a los Lugus a acompañarles en el camino, pero éstos se negaron. No podían dejar que los vieran acompañando a unos presuntos asesinos, y a pesar de que podía ser una injusticia, Orten les pidió que lo comprendieran. Además, les recomendó una buena posada en la aldea cercana a Bastión, Cienrrocas: El Árbol Verde, donde podrían encontrar comida y quizá otros placeres.

Así que en cuanto volvió Berormane, el grupo partió hacia Bastión de Tormentas, con Jeremiah, Breon y Garett descansando de sus heridas de la mejor forma posible sobre los carros. Si no había imprevistos, llegarían a Bastión de Tormentas al atardecer.

A mediodía, tuvieron un encuentro con dos mensajeros reales que se dirigían hacia el este, y cuando éstos vieron el blasón de los Seabreeze reaccionaron con la misma actitud de los demás. Sin duda, esos rumores les iban a causar problemas. A pesar de todo, los mensajeros fueron aceptablemente correctos y les preguntaron por su tardanza en la inscripción. Les recomendaron no entretenerse más, y preguntaron también por las casas Raer y Wylde. A pesar de haber contestado con cuervos afirmativamente a la invitación, no habían acudido todavía a Bastión de Tormentas. Esto preocupó todavía más a los Seabreeze.

Al atardecer, por fin avistaron la silueta de la titánica fortaleza recortada en gris sobre la bruma, alzándose sobre el estruendo del fiero oleaje.


viernes, 30 de marzo de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 5

¿Piratas? Rebelión a bordo.

El capitán Virren comenzó a rugir órdenes desde el puente, sobre el sonido de los truenos y las olas. En la cubierta de remeros, el cómitre comenzó a percutir su tambor de manera acelerada, y la galera giró bruscamente a estribor, hacia la costa y los arrecifes. Pero las galeras enemigas estaban muy cerca. Breon no tardó en ver el primer proyectir encendido salir describiendo una parábola hacia su barco, que por suerte falló por poco. Enseguida salió otro despedido del segundo barco, y éste sí acertó sobre el palo de trinquete, llevándose por delante el mastelero. Proyectiles de escorpión comenzaron a silbar a su alrededor, pequeñas lanzas tremendamente mortíferas, capaces de atravesar cuerpos con armaduras como si fueran de mantequilla.


La nave comenzó a describir un semicírculo que, con suerte, la alejaría del peligro de los arrecifes y quizá de sus perseguidores. Pero, de repente, dio un fuerte bandazo que la dejó casi horizontal y enfilada directamente hacia la costa. La corriente y los vientos la llevaban a su antojo; sin duda, algo le debía de haber sucedido al timonel en el castillete de popa. Varios remos se rompieron y las jarcias atraparon a varios de los marineros. Cuando la galera rozó un arrecife con la proa, Jeremiah esquivó justo a tiempo una de las botavaras que estuvo a punto de arrojarlo por la borda.

Intentaron subir junto al capitán al castillete de popa para intentar conttrolar el barco de nuevo, y un nuevo bandazo estuvo a punto de dar con ellos en el mar. Finalmente, lograron subir y efectivamente, allí estaba el timonel clavado al soporte del timón atravesado por un proyectil de escorpión que, de paso, había destrozado una cuarta parte de la rueda.

Con gran esfuerzo, entre el capitán y los dos caballeros pudieron enderezar el rumbo. Virren emprendió una arriesgada maniobra de giro que lo llevó directamente hacia una de las galeras enemigas mientras la tripulación se afanaba por disparar sus propios escorpiones; afortunadamente, el oleaje lo ayudó a esquivar la nave rival, y de repente se encontraron a popa de los navíos de velas negras, liberados. Pero no iba a durar mucho; tenían el viento en contra, y los enemigos no habían sufrido apenas daños, ni en el casco ni en los remos, mientras que ellos habían perdido al menos la cuarta parte de estos últimos y tenían una vía de agua en la bodega.

Tras dar la orden a los remeros de que dejaran de bogar, ya caída la noche y con el tiempo más tranquilo se aprestaron para el abordaje. Pero éste no llegó. Las dos naves enemigas se situaron una a cada lado de su galera, rodeándoles, y al poco rato oyeron una voz procedente de una de ellas, enaltecida con un alzavoz myriense: les demandaba la entrega en un bote de Jeremiah y Megara Seabreeze y de Melina Raer.

Tras pensarlo un rato, Jeremiah se embarcó con Berormane para negociar con los extraños, pero no fueron recibidos a bordo; el capitán quería a Megara y Melina, y no a un maestre. No les quedó más remedio que volver. De vuelta al barco, disfrazaron a dos de las damas de compañía como si fueran las dos muchachas nobles, y tras infundirles valor de la mejor forma posible, Jeremiah partió con ellas en un bote. Esta vez sí que fueron subidos a bordo, y el caballero se encontró cara a cara con el capitán, un hombre bajito y recio, con calvicie incipiente y una perilla bien recortada, que les recibió con una falsa sonrisa en el rostro. Tras evaluar un momento a sus prisioneros, se presentó como el capitán Jhorgo Darr. Iba escoltado por dos hombres más altos, caballeros en apariencia: ser Munn y ser Quinton. Alto y espigado el primero, con una ligera espada braavosi al cinto, ancho y fuerte el segundo.

El capitán hizo pasar a Jeremiah a su camarote, y puso a buen recaudo a las muchachas. En el camarote tampoco había ningún blasón ni símbolo incriminador: sólo un candelabro con tallas de grifos en los posavelas. Jhorgo parecía saber mucho acerca de quién viajaba a bordo del galeón de los Raer, y preguntó a Jeremiah por qué había acudido con dos muchachas que no eran ni Melina ni Megara, lo que sorprendió al caballero. Los dos espadachines que acompañaban al capitán llevaron la mano a sus espadas. Sin embargo, los siguientes minutos presenciaron una elocuencia fuera de lo habitual en Jeremiah [sacrificio de un punto de destino para imponerse automáticamente en la intriga]. Era indudable que el capitán estaba ansioso por conseguir prosperar en poniente. El Seabreeze no sabía lo que sus actuales patrones le habían ofrecido, pero él lo nombraría caballero al instante y haría oficial un compromiso con su hermana Megara. Los ojos de Jhorgo centellearon con codicia. Ser Munn y ser Quinton, que rebullían incómodos, serían los testigos. Ambos se miraban, incómodos. Ser Munn mostró su desacuerdo a Jeremiah alegando que Jhorgo no era digno de pertenecer a la caballería, pero el Seabreeze prestó oídos sordos. En una rápida ceremonia, Jhorgo quedó armado caballero y acordó poner su barco al servicio de los Seabreeze, al menos de momento. No obstante, no admitiría ninguna pregunta sobre sus actuales empleadores. Ser Munn decidió poner fin a aquello y atacó a Jeremiah, mientras Quinton hacía lo propio con el capitán, que retrocedió se defendió como buenamente pudo. Desde luego, su capacidad con la espada y su forma de luchar no eran dignas de un caballero. Tras una encarnizada lucha con el estilo braavosi de ser Munn y con el más brutal de ser Quinton, Jeremiah pudo imponerse a ambos sufriendo sólo heridas superficiales. Jhorgo murmuró en voz baja..."lord Casper no va a mostrarse muy contento, no señor". No pareció darse cuenta de que Jeremiah lo había escuchado. Éste sólo conocía a un lord Casper: lord Casper de la casa Wylde, con los que los Seabreeze ya habían tenido problemas en el pasado. Prefirió guardar silencio.

Después de recuperar la compostura, el capitán salió a hacer el anuncio a la tripulación. Varios de ellos no se mostraron de acuerdo y tuvieron que abandonar la embarcación en un bote tras algunos momentos tensos.

Amparándose en la oscuridad, consiguieron traspasar a la tripulación de la galera Raer medio hundida, y con una velocidad endiablada embistieron a la otra galera. Impactaron de lleno, y un cruento combate se estableció entre las dos tripulaciones. En ambas había varias decenas de guerreros muy competentes. Breon fue malherido, y Jeremiah también hubo de retirarse al cabo de unos minutos a ser atendidos por el maestre Berormane, pero por fortuna los enemigos ya estaban quebrantados y se tiraban al mar o huían en botes. La victoria fue costosa, pero fue victoria al fin y al cabo. Entre los cadáveres descubrieron varios blasones sin importancia, ocultos bajo túnicas o sobrevestes sin escudo, pero uno en concreto les llamó la atención: el remolino de la casa Wylde en el pecho de un joven y orgulloso caballero al que le habían amputado un brazo y había muerto en el acto.

Tras incendiar la galera destrozada, continuaron su marcha hacia Bastión de Tormentas, con un esperanzado e insistente ser Jhorgo Darr, que parloteaba sin cesar sobre adoptar la galera en llamas como su blasón, y acerca de cuándo se haría oficial su compromiso con Megara. Jeremiah era un hombre de honor, pero casar a su hermana con aquel petimetre no era una opción.

jueves, 22 de marzo de 2012

Sombras en el Imperio - Campaña de Arcana Mvndi Temporada 1 Capítulo 18

Caos en Gameburg. Reencuentro.

En el campamento de Mogontiacum, Cayo Cornelio, viéndose en urgente necesidad de aliados, convocó al praefectus castrorum, Apio Herminio, para mantener una conversación con él. En apariencia, el prefecto era un hombre de firmes convicciones inquebrantables en cuanto a su deber para con la legión, y no le había sentado nada bien la irresponsabilidad del nuevo legado, saliendo a buscar legionarios en plena noche. Cornelio le explicó que no había salido a buscar a cualquier persona, sino al propio médico personal de la hermana del emperador, que se encontraba bajo su tutela y del que se sentía responsable. Con ese argumento, Herminio pareció relajarse y comprender mucho mejor la motivación del legado.

Lucio Mercio buscó a Tito Norbano con el fin de que el hermano de Mitra le proporcionara toda la información que pudiera sobre los tribunos de la XXIIª. Norbano no le pudo decir demasiado, pero entre susurros le habló de una esclava, Kara, que quizá le podría informar mejor. Debido a su estatus, la mujer tenía fácil acceso a las dependencias de los tribunos. Sin tardanza, Lucio buscó a Idara y le encargó localizar a la esclava lo más rápido que pudiera.

Mientras, en Gameburg había caído la noche de nuevo y todo discurría tranquilo en el exterior de la casa donde Tiberio Julio, el centurión y otro legionario se encontraban prisioneros. Pero bien entrada la noche, se desató el caos. Varias figuras aparecieron de los lindes del bosque, sembrando el caos entre los germanos con extraños sortilegios que se semejaban en mucho a los poderes que Júpiter concedía a sus teúrgos. Pronto aparecieron en escena bestiales sombras que parecían enormes lobos caminando sobre dos patas. Se enfrentaron a los recién llegados. Aprovechando el escándalo, Tiberio y sus compañeros pudieron escapar. Se dirigieron hacia la casa del líder de los germanos, el tal Ulric. Pero un enorme monstruo lobuno los detuvo, mató al centurión e hirió al legionario. Para colmo, Tiberio pudo ver que en escena habían aparecido nuevos actores: figuras altas con armaduras ajustadas y lacadas en azul, acompañadas de sombras muy parecidas a la encerrada en su talismán. Ésta casi desagarra su mente al exigirle que la liberase. Por suerte, el médico pudo aguantar la presión, y por pura suerte y con la ayuda de Júpiter pudo escapar junto al legionario herido e introducirse en la espesura. Allí permaneció hasta que todo se calmó y amaneció. Al parecer, no quedaba nadie en el campamento, así que volvieron allí para hacerse con provisiones y tratar de encontrar posibles pistas de lo que había pasado. En una de las casas, un movimiento les llamó la atención. Resultó ser una muchacha germana, de nombre Lora, que chapurreaba latín. "¿Me llevaréis ahora a Roma? Os he ayudado, como me dijisteis". El entendimiento con la muchacha fue poco menos que imposible, en parte motivado por el shock que había sufrido por lo acontecido aquella noche. Así que, tras hacerse con algunas provisiones y calmar su hambre y sed, y tratar el maltrecho brazo del legionario, se encaminaron hacia el suroeste junto con la muchacha.

Aquella noche, en el campamento, un centurión despertó a Cornelio: desde la selva, el viento traía extraños sonidos que parecían voces ominosas en extremo. La mitad del campamento se encontraba encaramado a la empalizada intentando discernir algo en la oscuridad. De repente, un potente temblor de tierra lo sacudió todo. Fueron unos minutos terribles, y casi toda la empalizada se derrumbó. Algunos legionarios resultaron heridos, aunque al cabo de un rato todo volvió a la normalidad. El viento ya no traía sonidos.

Por la mañana, un exhausto Cornelio cruzó junto su escolta el puente sobre el Rhin para encontrarse con la delegación germana.

No apareció nadie. Decidieron volver al campamento; se encontraban cruzando el puente de vuelta cuando Idara llamó la atención de sus compañeros: dos figuras habían aparecido en el claro. Marco Meridio, uno de los legionarios, ejerció de traductor. Los dos hombres hablaron atropelladamente sobre un ataque a los poblados y sombras extrañas que lo arrasaban todo. La preocupación se instaló en el rostro de Cornelio.

Tiberio consiguió establecer por fin una ligera conversación con Lora. No pudo hacerse con información relevante, pero ella le preguntó si la llevaría a Roma si a cambio los guiaba a Mogontiacum a través de la selva. Tiberio respondió con promesas vagas, pero fue suficiente, y emprendieron el camino hacia la ciudad.

Durante la tarde, Idara se dedicó a buscar a la esclava Kara. Trabó amistad con una prostituta, una tal Verinia, que le indicó dónde vivía la mujer y además se mostró de acuerdo en ofrecer sus servicios como informadora a la legión. Acto seguido corrió a informar a Lucio de su éxito.

Bien entrada la noche, los guardias dieron la alarma: tres figuras se acercaban por el puente. Tres figuras que resultaron ser Tiberio y sus acompañantes, que fueron recibidos con gran regocijo por el resto del grupo.

martes, 6 de marzo de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 4

Intrigas en Quiebramar. Hacia Bastión de Tormentas.

Loren Ashur, capitán de la Guardia de Halcones
Nada más recibir las inquietantes nuevas, Ancel se dirigió a hablar con Vanna Ashur para ver si la Myriense podía darle algo de información al respecto. No sabía nada, pero recomendó al primogénito de Quiebramar visitar en el puerto a la propia Jana Alyr, la posadera, y a una tal Pyranys, esposa del comerciante lyseno Giradh. Ambas se habían mostrado muy receptivas a la posibilidad de ser los ojos y oídos que necesitaba Ancel.

Ante la propuesta del mayor de los Seabreeze, el grupo decidió bajar al puerto para poder convesar discretamente durante el camino acerca de las noticias. Ancel planteó la posibilidad de que lord Jeron hubiera ordenado el ataque a los Dannett por algún motivo oculto, algo de lo que Jeremiah no quiso ni oír hablar. Se negaba a creer que su padre pudiera ordenar la matanza de simples campesinos.

Llegados al puerto, no tardaron en localizar al menudo Reman Khoros, que se encontraba rugiendo órdenes en el quinto y último de los muelles. Un barco mercante se había hundido, bloqueando el malecón, y dos galeras de los Raer trataban de remolcarlo fuera del puerto, ante la impaciencia del antiguo capitán. Cuando Reman los vio acercarse, dejó al cargo a su primer ayudante Alfrett, y se reunió con ellos. Tras las cortesías habituales, en el interior de sus "oficinas", les informó con el ceño fruncido de preocupación de los últimos rumores que habían llegado al puerto: los Seabreeze eran acusados de atacar algunas aldeas Dannett. Cuando le interrogaron acerca del origen de tales rumores, Khoros señaló un barco en uno de los malecones, un mercante procedente del Rejo, comerciantes de vino que al parecer habían hecho escala en Arcos Altos.

Mientras Jeremiah, Berormane y Breon se dirigían a hablar con los comerciantes, Ancel se disculpó y se marchó para hablar con Jana y Pyranys. Los primeros no obtuvieron demasiada información nueva. Según les dijo el capitán Algar, unos soldados de los Dannett habían llegado a Arcos Altos mientras ellos se encontraban varados allí, y habían propagado la historia. Tras comprarle un barril de vino dorado por un precio razonable, se marcharon.

Entre tanto, Ancel había llegado a la posada. En algunas mesas se hizo el silencio y se giraron miradas serias hacia él, lo que le confirmaba que el rumor se había expandido ya por allí. Jana no tardó en reunirse con él, para servirle una bebida. Entablaron una conversación trivial mientras la situación volvía a la normalidad, en la que la posadera llamó "lord" a Ancel, quizá con toda la intención. Pronto se reunieron en la trastienda del edificio, donde se encontraron más estrechos de lo que el Seabreeze habría preferido. El olor de Jana lo embriagaba, y sus brillantes labios eran absolutamente deseables. Desechó tales pensamientos de su cabeza; estaba prometido y no quería hacer tonterías. Con enrevesadas y sutiles palabras, llevando a cabo su habitual juego de seducción, Jana acordó convertirse en persona de confianza de Ancel ("mejor tumbada que sentada"), a cambio de algo: había llegado a sus oídos que había un comerciante nuevo en el puerto, alguien que quería abrir una segunda posada. El caso es que Jana llevaba tiempo pensando en abrir un segundo establecimiento, y pidió a Ancel que la beneficiara en aquello. El noble aceptó. Acto seguido se dirigió a hablar con la desconocida lysena Pyranys, pero cuando iba a salir de la posada, un hombre se levantó en una de las mesas, donde se encontraba tomando una bebida con tres compañeros, todos ellos marinos. Casualmente eran hombres de los Dannett al servicio de alguno de los comerciantes del puerto, y el que se había levantado vertió acusaciones muy graves sobre los Seabreeze. No obstante, no era rival para la capacidad oratoria de Ancel, y éste acabó aplastando las argumentaciones de su rival y haciendo valer su inocencia a ojos de los presentes. Salió en busca de la lysena.

Pyranys se encontraba en el Azul Oscuro, el barco de su marido. Éste se encontraba supervisando las obras de la casa que estaban construyendo al oeste del puerto. La lysena y Ancel mantuvieron una conversación larga pero infructuosa, ya que el noble no vio el momento de pedirle sus servicios como espía. Sin embargo, sí que le confirmó que su marido tenía intención de construir una posada en el puerto, lo que confirmaba las palabras de Jana.

De vuelta en Quiebramar, Breon no tardó en encontrarse en los jardines con Melina Raer. Como siempre, vigilada de lejos por Lyonel. Ella aprovechó para coquetear de nuevo con el caballero. Esta vez la conversación fue un paso más allá, y llegaron a hablar incluso de boda. Melina afirmó que quizá si ser Breon la llevaba a ver a su padre y pudieran hablar a solas, estaba segura de que él aceptaría a Breon como yerno. La idea de que Melina estaba enamorada de él y poder casarse con ella comenzó a tomar forma peligrosamente en la mente del brusco caballero.

Por la tarde, Ancel por fin decidió que no podía esperar más para ganarse a Loren Ashur. Así que se dirigió a los aposentos del myriense. Al llegar, en el interior se podían oir fuertes gritos. Se trataba del propio Loren y de Vanna, su esposa. «¡Si estás vivo es gracias a esta malnacida, no lo olvides!» —decía Vanna. «¡Fuimos expulsados!¡Por tu culpa!» —exclamaba el hombre. Cuando se calmaron un momento, Ancel llamó a la puerta, y Vanna salió como una centella. El noble pasó para encontrarse con un ceñudo Loren Ashur. Tras un poco de charla intranscendente, el Seabreeze reveló al capitán de la guardia todo lo que su padre le había hecho sufrir de niño, sus depravaciones y vicios secretos. Ancel había puesto todas sus esperanzas en que Loren no supiera de tales costumbres, y para su gran suerte así era. El capitán de la guardia escuchaba a Ancel, incrédulo. No podía ser que su señor, otrora orgulloso y valiente guerrero, fuera capaz de tales perversiones. Loren pidió una segunda versión de la historia, así que Ancel convocó a su presencia a lady Madelyne. Mientras la esperaban, Loren preguntó a Ancel si su esposa Vanna también sabía algo de aquello, a lo que Ancel respondió negativamente, mintiendo lo mejor que pudo. Una vez llegó, la señora de los Seabreeze no hizo sino confirmar punto por punto la historia de su hijo, e incluso la potenció, relatando los malos tratos y vejaciones que sufrió durante años a manos de lord Jeron. Tanto Madelyne como Ancel estaban sorprendidos de que Loren no supiera nada de aquello, aunque lo sospechara. Pero el hombre parecía sincero, sentado en la silla con semblante abatido. Demandó que lo dejaran solo, y así lo hicieron. Ancel confiaba en que aquello alejara un poco al myriense de su padre, y por tanto lo acercara más a él. Cuando se marchaban, Ashur le dijo a Ancel que esperaba que no le hubiera mentido respecto a la implicación de Vanna; Madelyne había mencionado a la myriense al contar su historia, lo que contradecía la negación previa del noble; Ancel se dio cuenta de su error, pero esperaba que aquello no influyera en las decisiones de Loren.

A continuación, Ancel se dirigió a ver a Vanna rápida y discretamente. Le informaron de que la myriense había salido del castilllo. Al poco rato se encontró con ella en el camino del puerto. Había ido a ver a Jana y a Pynarys para olvidarse un poco de su marido. Vanna expresó su extrañeza por el hecho de que Ancel no hubiera adoptado da la lysena como agente de confianza. Quitándole importancia a tal cuestión, Ancel puso a Vanna sobre aviso de todo lo que había pasado con Loren.

Durante todo ese tiempo, Jeremiah visitaba habitualmente a su padre, y éste le comentó en una de sus conversaciones que Loren ya no pasaba tanto tiempo con él. Lord Jeron le pidió a su hijo que vigilara las conversaciones de su hermano con Loren y con cualquiera en el castillo, y le mantuviera puntualmente informado. Jeremiah evitó el tema como pudo, incapaz de traicionar la confianza de su hermano. De hecho, cuando Madelyne se dirigía a los aposentos de Loren para secundar la historia de su primogénito, Jeremiah se encontró con ella y vio que se dirigía a los aposentos del myriense, donde también se encontraba Ancel. El caballero no hizo ningún intento de escuchar la conversación para informar a su padre, lo que probaba su estricto código y la lealtad a su hermano.

Por la noche, Jeremiah organizó una cena con los capitanes de las cuatro galeras Raer que se encontraba en el puerto. La intención era sondearlos para seleccionar a aquel de ellos que mostrara una menor lealtad a sus patrones para llevarlos a Bastión de Tormentas. Finalmente, eligieron precisamente al que menos bebió de los cuatro, el capitán Virren.

Durante el resto del día y el día siguiente, Loren no salió de sus aposentos, ni siquiera para asistir al entrenamiento de los Halcones, cosa que se producía en muy raras ocasiones. Jeremiah se dirigió a hablar con él, y el myriense lo recibió. El Seabreeze se sorprendió de lo serio y ojeroso que se encontraba el myriense. Éste le respondió que no se sentía demasiado bien, y aprovechó para hacerle varias preguntas sobre su padre y su hermano. Jeremiah respondió con toda sinceridad, extrañado, y acto seguido se marchó en busca del maestre Berormane. Éste se dirigió sin tardanza a los aposentos de Loren para darle algún remedio a su falta de sueño. Pero se encontró con un Loren agresivo, que cerró la puerta tras él y le lanzó veladas amenazas. El myriense sabía que Berormane era un hombre de Ancel, y le amenazó para que le contestara con toda la sinceridad posible. Le preguntó acerca de su opinión de Ancel y de lord Jeron, y le hablara de los planes de ambos. Vanna también apareció de algún lugar en la oscuridad, a la espalda de Berormane, y lo ametralló a preguntas. Preguntas sobre Ancel, los Seabreeze, sus cuervos, un desconocido para Berormane cuervo blanco, sobre lady Madelyne, sobre Reman Khoros... Haciendo uso de toda su capacidad y elocuencia, Berormane consiguió dejarles la firme impresión de que era fiel a Ancel por una causa justa, y de que su lealtad estaba fuera de toda duda. Además, consiguió sortear con éxito varias preguntas-trampa de Vanna.

Cuando estuvieron seguros de la sinceridad de Berormane, los Ashur se relajaron y se disculparon. Según contaron, alguien había estado enviando cuervos al exterior desde el otro extremo de la isla, y del primero de quien habían sospechado había sido del maestre, claro. Berormane no tardó en informar del hecho al heredero de los Seabreeze.

Sin embargo, no había tiempo para más. La mañana siguiente se produjo la partida de los Seabreeze y su séquito hacia Bastión de Tormentas. Reman Khoros y los demás se despidieron de ellos deseándoles toda la suerte del mundo e instándoles a que dejaran muy alto el pabellón Seabreeze. Lord Jeron no hizo acto de aparición, y Loren Ashur era una sombra recortada contra los oscuros nubarrones en la Torre de las Tormentas.

El viaje en barco hacia Bastión de Tormentas no era el más tranquilo del mundo, desde luego. El primer día una tormenta considerable azotó su curso, pero el capitán Virren probó su capacidad y los condujo con ritmo firme hacia el oeste. El segundo día las tormentas siguieron azotándolos y haciendo vomitar a los más bisoños en travesías marítimas. Cuando el mar se tranquilizó por fin, un grito desde la cofa los alertó:

— ¡Barcos a babor! ¡Velas negras y sin blasón! ¡Y se acercan a velocidad de combate!

— ¡¡Piratas!! —gritó alguien.

Virren comenzó a rugir órdenes. "¡Todo a estribor!" "¡Cómitre, velocidad de combate!". El contramaestre Devon repetía sus palabras una segunda vez. El barco giró bruscamente, pero los dos navíos rivales se acercaban muy rápido, con el viento a favor. Dos proyectiles salieron despedidos de ambas naves, que resultaron ser galeras de tamaño considerable. Una roca falló por poco, pero la otra impactó en el palo de trinquete y lo dejó maltrecho, reduciendo su velocidad. Además, girando a estribor se acercaban peligrosamente a la costa, donde los arrecifes les esperaban con sus afilados bordes.

Agarrado a la borda, Breon observaba a los enemigos. «Que me aspen si esas galeras son barcos piratas» —pensó. «Si hasta van en formación. Si eso son piratas, yo soy una linda damisela». Una sonrisa empezó a perfilarse en su rostro, ante la perspectiva de la inminente lucha.