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Publicaciones

La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

viernes, 3 de mayo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 16

Explosiones
La noche estuvo plagada de pesadillas para casi todos. Falto de sueño, John se dedicó a intentar deducir datos del libro de Helena Blavatsky que habían encontrado en Westchester. En un destello de brillantez, pudo apreciar una complicada clave repartida a lo largo de decenas de páginas del libro que resultaba en unos valores de longitud y latitud que se situaban en algún punto de Nepal. Además, varias menciones veladas en múltiples pasajes de libro le dieron la pista para deducir también el interés de Blavatsky en un punto determinado del continente Antártico.

Kostas Estepháneos
El otro punto de interés durante la noche fue la revista que Jack había conseguido de un viejo kioskero en Nueva York, el número 13 de Nuevo Amanecer. Al ponerlo en común tanto con el grupo como con los sacerdotes, todo el mundo se mostró sorprendido por la cantidad de viejas fotocopias y fotos que presentaba la revista. El padre Mullendore se mostró especialmente intrigado por unas fotocopias de unas fotos de un original en arameo que enseguida hizo notar al padre Kostas Estepháneos, el experto en lenguajes semitas. El libro procedía al parecer del museo de reliquias de Tel Aviv, y todo apuntaba a que era una transcripción del Libro de los Muertos egipcio. Además, la revista era rica en descripción de rituales y procesos alquímicos que sospecharon al instante que debían ser muy antiguos, y de fuentes desconocidas. Desde luego, aquella no era una revista paranormal cualquiera. Habría que estudiarla más a fondo. Jack también les habló de las extrañas conversaciones medio borradas en foros de internet que se referían a pasajes de aquella revista.

Después de una noche plagada de pesadillas para casi todos y entrada ya la mañana del día siguiente, un claxon anunció la llegada del escolta de Louis Lindon llamado Jerry, acompañado de Lucas Miller, el socio y amigo de Joey. Éste estaba muy preocupado y se alegró sobremanera de volver a ver a su compañero, aunque no hubo tiempo para muchas efusividades porque Jerry les explicó que les venían siguiendo y había despistado a sus perseguidores a duras penas. Inmediatamente se aplicaron a buscar algún tipo de localizador en el coche y efectivamente tuvieron éxito. Hackeando la señal y adhiriendo el localizador a otro coche parado en un semáforo se libraron de él; no tardaron en ver pasar a un sospechoso vehículo militar en la dirección en la que se había alejado el nuevo huésped del aparato.

A continuación comieron, en un ambiente más o menos distendido, pero no duró mucho, pues un seminarista llegó corriendo, instándoles agitadamente a que fueran a ver la televisión. Lo que vieron los dejó helados: todos los canales estaban ofreciendo un especial informativo sobre una serie de enormes explosiones en los túneles de metro de Brooklyn que habían afectado al menos a la cuarta parte del distrito. Se hablaba también de un posible atentado con Antrax, y se daban las fotos del grupo (un poco obsoletas en su aspecto) como principales sospechosos de los atentados. El estado de Nueva York se encontraba en estado de excepción y el resto del país en estado de alarma. Todos los vuelos a Nueva York se habían desviado y las imágenes de la "zona cero" eran dantescas. Quienquiera que hubiera hecho aquello lo tenía bien preparado. El 11-S había sido sólo un aperitivo comparado con aquello. El propio alcalde de Nueva York había sido afectado por las explosiones y se encontraba en un lugar desconocido, en un estado desconocido, pero todos los rumores apuntaban a que las explosiones lo habían afectado y estaba muerto o en coma. Las consecuencias no se habían hecho esperar, y no tardó en aparecer en televisión una entrevista al que se perfilaba como favorito a presidir el gabinete de crisis que tendría que regir la ciudad: el republicano Vincent Callaghan. Cuando John lo vio, escupió el agua que estaba bebiendo en aquel momento para calmar su estado de nervios. Era evidetne que Callaghan no estaba preparado para aquello, pero debía tener importantes valedores. Como si alguien le hubiera leído la mente, el tiro de cámara abrió el ángulo y se vieron varios rostros detrás del político republicano; uno de ellos era sin duda el de Hans van der Riert, el alemán loco que había retenido a John en el helicóptero de UNSUP, y cuya locura casi les hace estrellarse.

Durante varios minutos nadie pudo reaccionar de la impresión. Nadie se imaginaba que la Corporación hubiera sido capaz de algo así. Aquello era muy fuerte. McNulty decidió hablar con sus contactos del Sinn Féin, y tras varios intentos infructuosos finalmente recibió la llamada de Arthur O'Sullivan. Éste se mostró reticente a hablar de asuntos comprometidos, alegando al poder de la Corporación y sus varias colaboraciones en los tiempos del IRA. Ante la insistencia de McNulty y sus amenazas de "tirar de la manta", O'Sullivan transigió, diciendo que haría lo que pudiera y prometiendo que estarían en contacto.

Tendrían que ponerse en marcha y decidir su próximo paso antes de que les fuera imposible salir del país. Joey insistió en que Lucas les acompañara, pero el grupo no dio su brazo a torcer, alegando que les sería más útil en tierra patria, y además estaría más seguro. Quien sí les acompañaría sería el padre Estephaneos, que les serviría como enlace con la iglesia, además de aportarles conocimientos que quizá fueran útiles.

Lo primero era recoger a Linda Sorenson, como le había prometido Thomas. Su vuelo se había desviado a Philadelphia, y aunque se arriesgarían mucho reuniéndose con ella, no tenían más remedio. Así que partieron, despidiéndose del padre Mullendore y los demás. Lindon ya les había proporcionado su número personal, y su jet les sacaría de Philadelphia desde un aeródromo privado que ya había contratado. Mullendore les dio unos colgantes con forma de cruz-espada que les identificarían ante cualquier Custodio de San Miguel que se encontraran, y por su parte Joey había iniciado una campaña "anticonspiranoica" en la red, de manera que se había iniciado una corriente de opinión a su favor que quizá les fuera de ayuda en el futuro.

De camino al aeropuerto había multitud de controles, pero pudieron pasarlos sin problemas, afortunadamente, cubiertos bajo su tapadera de FEDEX. Jack y O'Hara entraron a la terminal, mientras el resto les esperaba un poco más alejados. Tras una breve espera, por fin empezaron a salir los viajeros del vuelo procedente de París, y entre ellos no tardaron en ver a Linda.

Justo unos instantes antes de que todo estallara.

Una fuerte explosión sacudió el área de embarque y aturdió y ensordeció a todos los presentes. A todos excepto a dos hombres de negro que se dirigían hacia la escena. Afortunadamente, Linda había sufrido heridas leves y McNulty llegó rápidamente. Un breve tiroteo entre Jonas, un profundamente traumatizado Jack y los extraños permitió que el grupo huyera de allí, en medio de un caos de gemidos, gritos y humo.

Sin aliento y con pinta deplorable consiguieron llegar a la furgoneta, donde les esperaban los demás. Aceleraron hacia la salida, donde un control les dio el alto. Como evidentemente no hicieron ningún ademán de parar, uno de los policías presentes abrió fuego, alcanzando en un brazo al padre Estephaneos. Arrollando uno de los coches consiguieron atravesar el control y adentrarse en la red de carreteras secundarias.

jueves, 25 de abril de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 24

Nido del Grifo (II)
Ancel pudo deambular a su antojo por la fortaleza (excepto en aquellas partes donde los guardias impedían el paso con la excusa de que "estaban siendo rehabilitadas"), gracias a su idea de hacerse pasar por uno de los hijos de ser Davos. Los Seabreeze y los Connington habían tenido poco contacto, y confiaba en que nadie lo reconocería. En sus idas y venidas por Nido del Grifo, no fue difícil darse cuenta de que había al menos tantos mercenarios como guardias Connington acantonados en el castillo, si no más.

El cuervo Lorgrim
Durante algunas horas, el grupo intentó buscar una vía de escape del castillo alternativa a la puerta principal, pero según sus impresiones y la poca información que pudieron obtener de los oriundos, no había salidas secretas de Nido del Grifo. La única de información de utilidad provino de unos sirvientes con los que Vanna comió; cuando acudió a buscar a Jelina, la muchacha de las cocinas, ésta no se encontraba en su habitación, y al preguntar a una familia que vivía en las mismas estancias, la invitaron a compartir su comida. Vanna sintió compasión por ellos, pues el hombre se había quedado cojo de una pierna y querían dejar el castillo, así que les dio unas monedas para que pudieran viajar y quizá comprar o alquilar algo de tierra. Los dos niños hijos del matrimonio mencionaron un camino que descendía por la parte norte del castillo, el "camino negro". Le contaron que varias personas habían muerto ya intentando huir o entrar al castillo por el sendero, que hasta las cabras se pensarían afrontar. Esa fue la única información que pudieron obtener sobre vías de escape de Nido del Grifo, algo que según la lógica quedaba descartado, porque si salían con la voluminosa Brienne en baja forma, seguramente se despeñarían ladera abajo.

Ancel intentó tirar de la lengua a un par de oficiales de los guardias Connington, pero no hubo manera de sacar información de utilidad.

Por su parte, Jeremiah visitó los barracones de la tropa, donde encontró a tres guardias y dos mercenarios bebiendo y jugando a los dados. Los mercenarios se mostraron suspicaces con él, pero dos de los Connington lo recibieron efusivamente y le dieron la bienvenida al juego. Tras mucha bebida y tiradas de dados, por fin uno dio rienda suelta a la lengua: habló de los rumores de guerra, de lady Brienne y ser Ronnet, y de la inexistencia de escapes de Nido del Grifo. Los mercenarios no tardaron en marcharse, y los dos guardias Connington más afables cayeron inconscientes por efecto de la bebida, mientras Jeremiah se tambaleaba y el tercer guardia lo miraba fijamente.
 —Lo hicisteis bien en el torneo de Bastión de Tormentas, Seabreeze —dijo el Connington mientras Jeremiah, un poco embotado por la bebida, abría mucho los ojos.

Cuando el guardia hizo ademán de salir por la puerta, Jeremiah le golpeó con el pomo de su espada, dejándolo inconsciente. Fuera se oían voces. Ser Ronnet había vuelto con su escolta de dondequiera que hubiera ido. Jeremiah rezó a los Siete por que no se les ocurriera entrar en los barracones, y se quedó quieto como una piedra contra la pared. Afortunadamente, pasaron de largo. Cuando Ancel se encontraba atravesando el patio de armas para encararse con ser Ronnet, se encontró con Jeremiah, que salía de los barracones y se lo contó todo. Al punto recogieron a Berormane, que se encontraba en uno de los torreones atendiendo a los heridos del castillo y se reunieron con Vanna. Tendrían que ejecutar lo que quiera que fueran a hacer esa misma noche, antes de que el guardia inconsciente se levantara (Jeramiah lo había hinchado a alcohol después de dejarlo inconsciente) y dijera alguna inconveniencia. Berormane tuvo una idea. Envió a su cuervo Lorgrim con un trocito de papel y carboncillo atado a una pata a uno de los ventanucos de la torre noroeste. Tras dos intentos infructuosos, finalmente obtuvieron el resultado deseado: en el papel, que ahora lucía algún que otro resto de sangre, garabateado con una letra infantil y temblorosa, había escrito un mensaje que les costó entender: "ayuda, sacadme de aquí". Por fin se convencieron de la presencia de Brienne en el castillo; había que hacer algo, y rápido.


martes, 16 de abril de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 15

Fred Mullendore exorcizado
Mientras esperaban a que aparecieran la totalidad de los religiosos convocados por el padre Fabrice para participar en el exorcismo, los personajes emplearon el día en descansar y recuperar fuerzas. Conversaron con Louis Lindon, con sus escoltas y con los sacerdotes.

En concreto, Jack se interesó por cuestiones de fe, y la forma de combatir a los extraños seres a los que se enfrentaban. Eso le llevó a pasar gran parte del día con el padre Fabrice, con Thomas Vaughn y el resto de sacerdotes y personas de fe. Louis Lindon, por su parte, volvió a ofrecerles toda la ayuda que necesitaran, e incluso les ofreció su jet privado en caso de que necesitaran desplazarse a África o a cualquier otro lugar. Aprovechando el ofrecimiento del senador demócrata, Joey sacó a colación el problema de su compañero Lucas: seguro que se encontraba en peligro y deberían ir a buscarle. A tal cosa se oponían con fuerza McNulty y O'Hara; no obstante, al final encontraron una solución enviando a uno de los escoltas de Lindon, Jerry, que partió a buscar al amigo del hacker en cuanto éste llamó para informar del motel donde había alquilado una habitación.

Por la tarde, Thomas recibió una llamada de Linda, la secretaria de su suegro Bertrand Campbell. Se encontraba muy apenada y no pudo reprimir las lágrimas al informar de que en la embajada no le habían dado ya esperanzas sobre poder encontrar ya a su amado jefe. Thomas se mostró todo lo cortante que pudo, con la intención de colgar cortar cuanto antes la comunicación. La mujer le informó de que pensaba comprar un billete lo antes posible para volver a Nueva York, y Thomas le pidió que llamara cuando fuera a salir de Europa para poder ir a recogerla al aeropuerto. Linda se despidió agradecida, entre sollozos e hipidos.

Ya entrada la noche, uno de los escoltas de Lindon anunció la llegada de un coche en el exterior. El vehículo tarnsportaba a un clérigo anciano y calvo, de ojos blancos y ciegos, ataviado con una cruz copta y extranjero a todas luces: egipcio para más señas. Saledh Medhat entró al seminario entre los efusivos saludos de sus viejos conocidos. Al parecer, Medhat era quien tenía que dirigirlos a todos en el exorcismo de Fred, pues tenía ya una gran experiencia en tales rituales en África. Con una media sonrisa que no se reflejaba en sus ojos, se presentó a los personajes, sonriendo cálidamente a Jack y a Sally. Los ojos del viejo, aunque ciegos, parecían mirar directamente el alma de las personas, lo que inquietó profundamente a varios de ellos. Aunque llevaba bastón y un joven seminarista lo acompañaba en todo momento, era evidente que hacía poco uso del primero y no mucho caso del segundo.

Mientras Medhat tomaba un café para reconfortarse y recobrar fuerzas, agradeció a Louis Lindon su ayuda; el senador había enviado su jet privado a buscarle a Alejandría y por eso había podido viajar a Boston en tiempo récord. A continuación, pasó a referir las características del ritual que estaban a punto de llevar a cabo y que debían realizar lo antes posible, e impartió instrucciones para la correcta preparación del poseído y de la estancia, instrucciones que tanto el padre Fabrice como sus compañeros y seminaristas no tardaron en ejecutar.

Jonas se mostró un poco hostil con el anciano al principio; su relación con Dios había sido tormentosa los últimos años. Sin embargo, las amables palabras del viejo y lo que había visto últimamente le estaban haciendo replanteársela.

Finalmente, los preparativos fueron completados y todos los clérigos se vistieron con sus casuyas y la ropa ceremonial. Los no-creyentes podrían asistir, siempre que no llevaran a cabo actos ni pensamientos violentos o perversos. En una solemne comitiva y entonando cánticos en latín, accedieron a la capilla subterránea, donde Fred Mullendore esperaba, envuelto en un sudario inmaculado que sólo dejaba ver su rostro (horriblemente demacrado y envuelto en sombras), tumbado en medio de un pentagrama torpemente tallado en la roca y pintado con un líquido rojo. Había multitud de velas encendidas, quizá más que la última vez, y Jack, Sally y John apoyarían con su fe el buen fin de la ceremonia, junto a los seminaristas presentes. El padre Michael Cavill todavía no se había recuperado del maltrato físico al que le había sometido el demonio, así que no hizo acto de presencia.

El exorcismo resultó ser una ceremonia durísima. Al poco de comenzar, el ser que poseía a Fred pareció salir de su letargo, y reventó el sudario en el que estaba envuelto, aunque el pentagrama probó su efectividad y lo contuvo físicamente. No así espiritualmente, lo que provocó que los no-oficiantes sufrieran espantosas visiones relacionadas con sus seres queridos, tanto vivos como muertos, y los oficiantes sintieran como si sus almas fueran arrancadas de sus cuerpos en repetidas ocasiones. Azazel, el demonio que albergaba Fred, se convirtió en una presencia fortísima, y las velas titilaban y se apagaban, mientras el frío intenso provocaba espasmos en los más débiles. El ente parecía mirar a todos y cada uno de los presentes a la vez, con el rostro demacrado de Fred con ojos que no eran sino abismos de oscuridad, una sonrisa salpicada de puntiagudos dientes y una lengua roja y bífida que parecía alargarse hacia ellos, como si los percibiera por sí misma. Los accesos de ira y depresión que provocaban las visiones en los presentes daban fuerza al demonio, que a punto estuvo de liquidar a varios de los oficiantes. De hecho, John cayó al suelo fulminado, con el corazón detenido por unos momentos, y Sally rompió a llorar rota de dolor en un momento indeterminado.

Por suerte, la fuerza de voluntad del padre Medhat resultó ser poco menos que suprema, y uno a uno los fue recuperando de sus terrores. McNulty encontró definitivamente la fe que le había abandonado hacía mucho tiempo y se acercó a Sally, apoyándola en el trance y evitando que cayera en estado catatónico. La muchacha no había dejado de llorar en ningún momento desde que el demonio había reaccionado al principio de la ceremonia. La voz de Saledh Medhat había ido subiendo su resonancia, hasta que sus oraciones se convirtieron en ondas físicas de choque que parecían hacer temblar la estancia, tal era su potencia. Azazel bramaba y reía a voz en grito, maldiciendo y burlándose de todos ellos.

Y por fin, el demonio desfalleció. Las velas dejaron de apagarse y las sombras se hicieron menos profundas mientras el cuerpo de Fred caía al suelo. Jack se abalanzó sobre él, preocupado por su amigo, ante el grito aterrado del padre Fabrice, que apenas tenía fuerzas para tenerse en pie. Los clérigos no pudieron atraparlo a tiempo, y su acto demostró ser un error, pues el ente aprovechó su entrada en el pentagrama para saltar a su alma, o algo así. Gritando, resistió como pudo hasta que uno de los seminaristas se lanzó sobre él, sacándolo brutalmente del pentagrama. El caos cundió durante un momento, pero Saledh Medhat volvió a hacerse con el dominio, salpicando con agua bendita todo el pentagrama; el resto de clérigos lo imitaron, y con un increíblemente estentóreo "Vade Retro Azazel", una explosión de frío espiritual impactó a todos los presentes. Joey y algunos más cayeron inconscientes. No obstante, por fortuna, el demonio había desaparecido; Fred volvía a ser él mismo, aunque con un aspecto deplorable y sólo un hilillo de vida, y del pentagrama no quedaba ni rastro, a pesar de haber estado segundos antes tallado en la piedra. Sally se dejó caer en los brazos de McNulty. Completamente agotados, todos se miraron con un destello de satisfacción y al poco se retiraban a descansar a sus habitaciones, mientras el padre Medhat, ayudado por dos seminaristas, les agradecía el esfuerzo que habían hecho.

viernes, 12 de abril de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 23

Nido del Grifo.
Nido del Grifo
Con una sola galera, capitaneada por el habilísimo Deros Tormenta, pudieron superar el bloqueo al que estaba sometida Quiebramar. Allí pudo reunirse por fin de nuevo el grupo al completo, y se pusieron al corriente de los últimos acontecimientos. Enterados de la situación de la dama Brienne, decidieron partir sin tardanza a tierras de los Connington, a Nido del Grifo, para ver qué podían averiguar. Aunque Davos Seaworth se mostró reticente al principio, alegando que ya era hora de que volviera a Rocadragón, finalmente fue persuadido para acompañarles. El caballero de la cebolla sería una garantía extra de seguridad para los Seabreeze. Ser Tristan Errol quedaría al mando de Quiebramar mientras tanto, y Saario de Pentos también expresó la necesidad de quedarse en el castillo, pues R'hllor le había revelado en sus llamas que no debería acompañarles.

Antes de abandonar Quiebramar, los Seabreeze recibieron la visita de Voredyn Ryth. En una conversación llena de subterfugios y segundas intenciones, Ancel acordó transigir con el acuerdo que habían establecido sobre el tráfico de fuego valyrio. Ya habría tiempo de preocuparse después por aquel asunto. Poco después, el primer cargamento de redomas fue introducido en los sótanos húmedos del castillo por hombres de Voredyn bajo la supervisión estrecha de los Seabreeze.

Romper el bloqueo para salir de la isla no fue tan sencillo como para entrar, pero después de una breve persecución, la habilidad de Deros se demostró enorme y sin grandes complicaciones consiguieron reunirse con el resto de galeras y poner rumbo a Nido del Grifo. En la isla de Raer, el humo que todavía emitía la antigua Escollera era dolorosamente visible en lontananza.

En tierras de los Connington desembarcaron discretamente aprovechando el amarradero de un pequeño poblado de pescadores y comenzaron una penosa caminata hacia las cumbres donde se alzaba la fortaleza. Aunque intentaron conseguir caballos, todo lo que encontraron fueron un par de percherones viejos que, no obstante, fueron muy útiles para acarrear el equipaje.

El acceso a Nido del Grifo, ya de por sí difícil, con un camino de montaña muy empinado y tres puestos de control, estaba saturado de guardias. Era evidente que no todos eran hombres de los Connington, a todas luces no podían permitirse tantas espadas. Tras algunos problemas en el último puesto consiguieron acceder por fin a la fortaleza, donde les recibió Ser Ronnet Connington "el Rojo". El noble se mostró algo tenso durante su recepción, y les ofreció aposentos en su humilde castillo. Se notaba que Nido del Grifo se encontraba en un estado deplorable, pero por todas partes se veía a hombres trabajando para restaurar la fortaleza. Una gran parte lo había sido ya, y lucía magnífica.

La fortaleza parecía abarrotada de guardias y soldadesca. Lo que levantó las sospechas de los personajes fue que los guardias impedían acceso a ciertas partes del castillo con la excusa de estar siendo restauradas. Un ala de las habitaciones era inaccesible a no ser que emplearan la violencia.

Hábilmente, Vanna se hizo pasar por una sirvienta de Ancel, y trabó contacto con los criados y las cocineras. Enseguida llamaron su atención ciertos comentarios de los pinches de cocina, y en especial de una jovencísima muchacha que juraría haber visto a lady Brienne una madrugada por los pasillos de la fortaleza. Vanna consiguió interceptar a la muchacha, Jelina, cuando se retiraban por la noche, y convencerla para que le contara lo que sabía: todo lo que había visto era a unos guardias conducir a una maltrecha Brienne a la torre noroeste del castillo. Con unas pocas monedas y toda la persuasión de la que fue capaz, Vanna reclutó a la chiquilla como espía en el castillo.

Por su parte, Breon y Jeremiah se enzarzaron en una competición de pulsos con los guardias Connington. Un enorme guardia de larga barba derrotó a Breon dos veces, ante el júbilo de sus compañeros. "Ahora vas y se lo cuentas al señorito Wylde", le dijo un espectador a otro; el comentario no pasó desapercibido para Jeremiah, ni para Vanna, que se encontraba presente en ese momento.

viernes, 22 de marzo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 14

En el MIT. Louis Lindon.
Otro de los datos que Thomas y Joey sacaron en claro de los archivos de Westchester fue la relación existente entre UNSUP y el Instituto para las Obras de Religión (IOR) del Vaticano. Al parecer, el IOR era uno de los accionistas mayoritarios de Beretta Holding, de Transworld Items Inc, de Uratech Inc y de Cellworks Co, todas vinculadas a la megacorporación a través de multitud de asociaciones, fondos de inversión y empresas fantasma. En las bases de datos figuraban multitud de registros con un tal L.A. como último destinatario; un poco más de buceo en los datos vinculó las siglas L.A. con Luigi Alberto Menarini, probo cardenal vaticano y secretario del IOR. Para sorpresa de Thomas, Menarini había tenido tratos estrechos en el pasado con su socia Doroty St. James y su suegro, Bertrand Campbell.

El grupo al completo se alojó en el edificio del seminario, anexo a la Iglesia de San Miguel, donde el padre Fabrice Mullendore les ofreció cobijo amablemente.

El desayuno del día siguiente fue muy reconfortante y sirvió para poner en común los datos y hechos que unos y otros habían averiguado o afrontado. El padre Fabrice se mostró confuso y falto de sueño, murmurando que nunca había encontrado una posesión de tal calibre como la de su hermano. Rituales muy poderosos habían tenido que ser ejecutados para lograr aquello.

Poco después del desayuno, Jack se encontró a solas con el padre Mullendore. El expolicía se había replanteado su fe a partir del episodio de la noche anterior, y quería reconciliarse con Dios. Se confesó y el sacerdote y él mantuvieron una larga conversación sobre asuntos de fe.

Jonas, Joey y Thomas partieron hacia Cambridge hacia el campus del MIT para encontrarse con los investigadores de ultrasonidos e interacciones neuronales que eran la única pista que tenían para que el primero recuperara la memoria que le habían hecho perder. El doctor Ronald Bauer no se encontraba en el complejo, pues como les dijo la secretaria de la facultad de Física había pedido una excedencia por varios meses. Sí tuvieron más suerte con Hans Haller, que se encontraba impartiendo una clase. Joey impresionó al profesor cuando éste, por pura casualidad, le hizo una pregunta sobre el tema que estaban tratando y el hacker le respondió con un detalle extremo.

Al acabar la clase acompañaron al doctor a su despacho, ante la incomodidad de éste. Jonas no tardó en intimidarlo con su violencia contenida, y el doctor reconoció su período de trabajo en el complejo de Transworld Items de Chicago poco después de publicar su investigación junto a Ronald. Durante aquella etapa Bauer se había distanciado de él, implicándose más en los asuntos de UNSUP, mientras que Hans no había querido seguir trabajando allí: no había que ser un lince para darse cuenta de que la corporación, poderosa en grado sumo, estaba metida en asuntos muy sucios.

Gracias a una diatriba de Jonas que hirió el orgullo del doctor Haller, éste accedió a acompañarles y a ayudarlos en la medida de lo posible. Para ello, Joey no tardó en hackear el sistema informático y dar de alta una solicitud de excedencia aprobada para el doctor.

Cuando volvían a Boston, Joey recibió una llamada de su amigo Lucas. Éste habló de un hombre vestido de negro que llevaba varias horas frente a la puerta de su casa, vigilándola. McNulty cogió el teléfono y lo tiró cuando oyó de lo que se trataba. Una vez llegaron a la iglesia Joey llamó desde un teléfono seguro a Lucas. Su amigo estaba acalorado, y le contó que había tenido que salir de su casa haciendo equilibrismos por la ventana, porque había notado que alguien intentaba abrir la puerta. Gracias a una vecina viejecita que se había encontrado por casualidad con los intrusos, a él le había dado tiempo a huir. Joey le dio instrucciones para que se alojara en un motel donde más tarde se reunirían con él.

Mientras tanto, en la iglesia de San Miguel habían ido llegando los clérigos convocados por el padre Mullendore para ayudarle en el exorcismo: el sudamericano Roberto Fuentes, el diácono Thomas Vaughn y varios más. También llegó una monja anciana de raza negra, Eleanor Rampling, que venía acompañada de varios civiles vestidos con traje. Uno de sus acompañantes se presentó al grupo como Louis Lindon, senador demócrata por Massachussets. El senador tenía a la hermana Eleanor en gran estima, y la había acompañado a la iglesia cuando esta le había dado algunos detalles sobre el asunto.

Lindon parecía saber mucho de UNSUP y sus tejemanejes, e incluso afirmaba que ninguna administración estadounidense desde hacía cincuenta años había sido libre del yugo de la corporación. Aunque ofreció su ayuda al grupo, los personajes se mostraron reticentes, sobre todo McNulty, pero la aparente sinceridad del hombre les convenció para estrecharle la mano. A continuación, el padre Mullendore y Thomas Vaughn intercambiaron impresiones e información sobre varios casos de diabolismo en Westchester y la implicación de la tal Dorothy St. James en por lo menos algunos de ellos. Según los rumores de la iglesia en NY y Massachussets, St James era una diabolista aficionada que tenía muchos amigos en las altas esferas. Thomas no podía creer que su socia fuera una friki satánica.


jueves, 7 de marzo de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 22

Lord Selwyn Tarth. Negocios sucios.
Al poco de retornar de Escollera, Ancel recibió en sus aposentos la visita de Meravon Ryth, el banquero del Banco de Hierro, acompañado de su hermano Voredyn. El braavosi expuso sus dudas acerca del préstamo que había concedido a los Seabreeze para la recuperación de sus tierras y el rescate de su hermano, y quiso que Ancel le confirmara en persona que el importe le sería devuelto. El heredero Seabreeze usó todo su encanto personal para aplacar a Meravon, y éste partió tranquilo y convencido de que Ancel era un hombre de honor que le devolvería hasta el último céntimo.

Cuando Meravon se marchó, Voredyn hizo un aparte con Ancel, y con aire confabulador le pidió una reunión al anochecer para tratar ciertos... asuntos que podrían redundar en beneficio de ambos. Insinuó algo sobre fuego valyrio, y lo que podría ayudar a los hermanos Seabreeze en la actual coyuntura. Ancel no tenía mucho estómago para las ilegalidades, pero acordó encontrarse con Voredyn en breve. Sin embargo, no sería aquella noche, pues a las pocas horas Ancel, Vanna y Berormane partían junto con Ser Davos a tierras de los Tarth para intentar entrevistarse con lord Selwyn.

El viaje discurrió tranquilo y en poco más de dos jornadas desembarcaban en la isla de Tarth. No tuvieron que indagar mucho para enterarse del rumor del momento: al parecer, la hija de lord Selwyn, la dama Brienne, había desaparecido hacía unas semanas, presuntamente secuestrada.

Sin tardanza, la audiencia que Ser Davos pidió a lord Selwyn fue concedida, y el grupo le acompañó, revelándose ante el señor de Tarth. Éste incurrió en un ataque de ira, para sorpresa de los personajes, y gritó que justo la noche anterior le habían enviado los restos de su hija desde Escollera, donde había fallecido quemada. El grupo intentó defenderse de las acusaciones, pero lord Selwyn y sus caballeros estaban fuera de sí. Afortunadamente, gracias a la intervención de Ser Davos, los ánimos se calmaron, y gracias a una duda razonable respecto a la identidad del cadáver, lord Selwyn aceptó que el maestre Berormane revisara los restos de su presunta hija. Según el maestre Rodren, el esqueleto presentaba un hueco en los dientes y un resto de fractura que sólo los Tarth podrían haber sabido que existía. Así era, en efecto, pero para Berormane era evidente que el diente había sido arrancado hacía poco, y la fractura no estaba bien soldada. Además, había una prueba definitiva: quien quiera que fuera aquella mujer, tenía una lesión en la cadera que le había impedido montar a caballo. Rodren pareció sorprenderse ante la revelación, y felicitó a Berormane al confirmar sus apreciaciones.

Mientras el proceso de investigación de Berormane estaba en curso, Ser Casper Wylde apareció en una de las reuniones que los Seabreeze mantuvieron con lord Selwyn, y acusó a este último de tratar con traidores, mientras acusaba a los personajes de confabulación contra su señor. Ser Casper fue apresado e interrogado por Vanna y Berormane, con la ayuda de un myriense de la corte de lord Selwyn que Vanna conocía de vista de su vida pasada pero no situaba. Las artes psicológicas del myriense eran una maravilla, y sin casi violencia, el caballero Wylde no tuvo más remedio que revelar que la dama Brienne se encontraba "alojada" en Nido del Grifo, la fortaleza de los Connington.

Una vez confirmada la falsedad de la muerte de su hija y obtenida la confesión de Casper Wylde, lord Selwyn compartió con el grupo cierta información; según él, sólo dos personas podían saber algo sobre la fractura y el diente de su hija: Ser Ronnet el Rojo y lord Humbert Wagstaff.

Tras aceptar las disculpas de lord Selwyn y su garantía de retirada del conflicto a cambio del rescate de su hija, el grupo optó por no revelar nada de aquello todavía a lord Renly y convencieron a Ser Davos para que les acompañara a tierras de los Connington, en representación de lord Stannis.

Mientras tanto, en Quiebramar, Jeremiah y Breon avistaron más de una treintena de galeras y dos dromones que establecieron un cerco a la isla. Ante la ausencia de Ancel, Voredyn Ryth se reunió con Jeremiah y Breon acerca de sus asuntos. Tras un largo tira y afloja, Jeremiah, como señor en funciones, firmó un acuerdo con el comerciante por el que se comprometía a facilitar (y proteger) sus negocios a cambio de una comisión del 10%, y a recibir por un precio de risa una determinada cantidad de fuego valyrio.

Cuando volvieron de Tarth, Ancel, Berormane y Vanna se encontraron con que su isla estaba sometida a bloqueo naval y tropas enemigas se encontraban desembarcando en la parte oriental.

viernes, 1 de marzo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 13

El Exorcismo de Fred Mullendore.
Nada más llegar a Boston, Lucas, el compañero hacker de Joey, llamó al móvil de éste para informarle de lo que había encontrado en relación al extraño incidente con los aparatos parecidos a granadas que habían tenido en el hospital. Lucas le informó de que lo más parecido que había encontrado eran unos experimentos con ondas invasivas neuronales llevados a cabo en la Universidad de Harvard por los doctores Ronald Bauer y Hans Haller. Al parecer, la investigación había sido financiada por un grupo de empresas entre las que destacaba una empresa alemana: Innovative Projekte. Joey tomó buena nota de los datos.

Mientras tanto, el padre Mullendore, junto a su ayudante el jovencísimo padre Michael Cavill, condujo a Sally, Thomas, John, Fred y Joey al interior de la iglesia. Por su parte, Jonas y Jack se ausentaron un rato para llevar a McPherson a un hospital (por supuesto, de forma anónima y poco hortodoxa). El antiguo soldado había sido malherido durante la persecución de huida de Nueva York, y no podría aguantar mucho más.

A través del altar de San Miguel, de oscuros pasadizos y de catacumbas ocultas, Mullendore llevó al grupo a una pequeña sala que servía como antesala de una capilla subterránea de exorcismos, a la que se accedía a través de una puerta extremadamente gruesa y sólida de roble tachonado. Allí les preguntó cuán fuerte era la fe de cada uno de ellos para ayudarlo en el trance; así, pasaron a la capilla John, Sally y Cavill. Durante lo que durara la ceremonia, Joey y Thomas se quedarían fuera, aprovechando para sacar algo en claro de los datos que habían conseguido en el bufete de Westchester.

En el interior de la capilla, a la luz de varios cientos de velas, los oficiantes dispusieron a Fred en el centro de un pentagrama siguiendo algún ritual, y el padre Mullendore advirtió a los neófitos que siguieran en todo momento las indicaciones del padre Cavill y no hicieran caso de lo que Fred pudiera hacer o decir durante la ceremonia.

El ritual fue largo y muy accidentado. Fred, o lo que quiera que fuera en ese momento, reaccionó violentamente a las oraciones y gestos de su hermano, que se encontraba tras el altar que presidía la capilla, agitando los viales de agua bendita y alzando su cruz de madera. Con cada reacción violenta de Fred se apagaba un número indeterminado de velas, y el padre Cavill se esmeraba en volverlas a encender.

En el exterior, Jonas y Jack volvieron, reuniéndose con Joey y Thomas en el exterior. Éstos habían conseguido algunos datos interesantes ya, pero quedaba mucho más por estudiar. La puerta de la capilla se abrió violentamente, con los gritos de Sally. No había podido soportar las visiones que el ente que poseía a Fred le había provocado, y en el interior, el padre Cavill había quedado inconsciente debido a un ataque físico. Jonas decidió entrar, pues su fe no era débil, arrastrando a Sally consigo. Jack también entró, armado, y descerrajó un tiro sobre Fred, ante el terror del padre Mullendore; el tiro, más que debilitar a Fred lo hizo más fuerte, y Jack no tuvo más remedio que salir de allí para evitar ser asesinado por la entidad.

La ceremonia aún duró varias horas más. Durante esas horas, Fred se mostró en varios estados: loco, violento, tímido... hablaba en idiomas largo tiempo muertos y amenazaba a los presentes con una voz terrible; en alguna ocasión en que el ritual pudo doblegarlo, murmuró su nombre: Azazel, uno de los generales de Be'lal. En ciertos momentos, el padre Mullendore se vio casi abrumado por el poder de la entidad y estuvo a punto de desfallecer. Jonas fue presa de la desesperación y Sally volvió a deshacerse en lloros, pero John permaneció firme en todo momento (aunque el ente le provocó algunas laceraciones) y entre todos pudieron hacer que Fred entrara en una especie de letargo. Como pudieron, salieron todos de allí tambaleándose, mientras el padre Mullendore murmuraba algo sobre llamar a sus hermanos y que no se esperaba encontrar una resistencia tan fuerte.

En el exterior les esperaban Jack, Thomas y Joey, preocupados por los fuertes ruidos y alaridos que atravesaban la puerta de la capilla. Los cogieron y los tumbaron sobre varias mantas. En el ínterin, Thomas y Joey habían podido leer correos electrónicos, balances y registros de inversión que hacían evidente los tejemanejes de Unlimited Supplies en África. Sus centros de operaciones eran Ciudad del Cabo y Lagos, y su filial UNSGEN había estado enviando durante varios años medicamentos y sustancias peligrosas hacia allí. También obtuvieron información sobre los experimentos armamentísticos de UNSUP con tecnologías todavía desconocidas, y evidencias de que al menos un cargamento de Uranio había partido en barcos de UNSTRANS con destino a Ciudad del Cabo. Por lo que habían podido deducir de varios correos también, sus familiares secuestrados habían viajado a África algún día de aquellas últimas dos semanas.

viernes, 22 de febrero de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 21

Los clérigos rojos. Desastre en Escollera.
Jeremiah recibió a lord Davos Seaworth y a sus acompañantes en el puerto con un séquito adecuado. Le llamaron especialmente la atención las dos figuras vestidas con túnicas rojas (una de ellas una mujer bellísima) que le acompañaban. Sin demora, lo condujo a la sala principal de Quiebramar, donde esperaban Ancel, Berormane y los demás.

Melisandre de Asshai
Ya en la sala principal, los Seabreeze y lord Davos procedieron a las presentaciones: el caballero de la cebolla presentó a sus dos hijos, Dale y Allard, que le servían como escolta, y a los dos clérigos rojos: lady Melisandre y Saario de Pentos. Acto seguido, Davos expuso la razón por la que habían viajado a Quiebramar: como Berormane y Vanna ya sabían por su estancia en Rocadragón de hacía unas cuantas semanas, a lord Stannis habían llegado preocupantes rumores sobre la situación de esta parte del mar Angosto y había recibido un cuervo con noticias sobre el reconocimiento de algún bastardo y el anuncio de la traición de los hijos de lord Jeron. Ancel le puso en antecedentes de todo lo que había pasado y pasaba, completando la información que Davos ya había recibido del maestre y la mujer que actuaba como consejera de Ancel. Sin embargo, las explicaciones del caballero de la cebolla no habían convencido del todo a los herederos Seabreeze, e insistieron en que les parecía raro que Stannis se preocupara de asuntos tan remotos a sus dominios. Davos intentó justificarlo alegando que Stannis sentía como suyas las Tierras de la Tormenta y que Renly no era tan adecuado como su señor para regirlas, pero al cabo de unos momentos, la voz de una mujer resonó en la estancia. Era Melisandre la que hablaba desde detrás de Davos, con la capucha ya bajada, bellísima con sus inquietantes ojos rojos, el pelo carmesí y su hermosa cara en forma de corazón. El rubí de su cuello brillaba de forma hipnótica.

— R'hllor me ha hablado, lord Ancel —el joven se sorprendió de que la mujer usara el tratamiento de señor—. Sus llamas hablan para aquellos que saben escuchar, y sin duda, vos y vuestra casa vais a ser fundamentales en el futuro próximo de lord Stannis. Vuestros destinos están unidos, y os necesitaréis los unos a los otros para no caer en la más profunda oscuridad.

El caballero de la cebolla se había mostrado incómodo mientras la sacerdotisa hablaba, se notaba que no se fiaba (o no creaía) de tales visiones. El otro clérigo rojo, Saario, totalmente calvo, sin cejas y de pequeño tamaño, aunque más lacónico que Melisandre, también confirmó haberlos visto en sus llamas. Tras esto, los clérigos pidieron quedarse a solas con los hermanos Seabreeze, a lo que estos accedieron, con la sola presencia adicional de Vanna y lord Davos. Melisandre intentó convencerlos de la verdad en sus afirmaciones, y les propuso (alegando que lord Stannis estaría muy complacido) que Saario quedaría con ellos en la isla para velar por su seguridad y repeler a los adeptos del León de la Noche que se habían establecido en Quiebramar. Los rumores del culto que había reclutado a lord Jeron habían llegado a los oídos de la mujer, y se mostraba muy preocupada, pues según les explicó, los de Yi Ti rendían culto al señor de la Oscuridad, el Innombrable, opuesto en todas sus facetas al Señor de la Luz R'hllor. El vehemente discurso de la mujer y los peligros que entrañaba tener adeptos del León de la Noche en Quiebramar sembró un pequeño atisbo de duda en los Seabreeze, lo suficiente como para que aceptaran que Saario permaneciera con ellos. Si con ello Stannis se mostraba complacido, pensó Jeremiah, mejor que mejor.

Poco después, Melisandre se encontró a solas con Berormane. Le habló del Señor de la Luz y la necesidad de que el maestre creyera y confiara en ella. También preguntó si Berormane había conseguido "encender la vela", lo que sobresaltó a este sobremanera. Le contestó que creía que sí, a lo que Melisandre sólo respondió con una sonrisa. Realmente, la mujer podía acelerar el corazón de cualquier hombre con aquella sonrisa.

Para tener alguna posibilidad de ganar aquella guerra, Jeremiah y Berormane estaban convencidos de que debían convencer a lord Selwyn Tarth de que dejara las filas de lord Jeron. Así que tuvieron una larga conversación con lord Davos para que el caballero visitara a continuación la Isla Zafiro e intentara convencer a lord Selwyn de su error.

No obstante, lord Davos todavía no se había marchado de Quiebramar, cuando esa misma noche llegó un cuervo. El mensaje era breve: "Necesitamos ayuda. Sacadnos de aquí". Era la ligeramtente torpe letra de lord Edgar, aún peor pues se había escrito de forma apresurada. Los Seabreeze se aprestaron a los preparativos, y partieron inmediatamente hacia Escollera de noche, con las pocas galeras que tenían en Quiebramar al mando de Deros Tormenta.

A las pocas horas, vieron un gran fuego en lontananza. Sin duda el fuego se encontraba donde teóricamente se alzaba la fortaleza de Escollera. Desolados, dieron la vuelta a la isla; no tardaron en cruzarse con cuatro galeras en la oscuridad, galeras de los Tyrell que se unieron a sus filas. Poco después llegaban a una bahía del sur de la isla, donde se veía fuego. Un par de galeras estaban ardiendo, galeras Tyrell. La playa estaba llena de cuerpos inertes, y entre ellos tropas. Tropas que habían encendido fuegos en agujeros. Una de sus unidades mercenarias. Apresuradamente, se reunieron con ellos y les explicaron todo: hacía un par de noches, cánticos extraños habían empezado a salir del pequeño bosque. Algunos hombres se habían vuelto locos y se registraron algunos casos de suicidio. Al atardecer del día anterior Escollera había empezado a arder desde dentro, y el asalto posterior de las tropas de lord Jeron los había desbandado, confundidos como estaban por la situación. Las tropas habían huido como habían podido, pero sin barcos suficientes para evacuarlos, debía de estar aconteciendo una masacre.

Sobreponiéndose a la adversidad, los Seabreeze embarcaron a los mercenarios de la playa en las galeras y a continuación procedieron a pasar la noche protegiendo e incorporando a su flotilla cuantas galeras huidas encontraron. Finalmente, consiguieron llevar a Quiebramar una quincena de galeras con aproximadamente quinientos hombres, que se unieron a la Guardia de Halcones y la infantería Raer que había guarnecido la fortaleza y que ahora se encontraba sin señor. Para mayor desesperación, no consiguieron averiguar qué había sucedido con ser Alyn Estermont. La recuperación de Quiebramar había tenido un precio muy alto.

viernes, 8 de febrero de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 20

Llegan visitas
La refriega estalló, dura y violenta. Breon y Jeremiah decidieron abandonar a los Halcones para luchar más libremente, y probó ser la decisión correcta, pues libres de las ataduras de luchar en filas cerradas y con una destreza por pocos igualada, llevaron la muerte a decenas de enemigos. Mientras la guardia de Halcones retenía a los Cuervos de la Tormenta, los caballeros, arropados por algunos soldados, se encargaban de romper a las tropas Wylde, atacadas también por el flanco por la infantería Raer que llegaba desde el sur. Una vez rotos los Raer, los Cuervos no fueron rival para las tropas combinadas, y a pesar de que pasado un tiempo la unidad de Segundos Hijos establecida más al Norte cargó contra la guardia de Halcones y ofreció una resistencia tenaz, las tropas Seabreeze se alzaron con la victoria haciendo huir a todos sus enemigos. Sin perder tiempo, mientras la guardia Raer acababa con los últimos conatos de resistencia, dirigieron a la guardia de Halcones hasta el puerto, donde el destacamento de Segundos Hijos asentado allí se rindió sin oposición. Por desgracia, las pocas galeras Wylde y Tarth que quedaban en el puerto pudieron escapar.

Una vez pacificada la isla, Ancel se dirigió a los habitantes de Quiebramar, la guarnición y los sirvientes. La inmensa mayoría acabó vitoreándoles a él y a su hermano, espoleados por sus ardientes palabras. El ídolo del León de la Noche no había sido bien recibido en general en el castillo, y eso ayudó a que la gente aceptara a Ancel como su nuevo líder. Habría excepciones, por supuesto, pero no eran su principal preocupación en ese momento.

La segunda noche desde su llegada a la isla llegó al castillo un cuervo procedente de Escollera. Traía algunas palabras atropelladas que hacían referencia a "luces extrañas en el bosque" y "cánticos ominosos traídos por el viento". Lord Edgar estaba muy preocupado por si lord Jeron había llevado consigo brujos provenientes del este.

A las pocas horas llegó otro cuervo procedente de Bastión de Tormentas, con un mensaje firmado por lord Renly Baratheon. El tono del mensaje era airado, e instaba a ser informado de lo que ocurrió en tierras de los Seabreeze, haciendo referencia a ciertos rumores difíciles de creer que habían llegado a sus oídos. El grupo acordó hacer oídos sordos de momento, como si el mensaje nunca hubiera llegado a su destino.

Por otro lado, Vanna y Berormane interrogaron al prisionero ser William Wylde acerca del extraño consejero del que se hacía acompañar lord Jeron últimamente, el tal Meiwo Liu. El mayordomo Dameron había sido quien les había revelado el nombre y los hábitos extraños del extranjero. Duante la jornada de interrogatorios, Ser William no dio su brazo a torcer y sólo les informó de vaguedades que ya conocían.

Durante las horas siguientes, Ancel se entrevistó con Breon mientras éste se encontraba reposando para sanar las heridas que había sufrido en combate. Durante la batalla contra los mercenarios a las puertas de Quiebramar, el heredero Seabreeze había oído a Garrett gritar unas palabras que le habían llamado la atención: "¡Toyne! ¡Bosque Real!". Versado en la historia de las casas de Poniente, Ancel conocía la historia de la casa Toyne, y le extrañó tal increpación. Breon puso cara de circunstancias y sostuvo que no sabía por qué Garrett había gritado tal cosa. Aunque Ancel no creyó que el caballero fuera totalmente ignorante sobre el tema, prefirió dejarlo para mejor ocasión.

Jana Alyr se alegró mucho al verlos aparecer por la posada. Les informó de todo lo que había sucedido hasta entonces, y les llamó la atención una cosa en especial: al parecer, lord Jeron se había llevado consigo a la isla de los Raer a todo muchacho retrasado o loco que había podido encontrar; una media docena de niños y adolescentes en total. Vanna se estremeció, recordando algún ritual de su pasado en el que era necesario sacrificar a niños de tales características, pero sin encontrar en sus recuerdos nada exacto.

El amanecer del tercer día, los vigías de la Torre de las Gaviotas informaron de que una pequeña flota de cinco naves se acercaba desde el norte. Berormane extendió su lente myriense y pudo ver su blasón: un barco con una cebolla en su vela. El emblema de Ser Davos Seaworth. Preguntándose si debía sentir alegría o preocupación, el maestre vio por casualidad dos figuras erguidas en la proa del barco del caballero de la cebolla: dos figuras ataviadas con sendas túnicas rojas que parecían mirar directamente hacia él.

jueves, 31 de enero de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 12

Huida y caos.
Una oscuridad cada vez más profunda les envolvía. Con un rugido que tenía muy poco de natural, Fred creció en las sombras y levantó en el aire a McPherson como si fuera una pluma. Éste no lo dudó ni un instante y descargó su arma sobre el corpachón. Lo que quisiera que fuera Fred en aquel instante fue afectado, y cayó al suelo, inmerso en una especie de ausencia y volviendo a su tamaño normal. Frotándose el cuello, McPherson murmuró una maldición.

Las voces en el exterior no habían cesado de amenazarles con que salieran, y a los pocos segundos unos tiros atravesaron la puerta, seguidos de un tipo vestido de negro y con un subfusil automático en las manos. Por pura suerte, Jack le descerrajó un tiro en el pecho antes de que pudiera reaccionar. No obstante, a los pocos instantes otro hombre atravesaba la puerta con una lluvia de disparos y gracias al chaleco antibalas, resultó sólo en un par de costillas rotas a Jack. Afortunadamente, ya habían podido seguir su descenso precipitado por las escaleras, y McPherson se encargó de la cobertura dejando caer una de las bombas de humo que siempre llevaba consigo (gracias a un punto de relato). Arriesgándose a volver a por Fred, Jack pudo oir a través del humo cómo una voz de mujer hablaba con un hombre, y se refería a él como "padre". El acento de este último era de algún lugar de Europa Oriental.

En el exterior, Joey y John vieron cómo los tipos que estaban junto a los cuatro por cuatro negros se tocaban la oreja, tiraban los cigarros y corrían hacia el interior sacando armas. No esperó más y haciendo uso del rifle de francotirador empezó a abatirlos mientras Joey acercaba la furgona de forma algo torpe.

El grupo del interior llegó por fin al descansillo de la planta baja, y se disponían ya a salir al exterior por la puerta de emergencia cuando alguien abrió la puerta que daba al pasillo de planta de un golpe y lanzaba al interior un extraño objeto, parecido a una granada. Casi todos pudieron salir al exterior antes de que el objeto explotara, excepto Jonas que, golpeándose con el borde de la puerta, cayó hacia atrás, arrastrando consigo a James, el hermano de Jack, que llevaba a hombros. El objeto no explotó, sino que pareció abrirse de alguna forma con un efecto invisible a los ojos.

Jack entró corriendo a continuación, mientras los de fuera empezaban a disparar, y sacó a su hermano de allí. Al tenderle una mano a McNulty, éste no sólo la rechazó, sino que salió corriendo, confundido.

McNulty no recordaba nada posterior a su etapa como policía en Irlanda, y extrañado, huyó de allí al notar que silbaban balas a su alrededor. Intentó robar un coche, pero sin éxito. Cuando enfiló a toda prisa corriendo por la avenida, sirenas de policía sonaban ya a lo lejos. Vio cómo alguien le hacía señas desde una furgona frente al hospital, llamándole por su nombre y pareciendo preocupado, así que decidió correr hasta el vehículo y subir; ya habría tiempo para preguntas.

Una vez todos reunidos en la furgona, Gibbons arrancó bruscamente, perseguido por varios coches de policía. A los pocos minutos, un helicóptero silencioso comenzó a disparar contra ellos, y McPherson resultó herido. Por suerte, llegaron enseguida al túnel que llevaba a Nueva Jersey y se libraron de los disparos. Un brusco giro un tanto suicida de John dejó la furgoneta atravesada en la autopista del túnel y sembró el caos: algunos coches volcaron, otros chocaron y se formó un colapso de tráfico con varios heridos. No podían perder tiempo; sacando por la fuerza al conductor, se hicieron con una furgoneta de FedEx y arrancaron rápidamente. Al otro lado del túnel esperaba el helicóptero, pero por suerte no les disparó. Dando un buen rodeo, se dirigieron hacia Boston.

Durante el camino surgieron varios problemas: por un lado se hizo evidente que Jonas había perdido la memoria, y se puso un poco violento producto de su desorientación. Por suerte, lograron convencerle de que estaban de su lado. Por otra parte, James sufrió un shock anafiláctico y eso les obligó a parar a mitad de camino para buscar una farmacia, donde consiguieron adrenalina y una jeringuilla para mantenerlo con vida un poco más. Llegando a Boston, Fred empezó a espabilarse otra vez, y a susurrar de forma inquietante a Jack; mencionó a su compañera Susan, que era violada cada día allí de donde venía, a su padre y a su madre muertos, que se encontraban esperándole. McPherson, afirmando tener la medicina adecuada, se plantó ante él y empezó a darle patadas; y ante el asombro de todos, eso pareció calmar al extraño ser en que se había convertido el bueno de Fred.

Finalmente, cerca de la medianoche consiguieron llegar a la iglesia de St. Gabriel, donde, iluminados por los faros de la furgoneta, Sally y Thomas salieron a su encuentro.

lunes, 14 de enero de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 11

Sally arrestada. Incursión en el hospital.
El grupo entabló una discusión en un tono algo desesperado sobre qué podrían hacer a continuación. Finalmente decidieron que le debían a Fred al menos intentarlo, así que intentarían entrar en el hospital y sacarlo de allí para poder llevarlo a Boston y que su hermano, el padre Fabrice, pudiera practicarle un exorcismo. Por muy demencial que pudiera parecer la idea, no podían ignorar los hechos extraños que habían presenciado últimamente y el inexplicable estado en el que se encontraba su amigo.

Optaron por dividirse: Joey y Sally se dirigirían a hablar con el padre Fabrice para concretar detalles, y el resto intentaría sacar a Fred del hospital.


En el camino hacia el hotel donde se alojaba el padre Fabrice, Joey y su compañera tuvieron la mala suerte de toparse con un control policial. A Joey le llamó la atención de que uno de los policías apuntaba con un tablet a cada conductor de coche que pasaba junto a él, un equipamiento que la policía no solía llevar consigo. Al escanear a Sally, le dieron el alto. Durante la conversación, los policías no se mostraron demasiado amistosos, y el tercero se reunió con una patrulla que llegó poco después, acompañados por un hombre y una mujer en traje negro que inmediatamente se dirigieron hacia la escena. Joey decidió que aquello no podía acabar bien y arrancó el coche; sin embargo, Sally no pudo reaccionar a tiempo y fue apresada.

Desde un oscuro callejón de Chinatown Joey se puso en contacto con Jack, que se encontraba con los demás vigilando la entrada del hospital; allí habían visto unos todoterrenos negros con figuras sospechosas fumando a una distancia prudencial. Tras colgar el teléfono, unas luces inesperadas pusieron sobre aviso a Joey, que dejó el coche al instante y se metió por una pequeña puerta. La puerta daba acceso a la trastienda de un restaurante chino de mala muerte donde le recibió un enorme tipo oriental con un cuchillo de carnicero en la mano. El tipo, del que dedujo que se llamaba Wong, lo condujo a presencia de una extraña viejecilla la cual, al entender la situación de Joey, lo escondió un buen rato y le dio algo de sopa. Al cabo de un rato, el informático recibió la llamada de Jack, alertándole de que se encontraban en una calle cercana. Agradeciendo la inesperada ayuda todo lo bien que pudo dadas las limitaciones de idioma, Joey se dirigió a la salida; no obstante, antes de ello, Wong le detuvo y la anciana se situó ante él: mirándole a los ojos y señalándolo con un huesudo dedo índice, le dijo algo muy solemnemente en chino que evidentemente Joey no entendió. La mujer le sostuvo la mirada unos segundos, hasta que finalmente suspiró y con un gesto displicente hizo que Wong se apartara del camino. Aliviado, Joey salió y se reunió con sus compañeros, explicándoles todo el episodio.

Se dirigieron inmediatamente al punto donde el control había parado a Joey y Sally. El control policial ya no existía, y lo único que se podía ver era un coche de policía aparcado en la calle con una pareja de agentes en su interior. Se habían acabado las tonterías. Encañonaron a los policías y les interrogaron abiertamente. Según los polis, Sally había sido llevada a la comisaría, y el agente del iPad había llegado desde la central como refuerzo, no lo conocían antes de aquel día. Debido a la impulsividad de los policías, el interrogatorio concluyó con uno de ellos muerto y otro inconsciente.

Joey se puso inmediatamente manos a la obra y en pocas horas había hackeado el sistema para crear una ficticia orden de traslado de Sally. Las habilidades de Jonas y Jack se encargaron del resto: haciendo uso de los papeles proporcionados por Joey sacaron a Sally de la comisaría sin problemas. En la comisaría también había figuras vestidas con trajes y vestidos negros que tuvieron buen cuidado de esquivar; al parecer era la moda vestir así.

De vuelta al piso franco, desmantelaron todo el equipo y lo empaquetaron para estar preparados ante un posible traslado relámpago. El ordenado de Joey había acabado de descodificar la información de Westchester Assocs, y sólo tendrían que hacer un estudio de los datos.

Por la mañana, volvieron al hospital con menos contratiempos. McNulty, McPherson y los Finnegan fueron los que se infiltraron. McPherson no era de los que se andaba con chiquitas, y al primer guardia de seguridad que se acercó para pedirles sus permisos le descerrajó un tiro. El caos se adueñó del hospital, lo que benefició en gran medida las intenciones del grupo. Tras liquidar a un par de tipos vestidos de negro y provocar algunas víctimas colaterales, llegaron a la habitación, donde un par de enfermeros acompañados de otro tipo alto y delgado vestido de negro intentaban sacar a Fred de la habitación con ayuda de otras dos asistentes. Los enfermeros sacaron armas de entre los pliegues de su ropa y en un breve tiroteo fueron abatidos. El tipo de negro se movió con una velocidad sobrenatural que no era desconocida para el grupo, y desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Mejor; no sabían cómo podría haber terminado un enfrentamiento con otro de esos engendros.

Aprovechando la confusión, sacaron a Fred a todo correr de la habitación y comenzaron a bajar pisos por una escalera de incendios. Pero no llegaron a bajar del todo. A mitad de camino, la luz se apagó, así que tuvieron que ayudarse de los móviles para alumbrarse. Entonces, Fred empezó a resoplar pesadamente, y una voz de mujer se oyó, gritando desde la otra parte de la puerta de la planta, pausada y amenazante: "¡No sabéis a qué estáis jugando, necios! ¡Dejad al paciente y marchaos inmediatamente!".

El resoplido de Fred no había dejado de aumentar de intensidad, y ya se había convertido en un gruñido sordo.


miércoles, 9 de enero de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 19

Quiebramar liberado.
Ser Baeron comenzó a gritar como un loco, instando a la guardia de Halcones a que mataran a todos los intrusos, por su honor y el de lord Jeron. Ser Tristan Errol no lo pensó demasiado y su cuchillo abrió un profundo tajo en la garganta del Connington.

Los guardias presentes comenzaron a tomar partido, apuntándose con sus lanzas mientras se desplazaban de un lado a otro. En ese momento llegó otro pelotón de guardias al mando de Ser William Wylde, que aumentó la tensión aún más. Pero la capacidad de Ancel para llegar al corazón de los soldados se dejó notar. La mayoría de los guardias se pusieron de parte del heredero de la casa y apresaron a William Wylde y a los halcones que no quisieron colaborar, muy pocos en realidad. Ser Tristan fue nombrado sin tardanza nuevo capitán de la Guardia de Halcones, y con los recién llegados procedieron a recorrer todos los rincones del castillo, prácticamente vacío de efectivos aparte de la guardia, reclutando a la mayoría para su causa y arrestando al resto. En pocos minutos el castillo era ya feudo del grupo.

Mientras tanto, con la ayuda de algunos hombres, Jeremiah y Breon aseguraron el portón de entrada para evitar el paso de tropas enemigas al interior de la fortaleza, y Vanna y Ancel entraron a la torre del homenaje para acceder a las dependencias de lord Jeron; allí se encontraron con los guardias personales de Jeron Rolph y Eggert, que se encontraban custodiando a Voredyn Ryth. Rolph opuso algo de resistencia a obedecer las órdenes de Ancel, pero Eggert no se mostró tan reacio, y ante su pragmatismo, el otro guardia se unió a la causa contra lord Jeron. Así que el comerciante braavosi fue liberado sin mayores problemas.

Ante el despacho de lord Jeron se encontraron a otra pareja de guardias: Coronn y un antiguo gladiador de los fosos de Meereen llamado Abantos. Éstos no se mostraron tan colaboradores, pero finalmente pudieron reducirlos. En el despacho no había demasiadas cosas de interés, excepto un mapa de las Tierras de la Tormenta con fichas rojas sobre las tierras que debían de corresponder, según los cálculos de Berormane, a las tierras de los Fell, los Tudbury y los Estermont.

En el exterior, una vez fortificada la puerta, Jeremiah y Breon pasaron a ocuparse de lo que habían visto en el patio de armas: un ídolo que, según les explicaría más tarde Vanna, representaba al León de la Noche de Yi Ti se erguía en el patio de armas, hecho de bronce. Entre los dos caballeros lo echaron abajo, lo que les valió los vítores de la gran mayoría de los habitantes del castillo. A continuación lo fundieron y ordenaron hacer medallones con la efigie de los Siete que más tarde repartirían.

Una vez que tuvieron Quiebramar en su poder, pasaron a urdir un plan para librarse de las tropas enemigas acampadas en el exterior del castillo. Deberían coordinarse con la infantería de los Raer que habían dejado acampada en el sur de la isla. También contactaron con el capitán de la unidad de Cuervos de la Tormenta, un tal Feral Manodeacero, que les pidió 65 dragones para acordar su deserción. Finalmente acordaron el pago de 30 dragones a cambio de una no-intervención de los Cuervos en los asuntos que ocurrirían aquella misma noche.

Poco después de caer el sol, unas antorchas delataron la llegada de la guardia de los Raer, siguiendo las instrucciones que el grupo les había enviado mediante un mensajero. Jeremiah, Ancel y Ser Tristan se pusieron al mando de la Guardia de Halcones y salieron del castillo, prestos a aplastar a la compañía de la casa Wylde en una maniobra envolvente. Los Wylde se dividieron en dos fuerzas, mientras el resto del contingente enemigo maniobraba para situarse en posición. Sin embargo, cuando los Halcones maniobraban para impactar contra los Wylde salieron de entre las sombras los ballesteros de los Cuervos de la Tempestad, que comenzaron a soltar pivotes sobre el contingente Seabreeze. Por lo que parecía, treinta dragones no habían sido suficientes para comprar su lealtad...

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 10

¿Sigue siendo Fred?
Sin entretenerse un solo segundo, salieron hacia el piso de Alex McEnroe, teniendo buen cuidado de esquivar los controles policiales. En el edificio, los vecinos estaban revolucionados, preguntándose qué demonios pasaba en casa del viejo borracho. Un calor intenso emanaba del interior, que se hizo evidente cuando Finnegan y McNulty se detuvieron ante su puerta y llamaron. Algunos vecinos, reunidos en el rellano del piso de abajo, los miraban con suspicacia.

Aunque insistieron varias veces, no obtuvieron respuesta, así que Jack, impulsivo como nadie, decidió echar la mugrosa puerta abajo, irrumpiendo en el interior. Una oscuridad sobrenatural lo envolvió, y casi al instante empezó a sudar debido a un sofocante calor. Al abrir la cortina de la ventana más cercana, se quedó helado. Aunque en el exterior no serían más de las dos de la tarde, a través de la ventana se veía una noche cerrada, sin luna, estrellas ni luz artificial. El vello se le erizó. Intentó que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad, pero aun así no era capaz de ver más que oscuras y borrosas siluetas. Al entrar en la cocina, tropezó con el cuerpo del anciano médico, inconsciente al parecer.

Mientras tanto, en el exterior, McNulty no tuvo mucho éxito en sus intentos de convencer a los vecinos de que había un escape de gas y debían alejarse de allí. Finalmente optó por entrar también al piso, donde le recibió la misma oscuridad que a Jack. El ambiente en la casa era muy extraño, como si un aura de corrupción se hubiera apoderado de todo. En otra habitación encontraron a Fred, que se encontraba en un estado que se podía definir como trance. Gruñía, tenía los ojos en blanco y el rostro extrañamente lívido, mientras se acercaba lentamente a ellos; su brazo izquierdo tenía un aspecto deplorable, como si hubiera sido rociado con ácido. McNulty decidió pegarle un tiro en la rodilla, un tiro que sonó extrañamente apagado, pero que tuvo su efecto y dio con el presunto Fred en el suelo. En tensión y oyendo ruidos extraños consiguieron sacar los cuerpos del hombretón y de McEnroe del piso.

Thomas también intentó subir al piso del médico, pero fue detenido por los vecinos, que lo increparon indignados. Sólo pudo atisbar por el hueco de la escalera cómo Jack y Jonas sacaban los cuerpos inertes del piso de McEnroe por la escalera de incendios, y en eso llegó la policía para complicar más las cosas. McEnroe era bastante poco querido en el vecindario, y los policías se dirigieron rápidamente a interrogar al viejo. Afortunadamente, Thomas pudo entretenerlos lo suficiente para que McNulty y Finnegan salieran con los cuerpos.

Ya en la calle, McEnroe volvió en sí y les contó cómo Fred, aparentemente poseído y con una fuerza sobrenatural, le había golpeado en el pecho y dejado inconsciente. De hecho, tenía varias costillas rotas.

Tras apresurarse en dejar a Alex y Fred en el hospital no sin tener algún problema con la policía, volvieron al piso franco del Bronx. Allí, Jack intercambió varios mensajes de móvil con su hermano, y al enterarse McNulty, éste le pegó un puñetazo. Jack se cabreó, y cuando parecía a punto de golpear al irlandés, se marchó rápidamente. No pudieron detenerlo, pues parecía que iba a explotar en cualquier momento. Tras vagabundear un rato, Finnegan decidió encargar la revista Nuevo Amanecer al kioskero, y consiguió convencerle para que le vendiera un ejemplar de su hijo, que por casualidad las coleccionaba. Después llamó a su hermano, con el que quedó en los muelles. Allí, James le contó que había tenido que cargarse a un par de tipos que decían ser del FBI pero que evidentemente no lo eran y le amenazaron con sus armas. Jack decidió reunir a su hermano con el grupo; ya no era seguro que siguiera en solitario.

Mientras tanto, John había seguido investigando sobre el libro de Blavatsky y sobre el tal Jund. Al parecer, éste era un pez gordo, amigo personal de Himmler, que había provisto de armas al tercer Reich, más tarde a los rusos y sus descendientes (entre ellos Merten Jund) se contaban entre los mayores fabricantes de armas del mundo. Otra cosa que averiguaron fue que Merten Jund era licenciado en teología, y tenía conexiones extrañas con alguna hermandad secreta, quizá con los Rosacruces o con la Golden Dawn.

Cuando Jack volvió con su hermano junto al grupo, estalló una discusión larga y tensa sobre la conveniencia de traer al antiguo teniente de policía allí. Afortunadamente, todo se resolvió sin que la sangre llegara al río, pero con Jack y Jonas enfadados.

Por la noche, tras hacer algunas averiguaciones, Sally descubrió el paradero del hermano de Fred, el padre Fabrice Mullendore. Era párroco en Boston, y aunque no pudieron hacerse con él por teléfono, le dejaron un mensaje. El sacerdote llamó a primera hora de la mañana siguiente, y cuando le contaron toda la historia de su hermano, se trasladó inmediatamente a Nueva York. Pocas horas después, el grupo recibía una nueva llamada del padre Fabrice: estaba muy preocupado por su hermano, pero unos agentes del FBI no habían dejado que lo sacara del hospital, y además él se encontraba ahora custodiado en un hotel. Se miraron los unos a los otros, preocupados, preguntándose qué hacer; desde luego, no podían dejar a Fred allí.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 18

Infiltrados en Quiebramar.
Al poco de poner pie en la isla con los soldados de dos de las galeras, estalló una fuerte ventisca que aunque les retuvo inmóviles, les ayudó para establecer un discreto campamento sin llamar la atención.

Tras discutirlo largo rato, desecharon la idea de infiltrarse en la fortaleza a través del acantilado, pues era poco menos que un suicidio. Finalmente, decidieron que con la ayuda de la lluvia, entrarían por el pequeño pueblo que se había establecido al noreste de Quiebramar.

Quiebramar
El camino por el norte tampoco fue fácil. Primero, tuvieron que esquivar los campamentos de tropas enemigas que se habían establecido alrededor de Quiebramar, y después tuvieron que atravesar un traicionero terreno de rocas salitrosas y resbaladizas que casi acaban con algún lesionado. Ya en el pequeño asentamiento tuvieron algún encontronazo con guardias Seabreeze que consiguieron esquivar sin demasiados problemas. En los muelles se encontraron frente a frente con algunos encapuchados, de los que huyeron. Al poco, un guardia les cortaba el paso, y de repente un pivote de ballesta lo atravesó. Más guardias aparecieron y algunos encapuchados salieron de las sombras, estallando el caos alrededor. El grupo aprovechó para correr al muelle y robar un bote para atravesar la ensenada.

No sin problemas y con alguna caída al agua, consiguieron llegar al otro lado, la pared rocosa sobre la que se alzaba el Muro de las Tormentas. Una ligera escalada les llevó a la boca de los túneles de escape de la fortaleza. Mientras ascendían pudieron ver cómo alguien hacía señales luminosas desde el pueblo.

Al poco de avanzar por el túnel, se dieron de bruces con una puerta de barrotes de hierro. Breon y Jeremiah demostraron su gran fuerza echándola abajo, en un despliegue de fuerza sorprendente. Más adelante, escucharon unos murmullos y percibieron luz de antorchas. Unos pasos se alejaron, y ellos irrumpieron atropelladamente para liquidar a los guardias presentes, que no fueron amenaza.

El túnel daba acceso a un lugar oscuro y poco concurrido de las cocinas. Ante las miradas extrañadas de los cocineros y sirvientes y las imprecaciones de la Jefa de Cocina (que reconoció a Vanna y a Breon), salieron al pasillo del patio. Una compañía de media docena Halcones se acercaba por la derecha, así que se apresuraron a la izquierda.

Al intentar entrar a los calabozos para dar con Loren Ashur todo se torció. Unos guardias les impidieron el paso haciendo caso omiso de las amenazas de Ancel, y cuando los Halcones que habían visto llegaron a la escena, todo se complicó. Más guardias hicieron acto de aparición y el grupo se vio rodeado. Ancel gritó que llevaran a su presencia al capitán de los Halcones, confiando en que el mando siguiera siendo de Loren. Sin embargo, al poco se presentaba ante ellos el nuevo capitán, Ser Baeron Connington. El caballero afirmó que Loren Ashur había muerto y ellos pronto lo estarían también si no rendían sus armas. Acto seguido, una conmovedora y enervante arenga de Ancel [Punto de Destino] hizo que Ser Tristan Errol, uno de los oficiales presentes, golpeara violentamente a Ser Baeron, pusiera un cuchillo en su garganta y conminara a los Halcones a servir a lord Ancel, el más apto señor de Quiebramar.

Los guardias, en su mayoría veteranos de decenas de combates, se miraron entre ellos con gesto torvo.

viernes, 12 de octubre de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 17

Reunión.
En tierras de los Raer, tras reunir a las tropas y arengar a los prisioneros que decidieron unirse a ellos, las criadas de Escollera atendieron las heridas de Jeremiah, que se recuperó rápidamente, y se entablaron conversaciones entre los hermanos Seabreeze, lord Edgar Raer y el recién llegado Ser Alyn Estermont. Éste último acompañado del bastardo al que quería legitimar lord Jeron: Deros Tormenta. Al parecer, el nieto de lord Estermont había acudido en ayuda de los Seabreeze ante el requerimiento urgente de Deros, que no sabiendo dónde acudir, había optado por la opción que le había parecido menos peligrosa. Ancel y Jeremiah saludaron efusivamente al joven, que se mostraba tan tímido como ya lo había sido en sus vivencias pasadas durante el secuestro de Ancel. Junto a Ser Alyn siempre marchaba su segundo al mando y hombre de confianza, Robert Cafferen, que intervino en todas las negociaciones.

Ser Alyn expresó su preocupación, afirmando que su abuelo no había aprobado su marcha en ayuda de los Raer, y sólo a regañadientes le había dado las tropas y barcos imprescindibles. Era condición sine qua non que volviera a Rocaverde con una promesa de matrimonio formal entre él y Megara, y una alianza formal (aunque secreta) entre las dos casas. Por supuesto, los Seabreeze aceptaron tras tranquilizar a todos sobre el paradero de Melina y Megara y estrecharon sus manos.

Dos noches después, mientras Ancel y Jeremiah dormían en una de las habitaciones de Escollera, sufrieron un intento de asesinato del que se salvaron sólo gracias al dolor de las heridas del pequeño de los Seabreeze, que no le dejaban conciliar el sueño. La rapidez y capacidades extraordinarias que exhibió el atacante, del que apenas pudieron ver una sombra, les convenció de que no podía tratarse sino de un hombre sin rostro. Saltó por el ventanuco de la habitación hasta la muralla de abajo sin dejar rastro, cosa que una persona normal no sería capaz de hacer. Si sus enemigos contaban con tales asesinos, deberían extremar las precauciones.

Seis días después, enviaron a Robert Cafferen a hablar con Jana Alyr para averiguar lo que pudiera de la situación en Quiebramar y de Loren Ashur. Al cabo de un par de jornadas Cafferen volvió, sin información sobre el paradero de Ashur, pero con rumores preocupantes sobre que lord Jeron podía andar de nuevo, y de que se había erigido un ídolo extraño en el patio de la fortaleza. Un león, quizá representando al león de la noche de Yi Ti. Extraño.

Al final el plan acordado entre Seabreeze, Raer y Estermont fue apostar el máximo número de tropas discretamente en el otro extremo de la isla, y aprovechar el ataque que previsiblemente lord Jeron lanzaría sobre Escollera para caer ellos a su vez sobre Quiebramar, infiltrándose aprovechando los túneles del acantilado. Así procedieron, y empezó la tensa espera.

Antes de que se produjera el ataque que esperaban, llegaron noticias del este de la isla. Por fin habían vuelto Vanna y Berormane, y con buenas tropas de los Windblown acompañándoles. Y no sólo eso, sino que también habían vuelto Breon y Garrett. La alegría fue mucha cuando se reunieron y se abrazaron. Decidieron que mantendrían a las nuevas tropas también en secreto para participar en el posible ataque a Quiebramar.

Pocas noches después del reencuentro aconteció otro hecho extraño: Ancel y Jeremiah se vieron afectados por sendas paradas cardíacas mientas cenaban. Gracias a los conocimientos y la voluntad de Berormane consiguieron mantenerse con vida; pero para Vanna era evidente que había una mano sobrenatural en todo aquello. Con mucho esfuerzo, decidió desempolvar sus conocimientos sobre las artes oscuras que había cultivado en Myr. Angustiada por la situación, con los hermanos Seabreeze muriendo visiblemente ante sus ojos y Berormane desbordado, decidió llevar a cabo un antiguo ritual de Sangre. Para ello, salió inadvertida y convenció con sus artes de mujer a dos guardias todavía adolescentes para entrar a uno de los graneros de Escollera. La leche de amapola que les administró en el vino surtió efecto enseguida, y rápidamente los desnudó. Entonó oraciones que había creído olvidadas hacía mucho tiempo, y mientras las tenues sombras de la estancia se giraban hacia ella, le hablaban y la intentaban arrastrar, arrancó los corazones de los muchachos. Por desgracia, también tuvo que quitarle la vida a un porquerizo que había oído ruídos y se inmiscuyó.

Ante la sorprendida mirada de Berormane, Vanna apareció con dos trocitos de carne en la habitación, que hizo tragar a los hermanos Seabreeze. En el acto, sus respiraciones se normalizaron y sus corazones empezaron a latir con normalidad. La mañana siguiente amaneció con un granero incendiado y con Ancel y Jeremiah ambrientos, llenos de vida y con un ansia atroz de comer carne. Comieron más de dos kilos de carne cada vez más cruda, lo que levantó sospechas en los demás. Breon y Berormane preguntaron a Vanna qué había pasado allí. La mujer les dio una explicación mencionando venenos y antídotos, pero nadie quedó convencido del todo. Berormane habló con Ancel del episodio, y el maestre reconoció que debía de haberse tratado de artes que él no alcanzaba a comprender del todo. Por su parte, Vanna mantuvo durante varia jornadas una actitud algo taciturna, pues había rememorado cosas que había decidido olvidar, y había cruzado una línea que no deseaba traspasar.

Pocas horas después, llegó un cuervo desde Quiebramar, con un mensaje. En él, se decía que ya que los hermanos Seabreeze habían muerto, lord Edgar debería rendir la fortaleza y volver a aceptar como señor a lord Jeron, que no tomaría represalias. Aquello acabó de convencerles de que lo que había sucedido la noche anterior había sido causado por fuerzas oscuras que probablemente se habían aliado con el señor Seabreeze. Poco después llegaba un mensajero desde el este de la isla enviado por Breon: habían capturado a un arquero traidor que intentaba enviar un mensaje a Quiebramar. Al instante, dieron órdenes a los arqueros de que abatieran cualquier cuervo que pudiera salir de la isla, excepto los que ellos permitieran. Aprovecharon la situación reprimiendo al resto de espías y enviando un mensaje falso; en él decían que los hermanos habían muerto y que los Estermont estaban a punto de retirarse del conflicto. Lord Edgar, a su vez, también envió otro mensaje: los Raer no se rendirían ante un inepto semejante. Confiaban en que aquello convencería a lord Jeron de lanzar su ataque sobre Escollera.

Y así fue. Al cabo de un par de jornadas, treinta galeras Seabreeze y tres dromones que no podían pertenecer sino a los Tarth, aparecían en las costas cercanas a Escollera cargados de tropas. Era el momento que habían estado esperando. Embarcados en varias galeras capitaneadas por Deros Tormenta y Rowan Fossoway partieron hacia Quiebramar. La maestría del muchacho navegando era innegable, y desembarcaron sin ningún percance al sur de la isla de Merth.


lunes, 1 de octubre de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 9

Estado de alarma.
Jack salió el primero a toda velocidad, seguido de lejos por McPherson, que llevaba a John poco menos que en volandas. Ignorando todo a su alrededor, Jack se abrió paso violentamente hasta el macizo de árboles quemados, donde el malherido Fred se encontraba siendo ayudado por Thomas y McNulty. Tras derribar a este último de un puñetazo, Jack inició la ascensión y sólo se calmó cuando estuvo a punto de despeñar a Fred, que le suplicó que se tranquilizara. Mientras recuperaban la respiración, aparecieron corriendo John y McPherson, éste último despotricando y blasfemando. Se rehicieron todo lo rápidamente que pudieron. Gibbons estaba en un estado casi catatónico, llorando y repitiendo con una vocecilla "noporfavornoporfavornonono...".

La mansión de Westchester Assoc.

Ante el asombro e incredulidad de los demás, Jack les contó lo mejor que pudo lo que habían visto, y sobre todo, lo que habían experimentado allá abajo, y a pesar de que no le hacía mucha gracia, comprendió que era necesario volver a entrar si querían tener alguna oportunidad de hacerse con los datos. No podrían volver en otra ocasión allí. Así que decidieron que Thomas y Jonas se llevarían a Fred a los coches, junto a Sally, y los acercarían todo lo posible al muro exterior. Jack y McPherson volverían a entrar una vez más, junto a Joey, pero esta vez hacia los pisos superiores, donde seguramente estarían los servidores centrales de la empresa.

En los coches, más tranquilo, John por fin volvió en sí. Cuando le preguntaron por su experiencia en el sótano de la mansión, prefirió no responder, y en lugar de eso, cuando aparcaron los coches junto al muro, con una determinación de hierro, cogió uno de los fusiles de caza y corrió de nuevo hacia la mansión. McNulty le siguió.

Mientras tanto el grupo del interior había ascendido hasta el tercer piso, donde habían encontrado a varios tipos con batas blancas, que debían de ser los encargados del mantenimiento del equipo. Uno de ellos esgrimía un extraño aparato que acercaba a los equipos informáticos y emitía un extraño sonido. No les costó hacerlos huir, pero mientras tanto, dos tipos de traje negro habían subido por las escaleras y entablaron un tiroteo con McPherson y Jack, mientras Joey se establecía y empezaba a crackear las bases de datos de los servidores que quedaban funcionando. McNulty y John subieron al poco rato por las escaleras, y Gibbons se desvió en el segundo piso para tratar de encontrar una subida alternativa o algo de interés. Vio que uno de los tipos había comenzado a incendiar los despachos, y cuando lo encañonó con una pistola, no tuvo más remedio que matarlo. Arriba, McNulty liquidó a uno de los tipos de negro, y el restante fue abatido por el fusil de McPherson. Al reencontrarse, un mensaje de Thomas desde el exterior los alertó. Cuatro helicópteros oscuros y silenciosos se acercaban a la casa. Un vistazo por la ventana confirmó el dato, y a continuación el flujo eléctrico se interrumpió. Joey soltó una maldición y desconectó su equipo; apenas había podido transferir unos pocos gigas de información. No obstante, aquello debería bastar; tenían que salir de allí a toda velocidad.

Con dificultad llegaron a los coches y arrancaron. Dos de los helicópteros los siguieron, disparando armas sobrenaturalmente silenciosas, pero cuyos efectos eran evidentes sobre la carrocería y el suelo alrededor. Jack atrancó su todoterreno en un barrizal, y a sus ocupantes no les quedó más remedio que cambiar de coche entre un caos de lluvia, disparos y gritos. Poco después era Sally la que estrellaba su coche contra un árbol, pero milagrosamente, tras recibir una ráfaga de balas de gran calibre sobre el maletero, podía arrancarlo de nuevo. Una arboleda y la niebla matinal acudieron en su ayuda, y tras aproximadamente una hora y media de persecución, los helicópteros se dieron por vencidos.

Exhaustos, se dirigieron de nuevo a Brooklyn, con la intención de que Alex McEnroe pudiera hacer algo por Fred, que tenía la mano y el antebrazo como si le hubieran echado un litro de ácido sulfúrico por encima. Por enésima vez, McNulty intentó contactar con sus viejos amigos irlandeses, pero como hacía varios días que venía sucediendo, no obtuvo respuesta, algo que no era normal en absoluto.

McEnroe los recibió malhumorado, pero afortunadamente muy sobrio para lo que era habitual en él. Recriminó a Jack el meterlo en asuntos turbios, y le dijo que incluso había recibido la visita de un agente del FBI la noche anterior. Jack le prometió explicárselo todo y ponerlo bajo su protección, pero lo urgente ahora era curar a Fred. Acordaron que se reunirían al día siguiente, y le explicaría todo a salvo.

Tras hacer los arreglos necesarios para que los todoterrenos alquilados parecieran robados, Thomas se marchó a su hotel. Nada más salir de la ducha, alguien llamó a la puerta. "Servicio de habitaciones" —contestaron. Ja. Por suerte, se apartó rápidamente a un lado de la puerta, pues varias balas la atravesaron. A continuación, empezaron a echarla abajo. Tuvo que salir a toda prisa por la ventana. Saltando de un balcón a otro casi se mata, pero consiguió salir por el piso de abajo, coger algo de ropa de un carrito de limpieza y marcharse del hotel. Joder, ahora también venían a por él. Se dirigió hacia su piso del Bronx, donde ya se encontraba John analizando el libro alemán que había encontrado McNulty junto a Joey intentando descifrar los datos que había conseguido descargar.

Tanto Thomas como Jonas, Jack y Sally se encontraron con dificultades para llegar al Bronx. La presencia policial en las calles era ubicua, y todos los puentes de la ciudad estaban cerrados por controles policiales. Cuando Thomas preguntó a un transeúnte qué sucedía, éste mostró su asombro.

 —¿Acaso no ve las noticias, hombre? Se ha declarado el estado de alarma, y según dicen, en pocas horas se declarará el estado de sitio si no encuentran a esos malditos terroristas. ¡Parece que temen un atentado con Antrax en Manhattan!

Ahora que se fijaban, sí que era cierto que había poca gente por la calle, y que la poca que se veía se movía apresuradamente. Los noticiarios habían estado toda la noche propagando el rumor y relacionando el caso de los traficantes de Antrax con el secuestro del concejal Gibbons. La cosa pintaba jodida.

Por suerte, pudieron llegar al piso y reunirse a salvo. John les explicó lo poco que había podido averiguar del libro, quién era Elena Blavatsky y su relación con el nazismo. Siempre había estado interesado en el esoterismo de los nazis y ahora sus conocimientos podrían ser de bastante utilidad. Una vez planteadas las dudas sobre qué hacía un libro dedicado por un nazi en una empresa regentada por judíos, surgieron otras quizá más importantes: ¿deberían marcharse del país? ¿o quizá esconderse hasta que se hubiera calmado todo? Una larga discusión se entabló entre ellos. Si se declaraba el estado de sitio, no podrían salir de la ciudad sin ser identificados.

Hacia las cuatro de la tarde, una llamada telefónica interrumpió su conversación. Era Alex McEnroe, que hablaba preocupado al auricular, mientras se oía un extraño ruido de fondo.

 —¡Jack, este hombre lo que necesita no es un médico, es un sacerdote! ¡No sé qué coño le está ocurriendo!

 —Pero...—fue todo lo que le dio tiempo a decir a Jack, antes de que la comunicación se cortara.