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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 15

Braavos. Mercenarios.
Finalmente, Ancel y Jeremiah partieron hacia Tyrosh con once galeras, mientras Vanna y Berormane se dirigieron hacia Braavos con ocho naves. La intención de los hermanos en camino hacia Tyrosh era encontrar a alguna compañía libre en la ciudad de Tyrosh o en las tierras en disputa que les permitiera hacer frente a las fuerzas de lord Jeron y los Wylde en las puertas de los Raer. Para ello, contaban con el cofre que les había dado lady Olenna y los fondos proporcionados por lord Edgar, en los que residían la esperanza de futuro de su casa.

Braavos
Por su parte, Breon partía al frente de una docena de galeras con bandera Seabreeze varios días después que Vanna y Berormane, pero la climatología y diferentes avatares del viaje hicieron que llegara a Braavos con un par de jornadas de antelación. En un momento del camino, ambas flotas llegaron incluso a encontrarse y a perseguirse; ante tal situación, para evitar la pérdida de galeras que podían probarse muy valiosas -de hecho, ya habían perdido una en un arrecife traicionero-, Berormane y Vanna decidieron desviarse hasta Rocadragón, haciendo desistir a la flota de Breon de la persecución. Durante su estancia en Rocadragón, el maestre y la mujer fueron recibidos por Davos Seaworth, el famoso caballero de la cebolla de Stannis. El hombre resultó ser muy amable y comprensivo cuando la pareja le explicó la situación que vivían en sus islas. Incluso los reunió con el maestre Cressen, que les habló de noticias muy inquietantes: hacía muy poco, habían recibido un cuervo procedente de los Seabreeze en el que se afirmaba que lord Jeron iba a legitimar a un tal Deros Tormenta como hijo y heredero; para Vanna, era evidente que era una maniobra para atraer a Tormenta a Quiebramar. Davos, intrigado por los rumores sobre los Seabreeze, les preguntó acerca de ellos y congeniaron enseguida, así que les facilitó conseguir provisiones y agua fresca, y se despidió de ellos como amigo, no sin antes recomendarles acudir a lord Renly si era verdad que lord Jeron se había vuelto loco.

El viaje de Ancel y Jeremiah fue extremadamente accidentado, con tormentas y piratas a todo lo largo del camino. Con un par de jornadas de retraso llegaron a Tyrosh, con tres galeras menos de las que habían partido de Escollera. Allí, tras una búsqueda bastante larga e infructuosa, alguien les habló de un hombre llamado "el viejo topo", que quizá podría ayudarles. Además, había una mujer, una especie de noble llamada "lady Myzh", que igual tenía también los contactos necesarios.

Nada más llegar a Braavos, Breon se dirigió al Banco de Hierro a pedir un encuentro con Meravon Ryth. Sin embargo, según le dijeron, el banquero se encontraba de viaje a Poniente y no volvería hasta pasados unos días. Meravon volvió a Braavos justo el día que Vanna y Berormane conducían la mitad de su pequeña flota al interior del puerto y, para su sorpresa, veían varadas otras galeras Seabreeze en él. Ambas partes se encontraron por separado con el banquero, enseñando sus respectivas cartas, escritas por el puño y letra de Voredyn Ryth. Berormane hizo un buen trabajo enseñando el código en clave de Voredyn a su hermano, que se convenció totalmente de la situación y decidió seguir los consejos del maestre y Vanna de apresar al caballero del león y su escolta. Cuando Breon, Kevan Seabreeze y sus acompañantes volvieron al Banco de Hierro a encontrarse de nuevo con Meravon, varios guardias salieron a su encuentro, obligándoles a rendirse, pues como siempre, las armas en el interior del Banco estaban prohibidas. Una vez pacificados los ánimos Vanna y Berormane entablaron una airada conversación con Breon, recriminándole haberlos traicionado, mientras el caballero defendía su posición y la situación a la que lo habían abocado.

Tras un intento fallido de encontrarse con lady Myzh en su mansión, Ancel y Jeremiah decidieron visitar al llamado "Viejo Topo". Resultó ser un hombre maduro, enjuto y, efectivamente, ciego. Aunque sus ojos no daban la impresión de haber perdido la visión excepto por unas ligeras cicatrices alrededor. Sin embargo, no pudieron deducir si el Topo los engañaba o no con su invidencia. A cambio de unos generosos emolumentos, les indicó con precisión una isla a la que podrían dirigirse, donde encontrarían a quien pudiera ayudarles. Tras discutir largo y tendido si podía tratarse de una trampa, los hermanos decidieron seguir las indicaciones del hombre; así que éste envió un cuervo con un mensaje y les autorizó a partir hacia allí. Tras un par de jornadas de navegación, llegaron a la isla en cuestión, donde ondeaban los estandartes de los Escudos de Hierro. El comandante de las fuerzas presentes, un tal Boros Erenford, no intentó timarles más de lo que esperaban, cosa que agradecieron después de las dificultades pasadas. Así que, tras unas pocas horas, las galeras de los Seabreeze salían del archipiélago con doscientos Escudos de Hierro en dirección a Escollera. El clima en el viaje de vuelta fue mucho más relajado, y doscientos mercenarios ayudaron a mantener a los piratas a raya; cuando la fuerza de Ancel y Jeremiah puso pie en la isla de Olara, las catapultas acababan de haber sido reparadas y comenzaban a martillear los muros de Escollera; deberían actuar con premura.

miércoles, 15 de agosto de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 5

La Tapadera
Tras pasar un par de horas en torno al edificio que albergaba las oficinas de Westchester Associates, Jonas, Jack y Fred decidieron marcharse a dormir a un motel perdido en las afueras.

Por la mañana, John llamó por teléfono a un antiguo compañero de Afganistán, el sargento William McPharson [2 Puntos de Relato], preguntándole si podía contar con su ayuda en el complicado trance en que se encontraba. McPharson le contestó que por supuesto, y esto tranquilizó a Gibbons, que confiaba en la fuerza de las armas más que en cualquier otra cosa para mantenerse a salvo. Después se dirigió a las oficinas de Thomas O'Hara, donde acordaron desviar cualesquiera fondos de origen desconocido que llegaran a la cuenta del Tea Party a una tercera cuenta a la que tendrían acceso los personajes. Thomas redactó un contrato que John firmó sin vacilar.

Por la mañana, Jonas se trasladó al edificio de Westchester, donde debido a su ropa y su pinta le miraron suspicazmente. Afortunadamente, el conserje del vestíbulo principal pudo proporcionarle lo que buscaba: una tarjeta de la empresa que se encargaba de la limpieza de las oficinas del edificio. Tras llamar a Jack y a Fred, el trío se dirigió a la empresa de limpieza, en el distrito portuario al oeste de Manhattan. Alegando estar investigando un caso, Jack y su compañero pudieron entrar a "interrogar" a los trabajadores, y consiguieron sin mayores complicaciones tres trajes de sus respectivas tallas y de la talla de Joey.

Mientras tanto, Thomas, que se encontraba moviendo diversos capitales, recibió una llamada de Joey instándole a ver las noticias del New York Inquirer Online. En la web, una periodista llamada Sally Whitfield había escrito un artículo incendiario; en él, Sally refería que había burlado una fuerte censura policial en torno al caso de los traficantes de Ántrax, y que había averiguado que el piso pertenecía a un tal Jack Finnegan, policía de Brooklyn y hermano del mismísimo comisario en jefe de la comisaría 88th Precinct. En los últimos tiempos se le había visto en compañía de un sospechoso irlandés y de malas compañías; en el piso se habían encontrado doscientos gramos de polvo de Ántrax, y era posible que ya se hubiera distribuido una parte por la ciudad. Thomas se echó las manos a la cabeza, y al instante llamó a Jack, que acababa de salir del almacén de la empresa de limpieza. Éste se quedó helado al oír la noticia. Sólo se le ocurrió una cosa que pudiera hacer: envió un mensaje de correo electrónico a la cuenta de la periodista en el Inquirer citándola en un restaurante mexicano en el norte de Manhattan.

Jack y Fred esperaban en el restaurante mientras McNulty rondaba fuera por si había complicaciones [Punto de Relato de Jack]. En una de sus rondas, el irlandés se dio cuenta de que en el interior de un coche más o menos alejado del restaurante, una mujer miraba hacia él ayudándose de unos prismáticos. El coche estaba lleno de abolladuras y rascones, como si hubiera tenido un accidente. La manía persecutoria de McNulty desató el caos. Enseñó su pistola a la mujer (que efectivamente, era Sally Whitfield), que se puso histérica. Al romper el cristal, ella intentó escapar, pero Jonas la retuvo; sin embargo, no se callaba y gritaba a pleno pulmón, totalmente loca. No tuvo más remedio que darle un fuerte golpe con la culata y dejarla inconsciente. Por desgracia, había policías cerca y un coche patrulla comenzó a hacer sonar su sirena. Arrancó el coche bruscamente y se desencadenó una persecución. Dos coches patrulla seguían a McNulty, Jack Finnegan y Fred seguían a los dos coches patrulla y otro coche apareció detrás de éstos. Haciendo un alarde de habilidad de conducción, McNulty despistó a sus perseguidores mientras Jack y Fred disimulaban ante los policías con excusas poco creíbles. Finalmente se reunieron en un paraje perdido de Englewood, al otro lado del río Hudson.

Una vez que pudieron tranquilizar a Sally, cosa que no fue difícil con McNulty delante, ésta les explicó que hacía pocas horas que había sufrido un intento de acabar con su vida; había sido embestida por un coche y otro había intentado cerrarle el paso. Dos coches negros y grandes. Los personajes decidieron contarle casi todo lo que sabían para ganarse su confianza, y tentándola con la posibilidad de ganar un Pulitzer. Ante la mención del premio, a Sally le brillaron los ojos, y acto seguido llamó a su editor para advertirle que iba a desaparecer durante unos días, pues tenía una historia muy gorda entre manos.

A esas alturas, la mayoría de los medios de comunicación ya se habían hecho eco del artículo publicado por Sally, y por doquier se encontraban especulaciones sobre los terroristas y el Ántrax. El móvil de Jack no paraba de sonar con llamadas de un teléfono público; cuando se decidió a cogerlo, su hermano habló. Por supuesto, lo convenció de que todo aquello era una encerrona; James le sugirió no aparecer en ningún sitio donde pudieran reconocerlo -entre ellos la comisaría- y acordaron contactar por SMS y teléfono público a partir de entonces.

Por la tarde, Jack, Fred y Joey entraron al edificio de Westchester como visitantes. Se encerraron en los baños, donde se pusieron los uniformes de limpieza que habían conseguido por la mañana, y tras coger un carrito de uno de los almacenes se dirigieron hacia Westchester. Por supuesto, las oficinas estaban cerradas a cal y canto. Tras consultar con otra limpiadora, una sudamericana que los miraba con desconfianza, se enteraron de que Westchester no tenía el servicio de limpieza del resto del edificio. Así que, tras inutilizar las cámaras del rellano, Joey tuvo que forzar el teclado de combinación. Al abrir vieron que el teclado estaba conectado con un cable casi invisible a una clavija en la pared. Seguramente, alguien se había enterado ya de que las oficinas habían sido abiertas, así que tendrían que darse prisa.

Pero desde luego, lo que encontraron allí no era lo que habían esperado. En las oficinas no había ni un solo ordenador, ni siquiera una toma de red que ellos pudieran ver. Ocupaban un ala entera del edificio y la mayoría de las estancias eran salas de reuniones y despachos. Había multitud de libros de derecho y archivadores, pero éstos sólo se encontraban allí para aparentar, pues se encontraban vacíos de todo contenido. Lo único de interés que encontraron fue un trozo de agenda y un archivador (vacío) en cuyo lomo destacaba el nombre de "UNSUP". Sin duda, una empresa relacionada con "UNSTRANS". También encontraron tarjetas de visita en algunos de los despachos, que guardaron. Entre ellas, había tarjetas con el nombre "Malcolm Townsend" en ellas, y se notaba que llevaban allí bastante tiempo. En las hojas que se habían desprendido de alguna agenda, venían los teléfonos de varios miembros de American Initiatives For Children, cosa harto interesante.

Entre tanto, el presidente James Molinaro salía en las noticias de la noche: representando muy bien su papel, fingió que le apenaba destituir de su cargo al vicepresidente Fogerty y que pronto nombrarían a su sustituto. Al cabo de pocos minutos, Gibbons recibía la llamada de la secretaria de Molinaro, invitándolo a acudir a la rueda de prensa que se iba a celebrar la mañana siguiente en la sede del partido. John llamó a los demás para celebrar una reunión del grupo en la fiesta del Tea Party que tendría lugar por la tarde en la casa de uno de sus miembros.

La mañana siguiente, Jack se tintó el pelo de otro color mientras Fred se desplazaba a la comisaría, donde habló con James Finnegan y se dedicó a investigar el pasado de Malcolm Townsend. Al parecer, había vivido alquilado en un apartamento de lujo muy cerca de la residencia de Thomas, así que fueron para allá, donde los recibió uno de los conserjes. Según les informó éste, había desaparecido de la noche a la mañana y después una empresa de mudanzas se llevó todos sus muebles. Extrañamente, recordaba que los empleados de la mudanza no llevaban ningún nombre en su ropa. Y el piso pertenecía a un tal Isaac Simmons; no les sorprendió oir el nombre del presidente de Westchester Assoc relacionado con Townsend. Tras hablar con el conserje, intentaron averiguar algo en los alrededores, en los bares y restaurantes. Finalmente encontraron lo que querían en una casa de alterne de alto standing. Una de las chicas, Lara, recordaba a Townsend tras obtener unos cuantos cientos de dólares: en los últimos tiempo estaba muy estresado y hablaba de cosas raras relacionadas con uno de sus clientes; había descubierto cosas raras en... en África, creía recordar. En Egipto o por ahí. La verdad era que no le había prestado mucha atención, según ella, pero estaba convencida de que había mencionado África. Dándole las gracias, se marcharon.

Por la noche, recibieron la visita de Thomas en el hotel. Al ver a Sally, O'Hara se encendió. La vida de su familia estaba en peligro y no le gustaba ver extraños implicados en aquello. Finalmente los ánimos se calmaron, y hablaron de la situación. Al mencionar el hecho de que Townsend estaba obsesionado con las revistas de hechos paranormales, tuvieron la idea de publicar un anuncio describiendo hechos extraordinarios relacionados con helicópteros en varias de ellas para hacerle acudir a un lugar concreto.

El siguiente día por la mañana, se produjo la toma de posesión de John en una multitudinaria rueda de prensa. Los periodistas no disimularon en mostrar su asombro por la elección de James Molinaro y acribillaron a Gibbons a preguntas. Molinaro, haciendo un aparte con él, le dio el plazo de una semana para renunciar al cargo, a lo que John guardó un silencio difícilmente interpretable. Más tarde tenía lugar la fiesta del Tea Party en la casa de Vincent Callahan. Allí acudieron Jack, Jonas y Thomas acompañados de Fred y Sally. No tuvieron más remedio que ser presentados a algunos de los presentes; en una de tales presentaciones, Jonas contestó a Vincent Callahan con su habitual antipatía, y éste los dejó, indignado. Por fin, pudieron quedarse a solas con Gibbons y ponerse de acuerdo sobre su próximo movimiento, en el que necesitarían estar juntos: el viaje a Boston para investigar a AIFC y la desaparición de sus familiares. Según les informó Thomas, el día anterior había hablado por teléfono con Leopold Croix, y éste le informó de que estaba fuera de la ciudad; su secretaria había confirmado a O'Hara que Leopold había salido hacia Boston por asuntos de negocios. Esto convenció a todos ellos de la conveniencia de viajar a Boston para intentar averiguar algo más.

Con la intención de verse liberado de la continua vigilancia, John pidió al teniente Duvall la supresión de su escolta. El teniente le respondió que era imposible, que eran instrucciones del propio James Molinaro. Cuando John habló a continuación con Molinaro, éste se mostró indiferente sobre el asunto, así que volvió a hablar con Duvall y finalmente lo convenció de quitarle la escolta. Pero al cabo de unos minutos John recibió otra llamada: el senador McArthy. El senador le preguntó por la renuncia a su escolta y mostró su desaprobación, dándole a entender claramente que la escolta "no era algo opcional" y debería continuar con los agentes tras sus talones. Vaya, eso confirmaba sus sospechas de la implicación del senador en todo aquel extraño asunto.

viernes, 10 de agosto de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 4

Intento fallido.
Para ultimar los preparativos de la entrada a Westchester Associates, Thomas y Jack quedaron mediante mensajes de móvil esa misma noche a las 22 horas en el restaurante La Dolce Vita de New Jersey, donde ya se habían reunido hacía un par de noches. Acto seguido Jack trató de averiguar en la red nueva información sobre los peces gordos de Campbell Leopold Croix-Parker y Dorothy St.James, pero no obtuvo nada nuevo, aparte de las consabidas demandas por malversación, blanqueo, etc.
Fred Mullendore
Al volver a casa, se encontró con John y Jonas, que se encontraban preocupados viendo las noticias. El concejal hacía cerca de 18 horas que no daba señales de vida y se había dado la alarma a todas las comisarías. James, el hermano de Jack, llamó preocupado, preguntándole por "su amigo el concejal Gibbons"; al decirle que estaba en su casa, el comisario jefe le montó una bronca de campeonato, y le prohibió aparecer por comisaría durante el permiso que le iba a conceder de dos semanas. En otra habitación, John se decidió a coger el teléfono finalmente, que había tenido en silencio todo ese tiempo. Los escoltas que custodiaban su casa le preguntaron dónde se encontaba, con quién y demás, si no podía hablar libremente. John disimuló lo mejor que pudo y les dijo que pronto regresaría. Entre todos decidieron que debía volver a su casa. Jack y Jonas le seguirían a distancia, sin que él lo supiera.

John encontró un taxi libre en pocos instantes. A mitad de camino de Staten Island, el taxista, un hombre anodino aunque con acento extranjero, buscó una determinada emisora en el dial. Una voz con ligero acento extranjero que John ya conocía empezó a hablar refiriéndose a él, para su sorpresa. Le recriminó el hecho de que hubiera llamado la atención y le preguntó por una respuesta definitiva a lo que habían hablado en el helicóptero. John se vio en la obligación de responder afirmativamente, al menos colaboraría de momento; si no lo hacía seguramente matarían a su hermana y posiblemente a él también, lo único que podía hacer era ganar tiempo. La misma risa lunática de la madrugada volvió a oírse a través de las ondas. Llegó a casa, preocupado entre una marea de periodistas que los escoltas se encargaron de apartar.

Mientras tanto, un par de minutos después de que John hubiera salido a la calle, Jonas salió a la calle con la intención de acudir a su casa a vigilar, adelantándose un poco a Jack, pues había recibido una llamada desde un teléfono extranjero, de parte de Sergei. "¿Qué está pasando?" —preguntó McNulty. "¿Por qué nos has traicionado?" —dijo la voz. La respuesta de McNulty no le debió gustar, porque colgó al instante con un seco "adiós". Un dolor intenso en el hombro recibió a Jonas al salir al nublado atardecer. Alguien le había disparado. ¡Un francotirador! Por puro instinto se zambulló entre unos cubos de basura, mientras veía por el rabillo del ojo un helicóptero oscuro y silencioso que bajaba hacia la azotea del edificio de Jack. McNulty llamó rápidamente por el móvil a su amigo, instándole a salir de allí. Jack así lo hizo, y mientras subía en el ascensor oyó cómo reventaba la puerta de la azotea. Unos fuertes pasos de calzado militar resonaban en el exterior. El ascensor llegó un poco antes que los pasos amenazantes al vestíbulo, y para retrasarlos un poco más, Jack disparó hacia el primer descansillo. Los enemigos contestaron desmesuradamente, con fuego de armas automáticas, así que el Finnegan salió corriendo para reunirse con McNulty. Un rápido puente a un coche aparcado en la calle y una brusca maniobra mientras un par de balas atravesaban el cristal trasero les permitieron dejar atrás el peligro, al menos de momento.

La herida de McNulty no era muy grave, pero si no tenían cuidado podía empeorar rápidamente, así que se dirigieron a ver a Alex McEnroe, en el sur de Brooklyn, un viejo conocido de Jack que se había dedicado a la cirugía en una antigua red de traficantes de órganos [4 Puntos de Relato]. El cuchitril en el que vivía Alex no parecía reunir las condiciones sanitarias adecuadas, y la botella de whisky que llevaba siempre en la mano no ofrecía toda la seguridad deseable en un cirujano, pero el tipo hizo un trabajito fino, fino. McNulty se sorprendió y, dado el descaro y el cinismo que ambos rezumaban, hicieron migas enseguida. Mientras McEnroe operaba a Jonas, Jack recibió una llamada de John, el concejal. Éste se encontraba boquiabierto en su casa viendo en la televisión una noticia en la que se anunciaba la desarticulación de una peligrosa banda terrorista que había estado intentando introducir Antrax en el país; las imágenes correspondían al piso de Jack, y mostraban dos retratos robot: uno que podía remotamente identificar a Jack y otro que representaba evidentemente a Jonas McNulty. Joder, se habían hecho enemigos muy poderosos. Cuando Jonas volvió en sí después de ser operado y se enteró de todo, decidió raparse el pelo con una de las cuchillas de Alex antes de salir a la calle.

Mientras tanto, Thomas, esperando en el restaurante cada vez más impaciente, envió un mensaje a Jack. Éste le comentó los problemas que habían sentido y que sentía el retraso, pero que llegarían lo antes posible. Así que Thomas aprovechó para hablar de nuevo con Roberto Grezzi, que se encontraba por allí. O'Hara se lo había pensado mejor y ofreció sus servicios al líder del Don mafioso, pero permaneciendo aparte de Campbell & Weber. Esto sorprendió al italiano, que reclamó ciertas garantías que la firma de Campbell sí le ofrecía. Haciendo de tripas corazón y confiando plenamente en su capacidad inversora, Thomas le ofreció las garantías que quería. Estrecharon las manos mientras Thomas hacía un último requerimiento: el dinero que llegara a sus manos debía de proceder de fuentes totalmente legales; Roberto respondió un lacónico "sí" con una media sonrisa, y Thomas tuvo que engañarse a sí mismo [2 Puntos de Relato] para ignorar el hecho casi seguro de que el dinero iba a ser ilegal.

De camino a New Jersey, Jack aprovechó para llamar a Fred Mullendore. A sugerencia del paranoico McNulty, decidieron tenderle una especie de trampa para comprobar su fiabilidad. Lo citaron a la una de la madrugada en un motel perdido del oeste de la ciudad.

Llegaron por fin al restaurante, con caras preocupadas. Allí, después de preguntar por el nuevo look de Jonas y abrir mucho los ojos por la sorpresa de la noticia del Antrax, Thomas les informó sobre Westchester Assoc: la empresa tenía su razón social central en una remota mansión del condado de Westchester, al norte, pero también tenía un piso de oficinas en el distrito comercial de Manhattan. Allí sería donde intentarían entrar. Ultimaron los detalles, y Jack decidió cancelar las visitas que tenía concertadas el día siguiente con Leopold y Dorothy. En su lugar, Jonas y él acudirían a Delaware a hablar con el antiguo dueño de la camioneta del mendigo. Hacia el final de la conversación, el vino comenzó a hacer efecto, y Finnegan se exaltó un poco, asegurando que si el plan no surtía efecto, iba a coger a Leopold y a sacarle la información a "hostias finas", expresión que dio lugar a un nuevo chascarrillo: la "Hostia Finnegan". Las risas ayudaron a aliviar un poco los nervios y la tensión en la que habían estado viviendo las últimas horas.

Tras salir del restaurante, se encaminaron hacia el motel. Desde una distancia prudencial, vieron cómo Fred llegaba en coche, aparcaba y esperaba. Al cabo de un rato salía a fumar un cigarrillo y hacía una llamada. Después, una segunda llamada y el teléfono de Jack sonó. Había llamado a alguien antes. Le dieron el número de habitación y se acercaron sigilosamente. Fred llamó a la puerta de la habitación y no obtuvo respuesta, sacó su arma y se giró de repente, encontrándose con los dos policías. Fueron momentos de gran tensión en los que Jack le pidió el teléfono. Fred aseguraba que había llamado a su hermano para informarle de su paradero, cosa que se vio confirmada cuando Jack echó una ojeada a sus llamadas recientes. Y le pidió que no llamara más a su hermano, él se encargaría. Se disculparon, se relajaron, y tras alquilar una habitación bebieron y durmieron, agotados. No sin antes explicar todo lo que sucedía a Fred.

De madrugada, Thomas recibió una llamada. Contestó, y lo único que oyó fueron gritos, gritos de su mujer. El corazón se le encogió. A los pocos segundos, colgaron. Media hora más tarde sucedió lo mismo, pero esta vez con su hermana. Los nervios se le crisparon. Media hora después, tras no coger el teléfono en un par de ocasiones, por fin decidió descolgar. Esta vez alguien habló: una voz con acento extranjero, dándole instrucciones para desviar fondos progresivamente a unas cuentas que recibiría en breve. Dicho y hecho, nada más colgar recibió un correo con las susodichas. No le costó mucho averiguar a quién pertenecían: al Tea Party de Nueva York y a varios miembros de sus filas; una de ellas incluso pertenecía a uno de sus clientes: John Gibbons.

Senador Samuel McArthy
Por la mañana temprano, John se sorprendía al ver aparecer en su jardín al presidente James Molinaro, seguido de un par de sus guardaespaldas y su secretaría. Tras la cháchara de rigor, Molinaro pasó a cosas más serias: dijo que había recibido una llamada del senador McArthy, instándole a nombrar a John como su vicepresidente, perfilándolo para el puesto de candidato a alcalde. Molinaro insistió en el hecho de que llevaba demasiado en política como para que un "chupapollas" como John empezara a "tocarle los cojones" a esas alturas, así que esperaba que una vez él lo nombrara vicepresidente, John lo rechazara alegando cualquier excusa. Si no, podía dar por terminada su carrera política. Acto seguido se marchó bruscamente. John no sabía qué hacer, estaba confundido, así que llamó a Vincent Callahan, su compañero en el Tea Party. Vincent ponía cada vez más cara de extrañeza a medida que John le iba explicando la situación, y finalmente le aconsejó hacer caso del senador. Por supuesto, contaba con el completo apoyo del Tea Party. A continuación, John contactó con el senador McArthy, que le dio su apoyo y que tenía el pálpito de que dentro de poco tendría noticias de su hermana.

Tras comprar algunas armas, Jonas, Jack y Fred salieron hacia Delaware. De camino, McNulty recibió una llamada de sus ex-compañeros en respuesta a un mensaje que él les había enviado el día anterior con el extraño logo que habían encontrado en el helicóptero. Le dijeron que aquel logo exactamente era desconocido para ellos, pero que se parecía en cierta medida a otro: el de una empresa llamada UNSTRANS, que era la que se encargaba de transportar su equipo más comprometido (armas y demás) desde una sede a otra.
Una vez en su destino, no tardaron en encontrar el rancho de Tom Williamson, que ahora pertenecía a la cadena St.James Food & Cattle, proveedora de establecimientos de comida rápida y comedores de colegios, cuya propiedad pertenecía a la familia de Dorothy St James. ¿Casualidad? Williamson les atendió hosca pero correctamente. Admitió haber tenido una camioneta así, pero fue Mickey, el de la tienda de coches usados del pueblo, quien la vendió. En una breve visita, Mickey les enseñó el albarán de la venta, que evidentemente no había declarado a hacienda. La temblorosa firma era casi indistinguible pero para Jonas era evidente que el comprador se llamaba Mal Townsend.

Al volver a Nueva York se reunieron con Thomas en el piso del Bronx. Éste ya había comenzado a hacer pequeños traspasos a las cuentas con la ayuda de Joey. Al poco rato, acudieron al edificio donde se encontraban las oficinas de WA. Una vez allí no vieron claro el acceso. El estado físico de Joey y el volumen de Fred hacían muy difícil meterse por espacios reducidos o inestables, y la puerta era inabordable, con el guardia de seguridad de recepción y algunos itinerantes. Tras discutir algunas alternativas, decidieron que lo más prudente sería volver de día e intentarlo de otra forma.

martes, 7 de agosto de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 3

El heraldo del Caos.
La paranoia comenzaba a hacer mella en casi todos ellos. John Gibbon llamó por teléfono a Jack, sospechando de todo y de todos, para concertar una reunión por la tarde en Nueva Jersey. Poco después, era Thomas quien también llamaba a Jack, para concertar una reunión, sobre las siete de la tarde. Por conveniencia -y discreción-, decidieron quedar en Nueva Jersey, en un restaurante llamado La Dolce Vita.

Sergei Yurikov
Además de las conversaciones telefónicas, Jack comenzó el día indagando sobre Sergei Yurikov, sin éxitos nuevos. Al poco recibía una nueva llamada, esta vez de McNulty. Jonas le contó lo extraño que se había sentido al ver la foto del periódico que hablaba del incendio del hostal, con el lunático mendigo de la noche anterior en una esquina. Contradiciendo todas las informaciones que figuraban en las bases de datos de la Interpol y el FBI, Jonas aseguró que Sergei continuaba vivo.

Más tarde, McNulty recibía una llamada de un teléfono desconocido, que contestó. Preguntaban por "el irlandés"; llamaban del hospital Santa Mónica, donde tenían un ingresado en coma por quemaduras muy graves en cuyo móvil se encontraba el suyo, con ese nombre. Seguro que se trataba de Smith, que después de todo había sobrevivido; era duro el cabrón. Dejó un mensaje a Jack informándole de su visita al hospital y acudió en su coche. Jonas lo pasó fatal; todo el mundo en el hospital parecía estar observando sus movimientos, y a punto estuvo de encañonar a un par de celadores que parecían amenazarle. Debía templar los nervios. En la habitación, efectivamente comprobó que el quemado con una bala en el hombro era Smith, y alegando que intentaría buscar a su familia, se desentendió de seguros médicos, papeleos y demás.

En casa de John, dos furgonas de periodistas se encontraban en la puerta. Decidió seguir los consejos de su compañero del Tea Party Vincent Callahan y ofrecer declaraciones, para comenzar a darse a conocer. Los periodistas se mostraron ávidos, y aunque John no ofreció información que pudiera comprometer a nadie, sí apareció como víctima y esposo y padre fuerte, defendiendo la pena de muerte y la intolerancia con los radicales. Pocas horas después, las furgonas en la puerta de su casa se habían multiplicado hasta llegar casi a la docena, y el teléfono sonaba continuamente; la situación se hizo insoportable para su mujer, que fría y tristemente se despidió de él para trasladarse junto con su hijo a casa de sus padres, en Connecticutt. Un beso en la mejilla y un susurro recomendándole tener cuidado entristecieron a John aún más de lo que estaba.

En la comisaría, Jack llamó a su hermano. Con el fin de encontrar apoyo, le dijo que conocía quién había asesinado a Susan. Sin poder evitarlo, lo relacionó con McNulty, y gracias a su relación fraterna, consiguió que James se abstuviera de ordenar ninguna acción, al menos de momento. Le pidió también que usara sus contactos para conseguir toda la información que pudiera sobre Sergei Yurikov. Acto seguido partió a reunirse con John Gibbon, el concejal. John pidió su consejo, y Jack le aconsejó tener paciencia; su próximo paso era investigar el asunto que olía mal en Campbell & Weber, y eso quizá le diera alguna pista sobre su hermana. Esto también hizo que John se preocupara por el dinero de su partido, en manos de Thomas O'Hara.

Al volver a casa, John se vio acosado por multitud de micrófonos y grabadoras. Volvió a hacer declaraciones en las que hablaba de sus convicciones y lo que había que hacer, pero no revelaba información vital; no podía arriesgarse a que mataran a su hermana. Apartando a los periodistas se metió en la casa. Allí le recibió su hijo, John Jr. El muchacho quería quedarse a vivir con él, no quería marcharse, pero haciendo de tripas corazón, John lo convenció de acompañar a su madre. Sería lo mejor.

Llegaron las siete de la tarde, y en La Dolce Vita, restaurante italiano en el este de Nueva Jersey, se encontraron Thomas y Jack. La mayoría de la clientela era italiana, y Thomas pagó bien a un violinista para que cubriera sus palabras con las cuerdas. Fue necesaria la traducción del dueño del local, Artie Bucco, para que se entendieran con el músico. O'Hara informó a Jack de las posibles irregularidades de su empresa, en una conversación en la que salió a relucir el nombre de Westchester Associates. También le recomendó tener cuidado con Leopold, que no tenía ningún escrúpulo, tras lo cual la conversación derivó a la tarjeta de Westchester Assoc. que Jack había encontrado en el abrigo del mendigo la noche anterior, una casualidad inquietante. Cuando estaban acabando, se acercaron a la mesa dos tipos, italianos. El más joven presentó al más mayor, un hombre casi anciano, como Marco Grezzi. Si la memoria no le fallaba a Thomas, Grezzi era un apellido más en la cartera de clientes de Campbell & Weber, y por cómo transcurrió la conversación, era indudable que estaba relacionado con la mafia. El italiano se mostraba interesado en que Thomas tomara el control de su dinero. Aterrado por la posibilidad de tratos con la mafia y de enemistarse con Leopold, O'Hara le dio todas las largas que pudo, y lo citó en sus oficinas al día siguiente, donde podrían reunirse con su socio. Un rápido intercambio de mensajes entre Thomas y Joey Wright confirmó que Grezzi era un don de la mafia de Nueva Jersey; además, Joey le informó de que le era imposible conseguir desde el pequeño piso del Bronx más información de Westchester Assocs; si quería averiguar algo más tendrían que desplazarse físicamente hasta su sede para poder introducirse en sus servidores. Al parecer, los tenían extremadamente protegidos de ingerencias externas.

De vuelta al hotel, Thomas habló con su hijo Bobby y con su hermana Wendy. A pesar del disgusto del muchacho y de la preocupación de su hermana, le dio un cheque a Bobby que contentaría tanto al chaval como a su tía (y al marido de ésta), y lo mandó con ella, con todo el secretismo posible.

Después de desahogarse pasando la tarde en una galería de tiro, John volvió a su casa, donde tuvo que lidiar de nuevo con el maremagnum de periodistas, que incluso habían empezado a seguirle en sus desplazamientos. Recibió una llamada en su móvil de siempre: una voz desconocida lo citaba a las cinco de la mañana en una dirección, un viejo parque en un rincón apartado de Staten Island. Esta vez no cometió la inconsciencia de llamar a la policía, sino que se puso en contacto con Jack. Éste le recomendó que acudiera a la cita tranquilo, que él y Jonas se encargarían de vigilarlo. John no quería correr riesgos; se puso la pistolera bajo la chaqueta y partió hacia el parque. Allí habían llegado aproximadamente una hora antes de la cita Jonas y Jack. Éste vigilando desde su coche y aquél haciéndose pasar por mendigo. Mientras se dirigían a Staten Island ambos tuvieron una comprometida conversación en el coche referente a Jennifer O'Hara. McNulty le aseguraba que sus encargos implicaban siempre la muerte del objetivo, así que el secuestro debía de ser cosa de otra gente. Eso condujo a momentos de tensión cuando el policía recordó a su compañera muerta. Por suerte no pasó a mayores.

En el parque, McNulty y Finnegan se dieron cuenta de lo difícil que iba a ser mantener vigilado a Gibbon, dada la frondosidad de la vegetación. El irlandés incluso habló con un barrendero que se mostró poco amigable y, para más inri, hablaba con un sospechoso acento del este de Europa. Cuando Gibbon llegó pudieron ver cómo el mismo barrendero le hacía señales para que se adentrara en el parque, mientras un sospechoso helicóptero sobrevolaba la zona entre las nubes bajas. En el interior del bosquecillo John se cruzó con un par de sintechos que lo miraron con cara de pocos amigos, y en un banquito un hombre vestido con un chaqueta de cuero y gafas de sol le hizo señas para que se acercara, mientras hablaba por el móvil. Parecía que hablaba en alemán, y pasó el móvil a John, diciéndole que tenía una llamada. Otra voz con acento alemán habló por el auricular, diciendo que la ayuda de los dos hombres que le habían acompañado no le iba a servir de nada y que tenía una propuesta que hacerle, si dejaba su arma y acompañaba al hombre que se encontraba a su lado. Al responder el concejal afirmativamente, se dirigieron hacia un claro del bosquecillo donde, para sorpresa de John, apareció un helicóptero anormalmente silencioso y les tendió unos arneses. Ascendieron.

Mientras tanto, Jack había hecho todo lo posible por no perder de vista a John, pero sin éxito. Al internarse éste en el bosquecillo había tratado de seguirle, pero ver armas en manos de los mendigos que dormían en el parque le había convencido de no ir más allá. A los pocos segundos, un helicóptero oscuro había pasado sobre él, apenas sin hacer ruido. Una tecnología impresionante. Lo único que distinguió en el fuselaje fue una especie de "U" con ambos brazos coronados por una especie de astas de toro. Volvió a reunirse con McNulty, que le informó de que varios mendigos y el barrendero habían salido en direcciones distintas alejándose del parque en coches y motocicletas.

Logotipo del Helicóptero,
en el original mucho menos visible
El helicóptero ascendió para perderse entre las nubes, mientras John se sentaba enfrente de un hombre mayor, de pelo y perilla canosos, con grandes entradas en la frente y vestido con un traje que parecía extremadamente caro. Le acompañaban otros dos hombres vestidos de negro y hablaba con un ligero acento que no supo identificar. El hombre se presentó como "un amigo", un amigo que podía hacer muchas cosas por John si se mostraba colaborador. Al preguntarle por su hermana, el extranjero le contestó que de momento se encontraba bien, y que a esas alturas debía de estar ya fuera del país. Eso hizo que John hiciera más preguntas, pero no contestó ninguna más. La conversación derivó a otros derroteros. El extraño habló a John de su ambición y de las oportunidades que podría proporcionarle en un previsible ascenso al poder: alcalde y por qué no, quizá algo más. John no tuvo más remedio que mostrarse interesado. El hombre le habló de las oportunidades que podían surgir del caos, y caos era lo que le hacía falta a John para elevarse sobre las cenizas como un Ave Fénix. Sin duda, aquél hombre estaba loco; hablaba como un demente. Al preguntarle John cómo pensaba sembrar el caos para ayudarle, el viejo sacó una pistola y ¡disparó a la cabeza del piloto del helicóptero! El vehículo empezó a dar vueltas y vueltas, descontrolado, ¡mientras el tipo se reía sin parar! "¿Te parece suficiente caos éste? ¿Te lo parece?" —preguntaba sin dejar de reír. Por suerte, uno de sus acompañantes, no menos sorprendido que John, pudo hacerse con los mandos antes de estrellarse. Cuando el helicóptero se estabilizó, hicieron levantarse a John, mientras el loco le decía que no tardaría en ponerse en contacto con él, y que esperaba que aceptara su oferta. John no supo qué contestar, en estado de shock mientras le ponían algo en la espalda y lo lanzaban al vacío. Por puro instinto de sus tiempos en el ejército, tiró de la anilla y el paracaídas se abrió.

Cayó con las piernas temblando y sin habla. Finnegan y McNulty no tardaron en reunirse con él, ya que habían estado dando vueltas con el coche, intentando seguir al helicóptero. El concejal tardó en reaccionar, presa del pánico. Cuando lo hizo les contó todo lo que había pasado, y lo escucharon atentamente, asombrados. A continuación se dirigieron a casa de Jack, donde se tomaron unas copas para calmarse. John y Jonas comenzaron a congeniar; no podía decirse que se cayeran bien, pero la relación empezó a normalizarse.

Por la mañana, Thomas recibió la visita de Marco Grezzi, acompañado de otro italiano joven y otro de mediana edad, al parecer abogado. Se reunieron con Leopold. Los italianos dejaron muy claro que estaban descontentos con la gestión de éste, que les había hecho perder mucho dinero y querían cambiar de asesor. Por suerte, Thomas pudo reconducir la situación para que permanecieran fieles a su socio [punto de relato] y de paso se congració con Leopold, que le agradeció su ayuda. Sin embargo, Thomas recibió más tarde la visita en su despacho del italiano más joven, sobrino de Marco, que quería contratarlo a título personal; Thomas también se negó a esta oferta.

Esa misma mañana, Jack recibió la llamada de su hermano, que quería presentarle a su nuevo compañero. A Jack no le apetecía lo más mínimo tener un nuevo compañero dado lo reciente de Susan, pero la insistencia de su hermano terminó por convencerle. En comisaría fue presentado a Fred Mullendore, un armario de dos puertas procedente de Los Angeles, donde había tenido problemas por saltarse las normas. La verdad era que el tío era muy simpático, y el bigotillo que lucía lo hacía todavía más entrañable. Cuando Fred preguntó a Jack cómo llevaba el caso, éste se extrañó. Pero su hermano le dijo enseguida que podía confiar en Fred, él mismo le había puesto en antecedentes. Eso alivió a Jack, que enseguida informó a su nuevo camarada de la situación y le recomendó que fuera discreto.

Mientras tanto, John y Jonas se recuperaban en casa de Jack de la borrachera que habían cogido la noche anterior. McNulty se ausentó unos momentos para dejar un mensaje en el contestador automático que servía para dejar mensajes a Sergei. Dejó grabado que alguien debía contactar con él.

Mientras Jack se encontraba sacando listados de grupos paramilitares y terroristas para intentar identificar el símbolo que había visto en el helicóptero, Thomas le envió un mensaje. En él decía que el sábado por la noche pensaba infiltrarse en Westchester Associates para hackear sus sistemas y obtener toda la información que pudieran. Jack le contestó que, por descontado, le acompañarían.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 14

Separación. Planes de guerra.
Lord Jeron Seabreeze
Las naves recién llegadas comenzaron a disparar a diestro y siniestro sus catapultas y ballistas hacia los barcos enemigos. La galera de Tarth no tardó en ser abatida bajo la potencia de fuego de las estilizadas galeras Tyrell. Tras recibir un par de proyectiles en su propio barco, siguiendo las rápidas instrucciones de Jeremiah, el capitán Virren se afanó en transmitir señales a sus nuevos aliados, indicándoles su presencia a bordo. Sin embargo, al apercibirse de la situación, la tripulación creyó que era Ancel quien los había traicionado, así que lo acorralaron junto con el resto del gupo en el castillo de popa. Tras unos minutos de indecisión y amenazas, Breon defendió violentamente a Ancel de un mercenario que iba a agredirle por la espalda. La violencia se desató, el caballero errante fue reducido y con él, su compañero Garrett y su amigo Tygor Wyl. El resto del grupo, incluidos Jeremiah y Vanna, consiguió saltar al mar antes de franquear el límite de la Ensenada de los Filos en diferentes puntos del trayecto. No así Breon y Garrett, que fueron encadenados y conducidos a tierra.

Por desgracia, un pivote de ballesta había alcanzado a Ancel en el hombro nada más saltar al agua. Divididos, sacudidos por las olas y azotados por el viento y la lluvia incesantes, pasaron un rato de agonía intentando alcanzarse y llegar hasta la salvación: las galeras Tyrell, que habían permanecido alejadas del alcance de las torres de Quiebramar. Milagrosamente, tras lo que parecieron siglos de interminables brazadas y tragos de agua salada, algunos de ellos pudieron llegar hasta la galera más cercana y dirigirla en el rescate de sus compañeros.

Breon y Garrett desembarcaron cargados de cadenas en el puerto de Quiebramar y fueron conducidos sin contemplaciones hasta la presencia de lord Jeron, que, aun inválido, se mostraba mucho más dinámico que la última vez que se habían visto.

A bordo de las galeras Tyrell, el capitán Rowan Fossoway se presentó ante los hermanos Seabreeze, presentando los respetos de lady Olenna Tyrell y poniéndose a las órdenes de Ancel. Lo primero que hicieron fue dirigirse a la isla de los Raer, donde destruyeron o hicieron huir a todas las naves que impedían el acceso a Escollera. Perdieron una de las galeras, pero a cambio consiguieron la gran coca varada frente a la fortaleza. Garantizado su acceso a Escollera a través de la escalera del acantilado, pudieron por fin hablar con lord Edgar. El señor de los Raer acordó prestarles prácticamente la totalidad del oro de sus arcas para poder contratar mercenarios más allá del mar. Plantearon las posibilidades que tenían: Tyrosh, Braavos, las tierras en disputa... Lord Edgar expresó repetidas veces su preocupación por aquel préstamo: si por alguna razón los Seabreeze no eran capaces de devolverle el dinero en breve, la casa Raer desaparecería de un plumazo. El grupo le prometió que aquello no pasaría.

Durante un par de jornadas, Breon se resistió a los intentos del señor de los Seabreeze de hablar con él para obtener información, confiando en que sus compañeros y amigos acudirían a rescatarle pronto...
(la historia de Breon está censurada por el momento)

...


Tras recuperar el oro de lady Olenna que había permanecido escondido en la playa donde habían desembarcado la primera vez y descansar una noche en Escollera, el grupo decidió por fin cuál sería su curso de acción. Ancel y Jeremiah partirían junto al capitán Virren, con el oro y una parte de las galeras hacia Tyrosh para negociar con la Compañía del Gato, las Lanzas Largas, los Escudos de Hierro o cualquier compañía que pudieran encontrar rápidamente. Por otro lado, Berormane, Vanna y Rowan Fossoway viajarían a Braavos para hablar con Meravon Ryth, el hermano de Voredyn, a quien presentarían la carta que éste había escrito en código e intentarían convencer de prestarles ayuda. Jeremiah y Ancel les proporcionarían también una carta con el sello Seabreeze donde explicaban la situación.

El viaje a Tyrosh serían cinco días de ida y cinco de vuelta en el mejor de los casos por un camino plagado de piratas y lobos de mar, mientras que estimaban que el viaje a Braavos no sería inferior a dos semanas de ida y dos de vuelta. Para tranquilizar a lord Edgar, Ancel y Jeremiah le aseguraron que estarían de vuelta en Olara en un plazo no superior a quince días, aunque suponían que sería algo difícil. Lord Edgar también proporcionó algunos cuervos a Berormane para poder comunicarse en su larga travesía. Con suerte, el maestre conseguiría adiestrar a los pájaros en pocos días.

miércoles, 25 de julio de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 2

Secuestro. El contacto se estrecha.

Sin perder tiempo, el inspector jefe James Finnegan, hermano de Jack, los llevó en su coche hasta el piso de Thomas en la calle 67, frente a Central Park. Al incorporarse McNulty al grupo, Jack se lo presentó a su hermano, que lo miró suspicazmente.

No tardaron más de un cuarto de hora en llegar. Sólamente uno de los tres ascensores funcionaba [punto de Relato de Thomas] a duras penas. Los más fuertes físicamente empezaron a subir por las escaleras, mientras Thomas y John subían en el ascensor, que sufría unos preocupantes traqueteos. Tras lo que pareció una eternidad, estos últimos llegaron antes a la planta 15, donde se encontraba el piso. La puerta estaba cerrada y sin señales de haber sido forzada. Cuando llegaron los que subían por la escalera se encontraron con un Thomas presa de una pequeña crisis de ansiedad, mientras James pedía calma y pensaban en qué hacer. En un momento dado oyeron un fuerte ruido proveniente de las escaleras superiores, y McNulty y Gibbon se apresuraron a subir. Mientras, James, Jack y Thomas entraron en la casa de éste. Ni rastro de su mujer ni su hermana, y para colmo, el conserje estaba en el suelo del comedor, con un disparo en la sien y una pistola en la mano, en una postura de aparente suicidio.

Cuando McNulty y Gibbon se acercaban a la azotea del edificio, el ascensor se paró. Por suerte [Punto de Relato], Jonas encontró el modo de salir por la parte superior. Un fuerte ruido de aspas de helicóptero se hizo claro y evidente, así que corrieron por las pocas escaleras que conducían a la terraza, provista de piscina y unos cuantos arbolitos. A lo lejos divisaron un helicóptero, que se alejaba rápidamente; fuera lo que fuera lo que había pasado allí, habían llegado tarde.

La policía llegó al poco tiempo, varios efectivos de Manhattan -entre ellos el capitán Joel Gordon-, ya que Finnegan había pedido refuerzos antes de entrar al edificio. Durante los interrogatorios a cada uno de los personajes, que fueron largos y llenos de tensión, McNulty y Gibbon tuvieron un roce especialmente fuerte, que hizo que surgiera una animosidad peligrosa entre ellos. A partir de las declaraciones de Thomas, Jack se hizo un esbozo del organigrama de Campbell & Weber, y preguntó al ejecutivo si había conocido a Susan Ward hacía unos meses. En primera instancia, Thomas no recordó a la mujer, pero enseguida hizo memoria. Sí, era cierto que la señorita Ward había hablado con él haría unos tres meses, sobre unas posibles denuncia por estafa y malversación hacia su compañía. Al informarle Finnegan de que Susan había muerto más tarde ese mismo día, Thomas se mostró compungido y le dio su más sentido pésame.

En uno de los pequeños recesos en las conversaciones, O'Hara y Gibbon recibieron sendos mensajes de texto de un origen desconocido: "Sea discreto. Muy discreto", rezaban. Parecía que los estuvieran vigilando. Thomas lo tomó al pie de la letra y a partir de entonces intentó no dar más información, pero John Gibbon, indignado, enseñó lo que había recibido al capitán Gordon. No tardó en recibir un segundo mensaje que simplemente decía "Bang!". Este segundo mensaje fue definitivo y John empezó a considerar seriamente dejar de colaborar con la policía. Poco después recibía la llamada de James Molinaro, que le dijo que no se preocupara, que le pondrían toda la escolta y protección que hiciera falta; había hablado con el capitán Johansson de la policía de Staten Island y todo estaba acordado; debería acudir a la comisaría y hablar con él.

Mientras tanto, el móvil de Jonas había registrado más de veinte llamadas perdidas de Smith.

Pocas horas más tarde, John llegaba a la comisaría de Staten Island, donde le aseguraron que el capitán Johansson se encontraba indispuesto y había tenido que marcharse. En su lugar, le pasaron con el teniente Duval. El teniente tranquilizó a un John muy nervioso, que además insistió en la necesidad de investigar a un tal Jonas McNulty que le parecía muy sospechoso. Duval le aseguró que ya habían enviado escoltas a su casa para guardar a su familia, así que John se marchó a reunirse con su familia. Al salir de la comisaría, recibió una llamada, de nuevo de un número desconocido: "no escarmientas, eh?" —dijo una voz al otro lado del teléfono. A continuación, un grito de su hermana le heló la sangre en las venas. Llegó a casa con el rostro blanco, muy nervioso. La frialdad de su mujer no contribuyó a mejorar las cosas, así que optó por tomar tranquilizantes y dormir.

Por su parte, Thomas se trasladó junto a su hijo Bobby -que había llegado a media tarde a casa y había sido atendido por un psicólogo- a una suite del hotel Excelsior, donde estarían vigilados en todo momento por un agente en la puerta y en el interior.

Jack y Jonas se metieron en la cafetería junto al edificio de Thomas, donde mantuvieron una larga conversación sobre el asunto. Desde luego, algo olía a sumamente podrido allí. Tras alguna que otra cerveza, Jonas decidió sincerarse y confesó a Jack que había tenido "algún que otro tonteo" con el IRA hacía varios años, pero que era cierto que había sido policía en Dublín. A mitad de conversación, Jonas decidió coger por fin el teléfono a Smith en una de sus muchas llamadas: obviando el cabreo impresionante de su compañero, quedó con él de malas maneras en la pensión a medianoche.

Fue entonces cuando la pareja reparó en una camioneta que se había detenido al otro lado de la calle, y el ocupante miraba fijamente hacia el portal de Thomas. Su conductor, aparentemente un mendigo, no tardó en bajar y acercarse como si estuviera en trance sin apartar la vista del portal. Al echar un vistazo a la cabina de la camioneta, Jonas pudo ver que el asiento del conductor rebosaba de revistas de temática paranormal. A continuación se reunió con Jack, que se había acercado al mendigo. Éste se había internado por un callejón lateral del edificio, y miraba hacia arriba, comportándose como un lunático; no paraba de murmurar "han estado aquí, han estado aquí...". A McNulty le dio muy mala espina y se apartó. Cuando Jack intentó detenerlo, el mendigo, un hombre entrado en la madurez, de unos cuarentaytantos o cincuenta años, sólo acertó a gritar "¡nononononono! ¡muerte! ¡muerte! ¡helicópteros!", una letanía que no dejaba de repetir. Al final decidieron dejarlo marchar para no llamar demasiado la atención. Pero consiguieron algo: en uno de los bolsillos de su gabardina encontraron una tarjeta de visita muy deteriorada, donde sólo se alcanzaba a leer "Westchester Assoc".

Pasada la medianoche, Jonas se dirigió a la pensión, a donde entró con todo el sigilo del mundo. Llegó a su habitación sin ser visto. En la habitación de Smith, la contigua, se oía la televisión con un volumen altísimo. Al revisar la pistola de la cómoda, vio que le habían quitado el cargador. Por suerte [Punto de Relato] había pegado con cinta aislante unos cargadores y una pistola de repuesto tras la cisterna del water. Decidió saltar del balcón de una habitación al de la otra. Allí se encontró con Terence agarrado a una botella vacía de whisky, dormido babeando y con la tele a toda marcha. El cabrón estaba borracho como una cuba. No tuvo problemas para quitarle el arma, engatillarlo y atarlo con el cordel de la cortina. Comenzó a interrogarlo acerca de Sergei y sus contactos, pero Smith no le pudo dar ninguna información que McNulty no conociera ya, aparte de que Sergei había llamado y al mencionar el trabajo que Smith no conocía, éste se había cagado en todo. Alguien llamó a la puerta: una voz con acento del este de Europa preguntó si todo iba bien, que bajara la puta televisión. McNulty fingió y bajó la voz de la tele; eso apaciguó a los rusos mientras él seguía interrogando a Smith. Se oyó un móvil sonar, y al poco llamaban a la puerta de nuevo. Esta vez no pudo disimular y empezaron a patear tanto la puerta de esa habitación como la de la contigua. Tenía que salir de allí. Se oyeron los gritos de la casera quejándose, un "pew", y no más quejas. Por suerte, en la parte trasera había escaleras de incendio [Punto de Relato] y salió como alma que lleva el diablo, mientras un disparo acallaba los gritos de Smith y algunas balas pasaban silbando muy cerca.

¿A dónde podría dirigirse ahora? No le quedaba más remedio que acudir al único "amigo" que conocía. Jack lo recibió medio dormido, y al ver su aspecto lo dejó entrar rápidamente. Se sirvieron unas copas, y entonces el policía fue sacudido por lo que le dijo su nuevo amigo, que se sinceró contándole lo de Susan Ward y su implicación en el asunto. También lo del IRA. Jack reaccionó violentamente, pero McNulty consiguió apaciguarlo, haciéndole pensar en la situación. Bebieron juntos hasta el amanecer.

Por la mañana, John recibió la llamada del teniente Duval: el tal McNulty parecía limpio, aunque su hermano y su padre habían estado estrechamente vinculados al IRA y habían sido encarcelados en varias ocasiones. Sí era cierto que McNulty había pertenecido al cuerpo de policía de Dublín, pero hacía un par de años que lo había dejado. John colgó el teléfono, pensando que eso no coincidía con lo que McNulty había dicho: según él, el nombre de Jennifer O'Hara había aparecido en una investigación hacía pocas semanas, pero si hacía años que ya no era policía...

Escamado por todo lo que había sucedido el día anterior, John llamó a Jack Finnegan, que se encontraba vistiéndose, resacoso. Quedaron para más adelante ese mismo día, ante las dificultades que le había planteado acudir a la policía "convencional". A continuación Finnegan se trasladó hasta la comisaría 88th Precinct para la entrevista con la psicóloga que deseablemente le valdría el alta médica. La doctora Julia White, una mujer muy atractiva, juzgó adecuado que Jack volviera al servicio activo, así que Jack, entre murmullos de sus compañeros, se presentó ante su hermano. Éste le devolvió su arma y, en petit comité, le permitió seguir con el caso de Susan durante un par de semanas, pero le exigió la máxima discreción. Jack no tardó en concertar sendas citas con Dorothy St.James y Leopold Croix-Parker, de Campbell & Weber, y en obtener algo de información sobre Sergei Yurikov, de quien Jonas le había hablado la noche anterior. Al parecer, era ucraniano y era un pez gordo dentro del terrorismo internacional. Alguien con quien habría que tener mucho cuidado. También averiguó la dirección del dueño de la camioneta que conducía el mendigo loco con el que se habían encontrado la noche anterior.

De vuelta a casa de Jack, McNulty escupió el café del desayuno cuando, ojeando el periódico, dio con la noticia sobre un incendio la pasada noche en el edificio de la pensión donde se había encontrado alojado, y en una esquina de la foto que acompañaba el texto pudo ver la silueta del mismo mendigo de la noche anterior, observando fijamente la escena.

Thomas acudió a su oficina, aparentando normalidad. Allí, su secretaria Lisa le dio inmediatamente una memoria USB que un tal Joey de informática había dejado para él. Al poco de sentarse a examinarlo, Lisa le pasó la llamada de Joey. Esa misma mañana había recibido una carta de despido de Leopold. A Thomas se le ensombreció el ánimo, e inmediatamente llamó a su compañero inversor. Leopold le aseguró que el tal Joey había hackeado sus bases de datos y había filtrado información de sus clientes, aunque no conocía el destinatario. Thomas respiró aliviado. Convocó a Joey a su despacho, y sospechando que estaban siendo vigilados, le echó una buena bronca mientras ponía una nota en su mano. En ella le pasaba palabras tranquilizadoras y le aseguraba que seguiría trabajando para él. Acto seguido, se puso a investigar los balances contenidos en la memoria USB. Enseguida se hicieron evidente a sus ojos las irregularidades del cliente de Leopold Westchester Associates. Desvíos de fondos poco claros a Japón, Sudáfrica, Alemania, Ucrania, Canadá y algunos otros países, fondos ingentes que estaba claro que no podían pertenecer a un bufete por famoso que fuera. Westchester representaba a multitud de empresas, y seguro que los nombres de muchas de ellas no aparecían en aquellos balances y registros. Efectivamente, las fuentes de los fondos de inversión no constaban en ningún apartado, a excepción de unas cuantas que no podían proveer ni de lejos todo el capital que manejaba el bufete.

Tras guardar la memoria USB en la cámara acorazada de su banco, Thomas dedicó el resto de la mañana a poner en marcha el plan al que había estado dando vueltas últimamente: ultimó los detalles del alquiler del pequeño y discreto apartamento que había encontrado en Bronx con nombre falso, consiguió unos móviles nuevos para él y para Joey, y alquiló también un apartado de correos para la correspondencia secreta.

viernes, 20 de julio de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 13

¡Capturados!

Pero el gozo de los pescadores cayó en un pozo cuando Ancel le dijo a Ledwig, el anciano, que necesitaría su barco de pesca para viajar hasta Quiebramar. Al anciano le temblaban los labios, y más cuando el primogénito Seabreeze le contestó que no sabía cuándo podrían devolvérselo. Y sin ofrecer nada a cambio. Al viejo no le quedó más remedio que aceptar, por supuesto, pero el nieto lanzó miradas afiladas de odio al grupo que nadie pareció advertir.

Botes de pescadores
Esa noche fueron despertados en su sueño por una veintena de soldados con armaduras desiguales y armados con ballestas. Los pescadores se habían ido y ellos, medio dormidos y sin las armaduras puestas no pudieron ofrecer apenas resistencia. Fueron despojados de todas sus posesiones, conducidos a una parte del campamento de asedio cercana a las letrinas y arrojados a un hoyo excavado en la tierra mojada, tapado por un entramado de tablones y cadenas que hacía las veces de prisión. Allí pasaron algo más de dos días en la oscuridad total, oliendo a excrementos y durmiendo en el barro. Comían las pocas frutas podridas que les tiraban. Por toda compañía tenían a otra persona que ya estaba allí antes, con la cara destrozada y las piernas rotas. Era un mercenario que había cometido el error de robar a sus compañeros; la muerte se lo llevaría pronto, era lo mejor que podría pasarle.

Transcurrido un tiempo que al grupo le fue imposible de calcular, las continuas súplicas de Vanna por salir de allí y que habían acabado quebrándole la voz parecieron surtir efecto. Fue sacada del pozo por un estrecho resquicio que abreiron los guardias. Éstos la condujeron agotada a presencia de ser Jon Wylde, el comandante del pequeño ejército. La acribillaron a preguntas que Vanna pugnó por no contestar mientras le ofrecían un muslo de pollo. Sin embargo, no tuvo más remedio que contestar algunas de ellas, como por ejemplo, dónde se encontraba Melina Raer. Al enterarse de que la habían llevado a Caparazón Recio, un fugaz gesto de consternación apareció en el rostro del comandante. A no tardar, devolvieron a Vanna al agujero.

Unas horas después fue el turno de Ancel. Convocado por Jon Wylde, lo arrastraron hasta su pabellón. El líder del ejército se encontraba con ser Baeron Connington -el comandante del ejército Seabreeze- , un tal Mikken Yelmofrío y el tyroshi Daario Naharis, líder de los Cuervos de la Tormenta destacados en el asedio de Escollera. Mientras le conducían hacia allí, el ojo experto de Ancel se fijó en todo lo que pudo; las catapultas estaban casi terminadas. La única razón por la que parecían no estarlo ya era por la incesante lluvia que impedía trabajar en condiciones a los ingenieros. Una vez en el pabellón, fue saludado lacónicamente por ser Baeron, que le dio socarronamente recuerdos de parte de lord Jeron. Tras hacerle tantas preguntas como a Vanna y no poder quebrantar su silencio, fue devuelto al agujero sin contemplaciones.

Campamento de asedio, más o menos :)
Jeremiah fue el último que se llevaron. Ser Jon volvió a hacerle las mismas preguntas, confirmando definitivamente el paradero de Melina Raer y la forma en que habían llegado a la isla. Tras el interrogatorio, el comandante Wylde transmitió al Seabreeze los deseos de su padre de que renunciara a su hermano y su madre y aceptara el manto de heredero, jurándole fidelidad. Jeremiah [punto de destino sacrificado] fingió aceptar a cambio de llevarse a todos los demás a Quiebramar, por supuesto acompañado por una escolta de soldados Wylde y mercenarios. Contra todo pronóstico, Jon Wylde aceptó sus condiciones. Tras estrechar sus manos, el capitán entregó a Jeremiah el mensaje que su padre había enviado donde daba las órdenes respecto a sus hijos y su mujer. El Seabreeze disimuló el hecho de que no sabía leer, pero una vez reunido con Berormane, éste se la leyó en voz alta. Para sorpresa del joven, la carta estaba escrita por el "fiel sirviente" de lord Jeron, ¡¡Voredyn Ryth!!. El ojo experto del maestre no tardó en ver algo raro en la carta. Efectivamente, había algún tipo de código oculto en sus palabras. Aunque tardó unas horas en descifrarlo completamente, pronto se hizo evidente su mensaje: Voredyn instaba a "quien lo entendiera" a ponerse en contacto con su hermano Meravon Ryth, banquero del Banco de Hierro de Braavos. Desde luego, un contacto que les permitiera acceso a tal cantidad de dinero sería muy útil.

La noche anterior a su partida en barco hacia Quiebramar decidieron que era imprescindible sabotear la construcción de las catapultas para ganar algo de tiempo. La lluvia los escudaría en su cometido. Ancel consiguió salir del pabellón donde los custodiaban vistiéndose como Berormane, y a cambio de un puesto fijo en el consejo Seabreeze, la promesa de una buena cantidad de dinero y su amistad, [punto de destino gastado] consiguieron convencer al jefe de los ingenieros Seabreeze, Mooton, para que saboteara las catapultas. Por la mañana, tres de las cuatro catapultas aparecieron reventadas, y la tercera maltrecha. Se corrió la voz de que las lluvias las habían hinchado y que las cuerdas que se habían empleado eran de mala calidad. Aquello daría un respiro a lord Edgar.

El viaje a Quiebramar era de poco más de veinte kilómetros, tiempo insuficiente para convencer a algunos de los guardias que los custodiaban de que cambiaran de bando. Jeremiah intentó reunirse a solas con el capitán Seabreeze que comandaba la galera, sin éxito. Al llegar a las inmediaciones del puerto de Quiebramar, varias galeras salieron a su encuentro para escoltarlos: dos Seabreeze, una de Tarth y una cuarta con el estandarte de los Mertyn, cosa que les sorprendió. En ese momento, el vigía dio un grito de alarma, confundido [punto de destino de Vanna]: una veintena de galeras con el estandarte Seabreeze se acercaban a velocidad de combate desde babor. El corazón de los personajes se aceleró, y una ligera sonrisa afloró a sus rostros; ¡las galeras Tyrell llegaban con un par de jornadas de adelanto!


martes, 17 de julio de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 1

Encuentro.

Jennifer O'Hara
Jonas McNulty amaneció temprano, dispuesto a acudir a Campbell & Weber para investigar algo más sobre Thomas O'Hara. Uno de los jefazos de la empresa, al parecer. Hacía poco más de cuarenta y ocho horas que había abierto el sobre que alguien había depositado en la casilla de correos de parte de Sergei. Jennifer O'Hara, hermana de Thomas. ¿Por qué la querrían muerta? Jonas no estaba dispuesto a que ocurriera lo que había ocurrido hacía unos meses, cuando Smith había asesinado a sangre fría sin su consentimiento. Quizá era hora de cambiar su vida, y empezaría en ese momento. El cabrón de Smith entró en la habitación, bebido como siempre. Terence Smith era el compañero que le habían impuesto cuando había empezado a trabajar para Sergei hace poco más de un año, y tenía a Jonas hasta las pelotas. No era nada más que un puto psicópata al que le encantaba matar y beber, y quizá alguna otra depravación que McNulty prefería no saber. El trabajo en la empresa de entretenimiento infantil estaba acabando con la paciencia de Smith, y se mostraba cada vez más agresivo. "¿Estás seguro de que todavía no hemos recibido ningún encargo?" —preguntó. A Jonas no le costó mentir y asegurarle que no había nada para ellos todavía; Smith rezongó, pero lo dejó tranquilo después de unos momentos de tensión.

A McNulty no le gustaba moverse por el distrito financiero, se encontraba fuera de lugar, pero decidió salir cuanto antes. Cuando salía de la pensión del distrito portuario donde se encontraban alojados, la voz de Smith volvió a increparlo.

— ¿A dónde vas con tanta prisa? —Smith escupía un poco de salivilla con cada palabra. Asqueroso.

Jonas inventó una excusa y salió. Vio que Smith le seguía, pero un cambio rápido de taxi bastó para despistarlo.

Jack Finnegan se sentía agotado. Había pasado los tres últimos meses dándole vueltas a la muerte de su compañera, Susan Ward, asesinada de un tiro en la cabeza. De su coche incendiado había rescatado unas notas y una grabadora que no había podido salvar del fuego. Dormir poco más de dos horas por noche destrozaba los nervios de cualquiera, y en comisaría le habían dado la baja por depresión. Aunque ya se sentía mucho mejor, seguía obsesionado y pernoctando dándole vueltas a la información que había caído en sus manos. Iba en contra de las órdenes de su hermano James, el comisario jefe, seguir en la investigación, pero no iba a dejar así aquello. Por fin, hacía un par de días que había encontrado un nombre: Campbell & Weber, una empresa de inversión en el distrito financiero de Manhattan. Así que, dispuesto a aclarar aquello, llevaba dos días vigilando la puerta del edificio donde se encontraba desde la cafetería que había justo enfrente. ¡Y mira qué casualidad! A media mañana entró por la puerta uno de sus nuevos conocidos de Brooklyn, Jonas McNulty, un tipo raro que se dedicaba a entretener niños en fiestas. Aunque ante el ojo experto de Jack Jonas se mostró incómodo al principio, se saludaron efusivamente y pidieron unas cervezas, riendo y comentando la casualidad que los había llevado allí. Su mutua simpatía por la tierra irlandesa y el rencor a los británicos les había hecho empatizar rápidamente. McNulty inventó una excusa y Jack sí que habló más abiertamente de Campbell & Weber.

Thomas O'Hara llevaba preocupado unas semanas. La procedencia del dinero que manejaba Campbell & Weber y, sobre todo, el de sus otros dos colegas Investor Managers parecía cada vez más sucia. Hacía un tiempo que había pedido la ayuda de Joey Wright, uno de los informáticos de la empresa, con quien al parecer compartía un apego por la legalidad que iba más allá de otras lealtades. Joey había hackeado las bases de datos, y los listados que hacía llegar a Thomas cada vez eran más preocupantes. Sobre todo había un cliente, el bufete Westchester Associates, que apestaba por los cuatro costados. También había tenido buen cuidado de aislar el capital de ciertos clientes por si necesitaba dejar precipitadamente a sus socios; lo sentía por su suegro, pero no estaba dispuesto a colaborar con una empresa cuyo capital podía proceder de fuentes delictivas. Se encontraba recalculando unos balances cuando su secretaria, Lisa Berg, le pasó una llamada urgente. Era su hermana Jennifer. Apenas podía entenderla porque hablaba entre sollozos:

— Tienen a Nora, Thomas. Se la han llevado y no sé qué han hecho con ella. Llego a las doce y media en autobús.

Thomas quedó muy preocupado, y excusándose ante Lisa, se marchó rápidamente a la estación de Bronx a esperar la llegada del autobús procedente de Boston.

John Gibbon había tenido una agenda muy atareada en los últimos días. El presidente de distrito Molinaro se mostraba muy activo en la movilización del electorado, y ya se rumoreaba que quería presentarse a la alcaldía de Nueva York cuanto antes. Como miembro de su gabinete, John veía allí la oportunidad de progresar y colaborar en el saneamiento de Estados Unidos, como un buen republicano. La recuperación de los valores tradicionales era fundamental para volver a ser una nación respetada y sana. Pero hacía un par de días había recibido una escueta llamada, de una voz distorsionada:

— Tenemos a su hermana Nora. Cuidado con lo que hace. Espere instrucciones.

Nora. Su hermana más pequeña. Era cierto que se había convertido en una especie de hippy, pero aun así era su hermana. Sin dudarlo un momento, llamó a la policía, que inmediatamente había montado un dispositivo de escucha en su teléfono, con dos agentes atendiéndolo día y noche.

Jack Finnegan, John Gibbon,
Jonas McNulty y Thomas O'Hara

 Inventando una excusa, McNulty dejó a Finnegan y se metió en el edificio de enfrente. En la entrada le pusieron algunos problemas, pues su pinta con chupa de cuero y tejanos dejaba algo que desear, pero alegando que era un repartidor que traía un pedido pudo subir rápidamente a la planta 25, donde se encontraba Campbell & Weber. Las secretarias de recepción tampoco se mostraron muy receptivas, pero la labia de Jonas se impuso y finalmente, aunque le dijeron que el señor O'Hara había salido, lo dirigieron a su secretaria, Lisa Berg. Jack no tardó en seguir a Jonas, entrando en el edificio con muchos menos problemas. En recepción, incluso una secretaria, Jenny Milton, le hizo ojitos y le dio su tarjeta. Mientras tanto, McNulty había trabado contacto con la secretaria de Thomas, a la que instantáneamente había caído mal por sus rudos modales. Cuando Jack entró en el despacho y lo encontró allí se sorprendió, pero un gesto cómplice de Jonas le hizo guardar silencio. Jack se presentó como policía y concertó una cita para dentro de dos días con O'Hara. Acto seguido se marchó sin cambiar palabra con Jonas. Éste, tras un tira y afloja intenso con Lisa, consiguió que la secretaria llamara por teléfono a Thomas, diciéndole que había alguien que quería hablar con él urgentemente. McNulty consiguió citarse a las seis de la tarde con O'Hara en la cafetería de enfrente, tras lo cual se marchó rápidamente; había inventado la milonga de que tenía una furgoneta con un reparto a nombre de O'Hara y no quería que llamar la atención de los de seguridad. En la salida se encontró con Jack, que le preguntó qué demonios hacía él allí. Jonas se lo contaría tomando unas cervezas. Así que se sentaron en la cafetería de enfrente a la espera de que acudiera Thomas O'Hara.

En la estación de autobuses, por fin llegó el procedente de Boston. Tras unos instantes de angustia, al fin bajó Jennifer, que al ver a Thomas corrió a abrazarlo entre sollozos. Él la tranquilizó y se dirigieron a coger un taxi, no sin antes fijarse que dos tipos con gafas de sol y muy serios los seguían. Aquello empezaba a no gustarle a Thomas, que se situó junto a un coche patrulla en la puerta de la estación. Finalmente, pudieron coger un taxi que les llevó a su casa frente a Central Park sin más incidentes. Cuando estuvo duchada y tranquila, Jennifer le contó que había sido testigo del secuestro de una compañera suya en la ONG de Boston American Iniciatives For Children. Unos hombres la habían metido en un coche a la fuerza, golpeándola. Nora Gibbon y ella nunca habían tenido mucha relación, pero hacía varios días que la muchacha se había mostrado más cercana y con un aire muy preocupado; había repetido en varias ocasiones que tenían que hablar a solas cuando tuvieran algo de tiempo. Y en la huida habían intentado atropellarla; de hecho, le dolía una cadera. Thomas llamó al instante a un médico para que atendiera a su hermana, y de repente cayó en la cuenta del apellido de su compañera secuestrada: Gibbon. Hacía poco que Thomas había conseguido un nuevo cliente: John Gibbon, del partido republicano de Staten Island. Tras un par de llamadas, confirmó sus sospechas: Nora era la hermana de John. Sin perder tiempo, llamó a éste por teléfono. Para su sorpresa, Gibbon se mostró frío y calculador, rozando la psicopatía en su opinión, pero le informó de todo lo que sabía.

John trataba de guardar la compostura mientras los policías grababan su conversación con O'Hara. Finalmente quedó con él a las siete de la tarde en la cafetería de enfrente de Campbell & Weber. Los policías le pusieron un micro y le llevaron al punto de reunión, donde esperarían fuera por si tenían que intervenir.

Jack y Jonas se sentaron en la cafetería a comer. Se entabló una larga conversación entre ambos, durante la cual McNulty reveló su condición de policía en Dublín y que había acudido al edificio siguiendo el nombre de Jennifer O'Hara. Enseguida, Jack llamó a su hermano para pedirle el favor de que averiguara todo lo posible sobre Jennifer O'Hara. James lo reprendió por seguir haciendo averiguaciones, pero le aseguró que haría todo lo que pudiera. Siempre tenía tiempo para su hermano, aunque se encontraba muy ocupado con la ola de crímenes rituales. Precisamente en ese momento se encontraba en la escena de uno de ellos, con las entrañas del cadáver dispuestas sobre un altar entre velas e ídolos extraños. Qué asco de trabajo. Era posible que debido a ese tema, Jack tuviera que reincorporarse antes de lo previsto a su puesto. Jack le agradeció su ayuda de todo corazón, quería mucho a su hermano, que siempre se mostraba comprensivo y dispuesto.

Cuando ya llevaban varias cervezas, Jonas recibió una llamada al móvil: Smith. Le montó una bronca de las gordas. Al parecer, se había enterado de alguna manera de que hacía ya un par de días que habían recibido un encargo y él no se había enterado. Con un seco "que te jodan" McNulty dio por terminada la conversación. Puso el móvil en silencio y volvió con Jack, ocultando su preocupación.

Tras un par más de cervezas, Jack se sinceró con McNulty y le contó lo de su compañera asesinada y las sospechas que le habían llevado a investigar a Campbell & Weber. Poco antes de las seis recibió la llamada de su hermano que le dio toda la información de Jennifer O'Hara, que trabajaba en una ONG en Boston y tenía como compañera a Nora Gibbon, la hermana de un político republicano que había sido reportada como desaparecida. Interesante.

Poco después, tras dejar a su hermana y a su mujer en casa, hizo acto de presencia Thomas O'Hara. La tensión durante la conversación se podía cortar con un cuchillo. Los irlandeses se presentaron como policías y preguntaron por su hermana y la ONG. Thomas insistió una y otra vez en que deberían ir a comisaría, y aunque Jack lo puso en línea directa con su hermano, el ejecutivo siguió en sus trece. Aunque cada vez se iba suavizando más y se mostraba un poco más colaborador, no quiso revelar demasiada información. Casi sin darse cuenta, pasó una hora y apareció en la cafetería John Gibbon, andando muy recto y muy serio, actitud que mantuvo durante toda la conversación. A McNulty, paranoico en extremo, le pareció muy rara esa forma de comportarse en alguien cuya hermana acababa de ser secuestrada, pero prefirió callar. Gibbon contestó educadamente a sus preguntas, pero también insistió en que era necesario...

¡BOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMM!


Una fuerte explosión sacudió la calle, reventó el cristal de la cafetería, que cayó como lluvia sobre los reunidos, y el techo se resquebrajó y cayó. Los oídos les pitaban y apenas oían nada. Jack se encogió y no pudo reaccionar, con sus traumas disparados. Había gente ensangrentada por todas partes. En la calle, un par de personas destrozadas y un coche ardiendo. McNulty los hizo reaccionar y los sacó de allí rápidamente. Al salir, John pudo ver que el coche que ardía era el mismo en el que habían estado esperando los dos policías que le acompañaban. Le entraron ganas de vomitar. Jonas los condujo hacia el edificio de Campbell & Weber, donde entraron rápidamente mientras coches de policía llegaban a la escena. Cuando reaccionó, Jack llamó a su hermano, que le aseguró que acudiría rápidamente.

Pitándole todavía los oídos, Thomas llamó a su casa para asegurarse de que todo iba bien. Le contestó Jennifer; mientras hablaban,la mujer de Thomas, Anne, se oía de fondo hablando con un hombre.

— Todo va bien, Thomas. Han venido un par de agentes del FBI de tu parte —dijo la muchacha.
— ¿FBI? ¡Yo no he llamado al FBI! ¿Cómo...? —el teléfono se cortó, con un pitido continuo.

Thomas se quedó petrificado, y se dirigió a los demás, gritando que tenían que ir a su casa, su mujer y su hermana estaban en peligro. ¡Y posiblemente su hijo! ¡No!

La policía estaba dispuesta a preguntarles cuando llegó el hermano de Jack, el comisario jefe Finnegan de la 88th Precinct. Para entonces, McNulty había conseguido alejarse un poco del grupo y se encontraba cotilleando la escena del crimen...

jueves, 5 de julio de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Reparto de PJs


Bueno, por fin tenemos el reparto inicial de Personajes Jugadores para la primera temporada de La Verdad os hará Libres.

El grupo queda como sigue:


JACK FINNEGAN (Pablo)

Descendiente de irlandeses y veterano de la Guerra del Golfo, ahora ejerce de detective de homicidios en la policía en Brooklyn, junto a su hermano James.
JOHN GIBBON (Eric)

Prometedor político republicano nacido en Pennsylvania, de ideología conservadora radical e impulsor del Tea Party en el estado de Nueva York.
Forma parte del equipo de James Molinaro, presidente del distrito de Staten Island.
JONAS McNULTY (Jose)

Irlandés de nacimiento y ex-miembro de una organización que por ahora permanecerá en secreto, ha viajado mucho en los últimos años y ahora trabaja en Nueva York entreteniendo a los niños en eventos infantiles.
THOMAS O'HARA (Salva)

Gerente e Investment Manager de la empresa co-fundada por su suegro, Campbell & Weber Investments Inc., anda últimamente dándole vueltas a la limpieza del origen del capital que maneja su empresa.



viernes, 29 de junio de 2012

Presentando SUBSTRATA

¡Ta-ta-ta-chaaaaan!
¡Damas y caballeros! ¡Roleros y profanos! ¡Frikis y no tan frikis!
Vístanse con sus mejores galas para leer esta entrada, porque en ella se va a proceder a la puesta de largo de un sistema de rol de creación propia. Y por propia me refiero a mía, jejeje.

Cubiertas del Manual de Substrata

—¡Pues vaya novedad! ¡Anda que no hay sistemas de creación propia por la red!

¡Vaya ironía fina tiene usted, señora! En fin, tiene usted toda la razón. En realidad, yo ya supongo que a todo el que pueda leer este blog (con la dudosa excepción de mis jugadores y amigos) le importará un bledo que otro pardillo friki más haya sacado otro sistema que vende como el definitivo (que no lo vendo así, que conste). Ya lo sé. Sin embargo, como en breve voy a empezar una campaña —¡otra más!¡argh!— ambientada en época contemporánea y haciendo uso de este sistema, lo introduzco aquí para que los posibles interesados en seguir los resúmenes de las sesiones sepan al menos de qué hablo.

Con Substrata he querido aglutinar y coordinar en un solo sistema todas las características de otros juegos que me han ido calando a lo largo de los años. Basándome sobre todo en ideas inspiradas por XD6, FATE y alguno que otro más, dándoles una vuelta e incorporando características originales, he intentado crear un modelo de juego que potencie la interpretación y el desarrollo de los personajes mucho más de lo que lo hacen los juegos tradicionales. Digamos que persigo la consecución de un sistema un poco más maduro de lo habitual. De hecho, el manual tiene un punto entero dedicado a comentar la madurez necesaria para jugar; es muy fácil con este sistema caer en el abuso munchkiniano y desarrollar personajes invencibles y sabelotodos; por eso no es un juego apto para todos los jugadores. Aunque se provee de herramientas al Director de Juego para controlar tales abusos, lo más probable es que un jugador que simplemente se los plantee no se divierta con un juego de estas características.

Bueno, para no enrollarme más paso a describir un poco cuáles son los puntos clave del sistema:

  • Desarrollo del personaje basado íntegramente en el trasfondo y su descripción.
    Al revés que en un juego de rol convencional, donde el trasfondo suele ser simplemente un añadido a las habilidades y características del personaje, en Substrata juega un papel fundamental, ya que es el punto de partida del que se deriva todo lo demás.
  • Concesión de gran importancia al apartado psicológico.
    Substrata se juega mejor con personajes parecidos a personas reales, con sus traumas, sus ambiciones y sus virtudes. Para ello se proveen reglas que modelizan tales características de forma ágil y, no obstante, lo suficientemente detallada.
  • Descarga de la narración desde el Director de Juego.
    Con Substrata, el Director de Juego debe estar preparado para que sus jugadores participen de forma proactiva en la historia narrada. Los Puntos de Relato son una poderosa herramienta de la que se provee a los personajes para poder alterar en cierta medida el mundo que les rodea (a semejanza de los Fate Points de FATE, aunque con bastantes diferencias).
  • Ligereza y detalle.
    Esto es realmente difícil de lograr, pero con la introducción del concepto de "cualidades", creo que Substrata lo consigue de forma muy eficiente. De nuevo, es una idea inspirada en otros sistemas, pero que he tratado con un poquito de mayor profundidad.

El manual del juego se encuentra en estos momentos en fase Beta. Aquí cuelgo la previsualización de unas pocas páginas.



¡Saludos!