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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

viernes, 5 de julio de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 19

Agentes
El grupo decidió que lo primero que debían hacer era intentar conseguir armas. Sería peligroso, pero más peligroso era andar cerca de los secuaces de Unsup sin medios de defensa. Para ello, se desplazaron a un barrio de dudosa reputación, en los suburbios de Ciudad del Cabo, y tras largo rato y un generoso pago una prostituta los condujo a cierta discoteca donde podrían encontrar algo. Por desgracia, tantos blancos en un barrio así llamaban demasiado la atención, y un grupo de muchachos les increparon y se pusieron violentos. Tanto, que cada vez acudían más negros al lugar en actitud violenta, así que finalmente no tuvieron más remedio que huir en un taxi.

Sin embargo, no se dieron por vencidos, y transcurridas varias horas volvieron al lugar, todavía acompañados por la prostituta. Aunque los guardias de seguridad les pusieron algún obstáculo, les permitieron el paso cuando preguntaron por "Edouard". El sitio estaba atestado de gente bailando música funky y reggae, y tras ganarse varias miradas hostiles llegaron a las oficinas traseras. Allí dos armarios de dos metros se encontraban cuidando la puerta, y tras unas breves palabras en afrikaaner con el guardia que les había acompañado desde la puerta, procedieron al cacheo de los personajes. McNulty estuvo a punto de hacer una tontería cuando vio que el guarda que le estaba cacheando llevaba una "S" roja tatuada en la parte posterior de la oreja izquierda. Por suerte, se contuvo y discretamente advirtió a Jack y a John. Después de algunos minutos de espera, McNulty, Finnegan y Gibbons se encontraron en una trastienda oscura pero lujosa, donde alrededor de una mesa tenía una reunión de varios tipos trajeados, alguno de ellos consumidor de cocaína y acompañados de varias señoritas ligeras de ropa. Los presentes eran un hombre atractivo de mediana edad y perilla, que no era otro que el tal Edouard, dos hombres elegantes vestidos de armani y ya entrados en años (los tres de raza blanca), y un cuarto de raza negra, también trajeado y cuyo rostro McNulty juraría que había visto antes en algún lugar, aunque no recordaba dónde. Mientras el grupo esperaba, otro guarda apareció con un extraño aparato que pasó a corta distancia de ellos, y con una media sonrisa les sugirió que si llevaban algún aparato electrónico encima ya podían deshacerse de él.

Los tres compañeros de Edouard se despidieron lacónicamente y éste, después de apurar su copa, dedicó su atención al grupo. Tuvo lugar un pequeño interrogatorio acerca de por qué estaban allí y por qué necesitaban armas, y finalmente llegaron a un acuerdo por 5500 dólares. La madrugada del día siguiente se encontrarían en un polígono industrial bastante remoto. Salieron de allí sin más problemas, pero sin fiarse ni un pelo, la "S" en la oreja del tipo delataba que estaban tratando con gente relacionada con UNSUP, y eso no era bueno.

Al poco de salir, se dirigieron a investigar el lugar del intercambio. Parecía un polígono industrial normal y corriente, aunque semiabandonado.

Mientras tanto, en el hotel, Thomas recibía un correo electrónico ¡de su hermana Jennifer!. ¿Habría escapado o se trataba de una trampa? Tras pedirle a Joey que se asegurara de que el correo no contenía ningún virus, troyano ni cualquier otra trampa, lo abrió. El mensaje era corto y apresurado: "¿Dónde estás Thommy? Necesito hablar contigo!". El tirón familiar fue muy fuerte, pero la lógica se impuso y Thomas fue prudente. Le contestó dando largas para que su hermana se pusiera en contacto de nuevo con él.

Por la mañana contrataron un tour en helicóptero sobre la ciudad. Intentaron sobornar al piloto para volar cerca del edificio de Unsup, y aunque éste se resistió, afirmando que aquella zona era zona de exclusión excepto para helicópteros expresamente autorizados, finalmente lo convencieron. Y fue muy buena idea [dos puntos de relato], porque pudieron ver cómo un interesantísimo grupo de gente se encontraba despidiendo y entrando en sendos coches más o menos lujosos. Mientras Joey filmaba todo con su videocámara, a través de los prismáticos pudieron identificar a varios de ellos: Dorothy St. James, Merten Jund, Dylan Russell, un anciano blanco, otro hombre mayor muy elegante, el hombre de color que habían visto la noche anterior con el tal Edouard en la discoteca, y dos matones que McNulty reconoció de sus tiempos con Yurikov. Otro hecho que les llamó la atención fueron varios camiones enormes de Transworld Items que se encontraban siendo cargados en ese momento. El piloto no quería arriesgarse a acercarse más o a estar más tiempo allí, y volvieron a la base, afortunadamente sin ser descubiertos, por lo que parecía.

De nuevo en el hotel, McNulty se quedó helado. En el vestíbulo, leyendo el periódico delante de sus narices, estaba el tipo negro de la reunión con Edouard y la de hacía un rato en el puerto. Siguiéndolo muy discretamente, descubrieron que se alojaba en la habitación 1245. El talento de Joey despuntó una vez más y no tardó en descubrir que la habitación estaba reservada a nombre de Phillippe Battier. Por otra parte, tras revisar el vídeo que había grabado Joey, identificaron a uno de los hasta entonces desconocidos: Ekanem Anouh, un señor de la guerra nigeriano acusado de crímenes en Chad y República Centroafricana. Había cambiado algo su aspecto, pero Thomas no tardó en reconocerlo, pues su capital estaba en la cartera de Campbell & Webber.

Mientras esto sucedía, Thomas recibió un segundo correo de su hermana. Le decía que estaba en Lagos, y necesitaba reunirse con él, porque la estaban persiguiendo. Adjunta al mensaje iba una foto de ella misma con la cámara web del ordenador del locutorio donde se encontraba. Thomas se conmovió, pero aún así permaneció precavido: le contestó que estaba lejos, e hizo una pregunta respecto a su madre que sólo su verdadera hermana podría saber contestar. Si en el siguiente mensaje contestaba correctamente, vería lo que hacer.

Tras hablarlo un rato, determinaron que ahora las prioridades habían cambiado, y había que entrar en la habitación del negro sospechoso. McNulty fingió un infarto en recepción, lo que permitió a Joey hacer una copia magnética de la puerta de la 1245 en escasos segundos. A continuación, uno de ellos se apostó en el pasillo a la espera de una buena oportunidad, y ésta se presentó a la hora de cenar, cuando un tipo blanco y otro negro salieron de la habitación comentando el tipo de pizza que debían traer. El grupo se reunió y se dispuso a irrumpir en la suite. Abrieron la puerta, y una voz se oyó al otro lado, preguntando qué demonios era lo que se habían olvidado ahora, en un perfecto inglés americano. Se quedaron helados, y al no contestar, oyeron el amartillar de un arma al otro lado; por suerte, Jonas reaccionó rápidamente y con un cuchillo dejó inconsciente al hombre de dentro, un negro con ropa deportiva. Y lo que vieron a continuación les dejó sorprendidos. En la pared, un enorme tablón con gente que conocían y gente desconocida, y todos aquellos que conocían estaban relacionados de un modo u otro con UNSUP, incluyendo a Hans Haller. En el escritorio, un par de portátiles y tres monitores. En uno de éstos se mostraba una ruta GPS que se encontraba en movimiento hacia el interior de Sudáfrica. También pudieron ver varios cascos a través de los que se escuchaba una conversación en afrikaaner, sin duda un micrófono. Joey se introdujo rápidamente en su sistema y casi al instante quedó claro que los inquilinos de aquella habitación no eran otra cosa que agentes de la CIA. Entre los correos salientes, muchos estaban dirigidos a una tal Meredith Gender, e incluso alguno se enviaba con copia (oculta) ¡al senador Louis Lindon!. Jack le pidió a Joey que contactara inmediatamente con el senador Lindon, pero el informático planteó entonces otra duda: ¿los tipos de la CIA eran enemigos de sus enemigos o en realidad Louis Lindon no era de fiar? Tendrían que decidirlo pronto, desde luego.

martes, 2 de julio de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 28

La Sucesión
Antes de la partida, Ancel se reunió con lord Edgar, para discutir el futuro y su nueva relación. En caso de que la casa Raer fuera restaurada, una pequeña parte de la isla sería cedida a los Seabreeze, donde seguramente se alzaría una nueva fortaleza (el heredero Seabreeze no quería desperdiciar la ayuda que le habían ofrecido los Hijos del Bosque), y lord Edgar tendría que ordenar al día siguiente los trabajos de repoblación forestal integral de sus tierras, excepto en pequeños enclaves que se dedicarían al cultivo.

Pocas jornadas después, dos galeras Seabreeze partían hacia Bastión de Tormentas transportando a Ancel, Jeremiah, Berormane, Vanna y Breon junto con lady Madelyne, Tygor Wyl, los escuderos Regar y Lothar, ser Stevron Tudbury, Goran Buckler, lord Edgar Raer y, por supuesto a su capitán, Deros Tormenta.

Bastión de Tormentas

El viaje transcurrió sin incidencias, y en poco más de dos jornadas arribaban a Bastión. Allí ya había ancladas galeras de muchas de las casas de las Tierras de la Tormenta, al igual que en el patio interior, donde se habían levantado multitud de pabellones. Las casas mayores se alojaban en el interior del castilo, pero a los Seabreeze, como casa menor que eran, el castellano Ser Cortnay Penrose les ofreció un espacio en el patio donde plantar su tienda, justo entre llas mariposas negras de Horpe y el relámpago de Dondarrion.

Poco después de establecerse, Berormane y Breon visitaron la taberna de la pequeña población anexa, y allí el caballero del león se sinceró con el maestre. Le contó la historia de su infancia en el Bosque Real, y el secreto de su ascendencia. Su padre no había sido otro que Simon Toyne, que lo había engendrado con una campesina de Rocagrís en una noche de pasión. Lo demostraba el medallón que Breon llevaba bien oculto de un corazón alado, el escudo de su casa. Confió al maestre sus intenciones de reclamar lo que era suyo por derecho en el futuro, y éste le respondió que el paso más lógico a seguir sería ponerse bajo la protección de los Seabreeze cuando decidiera reclamar su herencia. Pero debería esperar todavía, a que las cosas se aclararan en las Tierras de la Tormenta. Con un apretón de manos, siguieron bebiendo.

Para su sorpresa, los Seabreeze recibieron durante los días de su estancia varias visitas de lady Olenna Tyrell, que puso buen cuidado en encontrarse en sitios lejos de ojos y oídos indiscretos. Una delegación de los Tyrell (Loras, Margaery, Willas y la propia Olenna) se encontraba de visita en Bastión por "pura casualidad". La Reina de Espinas se interesó por lo que había pasado con los Wylde, los Raer y demás, y les transmitió su esperanza de que algún día pudieran devolverle el favor que les había prestado.

Lord Harwood Fell no tardó en reunirse con Ancel. Éste, que debido a un reciente encuentro previo había quedado prendado de Dena Dondarrion, la hermana de lord Beric, se recordó a sí mismo sus deberes y renovó su promesa de matrimonio con Elora, por supuesto, y acordaron la fecha de la boda para pocos meses después, si todo salía bien con lord Renly.

Lady Madelyne siguió insistiendo a su hijo sobre la apropiación de las tierras de los Raer. Ancel no sabía cómo apagar la llama de la codicia en su madre, pero finalmente lo consiguió, proponiendo una solución intermedia: los Seabreeze se quedarían con la nueva fortaleza que se alzaría en el acantilado de Escollera y algunas hectáreas alrededor, y lord Edgar conservaría el resto de la isla y además construirían una nueva fortaleza en el enclave que su vasallo escogiera. Lord Edgar no expresó demasiados inconvenientes, y fiándose de las promesas de Ancel aceptó. Algunos de los compañeros de Ancel no se mostraron de acuerdo con tal acuerdo, pues estimaban que quizá lord Edgar pudiera dar problemas en el futuro debido al rencor que podía provocar en él tal usurpación.

Siguieron llegando casas a Bastión, entre ellos los Tudbury, los Wylde, los Swygert... pasaba el tiempo y la única ausencia relevante era la de los Tarth. La preocupación de los Seabreeze iba en aumento, pues los Tarth, junto a los Estermont, eran sus mayores valedores ante lord Renly. Sus sospechas se vieron confirmadas cuando Vanna volvió con información resultado de su infiltración en el campamento de los Wylde: la flotilla de los Tarth había sido interceptada y desviada hacia el norte, con lo que era imposible que llegaran a tiempo para la discusión. A toda prisa, el grupo decidió organizar una expedición para buscar a la escuadra de lord Selwyn.

Antes de que pudieran partir recibieron la visita de lord Renly Baratheon, acompañado de un jovencísimo caballero, ser Loras Tyrell, y su castellano ser Cortnay Penrose. Lord Renly preguntó a Ancel si había traído consigo alguno de los famosos halcones de los Seabreeze para salir a cazar con él. Ancel, consternado, se disculpó, pues no había traído consigo ninguna de sus aves. La decepción se dibujó en los rasgos de lord Renly, que a pesar de ello sonrió y se despidió educadamente. El heredero Seabreeze se maldijo a sí mismo por no haber pensado en aquello, pero ya no había remedio, así que siguieron con los preparativos de la escuadra de exploración y Berormane, Breon y Deros Tormenta partirían al día siguiente en busca de los Tarth.

Poco antes de la partida, a sugerencia de Berormane, Breon compartió con todos sus compañeros el secreto de su herencia. Tras la sorpresa inicial, la frialdad se impuso y acordaron que más adelante, cuando todo se hubiera calmado y la situación fuera propicia, los Seabreeze buscarían aliados y le apoyarían a cambio de la lealtad de su casa. No obstante, sería muy difícil, pues debería ser el propio rey en persona quien levantara el castigo de los Toyne.

Por fortuna no tardaron en encontrar el punto donde las galeras Tarth habían quedado varadas. La pericia de Deros en el mar seguía sin tener parangón, y al amanecer del día siguiente las galeras Seabreeze arribaban a Bastión portando a los representantes de la casa Tarth.

A mediodía se celebró por fin la reunión de los representantes de las Tierras de la Tormenta. La discusión se prolongó hasta bien entrada la noche, con argumentos a favor y en contra de la sucesión de Ancel Seabreeze. Los Swann se erigieron en los mayores detractores de tal horror, pues según sus propias palabras no podían aceptar a tal heredero usurpador y sospechoso de intentar asesinar a su padre. Ante el silencio de los Wylde, Vanna sacó la carta donde lord Jeron los implicaba ordenando el asesinato de sus hijos, y se la enseñó disimuladamente a Ser Jon. Esto, sumado a la mirada intimidatoria de Ancel decidió a Ser Jon a hablar. El testimonio Wylde y el anuncio de la muerte de lord Jeron fue fundamental para que los Seabreeze ganaran los apoyos necesarios entre los presentes; pero aún así, los Swann no dieron su brazo a torcer y finalmente, lord Renly, hastiado ya de tanta discusión, proclamó que la manera más fácil de decidir aquello sería un juicio por combate. Prácticamente todos los presentes brindaron y gritaron, satisfechos; pocos minutos después las mesas se habían apartado dejando un círculo en el gran salón donde Jeremiah y Ser Balon Swann entraron con sus armas y armaduras. La destreza del caballero Swann era bien conocida en el reino, y cuando Jeremiah no le dio oportunidad casi ni a blandir su espada al dejarlo sin respiración y derribarlo tras apenas un par de fintas, todos los presentes se miraron asombrados y confusos. Hasta que los Tudbury, Fell y el resto de casas afines a los Seabreeze estallaron en vítores, aclamando a Ancel como nuevo lord y a Jeremiah como su gran campeón. Lord Renly se incorporó a los vítores, aún sorprendido por la destreza demostrada por el más joven de los Seabreeze, y brindó por el nuevo lord, brindis al que no tuvieron más remedio que incorporarse todas las casas presentes.

"Por fin", pensó Ancel. "Ahora no habrá nada que detenga a los Seabreeze de alcanzar la gloria que merecemos".


FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA

jueves, 6 de junio de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 27

Sorpresas en la isla Raer
Durante las semanas en las que se llevó a cabo la búsqueda de las patrullas perdidas en la isla de los Raer, Berormane se encargó de tratar a ser Tristan Errol, el reciente nuevo capitán de la guardia de halcones aquejado de una fuerte infección debido a las heridas del combate. El maestre se estaba convirtiendo en un verdadero virtuoso de la curación y los cuidados médicos, y no sólo se dedicó a mejorar al caballero, sino que probó con él un nuevo tratamiento de las infecciones basado en pequeñísimas dosis de fuego valyrio que probó ser altamente efectivo.



A los pocos días de iniciar la búsqueda, un barco procedente del continente arribó a Quiebramar, transportando a lady Madelyne, ser Goran, Megara y Melina Raer. Iban acompañados además por ser Stevron Tudbury (el padre de Regar, escudero de Jeremiah) y algunos guardias de su casa. La recepción fue adecuada y el reencuentro tuvo sentimientos enfrentados. Melina se había enterado de lo acontecido en Escollera y la desaparición de su padre, y se retiró enseguida con miradas de rencor a todos los reunidos. Megara también expresó su malestar a su hermano Ancel. Habían perdido a su padre y la casa de su amiga, y no podía sino culpar a sus hermanos de ello. Haciendo un aparte con sus hijos, lady Madelyne los puso al día de todo cuanto sabía y les planteó el que, en su opinión, debería ser su próximo paso: reclamar ante lord Renly las tierras de los Raer como propias. Ancel no se mostró de acuerdo con tal idea, y, al igual que Jeremiah, prefería restaurar su casa banderiza, pues era posible que lord Edgar no hubiera muerto, y además estaba Melina, que era la legítima heredera. Lady Madelyne resopló, pero aceptó la decisión de sus hijos. Durante la cena y la velada posterior, Ancel y Jeremiah limaron asperezas con Megara y le hicieron comprender que habían hecho todo cuanto había estado en su mano para ayudar a los Raer, comprometiendo incluso a un heredero Estermont. Ante la mención de ser Alyn, Megara se encogió: su amor por él era evidente, y sus hermanos le prometieron que lo encontrarían; después de eso, los tres hermanos se fundieron en un abrazo. Con Melina también mejoró la situación cuando la hicieron partícipe de sus sospechas acerca de la posibilidad de que lord Edgar siguiera vivo [por un punto de destino]. La heredera Raer quedó expectante por ver en qué terminaba todo aquello.

Una vez arreglados los asuntos de Quiebramar, el grupo siguió con la búsqueda de los desaparecidos en la isla Raer. Ya habían localizado previamente el área donde supuestamente habían desaparecido las patrullas, pero aun así la búsqueda fue extremadamente difícil. Durante tres días recorrieron una y otra vez los parajes de la zona bajo la guía de Ciren Ríos, su jefe de cazadores, y el resultado era siempre el mismo: nulo. Hasta que finalmente Berormane se dio cuenta de que había una pequeña colina que siempre esquivaban durante la búsqueda, de forma inconsciente. Y aun siendo conscientes de la necesidad de remontar el cerro, tuvieron que llevar a cabo varios intentos hasta que sus mentes se lo permitieron. Remontada la elevación, a sus pies pudieron ver una pequeña depresión umbría donde todavía subsistía una parte del bosque que antes había cubierto las islas en su totalidad. Increíble. ¿Había estado allí todo ese tiempo y nadie se había dado cuenta? Evidentemente, para Vanna y Berormane allí había algo más de lo que los sentidos mundanos daban a entender. Fuerzas que compelían inconscientemente a la gente a no acercarse.

Tras establecer un campamento y ciertas señales para no volver a distraerse, una veintena de personas (entre las que se contaba el grupo) se adentraron en la espesura. La luz del sol se amortiguó casi al instante, y la marcha se hizo penosa, como si los árboles dificultaran su camino más de lo normal. Al cabo de unos minutos de penoso camino, llegaron por fin a un claro, y lo que vieron les dejó sobrecogidos: un arciano. Un arciano blanco, con un rostro tallado que lloraba una resina roja. ¿Niños del Bosque? ¿Allí? ¿Todavía?

Los primeros dardos llegaron desapercibidos, y se clavaron en Berormane, que al instante se sintió embotado y mareado. Un par de soldados más fueron alcanzados y no les quedó más remedio que salir de allí, mientras algunos de ellos distinguían pequeñas sombras que se movían a una velocidad endiablada sobre ramas y entre raíces. Raíces que parecían querer apresar sus pies y ramas que les arañaban el rostro. Salieron al claro respirando pesadamente. Afortunadamente, los dardos no habían tenido un efecto mortal sobre ninguno de ellos, pero ni Vanna ni Berormane supieron identificar la sustancia de la que estaban impregnados.

Lo iban a intentar una segunda vez, cuando pudieron oir una voz con un acento extraño, rasposo, que provenía de algún sitio entre los árboles. La voz dijo que sólo permitirían como visitante dentro del bosque a la mujer. Aunque el grupo amenazó con quemar el bosque, su interlocutor no transigió, y finalmente Vanna se internaba en la espesura hasta llegar a los pies del arciano, como la voz le indicó. Mientras miraba el rostro tallado en el árbol preguntándose qué hacer a continuación, notó el picotazo de un dardo en el cuello y cayó en la inconsciencia. Se despertó poco más tarde, en un complejo subterráneo donde las raíces de los árboles se entrelazaban y varias figuras bajas y oscuras, con garras en lugar de uñas, la miraban con curiosidad y temor. Multitud de luciérnagas y flores iridiscentes proporcionaban la luz necesaria para ver. El líder de los extraños seres, que no podían ser otra cosa que Niños del Bosque, se presentó como Hoja Otoñal. Interrogaron a Vanna acerca de los motivos que les habían llevado allí y le pidieron noticias del mundo exterior, entre ellas explicaciones de por qué últimamente tantos humanos habían llegado a las inmediaciones de su bosque. Vanna intentó ser lo más agradable posible para ganarse su confianza, y pareció que así era y los convencía de sus buenas intenciones, pues Hoja Otoñal quiso celebrar una nueva reunión el día siguiente con la mujer y su líder. Antes de que se marchara le enseñaron a los prisioneros, adormecidos por extrañas sustancias y retenidos entre raíces subterráneas; Edgar Raer y Alyn Estermont se encontraban allí, y a Vanna le dio un vuelco el corazón del alivio que sintió. Cuando volvió y contó lo que había visto, sus compañeros no podían dar crédito. ¡Niños del Bosque! ¿Acaso era lo que buscaban los Wylde en la tierra de los Raer? Y si era así, ¿cómo habían podido averiguar que allí todavía quedaban Niños, después de tantos siglos?

Los interrogantes eran muchos, pero lo primero era lo primero, y Ancel acompañó a Vanna hasta el arciano, donde recibieron resignados los dardos adormecedores y volvieron a despertar en el complejo que la mujer ya conocía. Una larga negociación se entabló entre la pareja y los Niños del Bosque. Éstos todavía recordaban los tiempos en los que los humanos del escudo con el halcón los habían masacrado y quemado sus hogares, pero aquellos tiempos habían quedado muy atrás y Ancel se ocupó de hacérselo notar. Superadas las primeras tiranteces, todo transcurrió más fácilmente, aunque siempre con cierta desconfianza de fondo. No obstante, finalmente las partes llegaron a un acuerdo. Los Seabreeze se comprometían a dejar a los Niños del Bosque vivir en paz en la isla, y a repoblarla con árboles en si práctica totalidad con algunas excepciones, y los Niños prometieron liberar a todos los prisioneros, ayudarles a reconstruir Escollera (para lo cual era imprescindible que tuvieran árboles fuertes creciendo en las inmediaciones) y a proteger a Vanna del encantamiento de distracción para que pudiera volver siempre que lo necesitara. Mantener el secreto de la presencia de los Niños en la isla no debería ser un problema, pues los soldados que habían acampado fuera del bosque ya estaban incluso olvidando cuál era el motivo por el que se encontraban allí. Por supuesto, Hoja Otoñal se encargaría también de que el grupo no perdiera los recuerdos de los Niños.

Triunfales, volvieron a Quiebramar junto con lord Edgar, ser Alyn y los pocos soldados desaparecidos. Estaban exultantes, y el recibimiento no fue para menos. Un gran banquete se celebró en los oscuros salones, que se iluminaron para la ocasión. Melina les dio las gracias por haber encontrado a su padre, con lágrimas en los ojos. Por otra parte, lord Edgar había hecho huir a su mujer y su hijo la noche anterior al incendio, y desgraciadamente no había ni rastro de ellos, lo que empañaba la alegría del reencuentro. Pero por supuesto, el noble Raer renovó sus votos de vasallaje hacia Ancel durante la cena, fundiéndose en un abrazo entre los aplausos de los presentes. Megara y ser Alyn también tuvieron unas palabras de agradecimiento, cogidos de la mano, así como ser Aemon, que esperaba que la alianza entre sus casas perdurara y prosperara en el tiempo.

El día siguiente, casi sin tiempo de descansar, comenzaron a preparar su viaje a Bastión de Tormentas, para acudir a la llamada que lord Renly había enviado tres semanas atrás. Esperaban que los Wylde mantuvieran su palabra de apoyo a la herencia de Ancel, si no las cosas se iban a complicar mucho...


viernes, 24 de mayo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 18

Llegada a Ciudad del Cabo
Ciudad del Cabo
Cuando dejaron atrás suelo patrio, por fin se permitieron el lujo de relajarse. Sin embargo, el momento de calma duró poco, pues el padre Estephaneos pronto insistió sobre los descubrimientos que había hecho en la extraña revista de Jack. No tuvieron más remedio que volver a discutir sobre el tema y sobre la conveniencia de visitar el museo de Tel Aviv del que parecían proceder algunas de las reproducciones. A Estephaneos incluso le temblaban las manos, tal era la impresión que le habían producido los grabados y reproducciones del ejemplar.

Hans Haller también estuvo muy activo durante la primera parte del viaje, hasta el repostaje que hicieron en Azores, insistiendo en que le dejaran marchar y que aquello no era en absoluto lo que él esperaba. Finalmente lo convencieron de que aquello era lo que había y que estaba metido hasta las cejas, así que el científico dejó de quejarse y pareció aceptar su destino como acompañante del grupo.

Sally también se mostraba preocupada por el giro que habían tomado los acontecimientos y buscó refugio y consuelo en los brazos de McNulty, que le correspondió y así pasaron juntos el resto del viaje.

Por su parte, con una conexión a Internet no demasiado buena, Joey siguió alimentando el movimiento anticonspiranoico que días atrás había conseguido poner en marcha en ciertos círculos, y que se encontraba creciendo de manera ostensible. Con suerte, podrían encontrar algo de ayuda en el futuro entre aquella gente.

Al cabo de pocas horas sobrevolaban Ciudad del Cabo, situándose para aterrizar en un pequeño anexo del Aeropuerto Internacional. Un edificio les llamó la atención: un edificio bastante grande en un sitio privilegiado del puerto que lucía una inequívoca "U" pintada en el techo, un techo que sin duda hacía las veces de helipuerto. La U, para ojos que la conocieran, identificaba claramente el complejo como propiedad de UNSUP Inc. Varios barcos se encontraban amarrados ante la nave, y todos ellos cruzaron miradas de preocupación.

Una vez aterrizados, con la documentación falsa y dejando las armas en el avión (Eric Lorry y el capitán les prometieron que esperarían todo lo que pudieran), pudieron pasar los controles del aeropuerto sin demasiados problemas. El único detalle a reseñar fue el de las insignias de los agentes de seguridad que cachearon a alguno de ellos a la salida: todos lucían el logo de World Interlaced, una compañía que Thomas reconocío como una de las asociadas a UNSUP. Una vez fuera del aeropuerto, lo primero que hicieron fue hacerse con varias líneas de móvil del país y otros tantos terminales con conexión a Internet. El taxista, un mestizo que los condujo hasta su edificio de apartamentos (bueno, en realidad hasta una dirección cercana por precaución de Thomas) los identificó como americanos y les preguntó por los salvajes atentados de Nueva York, y lo increíble que parecía que algo así hubiera ocurrido después del 11-S.

Una vez alojados en el edificio de apartamentos cercano al puerto, Thomas se dedicó a investigar sobre laboratorios farmacéuticos con intereses en Ciudad del Cabo. Algunos de los más conocidos, como Bayer, surgieron en la búsqueda. Pero los que más le llamaron la atención fueron otros nombres: Erde & Mahl e Innovative Projekte, ambos nombres estrechamente relacionados con intereses de empresas subsidiarias de UNSUP. De I.P. poco pudo averiguar, pero el nombre del director general de Erde & Mahl sí que salió a la luz: Evan Smith, que ostentaba también el cargo de coordinador general de las acciones de cooperación internacional para África del Sur. Un breve proceso de investigación en la red por parte de Joey sacó a la luz un artículo algo antiguo de una revista alemana, con el titular "¿ES Evan Smith un alter ego de Evert Schmidt?" En el artículo se hablaba de Evert Schmidth, un antiguo pez gordo del mundo empresarial alemán, que estuvo a punto de ir a la cárcel por desvío de capitales y asociación con banda terrorista. Era conocido por su afición a la memorabilia nazi y por su implicación en el escándalo de unas fotos en las que aparecía en orgías de imaginería del III Reich. Se especulaba que Evert había huido del país, y que el tal Evan Smith no era sino él mismo con alguna que otra operación de cirugía y aspecto cambiado. Por otro lado, ya sabían que Merten Jund era uno de los principales accionistas de Innovative Projekte... todo parecía conectado, y apestaba a más no poder.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 26

La liberación de Quiebramar
Antes de la partida hacia Quiebramar, Ser Davos y sus hijos, Dale y Allard, se despidieron del grupo con sus mejores deseos para el futuro y esperando que se volvieran a ver pronto. Habían permanecido demasiado tiempo en las Tierras de la Tormenta, y Stannis debía de estar ya impaciente por su regreso. Melisandre también les dedicó unas palabras a los hermanos Seabreeze, recordándoles su importante papel en los acontecimientos venideros y previniéndoles contra las sombras que había visto acechándolos en sus visiones. Les advirtió que tuvieran mucho cuidado en las decisiones que deberían tomar en el futuro inmediato.

Fuego en Quiebramar

Al frente de la gran flota no tardaron en avistar la parte oriental de su isla en poco más de tres jornadas. Con ayuda de la lente myriense de Berormane podían ver la costa; no había ni rastro de la flota enemiga. Tomaron todas las precauciones posibles, dividiendo la flota y rodeando la isla, y seguían sin ver ni rastro. Una parte de la flota se desvió hacia Escollera para intentar encontrar supervivientes allí, entre ellos a Alyn Estermont, gesto que Ser Aemon agradeció sobremanera. Siguieron sin ver ni rastro de embarcaciones hasta que una solitaria galera los avistó y después de las pertinentes señales se acercó. Era uno de sus propios barcos, patrullando los alrededores de la isla. El capitán les informó de que hacía unos días, los enemigos que asediaban Quiebramar habían intentado asaltarla, y amedrentados por el fuego valyrio, poco después habían levantado el asedio y se habían marchado sin más. Echando un vistazo a la flota que acompañaba a los Seabreeze, ahora entendía por qué.

Al llegar a Quiebramar lo primero que les llamó la atención fue el incendio que consumía la parte superior de las dos torres más interiores del castillo. El fuego todavía ardía con un resplandor verdeazulado que según Berormane no desprendía otra cosa que el fuego valyrio. El castellano que habían dejado al frente, ser Tristan Errol, no pudo recibirles por encontrarse malherido y enfermo. En su lugar les recibió ser Marann, un antiguo espada juramentada de lord Jeron que había sustituido a ser Tristan. Este último adolecía de una fea infección que Berormane trató con su maestría habitual.

Ser Marann les informó de todo lo que había ocurrido en los últimos días. Tempestuosas pesadillas y voces extrañas procedentes del exterior se habían oído a todas horas hacía unas cuantas noches. Voces y sueños que habían inducido a la locura a algunos habitantes de Quiebramar, entre ellos los guardias de turno del fuego valyrio, que intentaron arrasar la fortaleza con él. Lo mismo que había sucedido en Escollera, a juzgar por los testimonios que habían recibido. En ese momento, tomó la palabra Saario de Penthos, el clérigo rojo compañero de Melisandre, que afirmó que no había sido otro que R'hllor a través de su persona el que había protegido a la gente del castillo de sucumbir a la locura y a la muerte. Saario fue especialmente convincente en sus argumentos y al explicar sus sueños, y aunque Jeremiah intentó rebatirle con su intensa fe en los Siete, el resto no supo muy bien qué pensar. En resumidas cuentas, los guardias intentaron utilizar el fuego valyrio para abrir brecha en la fortaleza, pero solo pudieron incendiar las dos torres interiores. Al mismo tiempo y aprovechando la confusión, los asediantes lanzaron un asalto para tomar Quiebramar, pero el firme mando de Ser Tristan y Ser Marann, la ayuda de Saario y la utilización del resto de fuego valyrio contra los atacantes habían bastado para detener a estos últimos. La noche siguiente, sin más, los asaltantes levantaron los campamentos y al amanecer se habían marchado. Suponían que se habían enterado de que Ancel y Jeremiah habían conseguido hacer cambiar de parecer a los Tarth y era mucho mejor retirarse a tiempo.

Horas después, el destacamento de Escollera volvió sin haber encontrado a supervivientes notables en la isla. No obstante, los cuerpos de Edgar Raer y Alyn Estermont seguían sin aparecer.

Por la noche, los comandantes de la fuerza aliada se reunieron en la sala de guerra de Quiebramar. Allí estaban el grupo al completo, Aemon Estermont, Morten Morrigen, Walter Rogers, Joremon Wensington, Mark Kellington, Aggert Swygert, Brienne de Tarth y Saario de Penthos. Saario insistió en la protección que les había proporcionado R'hllor siempre que tuvo ocasión, y efectivamente, al interrogar a los habitantes del castillo sobre sus pesadillas, todos afirmaban lo mismo: unas sombras que les arrastraban hacia la locura y la oscuridad, y cómo unas llamas las consumían de repente y los elevaban hacia el cielo. Incluso Jeremiah tuvo que aceptar este hecho, aunque seguía reticente. Los presentes trataron sobre qué hacer en siguiente lugar, y todos coincidieron en que hasta que Ancel no reclamara oficialmente la cabeza de la Casa Seabreeze y fuera reconocido legítimamente, poco podrían hacer. Aggert Swygert mencionó entre disculpas los preocupantes rumores que habían cundido por las Tierras de la Tormenta acerca de que uno de los hijos de lord Jeron había tenido algo que ver con el accidente de caza que lo había dejado postrado sin poder andar. Una discusión estalló sobre el tema, hasta que la dama Brienne se levantó (tímidamente al principio) y tomó la palabra:

—Si lady Vanna jura por su honor que ninguno de los hijos de Jeron tuvo algo que ver con su accidente, lord Ancel contará con todo mi apoyo.

Vanna, evidentemente, lo juró a pesar de ser falso, no le quedaba otro remedio. [¡Tirada de 28 en engaño!]. Con un estruendoso "a mí me basta", Brienne se sentó y todos los presentes callaron, aunque el problema seguía estando presente. Sin embargo, ser Aemon quiso oir tal juramento de labios del mismo Ancel; éste no se opuso y con la maestría que Vanna y su madre le habían transmitido, mintió con total naturalidad. Aemon asintió y declaró que contaba con su apoyo ante lord Renly, al igual que todos los demás.

Berormane visitó esa misma noche a los habitantes del castillo que habían caído presa de la locura y que permanecían encerrados. Éstos se mostraban un tanto violentos y lo único que se podía deducir de su errático discurso era que estaban obsesionados por conseguir "fuego para purificarse".

La mañana siguiente llegó un cuervo a Quiebramar. Llevaba una nota firmada con el apellido Wylde. La nota invitaba a Ancel y tres acompañantes de su elección a una reunión en el islote de Solnegro, uno de los muchos islotes al noreste de la isla de los Seabreeze. En la nota, un Wylde sin especificar ofrecía su apoyo y la paz a Ancel y Jeremiah. Tras una larga discusión, los Seabreeze decidieron que finalmente acudirían al lugar, pero por supuesto respaldados por al menos la mitad de su flota.

Poco después del amanecer del día siguiente tenía la reunión en el desolado islote de Solnegro entre Ancel, Jeremiah, Vanna y Breon y la representación Wylde, encabezada por Ser Jon. Tuvieron lugar unos duros y tensos intercambios de palabras e intentos de convencerse los unos a los otros. Durante la negociación, Ser Jon se mostró sutilmente insistente en que los Seabreeze les cedieran la isla de Raer a cambo de tierras en el continente (de los Connington seguramente), algo que no pasó inadvertido a los ojos expertos de Ancel y Vanna. Por supuesto, los Seabreeze no aceptaron, lo que aumentó la tensión en el ambiente. Cuando Ancel preguntó a Ser Jon acerca del paradero de su padre, el Wylde le dio su palabra de que lord Jeron había muerto de graves heridas, y que habían echado ya su cadáver al mar. Los Seabreeze no se fiaban del todo de la palabra de su hasta entonces enemigo, pero no dudaron de la conveniencia de aceptarlo por el momento. Así que Ancel decidió aceptar el ofrecimiento de los Wylde; su legitimación como cabeza de la casa debía ser la prioridad absoluta, y el apoyo de los Wylde y de sus aliados seguramente sería algo definitivo ante lord Renly. Ya encontraría el momento de ajustar cuentas con ellos en el futuro. Un apretón de manos selló el acuerdo entre las partes.

Las semanas siguientes, multitud de cuervos y mensajeros cruzaron las Tierras de la Tormenta, y finalmente lord Renly convocó a una representación de todas las casas que lo desearan a Bastión de Tormentas en el plazo de un mes para "tratar los desagradables asuntos acontecidos últimamente". Berormane también envió un cuervo a Altojardín, a lady Olenna Tyrell, informándole de la situación y solicitando una posible entrevista. Por su parte, los Wensington, los Kellington y los Rogers volvieron a sus respectivas tierras, despidiéndose hasta pronto.

Durante ese tiempo, los Seabreeze se dedicaron a peinar la isla de los Raer en busca de los desaparecidos, ya que Jon Wylde había jurado y perjurado que ni lord Edgar ni Ser Alyn habían sido hechos prisioneros ni sus cuerpos descubiertos. Y algo extraño sucedió: al cabo de un tiempo, una de las patrullas que se encontraban peinando la isla desapareció sin dejar rastro, y el resto no parecía recordar dónde había sido. Así que decidieron repartir la isla más uniformemente y transcurridos unos veinte días desaparecía otra patrulla, justo en un pequeño bosquecillo que todavía existía en el sureste de la isla...

Cuando se disponían a partir hacia Escollera espoleados por tal información, un sirviente llevó la noticia de que un barco acababa de atracar en puerto, transportando a Ser Goran Buckler, lady Madelyne y Megara Seabreeze, y a Melina Raer. La familia se reunía de nuevo.

jueves, 16 de mayo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 17

Hacia África
En cuestión de pocos momentos, Joey conseguía acceder a la frecuencia de la policía de Philadelphia y así se enteraron de que alguna unidad estaba retransmitiendo su posición y su rumbo, seguramente un helicóptero que los mantenía bajo contacto visual. Así que decidieron aumentar la confusión: Joey hackeó la frecuencia para poder emitir también, y McNulty se encargó de confundir a sus perseguidores dando información engañosa. Los policías pasaron a una segunda frecuencia protegida que el grueso hacker no tardó en piratear también, y así siguieron las cosas un rato, hasta que Joey decidió emitir un pitido de alta frecuencia para hacer imposible la transmisión de información.

En el ínterin, se detuvieron en un barrio residencial donde despistaron al helicóptero y en un centro comercial robaron un monovolumen. A sugerencia de John, se dirigieron rápidamente a una granja propiedad de unos tíos suyos que se encontraba cerca de allí y llevaba varios años abandonada [5 puntos de relato]. Al llegar se encontraron con que la granja parecía haber sido registrada y posiblemente saqueada, aunque el viejo refugio antinuclear seguía intacto. Además, la camioneta de su tío Marvin seguía en el garaje y funcionando perfectamente, de esa forma pudieron cambiar nuevamente de vehículo. Mientras se encontraban allí, Jonas recibió la llamada de Ryleadh O'Connor, un antiguo miembro de la organización al que apenas conocía, pero que se presentó diciendo que O'Sullivan le había ordenado ver si McNulty necesitaba algo, lo que fuera. Se despidieron amigablemente.

Desde la granja se dirigieron en la camioneta hacia el aeródromo donde debían embarcar en el jet privado de Louis Lindon. El jet debía llegar en unas tres o cuatro horas. No obstante, al llegar al aeródromo todos sus rostros reflejaron preocupación: el complejo estaba custodiado por una unidad de militares, entre ellos un carro de combate cerca de la puerta principal de acceso. Parecía imposible burlar la vigilancia de tantos soldados sin ayuda, así que, desesperado, McNulty contactó de nuevo con O'Connor; éste le dijo que hablaría con los "chicos de Yurikov" y vería si podían ayudarles.

No les quedaba más remedio que esperar a una distancia prudencial y pasar el tiempo. Hans Haller fue un incordio durante todo el tiempo, aterrado por la situación en la que le habían metido y rogándoles que le dejaran marchar hasta que Finnegan le hizo callar. Transcurridas unas cuatro horas, al caer la noche, el jet llegó y seguía sin suceder nada. Unas horas más y de repente, el padre Estephaneos exclamó un quedo "¡Dios mío!". Se encontraba leyendo la revista "Nuevo Amanecer", el número 13 concretamente, que Jack había conseguido tras mucho esfuerzo de un viejo kioskero, y su rostro se había vuelto ceniciento. Según les explicó cuando pudieron hacerle recuperar el habla, algunas de las fotocopias de mala calidad que se reproducían en la revista describían en arameo unos horribles rituales que tenían como finalidad "el nacimiento de la Bestia". Parecían ser parte de un todo mucho mayor que no se había incluido en la revista. Quizá sería buena idea hablar con quien hubiera conseguido todo aquello.

Cuando se disponían ha coser al sacerdote a preguntas, Sally les hizo callar. Un camión militar con las luces apagadas se acercaba a la puerta principal del aeródromo. Se quedaron helados. El camión se detuvo a unos doscientos metros del complejo. A los pocos instantes, un destello, algo que salía despedido y una explosión que hizo saltar por los aires la puerta principal. Una segunda trayectoria luminosa hizo saltar por los aires el tanque antes de que nadie pudiera reaccionar: ¡lanzamisiles! Debían ser los chicos de Yurikov. Tras un breve tiroteo, el camión desaparecía tan rápidamente como había llegado.

El grupo aprovechó la confusión para colarse en el aeródromo a través de otro lugar, haciendo un agujero en la alambrada. Tras algún que otro problema con los vigilantes, llegaban a bordo del avión, donde les recibieron Eric Lorry, hombre de confianza de Lindon, y el capitán Travis Manor. Cuando el capitán pidió el permiso para despegar con la excusa de poner a sus pasajeros a salvo, los militares procedieron al registro del aeroplano y del pasaje. Los corazones latían aceleradamente y los alientos se contuvieron cuando los soldados procedieron a la inspección, pero los falsos pasaportes que Eric Lorry había repartido al grupo resultaron ser efectivos, y finalmente el avión despegó rumbo a África, mientras se miraban unos a otros con rostros de preocupación pero también de alivio.

martes, 7 de mayo de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 25

Nido del Grifo (y III). Brienne de Tarth.
Tras una larga discusión en la habitación de los Seabreeze, el grupo, junto con ser Davos y Melisandre, decidió que lo mejor sería hablar directamente con ser Ronnet y no exponerse a una huida que podría acabar con la muerte de todos ellos. Melisandre no les acompañaría, prefería no inmiscuirse en tales asuntos, y aunque les costó convencer a ser Davos, finalmente éste accedió a acompañarles y allanar un poco el terreno. No estaban muy seguros de si era una buena idea, pues el caballero de la cebolla no era ni mucho menos santo de la devoción de ser Ronnet, pero preferían tener todo el apoyo posible.

Poco después se reunían con ser Ronnet en la sala principal. El caballero presentó a uno de sus acompañantes, que parecía su consejero: Willam Connington. Sin embargo, a ojos (y conocimiento) de Ancel y Vanna, era evidente que no existía tal Willam en la familia. La conversación subsiguiente, cuando Ser Davos reveló las verdaderas identidades de los Seabreeze y sus acompañantes, casi acabó de forma desastrosa para los intereses de éstos. Por fortuna, las habilidades sociales de Ancel, Vanna y Berormane se hicieron notar y consiguieron que Ser Ronnet se aviniera a razones y les escuchara sin la intromisión de "Willam", que finalmente resultaría ser en realidad Ser Jon Wylde. Tras mencionar la ira de Renly, la posible intervención de Stannis, el trato con lord Selwyn Tarth y mil y una tretas más, la intervención sorpresiva de Melisandre atenuando y luego reforzando las luces de la sala terminó por convencer al Connington de la conveniencia de aliarse con "los nuevos Seabreeze" en lugar de atraer más iras sobre sí que acabarían con la desgracia total de su casa. Así que ser Ronnet decidió contarles la verdad de su alianza con los Wylde.

Hacía varias semanas que Orten Lugus había llegado del este con una carta, una carta que había hecho que Ser Ronnet diera un puñetazo en la pared. En el mensaje se le instaba a viajar a Tyrosh para entrevistarse, ni más ni menos, que ¡con lord Jon Connington! Al parecer, su primo no había fallecido durante la rebelión de Robert, sino que había conseguido exiliarse a las ciudades libres, y ahora se encontraba a punto de reclamar lo que era suyo. Ser Ronnet no alcanzaba a entender cómo pretendía hacer tal cosa, pero tenía pocas dudas acerca de la autenticidad de la carta y de quién la había escrito. En la alianza con los Wylde, Tarth y Caron había encontrado una tabla de salvación y quizá la posibilidad de obtener el título de lord si demostraba su valía. Pero Melisandre y los datos que habían aportado los Seabreeze cambiaban la situación, así que decidió cambiar de bando requiriendo dos cosas: una suma económica que resultó ser asequible para los Seabreeze y el apoyo de éstos y sus aliados en caso de que lord Jon intentara arrebatarle Nido del Grifo. Por supuesto, Ancel y Jeremiah aceptaron.

Tras algunos susurros y órdenes veladas se entabló un breve combate entre los Connington y los "mercenarios" Wylde. Cogidos por sorpresa y con Breon y Jeremiah en contra, la mayoría de estos últimos se rindieron sin luchar. A quien no hubo forma de encontrar fue a Ser Jon Wylde, que desapareció sin dejar rastro con una parte de sus tropas.

Sin tardanza, Brienne fue liberada y debidamente atendida por Berormane, y el grupo partió tras despedirse de Ronnet Connington, pagarle y prometerle ayuda en breve. Berormane envió un cuervo a Castillo del Atardecer anticipando su llegada, y embarcaron.

La travesía fue muy tranquila, para variar, y en apenas cuatro jornadas llegaban a Tarth, en cuyo puerto se encontraban ancladas varias galeras Estermont. Durante el viaje, Vanna y Brienne se acercaron mutuamente y enseguida trabaron amistad.

En el Castillo del Atardecer fueron inmediatamente recibidos por lord Selwyn, a quien contaron toda la historia de los últimos días y devolvieron a su amada hija. Lord Selwyn se lo agradeció profundamente y envió mensajeros para retirar inmediatamente su apoyo a los Wylde. En cierto punto de las conversaciones hizo acto de aparición Ser Aemon Estermon, que preguntó al grupo por el paradero de su hijo Alyn. Compungidos, le explicaron que Ser Alyn había desaparecido tras la caída de Escollera, y le prometieron que lo buscarían en breve. Aemon apenas pudo contener su ira, pero se avino a razones cuando le recordaron que Ser Alyn había obrado por iniciativa propia debido a su amor a Megara, la hermana de Jeremiah y Ancel. Insistieron en que había que conservar la esperanza y pensar que Alyn seguía vivo todavía; Ancel no se oponía a un matrimonio entre Alyn y Megara, por supuesto, y se comprometió a sacar de donde fuera una dote acorde con tan ilustre cuñado. Lo primero era rescatarlo si se encontraba prisionero, o encontrarlo allá donde estuviera; si estaba muerto, lo honrarían y vengarían.

Una semana después, una flota compuesta por unas ochenta galeras y cinco dromonoes con los estandartes de Estermont, Rogers, Swygert, Wensington y Tarth partía hacia la isla de Merth para poner punto y final al asedio de Quiebramar. Transportaba unos dos mil efectivos de todas las casas mencionadas, y por primera vez en mucho el grupo tenía razones para el optimismo.

viernes, 3 de mayo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 16

Explosiones
La noche estuvo plagada de pesadillas para casi todos. Falto de sueño, John se dedicó a intentar deducir datos del libro de Helena Blavatsky que habían encontrado en Westchester. En un destello de brillantez, pudo apreciar una complicada clave repartida a lo largo de decenas de páginas del libro que resultaba en unos valores de longitud y latitud que se situaban en algún punto de Nepal. Además, varias menciones veladas en múltiples pasajes de libro le dieron la pista para deducir también el interés de Blavatsky en un punto determinado del continente Antártico.

Kostas Estepháneos
El otro punto de interés durante la noche fue la revista que Jack había conseguido de un viejo kioskero en Nueva York, el número 13 de Nuevo Amanecer. Al ponerlo en común tanto con el grupo como con los sacerdotes, todo el mundo se mostró sorprendido por la cantidad de viejas fotocopias y fotos que presentaba la revista. El padre Mullendore se mostró especialmente intrigado por unas fotocopias de unas fotos de un original en arameo que enseguida hizo notar al padre Kostas Estepháneos, el experto en lenguajes semitas. El libro procedía al parecer del museo de reliquias de Tel Aviv, y todo apuntaba a que era una transcripción del Libro de los Muertos egipcio. Además, la revista era rica en descripción de rituales y procesos alquímicos que sospecharon al instante que debían ser muy antiguos, y de fuentes desconocidas. Desde luego, aquella no era una revista paranormal cualquiera. Habría que estudiarla más a fondo. Jack también les habló de las extrañas conversaciones medio borradas en foros de internet que se referían a pasajes de aquella revista.

Después de una noche plagada de pesadillas para casi todos y entrada ya la mañana del día siguiente, un claxon anunció la llegada del escolta de Louis Lindon llamado Jerry, acompañado de Lucas Miller, el socio y amigo de Joey. Éste estaba muy preocupado y se alegró sobremanera de volver a ver a su compañero, aunque no hubo tiempo para muchas efusividades porque Jerry les explicó que les venían siguiendo y había despistado a sus perseguidores a duras penas. Inmediatamente se aplicaron a buscar algún tipo de localizador en el coche y efectivamente tuvieron éxito. Hackeando la señal y adhiriendo el localizador a otro coche parado en un semáforo se libraron de él; no tardaron en ver pasar a un sospechoso vehículo militar en la dirección en la que se había alejado el nuevo huésped del aparato.

A continuación comieron, en un ambiente más o menos distendido, pero no duró mucho, pues un seminarista llegó corriendo, instándoles agitadamente a que fueran a ver la televisión. Lo que vieron los dejó helados: todos los canales estaban ofreciendo un especial informativo sobre una serie de enormes explosiones en los túneles de metro de Brooklyn que habían afectado al menos a la cuarta parte del distrito. Se hablaba también de un posible atentado con Antrax, y se daban las fotos del grupo (un poco obsoletas en su aspecto) como principales sospechosos de los atentados. El estado de Nueva York se encontraba en estado de excepción y el resto del país en estado de alarma. Todos los vuelos a Nueva York se habían desviado y las imágenes de la "zona cero" eran dantescas. Quienquiera que hubiera hecho aquello lo tenía bien preparado. El 11-S había sido sólo un aperitivo comparado con aquello. El propio alcalde de Nueva York había sido afectado por las explosiones y se encontraba en un lugar desconocido, en un estado desconocido, pero todos los rumores apuntaban a que las explosiones lo habían afectado y estaba muerto o en coma. Las consecuencias no se habían hecho esperar, y no tardó en aparecer en televisión una entrevista al que se perfilaba como favorito a presidir el gabinete de crisis que tendría que regir la ciudad: el republicano Vincent Callaghan. Cuando John lo vio, escupió el agua que estaba bebiendo en aquel momento para calmar su estado de nervios. Era evidetne que Callaghan no estaba preparado para aquello, pero debía tener importantes valedores. Como si alguien le hubiera leído la mente, el tiro de cámara abrió el ángulo y se vieron varios rostros detrás del político republicano; uno de ellos era sin duda el de Hans van der Riert, el alemán loco que había retenido a John en el helicóptero de UNSUP, y cuya locura casi les hace estrellarse.

Durante varios minutos nadie pudo reaccionar de la impresión. Nadie se imaginaba que la Corporación hubiera sido capaz de algo así. Aquello era muy fuerte. McNulty decidió hablar con sus contactos del Sinn Féin, y tras varios intentos infructuosos finalmente recibió la llamada de Arthur O'Sullivan. Éste se mostró reticente a hablar de asuntos comprometidos, alegando al poder de la Corporación y sus varias colaboraciones en los tiempos del IRA. Ante la insistencia de McNulty y sus amenazas de "tirar de la manta", O'Sullivan transigió, diciendo que haría lo que pudiera y prometiendo que estarían en contacto.

Tendrían que ponerse en marcha y decidir su próximo paso antes de que les fuera imposible salir del país. Joey insistió en que Lucas les acompañara, pero el grupo no dio su brazo a torcer, alegando que les sería más útil en tierra patria, y además estaría más seguro. Quien sí les acompañaría sería el padre Estephaneos, que les serviría como enlace con la iglesia, además de aportarles conocimientos que quizá fueran útiles.

Lo primero era recoger a Linda Sorenson, como le había prometido Thomas. Su vuelo se había desviado a Philadelphia, y aunque se arriesgarían mucho reuniéndose con ella, no tenían más remedio. Así que partieron, despidiéndose del padre Mullendore y los demás. Lindon ya les había proporcionado su número personal, y su jet les sacaría de Philadelphia desde un aeródromo privado que ya había contratado. Mullendore les dio unos colgantes con forma de cruz-espada que les identificarían ante cualquier Custodio de San Miguel que se encontraran, y por su parte Joey había iniciado una campaña "anticonspiranoica" en la red, de manera que se había iniciado una corriente de opinión a su favor que quizá les fuera de ayuda en el futuro.

De camino al aeropuerto había multitud de controles, pero pudieron pasarlos sin problemas, afortunadamente, cubiertos bajo su tapadera de FEDEX. Jack y O'Hara entraron a la terminal, mientras el resto les esperaba un poco más alejados. Tras una breve espera, por fin empezaron a salir los viajeros del vuelo procedente de París, y entre ellos no tardaron en ver a Linda.

Justo unos instantes antes de que todo estallara.

Una fuerte explosión sacudió el área de embarque y aturdió y ensordeció a todos los presentes. A todos excepto a dos hombres de negro que se dirigían hacia la escena. Afortunadamente, Linda había sufrido heridas leves y McNulty llegó rápidamente. Un breve tiroteo entre Jonas, un profundamente traumatizado Jack y los extraños permitió que el grupo huyera de allí, en medio de un caos de gemidos, gritos y humo.

Sin aliento y con pinta deplorable consiguieron llegar a la furgoneta, donde les esperaban los demás. Aceleraron hacia la salida, donde un control les dio el alto. Como evidentemente no hicieron ningún ademán de parar, uno de los policías presentes abrió fuego, alcanzando en un brazo al padre Estephaneos. Arrollando uno de los coches consiguieron atravesar el control y adentrarse en la red de carreteras secundarias.

jueves, 25 de abril de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 24

Nido del Grifo (II)
Ancel pudo deambular a su antojo por la fortaleza (excepto en aquellas partes donde los guardias impedían el paso con la excusa de que "estaban siendo rehabilitadas"), gracias a su idea de hacerse pasar por uno de los hijos de ser Davos. Los Seabreeze y los Connington habían tenido poco contacto, y confiaba en que nadie lo reconocería. En sus idas y venidas por Nido del Grifo, no fue difícil darse cuenta de que había al menos tantos mercenarios como guardias Connington acantonados en el castillo, si no más.

El cuervo Lorgrim
Durante algunas horas, el grupo intentó buscar una vía de escape del castillo alternativa a la puerta principal, pero según sus impresiones y la poca información que pudieron obtener de los oriundos, no había salidas secretas de Nido del Grifo. La única de información de utilidad provino de unos sirvientes con los que Vanna comió; cuando acudió a buscar a Jelina, la muchacha de las cocinas, ésta no se encontraba en su habitación, y al preguntar a una familia que vivía en las mismas estancias, la invitaron a compartir su comida. Vanna sintió compasión por ellos, pues el hombre se había quedado cojo de una pierna y querían dejar el castillo, así que les dio unas monedas para que pudieran viajar y quizá comprar o alquilar algo de tierra. Los dos niños hijos del matrimonio mencionaron un camino que descendía por la parte norte del castillo, el "camino negro". Le contaron que varias personas habían muerto ya intentando huir o entrar al castillo por el sendero, que hasta las cabras se pensarían afrontar. Esa fue la única información que pudieron obtener sobre vías de escape de Nido del Grifo, algo que según la lógica quedaba descartado, porque si salían con la voluminosa Brienne en baja forma, seguramente se despeñarían ladera abajo.

Ancel intentó tirar de la lengua a un par de oficiales de los guardias Connington, pero no hubo manera de sacar información de utilidad.

Por su parte, Jeremiah visitó los barracones de la tropa, donde encontró a tres guardias y dos mercenarios bebiendo y jugando a los dados. Los mercenarios se mostraron suspicaces con él, pero dos de los Connington lo recibieron efusivamente y le dieron la bienvenida al juego. Tras mucha bebida y tiradas de dados, por fin uno dio rienda suelta a la lengua: habló de los rumores de guerra, de lady Brienne y ser Ronnet, y de la inexistencia de escapes de Nido del Grifo. Los mercenarios no tardaron en marcharse, y los dos guardias Connington más afables cayeron inconscientes por efecto de la bebida, mientras Jeremiah se tambaleaba y el tercer guardia lo miraba fijamente.
 —Lo hicisteis bien en el torneo de Bastión de Tormentas, Seabreeze —dijo el Connington mientras Jeremiah, un poco embotado por la bebida, abría mucho los ojos.

Cuando el guardia hizo ademán de salir por la puerta, Jeremiah le golpeó con el pomo de su espada, dejándolo inconsciente. Fuera se oían voces. Ser Ronnet había vuelto con su escolta de dondequiera que hubiera ido. Jeremiah rezó a los Siete por que no se les ocurriera entrar en los barracones, y se quedó quieto como una piedra contra la pared. Afortunadamente, pasaron de largo. Cuando Ancel se encontraba atravesando el patio de armas para encararse con ser Ronnet, se encontró con Jeremiah, que salía de los barracones y se lo contó todo. Al punto recogieron a Berormane, que se encontraba en uno de los torreones atendiendo a los heridos del castillo y se reunieron con Vanna. Tendrían que ejecutar lo que quiera que fueran a hacer esa misma noche, antes de que el guardia inconsciente se levantara (Jeramiah lo había hinchado a alcohol después de dejarlo inconsciente) y dijera alguna inconveniencia. Berormane tuvo una idea. Envió a su cuervo Lorgrim con un trocito de papel y carboncillo atado a una pata a uno de los ventanucos de la torre noroeste. Tras dos intentos infructuosos, finalmente obtuvieron el resultado deseado: en el papel, que ahora lucía algún que otro resto de sangre, garabateado con una letra infantil y temblorosa, había escrito un mensaje que les costó entender: "ayuda, sacadme de aquí". Por fin se convencieron de la presencia de Brienne en el castillo; había que hacer algo, y rápido.


martes, 16 de abril de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 15

Fred Mullendore exorcizado
Mientras esperaban a que aparecieran la totalidad de los religiosos convocados por el padre Fabrice para participar en el exorcismo, los personajes emplearon el día en descansar y recuperar fuerzas. Conversaron con Louis Lindon, con sus escoltas y con los sacerdotes.

En concreto, Jack se interesó por cuestiones de fe, y la forma de combatir a los extraños seres a los que se enfrentaban. Eso le llevó a pasar gran parte del día con el padre Fabrice, con Thomas Vaughn y el resto de sacerdotes y personas de fe. Louis Lindon, por su parte, volvió a ofrecerles toda la ayuda que necesitaran, e incluso les ofreció su jet privado en caso de que necesitaran desplazarse a África o a cualquier otro lugar. Aprovechando el ofrecimiento del senador demócrata, Joey sacó a colación el problema de su compañero Lucas: seguro que se encontraba en peligro y deberían ir a buscarle. A tal cosa se oponían con fuerza McNulty y O'Hara; no obstante, al final encontraron una solución enviando a uno de los escoltas de Lindon, Jerry, que partió a buscar al amigo del hacker en cuanto éste llamó para informar del motel donde había alquilado una habitación.

Por la tarde, Thomas recibió una llamada de Linda, la secretaria de su suegro Bertrand Campbell. Se encontraba muy apenada y no pudo reprimir las lágrimas al informar de que en la embajada no le habían dado ya esperanzas sobre poder encontrar ya a su amado jefe. Thomas se mostró todo lo cortante que pudo, con la intención de colgar cortar cuanto antes la comunicación. La mujer le informó de que pensaba comprar un billete lo antes posible para volver a Nueva York, y Thomas le pidió que llamara cuando fuera a salir de Europa para poder ir a recogerla al aeropuerto. Linda se despidió agradecida, entre sollozos e hipidos.

Ya entrada la noche, uno de los escoltas de Lindon anunció la llegada de un coche en el exterior. El vehículo tarnsportaba a un clérigo anciano y calvo, de ojos blancos y ciegos, ataviado con una cruz copta y extranjero a todas luces: egipcio para más señas. Saledh Medhat entró al seminario entre los efusivos saludos de sus viejos conocidos. Al parecer, Medhat era quien tenía que dirigirlos a todos en el exorcismo de Fred, pues tenía ya una gran experiencia en tales rituales en África. Con una media sonrisa que no se reflejaba en sus ojos, se presentó a los personajes, sonriendo cálidamente a Jack y a Sally. Los ojos del viejo, aunque ciegos, parecían mirar directamente el alma de las personas, lo que inquietó profundamente a varios de ellos. Aunque llevaba bastón y un joven seminarista lo acompañaba en todo momento, era evidente que hacía poco uso del primero y no mucho caso del segundo.

Mientras Medhat tomaba un café para reconfortarse y recobrar fuerzas, agradeció a Louis Lindon su ayuda; el senador había enviado su jet privado a buscarle a Alejandría y por eso había podido viajar a Boston en tiempo récord. A continuación, pasó a referir las características del ritual que estaban a punto de llevar a cabo y que debían realizar lo antes posible, e impartió instrucciones para la correcta preparación del poseído y de la estancia, instrucciones que tanto el padre Fabrice como sus compañeros y seminaristas no tardaron en ejecutar.

Jonas se mostró un poco hostil con el anciano al principio; su relación con Dios había sido tormentosa los últimos años. Sin embargo, las amables palabras del viejo y lo que había visto últimamente le estaban haciendo replanteársela.

Finalmente, los preparativos fueron completados y todos los clérigos se vistieron con sus casuyas y la ropa ceremonial. Los no-creyentes podrían asistir, siempre que no llevaran a cabo actos ni pensamientos violentos o perversos. En una solemne comitiva y entonando cánticos en latín, accedieron a la capilla subterránea, donde Fred Mullendore esperaba, envuelto en un sudario inmaculado que sólo dejaba ver su rostro (horriblemente demacrado y envuelto en sombras), tumbado en medio de un pentagrama torpemente tallado en la roca y pintado con un líquido rojo. Había multitud de velas encendidas, quizá más que la última vez, y Jack, Sally y John apoyarían con su fe el buen fin de la ceremonia, junto a los seminaristas presentes. El padre Michael Cavill todavía no se había recuperado del maltrato físico al que le había sometido el demonio, así que no hizo acto de presencia.

El exorcismo resultó ser una ceremonia durísima. Al poco de comenzar, el ser que poseía a Fred pareció salir de su letargo, y reventó el sudario en el que estaba envuelto, aunque el pentagrama probó su efectividad y lo contuvo físicamente. No así espiritualmente, lo que provocó que los no-oficiantes sufrieran espantosas visiones relacionadas con sus seres queridos, tanto vivos como muertos, y los oficiantes sintieran como si sus almas fueran arrancadas de sus cuerpos en repetidas ocasiones. Azazel, el demonio que albergaba Fred, se convirtió en una presencia fortísima, y las velas titilaban y se apagaban, mientras el frío intenso provocaba espasmos en los más débiles. El ente parecía mirar a todos y cada uno de los presentes a la vez, con el rostro demacrado de Fred con ojos que no eran sino abismos de oscuridad, una sonrisa salpicada de puntiagudos dientes y una lengua roja y bífida que parecía alargarse hacia ellos, como si los percibiera por sí misma. Los accesos de ira y depresión que provocaban las visiones en los presentes daban fuerza al demonio, que a punto estuvo de liquidar a varios de los oficiantes. De hecho, John cayó al suelo fulminado, con el corazón detenido por unos momentos, y Sally rompió a llorar rota de dolor en un momento indeterminado.

Por suerte, la fuerza de voluntad del padre Medhat resultó ser poco menos que suprema, y uno a uno los fue recuperando de sus terrores. McNulty encontró definitivamente la fe que le había abandonado hacía mucho tiempo y se acercó a Sally, apoyándola en el trance y evitando que cayera en estado catatónico. La muchacha no había dejado de llorar en ningún momento desde que el demonio había reaccionado al principio de la ceremonia. La voz de Saledh Medhat había ido subiendo su resonancia, hasta que sus oraciones se convirtieron en ondas físicas de choque que parecían hacer temblar la estancia, tal era su potencia. Azazel bramaba y reía a voz en grito, maldiciendo y burlándose de todos ellos.

Y por fin, el demonio desfalleció. Las velas dejaron de apagarse y las sombras se hicieron menos profundas mientras el cuerpo de Fred caía al suelo. Jack se abalanzó sobre él, preocupado por su amigo, ante el grito aterrado del padre Fabrice, que apenas tenía fuerzas para tenerse en pie. Los clérigos no pudieron atraparlo a tiempo, y su acto demostró ser un error, pues el ente aprovechó su entrada en el pentagrama para saltar a su alma, o algo así. Gritando, resistió como pudo hasta que uno de los seminaristas se lanzó sobre él, sacándolo brutalmente del pentagrama. El caos cundió durante un momento, pero Saledh Medhat volvió a hacerse con el dominio, salpicando con agua bendita todo el pentagrama; el resto de clérigos lo imitaron, y con un increíblemente estentóreo "Vade Retro Azazel", una explosión de frío espiritual impactó a todos los presentes. Joey y algunos más cayeron inconscientes. No obstante, por fortuna, el demonio había desaparecido; Fred volvía a ser él mismo, aunque con un aspecto deplorable y sólo un hilillo de vida, y del pentagrama no quedaba ni rastro, a pesar de haber estado segundos antes tallado en la piedra. Sally se dejó caer en los brazos de McNulty. Completamente agotados, todos se miraron con un destello de satisfacción y al poco se retiraban a descansar a sus habitaciones, mientras el padre Medhat, ayudado por dos seminaristas, les agradecía el esfuerzo que habían hecho.

viernes, 12 de abril de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 23

Nido del Grifo.
Nido del Grifo
Con una sola galera, capitaneada por el habilísimo Deros Tormenta, pudieron superar el bloqueo al que estaba sometida Quiebramar. Allí pudo reunirse por fin de nuevo el grupo al completo, y se pusieron al corriente de los últimos acontecimientos. Enterados de la situación de la dama Brienne, decidieron partir sin tardanza a tierras de los Connington, a Nido del Grifo, para ver qué podían averiguar. Aunque Davos Seaworth se mostró reticente al principio, alegando que ya era hora de que volviera a Rocadragón, finalmente fue persuadido para acompañarles. El caballero de la cebolla sería una garantía extra de seguridad para los Seabreeze. Ser Tristan Errol quedaría al mando de Quiebramar mientras tanto, y Saario de Pentos también expresó la necesidad de quedarse en el castillo, pues R'hllor le había revelado en sus llamas que no debería acompañarles.

Antes de abandonar Quiebramar, los Seabreeze recibieron la visita de Voredyn Ryth. En una conversación llena de subterfugios y segundas intenciones, Ancel acordó transigir con el acuerdo que habían establecido sobre el tráfico de fuego valyrio. Ya habría tiempo de preocuparse después por aquel asunto. Poco después, el primer cargamento de redomas fue introducido en los sótanos húmedos del castillo por hombres de Voredyn bajo la supervisión estrecha de los Seabreeze.

Romper el bloqueo para salir de la isla no fue tan sencillo como para entrar, pero después de una breve persecución, la habilidad de Deros se demostró enorme y sin grandes complicaciones consiguieron reunirse con el resto de galeras y poner rumbo a Nido del Grifo. En la isla de Raer, el humo que todavía emitía la antigua Escollera era dolorosamente visible en lontananza.

En tierras de los Connington desembarcaron discretamente aprovechando el amarradero de un pequeño poblado de pescadores y comenzaron una penosa caminata hacia las cumbres donde se alzaba la fortaleza. Aunque intentaron conseguir caballos, todo lo que encontraron fueron un par de percherones viejos que, no obstante, fueron muy útiles para acarrear el equipaje.

El acceso a Nido del Grifo, ya de por sí difícil, con un camino de montaña muy empinado y tres puestos de control, estaba saturado de guardias. Era evidente que no todos eran hombres de los Connington, a todas luces no podían permitirse tantas espadas. Tras algunos problemas en el último puesto consiguieron acceder por fin a la fortaleza, donde les recibió Ser Ronnet Connington "el Rojo". El noble se mostró algo tenso durante su recepción, y les ofreció aposentos en su humilde castillo. Se notaba que Nido del Grifo se encontraba en un estado deplorable, pero por todas partes se veía a hombres trabajando para restaurar la fortaleza. Una gran parte lo había sido ya, y lucía magnífica.

La fortaleza parecía abarrotada de guardias y soldadesca. Lo que levantó las sospechas de los personajes fue que los guardias impedían acceso a ciertas partes del castillo con la excusa de estar siendo restauradas. Un ala de las habitaciones era inaccesible a no ser que emplearan la violencia.

Hábilmente, Vanna se hizo pasar por una sirvienta de Ancel, y trabó contacto con los criados y las cocineras. Enseguida llamaron su atención ciertos comentarios de los pinches de cocina, y en especial de una jovencísima muchacha que juraría haber visto a lady Brienne una madrugada por los pasillos de la fortaleza. Vanna consiguió interceptar a la muchacha, Jelina, cuando se retiraban por la noche, y convencerla para que le contara lo que sabía: todo lo que había visto era a unos guardias conducir a una maltrecha Brienne a la torre noroeste del castillo. Con unas pocas monedas y toda la persuasión de la que fue capaz, Vanna reclutó a la chiquilla como espía en el castillo.

Por su parte, Breon y Jeremiah se enzarzaron en una competición de pulsos con los guardias Connington. Un enorme guardia de larga barba derrotó a Breon dos veces, ante el júbilo de sus compañeros. "Ahora vas y se lo cuentas al señorito Wylde", le dijo un espectador a otro; el comentario no pasó desapercibido para Jeremiah, ni para Vanna, que se encontraba presente en ese momento.

viernes, 22 de marzo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 14

En el MIT. Louis Lindon.
Otro de los datos que Thomas y Joey sacaron en claro de los archivos de Westchester fue la relación existente entre UNSUP y el Instituto para las Obras de Religión (IOR) del Vaticano. Al parecer, el IOR era uno de los accionistas mayoritarios de Beretta Holding, de Transworld Items Inc, de Uratech Inc y de Cellworks Co, todas vinculadas a la megacorporación a través de multitud de asociaciones, fondos de inversión y empresas fantasma. En las bases de datos figuraban multitud de registros con un tal L.A. como último destinatario; un poco más de buceo en los datos vinculó las siglas L.A. con Luigi Alberto Menarini, probo cardenal vaticano y secretario del IOR. Para sorpresa de Thomas, Menarini había tenido tratos estrechos en el pasado con su socia Doroty St. James y su suegro, Bertrand Campbell.

El grupo al completo se alojó en el edificio del seminario, anexo a la Iglesia de San Miguel, donde el padre Fabrice Mullendore les ofreció cobijo amablemente.

El desayuno del día siguiente fue muy reconfortante y sirvió para poner en común los datos y hechos que unos y otros habían averiguado o afrontado. El padre Fabrice se mostró confuso y falto de sueño, murmurando que nunca había encontrado una posesión de tal calibre como la de su hermano. Rituales muy poderosos habían tenido que ser ejecutados para lograr aquello.

Poco después del desayuno, Jack se encontró a solas con el padre Mullendore. El expolicía se había replanteado su fe a partir del episodio de la noche anterior, y quería reconciliarse con Dios. Se confesó y el sacerdote y él mantuvieron una larga conversación sobre asuntos de fe.

Jonas, Joey y Thomas partieron hacia Cambridge hacia el campus del MIT para encontrarse con los investigadores de ultrasonidos e interacciones neuronales que eran la única pista que tenían para que el primero recuperara la memoria que le habían hecho perder. El doctor Ronald Bauer no se encontraba en el complejo, pues como les dijo la secretaria de la facultad de Física había pedido una excedencia por varios meses. Sí tuvieron más suerte con Hans Haller, que se encontraba impartiendo una clase. Joey impresionó al profesor cuando éste, por pura casualidad, le hizo una pregunta sobre el tema que estaban tratando y el hacker le respondió con un detalle extremo.

Al acabar la clase acompañaron al doctor a su despacho, ante la incomodidad de éste. Jonas no tardó en intimidarlo con su violencia contenida, y el doctor reconoció su período de trabajo en el complejo de Transworld Items de Chicago poco después de publicar su investigación junto a Ronald. Durante aquella etapa Bauer se había distanciado de él, implicándose más en los asuntos de UNSUP, mientras que Hans no había querido seguir trabajando allí: no había que ser un lince para darse cuenta de que la corporación, poderosa en grado sumo, estaba metida en asuntos muy sucios.

Gracias a una diatriba de Jonas que hirió el orgullo del doctor Haller, éste accedió a acompañarles y a ayudarlos en la medida de lo posible. Para ello, Joey no tardó en hackear el sistema informático y dar de alta una solicitud de excedencia aprobada para el doctor.

Cuando volvían a Boston, Joey recibió una llamada de su amigo Lucas. Éste habló de un hombre vestido de negro que llevaba varias horas frente a la puerta de su casa, vigilándola. McNulty cogió el teléfono y lo tiró cuando oyó de lo que se trataba. Una vez llegaron a la iglesia Joey llamó desde un teléfono seguro a Lucas. Su amigo estaba acalorado, y le contó que había tenido que salir de su casa haciendo equilibrismos por la ventana, porque había notado que alguien intentaba abrir la puerta. Gracias a una vecina viejecita que se había encontrado por casualidad con los intrusos, a él le había dado tiempo a huir. Joey le dio instrucciones para que se alojara en un motel donde más tarde se reunirían con él.

Mientras tanto, en la iglesia de San Miguel habían ido llegando los clérigos convocados por el padre Mullendore para ayudarle en el exorcismo: el sudamericano Roberto Fuentes, el diácono Thomas Vaughn y varios más. También llegó una monja anciana de raza negra, Eleanor Rampling, que venía acompañada de varios civiles vestidos con traje. Uno de sus acompañantes se presentó al grupo como Louis Lindon, senador demócrata por Massachussets. El senador tenía a la hermana Eleanor en gran estima, y la había acompañado a la iglesia cuando esta le había dado algunos detalles sobre el asunto.

Lindon parecía saber mucho de UNSUP y sus tejemanejes, e incluso afirmaba que ninguna administración estadounidense desde hacía cincuenta años había sido libre del yugo de la corporación. Aunque ofreció su ayuda al grupo, los personajes se mostraron reticentes, sobre todo McNulty, pero la aparente sinceridad del hombre les convenció para estrecharle la mano. A continuación, el padre Mullendore y Thomas Vaughn intercambiaron impresiones e información sobre varios casos de diabolismo en Westchester y la implicación de la tal Dorothy St. James en por lo menos algunos de ellos. Según los rumores de la iglesia en NY y Massachussets, St James era una diabolista aficionada que tenía muchos amigos en las altas esferas. Thomas no podía creer que su socia fuera una friki satánica.


jueves, 7 de marzo de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 22

Lord Selwyn Tarth. Negocios sucios.
Al poco de retornar de Escollera, Ancel recibió en sus aposentos la visita de Meravon Ryth, el banquero del Banco de Hierro, acompañado de su hermano Voredyn. El braavosi expuso sus dudas acerca del préstamo que había concedido a los Seabreeze para la recuperación de sus tierras y el rescate de su hermano, y quiso que Ancel le confirmara en persona que el importe le sería devuelto. El heredero Seabreeze usó todo su encanto personal para aplacar a Meravon, y éste partió tranquilo y convencido de que Ancel era un hombre de honor que le devolvería hasta el último céntimo.

Cuando Meravon se marchó, Voredyn hizo un aparte con Ancel, y con aire confabulador le pidió una reunión al anochecer para tratar ciertos... asuntos que podrían redundar en beneficio de ambos. Insinuó algo sobre fuego valyrio, y lo que podría ayudar a los hermanos Seabreeze en la actual coyuntura. Ancel no tenía mucho estómago para las ilegalidades, pero acordó encontrarse con Voredyn en breve. Sin embargo, no sería aquella noche, pues a las pocas horas Ancel, Vanna y Berormane partían junto con Ser Davos a tierras de los Tarth para intentar entrevistarse con lord Selwyn.

El viaje discurrió tranquilo y en poco más de dos jornadas desembarcaban en la isla de Tarth. No tuvieron que indagar mucho para enterarse del rumor del momento: al parecer, la hija de lord Selwyn, la dama Brienne, había desaparecido hacía unas semanas, presuntamente secuestrada.

Sin tardanza, la audiencia que Ser Davos pidió a lord Selwyn fue concedida, y el grupo le acompañó, revelándose ante el señor de Tarth. Éste incurrió en un ataque de ira, para sorpresa de los personajes, y gritó que justo la noche anterior le habían enviado los restos de su hija desde Escollera, donde había fallecido quemada. El grupo intentó defenderse de las acusaciones, pero lord Selwyn y sus caballeros estaban fuera de sí. Afortunadamente, gracias a la intervención de Ser Davos, los ánimos se calmaron, y gracias a una duda razonable respecto a la identidad del cadáver, lord Selwyn aceptó que el maestre Berormane revisara los restos de su presunta hija. Según el maestre Rodren, el esqueleto presentaba un hueco en los dientes y un resto de fractura que sólo los Tarth podrían haber sabido que existía. Así era, en efecto, pero para Berormane era evidente que el diente había sido arrancado hacía poco, y la fractura no estaba bien soldada. Además, había una prueba definitiva: quien quiera que fuera aquella mujer, tenía una lesión en la cadera que le había impedido montar a caballo. Rodren pareció sorprenderse ante la revelación, y felicitó a Berormane al confirmar sus apreciaciones.

Mientras el proceso de investigación de Berormane estaba en curso, Ser Casper Wylde apareció en una de las reuniones que los Seabreeze mantuvieron con lord Selwyn, y acusó a este último de tratar con traidores, mientras acusaba a los personajes de confabulación contra su señor. Ser Casper fue apresado e interrogado por Vanna y Berormane, con la ayuda de un myriense de la corte de lord Selwyn que Vanna conocía de vista de su vida pasada pero no situaba. Las artes psicológicas del myriense eran una maravilla, y sin casi violencia, el caballero Wylde no tuvo más remedio que revelar que la dama Brienne se encontraba "alojada" en Nido del Grifo, la fortaleza de los Connington.

Una vez confirmada la falsedad de la muerte de su hija y obtenida la confesión de Casper Wylde, lord Selwyn compartió con el grupo cierta información; según él, sólo dos personas podían saber algo sobre la fractura y el diente de su hija: Ser Ronnet el Rojo y lord Humbert Wagstaff.

Tras aceptar las disculpas de lord Selwyn y su garantía de retirada del conflicto a cambio del rescate de su hija, el grupo optó por no revelar nada de aquello todavía a lord Renly y convencieron a Ser Davos para que les acompañara a tierras de los Connington, en representación de lord Stannis.

Mientras tanto, en Quiebramar, Jeremiah y Breon avistaron más de una treintena de galeras y dos dromones que establecieron un cerco a la isla. Ante la ausencia de Ancel, Voredyn Ryth se reunió con Jeremiah y Breon acerca de sus asuntos. Tras un largo tira y afloja, Jeremiah, como señor en funciones, firmó un acuerdo con el comerciante por el que se comprometía a facilitar (y proteger) sus negocios a cambio de una comisión del 10%, y a recibir por un precio de risa una determinada cantidad de fuego valyrio.

Cuando volvieron de Tarth, Ancel, Berormane y Vanna se encontraron con que su isla estaba sometida a bloqueo naval y tropas enemigas se encontraban desembarcando en la parte oriental.

viernes, 1 de marzo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 13

El Exorcismo de Fred Mullendore.
Nada más llegar a Boston, Lucas, el compañero hacker de Joey, llamó al móvil de éste para informarle de lo que había encontrado en relación al extraño incidente con los aparatos parecidos a granadas que habían tenido en el hospital. Lucas le informó de que lo más parecido que había encontrado eran unos experimentos con ondas invasivas neuronales llevados a cabo en la Universidad de Harvard por los doctores Ronald Bauer y Hans Haller. Al parecer, la investigación había sido financiada por un grupo de empresas entre las que destacaba una empresa alemana: Innovative Projekte. Joey tomó buena nota de los datos.

Mientras tanto, el padre Mullendore, junto a su ayudante el jovencísimo padre Michael Cavill, condujo a Sally, Thomas, John, Fred y Joey al interior de la iglesia. Por su parte, Jonas y Jack se ausentaron un rato para llevar a McPherson a un hospital (por supuesto, de forma anónima y poco hortodoxa). El antiguo soldado había sido malherido durante la persecución de huida de Nueva York, y no podría aguantar mucho más.

A través del altar de San Miguel, de oscuros pasadizos y de catacumbas ocultas, Mullendore llevó al grupo a una pequeña sala que servía como antesala de una capilla subterránea de exorcismos, a la que se accedía a través de una puerta extremadamente gruesa y sólida de roble tachonado. Allí les preguntó cuán fuerte era la fe de cada uno de ellos para ayudarlo en el trance; así, pasaron a la capilla John, Sally y Cavill. Durante lo que durara la ceremonia, Joey y Thomas se quedarían fuera, aprovechando para sacar algo en claro de los datos que habían conseguido en el bufete de Westchester.

En el interior de la capilla, a la luz de varios cientos de velas, los oficiantes dispusieron a Fred en el centro de un pentagrama siguiendo algún ritual, y el padre Mullendore advirtió a los neófitos que siguieran en todo momento las indicaciones del padre Cavill y no hicieran caso de lo que Fred pudiera hacer o decir durante la ceremonia.

El ritual fue largo y muy accidentado. Fred, o lo que quiera que fuera en ese momento, reaccionó violentamente a las oraciones y gestos de su hermano, que se encontraba tras el altar que presidía la capilla, agitando los viales de agua bendita y alzando su cruz de madera. Con cada reacción violenta de Fred se apagaba un número indeterminado de velas, y el padre Cavill se esmeraba en volverlas a encender.

En el exterior, Jonas y Jack volvieron, reuniéndose con Joey y Thomas en el exterior. Éstos habían conseguido algunos datos interesantes ya, pero quedaba mucho más por estudiar. La puerta de la capilla se abrió violentamente, con los gritos de Sally. No había podido soportar las visiones que el ente que poseía a Fred le había provocado, y en el interior, el padre Cavill había quedado inconsciente debido a un ataque físico. Jonas decidió entrar, pues su fe no era débil, arrastrando a Sally consigo. Jack también entró, armado, y descerrajó un tiro sobre Fred, ante el terror del padre Mullendore; el tiro, más que debilitar a Fred lo hizo más fuerte, y Jack no tuvo más remedio que salir de allí para evitar ser asesinado por la entidad.

La ceremonia aún duró varias horas más. Durante esas horas, Fred se mostró en varios estados: loco, violento, tímido... hablaba en idiomas largo tiempo muertos y amenazaba a los presentes con una voz terrible; en alguna ocasión en que el ritual pudo doblegarlo, murmuró su nombre: Azazel, uno de los generales de Be'lal. En ciertos momentos, el padre Mullendore se vio casi abrumado por el poder de la entidad y estuvo a punto de desfallecer. Jonas fue presa de la desesperación y Sally volvió a deshacerse en lloros, pero John permaneció firme en todo momento (aunque el ente le provocó algunas laceraciones) y entre todos pudieron hacer que Fred entrara en una especie de letargo. Como pudieron, salieron todos de allí tambaleándose, mientras el padre Mullendore murmuraba algo sobre llamar a sus hermanos y que no se esperaba encontrar una resistencia tan fuerte.

En el exterior les esperaban Jack, Thomas y Joey, preocupados por los fuertes ruidos y alaridos que atravesaban la puerta de la capilla. Los cogieron y los tumbaron sobre varias mantas. En el ínterin, Thomas y Joey habían podido leer correos electrónicos, balances y registros de inversión que hacían evidente los tejemanejes de Unlimited Supplies en África. Sus centros de operaciones eran Ciudad del Cabo y Lagos, y su filial UNSGEN había estado enviando durante varios años medicamentos y sustancias peligrosas hacia allí. También obtuvieron información sobre los experimentos armamentísticos de UNSUP con tecnologías todavía desconocidas, y evidencias de que al menos un cargamento de Uranio había partido en barcos de UNSTRANS con destino a Ciudad del Cabo. Por lo que habían podido deducir de varios correos también, sus familiares secuestrados habían viajado a África algún día de aquellas últimas dos semanas.