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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

viernes, 27 de septiembre de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 22

Cambio de filas (II)
El grupo tenía poco tiempo. Que ellos supieran, en el restaurante había como mínimo tres secuaces de UNSUP. Con Finnegan y Gibbons inconscientes, subieron en ascensor hasta el piso 12, donde se encontraban sus habitaciones, e intentaron encontrarlas, pero no tuvieron suerte y todas las intentonas con las llaves-tarjeta de los inconscientes fueron infructuosas. Así que todavía se encontraban en el pasillo cuando los tipos "S" de la Compañía hicieron acto de aparición. Tras dar una explicación apresurada de su tardanza salieron discretamente del hotel, de forma sorprendentemente fácil.


En un par de furgonas negras llevaron a la pareja inconsciente al complejo costero de UNSUP, que se encontraba en clara connivencia con los militares allí estacionados, tanto nigerianos como estadounidenses. Jack tuvo una inconsciencia inquieta y estremecedora, repitiendo los sueños vívidos del paraje africano que ya había tenido en el avión, pero esta vez además se veía arrastrado por sus propios compañeros hasta el escenario de la detonación de la bomba. Pero siempre, al final de los sueños, encontraba consuelo en una luz extraña. A los sueños de la destrucción nuclear también se sumaron otros aún más extraños: siluetas luminosas y otras compuestas de tinieblas luchando entre ellas con él atrapado en medio de lo que quiera que fuera aquello. Y una cosa no variaba: el padre Estepháneos siempre le ayudaba y le prestaba una valiosa ayuda. Despertó, agotado de los dramáticos sueños, para encontarse en una habitación en penumbra ante la presencia de una mujer, que no resultó ser sino Dorothy St. James, la antigua socia de Thomas y famosa diabolista.

Con una media sonrisa, la mujer le dio la bienvenida a "la Compañía". Jack se mostró todo lo hostil que pudo dado el malestar que sentía, amenazándola con matarla si alguno de sus compañeros había sufrido daño. Dorothy le contestó educadamente, descartando sus amenazas con un simple gesto; pero la cabeza de Jack pareció estallar cada vez que una amenaza surgía de su boca, hasta que quedó sin resuello, intentando recuperar la respiración. La mujer acabó diciéndole que "todo sería más fácil cuando se reuniera con sus compañeros", y salió de la estancia.

Por la mañana, los personajes fueron emplazados a varias reuniones, a las que les condujo una bella secretaria, cuyo nombre era simplemente "Lilly".
Thomas fue conducido a presencia nada más y nada menos que de Leopold Croix-Parker, el tercero de los socios de su empresa, que también trabajaba para UNSUP. No sólo eso, sino que parecía estar justo por debajo de Dorothy en el escalafón. Leopold habló a Thomas acerca de lo que llamaban el Nuevo Orden Mundial, que la Compañía perseguía y quería hacer posible. Todo lo que pretendían era un mundo mejor que el actual, por supuesto comandado por las mejores mentes del mundo, las suyas. Aunque su argumento tenía evidentes puntos débiles, Thomas optó por llevarle la corriente cuando Leopold empezó a alabar su pericia para las inversiones y la necesidad que la Compañía tenía de gente como él en su vertiente económica. Y pronto pasó a hacerle una generosa oferta: trabajar para UNSUP a cambio del soporte de la compañía entera. La vida solucionada para él y toda su familia. Thomas, por supuesto, aceptó, no tenía otro remedio que hacerlo teniendo lo que sea que le hubieran puesto en la cabeza. Con una sonrisa de satisfacción, Leopold pasó a exponerle el que debía ser su primer servicio para la Compañía. Debería organizar una reunión en Ginebra con toda su cartera de clientes europeos para exponerles la conveniencia de invertir una fuerte cantidad de dinero en empresas asociadas a UNSUP, y convencerlos en la medida de lo posible de dejarle libertad para operar con todo eso. De la larga diatriba de proposiciones veladas que Leopold le soltó, Thomas entendió claramente que la intención de la Compañía era intentar hundir la economía mundial para emerger como los salvadores; gobiernos enteros caerían y serían reemplazados por sus propios candidatos. Y, por supuesto, cuando el Nuevo Orden fuera instaurado, Thomas tendría una posición preeminente entre los dirigentes, los Illuminati. O'Hara disimuló su asombro bien, y aceptó con una tranquilidad que pareció inquietar a Leopold.

En otro despacho del complejo, Joey era conducido a presencia de alguien llamado Brian Moore, que según se presentó, era uno de los peces gordos del área tecnológica de la Compañía. Habló también del Nuevo Orden, y de la necesidad que la Compañía tenía de tipos como Joey. Pondrían todos los recursos del mundo a su alcance si decidía colaborar con ellos. A cambio debía acabar con los rumores que había extendido por internet y que estaban perjudicando los intereses de UNSUP. Reticente, Joey se vio forzado a aceptar.

Jonas, por su parte, despertó al lado del cuerpo desnudo de Sally. Habían pasado la noche juntos haciendo el amor sin cesar. Tras unos segundos de cariño y reconocimiento mutuo, ambos fueron convocados a presencia de sendas personalidades de la Compañía. Jonas debía reunirse con un tal Karl Jund (¿de qué le sonaba ese nombre?), y Sally fue llevada a presencia de "la señora Tinaschek".

Karl Jund, un hombre maduro y recio, vestido con un traje de corte excesivamente clásico, recibió a McNulty con una sonrisa algo tensa. Tras hacerle la introducción acerca del Nuevo Orden Mundial, le habló de algo llamado la "Sección S". La sección S la formaban los guerreros de élite de la Compañía. Había visto ya a algunos de ellos, de los que la mayoría lucían una "S" tatuada o marcada en algún rincón escondido de su cuerpo. Y lo puso en antecedentes: la Sección S había sido creada hacía décadas por Heinrich Himmler y sus camaradas de la Sociedad de Thule siguiendo conceptos aprendidos de los escritos de Helena Petrovna Blavatsky y de maltrechas copias de obscenos rituales incluidos en manuscritos antiquísimos procedentes de Egipto e Israel. Los guerreros de la Sección S veían sus capacidades aumentadas mediante métodos que escapaban a la comprensión humana. La oferta de Karl Jund era que McNulty y Finnegan pasaran a engrosar las filas de la Sección, pues sus aptitudes le sugerían que serían individuos especialmente aptos una vez pasaran el proceso. Cuando McNulty se interesó por "el proceso", Jund sólo le reveló que era algo que implicaba un viaje al Tíbet y una preparación física y psicológica. Jonas no contestó nada definitivo, pero prometió que lo pensaría. Jund, quizá un poco decepcionado, lo despidió educadamente y lo emplazó a volver a hablar tan pronto como fuera posible.

Pocas horas después, Dorothy St. James, Karl Jund y Rufara reunían al grupo al completo. Jack se mostraba resentido, pero entendía que no habían tenido más remedio que traerlos hasta allí. Sally apareció con una sonrisa. Susurró a Jonas que le habían ofrecido optar en breve a la subdirección del New York Times, y utilizar todos los recursos de UNSUP para garantizarle opciones a llevarse el premio Pulitzer; además, aquel Nuevo Orden era lo mejor que podría pasarle al mundo. Parecía que la Compañía se la había ganado. El grupo pudo compartir sus inquietudes e información; todos ellos se encontraban un poco extraños desde que habían despertado en UNSUP, pero era una sensación leve, como una especie de ligerísimo cosquilleo en algunas partes del cuerpo. Cuando el resto del grupo oyó el nombre de Karl Jund, todos lo reconocieron como el hombre que firmaba el diario de Helena Blavatsky que habían encontrado en Westchester Associates. ¿¿Cómo era posible que fuera el padre de Merten Jund si su apariencia era la de un hombre más joven??

Cuando los jefazos de la Compañía expusieron sus deseos de que todos colaboraran y formaran "la célula del señor O'Hara", Jack, Jonas y Joey no se mostraron colaboradores. Tenían muchas dudas respecto a las intenciones de la Compañía, y el convencimiento de que el Nuevo Orden Mundial no era tan bueno. La agresividad en la conversación fue aumentando, hasta que Jund hizo un gesto. A través del intercomunicador implantado en su oído, Thomas oyó aterrado cómo el alemán daba orden a sus hombres de que erradicaran a los rebeldes, así que se levantó y pidió que los dejaran solos, él haría ver la verdad a sus compañeros. Dorothy y compañía se mostraron reticentes, pero como muestra de buena voluntad salieron de la sala. Thomas sabía que estarían vigilándolos, así que se propuso ser lo mas convincente posible, y no revelar nada que pudiera comprometerlos.

Tras una extensa conversación, con gestos velados y palabras susurradas, Thomas convenció al resto para fingir de la manera más sincera posible y esperar una mejor oportunidad. Jack pudo superar sus más profundas convicciones [punto de relato], y por fin accedieron a formar la célula de UNSUP que quedaría bajo el mando directo de Thomas. Éste desechó al instante la ligera satisfacción y ansiedad de poder que empezó a sentir.

Dorothy y los demás parecían satisfechos por fin. Dando la bienvenida al grupo a las filas de la Compañía, les emplazaron a pedir cualquier cosa que necesitaran a Rufara, que se encargaría de ser su enlace y suministro logístico.

A las pocas horas, Thomas empezaba a contactar con algunos de sus clientes europeos y de Oriente Medio. Joey recibía un portátil cuya tecnología no creía que existiese todavía, con el sistema operativo de UNSUP. Por supuesto, lo primero que hizo fue intentar entrar en zona restringida, pero no tuvo éxito y no quedó seguro de que no hubiera dejado alguna pista; lo intentaría solucionar más adelante. Cuando pidió si era posible que su compañero Lucas colaborara con él, le contestaron que primero debería deshacer la ola de rumores que había iniciado en la red, y para mostrar su buena voluntad, Joey se puso a ello inmediatamente. McNulty, por su parte, insistió ante Karl Jund acerca de la recuperación de su memoria y la posibilidad de volver a ver a su mujer y su hijo; el alemán le tranquilizó, diciéndole que no se preocupara y que intentarían solucionar aquellos problemas en breve plazo. Por lo pronto, reunió a Jonas y a Jack para comentarles su intención de convertirlos en guerreros de la Sección S en los próximos días, para lo que tendrían que viajar al Tíbet en breve; Jack tuvo un muy mal presentimiento, pero no veía otra salida que aceptar, a pesar de que en la conversación Jund les dijo que en ocasiones se producían resultados extraños, aunque no creía que ese fuera a ser el caso.


Mientras tanto, Hans Haller y el padre Kostas Estepháneos se habían quedado solos, y nadie había visto a John Gibbons desde el viaje a Lagos...

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 1

Interludio. El torneo de Quiebramar.


El siguiente año y medio fue muy próspero para los Seabreeze.

Tras repoblar la isla de Raer y crecer los árboles en tiempo récord, con la ayuda de los Niños del Bosque se comenzó a reconstruir Escollera y a construir otra fortaleza al sureste de la isla, cerca de los complejos subterráneos de los Niños. Con sus desconocidas artes, éstos pudieron acelerar la construcción de las fortalezas, avanzando tres veces más rápido de lo normal.

En Quiebramar, la prosperidad del puerto fue en aumento a la par de la cada vez más numerosa flota de Voredyn Rith y el establecimiento de varios comodoros en la isla. El dinero y la afluencia de población derivó en la creación de un pueblo de gran tamaño y el proyecto de un mercado para el futuro. En la fortaleza, los Seabreeze quisieron hacer honor a su emblema y el jefe de cazadores Ciren Ríos, que ya había demostrado su talento para la cetrería, se convirtió en Halconero Mayor cuando se habilitó una de las torres del castillo como Halconería. Los pájaros de presa Seabreeze están volviendo a tener el renombre que consiguieron en el pasado, de lo que Ancel y Jeremiah se muestran especialmente orgullosos.

Durante esos dieciocho meses, lord Renly Baratheon visitó varias veces la isla, interesándose por la progresión de los halcones y ofreciendo continuamente a Jeremiah un lugar en su guardia personal. El segundo de los Seabreeze había abatido en duelo fácilmente nada menos que a Ser Balon Swann, y tal gesta no parecía fruto de la casualidad. No obstante, a pesar de la insistencia de lord Renly, Ancel y Jeremiah siempre se las ingeniaban para darle largas y que el último siguiera con su labor en Quiebramar. Las visitas también sirvieron para que los Seabreeze elevaran la opinión que tenían de lord Renly; su magnetismo era desmesurado, y su carisma indiscutible.

Las fuerzas armadas de los Seabreeze también mejoraron en su vertiente marítima. Una moderna y completa escuadra de galeras fue construida y puesta en servicio, mientras las tropas de los Raer volvían a entrenarse y a crecer. Por supuesto, lord Edgar renovó sus votos de vasallaje y se convirtió en un firme aliado de los Seabreeze, que habían demostrado su valía y su sentido del honor.

En el pequeño laboratorio de Quiebramar, Berormane prosiguió con sus experimentos de utilizar el fuego valyrio para la curación. Tuvo algún accidente sin mayores consecuencias, pero perfeccionó mucho sus habilidades. Sin embargo, su frustración aumentaba al pensar que no podría compartir con nadie tales descubrimientos, pues no podía explicar de dónde procedían las redomas con las que experimentaba.

Vanna tampoco desaprovechó el tiempo. Convencida de que la información era equivalente a poder y de que los Seabreeze debían estar lo más informados posible de los acontecimientos que se desarrollaban a su alrededor, amplió su red de espías. Esta había empezado con una pequeña sirvienta en Nido del Grifo, y llevando a cabo varios viajes por Poniente consiguió expandirla y reclutar espías de diferente condición en Desembarco del Rey, Bastión de Tormentas, Nido del Cuervo y algunos otros enclaves.

El dinero procedente de la prosperidad del puerto (y del tráfico de mercancías ilegales) permitió a Ancel planificar su boda con Elora Fell y organizar un gran torneo del reino para celebrarla. La inmensa mayoría de casas nobles de las Tierras de la Tormenta enviarían una delegación a la boda, y un representante al gran torneo de los esponsales de Ancel Seabreeze. El prestigio de su casa aumentaba, y eso henchía de satisfacción a Ancel, Jeremiah, Berormane, Breon y Vanna.

Pocos días antes del torneo, cuando ya el patio de armas de Quiebramar y sus alrededores hervían con multitud de pabellones y pendones de más de la mitad de las casas de los Señores de la Tormenta, Vanna se reunió con los hermanos Seabreeze con semblante preocupado; los Niños del Bosque le habían confiado que en el lejano norte, más allá del legendario Muro de la Guardia de la Noche, algo muy malo ocurría; no habían podido precisarle detalles, pero al parecer tenían algún medio de comunicarse a largas distancias y alguien les había transmitido tal sensación. Algo escépticos, los Seabreeze desecharon la noticia, agobiados por los preparativos del torneo y considerando que el Muro estaba demasiado lejos como para preocuparse. Pero Vanna no quedó convencida del todo...


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La víspera del torneo amaneció en Quiebramar con un alba despejada de nubes, para variar. El frío era intenso, pero vivificante. Se sentía bien; en el castillo ondeaban ya los estandartes de Fell, Tudbury, Estermont, Tarth, Swann y Baratheon. El resto de las casas acampaba en el patio de armas o en las inmediaciones del castillo. Ancel volvía junto a Reman Khoros de inspeccionar la nave del comodoro Sludyr cuando se topó con su futuro suegro, lord Harwood Fell, acompañado de su hijo Ser Nored. El rostro del lord estaba serio cuando comenzó a hablar con su futuro yerno. En la conversación que siguió, lord Harwood pareció estar poniendo a prueba la sinceridad de Ancel al casarse con Elora, sugiriéndole que quizá sería mejor que, ya que su casa tenía una clara estrella ascendente, se casara con una dama de más alta alcurnia que su hija. Ancel no cayó en la trampa que su suegro le ponía por enésima vez, e insistió en hacer honor a su promesa y casarse con Elora. Por fin, el señor de los Fell se dio por satisfecho y exhibió una amplia sonrisa. Dio un sentido abrazo a Ancel y le aceptó como yerno, jurándole alianza y mostrando su orgullo por ver que era un hombre de honor.

Cuando Ancel y lord Fell se separaron y continuaron sus respectivos caminos, el Seabreeze pudo ver justo a tiempo y a la suficiente distancia a Dena Dondarrion. Como tantas veces había hecho en los últimos días, evitó a la mujer. Su presencia producía en él efectos muy... perturbadores, y no quería tentar a la suerte a tan pocos días de su boda y con los Fell tan satisfechos de su resolución.

Jeremiah había pasado buena parte de los últimos días junto a su hermano Jocel. Éste, escudero de Ser Aeron Staedmon, no apartaba su mirada de admiración de encima de su hermano mayor y de Ser Breon. La leyenda de la derrota de Ser Balon Swann a manos de Jeremiah sin que el Seabreeze apenas sudara había trascendido, y las historias del enfrentamiento con el león de Breon hacían sus delicias. Jocel quería haber participado el torneo, pero todavía no había hecho los méritos suficientes para ganar sus armas de caballero. Tanto Jeremiah como Breon y sus respectivos escuderos Tudbury empezaban a apreciar profudamente al entusiasmado muchacho que deseaba más que nada en el mundo convertirse en caballero y participar en torneos.

Vanna recibió mensaje de Jana Alyr, la posadera y jefa de sus informadores en la isla, donde la invitaba a acudir al Halcón de plata a conversar. Tenía informes para ella. Ofreció a Breon acompañarla hasta allí, y el caballero asintió al instante; desencantado con Melina Raer, que no había hecho más que jugar con él y que estaba evidentemente fuera de su alcance por el momento, se había vuelto a encaprichar de la hermosísima Jana.

Una vez en la taberna (que se había ampliado y ahora también era posada), Jana les transmitió la información: sus trabajadoras habían oído inquietantes conversaciones entre soldados, viajeros y comerciantes sobre casos de avistamientos de fuego valyrio en el este, y rumores sobre el comercio del mismo por la Bahía de los Naufragios. Era preocupante, y deberían tener más cuidado con las filtraciones.

Cuando Vanna y Jana acabaron su conversación, fue el turno de Breon, que como incontables veces antes invitó a Jana a dar un paseo; y extrañamente, esta vez aceptó. Tratando desesperadamente de impresionarla, Breon se sinceró: le contó su verdadera historia y su condición de heredero de la casa Toyne. Ella pareció lo suficientemente sorprendida, pero no mostró sus sentimientos más allá. Hasta que Jana también decidió sincerarse, y la conversación derivó hacia la capacidad de Breon de cazar leones. Pronto, Jana comenzó a hacer referencias veladas a cierta... "leona" y sus cachorros, referencias que escapaban al entendimiento de Breon. Para hacerle comprender, Jana le preguntó:

— ¿Conocéis la canción llamada "las lluvias de Castamere", ser Breon?

Cuando el caballero respondió afirmativamente, el rostro de Vanna dejó traslucir su odio y su voz su desprecio hacia el sujeto que había encargado componer aquel tema. Contó que el tema de aquella canción la tocaba de cerca, y que aunque no quería hablar más del tema, lo que más deseaba era tener la cabeza de "la leona" y de sus cachorros. Para horror de Breon, se hizo evidente que Jana se refería a la reina Cersei y sus hijos. Ante la reticencia de Jana, no quiso preguntar qué la llevaba a hacer tal petición, pero si aquella era la forma de poseer a la más hermosa mujer de Poniente, trataría de encontrar la forma de satisfacerla. Con un casto beso en la mejilla, la grácil posadera se despidió del rudo caballero, que no pudo evitar arrebolarse.

De vuelta en Quiebramar, Ancel y Jeremiah decidieron reunirse con lord Renly, que se encontraba en el exterior junto con Willas y Loras Tyrell y lord Bryce Caron. Se encontraban practicando la cetrería con los halcones que Willas había traído desde Altojardín, así que los Seabreeze hicieron acto de aparición con sus propios pájaros. Lord Renly les dio la más efusiva de las bienvenidas, y para su regocijo, practicaron un rato la caza con las rapaces. Los halcones de Willas eran magníficos, pero no menos magníficos probaron ser los halcones Seabreeze, que se ganaron un asentimiento de aprobación del amable heredero de Altojardín. Ancel aprovechó para entablar una breve conversación con el noble Tyrell acerca de cómo podrían establecer una ruta comercial con sus estupendos caballos, reputadamente conocidos como los mejores del continente; Willas, absorto en la caza, asintió de manera ausente.

A su vuelta desde la posada, Vanna se encontró con Brienne, con la que había hecho buenas migas desde el asunto de su liberación en Nido del Grifo. La dama de Tarth se mostraba tan enamorada de lord Renly como siempre, observando cómo cazaba con su halcón desde la distancia.

Por la tarde, ser Ronnett Connington se reunió con Ancel, recordándole la promesa que le habían hecho de apoyarlo contra su familiar exiliado, y planteando la posibilidad de volver a hacer de su casa una casa noble y convertirse él mismo en lord. Ancel le respondió que le apoyaría en tal empresa, pero que debería esperar la ocasión propicia y presentar su caso antes ante el rey Robert. Verían cómo hacerlo en el futuro próximo.

Y por fin, llegó el día del torneo, previo a los esponsales Seabreeze-Fell. La competición se prolongó durante tres días, durante los que los orgullosos caballeros se midieron en combate. La multitud reunida vibró y abucheó, aplaudió y silbó, ante la satisfacción de lord Ancel y sus aliados, lord Selwyn de Tarth, ser Aemon Estermont y su hijo Alyn, prometido de Megara, que se sentaba a su lado. Breon no pudo pasar más allá de la primera ronda, en un combate ajustadísimo con Ser Alan Penrose, mientras que Jeremiah llegó brillantemente hasta la semifinal, donde sin ser descabalgado, perdió el combate ante Ser Loras Tyrell, que a la postre ganaría el torneo ante ser Donnel Swann. Habría que tener muy en cuenta al joven Tyrell en el futuro.

Mientras todavía se celebraba la victoria de ser Loras en la final, Vanna recibió otro mensaje de Jana y de inmediato se reunió con ella. Según le dijo la posadera, las conversaciones sobre el presunto fuego valyrio habían continuado aquí y allá, y alguien se había interesado especialmente por los rumores, llegando a parecerle sutilmente peligroso. Cuando Jana le describió al individuo y sus acompañantes, sólo una persona se ajustaba a tal descripción: Roben Tudbury, al que apodaban "la oveja negra", el tío de Ancel y Jeremiah.

La Hueste Celestial
[Campaña Engel]
Reparto de Personajes


ANYOEL
Orden Ramielita


Anyoel es un alma atormentada. Obsesionado por el conocimiento incluso más que los ramielitas medios, su amigo y podría decirse maestro, Hamael, le indujo un pensamiento crítico y una curiosidad por asuntos prohibidos que no acabó bien para este último. El desgraciado episodio que llevó a su deserción provocó en Anyoel un respeto cerval a la autoridad y un desprecio extremo a los que usaban la violencia como medio para solucionar los problemas; desde entonces ha intentado pasar desapercibido y no desviarse de los dogmas de la Iglesia, pero conserva ciertos escritos hallados en las bóvedas más profundas de la Biblioteca de Praga de los que no quiere desprenderse.

Aunque perfeccionista y tenaz en extremo, Anyoel adolece de ser desgarbado y no muy hábil en sus actividades físicas, lo que se deja notar en su forma de volar y de entrar en combate. Prefiere la vía del pensamiento, pero reconoce que tendrá que mejorar su aspecto físico en el futuro próximo si quiere ser útil a su Compañía cuando se metan en problemas.

ASDRAGIEL
Orden Miguelita


Asdragiel es un joven angel de la orden Miguelita, destinado a liderar las compañías de las que forme parte. Paciente y calmado, es quizá demasiado obsesivo con la organización y puede sacar de quicio al más pintado con su aparente apatía. Pero su don de gentes y su empatía natural hacen que la gente lo vea con buenos ojos y no se sientan ofendidos cuando Asdragiel adquiere un tono de superioridad o de reproche.

Últimamente, Asdragiel ha sentido cosas que él mismo no aprueba, e intenta encontrar en la penitencia la forma de evitar ser tentado por el maligno...


CASTHIEL
Orden Urielita


Como buen Urielita, Casthiel se siente tremendamente a gusto en la naturaleza y sintiendo el viento en la cara mientras vuela a toda velocidad. Es un experto rastreador y se siente extrañamente a gusto cuando interactúa con humanos, por los que siente una curiosidad y una empatía fuera de lo común. En sus tiempos de entrenamiento, no era raro que Casthiel escapara del Himmel para observar a las familias humanas realizar sus actividades diarias, lo que junto con su carácter extermadamente nervioso e impaciente, le valió alguna que otra reprimenda.

A pesar de que siempre ha estado a gusto consigo mismo y con la labor encomendada como Ángel del Señor, en los últimos meses Casthiel ha cambiado de actitud: ciertas visiones y sueños recurrentes acuden a su mente y le hacen dudar de su naturaleza divina. Por supuesto, esto es pecado y es provocado por su materialización como carne en la Tierra, por lo que no se atreve a compartir tal inquietud con nadie.

HAZIEL
Orden Rafaelita


Lo primero que llama la atención de Haziel es su imponente aspecto físico, algo fuera de lugar en un Rafaelita; alto y fuerte, su piel es negra como el ébano y su complexión es recia. Su rostro luce una expresión seria prácticamente siempre, y eso contribuye aún más a que los demás se sientan intimidados en su presencia. Sin embargo, su voz es amable y paciente, y sufre cuando a su alrededor los demás no disfrutan de bienestar. Su intención es preservar la vida ante todo, incluso la de los seres más nimios, y es algo que intentará cumplir a toda costa.

Aunque hay pocos precedentes de ángeles negros éstos no son inexistentes, aunque sí lo suficientemente raros como para que Haziel llame la atención allí donde va, incluso entre los miembros de la Iglesia. Eso, unido a su aspecto físico, provoca miradas y susurros incómodos que, sin embargo, Haziel acepta como normales y pronto desmiente con sus acciones.

KYRIEL
Orden Gabrielita


Kyriel es todo lo que se espera de un Angel de la Muerte, un Gabrielita, y aún más. Es fuerte, rápida, diestra y despiadada. Pero tales dones han provocado en ella también algunos atributos que otros verían como defectos: una confianza excesiva y un orgullo desmedido que hacen que le sea muy difícil plegarse a los deseos, y no digamos ya a las órdenes, de los demás. Pero desea ser un buen Angel del Señor y tratar de contener sus deseos y pensamientos torcidos, y por eso intentará servir lo mejor posible a su Compañía.

No obstante, algo que siempre ha llamado la atención de Kyriel ha sido el hecho de no poder leer ni escribir. Admira y envidia a partes iguales a los Ramielitas por poseer tal privilegio, y aunque sabe que la Iglesia lo prohíbe de forma tajante, no le importaría que algún erudito le enseñara tales artes.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 21

Cambio de filas
Tras la reunión con los agentes de la CIA, Thomas expresó su resolución inquebrantable de viajar a Lagos para ayudar a su hermana. A pesar de que Sally, el padre Estepháneos y Hans Haller se opusieron obstinadamente a tal viaje, porque para ellos era evidente que se trataba de una trampa, el apoyo del resto del grupo hizo que finalmente se plegaran a realizar el viaje.

El día siguiente partirían hacia Lagos, dividiéndose en dos grupos cuyos vuelos llegarían con doce horas de diferencia. En el primer vuelo viajaron Thomas, McNulty, Joey y Sally, y al poco de aterrizar en Lagos se hizo evidente que realmente todo aquello se trataba de una trampa. No tardaron en ser capturados por varios tipos de raza negra que mostraron placas de policía pero que para el grupo era evidente que trabajaban para UNSUP. Sally y Jonas cayeron inconscientes por métodos desconocidos y Thomas y Joey fueron conducidos a una furgona negra. Afortunadamente [punto de relato], a Thomas le dio tiempo a marcar el teléfono de su contacto de la CIA Ben Katzowitch en su móvil, y tirarlo a un rincón fuera de la vista.

Katzowitch no tardó en llamar a Gibbons, informándole de la extraña llamada, a la que había contestado y no había obtenido respuesta. De esta manera, puso sobre aviso al segundo grupo, que decidió tomar medidas extra de protección: en lugar de viajar directamente a Lagos, tomarían un vuelo a Nairobi y desde allí otro a la ciudad nigeriana. Tardaron más, pero demostró ser una decisión acertada, pues aunque tuvieron algún pequeño problema con la documentación, finalmente pudieron acceder a Lagos sin más contratiempos. Mientras tanto, Jack llamó por el móvil a Sally y a Jonas, y aunque las voces que contestaron al otro lado de la línea eran las suyas, algo en su tono y en su forma de expresarse convenció al ex-policía de que quienes hablaban no eran en realidad sus compañeros. Colgó rápidamente, con un gesto muy preocupado, e informó a John de sus sospechas. Más adelante, en el segundo vuelo ya de camino a Lagos, Jack tuvo dos sueños extremadamente vívidos que le dejaron con los nervios a flor de piel. El primero fue menos detallado, pero la temática fue la misma: el avión se estrellaba en algún paraje de África junto a un lago y un pequeño bosquecillo; Jack y Estepháneos eran los únicos supervivientes y al salir del avión muchos nativos empezaban a aparecer, corriendo; a continuación, una explosión nuclear lo aniquilaba todo y a todos. Al despertar, Estepháneos y Finnegan se miraron: habían compartido la experiencia onírica, y aquello no les gustó en absoluto.

Mientras el segundo grupo llegaba a Lagos, Jonas, Thomas, Sally y Joey fueron víctimas de los manejos de sus enemigos. Fueron conducidos a un complejo desconocido junto al mar y un puerto militar. McNulty fue sometido a una tortura brutal, durante la que le interrogaron por el paradero de los otros miembros del grupo, pero que resistió bien. En un momento determinado, a Thomas, a los demás y al propio McNulty les inyectaron algo para dejarlos inconscientes. O'Hara tuvo una inconsciencia inquieta, y entre brumas pudo ver sentada en la habitación a su hermana Jennifer, que lo miraba preocupada, y un poco más tarde, a su hermana Jennifer, que reía malignamente, con los ojos negros como el carbón. Tras un período de tiempo indeterminado, Thomas fue forzado a recuperar su consciencia, y al poco, tres mujeres se reunían con él: Dorothy St. James, una mujer desconocida, y su propia hermana Jennifer, con los ojos negros, claramente transformada por lo que sea que aquella gente hacía con sus víctimas. St.James fue muy clara: a la Compañía le gustaría contar con los servicios de Thomas, con su pericia para las inversiones y con su cartera de clientes, entre los que se contaban importantes magnates de Oriente Medio y Europa. El resto del grupo también había demostrado su valía esquivándolos durante todo ese tiempo, y aunque no querían elementos problemáticos, quizá también aceptarían colaborar con ellos. Según le explicó la mujer, el proceso de...transformación, que por ejemplo había sufrido su Jennifer, tenía efectos no deseados en las pericias y conocimientos del sujeto, así que preferían contar con la colaboración voluntaria de Thomas. Por supuesto, O'Hara no estaba dispuesto a colaborar con gente así, pero para hacerle cambiar de opinión, algo se activó en su cabeza y casi le fríe el cerebro. Le habían implantado algo, y como a él, también al resto de sus compañeros, algo que aseguraría su lealtad a la compañía. Enfrentado a aquellos hechos, Thomas no tuvo más remedio que aceptar, claro, y aceptar sinceramente, al menos de momento, hasta que supiera cómo sacarse lo que le habían metido. Dorothy sonrió y le dijo que cuando viera el poder que podía conseguir con ellos, se alegraría de su incorporación. A petición de Thomas, McNulty sería metido en un tanque de rejuvenecimiento y sanaría de las heridas sufridas durante el interrogatorio en cuestión de pocas horas. Además, Jennifer O'Hara sería liberada de su transformación en cuanto fuera posible, pues no era un proceso fácil. Más tarde, cuando McNulty, Joey y Sally se reunieron con Thomas y Dorothy y fueron confrontados con la misma decisión, no tuvieron más remedio que aceptar también, quizá con algo de alivio por parte del irlandés, que tenía menos escrúpulos que los demás a la hora de cambiar de bando. Además, durante la reunión, contaron con la presencia de varios monitores en las paredes a través de los que se podía ver a McPherson, al hermano de Jack, James Finnegan, y a Fred Mullendore, en poder de la Compañía. Thomas demandó que a los tres les fuera borrada la memoria y dejados aparte de los tejemanejes de UNSUP, y Dorothy le prometió encogiéndose de hombros que estaba de acuerdo, aquellos peones no les interesaban lo más mínimo.

Cuando por fin llegaron a un acuerdo, una orden de Dorothy resultó en la activación de un intercomunicador que debían de haber implantado en el oído de Thomas. A través del aparato, pudo oír una voz conocida: la voz de Merten Jund, que les felicitaba por haber aceptado, les dio la bienvenida al "Nuevo Orden Mundial", y les prometió que no se arrepentirían. A continuación, tomó la palabra el propio Bertrand Campbell, para la sorpresa de Thomas, y su suegro también expresó su satisfacción y le dijo que lo que había visto era impresionante y haría que su familia fuera más poderosa de lo que cualquiera podría imaginar. La inquietud de Thomas por tener algo así implantado se hizo evidente, pero mantuvo el tipo lo mejor que pudo.

Mientras tanto, el segundo grupo, compuesto por John, Jack, Estepháneos y Hans Haller, se dividía. Tras recuperar el móvil de O'Hara en el departamento de objetos perdidos del aeropuerto, los dos últimos se alojaron en el hotel Intercontinental, donde la CIA les había reservado habitaciones, y Finnegan y Gibbons alquilaron un coche. Katzowitch les había proporcionado la posición triangulada de los móviles de sus compañeros, y siguiendo la carretera, llegaron a un control militar. Parecía ser que más allá se encontraba un complejo del ejército y un puerto exclusivamente militar. Tras dejar discretamente el coche, la pareja intentó superar el control militar campo a través. Y finalmente lo hicieron, tras sumergirse en alguna ciénaga y exponerse a las picaduras de insectos desconocidos, llegaron a la carretera de nuevo. Pero apenas habían andado unos pasos cuando, para su sorpresa, John recibió una llamada de Thomas. Según dijo éste, tenía muchas cosas que explicarles y no debían arriesgarse, se encontrarían aquella misma noche en el hotel Intercontinental. Aunque John y Jack tuvieron dudas acerca de la veracidad de la llamada, la enormidad del complejo que tenían delante les decidió a ser prudentes, retirarse, esperar a la noche y reunirse con sus compañeros. Pero tomarían precauciones, porque aquello era extremadamente sospechoso. Así que, tras repetir la peripecia de atravesar la marisma, volvieron al hotel para asearse y descansar un poco.

Al llegar la noche, McNulty, Joey y Thomas acudieron al restaurante del hotel. Poco después bajaron Jack y John, dejando a Hans y al padre Kostas en sus habitaciones. Mientras bajaban en el ascensor, Finnegan tuvo una fuerte corazonada de que algo iba a ir mal, así que decidió mantener su arma a mano, amartillada en todo momento. Al sentarse a la mesa, la tensión podía palparse. No obstante, el ambiente se fue relajando a medida que Thomas daba explicaciones sobre lo que había ocurrido. Al finalizar la cena, todos se dirigieron a los ascensores. Y mientras subían, McNulty y Thomas sacaron sendos dispositivos de pequeño tamaño que querían que Jack y John examinaran. Cuando pulsaron los pequeños botones, unos rapidísimos destellos de luz dejaron inconscientes al ex-político y al ex-policía.

viernes, 30 de agosto de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 20

La CIA
Rápidamente, decidieron recopilar toda la información que pudieran, y acabaron llevándose los dos ordenadores portátiles, algún papel suelto que encontraron por ahí, y la pistola del agente que habían dejado inconsciente. Salieron del hotel discreta pero velozmente, cruzándose con los dos individuos que habían salido previamente de la habitación en busca de la cena, acompañados de otro hombre.

En la furgoneta, Joey intentó entrar al sistema de la CIA desde uno de los ordenadores portátiles, pero éstos disponían de un sistema de seguridad que activaba un GPS, y todos los accesos disponibles desde ellos habían sido restringidos. El grueso informático decidió desmantelarlos y conservar sólo los discos duros.

A continuación acudieron al lugar donde tenía que tener lugar la transacción con los traficantes de armas, la glorieta en el centro del polígono industrial semiabandonado. Al lugar acudieron sólo McNulty, Gibbons y Finnegan; todos los demás se quedaron aparcados discretamente en la salida contraria del polígono. A pesar de que tomaron todas las precauciones que pudieron, lo que McNulty vio por los binoculares le decidió a alejar a sus compañeros de la escena: un camión se acercaba a la glorieta con luces tenues, un camión que llevaba lo que a los ojos expertos de Jonas y Jack era a todas luces un remolque habitable, que lucía en sus costados la leyenda "Transworld Items". Se ocultaron bien. El camión dio una serie de vueltas a la rotonda, sin pararse. Los nervios del trío iban en aumento, y a punto estuvieron de salir al encuentro del vehículo, pero decidieron que no era lo suficientemente seguro; transcurridos unos minutos, el camión salió de la rotonda y se dirigió a la salida contraria del polígono, donde se encontraban estacionados Thomas, Joey y los demás. No era normal que en aquel polígono hubiera una furgoneta aparcada a esas horas, así que el camión se detuvo cerca de ellos; espantado, Thomas arrancó la furgona, y tras casi quedarse atrancado en una alcantarilla, pudieron alejarse sin más complicaciones.

Cuando más tarde se reunieron todos, decidieron hospedarse en un hotel de mucha menos categoría que el anterior, al sur del puerto. Rebuscando en la información de la CIA, a Joey le llamaron la atención unos archivos y recortes de prensa acerca de las matanzas en Nigeria, Chad y República Centroafricana de las que ya les había hablado el padre Medhat: al parecer, el sensacionalismo había cundido y se hablaba de extraños fenómenos sobrenaturales en la zona, de grietas al infierno, seres voladores extraños y cosas así. Aunque seguramente los agentes de la CIA habían descartado tan descabellada información, el grupo no se atrevió a ignorarla, después de todo lo que habían visto.

Al poco rato por fin pudieron entablar comunicación con Louis Lindon, a través de los canales seguros que les había proporcionado. Les dijo que efectivamente tenía hombres de confianza en la CIA, pero que tenía que ser muy prudente con aquella información, pues las ramificaciones de la Corporación eran infinitas y nunca se sabía quién podía ser un agente doble. La situación había empeorado todavía más, porque el grupo había sido puesto en busca y captura en los archivos de la CIA. Al enterarse Lindon de la situación acordó con el grupo organizar una reunión con los agentes de la CIA para aclarar todo aquel malentendido.

Thomas, por su parte, recibió un nuevo mensaje de correo de su hermana. En él, Jennifer respondía correctamente a la pregunta que Thomas le había hecho en un mensaje anterior acerca de su madre y que sólo ella podría contestar. La muchacha volvía a urgir a su hermano mayor a que acudiera a Lagos lo antes posible, y Thomas empezó a plantearse seriamente el viaje. Si realmente se trataba de su hermana no la podría dejar en la estacada.

A partir de los datos de las rutas GPS grabadas en los ordenadores de la CIA, Joey también pudo descubrir la ruta de los presuntos camiones de UNSUP: al salir de Ciudad del Cabo se desviaban al norte por la R-54 rumbo a Wellington, y el rastreo GPS acababa bruscamente a unos cuantos kilómetros al norte de esa localidad, coincidiendo con el momento en que el grupo había desconectado los portátiles en la habitación de los agentes.

A las pocas horas, Gibbons recibía un mensaje SMS de Lindon con una dirección y un nombre: Ben Katzowich. La dirección era de una plaza apartada de Ciudad del Cabo, y allí se encontraron con Katzowich, judío y agente de la CIA. Rápidamente se metieron en una furgona negra donde les esperaba el hombre negro que ya conocían del hotel, y que se presentó como Philip Battier. Hablaron de su amigo común, y dio al grupo la oportunidad de explicarse. Tras algunos roces e intercambio de información (en la que se incluían pruebas del envío de Uranio a Ciudad del Cabo por parte de UNSTRANS), Battier les dijo que vería qué podía hacer para sacarlos de la lista de la CIA y se despidieron como amigos. No pasó mucho tiempo hasta que recibieron un nuevo mensaje, esta vez convocándolos al día siguiente en un garito de mala muerte de la ciudad. Allí se encontraron con Ben Katzovich y a un desconocido que se presentó como Bill Swanson. La pareja de la CIA les ofreció la inmunidad a cambio de la colaboración del grupo, cuyo estatus pasaría a ser el de "agentes colaboradores". Por supuesto, si algo les sucedía sus familias serían indemnizadas y por otra parte, en su actual situación era mejor contar con el apoyo de unos pocos miembros de la CIA que nada. Tras pensarlo unos momentos, el grupo decidió aceptar: aquello por lo menos les permitiría conseguir armas y no viajar indefensos. De hecho, les entregaron en el acto una bolsa con varias pistolas y un rifle para su protección personal. Cuando preguntaron acerca de los camiones, Swanson les respondió que habían sobrevolado la zona de las últimas posiciones GPS y no habían encontrado nada. Seguramente los camones habrían seguido ruta, y no estaba seguro de que pudieran averiguar su destino. Tras informar a Swanson de que en breve necesitarían viajar hasta Lagos y llevar armas con ellos, éste les dijo que no habría problema, simplemente tenían que contactar con Katzowitch para que se encargara de todo. Le dieron las gracias; era agradable tener algo de ayuda por fin.

viernes, 5 de julio de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 19

Agentes
El grupo decidió que lo primero que debían hacer era intentar conseguir armas. Sería peligroso, pero más peligroso era andar cerca de los secuaces de Unsup sin medios de defensa. Para ello, se desplazaron a un barrio de dudosa reputación, en los suburbios de Ciudad del Cabo, y tras largo rato y un generoso pago una prostituta los condujo a cierta discoteca donde podrían encontrar algo. Por desgracia, tantos blancos en un barrio así llamaban demasiado la atención, y un grupo de muchachos les increparon y se pusieron violentos. Tanto, que cada vez acudían más negros al lugar en actitud violenta, así que finalmente no tuvieron más remedio que huir en un taxi.

Sin embargo, no se dieron por vencidos, y transcurridas varias horas volvieron al lugar, todavía acompañados por la prostituta. Aunque los guardias de seguridad les pusieron algún obstáculo, les permitieron el paso cuando preguntaron por "Edouard". El sitio estaba atestado de gente bailando música funky y reggae, y tras ganarse varias miradas hostiles llegaron a las oficinas traseras. Allí dos armarios de dos metros se encontraban cuidando la puerta, y tras unas breves palabras en afrikaaner con el guardia que les había acompañado desde la puerta, procedieron al cacheo de los personajes. McNulty estuvo a punto de hacer una tontería cuando vio que el guarda que le estaba cacheando llevaba una "S" roja tatuada en la parte posterior de la oreja izquierda. Por suerte, se contuvo y discretamente advirtió a Jack y a John. Después de algunos minutos de espera, McNulty, Finnegan y Gibbons se encontraron en una trastienda oscura pero lujosa, donde alrededor de una mesa tenía una reunión de varios tipos trajeados, alguno de ellos consumidor de cocaína y acompañados de varias señoritas ligeras de ropa. Los presentes eran un hombre atractivo de mediana edad y perilla, que no era otro que el tal Edouard, dos hombres elegantes vestidos de armani y ya entrados en años (los tres de raza blanca), y un cuarto de raza negra, también trajeado y cuyo rostro McNulty juraría que había visto antes en algún lugar, aunque no recordaba dónde. Mientras el grupo esperaba, otro guarda apareció con un extraño aparato que pasó a corta distancia de ellos, y con una media sonrisa les sugirió que si llevaban algún aparato electrónico encima ya podían deshacerse de él.

Los tres compañeros de Edouard se despidieron lacónicamente y éste, después de apurar su copa, dedicó su atención al grupo. Tuvo lugar un pequeño interrogatorio acerca de por qué estaban allí y por qué necesitaban armas, y finalmente llegaron a un acuerdo por 5500 dólares. La madrugada del día siguiente se encontrarían en un polígono industrial bastante remoto. Salieron de allí sin más problemas, pero sin fiarse ni un pelo, la "S" en la oreja del tipo delataba que estaban tratando con gente relacionada con UNSUP, y eso no era bueno.

Al poco de salir, se dirigieron a investigar el lugar del intercambio. Parecía un polígono industrial normal y corriente, aunque semiabandonado.

Mientras tanto, en el hotel, Thomas recibía un correo electrónico ¡de su hermana Jennifer!. ¿Habría escapado o se trataba de una trampa? Tras pedirle a Joey que se asegurara de que el correo no contenía ningún virus, troyano ni cualquier otra trampa, lo abrió. El mensaje era corto y apresurado: "¿Dónde estás Thommy? Necesito hablar contigo!". El tirón familiar fue muy fuerte, pero la lógica se impuso y Thomas fue prudente. Le contestó dando largas para que su hermana se pusiera en contacto de nuevo con él.

Por la mañana contrataron un tour en helicóptero sobre la ciudad. Intentaron sobornar al piloto para volar cerca del edificio de Unsup, y aunque éste se resistió, afirmando que aquella zona era zona de exclusión excepto para helicópteros expresamente autorizados, finalmente lo convencieron. Y fue muy buena idea [dos puntos de relato], porque pudieron ver cómo un interesantísimo grupo de gente se encontraba despidiendo y entrando en sendos coches más o menos lujosos. Mientras Joey filmaba todo con su videocámara, a través de los prismáticos pudieron identificar a varios de ellos: Dorothy St. James, Merten Jund, Dylan Russell, un anciano blanco, otro hombre mayor muy elegante, el hombre de color que habían visto la noche anterior con el tal Edouard en la discoteca, y dos matones que McNulty reconoció de sus tiempos con Yurikov. Otro hecho que les llamó la atención fueron varios camiones enormes de Transworld Items que se encontraban siendo cargados en ese momento. El piloto no quería arriesgarse a acercarse más o a estar más tiempo allí, y volvieron a la base, afortunadamente sin ser descubiertos, por lo que parecía.

De nuevo en el hotel, McNulty se quedó helado. En el vestíbulo, leyendo el periódico delante de sus narices, estaba el tipo negro de la reunión con Edouard y la de hacía un rato en el puerto. Siguiéndolo muy discretamente, descubrieron que se alojaba en la habitación 1245. El talento de Joey despuntó una vez más y no tardó en descubrir que la habitación estaba reservada a nombre de Phillippe Battier. Por otra parte, tras revisar el vídeo que había grabado Joey, identificaron a uno de los hasta entonces desconocidos: Ekanem Anouh, un señor de la guerra nigeriano acusado de crímenes en Chad y República Centroafricana. Había cambiado algo su aspecto, pero Thomas no tardó en reconocerlo, pues su capital estaba en la cartera de Campbell & Webber.

Mientras esto sucedía, Thomas recibió un segundo correo de su hermana. Le decía que estaba en Lagos, y necesitaba reunirse con él, porque la estaban persiguiendo. Adjunta al mensaje iba una foto de ella misma con la cámara web del ordenador del locutorio donde se encontraba. Thomas se conmovió, pero aún así permaneció precavido: le contestó que estaba lejos, e hizo una pregunta respecto a su madre que sólo su verdadera hermana podría saber contestar. Si en el siguiente mensaje contestaba correctamente, vería lo que hacer.

Tras hablarlo un rato, determinaron que ahora las prioridades habían cambiado, y había que entrar en la habitación del negro sospechoso. McNulty fingió un infarto en recepción, lo que permitió a Joey hacer una copia magnética de la puerta de la 1245 en escasos segundos. A continuación, uno de ellos se apostó en el pasillo a la espera de una buena oportunidad, y ésta se presentó a la hora de cenar, cuando un tipo blanco y otro negro salieron de la habitación comentando el tipo de pizza que debían traer. El grupo se reunió y se dispuso a irrumpir en la suite. Abrieron la puerta, y una voz se oyó al otro lado, preguntando qué demonios era lo que se habían olvidado ahora, en un perfecto inglés americano. Se quedaron helados, y al no contestar, oyeron el amartillar de un arma al otro lado; por suerte, Jonas reaccionó rápidamente y con un cuchillo dejó inconsciente al hombre de dentro, un negro con ropa deportiva. Y lo que vieron a continuación les dejó sorprendidos. En la pared, un enorme tablón con gente que conocían y gente desconocida, y todos aquellos que conocían estaban relacionados de un modo u otro con UNSUP, incluyendo a Hans Haller. En el escritorio, un par de portátiles y tres monitores. En uno de éstos se mostraba una ruta GPS que se encontraba en movimiento hacia el interior de Sudáfrica. También pudieron ver varios cascos a través de los que se escuchaba una conversación en afrikaaner, sin duda un micrófono. Joey se introdujo rápidamente en su sistema y casi al instante quedó claro que los inquilinos de aquella habitación no eran otra cosa que agentes de la CIA. Entre los correos salientes, muchos estaban dirigidos a una tal Meredith Gender, e incluso alguno se enviaba con copia (oculta) ¡al senador Louis Lindon!. Jack le pidió a Joey que contactara inmediatamente con el senador Lindon, pero el informático planteó entonces otra duda: ¿los tipos de la CIA eran enemigos de sus enemigos o en realidad Louis Lindon no era de fiar? Tendrían que decidirlo pronto, desde luego.

martes, 2 de julio de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 28

La Sucesión
Antes de la partida, Ancel se reunió con lord Edgar, para discutir el futuro y su nueva relación. En caso de que la casa Raer fuera restaurada, una pequeña parte de la isla sería cedida a los Seabreeze, donde seguramente se alzaría una nueva fortaleza (el heredero Seabreeze no quería desperdiciar la ayuda que le habían ofrecido los Hijos del Bosque), y lord Edgar tendría que ordenar al día siguiente los trabajos de repoblación forestal integral de sus tierras, excepto en pequeños enclaves que se dedicarían al cultivo.

Pocas jornadas después, dos galeras Seabreeze partían hacia Bastión de Tormentas transportando a Ancel, Jeremiah, Berormane, Vanna y Breon junto con lady Madelyne, Tygor Wyl, los escuderos Regar y Lothar, ser Stevron Tudbury, Goran Buckler, lord Edgar Raer y, por supuesto a su capitán, Deros Tormenta.

Bastión de Tormentas

El viaje transcurrió sin incidencias, y en poco más de dos jornadas arribaban a Bastión. Allí ya había ancladas galeras de muchas de las casas de las Tierras de la Tormenta, al igual que en el patio interior, donde se habían levantado multitud de pabellones. Las casas mayores se alojaban en el interior del castilo, pero a los Seabreeze, como casa menor que eran, el castellano Ser Cortnay Penrose les ofreció un espacio en el patio donde plantar su tienda, justo entre llas mariposas negras de Horpe y el relámpago de Dondarrion.

Poco después de establecerse, Berormane y Breon visitaron la taberna de la pequeña población anexa, y allí el caballero del león se sinceró con el maestre. Le contó la historia de su infancia en el Bosque Real, y el secreto de su ascendencia. Su padre no había sido otro que Simon Toyne, que lo había engendrado con una campesina de Rocagrís en una noche de pasión. Lo demostraba el medallón que Breon llevaba bien oculto de un corazón alado, el escudo de su casa. Confió al maestre sus intenciones de reclamar lo que era suyo por derecho en el futuro, y éste le respondió que el paso más lógico a seguir sería ponerse bajo la protección de los Seabreeze cuando decidiera reclamar su herencia. Pero debería esperar todavía, a que las cosas se aclararan en las Tierras de la Tormenta. Con un apretón de manos, siguieron bebiendo.

Para su sorpresa, los Seabreeze recibieron durante los días de su estancia varias visitas de lady Olenna Tyrell, que puso buen cuidado en encontrarse en sitios lejos de ojos y oídos indiscretos. Una delegación de los Tyrell (Loras, Margaery, Willas y la propia Olenna) se encontraba de visita en Bastión por "pura casualidad". La Reina de Espinas se interesó por lo que había pasado con los Wylde, los Raer y demás, y les transmitió su esperanza de que algún día pudieran devolverle el favor que les había prestado.

Lord Harwood Fell no tardó en reunirse con Ancel. Éste, que debido a un reciente encuentro previo había quedado prendado de Dena Dondarrion, la hermana de lord Beric, se recordó a sí mismo sus deberes y renovó su promesa de matrimonio con Elora, por supuesto, y acordaron la fecha de la boda para pocos meses después, si todo salía bien con lord Renly.

Lady Madelyne siguió insistiendo a su hijo sobre la apropiación de las tierras de los Raer. Ancel no sabía cómo apagar la llama de la codicia en su madre, pero finalmente lo consiguió, proponiendo una solución intermedia: los Seabreeze se quedarían con la nueva fortaleza que se alzaría en el acantilado de Escollera y algunas hectáreas alrededor, y lord Edgar conservaría el resto de la isla y además construirían una nueva fortaleza en el enclave que su vasallo escogiera. Lord Edgar no expresó demasiados inconvenientes, y fiándose de las promesas de Ancel aceptó. Algunos de los compañeros de Ancel no se mostraron de acuerdo con tal acuerdo, pues estimaban que quizá lord Edgar pudiera dar problemas en el futuro debido al rencor que podía provocar en él tal usurpación.

Siguieron llegando casas a Bastión, entre ellos los Tudbury, los Wylde, los Swygert... pasaba el tiempo y la única ausencia relevante era la de los Tarth. La preocupación de los Seabreeze iba en aumento, pues los Tarth, junto a los Estermont, eran sus mayores valedores ante lord Renly. Sus sospechas se vieron confirmadas cuando Vanna volvió con información resultado de su infiltración en el campamento de los Wylde: la flotilla de los Tarth había sido interceptada y desviada hacia el norte, con lo que era imposible que llegaran a tiempo para la discusión. A toda prisa, el grupo decidió organizar una expedición para buscar a la escuadra de lord Selwyn.

Antes de que pudieran partir recibieron la visita de lord Renly Baratheon, acompañado de un jovencísimo caballero, ser Loras Tyrell, y su castellano ser Cortnay Penrose. Lord Renly preguntó a Ancel si había traído consigo alguno de los famosos halcones de los Seabreeze para salir a cazar con él. Ancel, consternado, se disculpó, pues no había traído consigo ninguna de sus aves. La decepción se dibujó en los rasgos de lord Renly, que a pesar de ello sonrió y se despidió educadamente. El heredero Seabreeze se maldijo a sí mismo por no haber pensado en aquello, pero ya no había remedio, así que siguieron con los preparativos de la escuadra de exploración y Berormane, Breon y Deros Tormenta partirían al día siguiente en busca de los Tarth.

Poco antes de la partida, a sugerencia de Berormane, Breon compartió con todos sus compañeros el secreto de su herencia. Tras la sorpresa inicial, la frialdad se impuso y acordaron que más adelante, cuando todo se hubiera calmado y la situación fuera propicia, los Seabreeze buscarían aliados y le apoyarían a cambio de la lealtad de su casa. No obstante, sería muy difícil, pues debería ser el propio rey en persona quien levantara el castigo de los Toyne.

Por fortuna no tardaron en encontrar el punto donde las galeras Tarth habían quedado varadas. La pericia de Deros en el mar seguía sin tener parangón, y al amanecer del día siguiente las galeras Seabreeze arribaban a Bastión portando a los representantes de la casa Tarth.

A mediodía se celebró por fin la reunión de los representantes de las Tierras de la Tormenta. La discusión se prolongó hasta bien entrada la noche, con argumentos a favor y en contra de la sucesión de Ancel Seabreeze. Los Swann se erigieron en los mayores detractores de tal horror, pues según sus propias palabras no podían aceptar a tal heredero usurpador y sospechoso de intentar asesinar a su padre. Ante el silencio de los Wylde, Vanna sacó la carta donde lord Jeron los implicaba ordenando el asesinato de sus hijos, y se la enseñó disimuladamente a Ser Jon. Esto, sumado a la mirada intimidatoria de Ancel decidió a Ser Jon a hablar. El testimonio Wylde y el anuncio de la muerte de lord Jeron fue fundamental para que los Seabreeze ganaran los apoyos necesarios entre los presentes; pero aún así, los Swann no dieron su brazo a torcer y finalmente, lord Renly, hastiado ya de tanta discusión, proclamó que la manera más fácil de decidir aquello sería un juicio por combate. Prácticamente todos los presentes brindaron y gritaron, satisfechos; pocos minutos después las mesas se habían apartado dejando un círculo en el gran salón donde Jeremiah y Ser Balon Swann entraron con sus armas y armaduras. La destreza del caballero Swann era bien conocida en el reino, y cuando Jeremiah no le dio oportunidad casi ni a blandir su espada al dejarlo sin respiración y derribarlo tras apenas un par de fintas, todos los presentes se miraron asombrados y confusos. Hasta que los Tudbury, Fell y el resto de casas afines a los Seabreeze estallaron en vítores, aclamando a Ancel como nuevo lord y a Jeremiah como su gran campeón. Lord Renly se incorporó a los vítores, aún sorprendido por la destreza demostrada por el más joven de los Seabreeze, y brindó por el nuevo lord, brindis al que no tuvieron más remedio que incorporarse todas las casas presentes.

"Por fin", pensó Ancel. "Ahora no habrá nada que detenga a los Seabreeze de alcanzar la gloria que merecemos".


FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA

jueves, 6 de junio de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 27

Sorpresas en la isla Raer
Durante las semanas en las que se llevó a cabo la búsqueda de las patrullas perdidas en la isla de los Raer, Berormane se encargó de tratar a ser Tristan Errol, el reciente nuevo capitán de la guardia de halcones aquejado de una fuerte infección debido a las heridas del combate. El maestre se estaba convirtiendo en un verdadero virtuoso de la curación y los cuidados médicos, y no sólo se dedicó a mejorar al caballero, sino que probó con él un nuevo tratamiento de las infecciones basado en pequeñísimas dosis de fuego valyrio que probó ser altamente efectivo.



A los pocos días de iniciar la búsqueda, un barco procedente del continente arribó a Quiebramar, transportando a lady Madelyne, ser Goran, Megara y Melina Raer. Iban acompañados además por ser Stevron Tudbury (el padre de Regar, escudero de Jeremiah) y algunos guardias de su casa. La recepción fue adecuada y el reencuentro tuvo sentimientos enfrentados. Melina se había enterado de lo acontecido en Escollera y la desaparición de su padre, y se retiró enseguida con miradas de rencor a todos los reunidos. Megara también expresó su malestar a su hermano Ancel. Habían perdido a su padre y la casa de su amiga, y no podía sino culpar a sus hermanos de ello. Haciendo un aparte con sus hijos, lady Madelyne los puso al día de todo cuanto sabía y les planteó el que, en su opinión, debería ser su próximo paso: reclamar ante lord Renly las tierras de los Raer como propias. Ancel no se mostró de acuerdo con tal idea, y, al igual que Jeremiah, prefería restaurar su casa banderiza, pues era posible que lord Edgar no hubiera muerto, y además estaba Melina, que era la legítima heredera. Lady Madelyne resopló, pero aceptó la decisión de sus hijos. Durante la cena y la velada posterior, Ancel y Jeremiah limaron asperezas con Megara y le hicieron comprender que habían hecho todo cuanto había estado en su mano para ayudar a los Raer, comprometiendo incluso a un heredero Estermont. Ante la mención de ser Alyn, Megara se encogió: su amor por él era evidente, y sus hermanos le prometieron que lo encontrarían; después de eso, los tres hermanos se fundieron en un abrazo. Con Melina también mejoró la situación cuando la hicieron partícipe de sus sospechas acerca de la posibilidad de que lord Edgar siguiera vivo [por un punto de destino]. La heredera Raer quedó expectante por ver en qué terminaba todo aquello.

Una vez arreglados los asuntos de Quiebramar, el grupo siguió con la búsqueda de los desaparecidos en la isla Raer. Ya habían localizado previamente el área donde supuestamente habían desaparecido las patrullas, pero aun así la búsqueda fue extremadamente difícil. Durante tres días recorrieron una y otra vez los parajes de la zona bajo la guía de Ciren Ríos, su jefe de cazadores, y el resultado era siempre el mismo: nulo. Hasta que finalmente Berormane se dio cuenta de que había una pequeña colina que siempre esquivaban durante la búsqueda, de forma inconsciente. Y aun siendo conscientes de la necesidad de remontar el cerro, tuvieron que llevar a cabo varios intentos hasta que sus mentes se lo permitieron. Remontada la elevación, a sus pies pudieron ver una pequeña depresión umbría donde todavía subsistía una parte del bosque que antes había cubierto las islas en su totalidad. Increíble. ¿Había estado allí todo ese tiempo y nadie se había dado cuenta? Evidentemente, para Vanna y Berormane allí había algo más de lo que los sentidos mundanos daban a entender. Fuerzas que compelían inconscientemente a la gente a no acercarse.

Tras establecer un campamento y ciertas señales para no volver a distraerse, una veintena de personas (entre las que se contaba el grupo) se adentraron en la espesura. La luz del sol se amortiguó casi al instante, y la marcha se hizo penosa, como si los árboles dificultaran su camino más de lo normal. Al cabo de unos minutos de penoso camino, llegaron por fin a un claro, y lo que vieron les dejó sobrecogidos: un arciano. Un arciano blanco, con un rostro tallado que lloraba una resina roja. ¿Niños del Bosque? ¿Allí? ¿Todavía?

Los primeros dardos llegaron desapercibidos, y se clavaron en Berormane, que al instante se sintió embotado y mareado. Un par de soldados más fueron alcanzados y no les quedó más remedio que salir de allí, mientras algunos de ellos distinguían pequeñas sombras que se movían a una velocidad endiablada sobre ramas y entre raíces. Raíces que parecían querer apresar sus pies y ramas que les arañaban el rostro. Salieron al claro respirando pesadamente. Afortunadamente, los dardos no habían tenido un efecto mortal sobre ninguno de ellos, pero ni Vanna ni Berormane supieron identificar la sustancia de la que estaban impregnados.

Lo iban a intentar una segunda vez, cuando pudieron oir una voz con un acento extraño, rasposo, que provenía de algún sitio entre los árboles. La voz dijo que sólo permitirían como visitante dentro del bosque a la mujer. Aunque el grupo amenazó con quemar el bosque, su interlocutor no transigió, y finalmente Vanna se internaba en la espesura hasta llegar a los pies del arciano, como la voz le indicó. Mientras miraba el rostro tallado en el árbol preguntándose qué hacer a continuación, notó el picotazo de un dardo en el cuello y cayó en la inconsciencia. Se despertó poco más tarde, en un complejo subterráneo donde las raíces de los árboles se entrelazaban y varias figuras bajas y oscuras, con garras en lugar de uñas, la miraban con curiosidad y temor. Multitud de luciérnagas y flores iridiscentes proporcionaban la luz necesaria para ver. El líder de los extraños seres, que no podían ser otra cosa que Niños del Bosque, se presentó como Hoja Otoñal. Interrogaron a Vanna acerca de los motivos que les habían llevado allí y le pidieron noticias del mundo exterior, entre ellas explicaciones de por qué últimamente tantos humanos habían llegado a las inmediaciones de su bosque. Vanna intentó ser lo más agradable posible para ganarse su confianza, y pareció que así era y los convencía de sus buenas intenciones, pues Hoja Otoñal quiso celebrar una nueva reunión el día siguiente con la mujer y su líder. Antes de que se marchara le enseñaron a los prisioneros, adormecidos por extrañas sustancias y retenidos entre raíces subterráneas; Edgar Raer y Alyn Estermont se encontraban allí, y a Vanna le dio un vuelco el corazón del alivio que sintió. Cuando volvió y contó lo que había visto, sus compañeros no podían dar crédito. ¡Niños del Bosque! ¿Acaso era lo que buscaban los Wylde en la tierra de los Raer? Y si era así, ¿cómo habían podido averiguar que allí todavía quedaban Niños, después de tantos siglos?

Los interrogantes eran muchos, pero lo primero era lo primero, y Ancel acompañó a Vanna hasta el arciano, donde recibieron resignados los dardos adormecedores y volvieron a despertar en el complejo que la mujer ya conocía. Una larga negociación se entabló entre la pareja y los Niños del Bosque. Éstos todavía recordaban los tiempos en los que los humanos del escudo con el halcón los habían masacrado y quemado sus hogares, pero aquellos tiempos habían quedado muy atrás y Ancel se ocupó de hacérselo notar. Superadas las primeras tiranteces, todo transcurrió más fácilmente, aunque siempre con cierta desconfianza de fondo. No obstante, finalmente las partes llegaron a un acuerdo. Los Seabreeze se comprometían a dejar a los Niños del Bosque vivir en paz en la isla, y a repoblarla con árboles en si práctica totalidad con algunas excepciones, y los Niños prometieron liberar a todos los prisioneros, ayudarles a reconstruir Escollera (para lo cual era imprescindible que tuvieran árboles fuertes creciendo en las inmediaciones) y a proteger a Vanna del encantamiento de distracción para que pudiera volver siempre que lo necesitara. Mantener el secreto de la presencia de los Niños en la isla no debería ser un problema, pues los soldados que habían acampado fuera del bosque ya estaban incluso olvidando cuál era el motivo por el que se encontraban allí. Por supuesto, Hoja Otoñal se encargaría también de que el grupo no perdiera los recuerdos de los Niños.

Triunfales, volvieron a Quiebramar junto con lord Edgar, ser Alyn y los pocos soldados desaparecidos. Estaban exultantes, y el recibimiento no fue para menos. Un gran banquete se celebró en los oscuros salones, que se iluminaron para la ocasión. Melina les dio las gracias por haber encontrado a su padre, con lágrimas en los ojos. Por otra parte, lord Edgar había hecho huir a su mujer y su hijo la noche anterior al incendio, y desgraciadamente no había ni rastro de ellos, lo que empañaba la alegría del reencuentro. Pero por supuesto, el noble Raer renovó sus votos de vasallaje hacia Ancel durante la cena, fundiéndose en un abrazo entre los aplausos de los presentes. Megara y ser Alyn también tuvieron unas palabras de agradecimiento, cogidos de la mano, así como ser Aemon, que esperaba que la alianza entre sus casas perdurara y prosperara en el tiempo.

El día siguiente, casi sin tiempo de descansar, comenzaron a preparar su viaje a Bastión de Tormentas, para acudir a la llamada que lord Renly había enviado tres semanas atrás. Esperaban que los Wylde mantuvieran su palabra de apoyo a la herencia de Ancel, si no las cosas se iban a complicar mucho...


viernes, 24 de mayo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 18

Llegada a Ciudad del Cabo
Ciudad del Cabo
Cuando dejaron atrás suelo patrio, por fin se permitieron el lujo de relajarse. Sin embargo, el momento de calma duró poco, pues el padre Estephaneos pronto insistió sobre los descubrimientos que había hecho en la extraña revista de Jack. No tuvieron más remedio que volver a discutir sobre el tema y sobre la conveniencia de visitar el museo de Tel Aviv del que parecían proceder algunas de las reproducciones. A Estephaneos incluso le temblaban las manos, tal era la impresión que le habían producido los grabados y reproducciones del ejemplar.

Hans Haller también estuvo muy activo durante la primera parte del viaje, hasta el repostaje que hicieron en Azores, insistiendo en que le dejaran marchar y que aquello no era en absoluto lo que él esperaba. Finalmente lo convencieron de que aquello era lo que había y que estaba metido hasta las cejas, así que el científico dejó de quejarse y pareció aceptar su destino como acompañante del grupo.

Sally también se mostraba preocupada por el giro que habían tomado los acontecimientos y buscó refugio y consuelo en los brazos de McNulty, que le correspondió y así pasaron juntos el resto del viaje.

Por su parte, con una conexión a Internet no demasiado buena, Joey siguió alimentando el movimiento anticonspiranoico que días atrás había conseguido poner en marcha en ciertos círculos, y que se encontraba creciendo de manera ostensible. Con suerte, podrían encontrar algo de ayuda en el futuro entre aquella gente.

Al cabo de pocas horas sobrevolaban Ciudad del Cabo, situándose para aterrizar en un pequeño anexo del Aeropuerto Internacional. Un edificio les llamó la atención: un edificio bastante grande en un sitio privilegiado del puerto que lucía una inequívoca "U" pintada en el techo, un techo que sin duda hacía las veces de helipuerto. La U, para ojos que la conocieran, identificaba claramente el complejo como propiedad de UNSUP Inc. Varios barcos se encontraban amarrados ante la nave, y todos ellos cruzaron miradas de preocupación.

Una vez aterrizados, con la documentación falsa y dejando las armas en el avión (Eric Lorry y el capitán les prometieron que esperarían todo lo que pudieran), pudieron pasar los controles del aeropuerto sin demasiados problemas. El único detalle a reseñar fue el de las insignias de los agentes de seguridad que cachearon a alguno de ellos a la salida: todos lucían el logo de World Interlaced, una compañía que Thomas reconocío como una de las asociadas a UNSUP. Una vez fuera del aeropuerto, lo primero que hicieron fue hacerse con varias líneas de móvil del país y otros tantos terminales con conexión a Internet. El taxista, un mestizo que los condujo hasta su edificio de apartamentos (bueno, en realidad hasta una dirección cercana por precaución de Thomas) los identificó como americanos y les preguntó por los salvajes atentados de Nueva York, y lo increíble que parecía que algo así hubiera ocurrido después del 11-S.

Una vez alojados en el edificio de apartamentos cercano al puerto, Thomas se dedicó a investigar sobre laboratorios farmacéuticos con intereses en Ciudad del Cabo. Algunos de los más conocidos, como Bayer, surgieron en la búsqueda. Pero los que más le llamaron la atención fueron otros nombres: Erde & Mahl e Innovative Projekte, ambos nombres estrechamente relacionados con intereses de empresas subsidiarias de UNSUP. De I.P. poco pudo averiguar, pero el nombre del director general de Erde & Mahl sí que salió a la luz: Evan Smith, que ostentaba también el cargo de coordinador general de las acciones de cooperación internacional para África del Sur. Un breve proceso de investigación en la red por parte de Joey sacó a la luz un artículo algo antiguo de una revista alemana, con el titular "¿ES Evan Smith un alter ego de Evert Schmidt?" En el artículo se hablaba de Evert Schmidth, un antiguo pez gordo del mundo empresarial alemán, que estuvo a punto de ir a la cárcel por desvío de capitales y asociación con banda terrorista. Era conocido por su afición a la memorabilia nazi y por su implicación en el escándalo de unas fotos en las que aparecía en orgías de imaginería del III Reich. Se especulaba que Evert había huido del país, y que el tal Evan Smith no era sino él mismo con alguna que otra operación de cirugía y aspecto cambiado. Por otro lado, ya sabían que Merten Jund era uno de los principales accionistas de Innovative Projekte... todo parecía conectado, y apestaba a más no poder.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 26

La liberación de Quiebramar
Antes de la partida hacia Quiebramar, Ser Davos y sus hijos, Dale y Allard, se despidieron del grupo con sus mejores deseos para el futuro y esperando que se volvieran a ver pronto. Habían permanecido demasiado tiempo en las Tierras de la Tormenta, y Stannis debía de estar ya impaciente por su regreso. Melisandre también les dedicó unas palabras a los hermanos Seabreeze, recordándoles su importante papel en los acontecimientos venideros y previniéndoles contra las sombras que había visto acechándolos en sus visiones. Les advirtió que tuvieran mucho cuidado en las decisiones que deberían tomar en el futuro inmediato.

Fuego en Quiebramar

Al frente de la gran flota no tardaron en avistar la parte oriental de su isla en poco más de tres jornadas. Con ayuda de la lente myriense de Berormane podían ver la costa; no había ni rastro de la flota enemiga. Tomaron todas las precauciones posibles, dividiendo la flota y rodeando la isla, y seguían sin ver ni rastro. Una parte de la flota se desvió hacia Escollera para intentar encontrar supervivientes allí, entre ellos a Alyn Estermont, gesto que Ser Aemon agradeció sobremanera. Siguieron sin ver ni rastro de embarcaciones hasta que una solitaria galera los avistó y después de las pertinentes señales se acercó. Era uno de sus propios barcos, patrullando los alrededores de la isla. El capitán les informó de que hacía unos días, los enemigos que asediaban Quiebramar habían intentado asaltarla, y amedrentados por el fuego valyrio, poco después habían levantado el asedio y se habían marchado sin más. Echando un vistazo a la flota que acompañaba a los Seabreeze, ahora entendía por qué.

Al llegar a Quiebramar lo primero que les llamó la atención fue el incendio que consumía la parte superior de las dos torres más interiores del castillo. El fuego todavía ardía con un resplandor verdeazulado que según Berormane no desprendía otra cosa que el fuego valyrio. El castellano que habían dejado al frente, ser Tristan Errol, no pudo recibirles por encontrarse malherido y enfermo. En su lugar les recibió ser Marann, un antiguo espada juramentada de lord Jeron que había sustituido a ser Tristan. Este último adolecía de una fea infección que Berormane trató con su maestría habitual.

Ser Marann les informó de todo lo que había ocurrido en los últimos días. Tempestuosas pesadillas y voces extrañas procedentes del exterior se habían oído a todas horas hacía unas cuantas noches. Voces y sueños que habían inducido a la locura a algunos habitantes de Quiebramar, entre ellos los guardias de turno del fuego valyrio, que intentaron arrasar la fortaleza con él. Lo mismo que había sucedido en Escollera, a juzgar por los testimonios que habían recibido. En ese momento, tomó la palabra Saario de Penthos, el clérigo rojo compañero de Melisandre, que afirmó que no había sido otro que R'hllor a través de su persona el que había protegido a la gente del castillo de sucumbir a la locura y a la muerte. Saario fue especialmente convincente en sus argumentos y al explicar sus sueños, y aunque Jeremiah intentó rebatirle con su intensa fe en los Siete, el resto no supo muy bien qué pensar. En resumidas cuentas, los guardias intentaron utilizar el fuego valyrio para abrir brecha en la fortaleza, pero solo pudieron incendiar las dos torres interiores. Al mismo tiempo y aprovechando la confusión, los asediantes lanzaron un asalto para tomar Quiebramar, pero el firme mando de Ser Tristan y Ser Marann, la ayuda de Saario y la utilización del resto de fuego valyrio contra los atacantes habían bastado para detener a estos últimos. La noche siguiente, sin más, los asaltantes levantaron los campamentos y al amanecer se habían marchado. Suponían que se habían enterado de que Ancel y Jeremiah habían conseguido hacer cambiar de parecer a los Tarth y era mucho mejor retirarse a tiempo.

Horas después, el destacamento de Escollera volvió sin haber encontrado a supervivientes notables en la isla. No obstante, los cuerpos de Edgar Raer y Alyn Estermont seguían sin aparecer.

Por la noche, los comandantes de la fuerza aliada se reunieron en la sala de guerra de Quiebramar. Allí estaban el grupo al completo, Aemon Estermont, Morten Morrigen, Walter Rogers, Joremon Wensington, Mark Kellington, Aggert Swygert, Brienne de Tarth y Saario de Penthos. Saario insistió en la protección que les había proporcionado R'hllor siempre que tuvo ocasión, y efectivamente, al interrogar a los habitantes del castillo sobre sus pesadillas, todos afirmaban lo mismo: unas sombras que les arrastraban hacia la locura y la oscuridad, y cómo unas llamas las consumían de repente y los elevaban hacia el cielo. Incluso Jeremiah tuvo que aceptar este hecho, aunque seguía reticente. Los presentes trataron sobre qué hacer en siguiente lugar, y todos coincidieron en que hasta que Ancel no reclamara oficialmente la cabeza de la Casa Seabreeze y fuera reconocido legítimamente, poco podrían hacer. Aggert Swygert mencionó entre disculpas los preocupantes rumores que habían cundido por las Tierras de la Tormenta acerca de que uno de los hijos de lord Jeron había tenido algo que ver con el accidente de caza que lo había dejado postrado sin poder andar. Una discusión estalló sobre el tema, hasta que la dama Brienne se levantó (tímidamente al principio) y tomó la palabra:

—Si lady Vanna jura por su honor que ninguno de los hijos de Jeron tuvo algo que ver con su accidente, lord Ancel contará con todo mi apoyo.

Vanna, evidentemente, lo juró a pesar de ser falso, no le quedaba otro remedio. [¡Tirada de 28 en engaño!]. Con un estruendoso "a mí me basta", Brienne se sentó y todos los presentes callaron, aunque el problema seguía estando presente. Sin embargo, ser Aemon quiso oir tal juramento de labios del mismo Ancel; éste no se opuso y con la maestría que Vanna y su madre le habían transmitido, mintió con total naturalidad. Aemon asintió y declaró que contaba con su apoyo ante lord Renly, al igual que todos los demás.

Berormane visitó esa misma noche a los habitantes del castillo que habían caído presa de la locura y que permanecían encerrados. Éstos se mostraban un tanto violentos y lo único que se podía deducir de su errático discurso era que estaban obsesionados por conseguir "fuego para purificarse".

La mañana siguiente llegó un cuervo a Quiebramar. Llevaba una nota firmada con el apellido Wylde. La nota invitaba a Ancel y tres acompañantes de su elección a una reunión en el islote de Solnegro, uno de los muchos islotes al noreste de la isla de los Seabreeze. En la nota, un Wylde sin especificar ofrecía su apoyo y la paz a Ancel y Jeremiah. Tras una larga discusión, los Seabreeze decidieron que finalmente acudirían al lugar, pero por supuesto respaldados por al menos la mitad de su flota.

Poco después del amanecer del día siguiente tenía la reunión en el desolado islote de Solnegro entre Ancel, Jeremiah, Vanna y Breon y la representación Wylde, encabezada por Ser Jon. Tuvieron lugar unos duros y tensos intercambios de palabras e intentos de convencerse los unos a los otros. Durante la negociación, Ser Jon se mostró sutilmente insistente en que los Seabreeze les cedieran la isla de Raer a cambo de tierras en el continente (de los Connington seguramente), algo que no pasó inadvertido a los ojos expertos de Ancel y Vanna. Por supuesto, los Seabreeze no aceptaron, lo que aumentó la tensión en el ambiente. Cuando Ancel preguntó a Ser Jon acerca del paradero de su padre, el Wylde le dio su palabra de que lord Jeron había muerto de graves heridas, y que habían echado ya su cadáver al mar. Los Seabreeze no se fiaban del todo de la palabra de su hasta entonces enemigo, pero no dudaron de la conveniencia de aceptarlo por el momento. Así que Ancel decidió aceptar el ofrecimiento de los Wylde; su legitimación como cabeza de la casa debía ser la prioridad absoluta, y el apoyo de los Wylde y de sus aliados seguramente sería algo definitivo ante lord Renly. Ya encontraría el momento de ajustar cuentas con ellos en el futuro. Un apretón de manos selló el acuerdo entre las partes.

Las semanas siguientes, multitud de cuervos y mensajeros cruzaron las Tierras de la Tormenta, y finalmente lord Renly convocó a una representación de todas las casas que lo desearan a Bastión de Tormentas en el plazo de un mes para "tratar los desagradables asuntos acontecidos últimamente". Berormane también envió un cuervo a Altojardín, a lady Olenna Tyrell, informándole de la situación y solicitando una posible entrevista. Por su parte, los Wensington, los Kellington y los Rogers volvieron a sus respectivas tierras, despidiéndose hasta pronto.

Durante ese tiempo, los Seabreeze se dedicaron a peinar la isla de los Raer en busca de los desaparecidos, ya que Jon Wylde había jurado y perjurado que ni lord Edgar ni Ser Alyn habían sido hechos prisioneros ni sus cuerpos descubiertos. Y algo extraño sucedió: al cabo de un tiempo, una de las patrullas que se encontraban peinando la isla desapareció sin dejar rastro, y el resto no parecía recordar dónde había sido. Así que decidieron repartir la isla más uniformemente y transcurridos unos veinte días desaparecía otra patrulla, justo en un pequeño bosquecillo que todavía existía en el sureste de la isla...

Cuando se disponían a partir hacia Escollera espoleados por tal información, un sirviente llevó la noticia de que un barco acababa de atracar en puerto, transportando a Ser Goran Buckler, lady Madelyne y Megara Seabreeze, y a Melina Raer. La familia se reunía de nuevo.

jueves, 16 de mayo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 17

Hacia África
En cuestión de pocos momentos, Joey conseguía acceder a la frecuencia de la policía de Philadelphia y así se enteraron de que alguna unidad estaba retransmitiendo su posición y su rumbo, seguramente un helicóptero que los mantenía bajo contacto visual. Así que decidieron aumentar la confusión: Joey hackeó la frecuencia para poder emitir también, y McNulty se encargó de confundir a sus perseguidores dando información engañosa. Los policías pasaron a una segunda frecuencia protegida que el grueso hacker no tardó en piratear también, y así siguieron las cosas un rato, hasta que Joey decidió emitir un pitido de alta frecuencia para hacer imposible la transmisión de información.

En el ínterin, se detuvieron en un barrio residencial donde despistaron al helicóptero y en un centro comercial robaron un monovolumen. A sugerencia de John, se dirigieron rápidamente a una granja propiedad de unos tíos suyos que se encontraba cerca de allí y llevaba varios años abandonada [5 puntos de relato]. Al llegar se encontraron con que la granja parecía haber sido registrada y posiblemente saqueada, aunque el viejo refugio antinuclear seguía intacto. Además, la camioneta de su tío Marvin seguía en el garaje y funcionando perfectamente, de esa forma pudieron cambiar nuevamente de vehículo. Mientras se encontraban allí, Jonas recibió la llamada de Ryleadh O'Connor, un antiguo miembro de la organización al que apenas conocía, pero que se presentó diciendo que O'Sullivan le había ordenado ver si McNulty necesitaba algo, lo que fuera. Se despidieron amigablemente.

Desde la granja se dirigieron en la camioneta hacia el aeródromo donde debían embarcar en el jet privado de Louis Lindon. El jet debía llegar en unas tres o cuatro horas. No obstante, al llegar al aeródromo todos sus rostros reflejaron preocupación: el complejo estaba custodiado por una unidad de militares, entre ellos un carro de combate cerca de la puerta principal de acceso. Parecía imposible burlar la vigilancia de tantos soldados sin ayuda, así que, desesperado, McNulty contactó de nuevo con O'Connor; éste le dijo que hablaría con los "chicos de Yurikov" y vería si podían ayudarles.

No les quedaba más remedio que esperar a una distancia prudencial y pasar el tiempo. Hans Haller fue un incordio durante todo el tiempo, aterrado por la situación en la que le habían metido y rogándoles que le dejaran marchar hasta que Finnegan le hizo callar. Transcurridas unas cuatro horas, al caer la noche, el jet llegó y seguía sin suceder nada. Unas horas más y de repente, el padre Estephaneos exclamó un quedo "¡Dios mío!". Se encontraba leyendo la revista "Nuevo Amanecer", el número 13 concretamente, que Jack había conseguido tras mucho esfuerzo de un viejo kioskero, y su rostro se había vuelto ceniciento. Según les explicó cuando pudieron hacerle recuperar el habla, algunas de las fotocopias de mala calidad que se reproducían en la revista describían en arameo unos horribles rituales que tenían como finalidad "el nacimiento de la Bestia". Parecían ser parte de un todo mucho mayor que no se había incluido en la revista. Quizá sería buena idea hablar con quien hubiera conseguido todo aquello.

Cuando se disponían ha coser al sacerdote a preguntas, Sally les hizo callar. Un camión militar con las luces apagadas se acercaba a la puerta principal del aeródromo. Se quedaron helados. El camión se detuvo a unos doscientos metros del complejo. A los pocos instantes, un destello, algo que salía despedido y una explosión que hizo saltar por los aires la puerta principal. Una segunda trayectoria luminosa hizo saltar por los aires el tanque antes de que nadie pudiera reaccionar: ¡lanzamisiles! Debían ser los chicos de Yurikov. Tras un breve tiroteo, el camión desaparecía tan rápidamente como había llegado.

El grupo aprovechó la confusión para colarse en el aeródromo a través de otro lugar, haciendo un agujero en la alambrada. Tras algún que otro problema con los vigilantes, llegaban a bordo del avión, donde les recibieron Eric Lorry, hombre de confianza de Lindon, y el capitán Travis Manor. Cuando el capitán pidió el permiso para despegar con la excusa de poner a sus pasajeros a salvo, los militares procedieron al registro del aeroplano y del pasaje. Los corazones latían aceleradamente y los alientos se contuvieron cuando los soldados procedieron a la inspección, pero los falsos pasaportes que Eric Lorry había repartido al grupo resultaron ser efectivos, y finalmente el avión despegó rumbo a África, mientras se miraban unos a otros con rostros de preocupación pero también de alivio.

martes, 7 de mayo de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 25

Nido del Grifo (y III). Brienne de Tarth.
Tras una larga discusión en la habitación de los Seabreeze, el grupo, junto con ser Davos y Melisandre, decidió que lo mejor sería hablar directamente con ser Ronnet y no exponerse a una huida que podría acabar con la muerte de todos ellos. Melisandre no les acompañaría, prefería no inmiscuirse en tales asuntos, y aunque les costó convencer a ser Davos, finalmente éste accedió a acompañarles y allanar un poco el terreno. No estaban muy seguros de si era una buena idea, pues el caballero de la cebolla no era ni mucho menos santo de la devoción de ser Ronnet, pero preferían tener todo el apoyo posible.

Poco después se reunían con ser Ronnet en la sala principal. El caballero presentó a uno de sus acompañantes, que parecía su consejero: Willam Connington. Sin embargo, a ojos (y conocimiento) de Ancel y Vanna, era evidente que no existía tal Willam en la familia. La conversación subsiguiente, cuando Ser Davos reveló las verdaderas identidades de los Seabreeze y sus acompañantes, casi acabó de forma desastrosa para los intereses de éstos. Por fortuna, las habilidades sociales de Ancel, Vanna y Berormane se hicieron notar y consiguieron que Ser Ronnet se aviniera a razones y les escuchara sin la intromisión de "Willam", que finalmente resultaría ser en realidad Ser Jon Wylde. Tras mencionar la ira de Renly, la posible intervención de Stannis, el trato con lord Selwyn Tarth y mil y una tretas más, la intervención sorpresiva de Melisandre atenuando y luego reforzando las luces de la sala terminó por convencer al Connington de la conveniencia de aliarse con "los nuevos Seabreeze" en lugar de atraer más iras sobre sí que acabarían con la desgracia total de su casa. Así que ser Ronnet decidió contarles la verdad de su alianza con los Wylde.

Hacía varias semanas que Orten Lugus había llegado del este con una carta, una carta que había hecho que Ser Ronnet diera un puñetazo en la pared. En el mensaje se le instaba a viajar a Tyrosh para entrevistarse, ni más ni menos, que ¡con lord Jon Connington! Al parecer, su primo no había fallecido durante la rebelión de Robert, sino que había conseguido exiliarse a las ciudades libres, y ahora se encontraba a punto de reclamar lo que era suyo. Ser Ronnet no alcanzaba a entender cómo pretendía hacer tal cosa, pero tenía pocas dudas acerca de la autenticidad de la carta y de quién la había escrito. En la alianza con los Wylde, Tarth y Caron había encontrado una tabla de salvación y quizá la posibilidad de obtener el título de lord si demostraba su valía. Pero Melisandre y los datos que habían aportado los Seabreeze cambiaban la situación, así que decidió cambiar de bando requiriendo dos cosas: una suma económica que resultó ser asequible para los Seabreeze y el apoyo de éstos y sus aliados en caso de que lord Jon intentara arrebatarle Nido del Grifo. Por supuesto, Ancel y Jeremiah aceptaron.

Tras algunos susurros y órdenes veladas se entabló un breve combate entre los Connington y los "mercenarios" Wylde. Cogidos por sorpresa y con Breon y Jeremiah en contra, la mayoría de estos últimos se rindieron sin luchar. A quien no hubo forma de encontrar fue a Ser Jon Wylde, que desapareció sin dejar rastro con una parte de sus tropas.

Sin tardanza, Brienne fue liberada y debidamente atendida por Berormane, y el grupo partió tras despedirse de Ronnet Connington, pagarle y prometerle ayuda en breve. Berormane envió un cuervo a Castillo del Atardecer anticipando su llegada, y embarcaron.

La travesía fue muy tranquila, para variar, y en apenas cuatro jornadas llegaban a Tarth, en cuyo puerto se encontraban ancladas varias galeras Estermont. Durante el viaje, Vanna y Brienne se acercaron mutuamente y enseguida trabaron amistad.

En el Castillo del Atardecer fueron inmediatamente recibidos por lord Selwyn, a quien contaron toda la historia de los últimos días y devolvieron a su amada hija. Lord Selwyn se lo agradeció profundamente y envió mensajeros para retirar inmediatamente su apoyo a los Wylde. En cierto punto de las conversaciones hizo acto de aparición Ser Aemon Estermon, que preguntó al grupo por el paradero de su hijo Alyn. Compungidos, le explicaron que Ser Alyn había desaparecido tras la caída de Escollera, y le prometieron que lo buscarían en breve. Aemon apenas pudo contener su ira, pero se avino a razones cuando le recordaron que Ser Alyn había obrado por iniciativa propia debido a su amor a Megara, la hermana de Jeremiah y Ancel. Insistieron en que había que conservar la esperanza y pensar que Alyn seguía vivo todavía; Ancel no se oponía a un matrimonio entre Alyn y Megara, por supuesto, y se comprometió a sacar de donde fuera una dote acorde con tan ilustre cuñado. Lo primero era rescatarlo si se encontraba prisionero, o encontrarlo allá donde estuviera; si estaba muerto, lo honrarían y vengarían.

Una semana después, una flota compuesta por unas ochenta galeras y cinco dromonoes con los estandartes de Estermont, Rogers, Swygert, Wensington y Tarth partía hacia la isla de Merth para poner punto y final al asedio de Quiebramar. Transportaba unos dos mil efectivos de todas las casas mencionadas, y por primera vez en mucho el grupo tenía razones para el optimismo.