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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

miércoles, 25 de mayo de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 3

Ataque Frontal. Una vieja amiga
Tras la charla con Michael, Tomaso fue informado por los criados de que el señor McMurdock ya había llegado. Al parecer, había pasado la noche fuera; y así era, pero en circunstancias algo extrañas: Robert no recordaba nada desde el momento en que le había colgado el teléfono a Michael la noche anterior hasta que había aparecido hacía escasos minutos en la verja de su mansión. Uno de sus hombres de seguridad, alertado, lo sacó de la ensoñación en la que aparentemente se encontraba inmerso. No era la primera vez que ocurría, así que tampoco cogió al servicio desprevenido.

Poco después, recuperado de la impresión aunque bastante cansado, Robert recibía a Tomaso en su despacho. El italiano le contó todo lo que había descubierto la noche anterior en su investigación en Internet: las menciones a la nueva inquisición y Alex Abel y la multitud de discusiones que había leído en torno al "loco suicida" del Excelsior -los medios habían recurrido a la explicación de un loco sin relación alguna con el jihadismo para no hacer cundir el pánico-. Unas aludían a un episodio similar sucedido en Tel Aviv en el 99, y otras hacían referencia a que había podido tratarse de una "Ascensión", fuera lo que fuera aquello. Decidieron llamar al resto del grupo para compartir la información con ellos; mientras Tomaso se encargaba de llamar a Derek, Robert llamaría a Patrick. Pero Robert no llegó a realizar la llamada: en esos instantes a solas, su cerebro empezó a racionalizar el episodio nocturno y su mente no pudo resistir el estrés: se desconectó durante unos minutos, dejándolo en estado catatónico. Cuando se recuperó vio a su alrededor a algunos miembros del servicio, a Michael y a Tomaso, que lo miraban con preocupación. Michael le dijo que había estado intentando llamar a su psicólogo, Rhyckon Larsen, pero había sido imposible contactar con él.

Aliviados al ver que Robert se recuperaba, el servicio volvió a sus quehaceres. El empresario y Michael salieron para tener una conversacion privada, a petición del segundo, y Tomaso se quedó en el despacho para llamar a Patrick, siguiendo la sugerencia de Robert. A solas con Michael en otra estancia, este le planteó sus sospechas hacia el grupo de "nuevos amigos" que había hecho, y la posibilidad de que los sueños hubieran sido inducidos para que confiara en ellos. También expresó su molestia respecto a la actitud de Robert respecto a él, porque últimamente parecía sospechar de sus acciones; llevaban años juntos, y no quería que existieran dudas respecto a su lealtad; pero algo en el tono de Michael le decía a Robert que había algo más, algo que su amigo parecía querer decir pero no llegaba a hacerlo. Antes de que Robert pudiera replicar su respuesta, llegó Charlie, uno de los miembros del servicio de seguridad, alegando que el señor McMurdock estaría muy interesado en ver una de las grabaciones. Robert y Michael entraron en la sala de monitores, y allí Charlie les enseñó cómo Tomaso, en el despacho de Robert, había estado trasteando en el teléfono fijo y sacando unas fotos, seguramente averiguando los últimos números a los que se había llamado. En ese momento, Michael pasó a explicar a Robert todo lo que había sucedido la noche anterior con Travish McHale y los “nuevos clientes”: le habló de la filtración que había habido y cómo había llegado Tomaso para arreglarlo todo; incluso algunos de los presentes lo habían reconocido y lo habían llamado “Mr. Fixer”, en referencia a su capacidad para arreglar las cosas. En opinión de Michael, Tomaso tenía estrechos lazos con los círculos mafiosos de Nueva York, quizá incluso más que eso. Preocupado pero no excesivamente sorprendido, Robert encargó a Michael que fuera a hablar con Tomaso con instrucciones específicas mientras él esperaba en el solarium a Patrick y a Derek.

En el despacho, siguiendo las instrucciones de Robert, Michael se sinceró con Tomaso, diciéndole que le había visto en una grabación y que debería tener con cuidado; también afirmó que Robert no sabía nada de aquello y así seguiría, pero que tendría que destruir las fotos que había tomado. Tomaso destruyó las fotos, pero no sin antes aprender de memoria el último número de teléfono, el que debía de pertenecer al psicólogo de Robert.

Reunido ya en el solarium con Robert, Tomaso quiso evitar malentendidos, y le reveló que había querido ayudarle a localizar a Rhyckon Larsen mediante el número de teléfono; su agencia le permitía tener muchos contactos que le podrían ayudar a localizarlo. McMurdock se dio por satisfecho con la explicación y prefirió no insistir en el tema. Enseguida llegaron Derek y Patrick.

Les llamó la atención la cojera de Patrick, y los rasguños que tenía en la cara y los brazos, así que este les contó toda su aventura en el hospital, lo extraño de los agentes del FBI que guardaban la planta de los heridos en el Excelsior y su precipitada huida, durante la que se había torcido un tobillo. Tomaso sugirió a Patrick que enviara fuera de la ciudad a sus seres queridos al menos temporalmente, con un gesto que dejó claro para el profesor de filosofía que el italiano era mucho más que un manager de modelos; no pudo evitar sugerir tal cosa, y las tensiones afloraron en una fuerte conversación que, por fortuna, acabó calmándose. De todas formas, Patrick siguió la sugerencia de Tomaso y llamó a una asombrada Helen para decirle que se marchara unos días.

A continuación fueron Derek y Tomaso los que compartieron sus experiencias de la pasada noche. El primero les habló del accidente que habían sufrido sus hombres; los hechos extraños parecían estar multiplicándose últimamente, y eso le llenaba de inquietud. Además, hizo una breve llamada para enterarse de si Patrick Sullivan había sido puesto en busca y captura: al poco su secretaria le respondía diciéndole que no, no había ninguna orden con ese nombre; esto alivió a todos.

Pero la conversación dio un giro inesperado cuando Tomaso expuso lo que había averiguado en su investigación en internet la pasada noche, igual que había hecho antes con Robert. Al mencionar a Henry Clarkson, todos dieron un respingo. Tanto Patrick como Derek y Tomaso habían conocido en el pasado a un tal Henry Clarkson, que había jugado un papel más o menos importante en sus vidas, y todas sus descripciones coincidían en señalarlo como un hombre de unos sesenta años aunque habían conocido al individuo en épocas muy distintas, separadas en el caso más extremo por tres décadas de diferencia. Robert también les habló de la experiencia de Michael en la cárcel, donde también conoció a Henry Clarkson, de aspecto idéntico al que describían. Pero el propio Robert era un cabo suelto: nunca había conocido a nadie por ese nombre; la clave vino con la descripción física de Clarkson y la memoria de Tomaso: con un chasquido de dedos, el italiano se apresuró a coger papel y lápiz, e hizo unos cuantos garabatos para demostrar su teoría: ¡el nombre del psicólogo de Robert, Rhyckon Larsen, no era sino un anagrama de Henry Clarkson!

Siguieron unos momentos de silencio, pues este hecho sí que fue definitivo para que todos se convencieran de que algo desconocido les unía y no tenían ni idea de por qué. Las animosidades quedaron aparte en favor de una muda reflexión de reconocimiento común.

Pocos minutos después, Robert invitaba a Michael a unirse a la comida, considerando que el hecho de que hubiera conocido también a Clarkson lo ponía en la misma situación que a ellos. Por supuesto, el compañero de Robert abrió mucho los ojos al enterarse de todo esto, y afirmó que desde luego, alguien que conocía la localización del extraño monolito del que ya les habían hablado en una ocasión anterior no podía ser una persona normal. Discutieron largo y tendido sobre qué o quién podía ser en realidad el tal Henry Clarkson. Robert se mostró convencido de que debía de ser una especie de ángel, enlazando con el concepto de “Ascensión” que Tomaso también había descubierto en los foros ocultistas.

Durante la conversación se hicieron también alusiones al comportamiento que Michael había tenido los últimos días, y finalmente Robert lo confrontó directamente, preguntándole por qué le había ocultado información sobre AIFC y WCA. La tensión fue demasiado para Michael, que se había ido mostrando cada vez más y más nervioso, y reaccionó de un modo que no esperaban: rompió a llorar y a gritar, encogiéndose sobre sí mismo pidiendo perdón a Robert:

 —¡Yo no quería hacerlo! ¡¡¡No quería hacerlo, te lo juro Robert!!! ¡¡¡Ellos me obligaron!!!

Quedó en el suelo, con la mirada perdida. Patrick trató de recuperarlo lo mejor que supo, con terapia de choque; al cabo de unos minutos Michael reaccionó violentamente. Con la mirada perdida todavía, exclamó:

 —¡Oh, no! ¡Venían para acá, estarán a punto de llegar! ¡Corred! ¡¡¡Correeeeeed!!!

En un instante se incorporó y corrió hacia el interior de la casa, con el resto del grupo inmóvil y confundido por lo que había pasado. ¿Qué quería decir? Se miraron extrañados.

Tomaso vio un punto en el cielo. Un punto que dejó pronto de serlo para revelar una figura que se acercaba. Haciendo visera con la mano lo pudo distinguir: un helicóptero. Completamente negro, y extrañamente silencioso. Lo señaló a los demás. El helicóptero tardó sólo unos segundos en hacerse claramente visible.

Y sólo unos pocos más en empezar a disparar.

El infierno se desató en la parte trasera de la mansión. Balas de un calibre desmesurado empezaron a silbar alrededor del grupo, que superada la primera impresión corrió hacia el interior de la mansión al completo, entre chispas y polvo. Robert intentó organizar al servicio y el personal de seguridad para poner a todos a salvo, pero no pudo evitar que varios criados fueran alcanzados por los enormes proyectiles; la visión de la carnicería fue demasiado para algunos de ellos. Robert comenzó a correr sin control, y Tomaso, presa de una rabia irracional, volvió a salir al exterior para disparar contra el helicóptero de forma suicida. Afortunadamente, Derek pudo arrastrarlo de nuevo al interior de la casa mientras varios militares se descolgaban ya del aparato. Corrieron hacia la parte delantera de la mansión, pero tuvieron que detenerse: a través de la ventana pudieron ver cómo dos hummers habían reventado la verja y varios militares o miembros de las fuerzas especiales vestidos de negro se acercaban hacia la puerta con una carga explosiva. Volvieron hacia atrás, y recordando una de las órdenes que Robert había gritado al servicio, comenzaron a buscar la entrada al garaje. No tardaron en encontrarla y en conseguir un coche, en cuyo asiento de conductor se encontraba Michael, en un estado de nervios tal que no había acertado a arrancarlo. Apartándolo, Patrick se hizo cargo del volante mientras los demás se acomodaban. Chirriando ruedas salieron de allí; un par de militares, que se dirigían a asegurar la salida del parking, les dispararon, hiriendo levemente a Tomaso y a Derek.

Poco después reconocían la figura de Robert corriendo por el arcén de la carretera. Al subirlo al vehículo les habló de su embarcadero, y hacia allí se dirigieron. Subieron al barco con los miembros del servicio y de seguridad que habían logrado llegar y zarparon hacia el centro del lago. Una vez tranquilos, Robert se dirigió a sus empleados y les ordenó que regresaran una temporada a sus casas; pagaría sus sueldos pero les concedía un permiso indefinido; alegó desconocer lo que había sucedido y no podía darles más detalles.

Unas horas después, Tomaso consiguió un coche haciendo uso de su natural seductor y se dirigieron a la oficina de Derek, la sede de la CCSA en el barrio de Tribeca.

Los hombres de Derek se preocuparon al ver el aspecto de su jefe, pero éste no sólo los tranquilizó al respecto, sino que aprovechó para reunirlos y dirigirles una charla para calmar sus dudas respecto a la agencia, como había hablado el día anterior con Jonathan.

Mientras Patrick trataba de sacar de su shock mental a Michael (que durante el viaje hacia el embarcadero había quedado inconsciente y ya no había despertado), Tomaso y Robert charlaron un rato a solas en uno de los despachos vacíos de la agencia. Y en esta conversación se sinceraron completamente sobre sus verdaderas naturalezas y actividades. Cuando Tomaso le comentó la multitud de escenas extrañas en las que el “Polvo de Dios” parecía estar involucrado, Robert le rebatió con todo convencimiento de que esa droga no tenía efectos adversos más allá que el anhelo de sentir sus efectos y que en sí no era algo que pudiera provocar los efectos de los que le hablaba Tomaso. Éste no pudo sino sentirse satisfecho con la explicación del empresario.

Patrick consiguió que Michael saliera de su inconsciencia, pero no de su estado de shock, que el profesor de filosofía diagnosticó a vuelapluma como catatonia. Después volvió a reunirse el grupo al completo. Patrick, harto de las “mentiras” (según él) de Tomaso y Derek, volvió a perder el control de su temperamento. Para tranquilizarlo, lo encerraron en lo que a todas luces era una sala de interrogatorios; esto tuvo el efecto contrario que pretendían, y aún molestó más a Patrick porque, ¿para qué demonios necesitaba una agencia sanitaria una maldita sala de interrogatorios? El profesor blasfemó y golpeó el cristal repetidas veces, hasta que consiguió calmarse y pidió disculpas.

Después de conversar brevemente sobre las pérdidas de memoria de Robert (que él achacaba a motivos esotéricos, pues le sucedían desde que había tocado el monolito), agotados, se acomodaron lo mejor que pudieron en la oficina y durmieron.

Por la mañana, al volver a encender su móvil, Patrick se sorprendió cuando vio que tenía unas cuantas llamadas perdidas desde el número de Sigrid. Esperanzado con que la anticuaria hubiera podido recuperarse de la explosión y salir del hospital, le devolvió la llamada. El teléfono sonó mucho rato antes de que alguien lo descolgara, y al otro lado sonó la voz de Sigrid, temblorosa:

 —¿Patrick?¿Patrick?¿Qué sucede? Está todo muy oscuro, y tengo frío, por favor, ¡ayúdame!

A continuación, la voz distorsionada de un hombre amenazó al profesor con que si quería volver a ver a su amiga con vida, debería acudir con el resto de sus “amigos” al motel Green Oaks, en la milla 73 de la carretera 363.

miércoles, 11 de mayo de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 2

Reunión y Accidente
Los nombres que figuraban en el libro de registro eran los siguientes: Dulce da Silva (a la que Patrick tuvo la oportunidad de conocer muy bien los días anteriores a la explosión), Emil Jacobsen, Frederic Turang, Duncan Arcen y Jack Lambert. Además, según Robert, el membrete del libro correspondía al escudo de armas de la familia Worthington, una rancia saga que se remontaba a los tiempos de la época colonial, antiguos aristócratas ingleses radicados en Delaware con extensas propiedades en los estados circundantes, entre ellos Nueva York.

Poco más tarde, conectado a Internet, Tomaso averiguó que Emil Jacobsen era uno de los coleccionistas de libros más importantes de Europa y que poseía una renombrada librería en Londres. También descubrió que Duncan Arcen era un abogado del bufete Weiss, Crane & Assocs, especializado en casos de estafa. Investigó también sobre la familia Worthington, pero la cantidad de información presente en internet lo superó de momento. Leyó sobre la enorme mansión de la familia en Wilmington y un poco más sobre la empresa de su propiedad que se encargó de la subasta, Worthington’s Classy, pero no obtuvo en claro más que información de dominio público, y nada comprometedor.

Por la tarde, Patrick y Robert se reunían en el club de campo de este último para compartir la información sobre la contabilidad de AIFC. Ante lo que Robert le contó, Patrick insistió en la necesidad de mantener a Michael bajo una estrecha vigilancia, y el magnate de Chemicorp no pudo sino mostrarse de acuerdo con él.

Derek, por su parte, llamó a su oficina y encargó a su secretaria Linda, que se pusiera en contacto con la policía para intentar conseguir el listado de heridos en el hotel.

Por la noche, se reunieron para cenar en Chez Louis, invitados por Tomaso. Se trataba de uno de los mejores restaurantes de la ciudad, sito en Tribeca, y por lo que se podía ver, Tomaso era cliente habitual y tratado con deferencia. No les dio tiempo a conversar durante mucho tiempo antes de que Derek recibiera una llamada de trabajo. Sus hombres le instaban a acudir a la esquina de 34 con Park Av., porque habían seguido la pista a una reunión de los traficantes que venían investigando desde hacía unas semanas. Así que Hanson se disculpó y se marchó rápidamente. Justo a continuación, Tomaso recibía otra llamada. Le urgían a acudir a 34 con Park, porque habían descubierto una filtración en las comunicaciones de cierta reunión que se estaba celebrando en un restaurante en aquel punto. No tuvo más remedio que disculparse y salir rápidamente para atender sus asuntos, previa carga a su cuenta de todo lo que se consumiera en la mesa. Una vez en la calle, subió rápidamente a su coche y condujo como loco hacia allí.

Y pocos segundos después era Robert quien recibía otra llamada. Michael le instaba a acudir a 34 con Park Av., porque estaban teniendo problemas en la negociación con Travis McHale, uno de sus contactos, y no trabajaría más con ellos si no se encontraba en persona con él. Robert se lo tomó con mucha calma, y Michael tuvo que insistir varias veces hasta que se decidió a reaccionar. Esa tranquilidad le permitió conversar unos veinte minutos a solas con Patrick, donde la bebida comenzó a correr abundantemente.

Con el fluir de la bebida, el escaso control que le quedaba a Patrick saltó por los aires. Sacó de su bolsillo la pequeña papelina que había estado tocando discretamente durante su conversación con Robert y la miró fijamente mientras este último conversaba con una camarera. Como siempre, el rostro de vikingo impreso en rojo sobre el plástico parecía mirarle acusador; tras unos instantes de duda, por fin se decidió a levantarse e ir al baño. Todo esto había sido presenciado por uno de los camareros, que siguió a Patrick al baño, fingiendo un encuentro con él. El camarero resultó ser conocedor de la extraña droga, y no sólo eso, sino que le dijo a Patrick que sabía que el polvo era muy difícil de conseguir pero que él podría hacerlo por un precio adecuado; obviamente, el profesor de filosofía se mostró muy interesado, y el camarero, que dijo llamarse simplemente “Bob” lo emplazó en el restaurante pasadas tres noches desde entonces. Bob se negó tajantemente a las insistentes demandas de Patrick de realizar el intercambio en otro sitio, alegando que el restaurante era el entorno más seguro para ello. Sin más, el camarero se marchó y dejó a Patrick con su subidón. Cuando éste volvió a la mesa bajo los increíbles efectos del Polvo, pudo ver e interpretar claramente el aura de Robert: su visión le decía que el magnate era en el fondo una buena persona, y que ejercía en aquel momento una influencia brutal en su vida, además de que separar sus caminos podría tener consecuencias desastrosas para ambos. Poco después, Robert se marchaba, atendiendo las insistentes llamadas de Michael, y Patrick se quedaba, observando su alrededor con la profunda comprensión que la droga le proporcionaba.

Mientras tanto, Tomaso llegaba al punto que le habían indicado, y haciendo uso de varias artimañas consiguió entrar discretamente. Allí se encontró con los reunidos (Michael entre ellos), que aunque se mostraron hostiles al principio, enseguida comprendieron con quién estaban hablando y se avinieron a hacer caso de lo que les decía. Desalojaron rápidamente el reservado donde se encontraban y salieron poco a poco, con toda la discreción de que fueron capaces.

Derek llegaba pocos minutos después a la furgoneta desde la que sus hombres trataban de seguir los movimientos de los traficantes. Allí, los agentes Stuart y Monica le informaron de que la reunión parecía haber acabado prematuramente y que sus compañeros Jonathan y Mark habían salido en persecución de uno de los coches en los que los maleantes habían abandonado la escena; seguían manteniendo contacto con ellos por radio. Informados del rumbo a tomar, pusieron inmediatamente en marcha la furgoneta, siguiendo las indicaciones de los agentes. Cuando informaban de que estaban a punto de llegar al puente de Manhattan, la comunicación se cortó. Segundos después, la emisora de la policía comunicaba un accidente al norte de Manhattan Bridge; la preocupación de Derek se confirmó cuando llegaron a la esquina de Canal Street: el coche de sus hombres se había estrellado contra un edificio. Afortunadamente, aunque Mark tenía que ser trasladado a un hospital, ninguno de los dos tenía daños graves y Jonathan, que se encontraba magullado pero en buen estado, les hizo notar el estado de los neumáticos del coche: los cuatro se encontraban reventados (no pinchados, ¡reventados!), y eso había sido la causa del accidente. Todas las ruedas parecían haber estallado a la vez, y a pesar de eso en la carretera no encontraron restos de clavos o cualquier otra cosa que pudiera haber provocado tal desastre. “Otro jodido hecho extraño que sumar a la lista”, pensó Derek. Jonathan puso palabras a los pensamientos de su jefe, y le contó que los “muchachos” estaban preocupados por las cosas sin explicación que habían visto últimamente; también sugirió que no sería una mala idea reunirlos a todos para intentar subir un poco la moral y rebajar el nivel de preocupación. Derek asintió, pensativo.

Por la noche, Tomaso se dedicó a cribar la información de las páginas ocultistas que había conseguido la tarde anterior. Concretamente, consiguió entrar en una de las protegidas tras superar una serie de acertijos lógicos (y no tan lógicos) y utilizar algunos trucos sucios que alguien le había enseñado en el pasado. Obviamente, no se trataba de una página de esoterismo y charlatanes al uso. Buceando en varias conversaciones y subforos, pudo llegar a descubrir conversaciones muy crípticas y menciones a Alex Abel, la Nueva Inquisición y la explosión en el Excelsior. Sobre este hecho, algunos decían que había sido “muy parecido a lo de Israel en el 99”, y otros que podría haberse tratado de “una Ascensión”. Todo aquello no tenía mucho sentido para Tomaso, toda vez que no encontró absolutamente ninguna referencia a una explosión parecida en el 99 en Israel que no hubiera sido contrastada como acto terrorista. Pero sus ojos se abrieron mucho cuando leyó aún otra conversación, donde alguien proponía la idea de que “debía de ser cosa del ‘Freak’ o algún otro ‘duque’”, y otra persona respondía que no lo creía, porque que se supiera, “en Manhattan sólo conozco a uno que se atreva a desafiar la ‘prohibición’: un tal Henry Clarkson”. Henry Clarkson, el viejo que lo había puesto en camino hacia el Excelsior… Tomaso tomó nota de todos los datos de los que fue capaz y cerró rápidamente la sesión, tomando precauciones para no ser rastreado.

Michael no volvió esa noche a casa de Robert. Según le dijo por el móvil, no estaba seguro de que la policía no lo estuviera siguiendo, y pasaría la noche de pub en pub asegurándose de que nadie lo siguiera.

Por la mañana, Derek enviaba a su mujer y a sus hijos fuera de la ciudad, a casa de unos familiares de Maggie en Buffalo. A continuación acudió a la oficina, donde Linda le informó de que la lista de heridos y las visitas al hospital habían sido restringidas por el FBI, así que habían podido averiguar muy poco. Sí que habían investigado sobre la matrícula del coche que Jonathan y Mark habían seguido, y resultó ser de un coche de alquiler de una empresa en Brooklyn. Cuando Jonathan y Derek se preparaban para ir a investigar a la empresa de alquiler, éste recibió una llamada al móvil: se trataba de Philip Ackerman, su amigo y congresista. Philip le llamaba desde un teléfono seguro, y lo instó a poner la televisión. Los informativos estaban dando una noticia urgente: en el congreso se había presentado una moción de ley para instaurar la identificación estatal única; la idea era instaurar un documento de identidad único en todo el país, para acabar con la posibilidad del anonimato de los maleantes. Ackerman mostró su rechazo con la iniciativa y dejó entrever ciertos motivos ocultos que le preocupaban aún más que el pisoteo de los derechos civiles. Informó a Derek de que pensaba desplazarse a Nueva York al día siguiente aprovechando ciertos actos oficiales, y que deberían reunirse un rato antes de la hora de comer. Así lo acordaron.

Entre tanto, Patrick decidió acudir al hospital para intentar enterarse del estado de Sigrid. El hospital estaba abierto, pero la segunda planta, donde se encontraban las víctimas del Excelsior, estaba clausurada y custodiada por agentes del FBI. Un par de agentes impidieron el paso de Patrick, que insistió vehementemente en que le dejaran conocer el estado de “su amiga Sigrid”. Un tercer agente pareció escuchar durante unos momentos su pinganillo y a continuación instó a los otros dos a dejar pasar a Patrick. Éste fue escoltado por dos agentes a través del pasillo, y a mitad de camino tuvo un mal presentimiento; las auras de aquellos hombres transmitían una sensación muy acusada de traición, y no quiso arriesgarse más. Haciendo uso de su especial carisma, consiguió que los hombres le permitieran “ir al baño”. Afortunadamente, el servicio tenía ventanuco y además lo suficientemente amplio como para que Patrick pudiera pasar por él. Con un gran esfuerzo y algo de suerte, consiguió descolgarse hasta el suelo, aunque sufrió una dolorosa torcedura en un pie. Atravesando varios pasillos de mantenimiento y disimulando su cojera lo mejor posible, consiguió salir del hospital camuflado entre la gente por la puerta principal. Antes de alejarse pudo observar cómo dos coches con dos agentes cada uno vigilaban atentamente el flujo de personas que entraban y salían, quizá alertados por su huida. Por suerte pudo desaparecer sin más contratiempos.

Esa misma mañana, Tomaso se dirigió a la mansión de Robert esperando que fuera Michael quien saliera a recibirlo después de su encuentro de la noche anterior. Y así fue. Michael le agradeció su ayuda de la noche anterior y Tomaso, por su parte, intentó sonsacarle todo lo que supiera sobre la extraña droga que llamaban “Polvo de Dios”, insistiendo también en saber si Robert estaba enterado. A Michael le costó mucho soltar prenda, por supuesto. Afirmó que había muchísima gente interesada en el Polvo, y que no podía trascender más información. Preguntó a Tomaso si “era Abel quien lo enviaba”, a lo que éste respondió con un rotundo “no”. Ante esta negativa, Michael sugirió a Tomaso que quizá le interesaría reunirse con “cierta gente” que seguramente estarían muy agradecidos de poder colaborar con él. Esto fue como un caramelo para la especial curiosidad de Tomaso, que por supuesto respondió afirmativamente. Como despedida, Michael ofreció al italiano una papelina del Polvo, que Tomaso rechazó tajantemente. Este se marchó con una sensación confusa, preocupado pero a la vez intrigado por la nueva perspectiva, y con la sensación de que Robert no tenía demasiada idea de en qué andaba metido su hombre de confianza.


jueves, 28 de abril de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 1

Nuevos encuentros

Una explosión tuvo lugar en la última planta del hotel Excelsior. La gente se detuvo, mirando aterrada y temiendo un ataque terrorista. Cascotes y cristales comenzaron a caer a lo largo de todas las calles circundantes.



El taxi en el que viajaban Robert y su hombre de confianza, Michael, derrapó cuando un cascote cayó cerca y los vehículos circundantes comenzaban a frenar. Tras un frenazo de varios metros acabó chocando contra otro taxi que circulaba por delante, y que un par de segundos antes había impactado contra un tercero por delante de él. Robert sintió un momento de terrible deriva emocional cuando del taxi de delante salía uno de los hombres que aparecían en sus sueños desde hacía dos meses, y aún más acusado cuando del taxi que circulaba por delante del primero salía otro de ellos. El primer hombre era joven, alto y fuerte, de barbilla partida, vestido con un carísimo traje; el segundo era mayor que el primero, fuerte, rubio rojizo y también bien vestido. La atención de Robert se desvió de los extraños conocidos cuando su padre le gritó a su lado que tenía que ayudarle, con una mueca de desesperación. La mente de Robert se quebró durante unos instantes.

Tomaso salió del taxi tras comprobar que el taxista se encontraba bien a pesar de lucir una brecha en la frente. Aquello parecía increíble; ¿un ataque terrorista en pleno corazón de Nueva York después del 11S? No podía creerlo. Se quedó petrificado durante unos instantes, mirando a lo alto del hotel. A su lado, Derek salía a los pocos instantes del taxi, con expresión angustiada. Si su padre y su hermana estaban allí… no quería ni pensarlo; salió corriendo hacia el hotel, enseñó su credencial al primer policía con el que se encontró y poco menos que lo apartó de su camino de un empujón.

Tomaso se fijó en el taxi de detrás, del que ya había salido por el otro lado Michael al exterior, y en cuyo interior Robert se encontraba mirando a su lado con expresión de terror. El joven inmigrante italiano se acercó, interesándose por el estado del hombre, que sólo acertó a murmurar sin sentido cuando lo ayudó a salir del coche. A continuación, Tomaso se dirigió corriendo hacia el hotel, a ver qué podía averiguar sobre Dan Simmons y de paso quizá ayudar en algo.

Pocos momentos después, Robert, ya recuperado de su estupor (aunque todavía asombrado de haber visto a su difunto padre pidiéndole ayuda) intentó alejarse de la escena, como ya hacía mucha gente aconsejada por los policías que iban llegando. Sin embargo, algo se lo impidió; una sensación extraña que lo convenció de que algo iría muy mal si dejaba pasar aquella oportunidad de unirse a sus compañeros en el sueño. Así que instó a Michael a seguirle a toda prisa hacia el hotel, donde pronto llegaron al perímetro de seguridad que las fuerzas de seguridad habían establecido, a pocos metros de Tomaso y Derek. Este último se encontraba discutiendo acaloradamente con una oficial de policía, intentando que lo dejara acceder a la escena, enseñándole algún tipo de credencial que él creía que le daba derecho al acceso pero que no pudo convencer de lo mismo a la oficial. De lo alto caían cenizas y papeles, y a algunos de ellos les llamó la atención la cantidad de restos de tarjetas de visitas que caían, casi todas pertenecientes a trabajadores del bufete de abogados Weiss, Crane & Assocs.

Casi hombro con hombro con los otros dos, Robert intentó convencer a la policía de que lo dejaran pasar para ayudar; esto no pasó desapercibido para Tomaso, que enseguida empatizó con las intenciones del exitoso hombre de negocios y también intentó convencer a los policías de que los dejaran ayudar, sin éxito.

Y ya empezaban a aparecer por la puerta principal los primeros evacuados y heridos. Algunas ambulancias y unidades de cuidados móviles ya habían conseguido acceder a la escena y recibían a las primeras víctimas. Una mujer de aspecto nórdico (Sigrid) era arrastrada semiinconsciente hasta una camilla en la unidad más alejada; justo antes de que se perdiera de vista tras los vehículos, Robert y Tomaso pudieron ver, inquietos, cómo una enfermera se inclinaba sobre ella y se llevaba el dedo a los labios, en un gesto que la instaba a callar; no sabían cómo explicarlo, pero el gesto no parecía reconfortante, como habría sido habitual, sino más bien… amenazador.

Poco después Robert reconocía a otro de los integrantes del grupo de su sueño: un hombre enjuto, con barba de varios días (Patrick), que llevaban en una camilla mientras gritaba incoherencias producto del trauma; entre frases incoherentes y nombres varios, el propio Robert y Tomaso pudieron escuchar “Dan Simmons, Dan Simmons, ¡el Hombre Malo!”, “¡Pídanle ayuda!”. El joven italiano se mostró muy interesado por estas palabras, pero no pudieron hacer nada antes de que metieran al hombre en una ambulancia y se lo llevaran al hospital.

Tomaso también se acercó a Derek, interesándose por la vehemencia con que el hombre parecía querer acceder al hotel, y ejerciendo de apaciguador de los ánimos, que iban caldeándose por momentos. Esto permitió que los tres hombres se conocieran y se presentaran formalmente, y que intercambiaran tarjetas.

Durante toda la escena, Michael se mostró más nervioso de lo normal, insistiendo a Robert para que se fueran de allí, lo cual no había paso desapercibido para este. Finalmente, ante la imposibilidad de sacar nada en claro, decidieron marcharse, acompañados de Tomaso, que había entablado una interesante conversación con Robert. Apenas se habían alejado cuatro bocacalles cuando, aprovechando su situación en “tierra de nadie” (estaban lo suficientemente lejos del hotel para que no hubiera curiosos y lo suficientemente cerca para que no hubiera cautos), fueron abordados por tres personas que surgieron de repente de una esquina. Los encabezaba un hombre negro, fuerte y bien vestido; otro hombre blanco y rubio y una mujer vestida con abrigo largo que a todas luces ocultaba una escopeta recortada lo flanqueban. El hombre negro los invitó a acompañarlos sin ofrecer resistencia, pues quería “presentarles a unos amigos”. La mujer reforzó la sugerencia mostrando un trozo de su recortada retirando el faldón de su abrigo, a lo que Robert reaccionó mal; echó mano de su pistola lo más rápido que pudo; pero no fue lo bastante rápido; mientras Tomaso saltaba para empujar al hombre negro contra la tía de la escopeta, el individuo alto extendió una mano hacia Robert, que instantáneamente sintió como si le fuese a explotar la cabeza; falló su disparo y cayó de rodillas al suelo, casi perdiendo la consciencia. El hombre negro esquivó a Tomaso, que habría recibido de lleno el tiro de la recortada si no hubiera sido porque alguien alcanzó a la mujer en un brazo con un disparo: era Derek, que se había acercado al ver algo raro en el encuentro y se había decidido a ayudarles, acudiendo a la carrera. Tomaso se giró mientras el negro acudía a ayudar a la mujer, para encontrarse con que el bigardo ahora extendía su mano hacia él y contraía sus dedos; al instante, el corazón del joven pareció oprimido y ralentizado, causándole un dolor indescriptible; al igual que le había pasado antes a Robert, Tomaso cayó al suelo de bruces, con un dolor sordo que se extendía con cada latido hasta su cerebro. Un nuevo disparo de Derek silbó muy cerca del tipo alto y atrajo definitivamente la atención de la policía, así que el individuo que los capitaneaba les ordenó retirarse, cosa que hicieron en un visto y no visto.

Protegidos por la limitada ascendencia que Derek parecía tener sobre los policías, éstos no les plantearon más problemas y fueron conducidos hasta el hospital para comprobar su integridad física. Allí pudieron compartir la experiencia y conocerse un poco mejor. Una vez finalizadas las pruebas, decidieron visitar al hombre que habían sacado en camilla gritando el nombre de Dan Simmons, uno de los pocos que permanecían conscientes después del traumático suceso. Patrick despertó bajo supervisión médica para encontrarse con los tres desconocidos, que comenzaron a plantearle preguntas sobre el suceso de la forma más amable que les fue posible. La conversación no fue muy productiva, debido a la desconfianza de Patrick por los desconocidos que le planteaban las preguntas y su estado de confusión tras la explosión; no obstante, sirvió para que Robert repartiera tarjetas entre todos ellos, insistiéndoles en que le llamaran para concertar una reunión.

Patrick fue dado de alta dos días después, y poco más tarde el grupo se reunía en la mansión de Robert en Westchester. Lo primero que llamó la atención de los demás fue la cantidad de menciones y premios que colgaban de las paredes de Robert por motivos humanitarios; sin duda, el director ejecutivo de Chemicorp era generoso con los más desfavorecidos, y era fundador de no pocas ONGs de ayuda al desarrollo. Robert no tardó en sincerarse y en contarles todo lo relativo al sueño que había venido teniendo los últimos dos meses. Patrick, que había vivido una experiencia onírica parecida las semanas anteriores, enseguida empatizó con él. Abierta la puerta de la sinceridad, Derek también contó que en el momento de la explosión se dirigía hacia el hotel porque alguien había secuestrado a su padre y a su hermana, amenazando con hacerles daño si no iba para allá; desconocía el interés que nadie pudiera tener porque apareciera en el Excelsior. Tomaso también les contó que se dirigía hacia el hotel para encontrarse con un cliente, un tal “Dan Simmons”; Patrick lo miró con algo de recelo, pero no pudo por menos que simpatizar también con el joven italiano, que parecía un poco superado por la situación. Bebiendo de la excelente bodega de Robert, también compartieron las diversas experiencias aparentemente inexplicables que habían tenido en su vida; eso les unió aún más, y generó un incipiente sentimiento de confianza. Patrick soltó por fin la lengua y les dio prácticamente toda la información sobre el submundo ocultista que había averiguado en los últimos días junto a Sigrid y Malcolm: les habló del grupo que llamaban “Nueva Inquisición”, del multimillonario negro que los financiaba y de Dan Simmons, el líder de otro grupo llamado “La Representación”, y que gustaba de llamarse a sí mismo “El Hombre Malo”. También les contó su experiencia en la subasta, las agitadas y violentas noches de su estancia en el hotel y finalmente del artefacto explosivo, detonado cuando alguien acusó a los gestores de estar subastando falsificaciones. Todos se miraron con inquietud ante las nuevas revelaciones.

En un momento dado, sonó la alarma de la mansión, y todos dieron un brinco, sobresaltados. El personal de seguridad se encargó de la “amenaza”; no era más que un vagabundo que se había colado saltando el muro; parecía gritar amenazante, pero no alcanzaron a oírlo. Según palabras de Robert, desde hacía un par de semanas había pasado ya varias veces, no se explicaba por qué. Este hecho contribuyó a aumentar la sensación de inquietud del grupo.

Mientras los vigilantes expulsaban al intruso, Derek recibía una llamada al móvil: era su mujer. Su padre y su hermana habían aparecido sanos y salvos, sin recordar nada de lo que les había sucedido los últimos dos días. Fue un alivio, pero también una fuente de extrañeza, porque no comprendían quién podía haberse tomado la molestia de secuestrarlos para luego dejarlos libres sin motivo aparente. Felicitando a Derek, dieron por terminada la reunión, intercambiando tarjetas y números de móvil y emplazándose para otro encuentro en breve.

De vuelta a casa, Tomaso contactó con su primo, el padre Dominic. Con el espíritu inquieto por la información proporcionada por el resto del grupo, el joven le pidió consejo. Contra lo que Tomaso había pensado, Dominic se mostró sinceramente intrigado por todo aquello, y para mayor sorpresa, le dijo a su primo que quizá pudiera ponerlo en contacto con alguien que seguramente conocería el sórdido mundo del que le había hablado. Besándose en las mejillas al más puro estilo italiano, se despidieron.

Patrick pasó la noche con Helen, que le reprochó el que no la hubiera llamado en días, y más cuando parecía evidente que había sufrido un accidente de algún tipo. Quitándole importancia al asunto, Patrick pasó por fin una noche tranquilo y en compañía. La mañana siguiente, el profesor de filosofía revisó el correo por primera vez en varios días. Entre las cartas, había una que le llamó la atención: llevaba el remitente de AIFC (American Initiatives For Children), y en ella le explicaban que el trámite de adopción de Guadalupe “Lupita” Hernández debía ser interrumpido por “circunstancias ajenas a nuestra voluntad”. Más adelante le explicaban que la aldea de Lupita había sufrido el ataque de un grupo paramilitar (¿narcos?) y había desaparecido. El corazón de Patrick sufrió un vuelco. En un momento de lucidez se dio cuenta de que la dirección remitente de AIFC coincidía con la del bufete de abogados Weiss, Crane & Assocs. Qué casualidad. Una investigación más a fondo en la hemeroteca le reveló más cosas: AIFC estaba gestionada por Weiss, pero era propiedad ni más ni menos que de ¡Robert McMurdock! Ni corto ni perezoso, se plantó en la mansión de éste, que accedió a ayudarle gustoso. Robert encargó a Michael que averiguara todo lo que pudiera sobre el asunto; al parecer, la información sobre el ataque era verídica, y muchos de los menores de la aldea, si no todos, habían desaparecido; además, parecía que había habido varios ataques de la misma índole.

Patrick no pudo dejar de fijarse en el extraño nerviosismo de Michael, y transmitió sus dudas a Robert sobre si podían fiarse de él. Robert afirmó rotundamente, y acto seguido encargó a su mano derecha que investigara junto a “Josh” (uno de los contables) los libros de contabilidad de AIFC, pues hasta entonces ni siquiera había sabido que esa ONG era suya, cosa que le irritó.

Mientras Michael investigaba las cuentas, Robert reunió de nuevo al grupo al completo, para seguir con la conversación e interesarse por el estado de todos. Derek hizo una proposición interesante: para averiguar más sobre todo lo que habían hablado en su anterior reunión, un posible curso de acción era viajar a Inglaterra en busca de un antiguo conocido suyo, Sir Ian Stokehall, un hombre muy sabio que parecía conocer secretos más allá del alcance de la gente “normal”.

Unas horas después, Michael hacía acto de aparición, asegurando que la información contable de AIFC parecía estar en perfecto orden. Patrick, excelente lector de las intenciones de la gente, seguía sospechando y no se fiaba de las palabras de Michael. Y transmitió sus sospechas a Robert, que esta vez decidió tener en cuenta. El propio Robert se reunió con Josh para revisar personalmente la contabilidad; al viejo chupatintas le costó demasiado encontrar un DVD que se suponía había acabado de revisar unos minutos antes, lo que contribuyó a aumentar la suspicacia de su jefe. Tras varias revisiones aleatorias, la contabilidad sin duda estaba en orden, pero el experto ojo de Robert no dejó escapar el hecho de que aquellas cuentas no pertenecían a AIFC, sino a alguna otra de las muchas ONGs de su propiedad. Prefirió no decir nada, y se llevó el DVD, dejando que Josh se marchara a su casa a descansar. Revisándolo más tarde con un gestor independiente, éste le advirtió de la presencia de un archivo encriptado en una remota carpeta del disco. Algo olía a podrido allí...

Entre tanto, Patrick, Tomaso y Derek se desplazaron al hotel Excelsior con la intención de colarse e investigar sobre los hechos previos a la explosión. El modelo italiano se dio cuenta al instante de que alguien los seguía, así que dio las vueltas que fueron necesarias hasta que estuvo convencido de haber despistado a quien quiera que fuera su perseguidor. Cuando llegaron al hotel, lo encontraron cerrado al público, algo lógico, porque sólo habían pasado cuatro días desde el evento. No les costó mucho burlar la seguridad e infiltrarse en el edificio. La policía lo había revisado todo ya, y en las habitaciones de los asistentes a la subasta no pudieron encontrar nada. En la planta donde había tenido lugar la subasta el espectáculo era dantesco; estaba todo destrozado, y se podían ver manchas de sangre y trozos de ropa por todas partes. Allí tuvieron más suerte: incrustado en una rejilla de ventilación encontraron un trozo del libro de registro de las pujas, del que obtuvieron algunos nombres y un trozo del membrete de los organizadores.


martes, 12 de abril de 2016

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 35

Hacia el norte (VI). Torre del Sol

Continuaron avanzando a través del accidentado terreno, evitando en la medida de lo posible el camino. Atravesaron barrancos, bosquecillos y promontorios, hasta que establecieron el campamento al anochecer. No tardaron en avistar un grupo de luces, antorchas sin duda, no muy lejos de donde se encontraban, pero por suerte el tiempo les benefició y la ligera lluvia que había caído durante casi todo el día se convirtió en una poderosa tormenta. Eso borró cualquier posibilidad de que los encontraran, con lo que, aunque la noche fue húmeda y fría, también fue tranquila y pudieron descansar en una pequeña cueva.

Paladín de Vestän
El día siguiente no pudieron seguir moviéndose. La lluvia no perdió un ápice de intensidad e impidió cualquier tipo de movimiento por parte del grupo; la noche no fue mejor, y la mañana siguiente tampoco; pero a mediodía comenzaron a abrirse los primeros claros. Sin embargo, decidieron permanecer donde estaban un día más, pues el terreno estaba tan embarrado que el viaje se habría hecho durísimo.

Fue la siguiente jornada cuando definitivamente decidieron levantar el campamento y ponerse en marcha a través de las colinas que se erguían hacia el norte. El camino transcurrió sin sobresaltos, excepto por un par de malas caídas, en una de las cuales Yuria se torció una muñeca que le hizo llevar el brazo en cabestrillo durante un tiempo.

La siguiente mañana, Daradoth avistó una nube de polvo a lo lejos; haciendo uso de sus sentidos agudizados, pudo comprobar que pertenecían a un grupo bastante numeroso de caballos a buen paso, sin duda viajando por la calzada principal. Tras remontar varios cerros, llegaron de nuevo a la vista del camino, que había caracoleado hasta cruzarse de nuevo en su ruta. No tardaron en reconocer el rastro del nutrido grupo de jinetes que habían pasado hacía pocas horas por allí, de camino hacia el sur. Mientras el resto del grupo acampaba, Daradoth avanzó algunos kilómetros hacia el sur, para tratar de averiguar algo. Fue cuando volvía a reunirse con sus compañeros cuando se encontró de frente con un grupo de jinetes acompañados de infantes y perros procedente del norte; por suerte pudo evitarlos mientras pasaban por el camino hacia el sur.

Dado el volumen de buscadores que se habían movilizado para encontrarlos, decidieron volver a viajar de noche durante un tiempo. A las pocas horas pudieron avistar un campamento a la vera del camino, instalado en una granja y con varias hogueras que iluminaban los alrededores. Lucían estandartes con el emblema de Torre del Sol; no les quedó más remedio que volver atrás, viajar de día y volver a atravesar las colinas, campo a través. Durante tres jornadas caminaron así, librando arroyos, barrancos y accidentes varios. El tercer día, parte del grupo no pudo evitar despeñarse; Yuria volvió a hacerse daño en la mano lesionada, y Torgen y Gedastos tuvieron heridas más graves, con conmociones en la cabeza que les impidieron avanzar durante horas.

Más adelante, en una aldea que atravesaba el camino, pudieron ver un campamento de tamaño considerable que se alzaba controlando a los viajeros. Por la disposición y las idas y venidas de los soldados, se trataba sin duda de un campamento base que servía como centro a las patrullas de búsqueda que peinaban los alrededores en busca del grupo. Ante la imposibilidad de seguir campo a través, decidieron hacer uso de maquillaje y picaresca para superar el control. Maquillándose para que no los reconocieran y robando varios carros de comerciantes y campesinos consiguieron superar con mayor o menor facilidad el control de los soldados. Pero la mala suerte quiso que en el último carromato cargado con balas de heno en el que viajaban Yuria y Taheem viajara en realidad un polizón totalmente ajeno al grupo; cuando los guardias pincharon con sus lanzas a través de la paja y alguien se quejó con un agudo grito, la pareja se miró, decidiendo en una fracción de segundo lo que tenían que hacer: la ercestre y el vestalense saltaron del pescante y corrieron como alma que lleva el diablo; los guardias no acertaron a reaccionar con la suficiente rapidez y quedaron atrás.

Varios cientos de metros más adelante se reunieron con el resto del grupo, que se unió a ellos en su huida. Siguieron por el camino, pero si querían evitar ser capturados debían salir de él lo antes posible. Symeon encontró una senda difícil de percibir por la que salieron precipitadamente de la calzada. El sendero los llevaba a un pequeño valle por el que discurría un riachuelo; los primeros ladridos de perros se podían escuchar a lo lejos, aunque seguramente los despistarían unas horas todavía. Llegaba un momento en el que el riachuelo desaparecía en un macizo de zarzas, y no continuaba fluyendo más adelante: se introducía bajo tierra, bajo la colina que se alzaba ante ellos. Tras meditarlo unos minutos, decidieron intentar seguir el curso de agua subterránea, para tratar de despistar definitivamente a sus perseguidores. Con muchas dificultades provocadas por las zarzas, la oscuridad y el salto de agua que se transformaba en unos pequeños rápidos subterráneos, utilizaron las cuerdas para asegurar la zambullida. Una exploración previa de Yuria había revelado una gruta más allá de los rápidos, que se adentraba en las profundidades de la colina.

Haciendo uso del artefacto que los enanos habían fabricado para Yuria no tuvieron dicultades en secarse y preparar antorchas. Caminaron durante varias horas a través de diversas estancias, pasillos, recovecos y desniveles. Y resultó que tuvieron suerte, pues la ruta los conducía directamente hacia el norte, acercándolos de nuevo al camino; salieron al exterior por la falda de una colina que permitía ver la calzada y una aldea junto a ella. Dieron un rodeo evitando la aldea y se incorporaron de nuevo al camino principal.

Tras descansar y caminar unas cuantas horas más, por fin avistaron a lo lejos los destellos que revelaban la presencia de Torre del Sol. Contra todo pronóstico, el grupo no tuvo demasiados problemas para pasar desapercibido entre tierras de cultivo, granjas y aldeas, y adentrarse en el valle al que daba paso la enorme ciudadela.

Symeon decidió separarse temporalmente del grupo e infiltrarse en la ciudadela para intentar averiguar información de interés; en la posada donde estuvo bebiendo y contemporizando con los parroquianos, se quedó de piedra cuando entró a la estancia un vestalense ataviado con peto plateado y un gran alfanje, que despedía un aura de poder tangible: no tardó en averiguar, no sin inquietud, que se trataba de un paladín de Vestán. La gente no tardó en acercarse al guerrero sagrado, pidiendo sus bendiciones, besándole las manos y alabando la grandeza de Vestán. Symeon decidió no permanecer mucho más en la posada, incómodo ante la presencia de alguien así; tras averiguar también que el Badir se encontraba alojado en la fortaleza con sus prisioneros, partió en busca del resto del grupo.

Una vez reunidos, atravesaron el valle hasta el otro extremo, donde unas colinas suaves daban paso a la última etapa de su viaje dentro del Imperio: las Praderas de Emhebb, una enorme llanura que se extendía cientos de kilómetros en todas direcciones. Y así, comenzaron la que sería la etapa más tranquila de todo su viaje hacia el norte. Atravesando infinidad de granjas (pues las praderas eran un territorio óptimo de labranza) transcurrieron varios días. Las únicas incidencias reseñables durante esta etapa fueron dos: el segundo día, un grupo de jinetes acompañados de un clérigo al galope hacia el norte, y la noche del tercer día, al intentar Symeon encontrar rastros de los centauros en el Mundo Onírico se topó en cambio con uno de los Sabuesos Oscuros, al que por suerte pudo despistar a tiempo.

Al cabo de una semana de viaje llegaron a la vista de la Quebrada de Irpah. El terreno se iba haciendo más abrupto hasta llegar a las primeras estribaciones de la cordillera que rodeaba la Quebrada. Ésta se encontraba guardada, como ya sabían, por la fortaleza de Sar’Sajari y el muro que protegía el acceso desde el norte, que los vestalenses llamaban Evra’in’Doharr. Al grupo no le quedó más remedio que acampar a cubierto mientras ideaban algún plan para burlar la vigilancia de los vestalenses y adentrarse en la Quebrada; por suerte, los esfuerzos de la guarnición se dirigían hacia el norte y no hacia el sur, donde ellos se encontraban, con lo que no tuvieron grandes problemas para pasar desapercibidos. La tercera noche hizo acto de aparición un grupo bastante grande de jinetes, alumbrado con antorchas pero a todas luces cabalgando más velozmente de lo que les habría permitido normalmente la tenue iluminación. Los jinetes iban encabezados por uno de los extraños clérigos pálidos, un extranjero, y por uno de los engendros del Mausoleo de Ra’Khameer que el Ra’Akarah había resucitado. Frente a este, corrían dos sabuesos de tamaño extraordinario, tan grandes como ponis.

La fortaleza, el gran muro más allá y la torre más pequeña en el otro extremo de la quebrada suponían un obstáculo impresionante para el grupo, y desde luego no iba a ser fácil averiguar cómo superarlo...



FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA


... 



domingo, 10 de abril de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Dramatis Personae

He aquí el reparto de Personajes Jugadores para la nueva temporada de El Día del Juicio.

Patrick Sullivan.
Doctor en filosofía, 35 años.
Intelectual despistado en busca de la Verdad, últimamente se ha visto envuelto en acontecimientos extraordinarios que le han hecho replantearse sus convicciones.







Sigrid Olafson.
Anticuaria, 47 años.
Ecologista y erudita habla varios idiomas. Perfeccionista y muy crítica, es atractiva aunque la traiciona un ligero aire de superioridad.






Robert McMurdock.
Ejecutivo y químico, 34 años.
Es uno de los mayores filántropos del noreste de los Estados Unidos, creador de varias ONGs y director ejecutivo de Chemicorp, una de las mayores empresas químicas del mundo.






Tomaso Belgrano.
Modelo y gourmet, 34 años.
El atractivo de Tomaso es innegable, hijo de inmigrantes italianos gusta siempre de ir vestido de forma elegante y guardar sus formas de caballero.






Derek Hansen.
Director de la CCSA en NY, 40 años.
Luchador incansable por los derechos sociales, Derek es un coleccionista compulsivo de mapas antiguos que odia la violencia y trata por todos los medios de solucionar los conflictos a su alrededor, con una fortuna fuera de lo común por lo general.

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 1 - Capítulo 3

La Subasta (y III)

Por la mañana, Sigrid se dirigió a la cafetería a desayunar con Ramiro del Hierro, el hombre del que estaba separada -aún no divorciada-. El día anterior habían intercambiado opiniones sobre la subasta y la anticuaria noruega estaba interesada en la opinión de su ex marido. La conversación pronto derivó a misterios esotéricos, de los que Ramiro era un gran aficionado.


No había transcurrido mucho tiempo cuando Sigrid se dio cuenta de que la guapísima mujer que había pasado la noche con Patrick se encontraba sentada en la barra, mirándolos y escuchándolos con todo el descaro del mundo. Al cruzar la mirada, la mujer se acercó y se autoinvitó a la mesa de la pareja. Se presentó como Dulce da Silva, anticuaria portuguesa. Al parecer, ella también había hecho alguna clase de pacto con Dan Simmons, y les explicó que se le llamaba "el hombre malo" por una buena razón; sin embargo, se mostró críptica sobre esto. También mencionó a Patrick, del que dijo que tenía "mucho potencial esotérico", significara eso lo que quiera que significara.

Una vez que la mujer acabó su copa se marchó sin ceremonias. La conversación había revelado a Sigrid cosas muy interesantes. Ramiro, preocupado por la seguridad de su ex mujer (a la que todavía amaba) y de los amigos de ésta, decidió sincerarse: afirmó que hacía poco se había convertido en "Bibliomante", capaz de percibir y manejar de forma limitada el poder oculto en los libros. Podía acceder al significado de las cosas, a la verdadera realidad. Sigrid no salía de su asombro. Al parecer, había todo un submundo que era capaz de canalizar distintas clases de poder para conseguir realizar algo parecido a "hechizos" o "sortilegios". El problema es que se necesitaban actos, objetos u alguna otra cosa con el significado suficiente para el aporte de la energía necesaria. En su caso, los libros muy antiguos y/o importantes eran los que le proveían del significado necesario para poder generar lo que él llamaba "cargas". Las "cargas" eran cuantos de poder, necesarios para la relización de efectos "alteradores de la realidad". Que Ramiro supiera, al menos había dos tipos distintos de "magos" (odiaba esa palabra), aunque le constaba que debían de existir muchos más: los Bibliomantes, como él, y los Cliomantes, cuyo poder procedía de lugares con significado histórico. Atendiendo a su intensidad, las cargas podían ser más o menos poderosas. Alguien con una carga realmente poderosa podría alterar la misma estructura de la realidad. Estas eran las que proporcionaban el verdadero poder.


También reveló que tanto Paul Van Dorn como Emil Jacobsen eran Bibliomantes, y muy poderosos. Y ambos querían conseguir el libro llamado "De Occultis Spherae" a toda costa.


Sigrid tenía miles de preguntas que hacer, pero Ramiro siguió contando a su ritmo: para adentrarse en los caminos de los adeptos había que perder la cordura, perder el foco de la realidad. Él se perdió, y se obsesionó, y por eso su relación con Sigrid se deterioró tanto. Pero la guía de Emil lo sacó del agujero y le permitió aprender a manejar su nueva situación. Tras poner en orden sus pensamientos y sus opiniones, Sigrid le relató a Ramiro el extraño sueño de Patrick que hizo que el grupo llegara a reunirse. Ramiro, sombrío, expresó su opinión: el tal Patrick debía de tener un gran poder latente. Y que no deberían contar a nadie sus sueños, porque sin duda se encontrarían con gente que querría dominar al profesor y usarlo en su propio beneficio. Y la primera candidata, desde luego, parecía ser la mujer portuguesa.


Durante la comida, Sigrid relató a sus compañeros toda la conversación con Ramiro, y cómo parecía que se habían metido de lleno en medio de un conflicto ocultista de grandes proporciones.

Y llegó el segundo día de la subasta. Se pujó fuerte por varios objetos, cuya valoración siguió sorprendiendo a Sigrid, pues ella los tasaba por precios mucho más bajos.

  • Un yelmo griego alcanzó un precio altísimo, tras pujar por él Dan Simmons, Freddy y James Hamilton.
  • La katana de Miyamoto Musashi comenzó la subasta en 600.000$. Pujaron por ella los japoneses Shugo Nakato y Shiro Takeda, Dan Simmons y una tal Jennifer Zaraya, una mujer que habían conocido en la fiesta y que iba acompañada de dos hombres, Alex y Turner, que como más tarde se enterarían, formaban el grupo llamado Arcadia 3. Finalmente, Jennifer consiguió la katana por 4.100.000$. Dan Simmons tenía todo el rato una sonrisa en la boca, parecía estar divirtiéndose mucho.
  • Un ankh dorado, reliquia faraónica del siglo VII a.C. también fue adquirido por Arcadia 3.
  • El manuscrito Voynich. Por él pujó mucha gente, pero sobre todo Joan Dos Santos, Lisa Gander, Dan Simmons y Martín del Pozo. Este último fue quien se lo quedó, por una suma astronómica.
  • El mapa de Platón, que presuntamente mostraba el camino a la Atlántida. En su primera puja, Dulce da Silva lo adquirió por varios millones de dólares, aplastando todas las otras ofertas.
Durante la subasta del mapa de Platón sucedio algo muy extraño. Un frío intenso recorrió la sala y todo pareció ir mucho más lento. Jonas Merter, otro interesado en el mapa, increpó a Dulce da Silva gritando: "¡¡Quítamelo de encima, zorra!!". Dante Dimaio, un cura al que los personajes también habían conocido el día anterior, se levantó, mirando hacia todos lados. Jonas Merter siguió gritando, desesperado, ante los ojos horrorizados de la mayoría y la sonrisa de Dan Simmons. Finalmente, sacó una pistola y disparó a Dulce; la bala pasó rozando el rostro de la belleza lusitana. Dos tipos de la primera fila se giraron y dispararon a Jonas. Como daban a entender sus pinganillos, eran guardias de seguridad, o quizá guardaespaldas de alguno de los presentes; acto seguido, cogieron al inconsciente Jonas y se lo llevaron de la sala. Malcolm, que se había situado ante Sigrid para protegerla, de repente sintió como si algo le impactara en el estómago, y sintió fuertes náuseas. Ivanov miraba alrededor, sorprendido, y Marc Archer también parecía sorprendido por lo que ocurría.

Poco rato después, reunidos con Ramiro, éste les contó que ciertos efectos mágicos producían fenómenos antinaturales como frío intenso o variación de la percepción del tiempo. Es posible que ese frío fuera lo que Patrick sintió en el vestíbulo del hotel la primera vez que entraron.

Por la noche, las pesadillas de Patrick volvieron con toda su intensidad. Se despertó al oír un grito en el pasillo. Hacía un frío cortante a pesar de la climatización de las habitaciones. Malcolm y Sigrid despertaron también en sus habitaciones. Era Ramiro el que gritaba en el pasillo. Sigrid se asomó rápidamente y pudo ver a Ramiro contra una pared con todo el brazo derretido y gritando de puro dolor. Enfrente se encontraba Dan Simmons, lanzando a un tío contra la puerta sin esfuerzo aparente. Detrás de Simmons salía uno de sus hombres con un cuchillo. Delante, tenían a otro hombre y a una mujer de unos cincuenta años y por el otro lado del pasillo venían otros tres. La mujer, que llevaba una pistola, disparó contra Dan; ¡¡¡y este no hizo otra cosa que reír!!! En ese momento Malcolm abrió la puerta y el hombre de Simmons empezó a correr hacia los que tenía enfrente. La mujer, tirando la pistola, empezó a gritar y un rictus de ira desatada le deformó el rostro. Mientras intentaba gesticular, el secuaz de Simmons se rajó un brazo con el cuchillo y tocó a la mujer con la mano. Al instante, ésta se llevó las manos a la cara y cayó al suelo entre gritos de dolor mientras Malcolm descargaba su cargador sobre ella. Por el otro lado tres hombres vestidos de negro se acercaban. Uno de ellos, africano, miró a Sigrid con los ojos inyectados en sangre mientras otro buscaba algo en su bolsillo. Sigrid cerró la puerta y empezó a escuchar disparos. Patrick pudo ver a un hombre con una uzi humeante y a Dan Simmons chorreando sangre, antes de cerrar la puerta. Malcolm gritó ¡alto! al tipo, pero éste no hizo ningún caso, así que disparó contra el más cercano, el tipo con la mano en el bolsillo. Le dio en la pierna y se derrumbó en el suelo, cayéndosele una caja del bolsillo. Al ver esto, el africano gritó y se abalanzó sobre Malcolm, mientras el compañero de la mujer sacaba a su vez una pistola. Dan Simmons pasó como una exhalación ante Malcolm y destrozó al de la uzi con un fuerte golpe. El hombre del cuchillo volvió a herirse en el brazo y se abalanzó contra el africano; pero éste se revolvió, lo cogió del cuello, y el secuaz de Malcolm empezó a gritar y a deformarse horriblemente. Malcolm recibió un disparo en el antebrazo izquierdo y se desmayó.
A los pocos momentos se hizo el silencio por fin, y Patrick y Sigrid se asomaron. Había varios cuerpos tirados por el suelo. La mujer de la pistola llamaba especialmente la atención porque ya no parecía tener rostro, sino que tenía una película de piel cubriéndole toda la cara. Otro hombre tenía los huesos crecidos de forma antinatural. Dan Simmons cogió en brazos a Malcolm y se dirigieron rápidamente a la enfermería. Al pasar delante del negro vieron que tenía varios disparos en la espalda. "Alguien nos ha ayudado, pero no sé quién"-dijo Simmons. También llevaron a Ramiro a cuestas a la enfermería, su brazo parecía estar totalmente inútil. Según él, el negro debía de ser uno de los que los ocultistas llamaban "labracarnes'", que obtenían su poder al automutilarse.

Más tarde haría su aparición la policía, pero se limitaron a tomar nota y a tomar declaración a los testigos. Sorprendentemente, no se interesaron por los cuerpos deformados, que llevaron a la morgue sin hacer más preguntas. Algo olía claramente a podrido en todo aquello. El grupo decidió dormir en la misma habitación haciendo guardias, para más seguridad.

Y así llegó el tercer día de subasta, con Malcolm y Ramiro llevando sus brazos en sendos cabestrillos.Tras reunirse un rato, volvieron a la subasta, que tenía sesión matinal. En la sala habían sido añadidas ciertas cámaras de vídeo y sensores que el día anterior no estaban y que pasaban desapercibidos, camuflados en objetos. Pero la experiencia de Malcolm en tales materias era extensa, y no tardó en identificarlos.

Los objetos más importantes ese día fueron:
  • El codex Seraphinianus. En palabras de Ramiro, ese libro era una joya para los ocultistas. Pujaron algunos conocidos de Sigrid, John Legard, Angel y amir, Frederic Turan, y un invitado nuevo, Simeón Bar Yohai, un anciano que ya habían visto a ratos solitario en la cafetería. Turan resultó vencedor de la puja.
  • El diario secreto de Helena Blavatsky. La puja estuvo entre Dulce, el Hombre Malo, Marc Tolens y Paul van Dorn. Dulce lo consiguió; parecía que la mujer tenía un flujo de ingresos ilimitado.
  • La Caja del Toc-Toc. Ivanov ofreció 500.000$, se le notaba realmente interesado. Uno de los pujadores miró a otro de forma extraña, tras lo cual, Ivanov y el segundo pujador quedaron atontados y no siguieron pujando. John Legard fue el ganador.
Finalmente, apareció el objeto estrella: De Occultis Spherae. Tenía 333 páginas. Comenzada la puja, Paul van Dorn se levantó y comenzó a gritar que ese libro no le parecía auténtico en absoluto, que quería los nombres de los peritos. La sala se llenó de rumores y Paul se reafirmó: "Ese libro no es auténtico, no sé por qué me están haciendo perder el tiempo de esta manera. Yo he visto el auténtico, y desde luego, ése no es". Se armó un gran revuelo y se oyeron dos disparos. Malcolm y Patrick vieron a unas personas vestidas de negro salir subrepticiamente de la sala: James Sawyer, Muler Tilak y la mujer, los de la Nueva Inquisición. Mientras, un individuo de la sala se arrancó un piercing y empezó a sangrar; al tocar al hombre de su lado, pareció "arrancarle" la cara. Estalló una trifulca. El caos cundió hasta que el atril donde se encontraba el libro cayó al suelo y se hizo pedazos. Del atril cayó algo metálico con una luz intermitente roja... Y de repente, una gran explosión los hundió a todos en las tinieblas.

*****

Sigrid abrió los ojos. Se encontraba en una camilla al lado de una ambulancia. A ella se acercó una enfermera, que le preguntó si se encontraba bien. Al responderle que creía que sí, la enfermera mudó la expresión amable de su rostro en otra de absoluta seriedad:

  —Pues entonces ya sabes... —se llevó el dedo índice a los labios— sssssshhh....

Un médico hizo lo mismo con Patrick cuando despertó. ¿Dónde demonios se habían metido? ¿Quién era esa gente?



FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA



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sábado, 9 de abril de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 1 - Capítulo 2

La Subasta (II)

Las invitaciones que había conseguido Sigrid les permitieron ser admitidos en el Hotel Excelsior sin ningún problema, en habitaciones separadas.Tras dejar las maletas dieron una vuelta por el vestíbulo y la cafetería del hotel. Sigrid y Malcolm ingresaron en la cafetería VIP mientras Patrick se quedó en el vestíbulo.

Sorprendentemente -o no tanto-, Sigrid se encontró en la cafetería con Ramiro del Hierro (su ex marido, también tratante de antigüedades y diletante) y se lo presentó a Mal. Ramiro se encontraba allí en representación de Emil Jacobsen (de Londres). El nombre no era desconocido en absoluto para Sigrid: ella también había trabajado representando a este importante anticuario/comerciante en diferentes transacciones. En el pub estaba también Paul van Dorn, archi-rival de Emil Jacobsen, con un hombre de nariz aguileña y perilla que desconocido para Sigrid. Era extraño que Van Dorn acudiera en persona a la subasta, rara vez lo hacía. No obstante, ambos (Paul van Dorn y Emil Jacobsen) parecían tener bastante interés en los objetos subastados.

Patrick conoció a Daniel Simmons, al parecer el cabecilla de una organización llamada "la Representación", y a su ayudante Juan, que en un momento dado lo sacó del cerco que distraídamente habían preparado en la sala unos matones con chupas de cuero, tatuajes y mala pinta. También conoció a un tal Dante DiMaio, que era italiano y parecía devoto cristiano. Algo le abultaba claramente en el pantalón (¿una pistola?). De repente Patrick sintió un escalofrío y Dante echó mano a su presunta arma. Miró seriamente a su alrededor, y Sullivan pudo ver que algunos de los presentes en la sala se comportaban de forma similar a Dante y se miraban extrañados entre sí. Algo raro había pasado, indetectable para la mayoría de los asistentes.

Otros asistentes interesantes eran Jack "Lovejoy" Lambert (un erudito británico), Angel y Amir (hermanos gemelos afroamericanos que destilaban sensualidad), Marc Archer (tartamudo viejo conocido de Sigrid), Alexei Ivanov (anticuario ucraniano que buscaba la caja "toc toc" y venía en representación de "alguien desconocido"), Shiro Takeda (del cual se decía que había hecho un pacto con el diablo porque los años no pasaban por él y porque siempre conseguía los objetos que deseaba), Dan McNichols (niño rico apasionado de los objetos antiguos), Sarah Geller y Audrey Chang.

Patrick entabló conversación con una mujer guapísima, que le sedujo al instante. Tenía acento portugués y más tarde averiguaría su nombre: Dulce da Silva. Tuvieron una breve charla sobre asuntos esotéricos, y Patrick averiguó, o más bien recordó, que fue el filósofo griego Platón el primero que mencionó la Atlántida. Dulce cortó la conversación tajantemente -nunca había tenido intención de mantenerla, la verdad-, advirtiendo a Patric que no se interesase tanto por lo oculto, que aún estaba a tiempo de evitar trabar contacto con ese submundo. A continuación se marchó sin más.

También charlaron con Marc Archer, el anticuario tartamudo. Al principio conversaron amistosamente, pero Marc expresó vehementemente su desprecio por la gente que tenía fe en lo oculto. Ofendido, Patrick perdió los nervios y se puso a gritar y a discutir acaloradamente con Marc. A los pocos momentos aparecieron los guardias de seguridad del hotel y les invitaron a abandonar la cafeteria. Marc se retiró a hablar con Sigrid y sus compañeros anticuarios en una mesa, mientras murmuraba que el tipo de las greñas y la barba estaba loco. Patrick se acodó en la barra del bar para relajarse con la bebida, y allí volvió a encontrarse con Dulce. Volvieron a charlar y esta vez Patrick se sinceró más y le contó parte de sus sueños; ella le preguntó muy seria si había tenido tratos con demonios últimamente, lo que Patrick negó, aturdido y sin dar crédito a sus oídos.

Desde la mesa, Malcom Y Sigrid pudieron ver cómo la hermosa y misteriosa mujer portuguesa cogía de la mano a Patrick y ambos se marchaban juntos. Se dirigieron a la habitación de Dulce. Al parecer Pat le había caído simpático. Ella se desnudó y sólo se dejó encima un colgante. Le hizo el amor como una pantera y al llegar al clímax, Patrick sintió como si le arrebatasen una parte de vida, una sensación no del todo placentera.

Por la noche el grupo acudió a la fiesta que se celebraba en la Sala Royal.

Nada más entrar los abordó Jane Sawyer, una mujer de 40 y pocos, mediana edad, bien vestida, con clase, que los había estado observando desde que ingresaron en el hotel. Les habló de una organización a la que ella pertenecía. Al parecer, sus miembros pretendían que la reencarnación del mundo fuera lo mejor posible. También les dijo que eran los encargados de mantener el equilibrio, de que nadie tuviera demasiado poder como para desequilibrar la balanza. Más tarde averiguarían que la organización de la que hablaba, y a la que pertenecía, se denominaba la Nueva Inquisición y que la controlaba un tal Alex Abel.

A los pocos minutos también los abordó un tal Louis Lamar, insistiendo en que se pensaran si querían entrar a formar parte de la Nueva Inquisición. El grupo no entendía tanta insistencia ni qué intenciones había detrás de que su interés. En la fiesta pudieron intercambiar impresiones con otros miembros de esa organización: Duncan Arcen, Muresh Tilak (superatractivo, hindú), y Huong Yin Suan (una joven vietnamita). Decidieron reunirse con ellos en la terraza para hablar de la proposición de unirse a su organización. Allí les explicaron que se dedicaban a controlar cierta parte del mundo que se escondía a los ojos de los demás. Perseguían a aquellos que comercializaban con niños, que practicaban sacrificios, etc. Los únicos requisitos al ingresar en sus filas era el secreto de todas sus actividades y la obediencia fiel a su líder, Alex Abel.

De nuevo en la fiesta, Duncan Arcen, abogado de profesión y aficionado a las antigüedades y a la historia, le dijo a Sigrid que estaría interesado en ver su biblioteca y que él mismo poseía una rica en ejemplares de leyendas antiguas. Le dio una tarjeta a Sigrid. En la tarjeta aparecía la dirección de Weiss, Crane & Associates. Más tarde, Malcom mencionaría la conexión de su pasado a Weiss, Crane & Assocs. revelando la desconfianza que le despertaban -y su odio visceral hacia ellos-. Sigrid le dijo a su vez que había hablado con un tal Duncan, que al parecer trabaja para el bufete.

Casualidad o no, el grupo habló después con Ramiro, que les dijo que Emil le había prevenido contra una nueva organización llamada Nueva Inquisición que quería cambiar el mundo. Dijo también que al parecer estaban utilizando la subasta como centro de reclutamiento, y que se habían acercado a él para proponerle unirse a ellos. Durante la fiesta también pudieron ver cómo Jane Sawyer y el resto de miembros de la Nueva Inquisición conocidos arrinconaban a un hombre contra la pared y éste quedaba inconsciente aparentemente sin que nadie lo tocara.

¡Qué suene la música!
La fiesta continuó y Patrick, que había trabado buena relación con los gemelos Angel y Amir, se acercó a ellos para intentar sacar mas información. De súbito, al acercarse a los gemelos, vio toda la sala más bella, más luminosa, más brillante. La música sonaba maravillosamente, la fiesta le embriagaba. A los pocos momentos, Malcolm sintió lo mismo, y también se dejó llevar por el ambiente. Angel y Amir eran unos animadores casi sobrenaturales (o quizá no "casi"...). Ambos dejaron de tener control de sus cuerpos hasta que se hizo la hora de retirarse, agotados.

El robo
En mitad de la noche, de madrugada, Patrick y Malcolm se despertaron violentamente en sus camas, con un fuerte dolor de cabeza por la resaca. Sonaba ruido fuera. Entreabrieron las puertas de sus habitaciones y fuera vieron cómo un grupo de hombres con abrigos de cuero largo y unas mochilas estaban cogiendo el ascensor. Malcolm acudió rápidamente a la habitación de Sigrid para comprobar si se encontraba bien, y no tardó en reunirse con ellos Patrick. Sigrid preguntó a sus compañeros sobre los acontecimientos de la noche anterior. Los dos coincidieron en que algo muy raro había pasado en la fiesta, algo que les hizo desinhibirse completamente y perder el control.

Mientras Malcolm y Sigrid retomaban su sueño, Patrick, presa de su insomnio habitual, salió a pasear por el hotel. Al bajar vio a uno de los hombres con abrigo de cuero que salía por la salida de emergencia. Curioso, se acercó y se asomó, pero no vio nada. Al momento oyó unos pasos acercándose por detrás; al girarse vio a un tipo con el pelo largo y una uzi en la mano que le miraba tras unas gafas graduadas y le disparó dándole en la pierna. Tras derribarlo, se marchó precipitadamente. Más tarde, en la enfermería, se enterarían de que eran un grupo que había intentado robar los objetos de la cámara acorazada del hotel, pero la policía les aseguró que ya habían dado con ellos y se encontraban entre rejas.

El día siguiente a mediodía recibieron la visita de Jane Sawyer y Louis Lamar para ver si ya tenían una respuesta a su demanda de reclutamiento. Les contaron que se habían hecho cargo de la Cábala Rahjab, una organización de ocultistas que resultaron no ser otros que los gemelos Ángel y Amir. El descontrol de la fiesta de la noche anterior lo habían causado ellos, y no les había quedado más remedio que expulsarlos del hotel. Ante la reticencia del grupo, ampliaron el plazo de la respuesta hasta la medianoche.

La Subasta
Por la tarde comenzó la subasta, entrando en puja los objetos que a priori eran menos atractivos. Sigrid consiguió hacerse sin mucho esfuerzo con un pergamino con una historia rúnica por 2300$.

Respecto al resto de objetos: un jarrón de la dinastía Ming se subastó por unos 600.000$, mientras que Sigrid estimaba su valor real en unos 3.000$. Por él compitieron duramente un viejecillo que habían visto solitario en una mesa de la cafetería VIP y Dan Simmons. Por una Daga de los Borgia llena de joyas , Dan Simmons y Angel pujaron para comprarla por 100.000$, mientras que estimaban su valor en, como máximo, 6.000$. Había algo allí que se les escapaba, y con toda la descabellada información que habían averiguado en los últimos dos días, no les extrañaba.

Por la noche, el trío se reunió con los miembros de la Nueva Inquisición. La respuesta a su propuesta fue afirmativa. Accedieron a unirse a sus filas. Y les dejaron claro que de la Nueva Inquisición sólo se podía salir "con los pies por delante".

Esa noche Patrick soñó con un hombre de color que tenía cuerdas en su mano y lo manejaba a él como un títere, lo que sembró dudas respecto a la decisión que habían tomado.

Ataque a Dan Simmons
Se despertaron sobresaltados al oír lo que parecían disparos en el pasillo. Al abrir ligeramente la puerta, vieron el inmenso cuerpo de Dan Simmons. Dos hombres le estaban disparando. Sin aparentemente preocuparse por los disparos, cogió a uno y lo arrojó como un pelele contra la pared. Al otro lo lanzó con un fuerte golpe al final del pasillo y acabó con la espalda rota. A este último lo reconocieron: se trataba de Huong Yin Suan (la chica vietnamita de la Nueva Inquisición). Algunas puertas de habitaciones contiguas estaban abiertas y sus huéspedes muertos. Pudieron oír cómo Dan Simmons comentaba algo como: "no esperaba que fueran tan agresivos..."

Al poco rato recibieron la llamada de Jane Sawyer para directamente preguntarles si se veían capaces de matar a Daniel Simmons: "parece ser que ha habido problemas por ahí, y su nombre es Dan Simmons. Es un elemento muy peligroso, más de lo que esperábamos. Ahora pertenecéis a la Nueva Inquisición, intentad encargaros de él". Viendo lo que habían visto, los PJs contestaron que no se veían capaces de encargarse de él. Era demasiado fuerte. A partir de ahí, la noche sería bastante movida.

El mendigo nuevamente
De madrugada, se produjo un escándalo en la calle. Desde una ventana del hotel Malcolm vio al mendigo con el que había hablado días atrás discutiendo con el agente de seguridad de la puerta del hotel: "Sois unos hijos de puta ¿Crees que no sé lo que le hicisteis a Cindy? Ese hijo de puta de Abel, eso que ha montado en el hotel, el cabronazo se la ha jugado bien."

Malcolm bajó rápidamente, mientras el mendigo todavía maldecía. Rápidamente se lo llevó lejos del hotel, a un bar cercano. Tras beber algo, la reacción del mendigo fue inicialmente negativa: "Esto va a acabar muy mal. Eres secuaz de Abel, ese puto negrata... putos nazis, no les gusta algo y enseguida lo liquidan con sus labracarnes". Tras unos cuantos gritos, empezó a sincerarse; dijo que posiblemente había sido un labracarnes el que había matado a su hija. Abel había matado a su "Cindy", su querida Cindy. Tras tranquilizar al mendigo, Malcolm volvió al hotel. A las pocas horas, el guarda que había intentado echar al mendigo apareció muerto. Tenía multitud de cuchillos clavados por todo el cuerpo aleatoriamente, y en la frente tenía clavada la navaja que Malcolm ya había visto usar al mendigo en una ocasión anterior.

El trato con Dan Simmons
Poco después, también de madrugada, hablaron con Simmons, que les confió que le apodaban con el sobrenombre de el Hombre Malo, pero que el mote no tenía una explicación obvia, sino que era una larga historia. Les ofreció protección a cambio de deberle un favor. Tambión dijo que si aún no habían firmado nada con la Nueva Inquisición era posible que aún no estuviera todo perdido.

Sobre las 4 de la mañana llamaron a la habitacion. Era Juan Martínez, que venía de parte de Daniel Simmons. Traía un papel con un contrato escrito para que el grupo lo firmara ¡usando su sangre como tinta!. Tras mucho hablarlo y pensarlo, decidieron firmar. A cambio, simplemente "le deberían un favor". Interesados por esta forma de hacer las cosas, Juan les explicó que desde que estaba con Simmons llevaba ya unos 2.000 contratos firmados...

viernes, 8 de abril de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 1 - Capítulo 1

La Subasta (I)
Domingo
Sigrid Olafson

Al atardecer, Sigrid se encontraba ante su ordenador transcribiendo viejas historias, cuando su hija Esther la llamó por teléfono para decirle que estaba asustada: había entrado un hombre extraño en la tienda que la familia poseía en Madrid, y de la que Esther, de 20 años, había quedado encargada. Tras tranquilizar a su hija reprimiendo su propia inquietud, Sigrid recordó que tenía pendiente una llamada a la academia militar de Westpoint, donde estudiaba su hijo Daniel. El muchacho parecía muy nervioso, y tras tirarle un poco de la lengua, reconoció que estaba un poco inquieto; al parecer sus compañeros reclutas estaban comportándose de forma rara, no sólo con él, sino en general. Sigrid no le concedió mayor importancia, al fin y al cabo, se trataba de adolescentes.

Una vez que terminó de conversar con su hijo siguió con su búsqueda de información a través de Internet; al cabo de unos minutos le llamó poderosamente la atención un pequeño icono en una página desconocida, que parecía una runa nórdica. El icono daba acceso a una página de noticias: "AntiquitiesOverTheWorld.net". Resultó ser una página muy exclusiva donde se anunciaba que el siguiente jueves en el hotel Excelsior habría una gran subasta de objetos donados desde colecciones particulares. También había un hilo de discusión en los foros donde vio un mensaje: [b][i]"joder, a ver si esto tiene algo que ver con el saqueo de la biblioteca…"[i][b]. Interesante.

A Sigrid le picó la curiosidad, así que realizó una búsqueda exhaustiva. Finalmente pudo leer que en la Universidad de Yale habían saqueado la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos. Por su profesión, Sigrid conocía bastante bien esta biblioteca, y le extrañó no sólo que la hubieran saqueado, ya que la seguridad era muy estricta, sino el secretismo que parecía rodear el robo. Decidió hablar con sus contactos y colegas: Mark Archer y varios más. Y tomó la decisión de acudir a la subasta. Aconsejada por sus colegas, decidió que sería buena idea contratar un guardaespaldas para que la acompañara al evento, y en la guía telefónica encontró un nombre: Malcolm Waite – Seguridad. Distraída como siempre, sin mirar la hora que era, llamó al tal Malcolm para contratarlo; quedaron en verse en su despacho al día siguiente.

Quedaba un cabo suelto, y era que a la subasta sólo podía accederse por invitación. Sin embargo, Sigrid movió hilos y, tras solicitarla, recibiría una invitación para asistir a la subasta varios días después.

Malcolm 'Mal' Waite
Mal se encontraba, como cada día, entrenando en el gimnasio junto con su sparring y amigo, Joe Lender, con el que ese día se ensañó demasiado sin intención. Después del combate, su entrenador y también amigo Travish McNamara (de mirada inquietante debido al parche que lucía en el ojo que le faltaba), le contó algo muy extraño: había oído decir por las calles que iba a pasar algo gordo. Al insistir en que le contara más, Travis soltó la lengua: se lo había dicho unos minutos antes un mendigo en el bar, que aunque borracho, parecía argumentar de una manera bastante lúcida. Lo más extraño fue que Travis no supo decirle nada más, porque tras mencionar al mendigo pareció sufrir un lapsus mental. Pero seguro que no era un simple olvido, porque había olvidado incluso que había mencionado al mendigo, incluso que había tenido alguna conversación con él. O Travis se hacía viejo o algo extraño estaba pasando.

Ya fuera del gimnasio, Malcolm se dirigió al bar para intentar averiguar más cosas sobre lo que le había dicho su amigo. Tras una breve conversación con el barman y un parroquiano averiguó hacia dónde se había ido el sintecho. Salió a la calle a buscarlo, y lo encontró tirado en un callejón. A duras penas pudo hablar con él, y el viejo mencionó que había perdido a su hija Cindy. Empatizando con el pobre hombre, Malcolm le contó a su vez cómo murió su hija y el mendigo le dio un dato revelador: "parece obra de un labracarnes" —dijo. ¿Un labracarnes? ¿Qué demonios era eso? Cuando más interesante se estaba poniendo la conversación, Malcolm quedó inconsciente de forma extraña. Despetó a los pocos minutos y el anciano ya no estaba allí. Inquietante.

Siguió buscándolo durante horas, pero sin éxito. Así que sumido en una pequeña depresión tras rememorar los acontecimientos relacionados con la muerte de su hija en la conversación con el mendigo, se dirigió al bar a echar unos tragos. Al poco rato y 3 whiskies sonó su teléfono móvil, bien entrada la noche. La llamada era de una mujer que preguntaba si estaba disponible para ser contratado como "guardaespaldas no oficial" en una subasta durante la próxima semana. Mal no estaba muy sobrio, así que decidió citar a su interlocutora (Sigrid) al día siguiente en su despacho.

Patrick Sullivan
Patrick, profesor de filosofía, volvía paseando de dar clase y se encontraba bastante cansado; así que fue directo a la cama. No obstante, le atemorizaba dormirse, porque hacía un tiempo que venía teniendo sueños nada agradables.

Se cambió de ropa, pues estas semanas estaban siendo más duras de lo normal. Cada mañana tenía que lavar el pijama, porque se levantaba empapado en sudor; los sueños eran cada vez más intensos y más reales, tenía que hacer algo para que dejaran de atormentarle, pero no sabía qué. Hasta que intentó algo que le dio la solución; bebiendo un poco y metiéndose algo de droga en el cuerpo, dormía sin problemas....

Esa noche estaba más cansado de lo habitual, había sido un día duro. Cenó una lasaña congelada y se puso a ver la televisión. Sin apenas darse cuenta cayó rendido en el sofá, y el sueño volvió....más nítido que nunca: se encontraba junto a dos personas que no había visto en su vida, una mujer de unos 40 años, y un hombre de unos 50 pero todavía en forma. Estaban protegiéndose las espaldas unos a otros, rodeados por enemigos; sólo que estos enemigos eran invisibles, unas sombras sin forma. Se encontraban en un vestíbulo de un hotel ostentoso, rodeados por una jauría de ellas, que revoloteaban a su alrededor. Cada uno de ellos portaba un libro antiguo en sus manos; la primera en intentar leerlo fue la mujer, y al deshacerse en sus manos no pudos soportarlo, el pánico se hizo dueña de ella, empezó a rasgarse la cara con las uñas mientras gritaba de dolor y de auténtico horror. El hombre también intentó leer el libro que sostenía, que se deshizo en polvo igual que el de la mujer. Acto seguido él también fue presa del horror y cayó al suelo llorando de angustia. Por último fue el turno de Patrick y, cuando se disponía a leer el libro, un frío gélido se apoderó de su corazón absorbiendo todo el aire que entraba por sus pulmones... justo en ese momento se despertaba bañado en sudor y con un dolor punzante en el pecho....

Cada día el sueño era más intenso, cada día dormía menos, tenía que conseguir que los sueños no se apoderasen de él.


Lunes
Por la mañana, y con el malestar de la resaca, Malcolm se reunió con Sigrid. Ella le contó los detalles de lo que necesitaba (protección durante la semana que durase la subasta) y acordaron una tarifa por los servicios. Durante la conversación afloraron ciertas tiranteces entre Malcolm y Sigrid, ya que la anticuaria se apercibió de que Mal estaba resacoso, y el despacho, aunque espartano, no estaba "pulcro y ordenado", cosa con la que Sigrid era extremadamente maniática.

Cuando la conversación estaba llegando a su final, llamaron a la puerta. No era otro que Patrick, que había acudido allí por un impulso inexplicable, y que les habló del sueño en el que Malcolm y Sigrid también aparecían. Aunque reticentes al principio con el peculiar profesor, no pudieron sentirse intrigados por todo aquello que les contó, y decidieron dejarle acompañarlos.

Acudieron al Hotel Excelsior, en cuya planta ático se iba a celebrar la subasta. En el vestíbulo, Patrick rememoró el sueño de una manera realmente vívida. Al intentar alojarse en recepción les dijeron que no quedaban habitaciones libres. Tras echar una ojeada, Patrick volvió al vestíbulo. Un frío intenso lo envolvió y sintió como si el tiempo se detuviera. Tenía la sensación... no, la certeza, de que todo el mundo lo observaba fijamente. Todo pasó tan súbitamente como llegó. Cuando preguntó a Sigrid, a Mal y a algunos de los presentes, todo el mundo lo negó; nadie había mirado a Patrick.

Llevaron a cabo las primeras pesquisas en la Biblioteca de Nueva York. Mal también estaba intrigado, después de lo que le había dicho el mendigo, y acompañar a esta pareja de momento podía revelarle información de utilidad. Descubrieron que la mayoría de los libros de la subasta procedían del tesoro de Hitler y que Sotheby's era la empresa encargada de gestionar el evento.

Tras esto, se retiraron a dormir. Malcolm se pasó un rato por el gimnasio antes de irse a casa.


Martes
El día siguiente viajaron a Yale, a investigar el robo de la colección de libros raros. En la Biblioteca les contaron cómo había sido el robo, pero en ningún momento les dieron detalles sobre qué era lo que habían sustraído. Malcolm intentó obtener esta información de la policía, pero sin éxito. Sigrid, haciendo uso de sus habilidades, consiguió que el director de la Biblioteca les proporcionase la lista de los libros desaparecidos.

También buscaron información sobre la runa que Sigrid había encontrado en Internet y que fue la que le guió hasta la información de la subasta. Resultó que también estaba relacionada con el tesoro perdido de Hitler, no era sino uno de muchos símbolos esotéricos nazis.

Durmieron en un hotel, donde Malcolm y Patrick compartieron habitación. Para su angustia, Mal experimentó el mismo sueño que atormentaba a Patrick, salvo que visto desde su punto de vista. El temor se apoderó de él. Esto le convenció definitivamente de permanecer con Sigrid y Patrick, seguro que así obtendría respuestas a las preguntas que le habían estado acosando desde la muerte de su hija.


Miércoles
Por la mañana temprano regresaron a Nueva York.

La noche siguiente, Sigrid y Malcolm durmieron en casa de ella, y continuando con la serie de hechos extraños, ambos tuvieron el mismo sueño. Una figura en unos muelles, sangre en el suelo y una silueta en penumbra que los miraba llevándose un dedo a la boca y susurrando “ssshhhhhhh...”.

Después volvió el sueño recurrente, pero situándose en el vestíbulo del hotel y con un libro en las manos. El libro desaparecía de repente, y despertaron gritando. Esta experiencia les unió aún más; algo les estaba pasando y no sabían qué era, algo que también les unía al extravagante profesor Sullivan.

Finalmente llegaron las invitaciones para la subasta. En el Hotel pudieron ver publicada la lista del material que iba a ser subastado, por supuesto no accesible al público general. Y efectivamente, no fue grande su sorpresa al ver en la relación de objetos algunos de los que habían sido robados en Yale.

El material que se subastaba era el siguiente:
  • Manuscrito de la Vulgata. Escrito en el siglo V por San Jerónimo, este es uno de los dos únicos manuscritos originales que se conservan.
  • La Caja del Toc-Toc.
  • El diario secreto de Helena Blavatsky. En teoría una joya del ocultismo, un texto iluminado por seres primigenios que revelaron a Madame Blavatsky el secreto del origen de la humanidad y de las otras tres razas ancestrales (atalantes, lemuritas y muanos)
  • El manuscrito Voynich.
  • De Occultis Spherae, un antiguo libro venerado por muchos ocultistas.
  • El Codex Seraphinianus.
  • El mapa de Platón.
  • Ankh dorado. Reliquia faraónica del siglo VII adC.
  • La katana de Miyamoto Musashi.
  • Multitud de jarrones y vasijas de distintas dinastías chinas y japonesas.
  • Yelmos, cetros, dagas, y partes de armadura de la Edad Media.
  • Pergaminos celtas, escritos rúnicos, adornos escandinavos.

El diario secreto de Helena Petrovna Blavatsky era el único libro que no se encontraba entre los robados de Yale.
El Codex Seraphinianus y El manuscrito Voynich eran ambos dos códices escritos en clave y que nadia había conseguido descifrar nunca, ambos en la lista de los desaparecidos en la biblioteca de Beinecke.

jueves, 3 de marzo de 2016

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 34

Hacia el norte (V). Abandonando el camino

Una vez reunidos fuera de Ashrakän tuvieron que planear su próximo movimiento. El badir y su contingente habían seguido su camino hacia el norte, dirigiéndose a Torre del Sol con los carromatos que presuntamente contenían a los elfos cautivos. El grupo decidió continuar su camino la noche siguiente, y utilizaron el resto del día para descansar. Volvieron a compartir de nuevo el sueño de la multitud en los Santuarios, pero esta vez se grabó en ellos sólo una ligera sensación, pues la experiencia onírica se había difuminado aún más que en las últimas veces. No obstante, Symeon despertó sobresaltado, acuciado por una sensación nueva: habría jurado que justo antes de despertar, un animal lo estaba olfateando a la altura de la sien. No tardó en relacionar tal sensación con los extraños sabuesos sombríos que habían visto por primera vez en su anterior sueño.

Poco después del anochecer continuaron su camino, hasta que en un momento dado algo llamó la atención de Daradoth: un jinete se erguía en lo alto de una loma lejana, tenuemente iluminado por la luz de la luna y las estrellas (no tan tenuemente para los ojos élficos, por supuesto). Era imposible que un jinete humano los viera desde aquella distancia, así que siguieron unos minutos más por el camino. El ojo experto de Yuria la ayudó a percibir que el ejército que les precedía había tenido algún tipo de problema: un trozo de lo que sin duda era una rueda de carromato se encontraba tirado a un lado del camino, y para ella era evidente que el ejército se había tenido que detener y había avanzado mucho menos de lo que habría podido. Se encontraban más cerca de la loma, y Daradoth pudo percibir, sobrecogido, que el jinete de su cima no era tal; ni siquiera era humano. La figura correspondía sin duda a la de un centauro, que observaba los alrededores con atención. Pocos momentos después, el centauro desaparecía de lo alto del cerro.

Decidieron acampar para no acercarse más al contingente del badir, y Daradoth se adelantó para investigar el lugar donde se había encontrado el centauro, varios kilómetros hacia el noreste. Tras varias horas de búsqueda, pudo detectar algunas huellas del ser mítico, pero pronto las perdió.

Mientras Daradoth estaba ausente, el grupo aprovechó para descansar. Al cabo de un par de horas, Taheem despertaba a Symeon: el vestalense tenía un rostro de gran preocupación, pues estaba seguro de haber notado varios animales, probablemente lobos, alrededor del grupo, acechando. La experiencia de Taheem, unida a la sensación que el errante había tenido la noche anterior, hicieron fruncir el ceño a éste. Aún mostró más preocupación, cuando Yuria se agitó violentamente y se despertó con un gemido de terror. No tardó en recordar por qué se había despertado tan violentamente: en el sueño, un ser que no podía ver sino sólo sentir, pero que estaba segura de que era parecido a un lobo enorme, la perseguía, gruñendo y aullando; justo cuando creía que la iba a atrapar se había despertado. Symeon se convenció de que los extraños sabuesos que habían visto en el sueño habían sido enviados para encontrarlos, y todos aceptaron su sugerencia de mover el campamento inmediatamente, confiando en que Daradoth los encontrara más tarde. Y así fue, aunque no sin esfuerzo por parte del elfo, que tardó un par de horas en reunirse con ellos.

Después de descansar, pasado el mediodía volvieron al camino, que se internaba ya en terreno accidentado, con lomas y colinas alrededor. A media tarde, dos jinetes con uniforme aparecían desde detrás de un recodo. Y detrás de esos dos, tres más. Nada más ver al grupo sofrenaron sus caballos a varias docenas de metros de distancia. La comitiva se detuvo unos instantes, pero siguieron caminando despacio y alerta. Tras realizar una evaluación rápida, tocar los pomos de sus cimitarras y hablar en voz baja entre ellos, sucedió lo inesperado: volvieron grupas y se alejaron rápidamente, desapareciendo detrás del recodo de nuevo. ¿Habrían ido en busca de ayuda? Si era así, debían actuar rápido. Salieron del camino, internándose en las colinas de los alrededores siguiendo una diagonal que divergía poco a poco de la vía. No tardaron en oír sonidos de cuernos en la lejanía. Al cabo de unas horas, Daradoth subió a un cerro para otear los alrededores; y se sobresaltó cuando vio una patrulla de exploradores a menos de cien metros que no lo habían detectado pero que se dirigían directamente hacia donde él se encontraba, sin duda con la intención de observar los alrededores desde esa misma cima. El elfo corrió lo más rápido que pudo para reunirse con sus compañeros y alejarse de allí, poniéndose a salvo; los cuernos redoblaron sus bramidos, amenazadores.

Una vez se sintieron a salvo, volvieron a subir a una loma y observaron los alrededores con ayuda del catalejo de Yuria. Los ojos expertos de la ercestre pudieron detectar una pauta en las pocas patrullas que era capaz de avistar: todas se dirigían hacia un punto de confluencia hacia el norte, quizá obedeciendo a las llamadas de los cuernos que se escuchaban.

Decidieron proseguir camino campo a través, pero pronto tuvieron que desistir, pues el terreno se hacía casi imposible de atravesar por los barrancos y acequias. Viraron hacia el oeste y remontaron una colina que los llevaría de nuevo a la vera del ahora tortuoso camino principal.

Tras caminar varias horas, anocheció justo cuando se encontraban al pie del promontorio. Mientras el resto del grupo montaba el campamento, Daradoth decidió acercarse al lugar tras las colinas donde se percibía el resplandor que suponían procedente de las hogueras del ejército del badir. Tras esquivar con ciertas dificultades a los guardias y exploradores apostados, pudo llegar a un lugar que ofrecía una buena vista del contingente. Habían aprovechado el risco de la falda de una de las colinas, montando una fuerte guardia de soldados y perros alrededor de los carromatos. El elfo decidió retirarse sin arriesgarse más.

Al amanecer levantaron el campamento. Y pudieron ver a lo lejos una treintena de jinetes que aparecían en la cima de la colina, y al menos media docena más por el camino. Por suerte se habían alejado ya, e internándose a través de unos campos de maíz pudieron permanecer ocultos a la vista de los enemigos. Dadas las dificultades en las que se encontraban, decidieron abandonar los caballos y quedarse sólo con las mulas, que les permitirían atravesar terrenos mucho más abruptos. Y así continuaron, a través de las colinas, barrancos y cultivos, evitando el camino.

Tras varias horas de dura caminata, acamparon de nuevo. Al atardecer, pudieron ver cómo un jinete se recortaba claramente sobre un cerro contra la luz del horizonte, bajaba del caballo, comprobaba alguna cosa, y continuaba su camino. La noche transcurrió tranquila, sin sobresaltos por primera vez en mucho tiempo.