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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

martes, 26 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 23


Al finalizar el paso de la caravana de Urion, el grupo se enzarzó en discusiones sobre el plan que seguirían tras conseguir entrar en Urangrâd; discusiones que se prolongarían hasta bien entrado el atardecer. Las dos conclusiones más importantes fueron que Ezhabel intentaría utilizar su anillo de kregora contra Urion, mientras Alcanar se encargaría de rematar al kalorion falto de poder. Faltaban ciertos detalles como qué iban a hacer si los más de cien apóstoles presentes en la ceremonia se interponían en su camino, pero claro, ningún plan es perfecto.

Por la noche, Nirintalath volvió a colarse en los sueños de Ezhabel. Esta vez lucía el aspecto de una niña, al parecer recuperada del último encuentro con Trelteran. Una idea repetida hasta la saciedad llegó a desesperar a la semielfa, que despertó sobresaltada y sudorosa: "mátalo, mátalo, mátalo, mátalo, mátalo y seré tuya para siempre". Obviamente, se refería a Trelteran.
Más tarde esa misma noche todo el grupo despertó al oír la voz de Trelteran en su sueño, convocándolos en la playa de Raurith, al sur de la ciudad. Rápidamente salieron lo más sigilosamente posible y viajaron a pie hasta el lugar. Allí se encontraron con un elfo oscuro que dijo llamarse Efegâl, y que se presentó como primer apóstol de Trelteran. Él los dirigiría hasta donde los estaba esperando el kalorion. Los llevó por senderos y vericuetos oscuros y escondidos hasta la cima de una colina, donde desde la distancia se podían ver varios dragones, brillando tenuemente en la noche. Al parecer, Trelteran y su séquito entrarían en la ciudad montando a lomos de dragones, la entrada más aparente y espectacular.

En la cima de la colina, los criados y esclavos de Trelteran habían montado un pequeño campamento. Allí, los personajes pudieron entrar en contacto con los once apóstoles del aguilucho, a cada cual más peligroso en sus maneras, y se produjo el encuentro entre Elgenor y Kadrajan. Tuvo lugar una conversación entre los dos en la que Kadrajan no vaciló en mostrar su desprecio ante el traidor -en su historial se pueden encontrar los detalles-. En un principio, el Alto Hombre iba a ser uno de los apóstoles descartados por Trelteran para ser sustituidos por los PJ's, pero en una conversación mantenida entre Elgenor y el kalorion, finalmente el páctiro traidor fue incluido en la comitiva.

Cinco de los apóstoles se quitaron las túnicas, de terciopelo negro como la noche con cuchilladas en plata, y las cedieron a los personajes, que al instante notaron el poder imbuido en las prendas, y cómo éstas les proporcionaban calor y bienestar en el frío ártico que los rodeaba.

Acto seguido, cada uno montó en un dragón -para temor y preocupación de los PJ's, que nunca habían tenido una experiencia parecida- y se dirigieron hacia Urangrâd, cuando ya estaba amaneciendo. Al aproximarse a Aghesta, las campanas de la ciudad comenzaron a repicar, y cuando llegaron a los prados del interior de la fortaleza se encontraron con que los kaloriones y sus apóstoles ya les estaban esperando en el patio. Cada grupo de apóstoles fiel a un kalorion diferente vestía túnicas de un color distinto. Así:
  • los apóstoles de Urion, rojo sangre
  • los de Laileth, gris claro
  • los de Murakh, blanco inmaculado
  • los de Adrazôr, diferentes tonos de verde
  • los de Tenthalus, amarillo
  • los de Larmar, azul oscuro
  • los de Carsícores, marrón dorado
  • los de Takeo, púrpura
  • los de Selene, ahora sin señora, azul celeste
por último, y como ya se ha dicho, los apóstoles de Trelteran vestían túnicas negras con cuchilladas en plata. Khamorbôlg nunca tuvo apóstoles, sólo guardia personal y sus aprendices, con lo que no se encontraban presentes.

Una vez con el pie en tierra, los kaloriones ya alojados en la fortaleza ofrecieron sus respetos -algunos de mejor grado que otros- a Trelteran, como correspondía al primero entre todos ellos, y Ezhabel pudo escuchar susurros asombrados sobre el grupo. Con su agudo oído, pudo escuchar incluso como Laileth comentaba a su Primer Apóstol que Khamorbôlg se encontraba entre ellos, para asombro de la semielfa.

Fueron alojados en el segundo piso de la torre del homenaje, a falta de tres días para la celebración de la ceremonia. El resto del día lo dedicaron a conocer la fortaleza y a pasear por sus maravillosos e invernales jardines.
Fue en uno de esos paseos donde Ayreon y Alcanar se encontraron en una vereda con ¡¡el padre Ibrahim Pursal!! El más ferviente devoto de Emmán se había pasado a la sombra, y ahora era nada más y nada menos que ¡un apóstol de Carsícores!. Una larga conversación tuvo lugar entre el antiguo clérigo y Ayreon. Según Ibrahim:

"Vi cosas en Haster que ningún dios misericordioso podría permitir. Los perros se comían los cadáveres de los niños, las mujeres eran violadas y luego degolladas, gran parte de nuestros soldados traicionaron nuestra confianza. Uno me cortó el cuello, y mi nuevo señor me salvó".

La conversación acabó con las sospechas de Ibrahim de que Ayreon no era un verdadero apóstol, pero su amistad seguía firme, aunque el anciano se sentía traicionado por la ausencia de los personajes en el momento de máxima necesidad de su pueblo.

Cayó la noche, y con ella llegó a Ezhabel la Espada del Dolor de nuevo, que la atormentó con la misma idea de muerte y venganza.

Al día siguiente, de lo primero que se enteraron los PJ's al despertar fue de que la ceremonia de sustitución se adelantaría un día, porque Urion había recibido un mensaje, al parecer importante, y debía irse a toda prisa. La ceremonia, por tanto, tendría lugar la noche del día siguiente.
Por la mañana, Ezhabel se encontró con Arraik, el hijo pequeño de lord Gradôr, acompañado de éste. El niño intercambió unas palabras con ella, fascinado por la semielfa, y dijo algo inconveniente, lo que le ganó la reprimenda cariñosa de su padre, y las disculpas de éste a Ezhabel.

Ayreon y Kadrajan buscaron a Ibrahim, con la intención de preguntarle si sabía algo de la precipitada marcha de Urion, y lo encontraron en el mismo sitio del día anterior, donde el anciano iba a menudo a meditar.
 —¿Sabéis por qué Urion tiene de repente tanta prisa por marcharse?  —Si me decís la verdad, os lo diré —fue la respuesta de Ibrahim.

A esta pregunta, Ayreon respondió diciendo la verdad: que seguía siendo emmanita, que sabía que Emmán se encontraba en alguna parte, y que habían venido a rescatar a alguien. Cuando Ayreon afirmó con vehemencia que Emmán seguía existiendo, una sombra de duda, un destello de culpabilidad, asomó a los ojos del antiguo clérigo, ya que sabía que Ayreon sería incapaz de mentirle.
Tras esto, Ibrahim les reveló que la noche anterior Urion había recibido un mensaje: al fin había descubierto la localización de las antiguas forjas élficas. Por la antigua amistad que le unía con Ayreon, Ibrahim juró no decir nada a nadie de sus verdaderos propósitos. Sin embargo, el anciano también advirtió al paladín que si había venido a por Selene, no debería albergar muchas esperanzas, ya que la mujer era ahora una anciana decrépita, no la hermosísima mujer que un día había conocido. La retirada del favor de Korvegâr había causado estragos en ella.
Ayreon ya había sospechado esto último, pero había albergado la esperanza de equivocarse. De todas maneras, no valía de nada preocuparse de eso, cuando no parecía probable que fueran a salir vivos de allí...

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 22


En la mañana del día número 102 desde la partida de la flota ilva desde Eluiridiann, Demetrius y Kadrajan salieron a recorrer Aghesta, la capital del Cónclave del Dragón, llamada también "la ciudad de los acantilados". La ciudad, situada en la desembocadura del río Eston en la punta boreal de la bahía de Eston, se alza desde el mar hacia el cielo en aproximadamente nueve niveles, con los edificios que se asoman a los acantilados de la bahía.
Por lo que la pareja pudo deducir de sus investigacines, la ciuda es un hervidero de intrigas entre los nobles y oficiales por ganar el favor de unos y otros kaloriones, y también de lucha por la influencia y el poder entre una facción y otra.

Mientras el bardo y el guerrero se encontraban fuera, Alcanar hizo un aparte con Ayreon, preguntándole si no creía que el plan de Trelteran era una locura, a lo que el ex paladín respondió que no les quedaba otro remedio que confiar en el kalorion.

Mientras estuvieron hospedados en la posada, el grupo tuvo ocasión de conocer mejor al posadero, Tycos, y a lord Janos, huésped de honor, y supuestamente ambos fieles a Trelteran. Sin embargo, Ayreon detectó algo raro en Tycos en una de sus muchas conversaciones, y Alcanar afirmó directamente que el posadero era un traidor, y lo llevaba escrito en la cara.

Una vez se separaron Kadrajan y Demetrius, el primero pudo ver un edificio -de aspecto victoriano, como el resto de la ciudad, pero en esta ocasión mucho más recargado, recordando a la arquitectura de los elfos oscuros- que resultó ser la Alta escuela de esgrima, donde pudo ver que asistían tanto Drakos como elfos oscuros y otras razas que no pudo identificar demasiado bien.

A raíz de un incidente con el escudero de lord Janos, requerido por Ezhabel para que le proporcionara una espada que sustituyera a Nirintalath, en el que descubrieron que el chico no era sino un Mynoth con su apariencia cambiada, el grupo pudo apercibirse de que continuamente había a su alrededor Sombras y Mynoths que los vigilaban. Debido a esto, Demetrius amenazó a Tycos con desenmascararlo para ver si el posadero mostraba algún síntoma de estar implicado en la vigilancia.

En otra conversación, Kadrajan preguntó a Tycos si le sonaba un tal Elgenor, hombre del pasado del páctiro, a lo que el posadero respondió
  — Sí, por supuesto, es lord Comandante del Oeste y apóstol de Trelteran.

Kadrajan intentó que su rostro no transmitiera ninguna emoción, pero su sorpresa fue mayúscula. Apóstol de Trelteran, nada menos, justo el papel que iba a desempeñar él. El encuentro sería inevitable, entonces.

Al día siguiente, a falta de 6 días para la ceremonia de reemplazo, Ezhabel se enteraría por fin de que lord Zirûn, joven noble que estuvo enamorado de ella y fue despechado es realmente ¡el hijo de lord Gradôr! y que ¡Se iba a unir en siete días en esponsales con Atîr, hermanastra de Ayreon!, según le dijo lord Janos. Parece ser que Urangrâd iba a ser el punto de encuentro de muchas encrucijadas en el pasado y el futuro de los personajes...

Más tarde, en una conversación entre lord Janos y Ayreon, el primero descubriría la verdadera identidad y creencias del paladín. El "lord" era más de lo que parecía.

Por la noche, Demetrius despertó a todo el grupo de un grito desgarrador. La música del mundo de los sueños se había tornado en una multitud de alaridos de Dolor.
Con todo el grupo despierto, Alcanar hizo un movimiento brusco y una Sombra cayó muerta y con un siseo desapareció en la penumbra. Según el ex kalorion, era la octava que intentaba matar a Ayreon en tres noches. Alcanar no tenía en ningún momento la necesidad de dormir y eso le permitió estar alerta ante cualquier posible ataque.

Al día siguiente tuvo lugar una nueva conversación con lord Janos en la que esta vez, el noble se interesó por el pasado de Ezhabel.
Al atardecer, Demetrius, requerido por el público para contar una historia, contó la historia verdadera de Trelteran. Esto hizo que se ganara las iras del público, y sólo pudiera salir ileso de la sala gracias a la discreta ayuda de lord Janos, fiel a su juramento de salvaguardar la integridad del grupo.

Por la noche, Ezhabel intentó autolesionarse para intentar contactar con Nirintalath, sin éxito.
Una llamada a la puerta hizo ponerse al grupo en guardia. La voz de Tycos sonó al otro lado. Y era él, efectivamente, pero acompañado por 4 elfos oscuros y 4 sombras, que sin embargo, parecían estar forzando al posadero. En el combate, el grupo fue poco menos que masacrado, forzando a Ezhabel y Ayreon a que gastaran un punto de destino cada uno. Demetrius resultó herido y su mano derecha amputada. Cuando después del combate Tycos intentó curarlo y unírsela a la muñeca, el bardo detectó en el poder que estaba usando el poder maligno de Korvegâr -Tycos es en realidad un clérigo de Trelteran-, con lo que se negó a la curación. Su mano derecha acabó en un frasco con alcohol.

Al día siguiente, se produjo la llegada de los dos últimos kaloriones ausentes aparte de Trelteran.
Primero hizo su aparición Adrazôr, montados él y su comitiva en extraordinarios y riquísimos carruajes, llenos de volutas y adornos. El kalorion lucía en su frente la Diadema del Maestro Cantor y sostenía el Arpa Mandalazâr en su regazo. La ira de Demetrius fue mayúscula, ya que al instante entendió lo que había pasado: algunos Yrkanios iban llenos de cadenas tras la comitiva. Seguro que muchos otros no habían tenido la misma suerte, como lo corroboró una repentina visión de miles de yrkanios masacrados. El bardo rompió a llorar, y un crítico de depresión lo terminó de rematar, dejándolo a -30 adicional. Sin embargo, las desgracias no habían terminado. En el carruaje de Adrazôr también viajaban Azalea y Loryn Matter, la amada de Demetrius. En verdad habría muchos encuentros en Urangrâd...

Por fin, a las pocas horas se produjo la llegada de Urion, el penúltimo en arribar a Aghesta. La comitiva del anciano era mucho más comedida en formas que la de Adrazôr, y cuando pasó a la altura de la posada, pareció girar la vista hacia el grupo. Las sorpresas parecían no tener fin: con Urion viajaban los hijos gemelos de Ezhabel y el muchacho llamado Petágoras, vestido como un ¡Apóstol! Increíble. Urangrâd parecía una encrucijada de la que dependían demasiadas cosas...

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 21



Durante toda la huida, Ezhabel fue presionada por la Espada del Dolor para matar a Alcanar, al que reconoce como un demonio muy poderoso -lo que realmente es, al fin y al cabo-. La situación estalló la segunda noche de huida, cuando Alcanar tocó a Ezhabel para despertarla y continuar huyendo de los Segadores Negros. En ese momento, la semielfa se revolvió, acicatada por Nirintalath, y se enfrentó al "paladín" de una manera bastante violenta. Por suerte, gracias a la mediación de Ayreon y Demetrius, que aplacaron a Alcanar, la sangre no llegó al río.
Tres días enteros estuvieron corriendo sin cesar.

Tan agotadoras fueron las jornadas, que Demetrius,Ezhabel y Kadrajan acabaron cayendo inconscientes, deshidratados y hambrientos. Ayreon y Alcanar pudieron llevar al resto del grupo a cuestas, hasta avistara lo lejos una ciudad de nombre desconocido, completamente amurallada. Según Alcanar, era la ciudad de Gelriond, feudo de Laileth. Mientras se dirigían hacia una de las puertas de acceso a la población, se encontraron en el camino con una caravana de Athraki, beduinos procedentes del este. Tras una tensa conversación con los jinetes de camellos, todo el grupo acabó inconsciente y prisionero.

Al despertar, se encontraron durmiendo en cómodas camas con dosel en el interior de lo que parecía un palacio. Para sorpresa -y terror- del grupo, el primer ser que apareció por la puerta fue una Hermana del Dolor provista de uno de esos malditos Agiel. La elfa oscura comenzó a interrogarlos de manera suave, hasta que insatisfecha con sus respuestas, aplicó el Agiel a Ezhabel. La cara de la Hermana del Dolor fue un verdadero poema al ver que el Agiel no afectaba en absoluto a la semielfa, que se mostró no menos estupefacta. Después, en un intento de chantajear a Ayreon para que le respondiera sin ambages a sus preguntas, la elfa aplicó el aiel en el oído de Alcanar. Ese fue el mayor y último error de su vida. Con un simple gesto, el antiguo demonio le quitó la vida.

Tras recuperar sus cosas, que se encontraban en una habitación anexa, todos siguieron a Alcanar, que sabía dónde había una entrada al submundo de Krismerian en Gelriond. Mientras se dirigían a la entrada, pudieron oír escándalo de armas enfrentándose y gritos de muerte y dolor que procedían de los pasillos tras ellos. El Segador Negro estaba llegando. In extremis, cosiguieron encontrar el acceso y tras bajar al primer nivel del submundo, Alcanar y Ayreon, haciendo gala de gran potencia, hundieron la entrada empujando las columnas que la sostenían. Así, pudieron retrasar al Segador Negro y tomarse el camino con más calma.

Durante un par de días caminaron hasta oír a lo lejos voces que parecían de orcos. Se estaban acercando a un asentamiento, con lo que decidieron hacer un alto.
En una de las muchas conversaciones, los personajes mencionaron a los titanes, y su intención de buscarlos, lo que provocó una reacción aparentemente adversa en Alcanar, que se tranquilizó sin mayor problema. Durante las noches, Alcanar tomó como costumbre el rezar a Emmán, guiado por Ayreon. La tercera noche, sintieron un destello de su presencia, lo que llenó de esperanza el corazón del Paladín, e hizo que Alcanar se alegrara de no haberse equivocado en su elección.

Finalmente, el grupo decidió que era demasiado peligroso y lento el viaje por el submundo de Krismerian, con lo que decidieron que por la noche llamarían a Trelteran para llevarles a Urangrâd, y así poder rescatar a Selene y matar a Urion.

Por la noche, se hizo esperar, pero finalmente Trelteran apareció. Visiblemente se vio afectado por la Espada del Dolor, que pareció desgarrar la mente de Ezhabel con gritos de muerte hacia el aguilucho. Una vez expuesta la situación, el Elfo Primigenio propuso -o impuso- que los personajes pasarían a Urangrâd como parte de sus Apóstoles, su guardia de 13 personal.
A los pocos momentos, se encontraron en el Mundo Onírico. Allí la Espada del Dolor era más fuerte y se personificó como muchacha, enfrentándose al Kalorion, en cuyo rostro se podía leer el inmenso dolor que sentía. Una batalla silenciosa estaba teniendo lugar, y visiblemente, Nirintalath comenzó a envejecer.

—Detenedla, o juro que la mato —dijo Trelteran.

Ante los ruegos de Ezhabel y el peligro de morir, la Espada acabó por marcharse, desvaneciéndose.

Al llegar al Cónclave del Dragón, Trelteran les dirigió hacia la posada "La ola y la piedra". Allí, lord Janos y Tycos, hombres fieles al Kalorion, les recibirían con los brazos abiertos.

Después de llegar a la posada y ser recibidos con bastante hospitalidad, Ayreon condujo a Alcanar hacia el norte, fuera de la ciudad, a la orilla del río Eston, donde bautizó a Alcanar -ahora sí que ya no había vuelta atrás para el ex-demonio-.
Antes del gran acontecimiento de su bautizo, Alcanar le contó a Ayreon la historia de Trelteran y Nirintalath: cuando Trelteran estaba en la cumbre de su fase creadora como alquimista, invocó a Nirintalath, un espíritu empático de Dolor, tan bella, que se enamoró. Sin embargo, ante la imposibilidad de tener hijos, Trelteran recurrió a una elfa perdidamente enamorada de él: lady Asmariur. Ésta le dio un hijo a Trelteran, y el elfo se marchó con el niño junto a su amada. Asmariur, llena de odio, mató al niño, ya que sabía que sería lo que más daño haría al kalorion. La triste historia acabó con Nirintalath estallando de Dolor, y Trelteran no teniendo más remedio que atarla a una espada para evitar que toda vida en el mundo muriera. Desde entonces, Nirintalath odia a Trelteran, y éste ha llegado a odiarla también por su rencor.

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 20


La huida fue caótica y desesperada, acentuada por el desvanecimiento del báculo de Urion.

Tras el primer Segador Negro llegó un segundo, que los PJs no habían visto antes, atravesando portales a toda velocidad.
Cuando el grupo llegó a la gran estancia por la que habían entrado a la Torre, pudieron ver cómo allí se había reunido media docena de Demonios-de-Palidez, y al menos una docena de Demonios Toro. Nirintalath estaba sedienta, y Ezhabel fue su mano ejecutora. El estallido de dolor fue terrible, y todos los demonios fueron expulsados a su plano. Por suerte, sus compañeros habían saltado a través del portal, volviendo a la estancia anterior, con lo que no les afectó el estallido. Al volver Ezhabel a por ellos, no pudo resistir la potente magia de las runas y cayó inconsciente, perdiendo la Espada del Dolor. En ese momento aparecieron los Segadores Negros, y Kadrajan y Ezhabel salieron huyendo como alma que lleva el diablo, fuera de la torre, perseguidos por el sobrenatural ente. Demetrius, desapercibido, recuperó la Espada del Dolor.
El grupo acabó separándose en la huida, Ezhabel y Kadrajan cada uno por su lado huyendo de Segadores Negros y Demonios-de-Palidez, y Demetrius, con la Espada del Dolor, intentando salir de la Torre.

Mientras todo esto ocurría, en el interior de la redoma de Urion, una interesante conversación tenía lugar durante horas y horas. Khamorbôlg dialogó durante largo rato con Ayreon.El Kalorion estaba harto de intrigas y traiciones por parte de los demás Generales de la Sombra -razón por la cual ya se había sometido a un exilio voluntario en la Torre Gaunzar-, y estaba dispuesto a hacer un pacto con Ayreon. Durante horas y horas tuvo lugar una discusión de profundos contenidos filosóficos y metafísicos sobre el emmanismo y la situación en los cielos.
Finalmente, la conversación acabó con el -aparente- cambio de filas de Khamorbôlg a las fuerzas de la Luz y su "conversión" al emmanismo, aunque entendiéndolo de una forma un tanto... particular.

Acto seguido, quedaba el problema de la comunicación con el exterior para hacer que abrieran la redoma mágica. Ayreon comenzó a intentarlo por medio de su habilidad de canalización, buscando desesperadamente a Demetrius o a Kadrajan.

En el exterior de la Torre, Ezhabel, que corría dejando muy atrás al Segador Negro -aunque recordemos que este último no se cansa en absoluto-, pudo observar cómo un anciano encapuchado se acercaba por el camino, aparentemente caminando renqueante, pero en realidad acercándose a una velocidad endiablada. Urion. El kalorion dejó inconsciente a la semielfa -la redoma la llevaba a estas alturas encima Demetrius-. El anciano ciego se quedó así con su bastón, que había teleportado hacía horas, la Runa de la Creación, que por pura mala suerte llevaba encima Ezhabel y que era una de las exigencias de su trato, y un regalo inesperado: el Pergamino de Erkalodh. Además, durante la confusión de la huida el grupo perdió también el yelmo élfico y la Espada Principesca que habían conseguido en las cámaras del tesoro. Quedaron así para el grupo el libro de Marenthelos, Églaras, Nirintalath, una fastuosa armadura y cuatro Dagas de Luz, ahora sin Luz, que lleva Demetrius. Urión se teleportó con Ezhabel al interior de la Torre, ante la inminencia de la llegada de los Segadores Negros.

Por suerte, Ayreon había conseguido contactar con su compañero Demetrius, y éste, convencido al fin, destapó el frasco. Ante sus ojos se materializaron un agotado Ayreon y un hombre esplendoroso e irresistiblemente bello. Este no era otro que Khamorbôlg, convertido a las filas de la Luz, que a partir de entonces se haría llamar Álcanar. Vestía los ropajes de un paladín de Emman, en contraste con las oscuras y apagadas ropas de Ayreon. En ese momento llegó Urion. Pero el anciano no fue rival para Khamorbôlg, que todavía disponía de todo su poder de Kalorion. Urion se teleportó, marchándose de las inmediaciones. Poco después Khamorbôlg se daría cuenta de que el Señor Oscuro le había retirado su favor, aunque es un ente con un gran poder por derecho propio.
Con la llegada de los Segadores Negros y la mengua de poder de Álcanar, el grupo tuvo que huir rápidamente. Durante muchas horas estuvieron corriendo, alejándose de los temibles engendros de la Sombra. Sin embargo, éstos no se cansan en absoluto y son implacables. En una de las muchas y cortas paradas para descansar, Ayreon decidió hablarle a Khamorbôlg del trato que el grupo había hecho con Trelteran. El antiguo Kalorion se mostró consternado, pero contuvo cualquier atisbo de furia y comprendió la situación.

Esta era la situación en el atardecer del día número 94 desde la partida de la flota Ilva desde Eluiridiann hacia Aredia. Ahora, la mayor urgencia para el grupo es volver a los barcos y ver cuál es la situación de los agonizantes ilvos...

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 19


Pero el grupo no se rindió. La vida le iba a Ezhabel en recuperar la Espada del Dolor. Así que acamparon a aproximadamente cinco kilómetros de otra puerta de la Torre Gaunzar, por donde volverían a intentar entrar para que los guardianes no los reconocieran.

La comida comenzaba a escasear, así que Ayreon esperó a la noche para entrar en el mundo de los sueños y buscar alguna salida a su situación. Esa noche, Ezhabel comenzó a perder parte de su esencia vital a manos de Nirintalath sin ninguna posibilidad de evitarlo. La situación se hacía cada vez más insostenible. A partir de entonces, la semielfa decidiría dormir lo menos posible. Tras alejarse de la torre un día de camino, Ayreon consiguió alcanzar desde el mundo de los sueños una pequeña aldea, donde extrañamente había un objeto de gran poder en lo que parecía la casa de un herrero. En su deambular por la casa, mientras el paladín oteaba el mundo real desde el mundo onírico, el herrero -ciego- se despertó y pareció de algún modo percibir la presencia de Ayreon. Éste se marchó, planeando volver la noche siguiente.

El siguiente día, la comida del grupo se acabó por fin. Ayreon viajó físicamente por el mundo de los sueños hasta la casa del herrero. El pueblo parecía estar patrullado contínuamente por parejas de seres con túnica y capucha rojas. Tras evitarlos, el paladín consiguió llamar a la puerta. El herrero, que al parrecer se hacía llamar Kovacek le permitió pasar, y le ofreció un té.—Os estaba esperando —dijo el viejo.
Como más tarde averiguarían -y como Ayreon empezó a sospechar enseguida-, el viejo no era otro que Urión en uno de sus disfraces. El viejo le ofreció a Ayreon un extraño bastón -el objeto de gran poder que el paladín había percibido desde el mundo de los sueños-, un pendiente que le ayudaría a operar en el mundo onírico, y una pequeña redoma de vidrio vacía.—Si os encontráis con quien me temo que os encontraréis, simplemente abrid la redoma, y quedará atrapado —obviamente se refería a Khamorbôlg.

A cambio de su ayuda, Urion pidió dos cosas: una, un pergamino guardado en la Torre Gaunzar que descibrió con pelos y señales, y la redoma llena en el caso de que fuera usada. Ayreon, casi sin querer, consiguió dar su palabra sólo al primer punto, evitando el segundo.
Después de conseguir provisiones, Ayreon volvió al campamento. Allí el grupo intentó averiguar los poderes del bastón, porque pensaban que les podía ser muy útil para enfrentarse a lo que hubiera en la torre.

Tardaron once días.

Al cabo de esos once días, consiguieron averiguar que el bastón era el propio Kazânlanâth, "el báculo del ciego", propiedad de Urion. Eso les acicateó aún más a averiguar cómo utilizar los poderes del extraordinario objeto, y finalmente fue Ezhabel la que dio con la clave y pudo utilizarlo. El báculo contiene decenas de hechizos de áreas diferentes. Concretamente una de las áreas trata sobre el viaje interdimensional, y haciendo uso de los sortilegios, pudieron averiguar exactamente la el plano donde se encuentra prisionero lord Natarin, ahora en coma en un plano artificial creado por Carsícores en el pasado. El plano es muy peligroso, ya que obliga a realizar con éxito una TR contra magia Arcana o instantáneamente entrar en coma indefinido.

Durante todas las noches de esos once días, Nirintalath contactó con Ezhabel, dejando a la semielfa demacrada con unos preocupantes -163pv.

Por fin, al amanecer decidieron entrar a la Torre.
Y la mala suerte acudió de nuevo. Tras inspeccionar el báculo, el Demonio-de-Palidez lo reconoció -sin saberlo los PJs- como el báculo de Urion, y condujo al grupo directamente a la antesala de Khamorbôlg, atravesando un portal circular que presentaba cuatro círculos rúnicos. El más interno parecía ser de runas de dirección, y los otros tres, trampas para los no autorizados a cruzarlo.
El Demonio se dirigió a su señor a través de una cortina de oscuridad, y al mencionar el báculo de Urion, el Kalorion salió de su sala. Su presencia física era imponente y dolorosa en sí misma. La muerte misma se acercaba a los PJs. Ezhabel cayó al suelo, desesperada. Kadrajan quedó paralizado. Ayreon no lo pensó más, y destapó la redoma. Tras unos asaltos agónicos en los que Khamorbôlg resistió la atracción del frasco, finalmente fue engullido por el objeto; pero eso no fue todo, porque Ayreon, fallando su TR, también fue absorbido. Al parecer, Urion no le había dado toda la información sobre el frasquito; no quedaría más remedio que llevárselo y que él extrajera al paladín. Kadrajan, Ezhabel y Demetrius se encontraron solos de repente.

Entonces comenzó el viaje de los tres a través de los portales que comunicaban las diferentes partes de la torre, viaje que duró varias horas, yendo y viniendo, avanzando y retrocediendo. Los portales presentaban todos la misma forma: un círculo de runas de dirección y concéntricamente tres o más círculos que causaban cada uno un crítico en aquel que los atravesara y no estuviera autorizado. El anillo de kregora de Ezhabel, que el grupo recuperó tras atravesar un par de portales, resultó ser vital para llegar a la Espada del Dolor. Sin él seguramente todos habrían muerto, incapaces de resistir el Poder de las puertas. El bastón de Urión también demostró ser de gran utilidad, con sus poderes de curación.

Finalmente, tras muchas penalidades llegaron al último nivel de la torre a través de un portal con veinte círculos de runas. Allí, mientras Kadrajan se enfrentaba a tres demonios guardianes, Ezhabel corrió, atraída irremisiblemente hacia la Espada del Dolor. ¡Qué placer más inmenso cuando la cogió en sus manos! Inmediatamente un fulgor verdemar envolvió a la semielfa, y sus ojos se pusieron completamente verdes. Los demonios a los que se enfrentaba Kadrajan no tuvieron ninguna oportunidad.

El último nivel de la torre resultó ser el almacén de objetos. Allí consiguieron la runa pedida por Urion, el Pergamino de Erkalodh, el libro de Marenthelos, la Espada del Dolor, otra Espada, una Armadura, y las y las cuatro Dagas de Luz de Emmán -ahora sin poder- que en otro tiempo esgrimió Demetrius. Los fragmentos de Eglaras también estaban allí, sostenidos sobre una lujosa seda en los brazos de un Segador Negro. En el momento en que la semielfa los cogió, el Segador comenzó a moverse, persiguiéndola.
Acto seguido, un portal se abrió en el centro de la estancia, y el grupo escapó rápidamente a través del círculo de runas por el que habían llegado.

martes, 19 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 18



Sin embargo, no sería esa noche en la que los PJs viajarían a Krismerian, debido a que Trelteran no fue capaz de introducir a Demetrius físicamente en el mundo de los sueños. El bardo presenta una resistencia extraordinaria a intentos de manipulación en el mundo onírico. El elfo se marchó, irritadísimo por el contratiempo, diciendo que la próxima vez esperaba que todo marchara bien.
Pasaron un par de días. La noche del día 62 la Espada del Dolor volvió a encontrar el sueño de Ezhabel, y la semielfa sufrió el insoportable dolor, mientras Nirintalath le susurraba:

Date prisa... no te fíes de él...

El día 63, Ayreon mantuvo una conversación con Naemen con la intención de convencer al anciano para que les acompañara en su viaje, a lo que este contestó con voz ahogada:

Vete, déjame morir en paz.

Más tarde ese mismo día, el grupo se reunió con Dailomentar, ahora comandante en jefe de la flota, para convencerle de que colaborara más estrechamente con los humanos, y en particular con Namtor. El ilvo les prometió que así lo haría, y les insistió en que tuvieran mucho cuidado, sobre todo a Ezhabel.

Por la noche, Trelteran volvió. Esta vez el grupo al completo pudo ser introducido en el Mundo Onírico. Demetrius, al entrar, quedó abstraído al instante por la música procedente de Aredia. Oyéndola, se dio cuenta de que podía aprender algo de la melodía, pero no consiguió hacerlo. Mientras tanto, Trelteran se dedicó a enseñar a Kadrajan los aspectos básicos del mundo de los sueños, para que el guerrero pudiera invocar el Martillo de Eudes. Sin embargo, Tôrkom se opuso obstinadamente a acompañarles, hasta que Kadrajan lo convenció. Ayreon quiso hacer una prueba y se trasladó a la habitación de Naemen, junto con Trelteran. El paladín podía ver el yo onírico del anciano dormido en su cama, mientras que Trelteran afirmaba que no podía verlo.

El viaje hasta Zarranzedar, la guarida de Trelteran, a través del mundo de los sueños fue casi instantáneo. Una vez allí, todo el grupo entró en la mansión del elfo renegado y este se dirigió con el Primarca al piso superior, donde comenzó el ritual que duraría ocho días enteros. Durante esos ocho días, la Espada del Dolor no dejó de atormentar a Ezhabel (-121 pv).

El día 71, Trelteran finalizó el ritual, y el día 72 bajó del piso superior junto al Primarca, que estaba delgadísimo y demacrado, y demostraba un hambre atroz. Casi no dejó de comer en varias horas.

Casi todas las noches a partir de entonces, Ezhabel soñó con Nirintalath (hasta los -127 pv).

El día 73, Trelteran llevó al Primarca hasta los barcos, y al volver, Demetrius le preguntó -aunque sin esperanzas- sobre la enfermedad de los ilvos. Sorprendentemente, Trelteran, socarrón, le respondió "busca en el fondo del mar, allí está tu respuesta".

Por la tarde, Trelteran se dispuso a cumplir su palabra, llevando a los PJs a dondequiera que estuviera la Espada del Dolor. Los hizo subir a la planta superior, a su sanctasantórum, donde se pertrechó de bastón, anillo y túnica y realizó un ritual que tras varios minutos tuvo como resultado la teleportación de los PJs al corazón de Krismerian. Nada menos que ¡a unos 2000 metros de la torre Gaunzar, la fortaleza del kalorion Khamorbôlg! Las cosas se presentaban feas si realmente la Espada del Dolor se encontraba en el interior de esa torre que se levanta varios kilómetros hacia el cielo.

Durante dos días enteros el grupo se dedicó a observar, agazapado en un grupo de piedras. vieron entrar y salir varios grupos, escasos y espaciados en el tiempo. Entre ellos unos jinetes humanos, y varios grupos de una docena de personas vestidas con túnica roja y con el símbolo de una cabeza de toro bordado en el pecho izquierdo.
El segundo día vieron aparecer un carruaje con los emblemas de Carsícores, que llevaba detrás algunas jaulas con elfos primigenios encadenados.

El día 75, Carsícores salió de la torre sin los elfos primigenios cautivos.

El grupo vio su oportunidad de entrar al atardecer, cuando un grupo de orcos se acercó hacia la torre tirando de un pequeño carro, que contenía un objeto envuelto en mantas. Los PJs se acercaron a los orcos dispuestos a pasarlos a cuchillo, pero la compasión se adueñó de Ayreon y Demetrius, y en su lugar entablaron una conversación como pudieron. Preguntados por cómo entrar a la torre, los orcos respondieron algo así como "si no hay mérito, no hay entrada". ¿Se referirían a lo que llevaban en el carro?

Los personajes decidieron seguir a los orcos a poca distancia. La torre era en verdad impresionante; multitud de vigías y de gente encapuchada con túnicas rojas se veían en las múltiples atalayas que parecían salir como extensiones naturales del mármol negro y el eog. Todas las puertas de la torre están protegidas por medios mágicos para que nadie del exterior pueda ver lo que ocurre en el interior, pero cuando Ezhabel, que iba la primera, entró en contacto con la puerta, anuló el velo de oscuridad (gracias al anillo de kregora) y todos pudieron ver lo que sucedía en el interior. Los orcos se habían detenido ante un demonio-de-palidez, ser aberrante, humanoide, pero con un rostro vermiforme sin ojos, orejas ni nariz y una boca repleta de colmillos puntiagudos. Iba acompañado por dos demonios-toro, rojos como el fuego que desprenden un calor intenso y con una presencia física impresionante.

Los pequeños orcos se mostraban intimidados. "He-he-hemos traído un obsequio... u-un obsequio para el Lord, s-s-señoría". El demonio-de-palidez observó durante un instante lo que los orcos habían traído envuelto en mantas, que resultó ser una armadura plateada bellísima. A un gesto suyo, los demonios-toro alzaron sus manos; sus ojos brillaron más rojos, y los orcos fueron desintegrados, entre gritos de agonía.
Eso por hacerme perder el tiempo —susurró el demonio sin cara, en una asquerosa y serpentina lengua negra.

Los PJs tragaron saliva, y en unos instantes Ezhabel decidió ofrecer su capa mágica al demonio, un pobre presente ya que es un objeto de poco poder. Tôrkom comenzó a hablar en la cabeza de Kadrajan, atropelladamente: "Kadrajan, ofrecedme a mí u os matarán. Os matarán os digo. ¡cuidado! ¿qué hace Ezhabel? La van a matar... ofrecedme a mí si no queréis morir".
Kadrajan hizo caso omiso del Martillo.

Efectivamente, la capa demostró ser un presente muy pobre, y el demonio, irritado, lanzó un par de hechizos al grupo, que Ezhabel logró superar sin problemas gracias a su anillo de Kregora, cosa que no pasó inadvertida para los guardianes de la puerta, que invitaron "amablemente" a la semielfa a que dejara su anillo en el suelo.

Dejad ese bonito anillo en el suelo, hermosa dama, y vos y vuestros compañeros podréis marcharos sin daño alguno —otra vez con ese tono y esa lengua asquerosa.

Ezhabel no tuvo más remedio que dejar el anillo ante el avance de los dos demonios-toro, y el grupo salió de la torre, desesperado por el giro que habían tomado los acontecimientos.

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 17


El día 53 transcurrió tranquilo, sin incidentes excepto por los ilvos que cada vez en mayor número caían enfermos, en todos los barcos.

El día 54 por la noche, Trelteran se encuentra con los PJs en el mundo de los sueños, pero antes de que puedan entablar una conversación sobre temas importantes, el kalorion percibe a Carsícores y saca a los PJs del Mundo Onírico, despertándolos.
Acto seguido, Ayreon entró por su cuenta en el mundo de los sueños, y pudo ver como Carsícores intentaba matar al yo onírico de Naemen. cuando Carsícores parte, ve de pasada a Ayreon, pero huye, ya que ha percibido a Trelteran, que estaba presente durante todo el proceso. Trelteran comenta el hecho con Ayreon.

El día 55 del viaje tuvo lugar una conversación entre Ayreon y Naemen, que se encontraba en un estado semicomatoso.
Déjame, ¿por qué me haces esto?
Porque me reconforta estar a tu lado —respondió el paladín.

Por la noche, Ezhabel volvió a recibir la visita de Nirintalath, en el ya habitual taller con la rueca podrida (-72pv).

Todos estos días, los PJs aprovecharon para investigar si algún veneno estaba infectando a los ilvos, pero sin resultado. Cada vez más ilvos caían enfermos, con síntomas más agudos. Ni siquiera los sanadores de los elfos primigenios sabían lo que estaba pasando. Eso sí, quedó claro que la enfermedad atacaba indiscriminadamente en cualquier barco, y no afectaba a los humanos.

El día 56, en previsión de la partida del Grupo en busca de la Espada del Dolor, Demetrius se encarga de presentar a Namtor Aermon como embajador de los intereses del Imperio ante los ilvos, aprovechando una convocatoria del duque Vensider, que les encarga que "hagan todo lo que puedan para investigar la causa de esta terrible enfermedad que le va a dejar sin tripulantes".

Dailomentar visitó al grupo tras hablar con Ezhabel y enterarse de que iban a partir a Krismerian en busca de la Espada. Estaba bastante irritado por el hecho de que no hubieran contado con él, y así se lo hizo saber.

Al día siguiente, el 57, hablaron con el duque, para prevenirle de la partida del grupo, con Ezhabel como interlocutora para evitar que los votos de sinceridad de Ayreon y Demetrius permitieran al comandante averiguar que habían llegado a un pacto con Trelteran.

El día 60 Trelteran aún no había hecho acto de presencia, y el duque Vensider cayó enfermo. Dailomentar se hizo cargo de la comandancia de la flota, poniendo fin a cualquier discusión sobre su partida junto los PJs a Krismerian.
Los PJs aprovecharon el día para interrogar a los cocineros, sin resultado. Según los elfos primigenios, era posible que un hechizo de Canalización Oscura tuviera los efectos que estaban aquejando a los ilvos. Lo extraño era que no afectaba a los humanos.

El día siguiente, Urmazan refirió a los PJs la caída de dos de los elfos primigenios, hasta ahora no mancillados por la enfermedad: "Elbeterne ha caído enferma y Almanera ha sentido molestias tras intentar manipular el Poder".

Por la noche, Trelteran se presentó por fin, diciendo que había tenido algunas complicaciones que le habían retrasado. Sacaron al Primarca de la celda completamente dormido ayudados por varios hechizos del kalorion, y se dispusieron a partir a un destino incierto...

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 16


El día 49 de viaje, el grupo pasó la jornada entera reunido en el camarote de Ayreon, discutiendo sobre el "pacto" con Trelteran. La discusión fue acalorada en algunos momentos, debido a la vehemente negativa de Demetrius y Ezhabel a hacer cualquier tipo de pacto con las fuerzas de la Oscuridad.
Este mismo día, algunos ilvos de la tripulación cayeron enfermos, presas de náuseas, mareos y una ligera fiebre. Extraño, ya que los ilvos muy raramente enferman.
En las jornadas siguientes, más ilvos irían cayendo enfermos, mostrando unos síntomas más agudos.

El día 50, Demetrius, haciendo uso de sus poderes de Amdawydd, tuvo una visión en la habitación de la madre del primarca. Dos orientales, presumiblemente caminantes de sueños ataviados con uniforme negro y máscaras que sólo dejan ver los ojos, se llevan a la matriarca, desapareciendo en la nada.
Ayreon interrogó a Urmazan acerca de la Daga Negra que presumiblemente se encontraba en poder de Treltarion, pero el elfo dijo no saber nada de ella.
Por la noche, Ezhabel fue visitada de nuevo por Nirintalath, y experimentó el amargo dolor que iba siendo habitual.
Demetrius despertó al mundo de los sueños, de nuevo atrapado por la extraña música procedente de Aredia, pero no supo discernir nada nuevo en ella.

El día 51, los vigías más avanzados dieron la señal de alarma. Al frente se podía ver una flota de unos 60... ¡barcos minotauros! Los ilvos y los elfos mostraron su extrañeza ante una raza que se creía desaparecida hacía cientos de años.
Este día tuvo lugar una conversación-interrogatorio entre Ayreon, lady Asmariur y lord Treltarion. En la conversación salió a la luz que lady Asmariur se había apoderado de la Daga Negra con ocultas intenciones, pero desgraciadamente, la elfa borró todos los recuerdos de la mente de Ayreon que la relacionaban con el arma creada por Trelteran.
Por la noche, Trelteran volvió a reunir a los PJs en el mundo de los sueños. Sorpresivamente, lady Asmariur los había estado esperando en lo alto de uno de los mástiles, y apareció por sorpresa, armada con la Daga Negra, dispuesta a acabar con Trelteran. El elfo renegado no dudó en acabar con ella, sin mucha dificultad, y sin mostrar el más leve atisbo de duda o compasión.
Trelteran volvió a citar a los PJs para la noche siguiente, a falta de la llegada a un acuerdo, y debido a lo conmocionados que estaban por lo de lady Asmariur. Además, les hizo una nueva oferta: "Eluiridiann puede ser vuestro -con la excepción de unos pocos territorios que me reservaré-, a cambio de que me ayudéis a expulsar la Luz de Krismerian".

El día 52, por la mañana, se informó a Treltarion de lo que le había sucedido a su esposa, y el elfo se mostró profundamente afectado, aunque parecía que lo tenía asumido. El odio de lady Asmariur hacia Trelteran la había condenado hacía mucho tiempo.
Por la noche, los PJs volvieron a reunirse con Trelteran en el Mundo Onírico. Acordaron que Trelteran les llevaría a la Espada del Dolor; que el kalorion le quitaría al Primarca la infección de la Daga y no lo volvería a tentar nunca más; llegaron a un pacto de no agresión durante 7 años, durante los cuales Trelteran retiraría sus tropas de Aredia, y durante los cuales, tras la conquista de Aredia, la Luz no atacaría Eluiridiann; Trelteran también escudaría los sueños de Ayreon y Kadrajan; el grupo no molestaría al elfo durante 7 años o hasta que consiguiera ser el Primero, y se comprometió a matar o, al menos, distraer a Urion durante ese tiempo.

El pacto con la Sombra estaba hecho, esperaban que en aras de un bien mayor.

lunes, 18 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 15


Y así era. Un tal lord Amelantar, el tercero en el orden sucesorio al ducado de Vensider, había aglutinado a su alrededor a un numeroso grupo de nobles bajo la consigna de que los barcos de la flota solamente deberían transportar ilvos, y dejar a todos los humanos en tierra. Esta postura chocaba frontalmente con los acuerdos a los que se habían llegado en el anterior Consejo de Guerra.
Así que al día siguiente tuvo lugar otro cónclave donde Amelantar dejó bien clara su postura, y con él su grupo de seguidores. Durante ese día no se pudo arreglar nada, y se pospuso la sesión al día siguiente.

Por la noche, lady Asmariur se acercó a Demetrius, preocupada porque según ella: no creo que a lord Ergialaranindal le queden más de tres o cuatro meses de vida.

El día siguiente, en el consejo, todo parecía ir con normalidad, hasta que Naemen, sentado al lado de Ayreon -aunque éste hubiera jurado que el viejo no había entrado a la sala de Consejos-, empezó a sollozar, a gemir y a decir con voz entrecortada: algo no va bien aquí... no todo es lo que parece, con los ojos totalmente en blanco. Ayreon decidió en ese momento utilizar su consciencia celestial, con un éxito tremendo que le permitió ver cómo el plano celestial se curvaba hacia Naemen y descubriendo las ilusiones de la sala a los ojos de todo el mundo. Amelantar y uno de los nobles de su séquito no eran otros que Larmar y Tenthalus, los kaloriones, que al sentirse descubiertos revelaron su verdadero poder dejando inconsciente a la mayoría de la sala excepto a Ayreon, Kadrajan, el Primarca, Dailomentar y alguno más de los presentes. Treltarion y la mayoría de los elfos primigenios se encontraban en ese momento fuera de la sala, y Naemen no tardó en caer inconsciente, pero víctima de su propia debilidad por alguna razón desconocida.
Los Renegados se dedicaron a burlarse de la situación, afirmando que era penoso que esto fuera lo mejor que el mundo podía reunir contra ellos. Mientras Tenthalus hablaba, Larmar tentó al Primarca con una de las conocidas Dagas Negras, y éste la aceptó; su cara cambió al instante. Su cuerpo pareció librarse de un gran peso y su aspecto mejoró notablemente. Pero había algo maligno, muy maligno en él.
Kadrajan se lanzó hacia delante esgrimiendo a Tôrkom, pero fue un fútil intento; la Daga Negra, arrojada por el Primarca, y un ataque de Tenthalus fueron suficientes para dejar al valiente guerrero fuera de combate. Dailomentar intentó una heroica resistencia, pero un potente hechizo destruyó sus ropas y quemó su piel, dejándolo también muy malherido. Los kaloriones se giraron hacia Ayreon, la única amenaza que quedaba en la sala. El paladín, viendo que no tenía salida, se puso a rezar con toda la fe de la que era capaz.

Entonces, algo terrible y maravilloso ocurrió. Envueltas en un resplandor dorado que lo absorbía todo, varias presencias angélicas se materializaron en la sala -según Ayreon, a través de la curvatura del plano celestial que había visto antes- y usaron todo su poder para expulsar a los kaloriones. Naemen respiraba cada vez más entrecortadamente y Ayreon cogió su cabeza en su regazo. Las presencias angélicas se reunieron alrededor del paladín, susurrando todas a la vez, y repitiendo las frases cada vez más débilmente, como en un eco que se alejara:
"no habrá otra oportunidad"
"cuidadlo"
"sobre todo, tened fe"
mientras los susurros resonaban en su mente, Ayreon pudo ver cómo los ángeles se iban marchitando y pudriendo, cómo su resplandor dorado se hacía cada vez más débil, hasta que solo quedaron cenizas.
Tras la desaparición de los ángeles, todo el mundo despertó, y todos parecían haber olvidado lo que había pasado. Aunque más que "olvidado", lo correcto sería decir que se negaban a sí mismos que eso pudiera haber pasado.
El Primarca tuvo que ser reducido por la propia Guardia Carmesí, y fue encerrado sin la Daga. Dailomentar fue tratado por lady Asmariur. Y Naemen estaba en un estado crítico, por lo que fue llevado de inmediato a su habitación.

Una vez eliminados Larmar y Tenthalus, la oposición al viaje no pudo sostenerse y se retomaron los planes que se habían acordado antes de la partida de los PJs.
En dos días, los ilvos y los humanos que emprenderían el viaje estaban embarcados y salían rumbo al suroeste. La flota daría un pequeño rodeo desviándose al sur, ya que en esta época, las tormentas eran más fuertes al norte y perderían un número significativo de barcos si se limitaban a tomar la línea recta hasta Féldisa.

Dailomentar se recuperó en muy poco tiempo. El Primarca fue encerrado en un camarote-celda y Naemen dispuesto con mucho cuidado en un camarote del barco insignia -donde también viajarían los PJs, claro-.
Aunque había curado a Dailomentar, en lo referente a Naemen, lady Asmariur le dijo a Ayreon: "Naemen morirá si no hacemos algo, y yo no puedo ayudarle, ni con todas mis artes y mi poder".
Así, durante cuarenta y un días de viaje, Ayreon no se despegó del cuerpo de Naemen prácticamente ni un solo instante, arrodillado junto a él y rezando con todas sus fuerzas. Ayreon notaba que perdía parte de su esencia vital (puntos de vida) con cada día que pasaba, pero no le importaba; él quería que el viejo viviera, obsesionado con lo que los ángeles dijeron. Naemen dejaba de respirar intermitentemente.
Por otro lado, desde el día del encuentro con los kaloriones, los niños, Yalima y Esdein, habían desaparecido; no los encontraban por ninguna parte.
Durante esos 41 días, Ezhabel se fue mostrando cada vez más agresiva con Ayreon, intentando que dejara de rezar, por motivos desconocidos. El Primarca no dejaba de gritar "¡¡¡deja de rezar, paladín!!!! ¡¡No servirá de nada!! ¡¡DEJA DE REZAR!!. La situación, pasados unos días, se hizo desesperante para la tripulación, que incluso intentó agredir al Primarca y a Ayreon. Por suerte, Kadrajan protegió siempre a Ayreon de cualquier intromisión externa que pudiera desviarle de su objetivo. Kadrajan y Ezhabel estuvieron a punto de matarse mutuamente en más de una ocasión. Algo extraño pasaba.
Pero por fin, el día cuadragésimo primero, exhausto y debilitado hasta el extremo, Ayreon perdió los últimos resquicios de su esencia vital, y por la noche soñó. Se encontró en el Mundo Onírico, con Ammarië, la cual le dijo que la única oportunidad para las fuerzas de la Luz era encontrar otro Emmán, y que, ¿quién mejor que él representaba los valores del antiguo avatar? Le tendió la mano, para hacerle ascender con ella al plano celestial y tomar así el puesto de Emmán en el Orden de las Cosas. Ayreon, tras mucho pensarlo, se negó: "no puedo ascender contigo, no soy digno de ello". La negación salvó el alma del paladín, ya que todo era una trampa urdida por Phôedus, en un último intento de corromper su alma.
Por la mañana, Ayreon se desplomaba, muerto. Naemen tampoco respiraba. Lágrimas y gritos de dolor de Ezhabel, Asmariur y Kadrajan acompañaron la caída del paladín. Sin embargo, a los pocos instantes, el viejo Naemen volvía a la vida con una brusca inspiración, y, débilmente, muy débilmente, susurró: "Ayreon...". Tocó la cara del paladín con su mano, y éste pareció respirar de nuevo. Efectivamente, como comprobó Kadrajan, respiraba muy débilmente. Ezhabel notó entonces cómo alguien le tiraba de la manga de su túnica; era la niña Yalima, desaparecida durante varios meses y con lágrimas en los ojos: "¿qué le pasa al abuelo?".

A lo largo de esos cuarenta y un días, Nirintalath se había seguido colando en los sueños de Ezhabel, aunque, debido a su presencia en alta mar, la espada parecía encontrarla con mayor dificultad. (-67pv total).
Una de las últimas noches, Kadrajan se había visto en el mundo de los sueños con Urion -el cual aparecía bastante incómodo, ya que no tiene soltura en el Mundo Onírico-. Urion le propuso un trato: le propuso cambiar el "martillo por la copa", y le hizo una pregunta que a Kadrajan le extrañó bastante: "¿estáis con un tal Ayreon o Ibrahim?".

Por causas desconocidas, al resucitar Naemen, Tôrkom perdió parte de su poder, como notó Kadrajan. Esa misma mañana de la resurrección, un remolino se formó en el centro de la flota, del que emergieron 3 demonios Maleskari de unos 80 metros de alto, procedentes de un Portal en el fondo del mar, que se formó, según Demetrius, como compensación por la intervención celestial para la resurrección de Naemen y Ayreon. Kadrajan y Ezhabel se lanzaron valientemente al combate con los demonios, aunque tuvieron mala suerte y acabaron con la semielfa inconsciente y caída por la borda, y Kadrajan intentando rescatarla, también inconsciente. Finalmente fueron rescatados por los elfos primigenios, y cuando Ezhabel despertó, vio que ya no estaba en posesión de la Daga Negra que guardaba desde que había aparecido en la cabecera de la cama de Kadrajan.

Al día siguiente, el grupo fue informado de que con todo el pandemónium organizado por los Maleskari, la madre del Primarca había desaparecido sin dejar rastro.

Preguntada por Ezhabel acerca de la Daga Negra, Asmariur la miró con altivez y le respondió que sí, que efectivamente, la Daga Negra estaba en posesión de los elfos primigenios, concretamente de Treltarion, ya que era demasiado peligrosa para que la guardara una niña como ella. Ezhabel insistió e insistió en que le devolvieran la daga, hasta que lady Asmariur y Ayreon empezaron a sospechar de que quizá la Daga Negra hubiera influído demasiado a la semielfa, y estuvieron de acuerdo en la conveniencia en que Ezhabel no debería tener cerca una Daga Negra durante una temporada.

Ayreon, un poco recuperado, intentó hablar con Naemen, el cual no hacía más que susurrar "dejadme morir...". También intentó interrogar a Yalima, acerca de dónde había estado y qué había pasado, pero no sacó nada en claro.
También intentó pasar a la habitación de la madre del Primarca, pero un guarda elfo primigenio muy orgulloso no le dejó entrar: "órdenes de lady Asmariur".

La noche del día cuadragésimo octavo, ocurrió algo que los PJs no hubieran podido ni soñar.
De repente, todos se vieron en la cubierta del barco insignia -donde ellos viajaban- en el mundo de los sueños. Una música, la música que en noches anteriores había podido escuchar Demetrius, sonaba más fuerte ahora, audible para todos. Y en el castillo de proa estaba Trelteran, acompañado de cuatro Bestias de los Sueños, sonriendo maliciosamente. El elfo renegado sostuvo con el grupo una larga conversación de varias horas, para llegar a un punto culminante en el que les ofreció un pacto con varias condiciones; una especie de... "cadena de favores" que podrían hacerse el grupo de personajes y el kalorion.
Entre otras cosas, les ofreció retirarse de Aredia, llevarles al Santo Grial, llevarles a la Espada del Dolor, llevarles a Eglaras, quitar la infección de la Daga Negra del Primarca, y un pacto de no agresión "hasta que consiguiera ser el Primero de sus iguales". Por supuesto, a cambio él exigía varias cosas: que los personajes mataran a Urion, que mataran a Naemen, que le entregaran el martillo, no agresión a sus secuaces, y varias cosas más.
Además, les ofreció la posibilidad de escudar sus sueños, ya que según él "todo el mundo te está buscando, Ayreon, y te matarán en cuanto te encuentren. Eres para mí un factor de distracción muy valioso".

"Pensadlo, pensadlo bien. No os exigiré que aceptéis todos los puntos del trato, pero espero que me satisfagáis mínimamente. Nos veremos dentro de unas cuantas noches".

Así, el "aguilucho" los dejó totalmente confundidos y descolocados y con una disyuntiva moral tremenda: ¿aceptarían hacer tratos con un kalorion, una fuerza de la Sombra?

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 14


En el cónclave de guerra del día siguiente se llevaron a cabo las votaciones sobre cuál sería el curso de acción a tomar, y por un ajustado margen se decidió que en un plazo máximo de 15 días los ilvos capaces se embarcarían hacia Aredia, junto con los humanos que los PJs habían salvado de Aegteron y sus acompañantes.
La población civil ilva y humana se encaminaría a los refugios de las montañas de Vensider.
También se decidió que Dailomentar encabezaría una expedición de ciento cincuenta naves con el fin de capturar al completo la flota de Avandelia, donde el caos del Despertar había sido terrible.

El grupo decidió que era ahora o nunca cuando tenían que cumplir su promesa de salvar a los esclavos humanos (también llamados "nicodemos") de Deraderiann y de Kalador.
Ante esta decisión, el duque Vensider no pudo sino advertir a los PJs que "no hay barcos suficientes para llevar a todas esas personas". El grupo debía conseguir al menos diez barcos de guerra más para poder transportar a los nicodemos, aparte de toda la tripulación y pasaje que viajaría en los barcos que ya tenían.

Los personajes intentaron reclutar urgentemente a toda la tripulación que pudieran, pero para su frustración y tras dos días, habían conseguido sólo unos pocos efectivos.
Cuando parecía que ya no había esperanza, apareció providencial lord Demmaiah, que interrogado acerca de la disponibilidad de marinos, tripulantes y navíos, no dudó en afirmar que no había ningún problema. Así, los PJs partieron de Vensider hacia el este con un gran contingente de Señores de las Bestias y varias decenas de navíos.

Durante el viaje, siete días de ida y siete de vuelta, se produjeron las ya habituales charlas entre Naemen y Ayreon, donde el viejo era todo pesimismo contra la débil esperanza del ex-paladín.
Tres noches apareció Nirintalath en los sueños de Ezhabel, causándole enorme dolor en lo más hondo de su alma.
Kadrajan tuvo un encuentro con Trelteran en el mundo de los sueños, donde el Kalorion le dijo: "Te arrepentirás de lo que me pasó. Te encontraré". Obviamente, se refería al ataque sufrido hacía unas cuantas noches a manos de Galior y la Daga Negra, que le dejó una cicatriz en el hombro.

Sin demasiados problemas debido al caos reinante en la Primacía y gracias a los conocimientos de los nicodemos de las cloacas y túneles subterráneos, los esclavos pudieron embarcarse, e incluso robar diez barcos de guerra en el puerto de Deraderiann.
Así, el grupo cumplió su promesa de rescatar a los esclavos que tanto les habían ayudado en el pasado.

Al cabo de otros siete días, la flota arribó de nuevo a Vensider, donde estaba a punto de celebrarse una nueva Reunión de Guerra. Según lady Asmariur, algún noble había cambiado extrañamente de parecer en los días que los PJs habían pasado fuera del ducado...

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 13


Los personajes encontraron un poco de descanso la siguiente jornada en Vensider. Algo de agradecer después de todo el cúmulo de últimos acontecimientos.
La siguiente noche, Nirintalath -la Espada del Dolor- entró en el sueño de Ayreon, ante su imposibilidad de encontrar a Ezhabel, haciéndole sufrir sobremanera y consiguiendo que el paladín decidiera decirle a Ezhabel que no evitara más a Nirintalath.
Demetrius, agotado por el coma y el ataque mental de la Sha, no consiguió oír la melodía proviniente del mundo de los sueños.

El día anterior amaneció con una convocatoria por parte de los criados de Vensider de una Reunión de Guerra de Urgencia el día siguiente, a la que los personajes estaban por supuesto citados. En la reunión se trataría el destino de los ilvos supervivientes.
Esa jornada tuvieron lugar varias conversaciones. Ayreon habló largo y tendido con Naemen en el jardín de palacio, y el viejo de comentó a Ayreon críticamente que en sus sueños "no queda tiempo". Ezhabel, por su parte, en una conversación con lady Ylirdurais, la madre del Primarca, consiguió averiguar que mientras la ilva había estado en coma, había tenido unos sueños muy extraños, casi alucinantes, donde el mundo se acababa, los continentes se hundían y todo se volvía negro, y estaba convencida de que el viejo Naemen aparecía en ellos. Kadrajan, por su parte, también habló con Urmazan sobre los próximos pasos a tomar y sus opiniones al respecto.

Por la noche, Nirintalath volvió a encontrar a Ezhabel, y la semielfa sufrió indeciblemente (-5pv). Y Kadrajan tuvo su primer encuentro a solas con Trelteran, el cual, divertido -bueno, todo lo divertido que puede parecer Trelteran-, le planteó al guerrero un canje por Tôrkom, el Martillo de Eudes.

Y por fin, los ilvos supervivientes fieles a la Primacía se reunieron en el anfiteatro de la Sala de Guerra de Vensider. Allí se encontraban todos los ilvos, elfos y humanos de relevancia que habían sobrevivido a la usurpación: el propio duque Vensider; lord Ergialaranindal, Dailomentar y Argimentur, con algunos guardias carmesí de alto rango; lord Demmaiah, cuñado del Primarca y erigido líder de los Maestros de las Bestias, junto con algunos compañeros; Treltarion, Urmazan y compañía, los elfos primigenios; todos los nobles ilvos de alto rango del ducado de Vensider; el duque Insortar, cuñado de Vensider y aliado incondicional, junto con gran parte de sus nobles de alto rango; y, por supuesto, todos los personajes, más Naemen y los niños -¿alguien dudaba que conseguirían entrar en la reunión?-.
Los discursos se encadenaron hora tras hora, y las posiciones fueron quedando agrupadas cada vez más claramente en dos corrientes: quedarse en Eluiridiann y combatir contra Valankerdar y lo que fuera, o partir a Aredia en espera de tiempos mejores, comprometiendo la ayuda del Imperio Trivadalma, y posiblemente, los elfos arédicos.
Lord Ergialaranindal dejó clara su postura de quedarse en Aredia y luchar, ya que, según sus palabras:
"todo se reduce a estrategia, ataquemos duro y rápido y caerán".
Junto a él, la Guardia Carmesí, incondicionales seguidores del Primarca, secundó sus argumentos.
Lord Demmaiah, al que se notaba tenso con el Primarca -y al que, como más tarde averiguaría el grupo, odia profundamente-, defendió la postura contraria. Refirió para ello cómo
"los Maestros de las Bestias a los que nos enfrentamos hace poco en el Norte eran capaces de usar el Poder y nos aplastaron, literalmente". Los personajes, como no podía ser de otro modo, defendieron apasionadamente los argumentos de lord Demmaiah.
Por su parte, Vensider, Insortar, sus respectivos nobles y los elfos primigenios permanecieron indefinidos en unos casos y completamente callados en otros. La reunión proseguiría al día siguiente.

Tras la reunión, los personajes aprovecharon para entablar varias conversaciones. Así, Demetrius dialogó con Demmaiah pidiéndole más detalles sobre lo que había dicho, y Ayreon prácticamente acorraló al Primarca, pidiéndole explicaciones. Ergialaranindal insistió fervientemente en sus argumentos y su capacidad como estratega -capacidad incuestionable por nadie que conociera sus hazañas-.
Al atardecer, Ayreon y Naemen entablaron una nueva conversación. El anciano acabó llorando, emocionado por la piedad y fe ciega del ex-paladín.
Tras su conversación con Ayreon, Naemen acudió a la habitación de Demetrius, ya que el bardo le había dejado el recado, y allí tuvieron una charla sobre temas metafísicos.

Llegó de nuevo la noche, y con ella la Espada del Dolor, que fue aceptada por Ezhabel sin resistencia. Así, en el taller verduzco con la rueca astillada y la anciana apergaminada, Ezhabel consiguió entender las palabras "tu muerte es mi vida".
Esa misma noche, Ayreon tuvo que hacerse cargo de Yalima y Esdein, los "nietos" de Naemen, a petición del anciano.
Kadrajan, por su parte, acudió a Galior, pidiendo al elfo primigenio que escudara sus sueños ante la posibilidad de nuevas visitas de Trelteran.

A la mañana siguiente, cuando Kadrajan despertó, se encontró con Galior convertido en un vegetal en la silla al lado de su cabecera, y una Daga Negra en su almohada, que le llamaba. Kadrajan cayó bajo el influjo de la Daga y deseó tenerla, pero se contuvo a tiempo y no la tocó. En adelante, no hubo manera de sacar a Galior del coma. El grupo había perdido un importante apoyo en el mundo de los sueños. Acto seguido, lady Asmariur y Hinnemir partieron al mundo de los sueños para intentar averiguar lo que había ocurrido.
Tras una breve investigación, los personajes pudieron ver que la Daga era la misma que estaban guardando hasta entonces. Alguien la había cogido. Ayreon pensó en los niños, con los que había jugado la noche anterior, pero no dieron ningún signo de culpabilidad.

Por otra parte, Dailomentar se reunió con Ezhabel, y le dijo que lord Ergialaranindal le había prohibido verla, porque la consideraba "una mala influencia". El ilvo afirmó que por primera vez iba a desobedecer una orden directa de su Primarca, tal es su enamoramiento.

A mediodía, se reanudó el Cónclave de Guerra. Las conversaciones siguieron durante horas, hasta el amanecer del día siguiente. Entonces se realizó la votación y por un estrecho margen en el que el voto de Vensider fue muy importante, se decidió que la flota y las legiones restantes partirían a Aredia.

Cuando los personajes volvieron a sus estancias, se encontraron con que lady Asmariur y Hinnemir habían vuelto ya del mundo onírico, sin haber tenido ningún éxito en sus pesquisas. Para intentar averiguar más cosas, Demetrius, con mucho esfuerzo debido a su débil condición, intentó conectar con el pasado de la habitación de Kadrajan, y tuvo la visión de cómo el paño donde estaba la Daga se deshinchó solo, como si el arma hubiera desaparecido instantáneamente; a continuación, pudo ver cómo Galior aparecía de la nada, cayendo en su silla ya en estado comatoso y con la Daga en la mano. Inquietante.

miércoles, 13 de abril de 2011

Sombras en el Imperio - Campaña de Arcana Mvndi Temporada 1 Capítulo 2


"El secreto de los Jardines de Mecenas", segunda sesión.


Tras el descubrimiento del rostro de Anariaco en las pupilas del bibliotecario Albinovano, Lucio Mercio hizo una breve visita a Pompeyo Apolinaris para pedirle que no retirara todavía los cadáveres de las termas, quería investigar un poco más. Pompeyo accedió; el oficial frumentario tenía una actitud extremadamente estirada, pero su talante era colaborador. Además, la conversación entre Lucio y Pompeyo fue mucho más allá, tratando temas más profundos. Interrogado por la lealtad a su amigo Cayo Cornelio, Lucio respondió que su lealtad a la patria era mucho mayor, fingiendo de forma tan perfecta -o no-, que Pompeyo le cogió confianza. El oficial le contó que hacía tiempo estaban intentando hablar con Zoster, el esclavo de Cornificia que había descubierto la escena de la matanza por la mañana, pero sin ningún viso de lograrlo. Le comentó que, si se le presentaba la oportunidad, lo interrogara y le informara de lo que averiguase. Tras este encargo, se despidieron efusivamente.

Por su parte, Cayo Cornelio se dirigió a las estancias de Marco Segiditio para conversar con el jefe de seguridad. Marco se hallaba en la puerta del palacio de Cornificia dando órdenes a los guardias que custodiaban la puerta. Junto a dichos guardias ahora se encontraban dos pretorianos reforzando la seguridad. Cayo le preguntó varias cosas y Segiditio se mostró colaborador aunque no aportó ninguna información de utilidad. Eso sí, Cayo detectó un ligero acento etrusco en su habla, igual que el jardinero Culpex. Y cuando le mencionó los nombres grabados con puñal en el cuerpo del bibliotecario, Marco había dejado entrever una sensación extraña que Cayo no pudo identificar. Algo sabía, estaba casi seguro.

Tiberio Julio e Idara se encaminaron a las estancias de Aulo Phersu, el encargado de los animales y veterinario. Sus estancias eran subterráneas, y a ellas accedieron a través de unas estrechas y escaleras. El olor era muy fuerte allí abajo, y se oía ruido de animales. La pequeña estancia estaba iluminada por antorchas de luz mortecina. Una puerta daba acceso a lo que debía ser el lugar de descanso del veterinario, y alrededor de la estancia principal, donde se encontraban, había varias jaulas que guardaban animales: unos chimpancés, una pantera, gatos monteses y varios lobos. Los chimpancés se encontraban extramadamente excitados. Una de las jaulas albergaba en un charco de sangre el cadáver de un lobo que al parecer había sido destripado. Aulo Phersu les recibió limpiándose las manos, que tenía manchadas de sangre. Según explicó Phersu, el lobo muerto había contraido la rabia y no había tenido más remedio que sacrificarlo. Había guardado varios de sus órganos internos para sacrificarlos; supusieron que se debía de tratar de algún tipo de ritual etrusco. El hombre se mostraba nervioso; en raras ocasiones personas del nivel social de Tiberio le dirigían la palabra, y mucho menos bajaban a sus estancias. Tiberio Julio le interrogó en profundidad, intrigado por el estado de nervios cada vez mayor del hombre, que por cierto, tenía un acusado acento etrusco. Idara encontró una túnica empapada de sangre tras la puerta de su habitación, a lo que Phersu afirmó que era sangre de otros animales. La conversación acabó sin ningún resultado interesante y Tiberio se despidió. Sin embargo, cuando estaba saliendo por la puerta, Phersu les deseó buena suerte con la madre de Cayo Cornelio. Tiberio retrocedió en el acto, extrañado; era posible que Phersu se hubiera enterado de la desaparición de Julia Lepida por las habladurías, pero harto improbable. Tras hacer unas cuantas preguntas más, encargó a Idara ir a buscar a Lucio para interrogar de verdad al veterinario. El desgarbado hombre se puso blanco y entró en un estado de agitación mayúsculo. Por otro lado, Tiberio estaba seguro de que el lobo asesinado no presentaba síntomas de rabia, aunque en el estado en que se encontraba era difícil estar seguro; pero no tenía rastros de espuma, ni la lengua hinchada, ni ninguno de los síntomas que él conocía.

Idara encontró rápidamente a Lucio y lo llevó con ella. Esto no pasó inadvertido a Marco Segiditio, que se dirigió también a las estancias de Aulo Phersu, acompañado por Cayo. Lucio no tuvo apenas tiempo de interrogar a Phersu. Cuando el etrusco vio a aquel hombre de durísimo rostro surcado por una profunda cicatriz de lado a lado dirigirse hacia él, no pudo aguantar más la presión: cayó al suelo víctima de un infarto. Lo sacaron rápidamente al exterior y lo llevaron al campamento de Pompeyo Apolinaris. Tiberio hizo lo que pudo, dejando al hombre inconsciente y con apenas un hálito de vida, pero vivo al fin y al cabo; sólo quedaba confiar en los dioses.

Una vez dejaron a Phersu en el campamento de los frumentarios, Tiberio, Cayo e Idara se internaron en el Templo de Apolo y en la torre mecenata en busca de pistas, sin éxito. Mientras tanto, Lucio Mercio había ido a palacio para intentar interrogar al esclavo Zoster, que se encontraba al servicio de Cornificia, la hermana del emperador Comodo. En palacio, los guardias de los Jardines no permitieron su entrada, dando como única explicación que eran órdenes de Marco Segiditio. Por el momento, nadie podía entrar en palacio. No obstante, no tardó en aparecer Segiditio, que con maneras más agresivas de lo que en él era normal, accedió a que Lucio entrara al palacio, siempre y cuando permitiera que él lo acompañara. Lucio aceptó y entraron. El frumentario envió un sirviente para convocar a su presencia al esclavo Zoster, y al rato apareció un adusto pretoriano que les informó de que no era del agrado de su señora Cornificia el que interrogaran al esclavo en ese momento y que se sentía indispuesta y necesitaba a todo su servicio. Lucio tuvo que marcharse con las orejas gachas.

Al reunirse el grupo, pudieron poner en común lo que habían descubierto, y lo que más les llamó la atención fue la coincidencia en el acento etrusco de los tres interrogados, en mayor o menor medida. Tras esto, se encaminaron a investigar al auditorium. El auditorium, fuera de lo común porque era subterráneo, se encontraba excavado a los pies del enorme ciprés, y como a las dependencias de Aulo Phersu, se accedía a él a través de una pequeña construcción con una escalera descendente en su interior. Eso sí, esta era más amplia que la de las dependencias del veterinario. La estancia, de unos veinte metros de largo por diez de ancho, era un lugar sepulcral y ominoso. Iluminado por unos cuantos candiles, la luz parecía ser absorbida por las paredes repletas de mosaicos que imitaban un extraño y frondoso jardín cuyas figuras vegetales eran exuberantes y seguramente bellas, pero que con aquella luz tímida y tremolante ponían los pelos de punta. El gran salón finalizaba en una cavea enmarcada por las raíces centenarias del enorme ciprés que dominaba los Jardines, donde la acústica era perfecta para llegar a todos los rincones y estaba provista de una fuente con ingeniosos juegos de agua, imitando el efecto de un río y una cascada. Idara tuvo una corazonada antes de entrar, un mal augurio. No le gustaba nada aquel lugar. El resto del grupo trató de convencerla de que no pasaba nada, y tras mucho esfuerzo lo consiguieron. Buscaron señales durante un rato.

Lucio descubrió la puerta secreta que conducía a la biblioteca detrás el tapiz de la mujer que esgrimía el espejo y la rama de ciprés. Durante ese ínterin, Idara se puso cada vez más histérica. Estaba convencida de que veía a las sombras moverse y acercarse a ellos [Idara tiene "Gnosis" como rasgo de destino, con lo que los efectos sobrenaturales se le desvelan con más facilidad]. Gritó a Cayo Cornelio si no veía a esa sombra que iba a tocarlo. Cayo sintió un escalofrío, pero nada más. Tiberio también se sentía más intranquilo por momentos. Descubrieron en el suelo restos de incienso y una abertura fina como un papiro y difícil de ver bajo la cavea, también en el suelo, tallada en la roca viva. Fijándose mucho más, pudieron ver que había manchas de sangre seca casi borrada alrededor de la abertura. Las sombras seguían moviéndose, amenazantes a los ojos de Idara, que se encontraba paralizada por el horror, mientras Tiberio intentaba calmarla. Cayo Cornelio se agachó para intentar ver algo a través de la abertura, y se retiró espantado; habría jurado que unos ojos apagados lo observaban desde el otro lado, pero no alcanzaba a ver con claridad. Tiberio se agachó también a mirar, su curiosidad era muy fuerte. En ese momento, el médico se encogió de pavor, al oir la voz de una anciana en su cabeza:

Tiberioooo.

Idara comenzó a oir también la amenazante y decrépita voz:

Idaraaaaa. Marchaos y no volváis, o lo pagaréis con vuestras vidaaaaas.

Las voces les instaban a marcharse so pena de pagarlo con la muerte; Idara y Tiberio no podían oir nada más que las amenazas. Cayo y Lucio empezaban ya a sugestionarse, al ver el estado de sus compañeros. Estos últimos arrastraron fuera de allí a la mujer y el médico, a través de la puerta secreta que había descubierto Lucio. Aparecieron en la biblioteca, tras una gran estantería, y Tiberio e Idara se calmaron en pocos momentos, pero sus rostros reflejaban el mal rato que habían pasado. Algo muy extraño sucedía en el auditorium, y deberían averiguarlo en un momento u otro.

Ya había pasado la hora de comer, y tenían hambre. Lucio se marchó a la Castra Praetoriana a informar a Apio Cecilio de lo que había descubierto, incluyendo el ritual con restos de canibalismo y la posible implicación de Anariaco. Al mencionar al compañero frumentario, Apio se mostró menos sorprendido de lo que Lucio había esperado. Apio simplemente le respondió que no le extrañaba, que nunca se había fiado de Anariaco y que éste era sin duda una mala persona. Lo buscaron en la Castra, sin éxito. Los guardias de la puerta les informaron de que había partido por orden de no se sabía quién en misión especial al occidente del Imperio hacía unas pocas horas. Debía de haber salido hacia el puerto de Ostia.

El resto del grupo se dirigía a tomar un refrigerio a la domus de Tiberio cuando vieron una columna de humo elevarse sobre el Esquilino, procedente más o menos del lugar donde Cayo Cornelio tenía su casa. Se dirigieron hacia allí, y para horror de Cayo, efectivamente su casa -y por extensión, algunas de alrededor- había sido pasto de un terrible incendio. Los esclavos se encontraban reunidos en la calle, apesadumbrados. El cuerpo de vigiles (bomberos) ya se encontraba intentando extinguir el incendio. El hombre que se había hecho pasar por pretoriano y que habían capturado cuando les atacaron estaba ya muerto sin duda, consumido por las llamas. Un esclavo informó a Cayo que justo antes del incendio se habían reunido en la puerta de la domus una media docena de personas vestidas con capucha -cosa prohibida- en actitud sospechosa, mirando mucho hacia el edificio. Al cabo de unos instantes, uno de los vigiles apareció con un trozo de pergamino que "parecía no arder en el fuego" según sus propias palabras. Cayo lo abrió; el mensaje era bastante escueto:

"Queremos a la mujer" —rezaba.

Enojado, lo arrugó de mala manera y lo guardó.

Se dirigieron por fin a casa de Tiberio Julio. Allí, tras tomar un ágape, Tiberio sacó el extraño disco de Idara y lo puso sobre la mesa. Los símbolos eran como una mezcla entre egipcio y griego, pero a la vez diferentes de ambos. El mistagogo de Tiberio, Cneo Servilio, que vivía en la casa, se reunió con ellos. Hablaron largo y tendido del disco y por qué podía ser tan importante, y del mensaje que habían dejado en casa de Cayo. Tiberio les habló de los extraños símbolos y de las ruinas de Cnossos que visitaba con sus primos y donde los había visto por primera vez, mientras apretaba la estatuilla que llevaba en el bolsillo. Al preguntar a Cneo Servilio por dónde podrían encontrar información sobre los símbolos, éste respondió que no se le ocurría un mejor lugar que la Gran Biblioteca de Alejandría, a la que por cierto quería hacer una visita en breve. Interrogaron a Idara sobre el origen del disco, y ella les contó todo lo que sabía, que no era mucho, y el desgraciado incidente de hacía dos noches con los tipos de las túnicas. Tenía lagunas mentales sobre el episodio, y lo único que recordaba sobre la villa donde había encontrado el disco era que se alzaba cerca de Tibur. Nada más.

Lucio Mercio llegó a la domus, tras haber comido en la Castra Praetoria. Al entrar en la sala, se quedó petrificado al ver el disco por alguna razón desconocida. Tuvieron que hacerle reaccionar. Lucio no conocía nada sobre el disco ni los símbolos, pero no sabía por qué, intuía que el objeto era de extrema importancia, aunque tampoco sabía para qué. Tras poner al frumentario en antecendentes de lo que sabían, partieron de nuevo a los Jardines.

Una vez allí, el grupo vio cerca de la Torre Mecenata a una pareja, un hombre y una mujer. Ella llevaba la cara tapada con un velo, y el pelo ensortijado del hombre era inconfundible para Lucio. Había visto al individuo reunirse varias veces con Anariaco. Debía de tratarse de un informador del asesino. La pareja entró a la biblioteca, y Lucio los siguió a poca distancia. Allí se reunieron con otra persona, un patricio o un caballero, a juzgar por su porte. Cuando el trío pasó a la habitación del bibliotecario para ver el cadáver, Lucio entró a su vez y se presentó, preguntándoles si les podía ayudar en algo. El aparente patricio se presentó como Lucio Cilnio. Los otros dos permanecieron en el anonimato. El rostro de la mujer era apenas visible por el velo, pero Lucio vio lo suficiente como para suponer que debía de estar deformado de alguna manera. Cilnio le hizo algunas preguntas, a las que Lucio respondió con ambigüedades, así que se despidieron al poco rato.

Mientras Lucio se encontraba en la biblioteca con el trío, Tiberio se dirigió son su "botiquín" a palacio para ver a Cornificia, y si era posible, interrogar al esclavo, al tal Zoster. Tuvo ciertas dificultades con los guardias, pero cuando Cornificia se enteró de que quería verla, dio órdenes de que le dejaran pasar. Siguiendo los consejos de Tiberio, Cornificia había dejado de consumir mandrágora, ante la consternación de Segiditio, pero su aspecto ahora era mucho peor, los ojos hundidos, el pelo despeinado y la cabeza doliéndole como el infierno. Tiberio hizo uso de todo su saber médico, e intentó crear un preparado con hierbas no tan adictivas como la mandrágora. Tuvo éxito [gastando seis puntos de gravitas para la tirada de farmacopea] y Cornificia resultó aliviada con la pócima. Antes de caer dormida, le permitió charlar con su esclavo Zoster. Éste se adelantó desde el rincón donde se encontraba. Zoster estaba muy nervioso, pero Tiberio se lo ganó enseguida tratándolo con educación y regalándole una bolsa de monedas por su colaboración. El esclavo le contó lo que había descubierto en las termas por la mañana, la horrible matanza con los cuerpos semidevorados y tres sombras que parecían moverse y "respirar" en la oscuridad. Esto último revivió en Tiberio el recuerdo de la desagradable situación en el auditorium. Y había algo más: Zoster sacó de un pliegue de su ropa un anillo. Un anillo dorado, como los que llevaban los pertenecientes al orden ecuestre, con las letras "LC". Lo había encontrado entre los cadáveres y lo había guardado, sin darle importancia.

Cuando todos se reunieron otra vez, Tiberio les contó lo del anillo y Lucio el encuentro con el tal Lucio Cilnio, cuyas iniciales, qué casualidad, coincidían con las letras grabadas en el anillo...