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viernes, 29 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 27


Cuando la flota de los alas grises había atravesado la primera Verja Marina de la ciudad, Kadrajan se dio cuenta con asombro de que la Segunda Verja, la más exterior y poderosa destinada a rechazar los ataques marítimos, se estaba cerrando lentamente, casi imperceptiblemente.

Al instante se apresuraron en fletar dos botes para recoger a la gente que había quedado en la posada y en los carromatos. Mientras tanto, ninguno de los barcos de la flotilla se detendría a esperarlos; si no, no estaban seguros de que les diera tiempo a escapar de la ciudad. Además, en las torres ya se veía movimiento de catapultas y arbalestos. Mientras bogaban a bordo del bote con todas sus fuerzas, pudieron ver cómo dos dragones llegaban a Urangrâd desde el norte. Como les recordó Demetrius, cinco de los apóstoles de Trelteran, los cinco a los que ellos habían sustituido, seguían vivos.

Varios gritos les pusieron sobreaviso mientras llegaban a la posada, y cuando llegaron a la pequeña plaza, vieron que en la puerta se encontraban dos figuras intentando entrar a los carromatos y prenderles fuego. Una sonrisa apareció en los labios de Ezhabel, y el combate comenzó. La Espada del Dolor masacraba enemigos y Banallêth soltaba sus mortíferos dardos con precisión milimétrica. En el interior de la posada, un troll y varios elfos oscuros habían llegado para secuestrar a los acompañantes del grupo. Desgraciadamente, un golpe afortunado e increíblemente rápido del troll de guerra en el cuello de Kadrajan dejó a éste inconsciente y paralítico del cuello para abajo. Pero los esfuerzos combinados de los personajes, Alcanar y Banallêth lograron que se alzaran con la victoria y pudieran salir rápidamente de la ciudad montados en los dos carromatos restantes -ya que uno había sido consumido por las llamas-. Por desgracia, la Armadura Negra Arcángel de Phôedus ya había desaparecido. Como punto final, Ezhabel provocó un estallido del Dolor cuando estaban siendo perseguidos por una docena de trolls, que acabó con la vida de nueve de ellos.

Dos de los bardos yrkanios también habían perdido la vida en el trance.

Durante dos días huyeron en carromatos y caballos, rodeando los acantilados y colinas al sur de Aghesta, con la esperanza de que no enviaran tras ellos a los dragones recién llegados a la ciudad. Durante las dos noches, Ayreon pudo sentir cómo Phôedus seguía buscándolo sin descanso en el mundo onírico. En una de ellas, pudo sentir también la presencia de Ibrahim. La segunda noche, Ezhabel utilizó la Espada del Dolor para entrar en el mundo de los sueños y contactar con la flota Ilva que habían dejado abandonada en el Océano Tempestuoso. Pudo ver el reflejo onírico de la flota, una visión horripilante; los barcos ilvos, tan majestuosos en el mundo real, aparecían "podridos" y decrépitos, poco menos que cayéndose a trozos. Su color era apagado, y su olor, nauseabundo. A continuación, con la ayuda de Nirintalath, que se materializaba en el mundo de los sueños como una atractiva muchacha, bajaron al fondo del océano. Por pura suerte, la semielfa se topó de bruces con enoooormes cúpulas que albergaban una ciudad con edificios construidos aparentemente de coral cuya arquitectura recordaba vagamente a las construcciones de los elfos oscuros.

Para cuando se reunieron con la flota, ésta había perdido cinco barcos, víctimas de las catapultas e ingenios de asedio de las torres defensivas de Aghesta. El recuento entonces fue de 20 barcos y 1100 alas grises vivos.

La siguiente noche, Ayreon encontró el sueño de Petágoras en la dimensión onírica, pero no se atrevió a entrar en él, ya que lucía un aspecto atemorizante, rodeado de multitud de relámpagos y pequeñas explosiones. De lo que el paladín se alegró esa noche y las siguientes fue de que mientras navegaban, el dios oscuro no parecía acercarse a él en sueños.
Durante los primeros días de viaje, Märgere, la ex-apóstol de Selene, y Ayreon mantuvieron varias conversaciones, durante las cuales se fue haciendo patente el giro de la mujer hacia las creencias emmanitas, y también, por qué no decirlo, la atracción que empezaba a sentir hacia el paladín.

Cuando Kadrajan se sintió lo suficientemente recuperado -aunque paralítico-, decidió intentar invocar el poder de Tôrkom para poner remedio a su problema. Así, comprobó que cuando Eudes lo tocaba con su poder y se convertía en su campeón, sus dolencias desaparecían y podía andar y moverse. Aunque se agotaba pronto, pudo paliar un poco su hastío. De esta manera, pudo arengar a sus tropas y reprimir los conatos de motín que se percibían en el ambiente. Bain y Naran, los dos miembros del Consejo de Cinco que le eran desconocidos, fueron arrestados y encerrados como culpables de incitar a las tropas a la rebelión, según Dar y Merik.

Una nueva conversación tuvo lugar en el mundo onírico entre Ayreon e Ibrahim, acerca de lo sanguinario que era Phôedus, Emmán y sus creencias en crisis. Ibrahim insistió en preguntar a Ayreon si era cierto todo lo que le había dicho sobre el dios oscuro y sus encuentros con él. Le costaba creerlo.

Al cabo de unas dos semanas de viaje, Märgere transmitió a Ayreon su deseo de bautizarse. El paladín le prometió que tan pronto como llegaran a Ayrkan y encontraran un sitio adecuado, cumpliría su deseo.
Ese mismo día, al cabo de pocas horas, avistaron Ayrkan por fin. Una pequeña flotilla de diez barcos del Káikar se encontraba amarrada al pequeño muelle de pescadores del pequeño pueblo en la desembocadura del río Badens.

Durante la siguiente semana se dedicaron a la liberación de Ayrkan. La destreza de las aves de presa unida al poder de Alcanar y el de los propios personajes, les garantizó varias victorias más o menos fáciles. La captura del duque Fritz sirvió como moneda de cambio para enviar mensajeros y lograr un acuerdo de no agresión a Ayrkan por parte del Káikar, al menos temporalmente.

La noche del cuarto día desde que llegaron a Ayrkan, Märgere por fin se decidió y besó en la boca a Ayreon. El paladín, arrobado, la retiró bruscamente, y a partir de entonces los dos esquivaron el tema. El día siguiente fue el del bautizo de la ex-apóstol, en una ceremonia bastante emocionante, sobre todo para los emmanitas presentes.

La noche siguiente, Ezhabel volvió a ayudarse de Nirintalath para viajar oníricamente hasta los barcos ilvos, y la extraña ciudad submarina. Entró en dos de los sueños de los habitantes de la ciudad, pero claro, acompañada por Nirintalath los mató casi instantáneamente, con lo que no pudo averiguar nada.

El sexto día, por fin, el anciano bardo Jonás y los líderes de los clanes resistentes bajaron de las montañas para encontrarse con los personajes en Badaorough y rendir pleitesía a su Maestro Cantor. Durante la noche y el día siguiente cánticos de guerra se propagaron por toda la isla, con la intención de invocar a todo los bardos y acompañar a Demetrius en su odisea. Durante las siguientes 72 horas llegarían bardos sin cesar a la ciudad que los PJs habían hecho su cuartel general.

En una nueva y extensa conversación Märgere fue rechazada definitivamente por Ayreon, ante la amargura de la mujer.
Tras reunir a los bardos llegados a la ciudad y liberar al duque Fritz, la flota de los Alas Grises partió de nuevo hacia el norte, rumbo al mar Krûsde, donde Demetrius intentaría focalizar las energías de la Madre Tierra para levantar la Isla Evned, el lugar más sagrado para los seguidores del Maestro Cantor y la religión bárdica del Culto a la Madre.

Pero, por supuesto, el grupo se dio cuenta de que el viaje iba a ser demasiado largo, ya que tenían que volver por donde habían venido y rodear todo el Cónclave del Dragón y los hielos del ártico. Tardarían tres o cuatro meses como mínimo, en el caso de que llegaran.

Así que, tras mucho pensar, Demetrius expuso sus conclusiones. Disponían de una fuente de poder aparentemente ilimitada en la persona de Petágoras. La solución pasaba por que Ayreon abriera un canal hacia él con su habilidad de "canalización", y luego Demetrius utilizara el poder crudo leyendo en la mente del muchacho cómo hacerlo. El plan implicaba una infinidad de riesgos, pero era la única posibilidad de acelerar el viaje y poder ayudar a la flota ilva.

Quince días les costó conseguir aprender a manipular el poder para abrir una grieta en el contínuo de la realidad que les llevara al mar Krûsde, en la costa de Haster. Quince largos días en los que Demetrius se encontró perdido en la mente de Petágoras durante diez de ellos. Lo único que le salvó fue un largo ritual de los bardos yrkanios, que compusieron una canción para llamar a la mente del Amdawydd de vuelta a su cuerpo físico.

Tras la odisea de Demetrius a través de la mente de Petágoras, pudieron llegar por fin sin mayores complicaciones a su destino, y una vez allí la flota de los alas grises, entre cuyos barcos se habían distribuido a partes iguales los bardos, se situó en círculo en el centro geométrico del mar, guiándose mediante la constelación de Grifo. Durante tres días sonaron sin cesar los cánticos entonados por los bardos, que habían sido previamente adiestrados por Jonás. El tercer día la música alcanzó tal volumen que todos los presentes en las cubiertas de las naves tenían que taparse los oídos debido al dolor. La única que era capaz de oír la música sin inmutarse era Ezhabel. Un grito desgarrador acabó con el ritual. Durante tres horas no pasó nada. Al cabo de otras tres horas, un nuevo grito, estremecedor, terrible y bello a la vez salió de las gargantas de los bardos, muchos de los cuales cayeron inconscientes al instante, y esta vez sí ocurrió. Enormes olas se levantaron procedentes del centro del mar, que costaron la vida a varios marineros y casi acaban con parte de los bardos, Demetrius entre ellos. Durante varias horas los barcos fueron zarandeados como si estuvieran hechos de papel, oscilando entre una espesa niebla.

Finalmente, llegada la calma, allí estaba: la isla Evned, hogar y santuario de la Madre. Sin embargo, se podía ver visiblemente cómo la vegetación de la isla y ésta misma parecían pudrirse y decaer poco a poco. Demetrius puso entonces pie en la costa y desde el centro llevó a cabo el Ritual de Purificación, utilizando a Mandalazâr como foco de poder. La isla pareció renacer con una nueva luz y todo se hizo más claro. La niebla acabó de levantarse y la visión fue espléndida, tanto que hizo llorar a Demetrius, justo antes de su viaje a la inconsciencia.

Así llegó la mañana del día 155 desde la partida de la flota ilva desde Eluiridiann, con una nueva esperanza en los corazones de los servidores de la Luz.

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