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martes, 26 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 19


Pero el grupo no se rindió. La vida le iba a Ezhabel en recuperar la Espada del Dolor. Así que acamparon a aproximadamente cinco kilómetros de otra puerta de la Torre Gaunzar, por donde volverían a intentar entrar para que los guardianes no los reconocieran.

La comida comenzaba a escasear, así que Ayreon esperó a la noche para entrar en el mundo de los sueños y buscar alguna salida a su situación. Esa noche, Ezhabel comenzó a perder parte de su esencia vital a manos de Nirintalath sin ninguna posibilidad de evitarlo. La situación se hacía cada vez más insostenible. A partir de entonces, la semielfa decidiría dormir lo menos posible. Tras alejarse de la torre un día de camino, Ayreon consiguió alcanzar desde el mundo de los sueños una pequeña aldea, donde extrañamente había un objeto de gran poder en lo que parecía la casa de un herrero. En su deambular por la casa, mientras el paladín oteaba el mundo real desde el mundo onírico, el herrero -ciego- se despertó y pareció de algún modo percibir la presencia de Ayreon. Éste se marchó, planeando volver la noche siguiente.

El siguiente día, la comida del grupo se acabó por fin. Ayreon viajó físicamente por el mundo de los sueños hasta la casa del herrero. El pueblo parecía estar patrullado contínuamente por parejas de seres con túnica y capucha rojas. Tras evitarlos, el paladín consiguió llamar a la puerta. El herrero, que al parrecer se hacía llamar Kovacek le permitió pasar, y le ofreció un té.—Os estaba esperando —dijo el viejo.
Como más tarde averiguarían -y como Ayreon empezó a sospechar enseguida-, el viejo no era otro que Urión en uno de sus disfraces. El viejo le ofreció a Ayreon un extraño bastón -el objeto de gran poder que el paladín había percibido desde el mundo de los sueños-, un pendiente que le ayudaría a operar en el mundo onírico, y una pequeña redoma de vidrio vacía.—Si os encontráis con quien me temo que os encontraréis, simplemente abrid la redoma, y quedará atrapado —obviamente se refería a Khamorbôlg.

A cambio de su ayuda, Urion pidió dos cosas: una, un pergamino guardado en la Torre Gaunzar que descibrió con pelos y señales, y la redoma llena en el caso de que fuera usada. Ayreon, casi sin querer, consiguió dar su palabra sólo al primer punto, evitando el segundo.
Después de conseguir provisiones, Ayreon volvió al campamento. Allí el grupo intentó averiguar los poderes del bastón, porque pensaban que les podía ser muy útil para enfrentarse a lo que hubiera en la torre.

Tardaron once días.

Al cabo de esos once días, consiguieron averiguar que el bastón era el propio Kazânlanâth, "el báculo del ciego", propiedad de Urion. Eso les acicateó aún más a averiguar cómo utilizar los poderes del extraordinario objeto, y finalmente fue Ezhabel la que dio con la clave y pudo utilizarlo. El báculo contiene decenas de hechizos de áreas diferentes. Concretamente una de las áreas trata sobre el viaje interdimensional, y haciendo uso de los sortilegios, pudieron averiguar exactamente la el plano donde se encuentra prisionero lord Natarin, ahora en coma en un plano artificial creado por Carsícores en el pasado. El plano es muy peligroso, ya que obliga a realizar con éxito una TR contra magia Arcana o instantáneamente entrar en coma indefinido.

Durante todas las noches de esos once días, Nirintalath contactó con Ezhabel, dejando a la semielfa demacrada con unos preocupantes -163pv.

Por fin, al amanecer decidieron entrar a la Torre.
Y la mala suerte acudió de nuevo. Tras inspeccionar el báculo, el Demonio-de-Palidez lo reconoció -sin saberlo los PJs- como el báculo de Urion, y condujo al grupo directamente a la antesala de Khamorbôlg, atravesando un portal circular que presentaba cuatro círculos rúnicos. El más interno parecía ser de runas de dirección, y los otros tres, trampas para los no autorizados a cruzarlo.
El Demonio se dirigió a su señor a través de una cortina de oscuridad, y al mencionar el báculo de Urion, el Kalorion salió de su sala. Su presencia física era imponente y dolorosa en sí misma. La muerte misma se acercaba a los PJs. Ezhabel cayó al suelo, desesperada. Kadrajan quedó paralizado. Ayreon no lo pensó más, y destapó la redoma. Tras unos asaltos agónicos en los que Khamorbôlg resistió la atracción del frasco, finalmente fue engullido por el objeto; pero eso no fue todo, porque Ayreon, fallando su TR, también fue absorbido. Al parecer, Urion no le había dado toda la información sobre el frasquito; no quedaría más remedio que llevárselo y que él extrajera al paladín. Kadrajan, Ezhabel y Demetrius se encontraron solos de repente.

Entonces comenzó el viaje de los tres a través de los portales que comunicaban las diferentes partes de la torre, viaje que duró varias horas, yendo y viniendo, avanzando y retrocediendo. Los portales presentaban todos la misma forma: un círculo de runas de dirección y concéntricamente tres o más círculos que causaban cada uno un crítico en aquel que los atravesara y no estuviera autorizado. El anillo de kregora de Ezhabel, que el grupo recuperó tras atravesar un par de portales, resultó ser vital para llegar a la Espada del Dolor. Sin él seguramente todos habrían muerto, incapaces de resistir el Poder de las puertas. El bastón de Urión también demostró ser de gran utilidad, con sus poderes de curación.

Finalmente, tras muchas penalidades llegaron al último nivel de la torre a través de un portal con veinte círculos de runas. Allí, mientras Kadrajan se enfrentaba a tres demonios guardianes, Ezhabel corrió, atraída irremisiblemente hacia la Espada del Dolor. ¡Qué placer más inmenso cuando la cogió en sus manos! Inmediatamente un fulgor verdemar envolvió a la semielfa, y sus ojos se pusieron completamente verdes. Los demonios a los que se enfrentaba Kadrajan no tuvieron ninguna oportunidad.

El último nivel de la torre resultó ser el almacén de objetos. Allí consiguieron la runa pedida por Urion, el Pergamino de Erkalodh, el libro de Marenthelos, la Espada del Dolor, otra Espada, una Armadura, y las y las cuatro Dagas de Luz de Emmán -ahora sin poder- que en otro tiempo esgrimió Demetrius. Los fragmentos de Eglaras también estaban allí, sostenidos sobre una lujosa seda en los brazos de un Segador Negro. En el momento en que la semielfa los cogió, el Segador comenzó a moverse, persiguiéndola.
Acto seguido, un portal se abrió en el centro de la estancia, y el grupo escapó rápidamente a través del círculo de runas por el que habían llegado.

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