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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 14

La Asamblea de Eskatha (II)
Symeon y Taheem salieron con Suarren a recorrer la ciudad en busca de alguno de los comerciantes  perturbados visitantes de Asyra Sottran de los que el mirfellense había hablado a Galad en sus largas conversaciones. Tanto el errante como el vestalense tenían la enorme traba del desconocimiento del idioma, pero aún así acompañaron al comerciante por si este se metía en algún lío. Por desgracia, esa jornada Suarren no pudo hallar ninguna pista que le indicara el paradero de los susodichos.

La Confederación de Príncipes Comerciantes



Mientras tanto, Daradoth y Galad acudieron a la sede de Nimthos con la intención de hablar con los ástaros Dûnethar y Cirantor. Se hicieron acompañar de Ernass Kyrbel, el negociador de lady Ilaith, para que les ayudara con los idiomas. Una vez en la sede fueron recibidos con cortesía por el servicio y saludados afablemente por los ástaros, que se mostraron halagados por recibir la visita de un elfo de Doranna (no tanto la de un ástaro "extranjero", pero tuvieron cuidado de no ser desagradables). Aparte de las formalidades tuvieron muchas palabras agradables para Daradoth, lo que relajó la actitud de este, suspicaz en un principio. Tras los saludos y las preguntas curiosas de los ástaros acerca de la presencia de Daradoth y la situación en Doranna, el elfo pasó a discutir el tema por el que había llevado a cabo aquella visita: el motivo de la presencia de dos ástaros del Pacto de los Seis en Eskatha formando parte de la delegación de Nimthos. Los páctiros afirmaron que se encontraban allí para tratar de hacer que la Confederación dejara de comerciar con el Cónclave del Dragón y cualquiera de sus aliados; Dûnethar y Cirantor llevaban aproximadamente cinco meses en Eskatha aprendiendo el idioma y las costumbres, y hacía un mes del último mensaje que habían recibido desde el Distrito de Galmia, pero la situación en la frontera del norte era extremadamente tensa, y —esto lo comentó exclusivamente a Daradoth y Galad— tenían sospechas e informes que hablaban de un portal que se había abierto al norte del cabo Kern en el Cónclave del Dragón, cerca del ártico. Daradoth rebulló, incomodado por la revelación. Los ástaros también contaron que las escaramuzas fronterizas se habían incrementado de forma drámatica el último año, y que en las brumas del otoño había testigos que afirmaban haber visto criaturas largo tiempo desaparecidas de la faz de Aredia.

Continuaron loando a lord Gisaus Athalen por su amabilidad con ellos permitiéndoles formar parte de su delegación para que pudieran exponer su petición de que la Confederación detuviera los contactos con el Cónclave. Daradoth y Galad se miraron, pensando en qué podía ganar lord Gisaus de todo aquello; el príncipe de Nimthos no tenía demasiado trato con el Cónclave, y seguramente impedir a otros principados aquellos contactos contribuiría a perpetuar a su principado como el más rico de la Confederación. Esa era la ventaja más evidente. Con la promesa de mantener el contacto, Galad y Daradoth se despidieron de los ástaros y volvieron a la sede de Tarkal. Aunque Galad se entretuvo un rato más en el edificio, pues consiguió tener unos minutos a solas con Eudorya. Esta le habló entre sollozos de la imposibilidad de seguir adelante con su amor, debido a su compromiso con Deoran Ethnos, el príncipe de Ladris. Galad sintió un peso en el corazón al oír aquello, y no pudo reprimir dar un beso apasionado a la muchacha; le prometió que lo arreglaría de alguna manera y que volvería a verla en breve. Se marchó cuando algunos guardias eunucos ya corrían preocupados hacia Eudorya.

Yuria intentó visitar a la delegación Esthalia recién llegada a la ciudad, pero no se encontraban en su residencia. Así que les dejó un aviso para que visitaran la sede de Tarkal lo antes que pudieran.

Por la tarde, Delsin había concertado visita con la delegación de Adhëld, pero no tuvieron más remedio que postergarla cuando Ilaith recibió una petición urgente por parte de la delegación de Ladris para reunirse con ellos. En poco tiempo, Deoran Ethnos encabezaba su comitiva y llegaba a la sede de Tarkal. De la quincena de consejeros que le acompañaban, al menos diez llevaban el apellido Ethnos, tal era la supremacía de su familia en el principado de Ladris. Cuando se presentaron, Galad dirigió una mirada valorativa hacia el príncipe Deoran, prometido a la mujer que amaba; apretó los dientes y se tragó la bilis que acudía a su garganta, entonando una oración silenciosa a Emmán.

Tras pasar muy rápidamente la charla informal y la etiqueta propia de aquellas reuniones, Deoran pronto adoptó un gesto serio y pasó a exponer a Ilaith sus preocupaciones. Al parecer, el príncipe Rakos de Undahl se había reunido con ellos el día anterior ofreciéndoles cuantiosas riquezas y posibilidades de jugosos contratos comerciales a cambio de que le cedieran su parte de explotación de los yacimientos de kregora de las islas occidentales. Y no era al único a quien le había propuesto tal cosa: Undahl quería hacerse claramente con el monopolio de la explotación de la kregora. Lo que no había gustado nada a Deoran era el tono veladamente amenazador que Rakos había utilizado durante la negociación, con aquella siniestra elfa oscura y el amenazador minotauro respaldándole. Así que había decidido acudir a Ilaith, pues —Deoran bajó la voz— conocía los planes que la princesa de Tarkal tenía para llevar a cabo en aquella Asamblea y quería prestarle su apoyo a cambio de que una vez fuera investida Gerente, parara los pies a las ambiciones de Undahl y permitiera a Ladris hacerse con una cuota mayor de explotación de kregora.

Ilaith mantuvo el gesto impasible ante la revelación de que Deoran conociera sus planes (¿habría un espía en sus filas?), pero su voz se endureció. Sin embargo, era posible que aquella filtración hubiera jugado en su favor, pues allí estaba Ladris ofreciendo su apoyo a la investidura. Además, era evidente que Deoran conocía no solo sus planes para llegar a ser Gerente, sino también su ambición de convertirse en Reina, pues un Gerente no sería capaz de llevar a cabo lo que le estaba pidiendo. Muchos factores haría falta valorar en la oferta de Ladris, y con la promesa de volverse a reunir con una respuesta, se despidieron.

Cuando el grupo quedó ya a solas, discutieron largo y tendido sobre la oferta de Deoran y la posibilidad de que más gente supiera de los verdaderos planes de Ilaith; habría que entrar en acción lo antes posible. Se mostraron también de acuerdo (Daradoth insistió de forma extremadamente vehemente) en que una vez que Ilaith ascendiera, habría que obligar más pronto que tarde a los príncipes a cortar sus relaciones con el Cónclave del Dragón y cualquier otro servidor de la Sombra. Eso les iba a acarrear de seguro problemas con algunos de sus aliados; tendrían que pensar en el modo de resolver esa pérdida de ingresos y convencerlos a todos de la necesidad de ello.

Al anochecer, los ástaros Dûnethar y Cirantor acudieron a la sede como les habían pedido Galad y Daradoth para hablar con Ilaith y el resto de sus compañeros. Aparte de la mención al portal de cabo Kern, la pareja reveló todos los detalles que ya habían hablado con el elfo y el paladín. Daradoth hizo un gesto de asentimiento cuando mencionaron su intención de pedir el corte de relaciones de la Confederación con el Cónclave y, posiblemente, conseguir su apoyo militar y/o logístico. Grandes riquezas estaban de seguro esperando en el Cónclave, riquezas que podrían compartir con los Príncipes, si estos colaboraban en la derrota del enemigo. Una larga conversación siguió para discutir el curso de acción de los acontecimientos: Ladris y algún aliado más no se mostrarían cómodos deteniendo los tratos con el Cónclave, y no podían arriesgarse a perder apoyos. Acordaron que el anuncio de Ilaith debería ser anterior a la petición de los ástaros, y que estos deberían ser discretos acerca de sus intenciones en la Asamblea.

Tras la reunión, Symeon se dirigió a reunirse con el errante Noelan, en la sede de Mervan. Preocupado por el bienestar de los miles de errantes que Noelan calculó que el príncipe Nercier había acogido, Symeon habló de Tarkal, de Ilaith y de la posibilidad que tenía de proteger mejor a su pueblo. Además, tenía "el pálpito" de que algo iba a pasar y Mervan no iba a ser el mejor lugar para que los errantes estuvieran a salvo. Noelan se removió incómodo, porque se encontraba muy agradecido al príncipe Nercier y en cualquier caso la decisión del traslado a Tarkal no la podía tomar él, sino el Consejo de Patriarcas de las caravanas. Por supuesto, en todos los demás aspectos Noelan apoyaría a Symeon, pues "eran hermanos y como hermanos se comportarían". Symeon se prometió a sí mismo acudir al Consejo de Patriarcas para intentar convencerlos de su traslado a Tarkal.

Por la mañana llegó a su sede la delegación de Adhëld, con el príncipe Wontur Serthad a la cabeza. Fue con mucho la delegación más hostil a Ilaith; la inmensa mayoría de los acompañantes de Wontur eran tipos de mala catadura (entre ellos un vikingo), con tatuajes y cicatrices que intimidarían al más pintado. Toda la reunión transcurrió con una tensión subyacente que estuvo a punto de hacer saltar a más de uno; quizá era aquello lo que querían, ser atacados durante el encuentro para desprestigiar a Ilaith; por suerte no lo consiguieron. ¿Quizá Wontur también estaba informado de los planes de Ilaith? La delegación de Adhëld se marchó de malas formas, con varios pactos de comercio acabados y rutas comerciales cortadas, para frustración de Delsin y Ernass.

Suarren tampoco tuvo éxito ese día tratando de encontrar a los otros comerciantes, y la tarde transcurrió tranquila, sin ninguna reunion, pues no había ninguna delegación disponible.

La siguiente mañana recibieron la visita de la delegación de Armir, con Knatos Tilad al frente. Lo primero que les llamó la atención fue el colgante que llevaba en el pecho, con una cantidad considerable de kregora, mucho mayor que la que lucía Ilaith en su frente. A pesar de que Knatos expresó su malestar por la "peculiar actitud" de Ilaith al llevar en su séquito a dos altos cargos militares,  la reunión transcurrió por cauces agradables (un alivio tras la visita de Adhëld), y al cabo de un par de horas pasaron al patio para hablar más distendidamente mientras comían. En un momento dado, Yuria se quedó a solas con una anciana que formaba parte de la delegación de Armir, Jasireth Derthad, que había demostrado destellos de gran inteligencia durante las negocaiciones.

 —No creáis que no veo la necesidad de lo que Ilaith tiene intención de hacer —dijo de repente la anciana, con voz queda. Y acto seguido se marchó sin dar tiempo a decir nada a una más que sorprendida Yuria. ¿Sería aquella una posible aliada?

Yuria compartiría más tarde sus impresiones con el grupo, y acordaron que deberían intentar recabar el apoyo de Jasireth discretamente.

A media tarde recibieron la visita de los representantes de Trapan. En el séquito de Hampyor Kenkad no había ni un solo miembro femenino, y como no tardarían en comprobar, ello iba acorde con sus ideas sobre las mujeres. Entre sus acompañantes figuraban dos kairks, Gundar Rausen y Kleas Segehën, ambos comandantes de sendas compañías mercenarias. Fue un encuentro bastante anodino, del que fue imposible sacar conclusiones definitivas; Hampyor se oponía en principio a cualquier cambio en la estructura de los principados, pero por su actitud, los compañeros de Ilaith sugirieron que deberían mantener encuentros posteriores para intentar encontrar alguna vía para convencerle.

Por fin, esa noche recibieron la visita de la delegación de Esthalia. Alexann Stadyr reconoció de inmediato a Faewald, que había visitado recientemente sus tierras,  y a Daradoth. Y enseguida también a Yuria y a Symeon, a quienes recordaba de la reunión con su padre y Valeryan. Este hecho, unido a que no hubiera ningún kairk en la sala y que Alexann asegurara que aquellos reunidos allí eran de la total confianza de su padre Alexadar, hizo que el duque Woderyan Estigian se relajara y dejara de utilizar las medias palabras con las que había comenzado la conversación. De esta manera, pronto revelaron el propósito de su viaje a Eskatha y su presencia en la Asamblea. Según las palabras del duque —una de las personas más poderosas de su país—, Esthalia (no concretó en ningún momento si el rey o la reina a pesar de que Daradoth lo preguntó directamente de manera muy poco discreta) sospechaba que "el enemigo", refiriéndose al Cónclave del Dragón y el propio Káikar, estaban utilizando los complejos subterráneos del kaikarésta con oscuras intenciones. El kaikarésta era como llamaban los nativos del Imperio del Káikar a los diferentes complejos de cavernas subterráneas que se adentraban profundamente en el subsuelo del brazo oeste del continente. El duque habló también de cierto barco encontrado calcinado y varado en las costas del Káikar con cierta "mercancía peligrosa" y con una tripulación, también consumida por el fuego, que distaba mucho de ser humana (el barco del que les había hablado ya hacía meses el marqués de Stadyr, el padre de Alexann).  La cuestión era que querían lograr la colaboración de la flota de la Confederación para explorar los accesos al kaikarésta, y plantear que la Asamblea prohibiera la colaboración de sus tropas y naves en lo que fuera que estuviera pasando en el complejo de galerías subterráneas.

Después de unos segundos de valorativo silencio, Ilaith les ofreció toda la colaboración que fuera necesaria, lo que hizo asomar alguna que otra sonrisa en la comitiva esthalia y dio paso a una conversación más distendida; aunque con un gesto aún serio, los esthalios revelaron que no habían recibido un trato tan amable por parte de las delegaciones de Armir, Trapan y Ladris.

Más tarde, en conversación privada, Alexann explicó a Daradoth que la verdadera razón de su estancia allí (aunque el duque de Estigia no había mentido en ningún momento sobre la situación del kaikarésta) era evaluar cuán fiable era la Confederación y cuán profundos eran sus lazos con "el enemigo" para estimar si se debía realizar alguna acción diplomática o incluso militar contra ella. Lady Armen no confiaba en los Príncipes, y la presencia en Eskatha de una elfa oscura y un minotauro de seguro agravaría la situación.

jueves, 30 de agosto de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 13

La Asamblea de Eskatha (I).
Una visitante inesperada
El grupo se dirigió raudo a bordo del Empíreo a encontrarse con lady Ilaith. Tuvieron que esperar a que la princesa llegara a la mansión que les había indicado a través del búho de ónice en las afueras de Sugelia. La espera transcurrió sin incidencias y finalmente, un par de días después, se reunían con Ilaith en los jardines de la mansión del barón Estheoras, que había ofrecido hospitalidad a la princesa con la esperanza de lograr algún acuerdo comercial ventajoso.

Después de que Ilaith y Estheoras trataran sus asuntos económicos, este se despidió, dejándolos para tratar sus asuntos. Decidieron que enviarían al Empíreo de vuelta a Tarkal con la misión de entregar el búho de ónice a Davinios; de esa forma podrían reclamarlos para una recogida de emergencia si era necesario. Faewald sacó a relucir un problema que le preocupaba: ¿cómo podían asegurarse de que lady Ilaith no fuera poseída por uno de los kaloriones? Ya lo habían visto suceder en el pasado, y no quería que la princesa ganara un poder excesivo si era vulnerable a la Sombra. Entonces Yuria sacó a relucir la pequeña esquirla de kregora que Ilaith lucía engarzada en su diadema, y pasaron a debatir si aquello sería suficiente para resistir una posible posesión. La gerente de Tarkal escuchó con atención todos los pormenores de la conversación, satisfecha de haber confiado sus asuntos y protección a aquel variopinto grupo. Entregó su diadema a Galad cuando este se la pidió para hacer la prueba de su potencia, y el paladín comenzó a marearse a los pocos segundos de sostener el objeto. Evidentemente, no era tan fuerte como el colgante de Yuria, que ya lo había dejado inconsciente de forma instantánea en el pasado, pero se aferraron a la esperanza de que un kalorion que intentara poseer a Ilaith se vería afectado y debería abandonarla; también era posible que le diera tiempo a desprenderse de la diadema y se materializara la posesión, así que pidieron a lady Ilaith que aumentara la cantidad de kregora de su joya; esta se comprometió a hacerlo. Quedaba pendiente la cuestión de si se trataba de una cuestión de cantidad o de calidad, pero de momento tendría que bastar. A sugerencia de Yuria, también acordaron una pregunta y respuesta secretas que sólo conocería Ilaith y (en teoría) no podría responder si era poseída. A continuación le informaron de la presencia de su prisionero, el comerciante Suarren de Mírfell, y debatieron qué hacer con él. Evidentemente, lo tendrían que llevar a Eskatha (cuidando de que nadie lo reconociera, pues formaba parte del consejo de su principado) y lograr una confesión que fuera creíble ante la Asamblea para hacer caer a Agiond en desgracia. Tanto Delsin Aphyria como Ernass Kyrbel se mostraron de acuerdo en que aquello sería suficiente para lograrlo, pero siempre que el testimonio fuera creíble. Verían cómo podrían conseguirlo a su debido tiempo, fuera con drogas o con otros métodos.

Cada una de las noches siguientes, Galad se reuniría durante varias horas con Suarren para intentar que se arrepintiera de sus pecados y viera la Luz de Emmán; quizá así se aviniera a colaborar con ellos durante la Asamblea.

El día siguiente la comitiva embarcó en dos dromones junto con la guardia de 300 soldados que acompañaba a Ilaith, y en poco más de un día, tras atravesar los controles pertinentes, llegaban a Eskatha. La ciudad hervía de actividad, como siempre; comerciantes participando en subastas, puestos callejeros de comida, visitantes de todos los rincones del continente, esclavos atareados de aquí para allá ataviados con sus túnicas negras y sus velos y un tráfico naval tan intenso que era casi imposible de organizar. Los empleados encargados de la organización de la Asamblea que les recibieron en el muelle les informaron de que ya se encontraban en Eskatha casi todas las delegaciones, excepto la de Undahl, que debía de estar a punto de llegar, y la de Bairien y Krül, que se retrasaría un poco más, pues el príncipe Ónethas había enviado un mensaje pidiendo excusas porque se retrasarían un par de jornadas; el cónclave se tendría que retrasar, por tanto, hasta que todas las delegaciones estuvieran presentes en la capital.

El hemiciclo de la Asamblea coronaba la colina de la ribera occidental del río Malvor, y anexas a él se encontraban las sedes que cada uno de los príncipes utilizaba en sus visitas a la ciudad. Las sedes mostraban más o menos lujos según la riqueza relativa de cada principado, y destacaban por tanto la de Nimthos y la de Bairien; Ilaith miró valorativamente la sede de Tarkal, con mirada anhelante. Su pose era regia, y la multitud se giraba al paso de la primitiva, claramente impresionados por la princesa y su comitiva, que incluía ¡un elfo, un enano y dos paladines! Los rumores de que Ilaith contaba con el favor de elfos, enanos y paladines pronto se propagarían por la ciudad, como ella misma y sus consejeros deseaban. Prefirió hacer que los bardos Sermios permanecieran en un segundo plano anónimo, de momento. A Suarren lo llevaron camuflado entre los guardias. Más o menos a mitad de ascensión hacia la sede, la delegación de Korvan salió a su encuentro, para saludarles y presentarles sus respetos; según les contó Ilaith, la costumbre dictaba que tendrían que tener un encuentro previo con cada delegación para tratar asuntos comerciales y de variada índole. Karela Cysen era la aliada más firme de Ilaith, y ambas delegaciones se saludaron cordialmente. La princesa iba acompañada de su marido, el kairk Theovan Devrid, vestido con traje oscuro de cuello alto, al más puro estilo del Káikar. Los korvanos se interesaron especialmente por Daradoth, como no podía ser de otra manera, y lo bombardearon a preguntas, siempre de forma educada; el elfo respondió con evasivas a la mayoría de ellas.

Ya cerca de la sede de Tarkal otra delegación salió a su encuentro, con la bandera de Mírfell ondeando sobre ella. Trasladaron a Suarren hacia las filas de atrás, temerosos de que Verthyran Kenkad, príncipe mercader de Mírfell, reconociera al miembro ausente de su consejo. En la comitiva de Kenkad llamaba la atención un enorme y simpático yrkanio de estentórea voz vestido con las telas arrolladas típicas de su tierra que se presentó como Rowen had'Helwar. Tras presentarse los respetos correspondientes de forma educada y recordar por parte de Kenkad su trato con Ilaith para concederle los principados controlados por sus primos, la comitiva siguió su camino hacia su sede, en la que se aposentaron al atardecer. Esa misma noche, Galad se encontró por tercera vez consecutiva con Suarren para hacerle ver lo equivocado de sus actos, y su elocuencia tuvo por fin efecto: el comerciante se quebró y rompió a llorar, arrepintiéndose de aquello en lo que se había convertido y recordando los tiempos de su inocencia moral; comenzó a rezar fervorosamente con Galad, viendo la Luz de Emmán como su tabla de salvación, las lágrimas aflorando sin cesar a sus mejillas. Tras varias horas de oración, Galad le prestó el pequeño libro de plegarias que llevaba encima desde su última estancia en Emmolnir y lo dejó con palabras de consuelo. El paladín estaba preocupado por si el comerciante intentaba suicidarse, aunque le había insistido en que el suicidio no era del agrado de Emmán, así que dejó unos guardias a su cuidado; afortunadamente, pues efectivamente desbarataron el único intento de suicidio que Suarren llevó a cabo. No obstante, por la mañana el comerciante se mostraba ya más tranquilo y con la esperanza de la fe en Emmán en sus ojos. Por supuesto, haría todo lo posible para desbaratar el complejo de Asyra Sottran y a sus dueños, y aceptó de buen grado declarar en el hemiciclo durante la asamblea. Todos se alegraron de no tener que recurrir a métodos más drásticos. Mientras tanto, Symeon, que cada noche entraba al mundo onírico para acercarse y contactar con Nirintalath, lo hizo también esa jornada para investigar un poco su entorno. La realidad onírica de Eskatha era, como en el mundo de vigilia, un hervidero de actividad, con gente apareciendo y desapareciendo por doquier. Afortunadamente, nada extraño llamó la atención del errante.

El día siguiente, los diplomáticos de Ilaith concertaron encuentros de cortesía con las delegaciones de Nimthos y de Ëvenlud. Como era costumbre, el principado considerado económicamente inferior (de forma tácita o no) se desplazaba a la sede del principado más poderoso. Así que Tarkal se desplazó hasta la sede de Nimthos, donde se encontraron con Gisaus Athalen y su séquito, en el que se encontraba su hija Eudorya acompañada en todo momento de la guardia de eunucos esclavos. Al verla, el corazón de Galad se aceleró, al igual que el de ella al reconocerlo de su estancia en Creä. Varias horas transcurrieron durante el encuentro, en el que Ilaith y Gisaus discutieron largo y tendido sobre temas antiguos y nuevos. Por su discurso, enseguida se hizo evidente para todos la buena relación que unía a Gisaus con Agiond Ónethas; aquel sería un hueso muy duro de roer. Dos miembros de la delegación de Nimthos llamaban especialmente la atención: Dûnethar y Cirantor, ambos ástaros procedentes del distrito de Galmia, del Pacto de los Seis; ninguno reveló demasiada información sobre su relación con Gisaus o su presencia allí. Por fin, Galad y Eudorya tuvieron un momento a solas. Ella se sorprendió al reconocerlo como paladín de Emmán y al oír su verdadero nombre, pues había utilizado otra identidad en el Imperio Vestalense, pero la pasión seguía siendo intensa entre los dos. Se sintieron el uno al otro y se besaron levemente, pero no podían arriesgarse a más allí; quedaron en encontrarse por la noche en una de las dársenas del puerto este para poder hablar con algo más de libertad (toda la libertad que le permitiera su guardia de eunucos, claro). Hablaron someramente sobre las dudas que Eudorya decía que albergaba su padre acerca de lady Ilaith y su peligrosidad; Galad intentó disipar la reticencia de Eudorya hacia Ilaith, y consideró que lo consiguió al menos de forma parcial.

Por la tarde, recibieron la visita de la delegación de Ëvenlud. La encabezaba Diyan Kenkad, una mujer madura, alta y extremadamente delgada. Era prima lejana de Verthyran Kenkad, el príncipe de Mírfell, con quien ya se habían encontrado de camino a su sede, y la acompañaban entre otros su hermana Melara, y un tal Seraethus Ternal, que por el apellido debía de ser familiar del príncipe de Undahl; este parentesco sería confirmado durante la conversación por el propio Seraethus, que no puso muy buena cara cuando le mencionaron al príncipe Rakos. La conclusión que sacaron después del encuentro fue que Deryan se mostraba contraria a alterar cualquier ápice del statu quo existente, pero que quizá con un soborno lo suficientemente jugoso pudieran hacer que cambiara de opinión al respecto.

Por la noche, Suarren ya se mostraba más tranquilo y considerando a Galad su consejero espiritual. El paladín le preguntó acerca de otros posibles implicados de alto rango en las perversiones de Asyra Sottran, y el comerciante respondió que solo conocía a dos o tres comerciantes que podrían encontrarse en aquel momento en Eskatha, aunque no de alto rango; pero podría contactar con ellos e intentar sonsacarles algo de información. Dio los nombres a Galad, y acordaron que tratarían de buscarlos para intentar averiguar algo más.

Siempre que tenía un rato libre Symeon salía a explorar la ciudad junto con Taheem, y en una de esas batidas, al anochecer, un enorme revuelo en el puerto oeste les llamó la atención. Acudieron rápidamente, abriéndose paso a codazos entre la multitud. La expectación era causada por la delegación de Undahl, que por fin había llegado a Eskatha. El vestalense y el errante abrieron mucho los ojos y sintieron un vuelco en el corazón cuando vieron por fin a la comitiva ante sus ojos. La delegación de Undahl era encabezada por el príncipe Rakos Ternal, fornido, apuesto, de pelo moreno y barba aceitada, con una presencia que rivalizaba con la de Ilaith. Pero no era el príncipe el que levantaba tanto revuelo, sino sus acompañantes; detrás de él, con movimientos felinos y elegantes, caminaba ¡una elfa oscura! Su pelo rubio platino, sus ojos violetas y su tez olivácea no dejaban lugar a dudas. Lucía unos ropajes de cuero extremadamente ajustados (a juicio de Symeon aquellas hebillas debían de causarle un dolor considerable), un daga larga a un costado, y una especie de artilugio cilíndrico que despedía un brillo fosforescente al otro costado. Y por detrás de la elfa oscura, con el resto de la delegación, una figura enorme, de unos dos metros y medio de alto, llamaba aún más poderosamente la atención. Un humanoide enorme con cabeza de toro y una cornamenta amenazadora, rebufando mientras caminaba: un minotauro. Al parecer, Rakos había decidido revelar sin tapujos su alianza con el Cónclave del Dragón y, por ende, con la Sombra. Aquello anunciaba problemas, vaya si los anunciaba. Cuando, de vuelta en la sede, compartieron el episodio con el resto del grupo, todos se miraron cariacontecidos, pues aquello seguramente complicaría aún más las cosas...

Mientras tanto, Galad había acudido a su encuentro con Eudorya lejos de allí, en el puerto oriental. El paladín le narró toda la odisea desde que habían salido de Creä hasta su encuentro en Eskatha, que la muchacha escuchó con extrema atención, viviendo cada momento. Galad aprovechó para hablarle del conflicto ancestral de Luz y Sombra y de que estaban a punto de verse en medio de algo muy grande, algo que los superaba a todos, y le habló también de la importancia de Ilaith en dicha refriega. Las palabras de Galad calaron hondo en la mente de Eudorya, que incluso no pudo evitar temblar de temor ante lo que le decía; se abrazaron y se besaron, reconfortándose mutuamente, aunque los eunucos se apresuraron a separarlos. Eudorya confirmó por otra parte la excelente relación de Agiond con su padre, y le habló de las frecuentes visitas que Gisaus realizaba a los dominios del príncipe de Bairien, quizás excesivamente frecuentes... esta era una información que Galad juzgó importante compartir con el resto, y así lo hizo.

Ya reunidos todos, pasaron a discutir la conveniencia de reunirse con la delegación de Undahl, reunión a la que Daradoth se opuso radicalmente. Finalmente, decidieron no convocar ningún encuentro con ellos, y ya decidirían qué hacer en caso de recibir una invitación de su parte. Symeon volvió a acceder al Mundo Onírico para ver si algo había cambiado con la llegada de la Sombra a Eskatha, pero para su alivio no detectó nada fuera de lo normal.

La mañana siguiente se dirigieron a la sede de Mervan para reunirse con Nercier Rantor y su séquito. Mervan y Tarkal eran principados considerados muy parejos, pero Ilaith decidió tener la deferencia de acudir a su sede; Mervan, como ya sabían, era la espina clavada en su plan y así lo volvió a manifestar, sin ocultar el malestar que le provocaban sus intenciones. Según sus palabras, Nercier era un buen hombre y no le gustaba tener que utilizarlo como una marioneta; pero la lucha contra la Sombra exigiría muchos sacrificios, y el del príncipe de Mervan no sería el último.

Fueron recibidos correctamente por Nercier y sus acompañantes. El príncipe tenía lazos estrechos con Esthalia, pues sus ascendientes eran oriundos de aquel reino, y de hecho en su séquito abundaban los esthalios. Pero lo que más llamó la atención del grupo es que en la delegación mervanita también había ¡un errante! Symeon lo saludó con su fórmula ritual, contento y extrañado a la vez. El errante, que se hacía llamar Noelan de los ruevos ("ruevos" era el nombre de una caravana errante), le explicó que Mervan había acogido en sus tierras a un gran número de sus congéneres expulsados del Imperio Vestalense y rechazados por los barones de Élorend de Sermia. El acontecimiento había sido tan importante, que el príncipe había decidido incluir a uno de ellos en su séquito para exponer sus problemas en la Asamblea.

Nercier Rantor era un hombre sabio y cultivado, y su motivación era vivir una vida tranquila; no quería problemas con nadie. Desde que había subido al poder en Mervan el principado había experimentado una mengua de su poder, y aunque sus comerciantes no estaban del todo contentos, su pueblo vivía feliz. Yuria mantuvo una conversación larga e interesante con Velonya Wodrenn, una de las esthalias en la delegación, y tras ella sacó en claro que a esta no le gustaba nada lady Ilaith; no tenía claros los motivos, pero así era.

Pocas horas más tarde, un mensajero llegaba a la sede para informar de que había llegado a puerto una delegación del reino de Esthalia, compuesta por el duque Woderyan Estigian, su hijo Woddar, Alexann Stadyr (el hijo del marqués Alexadar, conocido del grupo), el cardenal Wadryck Pryenn y sir Garenn de Bayr, caballero de la orden Argion... ¿cuáles serían los motivos por los que habían acudido a Eskatha en plena Asamblea de los Príncipes?


miércoles, 22 de agosto de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 12

Asyra Sottran. El primer vuelo del Empíreo.
Los paladines de Davinios fueron recibidos con honores por parte de Ilaith y su corte. Se les asignó una antigua mansión reformada adecuadamente en el interior del primer anillo de la fortaleza, en la parte este de la colina, cerca de los paladines de Osara. Con palabras de agradecimiento, Davinios y Galad formalizaron un compromiso de alianza con lady Ilaith. Galad cedió el protagonismo a Davinios en la ceremonia pública, pues optó de momento por la discreción para no enemistarse frontalmente con la Torre; era posible que en algún momento del futuro tuviera que acceder al complejo o necesitar algún favor, y no era conveniente que le vetaran como habían hecho ya con su amigo recuperado. Galad y Davinios, empatizando por la situación, habían recuperado por fin su antigua amistad y eso hizo muy felices a ambos; no obstante, la cojera de Davinios permanecería como un recordatorio de lo que había sucedido en un pasado ya perdonado.

El Dirigible "Empíreo"


Cuando Symeon retornó de su viaje a la Gran Biblioteca, Ilaith convocó una reunión con todos ellos y su consejo. Trataron el asunto del Mundo Onírico y el ataque a que habían sido sometidos hacía tres semanas; el errante dio todos los detalles que pudo y Yuria enumeró los posibles efectos que el ataque había podido tener en el mundo de vigilia. Finalmente, Symeon aseguró que desgraciadamente, de momento no tenían los medios para hacer frente a aquellos ataques y lo único que podían hacer era confiar en la espada verdemar para rechazarlos. A continuación les explicó lo que había averiguado sobre la espada, que era una creación de Trelteran y su nombre era "La Espada del Dolor" o "Nirintalath". Este último era el nombre de un "espíritu de Dolor" que el kalorion había imbuido en tan bella arma. Daradoth rebulló en su asiento, incómodo por la revelación, y miró a los demás, que prestaban atención a las palabras del volodh. Symeon habló de cómo percibía él a Nirintalath en el Mundo Onírico y de lo peligrosa que era con sus "estallidos de Dolor", y afirmó que estaba consiguiendo acercarse más a ella, con lo que tenía la esperanza de que el espíritu rechazara los ataques de los esbirros de la Sombra hasta que ellos pudieran conseguir los medios necesarios para hacerlo por sí mismos. Acto seguido, les habló también de lo que había averiguado sobre la Espada del Profeta, y de su convencimiento de que no era en realidad la espada que había empuñado ra'Khameer.



A continuación, lady Ilaith pasó a tratar el tema de la asamblea de la Confederación en Eskatha, a la que deberían asistir en escasas tres semanas. Les explicó a todos sus planes para hacerse con la Corona de Aredia y convertirse en la más importante mandataria del continente con la intención de ayudar después a Daradoth en sus aspiraciones en Doranna. Sin embargo, primero habría que empezar por obtener el control de la propia Confederación de Príncipes Comerciantes y convertirlos en la fuerza principal de la Luz. El primer paso sería convertir a Ilaith en la Gerente de los Príncipes, rango que en la actualidad ostentaba Agiond Ónethas, del principado de Bairien. Les explicó que contaba con la cooperación de su hijo, Progerion Ónethas, y con la alianza de tres de los trece principados: Bairien (en caso de resolver la sustitución de Agiond por Progerion), Krül (de facto, Bairien y Krül estaban controlados por la familia Ónethas) y Korvan, cuya princesa, Karela Cysen, era una firme partidaria de las ideas de Ilaith. Esperaba una oposición firme de los principados de Nimthos, Ëvenlud, Trapan y Undahl, y una posición más neutral de Mírfell y Ladris. Por otro lado, los planes de Ilaith pasaban por la invasión de los principados de Adhëld, Armir y Mervan una vez que hubiera sido investida Gerente y contara con los apoyos suficientes. En concreto, Mervan era un punto sensible en su plan, pues Ilaith pretendía ganar su apoyo para luego invadirlo y utilizarlo para pactar con Semathâl; esto hizo sentirse muy incómodo a Daradoth. A Ilaith le constaba que Adhëld y Armir estaban negociando con el Cónclave del Dragón y traficando con kregora, con lo que sus invasiones estaban más que justificadas y contarían con el apoyo de Korvan; era posible que la princesa Karela supusiera una traba en el futuro si su ambición crecía, pero ya se encargarían de eso a su tiempo. Les informó de los otros principados que comerciaban con el Cónclave o con esclavos y con los que no deberían tener escrúpulos: Nimthos, Undahl y Ladris, además de los ya mencionados Adhëld y Armir. Les habló también de la casa Kenkad, y de su control sobre tres de los principados; Verthyran Kenkad, de Mírfell, estaría dispuesto a apoyar a Ilaith si sus otros dos primos caían en desgracia y obtenía sus títulos. La conversación sobre la situación política y como deberían afrontar las negociaciones con cada principado fue prolongada y bastante densa.


Una vez presentada la situación, se acordó la representación que viajaría con lady Ilaith hasta Eskatha: los propios Yuria, Galad, Daradoth y Symeon; maese Meravor; el enano Nezar; el mariscal Loreas Rythen; la habilísima política Delsin Aphyria; el experto negociador Ernass Kyrbel; la prima de Ilaith Keriel Danten; y sus guardianes el maestro de esgrima Khain Malabailos y la paladín de Osara Aznele Eneven. Dos bardos sermios acompañarían también a la comitiva, de incógnito, pues Ilaith no quería revelar tan pronto su as de Sermia. Evidentemente, el grupo que viajaría a la "capital" sería mucho mayor, pero esos serían los representantes de Tarkal en el hemiciclo (princesa y doce consejeros). Los paladines, Nezar y Daradoth darían cuenta de los "poderosos aliados" de Tarkal, y los políticos se encargarían de abrir el camino, para lo que la ayuda de Meravor sería valiosísima.

Una vez que Ilaith se hiciera con la Gerencia de los Principados, la siguiente fase del plan consistiría en cambiar el sistema de gobierno para convertirse en reina, o mantener el título de gerente pero otorgándole los poderes análogos al título de rey. Ilaith confiaba en tener para entonces la confianza de al menos tres cuartos de los principados, pero si se consideraba necesario, habría que considerar posibles nuevas invasiones.


Finalmente, Ilaith volvió al tema de los principados de Bairien y Krül y la sucesión "forzosa" con la que tendrían que ayudar a Progerion a hacerse con el título de su padre Agiond. La princesa de Tarkal tenía una misión para el grupo, pues no se fiaba de nadie más para llevarla a cabo. Les reveló que Progerion y ella mantenían encuentros frecuentemente. Además, el joven estaba prometido con una noble Sermia, Eferë Serastil, e Ilaith tenía las llaves para que aquel compromiso llegara a buen puerto gracias a sus relaciones con la nobleza Sermia. El caso era que Progerion afirmaba estar en posesión de una información que, debidamente tratada, podría provocar la caída en desgracia de su padre. Solo la revelaría en el momento en que se fuera a realizar alguna acción con ella, y ahí es donde entraba el grupo. Deberían reunirse con Progerion y seguir sus instrucciones para averiguar lo que fuera de aquel asunto. Cuando surgió el problema de mantener una comunicación más o menos frecuente, Daradoth sacó a relucir el búho de ónice que habían encontrado en las ruinas de Margen. Aunque le costó un par de días sintonizar con el artefacto, finalmente pudo cargarlo para poder comunicar con lady Ilaith en un radio de 600 kilómetros.

Afortunadamente, a pesar del retraso por la sintonización de Daradoth, el grupo contaba ahora con el Empíreo, el dirigible que había creado Yuria para facilitar sus viajes con el beneplácito de Ilaith. Para mantener la existencia de los dirigibles en secreto, viajarían a una altura segura, y seguirían una rutina de descensos y ascensos nocturnos en parajes despejados. El viaje hasta las inmediaciones de Tárkavel fue rápido y tranquilo, superados los primeros miedos a volar de algunos de los componentes del pasaje. Una vez allí, se reunieron con el apuesto Progerion en la casa solariega de uno de sus nobles de confianza, y este les informó de lo que sabía. Les habló de la conocida isla de Asyr Ethos en el principado de Undahl, que se consideraba un centro de placer y perversión donde la gente acaudalada podía hacer realidad sus fantasías. Algunos miembros del grupo ya conocían la existencia de esa isla, donde no todo lo que se llevaba a cabo satisfaría una moralidad media. Progerion entonces les reveló la existencia de una segunda isla, Asyra Sottran, en su propio principado de Bairien y cuya existencia su padre guardaba en un estricto secreto para un círculo de contactos muy selecto. A Progerion le constaba que las perversiones llevadas a cabo en Asyr Ethos no eran nada comparadas con las perpetradas en la isla de su padre. Si el grupo conseguía pruebas de la existencia de esa isla y de las depravaciones adecuadas, podrían conseguir que en la asamblea de Eskatha su padre abdicara en su favor, o bien que el propio hemiciclo nombrara forzosamente a Progerion nuevo príncipe de Bairien. El joven heredero les emplazó para informarles puntualmente de cualquier información que pudiera serles útil en su investigación en los días venideros; sin embargo, el hecho de que apenas bajaron del Empíreo los siguientes días, imposibilitó tales encuentros.





Los siguientes seis días fueron bastante caóticos. Se acercaron a una distancia segura de la isla, donde vieron un complejo parecido a una especie de monasterio enorme con un pequeño muelle de atraque a donde llegaban pequeños botes desde el continente. Dos barcos de guerra guardaban la isla en todo momento, alternándose en la guardia del muelle y las rondas alrededor de ella. Symeon accedió un par de noches al Mundo Onírico para observar la zona, y le sobrecogió la resonancia corrupta y malsana de Asyra Sottran en aquella realidad. Averiguaron que el acceso a la isla se realizaba desde un pequeño pueblo a unas cinco horas a caballo desde la capital Tárkavel, donde una flotilla de botes trasladaba a los clientes. Recorrieron los caminos desde la capital al pueblecito y la ruta marítima hasta la isla varias veces, hasta que finalmente, el sexto día de guardia tuvieron por fin la oportunidad que buscaban. Consiguieron seguir con éxito uno de los pequeños veleros que transportaba a algún cliente que volvía desde la isla al continente, y decidieron ejecutar un abordaje desde el aire. No fue fácil, pero finalmente Daradoth y Taheem accedieron a la embarcación de forma espectacular, el elfo con un salto sobrenatural y Taheem descendiendo ágilmente por una cuerda. La tripulación no planteó problemas para los dos expertos espadachines y los pivotes de ballesta lanzados por Galad y Yuria, que se deshicieron de dos de los guardias limpia e inmediatamente. La tripulación de marineros se rindió en pocos segundos, algunos de ellos tirándose al mar, aterrados por el espectáculo del abordaje del dirigible y la caída de los guardias.

En el camarote de popa viajaba un comerciante del principado de Mírfell al que le horrorizaba la idea de dar alguna información sobre la isla a aquellos extraños. Pero un poco de intimidación y de daño físico (¡aplicado por, entre otros, Symeon!) consiguió que soltara la lengua. Todos se miraron horrorizados cuando el bastardo afirmó que había acudido a la isla a darse un banquete de carne de bebé. Daradoth se sintió tentado de atravesarlo con la espada, pero la mano de Taheem en su hombro lo tranquilizó. Tras escuchar algunas de las depravaciones que se llevaban a cabo en la isla, todos coincidieron en que era necesario deponer a Agiond y para ello transportarían a aquel malnacido hasta Eskatha, para que diera su testimonio y quizá poner en la picota al actual gerente.

Después de trasladar al comerciante (que decía llamarse Suarren) al Empíreo, llevaron el barco a una playa remota donde lo barrenaron y dejaron a los marineros, que previsiblemente no serían rescatados hasta dentro de unas semanas. Daradoth informó a lady Ilaith de sus logros a través del búho de ónice, y esta les emplazó a reunirse en Sugelia, una pequeña ciudad al noreste de Eskatha, donde planificarían su curso de acción.


viernes, 10 de agosto de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 11

El Dirigible. Encuentro con Davinios.
El grupo se separó por primera vez en mucho tiempo. Galad, Daradoth y Taheem embarcarían hacia Margen para encontrarse con Davinios, entregarle la carta que lady Ilaith había escrito para él e intentar ganarlo para la causa. Faewald les acompañaría, pero quedaría en Ústurna para encontarse con el marqués de Strawen, relatarle el viaje y concertar una posible reunión para tratar el tema de la Kothmorui, la Daga Negra de la Sombra.

Symeon partiría con una pequeña escolta hacia la Gran Biblioteca de Doedia para investigar más sobre las espadas que guardaba Ilaith y el Mundo Onírico. No sin antes prometer que volvería cada noche para vigilar el mundo onírico alrededor de Tarkal.

Yuria, mientras tanto, se quedaría en Tarkal para trabajar en el diseño del dirigible, que Ilaith juzgaba de extrema urgencia (los dirigibles serían impagables como exploradores y transportes de logística). También seguiría entrenando a las tropas y desarrollando tácticas durante unas semanas agotadoras en las que apenas dormiría. La ercestre se reunió por fin con el equipo de ingenieros que Ilaith había reunido, entre los que destacaban los jóvenes Eucildes y Sebastien, el más maduro Aertenao, el casi anciano Barian Tagar y los enanos Tekhran y Hêttrod. Eucildes y Sebastien probaron ser una ayuda crítica, y la primera versión del dirigible estuvo ultimada en apenas dos semanas; la prueba fue todo un éxito y lady Ilaith sonrió complacida, haciendo un gesto de asentimiento hacia Yuria. Además, en la primera semana, Eucildes se encontró en una reunión privada con Yuria; el joven había estado trabajando en unas ideas en relación con el metal nuevo que había descubierto la Confederación de Príncipes Comerciantes, y que llamaban Kuendar (material que componía la espada que Tarkal había regalado a Daradoth). Combinando el metal con las runas de los enanos y algunos diseños ercestres, el joven afirmaba que serían capaces de producir armas (cañones y balas explosivas) que llevarían la destrucción a varios kilómetros de distancia, hasta 15 según él. Yuria le dirigió una mirada muy apreciativa; Eucildes debía de haberse ganado sin duda el respeto de Tekrhan y Hêttrod si le habían permitido acceder a la información que figuraba en sus papeles en lo que respectaba a sus runas. Por supuesto, Yuria encargó a Eucildes hacer copia de todo aquello y guardarla a buen recaudo; aún hacía falta pulir muchos detalles, pero la idea era extraordinaria.

El viaje de Symeon a través de la Confederación y el Reino de Sermia transcurrió sin incidentes reseñables. Pero el quinto día de viaje, apenas avistada la frontera con Sermia, Tarkal recibió un ataque a través del Mundo Onírico. El poder de los atacantes era enorme, lo que hizo sospechar a Symeon de que algún kalorion se encontraba entre ellos. Intentó defender la ciudad, pero un "estallido de dolor" presuntamente provocado por la espada verdemar le obligó a volver al mundo de vigilia, donde los guardias que le acompañaban velaban su sueño. Envió a uno de sus acompañantes a Tarkal con un mensaje para avisar del ataque. El mensajero llegaría varios días después con las noticias, pero poco podrían hacer en la ciudad; afortunadamente, parecía que por el momento la espada verdemar había rechazado la amenaza.

Pocas jornadas después, Symeon se quedó anonadado cuando pudo contemplar de cerca la Casa de los Héroes, el centro de la religión Sermia, con las maravillosas (y enormes) estatuas de los héroes de la antigüedad que se erguían sobre un complejo que abarcaba varios kilómetros cuadrados en lo alto de una estribación de los montes Darais. Pocos días más tarde, a muchas leguas de distancia pudo visualizar sobre el horizonte las siluetas de las Torres Eternas, construcciones de varios kilómetros de altura que nunca fueron terminadas y cuyo origen se perdía en la bruma del pasado.  Finalmente, tras un viaje de unos diez días, llegó a Doedia y a su Gran Biblioteca. Nunca el epíteto "Gran" había sido tan adecuadamente utilizado. La Biblioteca constaba de una sucesión interminable de edificios de estilos muy diversos y se encontraba controlada por un cuerpo de trabajadores llamados "Bibliotecarios". Sin su ayuda, uno podría perderse en la Biblioteca y nunca encontrar la salida; no digamos ya encontrar cualquier libro. 

Cuando el errante llegó al complejo, se encontró con Svadar, uno de los Grandes Bibliotecarios al que Faheem, el vestalense que se encontraba con los errantes en el desierto de las Arenas de Prator, le había recomendado que se dirigiera. Symeon le repitió las palabras clave que Faheem le había dicho, y después de charlar un rato, el errante obtuvo un anillo para el libre acceso a la Biblioteca durante su estancia allí.
En apenas diez días, Symeon pudo encontrar información sobre la espada verdemar: según los libros que consultó, la espada era en realidad la llamada Espada del Dolor, también llamada Nirintalath. Averiguó que Nirintalath no era sino un espíritu de otra realidad que había sido imbuído por el kalorion llamado Trelteran en el arma. Así que la joven que había visto en el Mundo Onírico no debía de ser otra cosa que la manifestación de ese espíritu. Sobre la otra espada obtuvo algo menos de información; pero varios autores coincidían en que la espada de los Santuarios de Creä no era en realidad la espada que había esgrimido el profeta ra'Khameer; todos los autores hacían referencia a otro erudito (un tal Ameer ra'Saar ra'Alkher) como prueba de tal afirmación, pero Symeon no pudo encontrar ninguna obra escrita por este último. Tuvo que volver, pues el tiempo ya apremiaba. El viaje de Symeon se alargaría durante treinta días en total.

El viaje a Margen se alargó durante 12 días, incluyendo la parada en Ústurna para que Faewald desembarcara. Una vez allí, se dirigieron sin tardanza a la mansión de lady Ergwyn, como había indicado Davinios en su misiva. Ergwyn era una mujer entrada en años, y se sorprendió cuando Galad le mostró la carta de lady Ilaith; no tardó en enviar a alguien en busca de Davinios. Además, la mujer se quedó anonadada cuando reconoció un elfo viajando con el grupo; la curiosidad la invadió y lo bombardeó a preguntas, y a pesar de su reticencia, Daradoth intentó responder de la forma más amable posible sin darle ninguna información sensible. Por la noche, el elfo salió a explorar la ciudad; Margen era una antigua colonia élfica y pudo descubrir algunos restos y signos que la delataban como tal. Uno de los puentes todavía se conservaba con el estilo élfico original. Pero aparte de eso, no pudo encontrar nada "de interés".

La mañana siguiente hicieron acto de aparición Davinios y otros cuatro paladines, ataviados con ropajes discretos. El paladín exiliado abrió mucho los ojos al reconocer a su antiguo amigo; palabras amargas salieron de sus labios, pero la sinceridad y emotividad de Galad vencieron su resistencia y acabaron estrechando sus antebrazos y sonriéndose. Superados los resquemores iniciales, Davinios procedió a explicar la situación de la Torre Emmolnir a Galad: muchas habían sido las causas de la discordia, pero las más importantes eran que los paladines habían vetado la entrada de mujeres en sus filas y el enriquecimiento obsceno de la cúpula de la hermandad. A Davinios le constaba incluso que algunos de los dirigentes de la orden (¡el Gran Maestre entre ellos!) ya no eran capaces de canalizar el poder de Emmán; no quería imaginar las irregularidades que habían cometido para amasar sus riquezas. Galad se resistió a creer todo aquello inicialmente, pero todos los compañeros de Davinios corroboraron sus palabras y no tenían motivos para mentir, así que no tuvo más remedio que aceptar el relato de su amigo. Finalmente, se acordó que trasladarían a los paladines a Tarkal para trabajar en colaboración con lady Ilaith si era necesario. Así que Davinios y los demás condujeron al grupo a unos antiguos santuarios élficos en los bosques del sureste de la ciudad donde se encontraba el resto de sus compañeros. Poco antes de llegar a las ruinas, Galad y Daradoth no tardaron en sentir el poder latente en el lugar; los santuarios podían haber perdido su antiguo esplendor, pero los hechizos antiguos todavía permanecían en la zona. Treinta y tres paladines (además de varios iniciados y novicias no reconocidas por la Torre) acompañaban a Davinios en su exilio; habían improvisado un refugio en los antiguos santuarios que por lo menos los mantenía secos y calientes. Entre ellos se encontraba uno de los maestros de novicios de Emmolnir, Eryan Dergaen, que había adiestrado al propio Galad y a quien este respetaba en grado sumo. Cuando Eryan corroboró las palabras de Davinios en lo referente a la corrupción en la Torre, las pocas dudas que Galad pudiera albergar todavía sobre el asunto fueron despejadas. El maestro confirmó que el Gran Maestre ya no podía canalizar directamente el poder de Emmán, aunque sí podía seguir utilizando los artefactos que correspondían a su cargo, con los que disimulaba su incapacidad. Llegado un punto, Galad pudo ver cómo las novicias eran adiestradas por uno de los paladines, y con esfuerzo consiguieron concentrarse lo suficiente para crear una esfera de luz. Ese hecho hacía evidente que Emmán también proporcionaba su favor a las mujeres, con lo que estas eran también dignas de vestir los hábitos de la orden; otra afrenta más por parte de la Torre a la voluntad de su dios. Galad sonrió con tristeza, destrozado por la pérdida de su confianza en sus superiores.

Búho de ónice
Un leve pico de poder llamó la atención de Daradoth mientras sus compañeros se encontraban departiendo con los paladines. Tras despejar la zona de escombros, descubrieron el acceso a una cripta subterránea que parecía haber sido saqueada; lo único que quedaba era una mesa de mármol redonda en el centro de la estancia y una estatuilla de ónice con forma de búho en su centro. Varios huecos se adentraban en la pared alrededor de toda la sala, huecos que parecían haber albergado algo en su interior, pero ahora vacíos. Daradoth envolvió respetuosamente el búho en una tela y se lo llevó. Más tarde averiguaría que se trataba de un artefacto de comunicación que habían usado los antiguos sacerdotes elfos.

El traslado de los paladines se llevó a cabo rápida y discretamente. Al cabo de unos días, el Raudo llegaba de nuevo al puerto de Ústurna, donde ya esperaba Faewald. El esthalio les confirmó que efectivamente se había podido reunir con el marqués de Strawen y que la situación no había cambiado en los meses que habían pasado; había en Esthalia una calma tensa con respecto a los vestalenses, y les transmitió las sospechas de Strawen de que el rey Randor les asignara una misión obviamente suicida, lo que secundaba las sospechas del propio Faewald. Strawen había quedado a la espera de noticias del grupo.

Durante los últimos diez días del mes de viaje de sus compañeros, Yuria generó otro dirigible con capacidad  para 14 personas. Según sus cálculos, tenían  tela ignífuga suficiente para la construcción de tres dirigibles con capacidad para 14-15 personas. Ilaith ya había enviado una caravana para conseguir mucha más tela de aquella. Y según Yuria, a aquellas alturas, el grupo de ingenieros ya podría trabajar por su cuenta para intentar construir un dirigible que permitiera el transporte de varias toneladas de material o varios centenares de soldados. Pero para ello necesitarían a los enanos que viajaban con Meravor, Narak y Zandûr.

miércoles, 4 de julio de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 40

En Busca de Derek (II)
El día siguiente, Sigrid y Robert se reunían con Judith Steiner en una cafetería del centro comercial donde la israelí los había citado. Esta no se sentó en la misma mesa que ellos, sino en una cercana, de espaldas. Cualquier precaución era poca, afirmaba, aunque creía que había esquivado cualquier tipo de vigilancia de la que fuera objeto. Era evidente que Robert estaba tenso con la situación, padecía a todas luces por Judith. La mujer les contó que se encontraba trabajando en un proyecto de gran entidad para una empresa rusa con sede en Polonia llamada Vitaria Inc. Como ya sospechaban y más tarde averiguarían, Vitaria era una empresa con multitud de vínculos con UNSUP; su central estaba en Moscú, y su negocio principal era la fabricación de armas, aunque su negocio se había diversificado a labores logísticas y producción farmacéutica y bioquímica. Judith trabajaba bajo varias empresas intermediarias que ponían en contacto a BioGenser con el centro de investigación de Vitaria en Krakovia. Según les contó, estaba investigando en el efecto de ciertos compuestos sobre la vida útil de células hipermetabolizadas. Y lo que era mucho más importante, Judith les aseguró que podía afirmar que en la sede de Krakovia la empresa rusa había recibido un par de envíos de una "nueva sustancia" y que se trataba sin duda de la sustancia que Georg Lazárev proporcionaba a Robert. Este se sorprendió al oir aquella revelación, pues no tenía ni idea de que Judith conociera la existencia de aquel elemento, pero le reafirmó aún más en su confianza hacia la israelí.

Judith Steiner
Cuando Robert ofreció su ayuda a Judith para sacarla de allí, esta lo rechazó con amabilidad; al fin y al cabo, allí tenía una buena vida aunque sospechara de estar trabajando en un asunto turbio. Ella también les ofreció su ayuda y les pidió que si era posible la mantuvieran informada. Con palabras dubitativas por parte de Robert, se despidieron de la bioquímica y comenzaron a organizar su próximo movimiento.

Una investigación un poco más a fondo sobre la empresa rusa reveló algo que llamó la atención de Sally y Tomaso: Vitaria había adquirido hacía aproximadamente un lustro un sanatorio mental en Krasnoyarsk, en la Rusia central. Discutieron cuál debería ser su próximo movimiento, con las opciones de Krakovia, Moscú o la propia Krasnoyarsk, y finalmente decidieron trasladarse a Polonia.

Mediante los contactos de Tomaso y de Robert consiguieron averiguar que el hombre con el que deberían entrevistarse para hacer "tratos" con Vitaria no era su director general ni su gerente, sino el propio embajador de Rusia en Polonia, Vitali Shevchenko. Evidentemente, el embajador no se iba a manchar las manos, así que el contacto debería ser el subdirector de la embajada, Nikita Mikhailov. Ellos eran los que realmente controlaban el centro de Vitaria en Krakovia.

A pesar de los muchos intentos de Robert por contactar con Mikhailov, le fue imposible hacerlo por multitud de imprevistos, así que afrontaron el contacto de otra manera: por lo que habían podido averiguar, Vitali Shevchenko era un fanático de las antigüedades sumerias, así que Sigrid se puso manos a la obra. Afortunadamente, en su almacén de Madrid tenía unos cuantos objetos sumerios entre los que se contaba una tablilla bastante valiosa. María la envió a través de la empresa de distribución de John Tradtford, y en menos de 24 horas ya obraba en poder de Sigrid.

A las pocas horas de poner la tablilla a la venta en el entorno de Varsovia, el embajador mordió el anzuelo y Sigrid recibió la llamada de una tal Ingrid Ivánova, que, aunque reticente a dar el nombre de su representado, se hizo evidente que llamaba en nombre de Vitali Shevchenko.

A las pocas horas se reunían con Ingrid en una biblioteca pública Sigrid, Esther, Patrick y Tomaso. Se trataba de una muchacha joven con ascendencia rusa y sueca, y se mostró bastante intimidada por el número y aspecto de sus interlocutores; ella, aparentemente, acudió sola. Tras evaluar la tablilla tendida por Tomaso, la joven lanzó una oferta de veinticinco mil dólares; pero Sigrid la rechazó, alegando que la dejarían gratis si conseguían reunirse con el subdirector o el embajador (dando a entender que era por asuntos de negocios que incluían la compra de armas). Ingrid los miró intrigada, y contestó afirmativamente, pero alegando que su comisión era de cinco mil dólares. Por supuesto, se los pagaron; con una sonrisa, la muchacha se despidió prometiendo llamarles en cuanto consiguiera algo y mantener el contacto con Sigrid.

El día siguiente, la anticuaria recibía una llamada citándolos en un hotel de las afueras con el subdirector de la embajada, el señor Mikhailov. Causalmente, la cadena de hoteles donde los habían citado pertenecía al conglomerado de UNSUP, pero queriendo pensar que solo se trataba de una casualidad, decidieron acudir. En una de las suites del último piso, bajo una fuerte pero discreta vigilancia, les esperaba sentado a una mesa el subdirector Nikita Mikhailov acompañado del jefe de producción de Vitaria-Krakovia, Ilya Yurkov.

Tras disimular unos minutos y mostrar interés por comprar armas para un pequeño ejército privado que operaría en África, enseguida sacaron a colación la posibilidad de hacerse con una "nueva sustancia de la que habían oído hablar". El subdirector se incorporó en su asiento, mirándolos con suspicacia. Se interesó sobremanera por la fuente que les había hablado sobre aquella sustancia, pero en realidad no insistió demasiado antes de consultar con Yurkov y, tras vencer las lógicas dudas gracias a la elocuencia de Patrick, llegar a un acuerdo con el grupo. Podrían proporcionarles (fuera de los circuitos habituales, por supuesto) unos cinco gramos de la sustancia rojiza (suficiente para unas cien dosis de Polvo de Dios) a cambio de dos millones de dólares. Yurkov insistió en que se trataba de un secreto de estado y que le parecía un precio demasiado pequeño, pero Mikhailov lo silenció con un gesto.

Tras discutir en el baño la decisión a tomar, el grupo decidió que aceptarían la oferta pero pondrían la excusa de que necesitarían unos días para reunir el dinero necesario. Eso les daría cierto margen de maniobra y la posibilidad de escapar si el negocio se torcía. Además, a los dos millones del komerievo había que sumar también el millón y medio de dólares que Robert había encargado como tapadera para su verdadero interés. Con un apretón de manos y la promesa de volver a verse, se despidieron de los rusos.

Por supuesto, les sería imposible reunir tal cantidad de dinero ahora que sus cuentas estaban bloqueadas, así que decidieron adoptar una solución drástica: después una vigilancia intensiva durante un par de días, consiguieron tender una emboscada a Ilya Yurkov mientras se desplazaba en su vehículo. Y no se andaron con remilgos; Yurkov fue interrogado sin piedad y castigado por Tomaso. Y por fin, después de varias horas de resistencia, el jefe de producción de Vitaria les reveló que "la Sustancia C" había empezado a llegar tras conseguir los servicios de un ruso desconocido para él, y que aunque los envíos hacia Krakovia se hacían desde la ciudad de Krasnoyarsk, él sabía de buena tinta que el polvo rojizo procedía de algún punto cercano a un lago en la región de Tunguska, donde en 1908 había sucedido un evento inexplicable.

Entre tanto, Derek vivía una y otra vida, y su trauma del Yo se acentuaba de tal manera que ya no era capaz de distinguir quién era realmente...

jueves, 14 de junio de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 39

En Busca de Derek
Antes de recurrir al viaje a Canadá, decidieron investigar todo lo posible en Burdeos y haciendo uso de los contactos de Tomaso, que les proporcionaron un par de placas de policía y un cerrajero, pudieron entrar al apartamento de Pierre Nicholas.

En el interior del apartamento todas las luces estaban encendidas, incluso sin haber nadie en casa. Había muy pocos muebles y pocas sombras en general. Después de una búsqueda muy larga, consiguieron encontrar una llave en el forro del fondo del único sillón del salón; pasarían las siguientes horas investigando qué podía abrir aquella llave.

Mientras tanto, aprovecharon para entrevistarse con los propietarios de los despachos anexos al despacho del profesor Nicholas, pero estos no pudieron proporcionar ninguna información relevante. Pierre Lesnes ofreció por su parte una alternativa: sus poderes le podrían permitir soñar con una posible solución al problema de Derek. El único problema era que necesitaría tres días para poder obtener la carga necesaria para poder llevar a cabo el ritual. Eso daría algo más de tiempo al grupo para poder investigar.

Patrick avisó a la CCSA de la desaparición de Derek, y Sigrid informó a Anne Rush.

Cuando un cerrajero les informó de que la llave que habían encontrado en el apartamento del profesor era sin duda de una caja de caudales, volvieron allí. Y efectivamente, después de otra larga búsqueda, encontraron la susodicha caja en el doble fondo de un armario empotrado. En el interior de la caja había sobre todo fotos. Fotos del profesor en Canadá junto al doctor Abornaz Hawk y otra gente en actitudes dispares, y fotos del monolito que el grupo ya conocía bien; las fotos del monolito estaban en su mayoría borrosas o desenfocadas. Se les pusieron los pelos de punta cuando se dieron cuenta de algo: en una de las fotos donde Nicholas aparecía con Abornaz y otros tres nativos americanos, un pequeño punto negro empezó a expandirse. Nunca lo vieron cambiar, pero entre un vistazo y otro de la foto, el punto cada vez parecía ser un poco más grande y formar una especie de sombra humanoide que se acercaba hacia el primer plano, hacia el profesor Nicholas.

Patrick decidió llamar al hijo de Abornaz para que intentara hablar con él, le mencionara las fotos e intentara sonsacarle alguna pista sobre lo que estaba ocurriendo. El día siguiente, el doctor Hawk hijo les llamó para decirles que efectivamente había hablado con su padre, y que este solamente había dicho cosas sin sentido; pero había hablado por primera vez en mucho tiempo y que entre otras cosas había dicho algo así como: "están buscando a Pierre", "deben impedir que vaya a buscarla", "ya no está con nosotros" o "nunca debió haber salido de su vida".

En la caja fuerte también encontraron varios manuscritos escritos en francés, que Sigrid y Esther tuvieron que estudiar con Pierre. Tras leer un montón de cosas que no parecían tener sentido y que eran bastante inconexas, al fin comprendieron: parecían recuerdos de distintas vidas, pero casi con seguridad vividas por la misma persona: Pierre Nicholas. Según decía en uno de los manuscritos, debía escribir todo aquello para evitar olvidarlo, como inevitablemente iba a pasar.

También encontraron una carta de Abornaz, en la que informaba a Pierre que "las protecciones no eran tan efectivas como habían pensado", pero que "afortunadamente reducían la entropía".

La última cosa que encontraron en la caja fue un pequeño tetraedro negro algo irregular. Cuando Tomaso lo cogió, cayó inconsciente inmediatamente. Afortunadamente, el temor por su vida fue fugaz porque enseguida se dieron cuenta de que respiraba con normalidad y su corazón seguía latiendo. Patrick guardó con extremo cuidado la piedra en una caja, sospechando que su verdadero origen era análogo al del monolito de Quebec.

Tras varios días y una vez recuperado Tomaso, los pelos de Patrick se erizaron cuando se dio cuenta de que en una de las fotos del monolito que previamente habían estado borrosas, se había empezado a formar un rostro a base de manchas en la imagen; todos coincidieron en que la faz que se estaba dibujando era la de Derek, pero envejecida por unos años. Se miraron preocupados.

Finalmente, Pierre Lesnes hizo uso de sus capacidades de Magia Posmoderna para inspirar su sueño. Por la mañana pudo relatar al grupo lo que recordaba: un vikingo rojo, Patrick sosteniendo el tetraedro y al grupo al completo en la mansión. El vikingo rojo era sin duda una referencia al Polvo de Dios (ya que Robert lo utilizaba en sus distribuciones; por otro lado, qué casualidad que se correspondiera con el líder de los vikingos que habían llegado a Canadá), y el resto de visiones eran bastante evidentes, más de lo que Pierre habría creído posibles.

Las revelaciones del oniromante lo cambiaban todo. Si rescatar a Derek requería hacer uso del Polvo de Dios, lo que necesitarían es restaurar el suministro de komerievo que Robert recibía desde Rusia. Y siguiendo las indicaciones del empresario, lo primero que deberían hacer era viajar a Tel Aviv para contactar con Judith Steiner, la única persona que Robert conocía que podría darles alguna información sobre Georg Lazarev. Por la forma en que Robert hablaba de Judith, no pudieron evitar notar que sentía algo por ella.

Informaron de todo a Anne Rush y esta no pudo por menos que darles el visto bueno para el viaje, y además les financiaría la mitad de todo. Hablaron también con Dulce (que llamó a Patrick al no poderse hacer con Derek) sobre la desaparición del director de la CCSA y la necesidad que tenían de ayudarle, y la portuguesa, mostrándose preocupada, preguntó si podría ayudar en algo; Patrick respondió negativamente, y ella se ofreció a estar disponible si la necesitaban en algún momento... parecía sincera... ¿o no? Con Dulce era siempre difícil estar seguro. También informaron a Christine, la encargada de la CCSA en ausencia de Derek, esta vez con un poco más de detalle sobre dónde podrían encontrarlos.

El viaje a Tel Aviv fue rápido y sin incidencias, y una vez allí lo primero que hicieron fue seguir discretamente a Judith durante un día entero para asegurarse de que nadie la seguía o los esperaba a ellos. Lo que realmente preocupó al grupo fue que Judith resultó ser bioquímica y que trabajaba en un laboratorio llamado BioGenser. Y el laboratorio era propiedad de una empresa llamada Innovative Projekte, participada por un holding franco-ruso-alemán-polaco-israelí controlado por UNSUP. Este descubrimiento los llenó de dudas respecto a la israelí, por lo que decidieron ser extremadamente cuidadosos. La siguieron a su trabajo, a su domicilio y a varios sitios más hasta que finalmente, decidieron abordarle en un centro comercial. Patrick consiguió distraer al hombre que la acompañaba (presuntamente su pareja), y Robert se encontró con ella. No le dio tiempo a decir demasiado, porque Judith miró disimuladamente a su alrededor y enseguida le advirtió que no era seguro que hablaran allí; se intercambiaron los números de teléfono discretamente y a los pocos minutos, Judith le pasaba un punto de encuentro en un centro comercial del centro de Tel Aviv.

Mientras tanto, Derek continuaba viviendo, acumulando recuerdos y cayendo cada vez más en el trauma de la pérdida...


viernes, 1 de junio de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 38

Pierre Nicholas. Derek desaparecido.
Patrick y sus compañeros revelaron de manera detallada toda la información que habían conseguido sobre los Nacidos Relevantes y el Círculo Neosuabo en Villatrinidad. El antiguo profesor también relató emotivamente su relación con una de las niñas secuestradas, lo que hizo que su audiencia empatizara al instante con él. Todos los presentes rebulleron e intercambiaron miradas a medida que el grupo iba revelando información tan detallada como las coordenadas geográficas donde deberían buscar a los Relevantes. Anne Rush no pudo por menos que felicitarlos y volver a insistir en lo valiosos que serían para los Hijos de St. Germain.

Poco tiempo después, el grupo se reunía con Anne y con el "comité de Operaciones" para decidir las acciones a realizar. Su entrada en la cábala se había producido sin duda por la puerta grande, y se podían detectar miradas apreciativas hacia ellos en todos los presentes. Tras decidir dar preferencia a las coordenadas en Asia, los Hijos contactaron con sus hermanos orientales para poner en marcha la operación. En la reunión conocieron al americano John Tradtford y su aparente secretaria, Andrea, que se encargaban de suministrar a los Hijos de St. Germain en Europa; les hizo memorizar un número de teléfono donde podrían pedir ayuda en cualquier punto de Europa, y les recomendó que si se encontraban en algún momento fuera del continente, buscaran una agencia de FedEx con el símbolo de una flor de Lys en la puerta o en la placa.

El grupo pasó la siguiente semana bastante ocupado siendo iniciado en diversos rituales y adiestrado en la detección de los signos que delataran a los Avatares y Dioserrantes.

Transcurrida la semana, los Hijos, bajo la dirección de Anne Rush y la ayuda del grupo, realizaron un ritual para intentar localizar a Lupita, la ahijada de Patrick. El ritual tuvo aparentemente un éxito absoluto, y consiguieron un lugar exacto en las afueras de Florianápolis, una ciudad al noreste de Brasil. Casualmente, AIFC resultó tener una delegación en aquella ciudad, así como varias empresas relacionadas con UNSUP y WFC.

Decidieron que acudirían a Brasil después de reunirse con Dulce da Silva en Lisboa, y convencieron a Anne de que la portuguesa seguramente tenía información que les sería de gran utilidad, así que les dio el beneplácito para seguir aquel curso de acción acompañados de Pierre Lesnes, el oniromante.

Antes de viajar a Lisboa decidieron realizar una pequeña parada en Burdeos para visitar al profesor Pierre Nicholas, el antiguo compañero del doctor Abornath Hawk, que había estudiado a la tribu de los Abenaki en Canadá. No tardaron en localizar su despacho en la Universidad, y aún menos en percibir su estado de extrema suspicacia rayando en la paranoia. Aunque al principio se resistió a dejarles pasar, finalmente Patrick, Sigrid y Derek pudieron acceder a su despacho (mencionando que venían de hablar con los Hawk) mientras Tomaso y los demás esperaban fuera; lo primero que les llamó la atención fue la cantidad de lámparas que iluminaban cada rincón de la estancia y lo rápido que Pierre pasó el pestillo de nuevo para cerrar la puerta.

Durante la conversación que siguió, Nicholas no cesó de mirar alrededor, mencionando las "sombras" y que ellas eran la razón por la que tenía todas aquellas lámparas. En su momento, allá en Canadá, las sombras habían matado a todo el mundo y Abornath no había querido verlo. Su propia esposa murió a manos de ellas. De los "Guardianes", tal como dijo Sigrid. Y Pierre Nicholas recordó algo. Se estremeció, y una corriente de aire gélido hizo temblar a todos los presentes, apagando un par de lámparas. Varios libros empezaron a caer de las estanterías, como si alguien los fuera empujando desde el otro lado (algo imposible, pues estaban contra la pared). Nicholas comenzó a sollozar y a decir cosas inconsistentes: "¡los guardianes éramos nosotros!", "vimos un Universo", y sobre todo, "¡Vivimos mil vidas! ¿No comprendéis? ¡Vivimos MIL VIDAS!". Era como una letanía, y en un momento dado comenzó a gritar. La sala ya estaba prácticamente a oscuras, y aunque sigrid intentó abrir las persianas, no lo consiguió. La anticuaria notó que algo la tocaba en la espalda, pero al girarse no vio nada; Patrick sintió un momento de ahogo y un escalofrío, y Pierre Nicholas cayó al suelo chillando y temblando. Derek reaccionó rápido; llamó a pleno pulmón a Tomaso y este reventó la puerta; entre los dos sacaron a todos de allí, tanto al profesor como a Sigrid y Patrick, que debido a los escalofríos habían caído al suelo inconscientes.

Mientras el resto del grupo atendía a Sigrid y a Patrick, Derek ayudó al profesor Nicholas a caminar fuera del edificio, donde brillaba un sol radiante. El francés caminaba renqueante con el brazo sostenido sobre los hombros del americano, pero aun así consiguieron llegar enseguida a la puerta, que atravesaron. Y Derek miró alrededor, sin comprender. Hacía un momento, desde el interior del edificio, había visto el sol de otoño en el exterior, y sin embargo ahora hacía frío y no había ni rastro de sol. La luna brillaba en lo alto, presidiendo la noche estrellada. La puerta del edificio del que había salido estaba cerrada, y no solo eso, la universidad entera parecía en ruinas. Pierre pareció calmarse un poco, al menos, pero enseguida vio algo a lo lejos y echó a correr, instando a Derek a hacer lo mismo. El paisaje alrededor era dantesco, y a lo lejos podía verse una sombra amenazadora que se acercaba. Derek corrió tras el profesor, recorriendo el campus destrozado y sorprendiéndose de ver cadáveres aquí y acullá. Mirase donde mirase había cadáveres, prácticamente ya sin carne sobre los huesos. Salieron del campus, y pudieron escapar de un par de sombras más hasta que finalmente se refugiaron en un pequeño cobertizo. Pasaron un buen rato allí recuperando el aliento hasta que escucharon un ruido cerca; se pusieron en guardia, pero el origen del ruido resultó ser una joven vestida de oscuro que les hizo gestos para que callaran y se tranquilizaran; les indicó que les siguiera y les llevó hasta un complejo subterráneo donde los humanos parecían haber organizado una especie de resistencia contra las sombras que habían aparecido varios años atrás. Pasaron los días, las semanas y los años, y Derek terminó enamorándose de la muchacha y casándose con ella; tuvieron dos hijos preciosos y vivieron lo mejor que pudieron hasta que Derek y su mujer cayeron víctimas de una emboscada de las sombras veinte años más tarde; murieron abrazados.

Por la noche, Derek se encontraba de nuevo en la puerta de la universidad ayudando a Pierre Lesnes. ¿Toda aquella vida no había sido real? Las lágrimas afloraron a sus ojos, sintiendo que le habían arrancado una parte de su ser. En esta ocasión, ayudó a Pierre a llegar a la carretera fuera del campus, y sonó un disparo. La cabeza de Pierre reventó como un melón; Derek echó a correr hasta llegar a una solitaria granja. Pasaron las semanas, los meses y los años, y el americano siguió solo, sobreviviendo a base de verduras cultivadas por él mismo y echando a los extraños subhumanos que intentaban robarle. Murió solo una noche de verano.

Y de nuevo volvía a estar en la puerta de la universidad con Pierre Nicholas. Su Yo empezó a resentirse por tan brutal experiencia.

*****

Mientras tanto, Tomaso y los demás habían notado ya la ausencia de Derek y Pierre, y habían estado buscándolos durante varios días, sin éxito. Tras hablar con varios testigos de la desaparición, comenzaron a pensar en una explicación sobrenatural para ella, y finalmente cayeron en la cuenta de la letanía de las "mil vidas" que había mencionado el profesor Nicholas. Patrick propuso ir a ver al doctor Hawk a Canadá como única alternativa que se le ocurría para encontrar a Derek.






jueves, 17 de mayo de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 10

Acuerdos. Las Espadas.
Lady Ilaith también manifestó su deseo de que Symeon se quedara en Tarkal como guardián del Mundo Onírico de la ciudad.

A continuación tuvo lugar una nueva acalorada conversación del grupo en su totalidad. Daradoth expresó su desacuerdo en aceptar las ofertas de Ilaith, pero el resto del grupo no vio otra opción y decidió aceptarlas. Poco después se reunían de nuevo con la princesa en palacio para mostrar su aquiescencia. Symeon puso algunas condiciones sobre la libertad de movimientos de sus compañeros y él mismo, y tras llegar a un acuerdo la princesa concedió un puesto en su consejo al errante y a Yuria. A esta última, como habían acordado, la convirtió en la co-comandante de sus ejércitos e ingeniera jefe.

Esa misma noche, tras la aceptación de la mayoría del grupo, un sirviente pidió a Daradoth que le acompañara hasta los jardines de palacio, donde le esperaba lady Ilaith. La princesa lo saludó, educada. Ilaith se interesó por los motivos por los que se encontraba fuera de Doranna y que le habían llevado hasta allí en unas circunstancias tan peculiares. Daradoth reveló su condición de exiliado en una búsqueda forzosa, y su ambición de volver para hacerse con el mando cuando demostrara la escasa capacidad como gobernante del Alto Rey Lord Natarin. Ante las palabras del elfo, la princesa rebulló interesada, y después de algunos circunloquios y medias palabras abordó el tema directamente asegurando a Daradoth que ella quería ayudarlo; así que le preguntó qué necesitaba. El elfo le contestó que si realmente quería prestarle su ayuda, solamente podría hacerlo si llegara a ser la reina de toda Aredia, pues solo con ese poder podría someter a Doranna. Tras pensarlo unos instantes, Ilaith le respondió con los ojos brillantes, conminándole a ayudarla a convertirse en la reina de toda Aredia para después conseguir su objetivo de derrocar a Natarin. Acto seguido, ofreció a Daradoth un puesto en su consejo que el elfo rechazo, pues no quería presentarse a sí mismo como sometido a una gobernante humana; así que acordaron una ayuda mutua tácita, sin títulos de por medio; Daradoth sería presentado como un "noble aliado elfo".

Una vez acordados los términos de su colaboración, Ilaith expresó su deseo de que Daradoth la acompañara un mes después a la Asamblea de los Príncipes Comerciantes en Eskatha para cumplir sus planes de hacerse con el mando de la Confederación. La princesa se mostró tan convencida de que Daradoth vería la conveniencia de colaborar con ella, que le reveló sus planes: en breve establecería una alianza con dos de los principados más poderosos, e invadiría en corto plazo otros dos principados limítrofes; estos principados, entre algunos otros, estaban comerciando con un metal nuevo descubierto en unas remotas islas en el lejano oeste, metal que tenía propiedades extraordinarias para repeler los efectos mágicos. Daradoth pensó al instante en el colgante de Yuria, pues la descripción coincidía hasta cierto punto con el material del que estaba construido. Lo peor no era eso, sino que Ilaith decía tener constancia de que esos principados estaban comerciando con el Cónclave del Dragón, traficando con una cantidad considerable del extraño metal. Este hecho acabó de convencer a Daradoth, que asintió solemnemente aceptando la petición de la princesa. Esta también le pidió que transmitiera a Galad el mismo requerimiento para acompañarla a Eskatha; el elfo lo haría pocos minutos después, no sin antes revelar a Ilaith la existencia de la Kothmorui, la Daga Negra de los kaloriones encontrada en el Kaikar y la disputa entre el rey y la reina de Esthalia. La princesa le prometió encargarse de aquello tan pronto como fuera posible.

El día siguiente, Galad, Daradoth, Taheem y Faewald se trasladaron a la residencia de tropas dentro del segundo bastión, y el resto del grupo era alojado en el ala oeste de palacio, la más lujosa. Poco después tenía lugar una ceremonia formal en la que la propia Ilaith puso los galones de mariscal en las mangas de Yuria entre los aplausos un poco tímidos de los asistentes. A continuación se organizó una fiesta para celebrar el nombramiento de Yuria, Symeon y Theodor, con el estado mayor del ejército al completo y muchas personalidades importantes del principado. Durante la fiesta también fue presentado Daradoth como nuevo aliado de Tarkal, y se le hizo entrega formalmente de una bellísima espada forjada con un nuevo metal, llamado Kuendar, y con varias runas enanas visibles en su hoja; Daradoth se inclinó, agradeciendo el presente y diciendo unas palabras para afirmar su colaboración con Ilaith.

Yuria pasó los siguientes tres días encerrada en sus aposentos aprehendiendo todos los detalles sobre el ejército de Tarkal, sus recursos, sus instalaciones y sus proyectos actuales. Tomó posesión de su cargo como ingeniera jefe y dejó que sus subordinados la guiaran, explicándole lo que hacían allí. Se cancelaron los desarrollos basados en secretos ercestres como parte del acuerdo con el grupo, y se arrojó a una celda a los científicos ercestres y al hijo del general Gerias, Alexandras.

Se destinó a una compañía de regulares y a los Alas Grises al refuerzo de la Región del Pacto, bajo el mando del general Theodor por sugerencia de Yuria. En poco más de cuarenta y ocho horas las dos compañías partían discretamente en ayuda de los paladines y los Leales del Pacto.

Muchos secretos fueron revelados a Yuria, entre ellos el descubrimiento de la Kregora (así llamaban al metal antimágico descubierto en las lejanas islas occidentales, pues Kregora era el nombre antiguo de una criatura mitológica negra como la noche que se alimentaba de energía vital) y de oro y nuevos metales en las minas de las Ádracen, además de los objetos mágicos desarrollados por los alquimistas enanos. Ilaith pidió a la ercestre el desarrollo de nuevas armas y de nuevas tácticas para sus ejércitos que pudieran incorporar a sus recursos especiales, como los paladines de Osara y los guerreros enanos (de los que poseía una compañía). La prioridad de Yuria sería desarrollar el ingenio volador que en Tarkal no habían podido reproducir para poder transportar tropas y suministros rápidamente a los campos de batalla o donde hicieran falta.

A requerimiento de Symeon, el día siguiente Ilaith los condujo a la cámara acorazada, una enorme estancia donde se podían ver riquezas sin parangón. Y en el centro, dos cajas cerradas. Cuando abrieron la primera, una luz dorada los alumbró: Églaras, la espada del Profeta. En el instante en que la caja se abrió, Galad comenzó a escuchar una música celestial, y quedó como hipnotizado. Sus compañeros pudieron sacarlo del trance y el paladín, sorprendido, no pudo sino preguntarles si eran capaces de oír los cánticos que sonaban; todos se miraron y nadie manifestó poder oírlos, así que era evidente que la espada debía de estar afectando a Galad de alguna forma. Este pidió permiso para empuñarla, y así lo hizo. Al tenerla en la mano, algo comenzó a increparlo en su mente: "¡Asciende! ¡Asciende! ¡Emmán te escucha! ¡Por fin alguien digno!". El poder pareció llenar todos sus vasos sanguíneos y henchir sus músculos de pura fuerza celestial. El resto del grupo dio un paso atrás cuando Galad comenzó a destellar con una luz dorada y unas alas luminosas comenzaron a desplegarse en su espalda. A los pocos segundos, el paladín se tambaleó, cayó inconsciente y dejó caer la espada.

No tardó en recuperarse más que unos pocos minutos, y una vez que lo hizo se abría la segunda caja. En ella se encontraba otra espada que brillaba con un resplandor verdemar y en el acto todos (excepto Yuria) rebulleron incómodos por la sensación de picor en su piel. Esta vez fue Symeon quien escuchó una voz, un quedo susurro que no alcanzaba a entender, pero estaba seguro de que era la espada quien trataba de comunicarse con él. El errante decidió acudir a la Casa de los Paladines de Osara y allí entró en el Mundo Onírico; se acercó hacia el palacio con la sensación de dolor de siempre, pero este desapareció de repente, así que aprovechó para acercarse hasta la representación onírica de la cámara acorazada; esta aparecía vacía excepto por una muchacha joven sentada en una austera silla; la piel de la joven era pálida como la leche, y su pelo y ojos de color verde azulado. Con voz suave, la muchacha pidió a Symeon que la ayudara a salir de allí, extendiendo hacia él sus manos, que el errante tocó levemente.

Tras salir del Mundo Onírico, Symeon pidió permiso a lady Ilaith para esgrimir la espada verdemar, a lo que esta se negó en principio por el peligro que suponía (ya habían muerto dos personas por accidente, y no quería perder un recurso tan valioso como Symeon). No obstante, las explicaciones del errante la convencieron y dio su permiso. Cerraron la puerta de la cámara, dejando solo en ella a Symeon. Empuñar la espada resultó ser mala idea, pues el infierno de dolor resultante casi acaba con la vida del errante [punto de destino].

A continuación, pasaron a trazar planes: Daradoth, Galad, Faewald y quizá Taheem partirían a Margen para hablar con Davinios y después reunirse con el marqués de Strawen para tratar el asunto de la Daga Negra. Symeon se quedaría en Tarkal y quizá partiría a la Gran Biblioteca de Doedia para investigar más sobre los artefactos. Yuria, por su parte, tendría que dedicar al menos dos semanas al desarrollo del ingenio volador.


viernes, 4 de mayo de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 9

Lady Ilaith. Una oferta tentadora.
El grupo mantuvo una reunión más o menos acalorada después de que Daradoth ofreciera solucionar aquel asunto por la vía rápida quitando de en medio a los científicos ercestres haciendo uso de sus habilidades arcanas. No todo el grupo estaba de acuerdo con aquello, por descontado, y el general Gerias, apoyado por Faewald, sugirió la posibilidad de una reunión con lady Ilaith una vez que  esta hubiera regresado de su viaje a las tierras del norte del principado. El general seguía siendo de la opinión de que una alianza con Ercestria sería una oferta que Ilaith dudaría en rechazar, mientras que la mayoría del resto del grupo albergaba serias dudas al respecto.


Lady Ilaith Meral

La discusión no acabó con ninguna decisión concreta, y al caer la noche, el grupo se reunió con maese Meravor, el dueño del circo con el que habían compartido tantas cosas en el Imperio Vestalense. La reunión tuvo lugar en una discreta taberna, donde Meravor abrazó a todos, alegrándose sinceramente de verlos vivos. Tras ponerse al día de sus distintas vivencias, pidieron consejo al dueño del circo sobre una posible reunión con lady Ilaith. Le explicaron todo lo que había pasado hacía unos meses y cómo ella les había instado a no cruzarse de nuevo en su camino. Meravor pensó durante unos segundos, y como ya había revelado a Symeon,  les contó que la princesa estaba realmente interesada en sus habilidades y tenían un trato bastante cercano; si él estaba presente, podrían estar tranquilos, porque lady Ilaith se mostraría más receptiva a todo lo que tuvieran que decirle. Esbozó una media sonrisa, dejando entrever que utilizaría sus especiales capacidades para beneficiarlos en todo lo posible. Galad y Yuria intercambiaron una mirada, visiblemente aliviados por las palabras de Meravor. Por otro lado, Symeon relató lo que la noche anterior había percibido en el Mundo Onírico: uno de los artefactos que lady Ilaith había traído desde vestalia, la espada verdemar, estaba actuando como una potentísima baliza en esa realidad que según él, no tardaría en atraer a las fuerzas de la Sombra hasta Tarkal, seguramente encabezadas por algún kalorion; si, como había dicho Meravor, este no sentía la necesidad de desplazarse a ningún otro sitio como sí la había sentido en Creä, quizá era porque sus capacidades iban a ser requeridas en breve en Tarkal, y aquello preocupaba al errante. Desde luego, de lo que estaba seguro era de que era extremadamente peligrosos mantener aquel objeto allí sin una protección adecuada en el Mundo Onírico.

Tras despedirse de Meravor y regresar a su posada, Symeon volvió a entrar en el Mundo Onírico, intrigado por el poder de aquella espada. Volvió a ver el resplandor verdoso que procedía del palacio y se acercó; millones de alfileres atravesaron cada poro de su piel, pero consiguió mantener la compostura y consiguió acercarse un poco más, hasta que sintió un pulso de dolor que recorrió todo su cuerpo y decidió salir de allí. Pero el errante era testarudo, y la noche siguiente lo volvería a intentar. Esa vez decidió (y consiguió) resistir un poco más, sintiendo el latido de dolor recorrer todo su cuerpo. Pero eso no era todo; por debajo del pulso, muy levemente, como un quedo lamento, pudo escuchar lo que parecía la voz de una mujer joven: "sacadme de aquí", decía. Pero en realidad no era un lamento, sino más bien una exigencia; cada palabra de la letanía parecía taladrar la mente de Symeon, que por un momento quedó aturdido "sacadme de aquí...sacadme de aquí... sacadme de aquí...". Y cada repetición, acompañada por un pulso de dolor que prometía sufrimiento infinito... Symeon tuvo que salir a la vigilia, bañado en sudor.

Durante aquellos dos días fue recurrente la discusión sobre la conveniencia de reunirse con Ilaith o en su lugar, acabar cuanto antes con los dos científicos. Daradoth abogaba por esta opción para continuar cuanto antes su viaje hacia el Pacto de los Seis y volver a la Región del Pacto con refuerzos, pero después de la conversación con Meravor, el resto del grupo se mostraba prácticamente convencido de que deberían reunirse con la princesa. Y finalmente, transcurridos los dos días, lady Ilaith volvió a Tarkal entre fanfarrias y vítores de la multitud. Parecía muy querida por su pueblo. La comitiva se componía de varios carruajes, orgullosos soldados y varios cetreros, y lo que más llamaba la atención: una media docena de juglares sermios. Algunos de ellos lucían un colgante en forma de arpa dorada. En deferencia a la multitud, comenzaron a cantar con estentóreas voces lo que debía de ser el himno de Tarkal, porque pronto fueron acompañados por centenares de personas en el canto, voces que sin embargo no eran capaces de apagar el torrente de sonido de las gargantas de los juglares; una escena realmente emocionante.

Transcurridas pocas horas, un guardia hacía acto de presencia portando una carta remitida por Meravor. En la carta les informaba de que lady Ilaith les recibiría en un acto lo más discreto posible el día siguiente en la séptima campanada de la tarde.

Una escolta armada acompañó al grupo hasta palacio. Cuando atravesaron el segundo bastión, accedieron a un inmenso complejo donde se veían multitud de grúas, cadenas y cabestrantes, operadas por humanos y enanos. El sonido de las forjas restallaba por doquier, además de otros sonidos más difícilmente identificables. Algunos capataces rugían órdenes en diversos idiomas.

El tercer bastión, un muro más bien estrecho pero excepcionalmente pulido (casi imposible de escalar con medios convencionales), daba acceso a una fortaleza de corte moderno, con ángulos rectos y basada en geometrías octogonales. Un senescal los recibió ante una puerta ornamentada de forma minimalista, y los anunció con voz profunda, dándoles acceso a la Sala del Trono. Como todo en Tarkal, la sala era bella pero contenida, sin caer en excesos. Meravor los recibió con una sonrisa y apretones de manos, y encabezó la comitiva ante el trono de lady Ilaith. Al menos tres docenas de personas se encontraban en la sala, y Meravor les aseguró entre susurros que realmente era una reunión discreta para lo que era habitual allí. Lady Ilaith se encontraba en su Trono, majestuosa como siempre; a su lado, dos de sus consejeros, un hombre y una mujer, y sus dos protectores: una de las paladines de Osara y  un hombre maduro, bajo y delgado, que lucía en la vaina de su espada la runa Falmor, lo que le identificaba como un Maestro de la Esgrima. Realmente lady Ilaith se estaba rodeando de una fuerza muy significativa. Otro hecho que llamó la atención de Yuria y Galad fue que en Tarkal se estaba intentando reproducir también el tipo de vestimenta del ejército ercestre; los guardias de élite presentes en la sala ya lucían las casacas de cuero propias de su tierra natal.

El recibimiento fue frío (incluso intimidatorio, pues Ilaith se puso de pie con gesto adusto cuando se acercaron a ella), pero mucho menos de lo esperado; se arrodillaron ante ella al modo ercestre, excepto Daradoth, que solamente se inclinó. La influencia de Meravor se hizo notar desde el primer momento, y sus palabras presentando al grupo como "unos viejos amigos que milagrosamente nos han encontrado de nuevo" suavizaron las facciones de la Princesa Comerciante, que descendió un par de escalones y les dio la bienvenida, diciendo alegrarse de que Osara los hubiera traído sanos y salvos hasta Tarkal después de la odisea vivida en vestalia. Odisea de la que pidió más detalles, y Yuria no dudó en dárselos. Le habló de su misión para acabar con el Ra'Akarah y cómo eso había hecho que hubiera tenido que rechazar su oferta; como sabía, el conflicto que rodeaba al mesías vestalense y sus seguidores iba más allá de los intereses físicos o políticos, y muy a su pesar aquella misión había prevalecido sobre todas las demás cosas, incluso sobre la tentadora oferta de Ilaith. También le explicaron la misión en la que se encontraban embarcados en ese momento, intentando conseguir refuerzos para la defensa de la Región del Pacto contra los invasores vestalenses. La Princesa les escuchó sin interrumpirlos, y atenta el largo tiempo que les llevó contar toda su historia; de vez en cuando les pedía más detalles, y ellos se los daban.

Cuando acabaron su exposición, lady Ilaith ordenó desalojar la sala a todos los presentes excepto a sus consejeros y sus protectores, e hizo que se dispusiera una gran mesa para cenar. Ella se sentó a la cabecera, y la conversación derivó a un tono más informal, pero igualmente importante. Satisfecho el apetito y la sed, Ilaith cambió de nuevo el tono y avisó que lo que hablaran allí no debería llegar a oídos indiscretos.

Primero enfocó la conversación en Galad, interesada en establecer una colaboración con el paladín, a la cual este no se opuso, siempre que no implicara entrar a su servicio y perder su libertad. Ilaith hizo un gesto y su consejera le alargó un papel con un lacre roto: una carta ya leída.

 —Como paladín de Emmán, me interesa vuestra opinión acerca de esta carta que recibí hace unos días; si tenéis a bien leerla, os lo agradecería sobremanera —la consejera pasó la carta a Galad.

La carta estaba escrita en Erceste, y lo primero que llamó la atención de Galad y casi le hizo dar un salto fue la firma: Davinios Oriasthos; ¿Qué querría su amigo de la infancia de lady Ilaith? La misiva se enviaba desde la ciudad de Margen, a donde Galad había sido convocado por su amigo; este mencionaba la oferta que Ilaith había hecho a los paladines de Emmán para trasladarse desde Emmolnir a Tarkal y que los hijos de Emmán habían rechazado. A continuación pasaba a ofrecer los servicios, o la colaboración y posible traslado de varias decenas de paladines que no estaban de acuerdo con las políticas y decisiones adoptadas por la jerarquía de Emmolnir. Galad se quedó pensativo unos instantes, sorprendido; la carta parecía genuina, desde luego, y así se lo hizo saber a Ilaith, recomendándole contactar con Davinios y conversar con él. La Princesa le miró fijamente, y al cabo de unos segundos sonrió e hizo un gesto de asentimiento; acto seguido, pidió a Galad el favor de ser él quien hablara con Davinios en su nombre portando una carta de su puño y letra, a lo que el paladín accedió gustoso.

Ilaith puso a continuación su atención en Yuria. Ofreció solucionar (al menos de momento) el problema de los refuerzos a la región del Pacto poniendo a disposición del grupo dos compañías enteras de su ejército; incluso mejoró la oferta ofreciendo una compañía de regulares y los mercenarios adastritas Alas Grises al completo. El grupo se miró entre sí, sorprendido y agradecido a la vez. No obstante, Ilaith no había terminado, y lanzó una oferta que dejó a todos con la boca abierta: quería que Yuria entrara a su servicio como mariscal y comandante en jefe de sus ejércitos, o al menos en principio como co-comandante, junto con el mariscal Rythen. Deseaba contar con sus conocimientos de tácticas e ingeniería; no habían podido reproducir el dirigible del que le habló en vestalia, y según ella, así tendría un papel decisivo en la lucha entre Luz y Sombra que estaba a punto de entablarse. Yuria sintió que el corazón le daba un vuelco. El anhelo de su vida estaba a su alcance, tendría la oportunidad de demostrar a todos su verdadera valía; no podía rechazarlo, pero no quiso dar una respuesta afirmativa todavía, hasta pensarlo bien. Ilaith la miró muy seria, y le concedió hasta el día siguiente para pensarlo; pero sus palabras dejaban bien claro que no esperaba un "no" por respuesta esta vez. Ni tampoco Yuria quería dárselo, de todas formas. Por otra parte, la oferta de las dos compañías resolvería el asunto de la Región del Pacto de forma inmediata de momento, con lo que todos salían ganando. Además, Ilaith accedió también a la petición de Yuria de no revelar secretos ercestres y únicamente trabajar en diseños nuevos; se notaba que quería los servicios de la ercestre a toda costa.

Por último tomó la palabra el general Gerias. Expuso el problema de la compañía ercestre acampada en el segundo bastión encabezada por su hijo Alexandras, y la necesidad de que retornara o ejecutara a los dos científicos que había traído consigo. Además, exigía la cabeza de Alexandras en una pica por alta traición y la destrucción de cualesquiera documentos o diseños ercestres que le hubieran proporcionado.

Durante unos instantes, la tensión se hizo palpable, e Ilaith quedó seria y pensativa. Por un momento, temieron que fuera a arrestar al general y la situación se convirtiera en insostenible. Pero ese momento no llegó.

Para la enorme sorpresa de todos, y sobre todo del general, Ilaith aceptó sus peticiones. Y solamente puso una condición. Si tanto Yuria como el antiguo general entraban a su servicio (y cualquier otro miembro de su grupo sería bienvenido también), todo lo que pedía Theodor Gerias sería concedido (a excepción de ejecuciones sumarias, cosa mal vista en Tarkal). Por supuesto, respetaría la petición de no desvelar secretos ercestres y partir de cero con los diseños que Yuria pudiera crear. Gerias miró a Yuria de forma muy valorativa, intrigado por el interés de Ilaith en ella y temiendo haberse equivocado con ella en el pasado.

Se hizo un silencio valorativo, y Symeon tomó la palabra. Preguntó a Ilaith si creía estar realmente preparada para defender Tarkal contra la Sombra, relatándole el episodio de los dos kaloriones en la frontera de la Región del Pacto y cómo eran capaces de transportarse por medios "mágicos". Ilaith se consideraba preparada, pero afirmó que no tenía que ser ella sola la que luchara contra la Sombra, sino que el resto de naciones deberían aportar su granito de arena -miró ligeramente al general Gerias y a Galad-. Ante la pregunta de Symeon y la mención de los kaloriones, Meravor se creyó en la obligación de informar a Ilaith acerca de las confidencias que había compartido con él Symeon un par de días antes. Contó a la Princesa que el errante era capaz de entrar en el Mundo Onírico del que ya le había hablado alguna vez, y lo que había visto en él en relación a la Espada Verdemar y cómo podía ser un foco de atracción de la Sombra. Symeon, que hasta entonces había pasado totalmente desapercibido para Ilaith, ahora recibía toda su atención; la princesa sonrió, y por supuesto incluyó al errante en los tratos que se estaban estableciendo...